anaalondra28: aquí esta el capítulo! no te preocupes que nunca que lo terminaré . Que bien que te guste, es muy lindo, gracias. Espero que este capitulo también te guste
LizCarter: ahhhhh! Ya se, casi que ves a cualquier tipo con bata blanca y quieres que sea terry, tratare de no tardar tanto, lo prometo. Espero que este capitulo también te guste, saludos casi colega!
Gadamigrandchest: sipi! Aquí estoy, yo me pongo a gritar como loca cuando veo los reviews, espero y también te guste este , saludos!
Marizza: hola! Vendrán, no desesperes, gracias por leer, espero y este capitulo también te guste
KLARA: capitulo 9! Aquí esta! Espero y te guste, gracias por leer!
Mazy Vampire: lo se, yo también lo amo. Odio a Richard y amo a Eleonor por proteger a su bebe, pero amo más a Terry. Espero y te guste el capitulo querida, por cierto, gracias por el nombre ;)
En otra vida
Capítulo 9
-Doctor Grandchester, su padre lo espera en su consultorio
Esas no eran las palabras con las que le gustaba que lo recibieran en su trabajo mucho menos era algo usual, sabia que Richard estaba de visita en la cuidad sin embargo no esperaba que después de todas sus negativas decidiera intentara una vez más un acercamiento. Decidido a sacarlo una vez más de su vida camino despacio hasta la puerta de su consultorio, toco dos veces, se sintió estúpido siendo su consultorio.
-Richard, soy tu amado hijo, ¿me recuerdas?- dijo burlándose, al no tener una respuesta abrió la puerta, despacio, esperando el momento perfecto para ver al hombre que se hacia llamar su padre. Al fijo su vista hacia su silla detrás del escritorio, estaba dándole la espalda, típico en Richard. El humo de cigarro se hacia notorio parecía una chimenea, no veía el cuerpo del hombre que ocupaba su lugar sin embargo algo llamo la atención del Médico.
-Dime de una vez Richard ¿Qué carajos necesitas? - como respuesta solo el silencio y más humo- ¿Richard?- volvió a preguntar
-¿A que esta jugando?- no era la voz de un hombre sin dudas era la de una mujer, la silla se volteo dejando ver a una rubia pecosa con las piernas cruzadas, bata blanda y descalza, para darle un toque final un puro descansaba en sus labios, dándole otra calada y tomándolo entre sus dedos, saco el aire dejando ver un humo blanco que se esparcía por toda la habitación
-¿Qué haces aquí?- pregunto incrédulo ante lo que estaba viendo
-Su visita le dejo un regalo, bastante bueno por cierto y caro. Dígame Doctor, ¿lo quiere? Quizá yo podría llevarme de todos modos no es ético para usted fumar- respondió levantado una caja de madera y moviéndola provocando que en su interior se movieran los puros cuidadosamente acomodados. Sin esperar respuesta volvió a llevar el puro hasta sus labios, inhalando y exhalando, lo puso en el cenicero que estaba en el escritorio, tomo un sobre, se levanto y camino hacia Terrence- Lo dejo para usted- le entrego el papel en el que con una perfecta caligrafía estaba escrito su nombre, siguió caminando hasta la puerta despidiéndose con un ligero portazo.
Sin temor a lo que estaba escrito abrió el sobre sacando una carta, dándose cuenta que su padre no se daba por vencido, desdoblo la hoja y comenzó a leer.
Querido Terrence:
Después de tanto esperar eh decidido que no es prudente vernos, soy consiente que tu única ocupación, por ahora, esta aquí. Eres un excelente Médico, ahora se que un día nos veremos. Hasta entonces.
Richard Grandchester.
Soltando un suspiro, doblo la carta y la puso en el bote de la basura, ese era su lugar.
