Este capítulo me gustaría dedicárselo a una personita muy especial, su nombre es David y estará cumpliendo años el 26, no creo subir otro cap para ese día, así que le dedico este
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CAPITULO NUEVE
Aome se levanto temprano, más de lo acostumbrado, el día en que el rancho renacería ya había comenzado y con él debía de comenzar ella, se bajo de su cómoda cama y alisto su ropa, tomo una rápida ducha y se vistió, se sentó frente a su tocador y comenzó a cepillar su cabello
Aquel reflejo la hizo detenerse y observar con detenimiento cuanto había cambiado, la última vez que se había sentado en ese lugar había sido seis años atrás, cuando todo parecía marchar sobre ruedas
El silencio fue su acompañante por mucho tiempo y ahora parecía ser una molestia que no la dejaba nunca, escuchó el movimiento de afuera y supo que ya todos estaban despiertos, se levanto y salió de la habitación con paso decidido, hoy era el día decisivo para todos
- Ya era hora de que despertaras – Hakudoshin tuvo que esquivar un libro que había sido lanzado como proyectil contra su persona de parte de una divertida Aome, Ayame detuvo el libro en el aire y leyó el título
- Troppo buon usarlo contro di lui (1) – Hakudoshin la observo con molestia y decidió ignorarlas, no estaba dispuesto a perder sus ánimos por los comentarios de ellas
- Vamos Haku, no te molestes onegai – el chico observó por el rabillo a Aome y decidió aplicarles la ley del hielo hasta que se disculparán como era debido, las chicas rieron y se encaminaron hasta el comedor donde Suoten ya les tenía servido el desayuno
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Inuyasha corrió las cortinas de su despacho y abrió las ventanas, la suave caricia de la mañana le pronosticó al albino que talvez las cosas no saldrían tan mal como estaban imaginando, escuchó que alguien llamaba a su puerta y dio permiso de entrar, la blanca cabeza de Kaede le informó que ya todo estaba listo, tomó un sombrero negro y se lo colocó, ese día sería el decisivo para los Higurashi y él no estaba dispuesto a dejar que Aome se fuera
- Tottossai – llamó mientras se sentaba en la silla y comenzaba a comer, el aludido llego a su lado y le dejo lo que eran los reportes de todo lo que estaría a la venta ese día y quienes serían los que lo acompañarían a dicha feria
- Ya todo esta listo – desapareció entre las puertas del comedor y dejo a Inuyasha hundido en la soledad, hasta que el sonido peculiar de su móvil comenzó a sonar, vio el número y sonrió abiertamente
- Ohayo Kanna – saludó mientras apresuraba su taza de café, dejo su servilleta sobre la mesa y con paso calmo camino hasta la puerta principal, tomo las llaves de su automóvil y termino la conversación, todo lo que había escuchado lo tenía muy presente, apretó con fuerza el timón del automóvil y frunció el seño, no permitiría que Naraku intentará siquiera algo contra ella
Pisó el acelerador y el rechinido de las llantas les indicó a todos que el dueño y señor del rancho se había ido, un ligero ambiente de tensión lleno el lugar y el cielo que anteriormente había estado despejado, mostraba señales de una posible lluvia
- Yo me encargare de eso – fue la promesa lanzada al aire del chico quien aumentó la velocidad y el tiempo comenzaba su cuenta regresiva
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Aome suspiró con alivio al escuchar el sonido del carro de Inuyasha, terminó su desayuno y se levantó, se observó en el espejo del pasillo y asintió convencida; escuchó pequeños pasos que se acercaban y entonces el recuerdo de la noche anterior golpeó su mente, se maldijo internamente y tomó aire consecutivamente para poder aparentar calma
- Okäsan, ¿Ya nos vamos? – Aome se mordió el labio inferior y pensó en alguna manera de persuadir al pequeño de ir, lo observa una vez más y dejo caer los hombros con resignación, sería imposible hacerlo cambiar de idea, además Ian no era un chico que pudiera hacer relaciones con alguien y el hecho de que lo logrará tan rápidamente con Inuyasha la alteraba a sobremanera
