Cuestiones de familia
La pequeña calle estaba casi desierta a pesar de tratarse casi de pleno centro de Londres. Los únicas personas que se observaban eran una familia que justo en ese momento se alejaba, un par de novios que recién iban pasando y un muchacho de ojos verdes y cabello revuelto que caminaba con desgana. Detrás del chico, claramente siguiéndolo, venía una especie de perro a un par de metros de distancia pero el aludido no se daba cuenta y seguía caminando cada vez más lento, como si estuviera a punto de dormirse.
El parque muggle donde iba pasando quedo vacío justo cuando pasaba frente a él por lo que Harry se sentó sin muchos ánimos en una de las bancas vacías. Por más que intentaba relajarse, no podía hacerlo por lo que rendido se dispuso al menos a disfrutar del agradable ambiente de la tarde. El sol le daba de lleno en la cara, pero lejos de molestarle, lo encontraba reconfortante; decidido a sentir el calor en sus mejillas se quito las gafas, cerrando los ojos en ese mismo momento. Dudaba que algún mago lo reconociera en ese lugar y si lo hacía, estaba decidido a ignorarlo. No se sentía con ánimos de otra cosa más que de estar solo.
Después de unos minutos, sin embargo, a Harry le quedo claro que era inútil cerrar los ojos e intentar disfrutar el sol. No podía pensar en otra cosa más que en su propia soledad y la calle casi vacía no hacia más que deprimirlo. El silencio en el lugar le permitía oír, además, las manecillas de su reloj de oro casi como si estuvieran en su oído y eso lo estaba volviendo loco. Totalmente harto, decidió que lo mejor sería quitárselo y guardárselo en el bolsillo pero justamente lo estaba desabrochando cuando se quedo observándolo perdido en los detalles, recordando que justamente los Weasley se lo habían regalado en su mayoría de edad.
-No merezco tener esto-pensó para sí mismo recordando que, con el pasar de los años, incluso había averiguado que ese reloj tenía un significado especial para la familia.
Había pertenecido a uno de los hermanos gemelos de la Sra. Weasley, que habían muerto en la primera guerra, muchos años atrás, considerados por todos como unos verdaderos héroes. Harry se había sentido bastante culpable por ser quien tuviera esa reliquia familiar en lugar de Ron o alguno de sus hermanos pero todos los Weasley lo habían hecho desistir en el par de intentos de devolverlo que había tenido:
-Si llego a encontrar ese reloj aquí serás el próximo conejillo de indias del negocio-había dicho George- seas o no el socio mayoritario.
-No seas idiota-era la respuesta que siempre obtenía de Ron cuando mencionaba el tema a pesar de que su amigo recibía miradas de reproche y sendos regaños de su novia, su madre y su hermana por no decirle más que eso.
-Eres un Weasley- le contestaba el padre de Ginny seria y pacientemente- y si no te gusta la idea más vale que lo digas para ver que hacemos al respecto. Dudo que nos guste a todos cambiarnos el apellido a Potter pero bien podemos proponerlo.
-Esa solo será Ginny, papá
-¡Oh George cállate!
El resto de los hermanos, junto con Ginny y la matriarca de la familia, también le habían dicho en un par de ocasiones cosas parecidas. Harry había acabado por aceptar quedárselo y en cierta manera merecerlo, aunque de vez en cuando aún le asaltaba una especie de culpa por las atenciones que los Weasley le dirigían.
-Supongo que lo hacen porque soy huérfano-pensó tan rápido que no se dio cuenta pero enseguida se recrimino a sí mismo pensarlo. Hacia muchos años que ya había superado ese tema y estaba más que acostumbrado a decir y a vivir la realidad de que no tenía ninguna especie de familia verdadera. Ningún genuino lazo de sangre, ninguna persona con su misma nariz, con sus mismos ojos o con su mismo fastidioso cabello imposible de peinarse. El problema es que había ocasiones como ese día en que lamentaba más que nunca eso y volvía, por un momento, a sentirse como un niño pequeño y maltratado sin amigos que vivía en la alacena de una casa donde nadie lo quería.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por una especie de lamida en su mano y Harry, que se había quedado mirando el cielo, volteo sin asustarse para encontrarse con un perro que lo miraba expectante. No necesito ponerse las gafas para saber que no era peligroso por lo que estuvo tentado a acariciarlo, sonriendo por su oportuna aparición para interrumpir su intento de deprimirse más. El perro, sin embargo, se hizo para atrás agitando la cola justo en el momento en el que él extendía el brazo por lo que no pudo hacerlo y en cambio, justo entonces Harry sintió como el sol de la tarde empezaba a quemarle. Un poco más animado, se puso de pie decidido a caminar por la calle rumbo a su casa a pesar de estar a escasos metros del Caldero Chorrante, donde bien podría usar la Red Flú. Estaba consciente también de que la soledad a su alrededor le permitiría aparecerse sin problemas pero necesitaba despejarse un poco antes de volver a la normalidad; y había descubierto que caminar lo relajaba especialmente cuando venía de un mal día en la Academia, como el que recién había tenido.