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Camino despacio por los pasillos tomándose su tiempo en llegar a su habitación parecía que el hospital se había vuelto su nuevo hogar, su padre había llevado una pequeña estantería donde estaban sus libros así como un pequeño escritorio, con los guiones de sus próximas obras, su pequeña lámpara que le gustaba encender por la madrugada para memorizar sus guiones y su computadora. Se sentó en la cama y con la vista fija en el horizonte, pensó en él… otra vez en él.
Los leves golpes en la puerta le hicieron salir de su pequeño sueño, se levanto y abrió la puerta, sin decir nada un pequeño remolino entro a la habitación de Candice
-¡hola! Soy Sophia Williams, pero si tu quieres puedes llamarme Sophi. Soy tu vecina de enfrente- termino de presentarse con una sonrisa en los labios, la pequeña niña estaba paradita sobre la cama de Candice, esperando la respuesta de su vecina, volvió a tomar la palabra- tengo así de años- continuo mostrándole la palma de su mano abierta- me gusto tu obra de Romeo y Julieta, aunque mi papi no me dejo ir a verla, pero leí el libro ¿es lo mismo? Ese día mi nana regreso llorando y cuando le pregunte dijo que era muy chiquita para entender, ¿tú le entendiste?- dejo la pregunta al aire, Candice no podía entender como una niña de 5 años podía hablar tanto, dándole una ligera inspección se dio cuenta lo pálida que estaba y su cabello estaba muy corto quizá si ella misma no le hubiera dicho su nombre daría por hecho que era un niño el que estaba en su cama- Candy… ¿tu papi te dio permiso para hacer la obra?- las palabras de la niña hicieron que Candice soltara una pequeña risa
-No Sophi, hace mucho tiempo yo deje de pedir permiso- contesto con tono serio
-Ohhh…- la niña con el seño fruncido se bajo de la cama y camino hacia la estantería de los libros de Candy- ¿ya los leíste todos?- pregunto sin despegar la vista de los libros
-Si- contesto parándose detrás de ella
La pequeña clavo su vista en el libro de pasta azul con bolitas blancas, estirándose todo lo que pudo quiso alcanzar el libro, Candice por su parte esperaba el momento en el que la niña le pidiera ayuda
-Me alcanzas ese por favor- dijo señalándolo con su pequeño dedito. Cuando le entrego el libro, la niña con el gesto más tierno que antes hubiera visto clavo sus ojos azules en los verdes- ¿me lo prestas?
-Solo si prometes regresarlo- al obtener un si Sophi comenzó a brincar
-¡Si! Tengo un libro, ya no estaré aburrida, tengo un libro- comenzó a cantar y haciendo un baile de victoria logro sacarle otra sonrisa a Candy, sin esperarlo la pequeña se detuvo- pero… ¿Cómo lo voy a leer?
-¿Qué no sabias leer ya?
-Solo si alguien me ayuda… ¿Tu me ayudas?- una vez más con su tierna mirada logro convencerla
-Esta bien- contesto. La niña emocionada se sentó en la cama, apoyando su espalda contra las almohadas y cruzando sus piernas
-¿Qué esperas Candy? El libro no se va a leer solo
Con la sorpresa reflejada en su rostro arrastro su cuerpo hasta la cama acomodándose al lado de la niña que ya tenía abierto el libro. Con voz segura pero haciendo leves pausas Sophi comenzó a leer.
-pa-para Candice, recuerda siem-pre sonreír mu-muñequita… papá, ¿te lo regalo tu papá? ¿Cómo se llama? ¿Por qué no esta contigo?- pregunto levantando su mirada hacia la rubia
-Tranquila… una pregunta a la vez, se llama George ahora debe estar trabajando quizá más tarde pase.
-mmmmm, papi a viene a verme todas las noches y después se va a casa, en las mañanas también viene y me trae mi desayuno- continuo la platica. Antes de que pudiera responderle la puerta volvió a abrirse dejando ver una bata blanca, Sophi salto en la cama una vez más y abriendo sus brazos grito:
-¡Papi!
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Esta cortito, lo se… pero prometo que el próximo será más largo y habrá muchas sorpresa.
