Disclaimer. Elementos y personajes de propiedad exclusiva de J K Rowling.
Envueltos en sábanas blancas
IX
Percy habría abandonado su oficina quince minutos antes de lo habitual si es que ella se lo hubiera pedido.
Habría olvidado sobre su escritorio, aún con dubitaciones de último minuto, todo papeleo y notas e informes sobre regulaciones junto a la pluma y el tintero. Habría atravesado estupefacto el Ministerio bajo un cielo despejado, nunca mirando hacia atrás. Habría observado con detención a las personas salir humeantes de la boca de la estación. Pensativo, habría cruzado las calles inundadas de automóviles, agresivos e invasores. Habría caminado y sólo caminado hasta tocar la puerta del apartamento de Audrey. La habría besado como tantas otras tardes y, con atención absoluta, habría observado su silueta sobre las sábanas cuando las sombras la abandonaran huyendo de la luz.
Percy habría evitado toda muestra de hechizos y conjuros y apariciones inexplicables en el umbral de su puerta. Y está convencido de que habría, con el pesar de sus años, borrado todo recuerdo de su memoria si es que ella hubiera pronunciado esas palabras.
Porque Percy habría hecho todo eso y aún más si es que con tales acciones en Audrey se comenzasen a disolver las interrogantes que aún no se atreve a articular.
Y entonces Audrey levanta su mirada y lo guía hacia el sofá. Y Percy, frustrado y preocupado, se esfuerza en adivinar que es lo que Audrey realmente desea para así intentar hacerlo realidad. Y ella lo observa un par de segundos más y - luego de un par de días interminables de silencios y esperas, como si todo se hubiese producido según un orden preestablecido y eternamente superior - le dice que quiere conocer a su familia, que quiere que al dormir Percy le susurre las hazañas de Arturo y Merlín y pociones mágicas y héroes de guerra.
Horas después, atrapados bajo un mundo ardiente y cálido, cuando Audrey le pregunta si es un requerimiento especialmente necesario e indispensable el poseer magia para poder volar en una escoba, presa de sonrisas infantiles y susurros coquetos y prometedores gemidos y mirada esperanzadora, sin ningún pudor ni el menor sentido del tiempo y el reloj, Percy piensa que la realidad no es más que una idea abstracta.
A medianoche, Audrey permite que Percy acaricie sus labios, mientras ella enreda sus piernas en las suyas. Tal como la madrugada siguiente y la siguiente y la siguiente.
La oscuridad de antes ha desaparecido y ahora es pleno día entre ellos.
Notas de la autora. No estoy totalmente satisfecha con éste :/ Creo que tardaré un par de días – en realidad, un poco más que un par – en actualizar. El comienzo de semana ha sido un caos y creo que los próximos días también lo serán =)
Gracias eternas ^^
