Capítulo 9
Lenguaje de las flores.
El corazón le palpitaba con fuerza a medida que descendía los escalones que daban a la sala común, su mano se movía frenéticamente en su costado en un vano intento de comprobar si sus reflejos eran tan rápidos como la urgencia de la situación demandaba.
En otras circunstancias, se hubiese reído de su indumentaria tan… cursi. Armada únicamente con su varia y un montón de unicornios y arcoíris en miniatura plasmados en la suave tela de algodón de su pijama, se aventuraba a enfrentar a un grupo de chicas dispuestas a asesinarla sin ningún remordimiento.
A veces odiaba el sentido tan agudo de drama que poseían las serpientes.
¡Si tan solo los unicornios pudieran salir de la tela y desestabilizar a las estúpidas niñas de su casa! Era un pensamiento bastante prometedor y para nada posible.
Se detuvo al darse cuenta de que le faltaba un único peldaño para estar expuesta. Aguzó los oídos para escuchar cualquier movimiento que pudiera ser de ayuda, pero el silencio le devolvió el tímido saludo.
¿Estarían todos en el comedor? ¿Sólo habían querido asustarla?
Lo dudaba, y decidiendo salir de la angustia de una vez por todas, emergió al vestíbulo mostrando el semblante más amenazador que alguien pudiera expresar llevando un pijama de arco iris y unicornios, una varita que parecía un palito inútil y unas gafas enormes que oscurecían levemente su mirar. ¡Vamos! Era la imagen viva de una guerrera intrépida y sedienta de venganza… y fue la burla de todas las personas que se encontraban en la sala común, la cual estaba repleta de alumnos que tomaban fotos y la miraban con los ojos llenos de lágrimas de risa.
-¿Unicornios, Potter? ¿Es en serio? – la voz divertida de Marcella llegó hasta sus oídos como una canción burlona y apática. Los flashes, seguían impactando en la cara de la pelirroja como una ligera brisa que la impulsaba a parpadear repetidas veces.
Marcella, se encontraba rodeada de su grupito de abusadoras que parecían largas escobas con problemas hormonales que muchachas comunes y corrientes. Aparte de las ya mencionadas, se encontraban todas sus compañeras de casa apiladas en la elegante sala común, desde la más pequeña a la más vieja, portando en sus túnicas unas chapas animadas que la tildaban de zorra y de tantos insultos, que Lily tuvo que achicar los ojos para leer mejor. Y en el fondo, tal como había predicho, se encontraban los chicos excitados por lo que vendría. ¡Nada como una pelea de gatas para el desayuno!
- Peeves, ¿Nos harías el honor?
-¿Qué?- pero su tonta pregunta sólo fue respondida por la risita tan familiar del cruel fantasma. Era una estúpida por no ver al escurridizo duendecillo flotando alegremente encima de ella con un balde verde y burbujeante de mocos flobberworm que gracias a la gravedad, cayó sobre su cuerpo sin clemencia alguna. Ésta vez las carcajadas y los flashes fueron en aumento. Sintió el frío de los mocos recorrer cada resquicio de su cuerpo, su empalagosa textura la asqueó hasta medidas inimaginables.
En ese preciso instante se dio cuenta de que no era dueña de sí misma, de que no le importaría usar cualquier medio para vengarse de cada una de las personas que estaban allí, riendo a carcajada suelta. Recordó con furia su ropa destartalada, sus libros descuartizados, el pergamino insultándola… cada pequeño detalle alimentaba a la fiera que clamaba en su interior por venganza. Apretó los puños hasta que sintió que la sangre no podía correr libremente por sus venas, aun así no le importó. No dejó de ejercer presión hasta que la delicada carne del interior de su mano botó una curva de líquido rojo.
- El Barón Sanguinario se enterará de esto…- la voz que salió al mencionar esas palabras no parecían suyas, y aunque algunos no le tomaron importancia y continuaron riéndose, otros optaron por la seriedad. Ese fue el caso de Peeves, que al oír el nombre de su fantasma temido, la miró con sus ojillos negros llenos de malicia y algo de terror.
