MALFOY MANOR ES UN PARAISO

Esa mañana iniciaron la exploración de la Mansión y sus terrenos, empezando por los jardines favoritos de su madre, una rosaleda repleta de rincones para descansar y hermosas esculturas mágicas, que saludaban a los jóvenes al pasar.

El aire libre y el sol animaron enormemente al Griffindor, que sonreía feliz como un niño. A su paso, en un punto del jardín donde había un pequeño estanque donde nadaban varios cisnes, el agua comenzó a brotar de la fuente central, en un alto surtidor, creando un arco iris.

Ambos jóvenes dialogaron animadamente, y sus recuerdos se interconectaron cada vez más, en un proceso extraño, ya que cada uno era consciente de su propia identidad, pero podían acceder a los recuerdos y conocimientos del otro, integrándolos gradualmente en los propios. Los sentimientos eran algo más complejo, más difíciles de aceptar, ya que Draco no entendía la radiante alegría de su compañero, ni Harry la comedida actitud del rubio.

Pero progresaron y cuando llego la noche, ambos estaban amigablemente bien avenidos y razonablemente tranquilos. Tras la cena, Draco le sugirió a Harry que el dormiría en otras habitaciones, no queriendo presionarle de nuevo. El Griffindor se negó y finalmente, fue él el que se trasladó a un dormitorio próximo. Sin embargo, a media noche y cuando el sueño se negó rotundamente a acudir, el moreno recorrió el solitario corredor, descalzo y en pijama para acercarse al dormitorio de Draco. Dudó ante la puerta, y aguzó los sentidos. La respiración de Draco era regular, pero sin verle, era difícil deducir si estaba dormido.

Arriesgándose, cambió de forma y se tumbó justo tras la puerta, decidido a quedarse un rato, solo para asegurarse de que el rubio estaba dormido. Sin embargo, acabo por dormitar en ese lugar el resto de la noche, donde el olor de Draco le calmaba los nervios a flor de piel y regresó más de una noche a hacer lo mismo.

Elaboraron planes y entrenaron duramente los días siguientes, poniéndose a prueba el uno al otro, enzarzados en locos duelos que los dejaban exhaustos, y a veces lastimados. Harry fue aprendiendo el amplio arsenal de maldiciones y hechizos dudosamente legales del Slytherin, mientras Draco perfeccionaba sus habilidades defensivas con el conocimiento y el duro entrenamiento que el Griffindor había adquirido en el campo de batalla, además de que ambos pusieron en practica las maldiciones y encantamientos que Harry había memorizado en Azkaban.

Aunque no siempre estaban de acuerdo, lograron trabajar juntos y pronto estuvo claro que cada uno tenia puntos fuertes y debilidades. Harry había logrado instintivamente crear un nuevo escudo, que convertía la mayoría de barreras y maldiciones, incluida la Avada Kedabra en una llamarada de energía o las hacia rebotar. El mayor defecto de este escudo radicaba en que cualquier objeto físico podía atravesarlo y por tanto, maldiciones relativamente poco potentes, que lanzaban hacia la víctima un cuchillo, cristales o similares, y que sí eran desviados por el Protego habitual, se volvían muy peligrosas. Si no combinaba permanentemente los escudos, quedaba expuesto a ataques que de otra manera hubiera evitado.

Por su parte Draco era muy hábil con las maldiciones, pero era vulnerable cuando actuaba a la defensiva. Era mejor actuando al ataque, siempre y cuando pudiera efectuarlo desde una posición segura, ya que atacar y defender a un tiempo acababa por romper su concentración.

A pesar de los vínculos que les unían, su vieja rivalidad parecía no haber muerto del todo, y cuando el Griffindor propuso un duelo aéreo, la chispa de malicia que iluminó los ojos grises pareció avivar un fuego largamente sofocado. Montados en sus escobas, se aplicaron el uno al otro todos los hechizos protectores que conocían, para evitar matarse en caso de accidente. Acordaron limitarse a intentar desmontarse y desarmarse el uno al otro, y Harry sugirió usar un conjuro infantil que cambiaba el color de la parte directamente afectada, el equivalente mágico de una guerra de bolas de pintura y el rubio sonrió maliciosamente, aceptando.