- Hai, ponte un sombrero y nos iremos – el brillo que apareció en los ojos de su pequeño la hizo sentir aún más culpable, él merecía saber quien era su padre pero ella no tenía el valor de decírselo, lo observó correr escaleras arriba y se recostó en la pared, solo pedía a Kami que aquello no le causará más problemas de los que ya tenía
Camino hasta el vestíbulo y espero pacientemente a que su hijo bajará, Ayame y Hakudoshin ya se habían adelantado para poder tenerlo todo listo, suspiró con nostalgia y recordó lo que había vivido en los seis años que había estado ausente, las cosas seguían en el mismo lugar, inclusive los trabajadores seguían siendo los mismos pero ella, ella si había cambiado
- Listo mami – tomó la mano de su pequeño y giró para encararlo pero no pudo evitar sorprenderse, Ian llevaba el sombrero que Inuyasha le había regalado la noche anterior, se paso una mano por la cara y reprimió un gritó de ira cuando notó la sonrisa de su hijo, se subieron al automóvil y con velocidad se dirigieron al centro de Tonkeda
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Las cosas en el auditorio por el contrario parecía ser toda una guerra campal donde los insultos volaban a diestra y siniestra, Hakudoshin se cubrió el rostro y observó con pena ajena a su amiga quien parecía no querer ceder en su batalla con el chico pelinegro
- En que momento me vine yo a juntar con ella – murmuró para si mismo, definitivamente no quería ser parte directa del nuevo encuentro que disputaban así que observó todas sus escapatorias posibles
- Te invitó a una taza de café – indicó Bankotzu sin despegar la vista de su compañero y de la chica
- Sólo si esta bien cargado – el pelinegro asintió y los dos optaron por no decir más
- Hakudoshin, no seas cobarde y ven acá – gritó con exacerbación al notar la cobarde huída de su compañero, el chico alzo una mano mientras la agitaba en el aire y viraba en un pasillo para no verse más, la chica bufó con molestia y se cruzó de brazos, observó al chico frente suyo y maldijo en italiano
- Veo que no eres tan fiera cuando estás sola – la furia podía ser leída con claridad en los ojos verdes de la chica, ese bueno para nada no podía juzgarla de aquella manera, nadie le hablaba de esa manera
- Calla hombre que nada bueno tienes para defenderte
- No me hagas tener que comprobarte lo que hablas
- A mí no me intimidas, di lo que quieras, no me interesa
- Supongo, pero igualmente no comprendo como alguien… - la miró de arriba abajo con desdén y una sonrisa surcó su rostro, imitó la actitud de la chica y la miró con altivez desbordante
- ¿Como qué? – su imaginación era grande pero antes de tomar cualquier acción que pudiera tener consecuencias, quería asegurarse de sus pensamientos
- Olvídalo, demo… ¿Qué haces aquí? – pero quien se creía para simplemente restarle importancia al asunto, apretó los dientes y sus puños mientras la rabia crecía incalculablemente en su interior, ella no se rebajaría, no lo haría, dijera lo que dijera
- Veo que eres lento en el proceso de información – escupió con gesto lascivo, la sonrisa de Kouga desapareció casi inmediatamente y Ayame sintió que para ese momento tenía ganada la batalla pero estaba muy equivocada
- Lo preguntaba porque tú pareces carecer de cerebro para estas cosas – sentenció con el ego lastimado, no le importaba en más si con ello lastimaba el orgullo de ella, Ayame había iniciado primero
- Voi, uomo del quarto(2) – exclamó con fiereza al tiempo que mandaba por el caño todas las clases de etiqueta y se lanzaba sobre el chico que no reaccionó a tiempo y ambos cayeron al suelo en una posición algo comprometedora, aún así Ayame no le dio importancia y lo tomó del cuello de la camisa con decisión