-¡Oh vamos Potter! No seas aguafiestas. Peeves solo jugaba una broma… ¿Verdad Peeves? - la voz de Marcella llena de una morbosa felicidad llegó hasta sus oídos como un golpe interno.
-¡Potter come mocos! – y cantando rítmicamente el duende desapareció de la sala común con un click.
Lily los miraba a todos con odio, ciertamente era la escena más humillante de toda su escueta vida, sin embargo, pretendía asumir la situación con orgullo y picardía, porque después de todo, sabía que tenía más sesos de lo que ellos pudieran reunir jamás. Así que, decidiendo jugar un poco con sus imbéciles compañeros de casa, se acercó a un grupo rezagado, que al ver su aspecto nauseabundo retrocedió con presteza chocando unos con otros. Nadie quería mancharse de moco tan temprano.
-¿Nadie quiere un abrazo?- inquirió peligrosamente mientras se acercaba a un grupo de chicas que con chillidos de asco, se alejaron fuera del alcance de la pelirroja.
-¡Aléjate Potter!
-¡Oh vamos Marcella! Sólo estoy jugando un poco. ¿No puedo? – sonrió al ver el efecto que sus palabras causaron a la multitud. Marcella miró a su alrededor confundida al ver que los alumnos que con tanto empeño había reunido se estaban dispersando asustados lejos del alcance de la pelirroja. Los más pequeños ya habían dejado la sala común. Lily, aprovechando el momento de distracción que sufrió su némesis, se acercó más y más hacia ella, sus escobas se alejaron con una mueca de asco y para cuando Marcella se percató, ya era demasiado tarde.
-¡Petrificus totalus! – Marcella cayó al lustroso piso de la sala común de Slytherin con un ruido sordo, con los ojos sumamente abiertos y una mueca incrédula plasmada en su pálido rostro. Lily, antes de que las escobas ninja de la chica pudieran reaccionar, les lanzó otro hechizo que las dejó inconscientes en el suelo. Y en ese momento se desató el caos.
Todos salieron corriendo mientras nuestra intrépida protagonista, se quitaba de encima montañitas de moco para lanzárselos a sus compañeros que huían despavoridos. Cuando la sala común quedó vacía, miró a su contrincante con indiscutible placer.
-Marcella, debo felicitarte por tu arduo trabajo, nunca pensé que toda la sala común estaría aquí congregada. ¿Tuviste que cogerte a todos los chicos para mantenerlos a raya? – La mirada de la aludida chispeó con odio y arrogancia - Quizás si hubieses tenido la delicadeza de invitarme con antelación y por supuesto, no hubieses destrozado mis pertenencias, pensaría en engalanarme un poco más. Pero no tuve el placer de prepararme mejor para Pevees y el flobberworm.
La pelirroja con una sonrisa sarcástica, agarró a su compañera de los pies y jalándola con fuerza, la paseó por el charco de mocos donde hacía tan solo minutos, Pevees la había pillado. Los ojos de la slytherin paralizada se movían casi frenéticos mientras en vano intentaba gritar.
-¡Esto es para que nunca más te atrevas a meterte conmigo! ¿Me entendiste? La próxima vez que pongas toda la sala común en mi contra te juro por Merlín, que te saco los cabellos uno a uno con mis manos.- Y quitándose la pijama, sin importarle lo más mínimo en quedarse en ropa interior, le pasó la tela por la cara a la chica y por todo el cuerpo y la dejó allí, llena de moco y petrificada con unas compañeras desmayadas e ignorantes de lo que ocurría.
Suspiró cuando sintió el buen humor invadirla de repente, y con una cancioncilla, se dirigió hacia las escaleras, pero antes…
-Por cierto, ya que destrozaste toda mi ropa, espero que no te importe que use las tuyas. Aunque tienes las caderas del tamaño de Marte, dudo que me queden mal….- y coronando la cereza en el pastel, se retiró hacia el baño con una ancha sonrisa en el rostro.
Cuando finalmente, Mike ingresó a la sala común, esperó de veras encontrarse con la pelirroja crucificada y a un montón de serpientes burlándose, pero lo que halló fue algo muy diferente. Todo el lugar apestaba, había sustancia verde fosforescente por doquier, y en el piso, se encontraban tres chicas, dos de ellas inconscientes y una llena de moco de la cabeza a los pies, tenía los ojos marrones increíblemente abiertos y su mirada estaba teñida de una súplica muda hacia él.