Había mucha tensión acumulada entre ellos, y tras un par de tanteos, se aplicaron a lanzarse ferozmente ataques el uno al otro. El viento silbaba en el rostro de Harry y una salvaje alegría lo embargaba. Volaba libre bajo el sol, y Draco estaba junto a él. Inicialmente el moreno recibió varios ataques, y algunos impactos menores, pero pronto, en una loca maniobra que casi lo estrella contra el suelo, logró invertir sus posiciones y convertirse en perseguidor. El rubio era la snitch dorada, evadiendo su captura, y tratando de defenderse de él al mismo tiempo. Sin embargo, aunque el rubio era muy bueno, tanto como para ser buscador profesional, el Griffindor tenía ventaja sobre Draco en esto, ya que siempre había tenido una habilidad natural para la búsqueda y caza, y para la realización instintiva de maniobras imposibles para la mayoría de jugadores de quidditch.

Atacándole ferozmente, Harry lanzó una verdadera lluvia de hechizos, que acabaron golpeando a Draco en las piernas, la espalda y finalmente la cabeza. Aunque el rubio intentó repelerle, su concentración se rompía con facilidad entre mantenerse volando en la dirección correcta, levantar los escudos y defenderse, por lo que su puntería era mala.

Tratando de recobrar la ventaja perdida, aceleró al máximo, para poder girara sobre si mismo y atacar frontalmente al moreno, pero este anticipo su movimiento y con una impacto lateral, lo desmontó de la escoba, lanzándolo al aire. Draco gritó, cayendo al vacío, impotente, el terror fluyendo por sus venas. Pese a las precauciones que habían tomado, una caída desde semejante altura, - habían ascendido muy por encima de los tejados de la mansión, y esta tenia cuatro pisos de altura, sin contar las torres- le partiría probablemente los huesos. Trató de ralentizar su caída, creando una corriente de aire, y aunque su velocidad se frenó, el impactó aun sería muy duro. En ese momento, un silbido le llenó los oídos y un manchón borroso le embistió, dejándole sin aliento, mientras una voz susurraba en sus oídos:

¡Agárrate fuerte Draco! Voy a aterrizar.

Aferrándose con ambas manos al cuello de Harry, y sosteniéndose precariamente colgado de él mientras intentaba equilibrarse para montar en la escoba, el rubio dejo escapar un gemido de angustia cuando sus manos sudorosas comenzaron a resbalar. Un brazo fuerte le rodeo la cintura, acomodándole contra su pecho, sentándole finalmente delante de él y una voz tranquilizadora y grave murmuró:

No voy a dejarte caer Draco, relájate.

El rubio enterró su cara en el hombro de Harry y se aferró con ambas manos a sus ropas, abrazándole desesperadamente. Con un suave golpe, aterrizaron finalmente, pero Draco continuó asido a él, con desesperación. Rompió a llorar y un asombrado Griffindor no supo muy bien que hacer. Retornó el abrazó con suavidad, murmurando palabras de consuelo, y finalmente, viendo que su compañero no parecía reponerse le cogió en brazos y se apareció en su dormitorio en Malfoy Manor.

Intentó dejarle en su cama, pero Draco se negó tercamente a soltarle y suplico entre sollozos:

Quédate conmigo, por favor, por favor Harry.

El moreno se recostó a su lado, abrazándole y se transformó en pantera, dejando reposar su cabezota en su pecho mientras lamía afectuoso su cara. Draco abrazó al felino y dejó que este limpiara sus lágrimas, y poco a poco se fue tranquilizando. Comenzó a hablar con congoja, algún que otro sollozo intercalado a sus palabras.

Cuando estaba cayendo, me di cuenta de algo muy importante: que nunca te dicho que te quiero Harry.

El Griffindor dejó por un momento de lamerle, y le miró con sus grandes ojos verdes. Volvió a su forma humana, y se sentó junto al rubio con expresión seria. Su conexión mental se intensificó ligeramente, Harry nunca entraba en la mente de Draco sin previo aviso, y solo exploraba lo que el joven le ofrecía, consciente de que la sensación aun perturbaba mucho al Slytherin, aunque había pasado casi un mes desde su regreso.

No necesitabas decírmelo Draco. Ya me lo has demostrado.