- Te vas a arrepentir de lo que dijiste – masculló con la mirada fija en él, Kouga la miraba sorprendido, conocía de cambios hormonales en las mujeres pero ella se llevaba el premio
- La que se va a arrepentir eres tú – la chica se paró en seco al notar el tono de su voz y se levantó poco a poco, Kouga se logró levantar dejando el peso sobre sus antebrazos aún con Ayame encima
- O acaso creías que no se italiano – la sorpresa no pudo ser mayor en la pelirroja que entreabrió los labios para decir algo pero rápidamente los cerró, las palabras parecían no querer salir y toda su valentía estaba flaqueando
Las respiraciones de ambos era lo único que se oiga, era demasiado temprano como para que alguien, aparte de ellos cuatro, estuviera en ese lugar; se observaron por un tiempo indefinido sin percatarse de lo que ocurría a su alrededor, Ayame aún no comprendía que tenía ese chico como para hacerla reaccionar de la manera en la que lo hacía, estaba en cierta forma asustada, ella se había prometido no enamorarse nunca más y tal parecía que su corazón deseaba romper la promesa
- Etto…Ayame – la aludida giró el rostro violentamente y se topó con la mirada confusa de Hakudoshin y Bankotzu, en ese momento fue consciente de donde estaba, con quien y como; viró el rostro y comprendió todo, soltó la camisa de Kouga como si le quemara y tal cual resorte fuera, se levanto para caminar con confusión hacia atrás hasta toparse con el albino
Subió la vista y se encontró con una Aome bastante sorprendida y un chico albino divertido con la situación, su sonrojo aumento en extremo y deseo en ese momento que la tierra se la tragara, Ian por su parte no había prestado atención y un poco de su dignidad pareció volver a ella, se pasó las manos por el cabello y se dio media vuelta para desaparecer entre los cubículos ya colocados estratégicamente
- Ohayo Inuyasha – musitó con algo de timidez el pequeño, era extraño pero le tenía bastante admiración y respeto, Inuyasha correspondió el saludo e Ian sintió de pronto que la imponente figura del chico destilaba autoridad, con una sonrisa en su rostro se escondió tras las piernas de su madre y se aferró con fuerza al pantalón negro de la pelinegra
- Buenos días Aome – saludó Inuyasha mientras que el resto se quedaba en completo silencio, el nombre emanado de los labios de él era como una revelación para todos los que la conocían, en el lugar ya se encontraban algunos de los invitados más conocidos y recordados, así como los nuevos y viejos compradores
- Buenos días Inuyasha – respondió la chica mientras la incredulidad crecía aún más ante las miradas expectantes de todos los ahí presentes, el sonido de un vaso cayendo llamo la atención de ambos y notaron a Ayame quieta y pálida, parecía haber visto un fantasma, ese tipo de situaciones siempre surtían el mismo efecto en la pelirroja
Hakudoshin logró atajar a la chica antes de que cayera fuertemente contra el frío suelo y resopló con molestia, la cargo debidamente y con una mirada le explico a Aome lo que haría, la chica asintió en silencio y el albino abandono el lugar con una inconciente Aome, Inuyasha frunció el seño al ver al chico ahí presente
El bullicio de las personas comenzó a inundar el lugar y todos decidieron irse a sus respectivos lugares para poder comenzar con la compra-venta de sus mercancías más sofisticadas, el sonido del altavoz indico a todos que el discurso de bienvenida sería emitido y una vez finalizado el evento comenzaría
- Bien, aquí vamos – susurró Aome mientras miraba a su alrededor y varias caras la hacían recordar su vida en el pueblo, sintió un ligero jaloneo y bajo la vista hasta toparse con la ambarina de Ian
- Mami ¿puedo ir con Inuyasha? – la pregunta la tomó tan de improvisto que no pudo contestar, no deseaba por ningún motivo dejar a su hijo pero tampoco podía negarle aquello que lo hiciera feliz, era un lucha constante entre su razón y su lógica maternal, el debate que siempre había mantenido y ahora parecía ser más fuerte que antaño