-… Ginny esta en entrenamiento, Ron ayudando a George y Hermione aún no sale del trabajo… - se respondió a si mismo cuando una voz en su cabeza le dijo que no quería estar solo- … así que mejor olvídalo…
Harry empezó a caminar, consciente de que el agotador entrenamiento en la Academia no era la única ni principal razón por la que se sentía desanimado. De hecho, desanimado era decir poco porque su malestar matutino se había agravado al recordar que la próxima "celebración" de la derrota de Voldemort se acercaba y tendría, como cada año, que asistir a un par de actos públicos para recibir el agradecimiento que no creía merecer. Esta vez para colmo se había añadido la invitación a una cena de beneficencia para los familiares de los caídos y aunque odiaba la idea de ir, dado que sería la atracción principal, no podía dejar de hacerlo porque realmente deseaba seguir ayudando a todas las familias que se habían quedado rotas a partir de la guerra.
-después de todo fue mi culpa-pensó de nueva cuenta incapaz de detenerse-y no es justo crecer sin familia…
La culpa empezó a invadirlo de nuevo, acompañada esta vez de un poco de autocompasión. Casi le dio risa el hecho de sentirse así porque pocas veces sucedía, más aún en los últimos años. Por supuesto que nunca olvidaba que era huérfano y, al ser lo único que había conocido desde niño, ya estaba bastante acostumbrado pero nunca faltaba la mañana en la que despertara sintiéndolo como la primera vez. Como si sus padres y el resto de los familiares que podrían quererlo, hubiera muerto la noche antes y el apenas se estuviera dando cuenta de eso.
-No debo pensar en esas cosas, no ahora-se dijo a sí mismo mientras observaba pasar a un par de personas que alegres, y ajenas a sus pensamientos, le deseaban buena tarde.
Siendo totalmente honesto consigo mismo, Harry sabía que el reciente golpe de nostalgia que sufría tenía su origen esa misma mañana. El calendario le anunció que la primera reunión de toda la familia Weasley en siglos sería llevada a cabo esa misma tarde y, aunque ya lo sabía, no pudo dejar de estresarse un poco. La reunión abarcaba a todo Weasley del país y quizás algunos extranjeros, al completo; listos para reunirse en la Madriguera y convivir como hace bastante tiempo no lo hacían. Harry estaba consciente de la gran ocasión que era, después de todo se había preparado con semanas de antelación; Harry sospechaba que era un intento de reanimar a la familia de Ron por la perdida de Fred, dado el reciente y próximo nuevo aniversario de su muerte. No era el primer intento que los Weasley hacían, por supuesto, pero era uno de los más grandes, quizás el "más" e incluso en un primer momento se planeo que la fecha coincidiera con el aniversario de la batalla de Hogwarts; idea que por supuesto la Sra. Weasley no permitió, porque después de todo esa fecha era, y seguiría siendo, un día de luto desde que sucedió la tragedia. Harry lo sabia, al igual que el resto de los amigos y allegados a la familia, casi como toda la sociedad mágica en Gran Bretaña que los veían con respeto y los consideraban desde hace años, como ellos mismos, la familia de Harry.
-Pero no merezco ser de su familia- pensó de nuevo Harry olvidando ponerse las gafas, y sentándose nuevamente en otra banca vacía a la vez que volvía a sentir que hacia lo correcto al decidir no ir a la fiesta. Ginny seguramente intentaría convencerlo de ir cuando llegara a la Madriguera y no lo encontrara, lo mismo que Ron y Hermione, pero él estaba decidido a no dejarse convencer… o esconderse en ese parque hasta que la fiesta acabe.