Su presencia espiritual atrajo al rubio a su propia mente, donde Harry se encontraba más cómodo, y el afecto que el Griffindor le profesaba le envolvió. Atracción, amistad y agradecimiento le rodearon, y poco a poco, el moreno expuso su más reciente sentimiento hacia Draco. Amaba al Slytherin, no porque tuviera que hacerlo, sino porque esa era la decisión de su corazón.

El rubio se abrió finalmente, y dejó que su obsesión de años, matizada y encubierta por su rivalidad, fuera dando paso a su propio amor, oculto tras una fría máscara exterior.

Te quiero Harry, estaba enamorado de ti desde hace mucho, pero nunca lo admití, ni siquiera ante mi mismo. Por eso no di por cancelada la deuda, deseaba tener algo que me uniera a ti, aunque fuera formalmente.

Yo también te quiero Draco.

Se recostaron juntos y abrazados y el Slytherin murmuró vehementemente:

Duerme conmigo esta noche Harry, por favor. No te molestaré, lo prometo.

El moreno vaciló y encontró una solución de compromiso:

Si no te importa dormir con una pantera…

Draco exploró sus sentimientos, y el joven le dejó hacerlo libremente, sin recelos ni restricciones. La mente de Harry era ya familiar para Draco, y solo encontró la ligera tensión que la proximidad física íntima le producía.

Si eso te ayuda, por mi conforme.

La pantera se tendió a su lado y las manos del joven exploraron su cuerpo, deslizándose por el pelaje de terciopelo azabache. Las caricias se hicieron más atrevidas, pero Jaws se tumbó de costado, dejándole hacer mientras ronroneaba suavemente. El cuerpo de Harry se había rellenado con músculo y algo de grasa y acariciarle era todo un placer en cualquiera de sus formas.

Draco se movió y se colocó sobre él, abrazándole el cuello. Las pesadas zarpas le envolvieron los hombros y una lengua rasposa y caliente lamió sus mejillas, mientras el elástico cuerpo giraba bajó el, colocándoles pecho con pecho, vientre con vientre.

Te amo Harry, -susurró el rubio- y dejó que Claws apareciera.

El leopardo albino lamió y relamió las mejillas de la pantera, que yacía tumbada entre sus patas. Se recostó mientras su pareja se giraba sobre un costado ronroneando gravemente, y se deslizó entre sus patazas, pegándose a su amplio pecho. Jaws le apresó entre ellas, y empezó a lamerle cuello y orejas, antes de aferrar su piel casi blanca entre sus dientes, emitiendo una ronca llamada. Claws se sumó a su gruñido, enseñando los afilados colmillos, mientras su cola azotaba las sábanas.

Tras un rato de nuevos lametones, Claws se estiró suavemente y se levantó, provocando un gruñido de protesta del otro animal, que le contempló con ojos chispeantes, evaluándole, cuando le vio alejarse levemente, agitando el largo rabo. Con una mirada insinuante sobre la paletilla, el leopardo se tumbó lentamente, adoptando la posición de una esfinge, ofreciendo su grupa al otro y volviendo a azotar el aire con la cola.

Jaws se alzó, olfateando intensamente en dirección a su compañero, y se acercó cauteloso, rodeándole para situarse frente a él. Los ojos grises relucieron y el leopardo permaneció en su sitio, jadeando levemente mientras bostezaba. Con un gruñido grave y un último y ruidoso husmeo, la pantera sentenció con seguridad.

Aun no estas listo.

Draco/Claws no estaba muy seguro de porque Jaws estaba tan seguro, pero le lamió el hocico y respondió ronroneando:

Tal vez no, pero cuando lo este, será solo para ti.

Con un rugido el leopardo negro saltó hacia su costado y le agarró del cuello gruñendo posesivamente:

¡Mío!

Tuyo!

Jaws se coloco con cuidado sobre él, aun sujetándole de la piel y gruño entre dientes de nuevo una y otra vez:

¡Mío! ¡Eres mío!

Claws ronroneo de placer, abriendo las fauces para mostrar los dientes y agitando la cola frenéticamente.

Derrumbándose sobre su lomo, Jaws aplastó con su peso al albino, que gruño de placer, deleitado en el íntimo contacto.

