La mañana siguiente me desperté una hora antes que nadie. Salí de la cabaña a hurtadillas para no despertar a nadie y fui a las duchas. Me encantaba despertarme temprano porque el agua estaba caliente y podía estar con el grifo abierto el tiempo que quisiera sin que nadie se quejara. Como ya tenía hambre y nadie había preparado el desayuno, aún, me dirigí a la Casa Grande y cogí un paquete de galletas y un zumo de uvas que el Sr. D escondía en lo más hondo del frigo.
Fui a dar un paseo matutino por la playa; un poco de niebla, el agua del mar haciendo cosquillas en mis pies, comida y bebida... Era el momento más perfecto y tranquilo del día. Bueno, lo fue hasta que tropecé con las piernas de alguien que estaba tumbado en la arena y me caí encima de él.
"¡Ay!" me quejé.
"¿Casey?"
"Jake."
Sacudí los granitos de arena que quedaron en mi ropa e intenté levantarme y continuar con mi paseo pero me detuvo.
"Espera, un momento."
"¿Qué quieres?"
"Llevas enfadada conmigo un buen tiempo. Tengo derecho a saber por qué. ¿Te he hecho algo?" preguntó.
"¿De veras crees que sería capaz de enfadarme así contigo por nada?" dije.
"Me gustaría que me lo contaras" pidió.
"Jake, a ver, tu eres mi amigo. Deberías saber que Kasandra y yo nos llevamos fatal. A la mínima que me siento a gusto con mi nuevo hogar ella vuelve a atacar. Y esta vez va a por ti. Hace cuatro días, cuando estábamos alrededor de la hoguera tu y ella... estuvisteis muy cercanos."
"¿Lo dices por lo del abrazo?"
"Y por lo del beso."
"Pero tu viste que no fui yo, Casey. Que me abrazó ella y me besó ella" dijo.
"Y fuiste al baile con ella" le recordé. "Yo ya sé que no soy nadie para decirte con quien debes ir o no. Pero tú eres mi amigo, y como amigo sabes que no es el tipo de chica de la que quiero saber alguna cosa. Sé que debería darte alguna razón buena para decirte que no la hables, pero-"
"Un momento" me interrumpió. "Fui al baile con ella porque me dijo que tu ya tenías pareja."
"¿Yo?" pregunté sin poder creerlo. "Pero si nadie me lo pidió. Pasé toda la noche en mi cabaña..."
"Iba a pedírtelo" declaró, "Kasandra me dijo que ya ibas con otro así que fui con ella..."
"¿Ibas a pedírmelo?" me ruboricé.
Asintió un poco intimidado y luego ensombreció su expresión.
"Casey, yo... lo siento pero..."
"¿Pero qué?"
"Bueno, en el baile... ella... y luego yo..."tragaba saliva continuamente, como si temiera acabar la frase. "Estamos juntos."
¡Boom! Me sentí como si acabase de pegarme una bofetada. Las mejillas me ardían, los ojos me escocían y querían derramar lágrimas, quería pegar a alguien un puñetazo y dejarlo sangrando durante toda su vida. La única reacción que pude llevar a cabo fue levantarme y volver por donde había venido.
"¡No!" gritó. "¡Un momento!"
"¡¿Es que hay más? ¡¿Quieres matarme a disgustos?" le espeté.
"Quiero que no te enfades conmigo" dijo con ojos suplicantes. Me era casi imposible negarme con aquella expresión que puso, pero busqué mis fuerzas interiores para conseguirlo.
"Eres uno de mis mejores amigos, estas saliendo con mi archienemiga, ¿y aún pides que no me enfade contigo? ¿Crees que podemos ser amigos con tanta tranquilidad?"
"Casey, no puedo contártelo todo pero... Por favor, confía en mi" me pidió. "Te necesito. Eres mi amiga."
Lo miré a los ojos. Estábamos a dos palmas el uno del otro. Intentaba no llorar y parecer enfadada, y creo que lo conseguí. Yo quería ser su amiga, pero me estaba pidiendo la luna. Cuando mis amigos me necesitaban yo les daba lo que me pedían, pero esto... Podría intentar hacer un gran esfuerzo, supongo que lo superaría en poco tiempo. Soy experta en superar cosas.
"Yo... bueno, lo intentaré" dije morruda.
Una sonrisa enorme se dibujó en su rostro y me abrazó. Casi, casi no pude respirar pero allí dentro no podía morirme ni aunque tomara veneno. Sería un insulto.
"Eres la mejor" susurró.
Me separé y me obligué a poner la sonrisa más convincente que tenía.
"Lo sé."
Los días pasaban y pasaban. Ya casi se acercaba el cumpleaños de Jake, y Denisse, Mark y yo decidimos dar una fiesta sorpresa al catorceañero. Denisse se puso de acuerdo con Kasandra para que entretuviera a Jake mientras algunos campistas nos ayudaban a decorar su cabaña.
Deberíais haber visto su cara cuando entró a su cabaña.
"¡Sorpresa!" gritamos todos a la vez.
Abrió los regalos con un poco de desgana. No le gustaba que le regalasen cosas, era muy modesto; se conformaba con una felicitación. La camiseta azul que le compré le gustó mucho. Me dio un abrazo y se la probó. Le quedaba como un guante. Hice una buena elección, el color combinaba a la perfección con el de sus ojos. Kasandra le regaló unas deportivas que acababan de salir al mercado. Eran carísimas. Denisse y Mark una gorra DC y entre todos un marco de fotos con una foto nuestra. Yo estaba abrazando a Jake por detrás y Mark cogía a Denisse por la cintura. Haría una copia de esa foto. Yo también la quería; fue la primera que nos hicimos los cuatro juntos.