Mike no pudo hacer más que echarse a reír. ¡La pelirroja era toda un dementor implacable! Observó a lo lejos varias cámaras tiradas en el piso y con una sonrisita traviesa, le tomó fotos a la chica y a sus acompañantes.
-¡Para el anuario! – Indicó como aclaratoria – Una costumbre muggle verdaderamente subestimada.
Y riéndose a más no poder, salió de la sala común con cámara en mano. ¡Sí que sería un buen día!
L&S
-Señor, temo informarle que su plan no salió de acuerdo a lo previsto…- La carcajada de su prima al escuchar a Eloy lo irritó.
-¿Qué quieres decir? – preguntó apretando los dientes, una señal bastante peligrosa para cualquier súbdito.
-La señorita Potter se las apañó muy bien sola, hechizó a tres compañeras e incluso llenó de mocos a la señorita Marcella.
¡Demonios! ¿Es que nada le salía bien?
Fulminó a su sirviente con la mirada y con una mueca de cansancio, tomó asiento en el cómodo sillón de cuero.
-Te dije que me llamaras en cuanto los mocos cayeran sobre ella. ¿Por qué no lo hiciste?
-La señorita Potter no me dio tiempo de reaccionar, y aunque lo hubiese llamado, su presencia no….
-Ya, ya… ¡Retírate!...- lo cortó el príncipe con un gesto adusto, el anciano con una reverencia se marchó.
-Así que fuiste tú el que realizó todo este plan macabro.- afirmó su prima con una mirada reprobatoria. Scorpius negó con la cabeza.
-Aunque no lo creas, tengo cosas más importantes que hacer que tenderle una trampa a mi prometida. Uno de los elfos escuchó una conversación de la tal Marcella por casualidad, pensó que me sería útil y me informó.
-Pero no te fue útil.- puyó la castaña con una sonrisita petulante en el rostro.
-¿Por qué estás tan contenta? – inquirió exasperado, no entendía por qué demonios su prima se alegraba tanto de su fracaso. Se suponía que tenía que estar de su parte, por todos los dioses. Ella tenía su sangre. Tendría que darle una charla de lealtad dentro de poco…
-Porque me molesta tu actitud tan estúpida. Estás haciendo todo más difícil. ¿No te has preguntado qué ocurrirá cuando ella se entere de que detrás de todas las cosas malas que le ha pasado, estas precisamente tú? Además, tienes la estúpida creencia que las mujeres somos inútiles y que necesitamos que los hombres nos defiendan siempre, eso no es así.
¡Genial! Una charla feminista era precisamente lo que necesitaba en ese momento. Mirándola con rabia, decidió aclararle la situación.
-Para tu información querida prima, todo esto tiene un propósito.
-¿Ah sí? Ilústrame…
-Ella se debe enamorar de mí. – ésta vez, la risa de Cristina no lo dejó esperar. Scorpius quiso lanzarle un hechizo, de veras tuvo ganas, pero se contuvo.- Es un buen plan, si tan solo lo escucharas, te darías cuenta de ello. Mi tonta prometida se daría cuenta que soy yo quien la salva en momentos de apuro, entonces pensará en mi como su maldito héroe, soñará conmigo y leerá novelitas maricas pensando en mí e incluso ubicándome en el lugar de su protagonista. ¿No es así como funciona el endemoniado e inentendible cerebro de las mujeres?- soltó con la voz plagada de cinismo. ¡Joder! A veces sus buenas ideas lo impresionaban tanto que tenía que tomarse unos minutos para auto alabarse. Era un condenado genio.
- Al parecer, el endemoniado e inentendible cerebro de tu prometida, no funciona así. Desde mi humilde punto de vista…
-No he pedido tu humilde punto de vista.- cortó cabreado y prestándole atención a otra cosa, menos que a su fastidiosa pariente. Definitivamente, ese día no estaba de buen humor, y lo peor de todo, es que Cris lo ignoró olímpicamente.