- Claro amor, te iré a dejar en cuanto Hakudoshin venga – el pequeño asintió y se sentó sobre una silla cercana para esperar la aparición del chico
No fue mucho el tiempo que el pequeño espero para que Hakudoshin volviera, tenía las mangas de la camisa arremangadas y parecía estar insultando con fervor a alguien
- ¿Por qué me ven así? – Cuestionó ya que contrario a todo pronóstico la mirada de los dos Higurashi eran completamente distintas, aome lo veía con odio rotundo mientras Ian con hacía con algo parecido a la admiración
- Por nada – farfulló una irritada Aome, había pensado que probablemente el destino se pondría de su lado y el chico tendría un accidente que lo ausentaría todo el día y entonces tendría la excusa perfecta para no llevar a su hijo con Inuyasha. Tomó al chico de la mano y con paso lento se dirigió hasta donde se encontraban los Taisho
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Inuyasha veía inquisitoriamente a Kouga, al igual que lo hacía Bankotzu, el chico entornó los ojos con molestia y se dejo caer en la silla sin una pizca de delicadeza
- No me dejarán en paz ¿cierto? – los otros dos negaron y el pelinegro solo atinó a dejar caer con pesadez la cabeza hacia adelante
- Son peores que las chismosas del pueblo – anunció mientras una sonrisa surcaba su rostro. El sonido de pasos los desvió del tema y Kouga y Bankotzu se vieron entre ellos sin comprender del todo el motivo de su presencia, Inuyasha por su parte intento no reírse, de hacerlo, estaba seguro que lograría que se fuera
- Hola tío Inuyasha – la pequeña Rin corrió hasta él y lo abrazó con emoción mientras Inuyasha la levaba en sus brazos, Kagura sonrió con amabilidad y Sesshoumaru solo emitió un sonido parecido a un gruñido
Ambos Taisho se dirigieron una mirada corta pero significativa y luego de ello, el mayor clavo sus ojos en las personas que concurrían la feria, definitivamente su rancho sería el que mejor postores tendría
- Espero que realmente valga la pena – había tenido que cancelar bastante compromisos importantes solo por ir a ese evento, las palabras de su hermano aún rondaba en su cabeza y quería confirmar con sus propios ojos lo que significaban
- Lo será – la firmeza de sus palabras no dejaba lugar a dudas y Sesshoumaru comprendió el mensaje, observó a Kagura tomar asiento y la imitó con la elegancia y porte que poseía
- Inuyasha – el dulce y suave llamado atrajo la atención de todos y por algunos segundos Aome se sintió realmente incómoda, la idea de salir corriendo y no volver a cruzarse en el camino con ellos se estaba volviendo realmente tentadora, en especial cuando observó al primogénito de los Taisho ahí
- ¿Qué ocurre Aome? – ahora la sorpresa se la llevo Sesshoumaru aunque por fuera pareciera inalterable por la revelación del nombre, su mirada ambarina se posaba en la pelinegra, el pequeño y luego Inuyasha, con toda seguridad solamente a su tonto hermano le podían suceder aquellas cosas
- Veo que traes a Ian – Sesshoumaru enarcó una ceja y observó con detenimiento al pequeño que yacía escondido tras la chica, intimidado por la presencia de tantas personas, aunque a simple vista se podía notar que no era un chico que se dejase intimidar por cualquier cosa
Aome sintió que todo su ser resonaba en la culpabilidad, su orgullo la obliga a hacer cosas que solamente les incumbían a Inuyasha y a ella, los demás no tenían porque sufrir lo que ella sentía, especialmente Ian quien tenía todo el derecho de estar con su familia paterna
- Sí – fue la rápida respuesta de la chica, sacó al pequeño de detrás suya con delicadeza y le tendió la pequeña mano a Inuyasha quien la tomó gustosamente, la chica posó su mirada chocolate en su "cuñado" y luego en su esposa; se alegraba internamente que hubiesen terminado juntos, Kagura había tenido que sufrir bastante, especialmente contra su enfermedad pero ahora todo parecía haberla recompensado