Un día después tuvimos que irnos de misión. Decidimos traer sólo dos mochilas y las cargaríamos por turnos. En la verde había dinero, ropa, cepillos de dientes y algo de comida, la negra estaba llena de ambrosía y néctar, un botiquín, algunas armas de más...
Los cuatro luchábamos con espadas y las llevábamos envainadas a nuestras cinturas, pero Annabeth nos aconsejó llevar algunas más por si acaso; un fusil, arco y flechas, algún que otro cuchillo... Todos eran de bronce celestial. El bronce celestial puede herir a los monstruos, a los semidioses e incluso a un dios, pero Leo me contó que atraviesa a los humanos, no les hace ningún tipo de daño.
Nos despedimos de los campistas desde el Pino de Thalia. Kasandra se lanzó a los brazos de Jake y le besó la mejilla. Él se ruborizó, como siempre. Aún no se habían dado su primer 'beso' de verdad. No lo entiendo, una hija de Afrodita nunca tardó tanto en hacer tirar su relación adelante. Yo, en cambio, si fuera Jake esperaría a guardar mi primer beso ante alguien que fuera importante para mí y que supiera que nunca podría perder.
Argos, el segurata del campamento, nos dejó con la furgoneta del campamento en la estación de tren y a partir de allí deberíamos viajar a nuestra bola. Solucionar nosotros los problemas que tenían los dioses. ¿Dónde debíamos ir? ¿Qué debíamos hacer?
Desde que oí a Rachel no dejé de pensar en ello.
Los cuatro nos quedamos de pie, delante el tablón de horarios y destinos.
"¿Y ahora que se supone que debemos hacer?" preguntó Mark.
"No tengo ni idea" respondió Jake.
Denisse y yo acordamos en viajar en tren hasta llegar a Danville. No es que creyéramos que allí había algo, es sólo que cuando Mark puso el dedo en el mapa lo puso exactamente señalando nuestro próximo destino.
Todo marchaba sobre ruedas hasta que Mark se fijó en un camarero del tren que no nos quitaba el ojo de encima.
"Seguro que sólo esta extrañado por ver a cuatro niños viajando solos" comenté.
Hicimos turnos para vigilar. Jake se ofreció en hacer el primero.
Tuve una pesadilla:
Estábamos viajando pacíficamente en tren cuando de repente el conductor se transformó en una gran bola de mocos de diferentes colores, con patas y ojos. Incluso había algún pelo por ahí. Avanzaba hacia nosotros muy lentamente. Más tarde reparé en que llevaba pesos en sus tobillos y murmuraba algo como 'ayuda...'. Desperté de golpe. Alguien me estaba sacudiendo.
"Casey, el camarero aún nos está vigilando" me avisó Jake.
"Seguro que eso es mejor que mi sueño" murmuré.
"Tía, aún estás dormida. ¡Despiértate!" me gritó en la oreja.
Me apresuré a despertar a los tortolitos. Dormían cogidos de la mano. Que ricos...
Nos separamos, buscamos cada uno en una zona del tren. Como no, lo encontré yo. Estaba hablando con alguien por teléfono móvil y colgó enseguida cuando me vio.
"Buenas noches" saludé con gracia.
"¿Qué hace usted despierta, señorita Wise?" preguntó. Mal. La cagó en un segundo. ¿Cómo sabía mi nombre? No lo sé. Sólo sé que éste tipo no tramaba nada bueno.
"Pues estaba durmiendo y mi amigo le vio espiándonos" comenté. "¿Es que hay algún problema?"
Por la forma que me miró supe que se había dado cuenta que sabía que él no era de fiar. Llevó su mano a sus bolsillos traseros y sacó una pistola. La cargó y me apuntó con las manos. Sabía que no quería dispararme, le temblaba el pulso. Si hubiera querido matarme ya lo hubiera hecho.
"¿De verdad quieres dispararme? ¿Quieres que una pobre e inocente niñita de trece años muera por tu culpa?" pregunté con cara de corderito.
Denisse apareció por la puerta que había tras él.
"¿Pero a quién tenemos aquí?" preguntó amenazante.
El tipo se giró hacia ella y la apuntó con el arma. Denisse, al ver su cara, cambió de expresión.
"Tu... tu eres un dios" balbuceó.
"¡¿Qué?" pregunté.
"Estabas en el Olimpo hace tres meses, comías al lado de Dioniso" prosiguió.
"Sí, soy ése dios" coincidió él. Y voy a tener que hacer algo con vosotras dos, chicas..."
"A ver, a ver, a ver..." interrumpí cambiando la seriedad del tema. "¿Qué dios eres? No te conozco."
"Ya bueno, eso suele pasar" dijo con una expresión fúnebre. "Los dioses menores son los menos reconocidos. ¿Y qué si no representamos algo? ¿Es que sólo existen los Olímpicos y los otros pocos de los mitos? ¿Crees que los dioses sólo tienen hijos que se conocen en los mitos?"
Parecía resentido de verdad. Le di a Denisse 'la mirada' y pateó la pistola con tal fuerza que salió volando, rompió el cristal de la puerta y quedó fuera de nuestra vista. Aproveché el momento para cogerlo y apuntarlo con mi espada en el cuello.
"¿Sabes algo de Iris?" pregunté.
No contestó. Empezó a forcejear para librarse de mí, pero no lo permitiría.
Denisse abrió la puerta y lo lanzamos fuera del tren. ¿Podría habernos servido? Sí, pero era más divertido de aquel modo.