Justamente estaba pensando en la posibilidad de esconderse ahí un par de días cuando el perro volvió a acercársele para mirarlo de nuevo como si supiera que algo le pasaba. A Harry, que había escuchado de Hermione que los animales pueden sentir las emociones, le pareció por un momento que el perro lo miraba con preocupación, como si estuviera a punto de alzarse en dos patas para darle un abrazo.
-¿Qué pasa?-preguntó amablemente, a sabiendas de que no obtendría respuesta, mientras extendía de nuevo la mano para acariciarlo. El perro, no obstante, volvió a hacerse hacia atrás, agitando la cola un poco pero sin quitar la mirada de preocupación y, para sorpresa de Harry, abrió la boca para decir:
-¿Estas bien?
Harry había vivido tantas cosas en los últimos años que no pudo más que recibir sin mucha sorpresa el hecho de que el perro hablara. Como buen mago trató de buscarle una explicación acorde a su mundo al mismo tiempo que se ponía los anteojos con rapidez porque lo que más le había llamado la atención de la pregunta del perro es que la había hecho con la misma voz de su mejor amigo. La misma voz de Ron, que pocas veces transmitía tanta preocupación. Atinó a ponerse las gafas para ver como el perro Jack Russell terrier desaparecía, al mismo tiempo que se sintió sorprendido y avergonzado de no haberse dado cuenta antes de que se trataba de su patronus.
-¿Por que no estás en casa?-dijo de nueva cuenta la voz de Ron y Harry, que ya lo esperaba, se giró para encontrar a su mejor amigo detrás de él, con cara de estar preocupado en la misma medida que molesto.
-Justo iba en camino-contestó Harry sin ánimos de discutir pero presintiendo que sería imposible no hacerlo- solo quería caminar un poco.
Ron no relajo su mala expresión y lo miro enojado. Harry no pudo evitar imaginar las burlas que George les haría si los viera discutir de esa manera.
-Este no es el camino rumbo a la Madriguera-casi escupió Ron- este es el camino al departamento.
Harry sintió que no era un buen momento para explicarle a su mejor amigo que la única casa que sentía tener, al menos en ese momento, era la propia. No necesito hacerlo porque Ron se puso rojo dando a entender que lo conocía muy bien o le había leído el pensamiento.
-Serás idiota-mascullo más enojado- ¿vas a faltar a la fiesta de la familia?
-No es mi familia-soltó Harry honesta y casi bruscamente pero sin poder detenerse- no quiero estorbarles o entrometerme.
Ron se puso muy rojo y Harry se hizo para atrás por puro instinto. Su instinto fracaso estrepitosamente pues Ron lo sujeto de la manga y antes de darse cuenta, se desapareció llevándoselo consigo. Aparecieron en el jardín trasero de la Madriguera un par de segundos después, Ron aún sujetándolo no muy contento y Harry observándolo sin poder creer que hubiera hecho eso. Fue, aunque intento no hacerlo, su turno de enfurecer.
-¡¿Por qué hiciste eso?!
Ron lo miro como si estuviera loco y Harry pensó que estaba siendo imprudente pero no cedió ni un poco. Sabia que su amigo tampoco había tenido un día sencillo en la Academia, que había tenido que salir antes del entrenamiento para cargar pesadas cajas y que su humor estaba a flor de piel dado el hecho de que se acercaba el aniversario luctuoso de su hermano; aún así, decidió ser egoísta y defender su propio malestar.
-Dije-repitió molesto sabiendo que estaba siendo desconsiderado- que…
-¡Se lo que dijiste!-contestó Ron con las orejas poniéndosele más rojas- y tu sabes la respuesta… mejor dime tú que es esta tontería, de nuevo, de que no eres de la familia.
A Harry le sorprendió la sinceridad de Ron y fue su turno de incomodarse. Su mejor amigo pocas veces tenía tacto pero generalmente se quedaba callado, rojo de furia pero haciéndole las cosas más fáciles. Hermione y Ginny eran casi siempre las que hablaban en ese tipo de asuntos, para comodidad de los dos.
-Esta es una fiesta familiar-contestó Harry sinceramente- y aunque yo los considero mi familia… -trago saliva con dificultad incapaz de decir en voz alta lo que llevaba atormentándole varios días- … la realidad es que no lo son. Yo no debo de estar aquí.