- Tiempo sin verte Aome – fue el delicado saludo emitido por la pelinegra, ambas eran amigas desde la infancia y estaba segura, por la mirada de Kagura, que la obligaría a que le contará todo desde que se fuera a Inglaterra hacía seis años
- Discúlpenme pero tengo que irme – informó al grupo, el cual pareció comprenderla, se dio media vuelta y camino sin ver atrás, tenía que salir de ahí cuanto antes o terminaría diciendo o haciendo locuras y en el peor de los casos con un agudo colapso nervioso
Inuyasha deposito a la pequeño Rin en el suelo, le quito el sombrero al chico y revolvió su cabellera plateada con una enorme sonrisa, observó a su hermano de reojo y decidió presentarlo formalmente
- Sesshoumaru, él es el hijo de Aome, Ian – ambos se vieron con fuerza, a pesar de su corta edad, el pequeño tenía todo el temple y orgullo de un Taisho, no se dejaba intimidar por nada ni por nadie y tal parecía, que al igual que todos los miembros de la familia, solamente lo hacían con un Taisho de más edad
El chico sostuvo unos segundos más la mirada hasta que la bajó con timidez, Sesshoumaru sonrió arrogante y se acomodó aún más en la silla, definitivamente, era un Taisho, eso o Aome había encontrado a alguien parecido a su familia, lo cual dudaba mucho
- No te preocupes, siempre es así – le tranquilizó Inuyasha al notar la frustración del pequeño, Sesshoumaru por su parte mostró lo que podría ser catalogado como una sonrisa de satisfacción, gesto suficiente para darle a Inuyasha la respuesta que buscaba, además las miradas inquisitorias de los demás sobre el pequeño le confirmaban aún más sus dudas
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- Pero señor Yomei, esos animales no están certificados y además están en pésimas condiciones – el anciano veía dubitativamente a Aome y luego al joven a su lado, hacía años que compraba las producciones lácteas a ellos para su empresa pero ahora, después de la muerte de sus viejos amigos y por los comentarios que se corrían por el pueblo, estaba comenzando a dudar de continuar haciéndolo
- Supongo que tienes razón – musitó inseguro y su interlocutor sonrió triunfante; la chica a su lado veía con preocupación la escena, no era la primera persona a la que le decía lo mismo y estaba segura que no sería la última, tomó su celular y envió un mensaje a alguien en su agenda
- Solo espero que esto no se salga de control – musitó mientras veía al vacío, el día no auguraba buenos tiempos
- Hermano, dime porque te empeñas en hacer estas cosas – pidió nuevamente la chica que parecía no comprender realmente que motivos lo impulsaban a realizar aquellas tetras tan sucias, el chico rodó los ojos y se sentó a su lado
- En realidad no te lo he dicho y ya te dije que tengas paciencia, con el tiempo lo descubrirás – se levantó y tomó un informe que tenía en la mesa
- Naraku, esto no traerá nada bueno – le indicó, no quería que su hermano se viera en problemas, aun por todo lo malo que había hecho, seguía siendo el único familiar vivo que tenía
- Tranquila Kanna, no pasará nada
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Bien, primero aclare las frases para que puedan comprender perfectamente la historia;
Troppo buon usarlo contro di lui Demasiado bueno para usarlo contra él
Voi, uomo del cuarto Tú, hombre de cuarta
Pues ya ven como van sucediendo las cosas, el próximo capítulo promete bastante créanme, pero todo va paso a paso, en cuanto a la paternidad de Inuyasha, no estará tan seguro como cree y como me lo han solicitado creare varias situaciones que lo harán dudar de la misma, ya lo verán, especialmente una que trae consigo la aparición de un personaje muy curioso jeje pero todo a su tiempo
Gracias por sus reviews, PaauLaa!, setsuna17, ponihina-chan y mi siempre amiga Ahome23 y por supuesto a todos los que leen la historia.
FELIZ NAVIDAD
FELIZ AÑO NUEVO