A Draco ya no le importaba que Harry le dominase, había aceptado que eso era lo que el moreno necesitaba para estar con él y revirtió el cambio. Su cuerpo se amoldó al de la pantera, pero antes de poder relajarse, Harry ocupo su lugar, jadeante. Los ojos verdes relucían, y el moreno se apartó, dándole espacio para girarse. Draco le acarició el pelo con dulzura, y el joven se inclinó hacia él, rozando sus labios por primera vez desde aquella dolorosa pelea.

El Slytherin devolvió el beso con autenticas ganas y su mano retuvo ligeramente al moreno, incitándole a permanecer cerca de él. Con una vacilación, el Griffindor entreabrió los jugosos y rojos labios y Draco gimió, lamiéndolos con la punta de la lengua, acariciando los dientes del otro, pidiéndole permiso para más.

Con un leve giro, Harry se arrimó a su costado, dejando su pierna cruzada sobre las de Draco y su boca se movió bajo los expertos labios del rubio, dándole acceso con un levísimo jadeo. Envolviéndole en su abrazo y acariciándole con delicadeza la musculosa espalda, el Slytherin exploró la boca de su amante y sus labios y lenguas se enredaron y fundieron una y otra vez. El moreno se atrevió a acariciarle el pecho y el costado, y Draco gimió, presionándole más contra su cuerpo. La necesidad de respirar les hizo separarse, pero el rubio comenzó a cubrirle el rostro y los labios de pequeños besos mientras murmuraba enfebrecido:

Te quiero, te quiero, te quiero...

Con una risa ahogada, el Griffindor susurró entre beso y beso:

¿Sigues queriendo que duerma contigo?

Claro que si! ¿Por qué lo preguntas?

Preguntó Draco enarcando una ceja levemente por un instante, antes de seguir besándole una y otra vez. Con rubor, el moreno le miró a los ojos y musitó:

Mmh... bueno, porque ahora mismo tengo un...pequeño problema.

El Slytherin percibió la excitación que recorría el cuerpo del moreno, y aunque, aparentemente los dos lo deseaban, el temor de Harry aun se interponía entre ellos. Por un instante consideró la posibilidad de entregarse a él, pero su propia vacilación le disuadió. Sonrió y compartió sus emociones, y con una mirada traviesa murmuró en tono divertido:

Tal vez podríamos ocuparnos de nuestros problemas – un flash de fugaces recuerdos de encuentros sexuales brotó en su mente – de alguna manera...cómoda

Los recuerdos de Draco habían hecho tensarse al moreno, y este susurró, acariciándole:

Puedo ser mucho mas delicado y paciente, te lo aseguro Harry.

Con los ojos verdes llenos de una mezcla de deseo y dudas, el joven preguntó con voz ronca:

¿No hechas de menos a ninguno de ellos?

El Slytherin le besó de nuevo y sus ojos se llenaron de amor, rebosantes de emoción contenida. Su voz sonó sincera y cálida cuando contestó en un murmullo:

Ninguno, hombre o mujer, significaba nada para mí entonces y mucho menos ahora. Solo un medio para satisfacer una necesidad.

Le besó la nariz y entre los ojos antes de añadir:

Tengo todo lo que quiero justo delante de mi, entre mis brazos.

Harry se relajó y besó al rubio, que se plegó contra su cuerpo, envolviéndole. Tras un rato, Draco le hizo cambiar de postura y se sentaron recostados sobre las almohadas, Draco sosteniendo en su regazo al moreno, que montaba a horcajadas sobre el. Se movieron, rozando sus erecciones y Harry gimió de placer, los ojos dilatados y brillantes.

Las manos del rubio sujetaban sus nalgas y le oprimían contra su vientre, pero Harry se sentía libre, seguro entre sus brazos, y le besó, acariciándole los pectorales. Embistiendo el uno contra el otro, sus sensaciones duplicadas en sus mentes, pronto alcanzaron un explosivo climax, que les hizo gritar a ambos, mientras el semen manchaba sus cuerpos y la cama.

Las lágrimas llenaron los ojos del Griffindor, y se derrumbó sollozando, envuelto en el abrazo de Draco, que le acunaba protectoramente. Sin palabras, tan solo con caricias y emociones compartidas, su amante le consoló y le dejó desahogarse, mientras el dolor fluía con sus lágrimas.

Se durmieron, abrazados y durmieron hasta el día siguiente, mientras los sueños de Harry eran placidos y dulces por primera vez en mucho tiempo.