Ron pareció a punto de darle un golpe pero se contuvo. Se puso mucho más rojo, lo que era una señal peligrosa, antes de taparse desesperado el rostro con la mano derecha, como hacia siempre que Harry lo sacaba de quicio.
-Si serás idiota…
Harry hizo caso omiso del insulto y decidió seguir defendiendo su punto:
-Yo les sugerí que no dejaran entrar a nadie que no fuera de la familia ¿Recuerdas? Los hechizos para repeler a los reporteros funcionan con todo aquel que no sea un Weasley… - trago de nuevo saliva para darse el valor necesario de terminar de hablar-…aún conmigo.
Ron se quito la mano del rostro y lo miro serio. Harry temió haberse pasado de la raya pero su amigo pareció relajarse un poco y lo tomo del hombro de manera mucho más amigable:
-¿Te has dado cuenta de donde estamos?-pregunto mirando a su alrededor y señalando con la mano libre el panorama. Harry lo miro confundido más por el hecho de que parecía casi estar burlándose de él cuando hasta hace unos minutos parecía enojado.
-Ya sé donde estamos, estamos en…
Harry se quedo callado observando el jardín de los Weasley y la sonrisa de Ron se ensancho aún más. Por el pasillo que conectaba el jardín trasero con el principal pudo ver que las mesas y sillas del jardín estaban ya puestas en su sitio, listas para la fiesta; la Sra. Weasley junto con Fleur y otras personas se encargaba de los últimos detalles mientras Charlie y Bill las seguían siguiendo sus ordenes. El Sr. Weasley estaba en la entrada principal, listo para recibir a los invitados; mientras que afuera se escuchaba el ruido amortiguado de una par de personas que buscaban entrar sin conseguirlo. No fue difícil adivinar que eran los reporteros del mundo mágico; después de todo, los Weasley se habían ganado una fama que los hacia varias veces el centro de atención.
-Odio tener que decírtelo- dijo Ron interrumpiendo sus pensamientos- pero vas a tener que aceptar que ya eres parte de nosotros. George, Percy y yo no nos pasamos toda la semana desarrollando un estúpido hechizo para librarte de la regla-contra-no-Weasley para que vengas y digas que no eres parte de la familia.
A Harry se le formo un nudo en la garganta pero trato de disimular lo mejor que pudo:
-¿Hechizo? Pero ¿Cuándo…
-Te lo pusimos ayer en la mañana cuando nos reunimos en la tienda, sabíamos que funcionaria porque la bodega tiene el mismo hechizo repelente que…
-Espera-lo interrumpió Harry recién recordando- ¿Es por eso que George y tu me estuvieron vigilando casi media hora?
Ron sonrió divertido y las orejas se le volvieron a poner un poco rojas, esta vez por una razón diferente:
-Bueno, teníamos que asegurarnos de que no tuviera efectos secundarios-explico antes de soltarse a reír.
Harry lo siguió por contagio de tal manera que los dos estuvieron riéndose un rato antes de poder controlarse. Cuando los dos finalmente se calmaron, Harry pensó que debía disculparse pero Ron se le adelanto y de nuevo bastante serio, tomándolo de nuevo del hombro:
-Debes saber que no nos hubiéramos tomado la molestia sino fueras un hermano más para nosotros.- le explico un poco incomodo, carraspeando antes de seguir-Para mí especialmente. Has sido parte de la familia desde que le preguntaste a mamá como entrar al anden 9 y ¾.
Harry se sintió conmovido y no dijo más que un suave y casi inaudible gracias, Ron sonrió conciliadoramente aún visiblemente incomodo:
-Ahora más vale que vayamos a cambiarnos antes de que mamá nos vea y nos regañe por no estar listos-anunció entrando a la casa.- y por tu seguridad evitare mencionarle tanto a la familia como a Ginny y Hermione tu intención de no venir.
Harry lo siguió de mejor humor pero se detuvo justo a la entrada de la puerta:
-¿Estás seguro de que no hiciste lo del hechizo por Hermione?-soltó Harry antes de darse cuenta y Ron lo miro rodando los ojos.
-¡Maldita sea Harry!-exclamo su mejor amigo volviendo a hacer su gesto de desesperación y empujándolo para hacerlo entrar a la casa.