-…Estás haciendo que Potter te odie más.- continuó mirándolo con severidad.- Le estás haciendo la vida imposible Scorpius. ¿No se supone que el romance debe teñir de rosa la vida de las personas? ¡Tienes que hacerla caminar en una nube, no en el infierno, por Merlín! Además, no entiendo para qué pierdes el tiempo en éstas tonterías y no le dices de una vez que el compromiso sigue en pie y que la fiesta de compromiso será en unos días.
Y en ese preciso instante, notó que era un idiota. Su prima tenía razón, demonios, odiaba darle la razón a alguien.
-¿Qué hago ahora?- le preguntó suplicante. Cris se encogió de hombros.
-Estoy segura de que otra idea brillante tendrás dentro de poco. – La chica se levantó del sillón y tomó sus cosas.- me retiro, tengo clases de pociones. El profesor Slughorn cree que soy inútil, he quemado dos calderos en lo que va del mes. ¿Puedes creer? ¡Dos calderos!
Scorpius sonrió y observó a su prima marcharse deseando ser mujer por un instante para entender cómo diablos pensaban. ¿Ahora qué demonios haría?
-Señor…- la voz de Eloy llegó a sus oídos despertándolo de sus infértiles pensamientos.- Tiene clases de transformaciones en diez minutos.
-No pretendo ir a clases de transformaciones con esos inútiles y menos….- entonces se detuvo. ¡Claro! Era perfecto, la pelirroja ogro estaría allí, podría hacer grupo con ella, mostrarle todos sus encantos y dejarla flechada en solo un instante para luego reírse cuando ella le confesara su amor y él su indiferencia. ¡Era perfecto! – busca mi uniforme Eloy, debo asistir a clases.
L&S
Con un apetito animal y siendo consciente de que sus compañeros de casa la evadían como si tuviera fiebre tifoidea, se comió todo un tazón de cereal, unos muffins de calabaza y un par de tocinos.
-¡Lily!- se giró para ver a May caminar con presteza hacia la mesa de Slytherin, la pelirroja le sonrió. - ¿Cómo estás?
-¡Genial! – respondió con una amplia sonrisa.
-Nos dijeron que tus compañeros…- la achinada se detuvo y observó con curiosidad a las serpientes que parecían aterrorizadas y que le dirigían miradas furtivas a la pelirroja como si fuera la malvada del cuento de hadas. Lily siguió la mirada de su amiga y soltó una risita.
-¿No es genial construir respeto a base de temor? – inquirió con cinismo mientras tomaba un sorbo de jugo de calabaza con aire distraído. May frunció el ceño.
-¿Qué hiciste? – pero la pelirroja no pudo responder, porque en ese preciso instante, una rubia con los ojos llorosos le tiró el periódico de la escuela en su regazo. El continuo bullicio del gran comedor pareció detenerse en ese segundo.
-¡Eres una traidora! – bramó Pipper con sollozos y lágrimas surcando en sus sonrosadas mejillas. Lily reconoció el artículo que hablaba sobre su naturaleza ambiciosa y suspiró tratando de acumular toda la paciencia que poseía, realmente no quería que le dañaran el buen humor que había peleado esa mañana con sus compañeros.- Sabías cuánto me gusta el príncipe y aun así fingiste odiarlo y pretendes conquistarlo. – acusó con el dedo tembloroso y la voz chillona.
-Pipper por Merlín, no seas tonta. Son simples rumores.- dijo May rodando los ojos.
-¡No lo son! – Ladró Pipper con pasión - Mildret estuvo allí cuando el príncipe te defendió, ella me dijo que todo lo que decía el artículo era verdad. ¿Cómo te atreves de quitarme a mi príncipe?- Lily no sabía quién demonios era Mildret, pero esperaba que su túnica apestara a moco. Así que ignorando toda la perorata, se levantó y sin responder, tiró el periódico al piso y con un hechizo mudo, lo incendió, captando la atención de algunos estudiantes que se encontraban más cerca. Pipper exhaló un suspiro de horror.
-La próxima vez que alguien ponga un maldito artículo de chismes encima de mis palabras, juro por Merlín que lo decapito.
-¡Eso sería un verdadero horror! – Lily cerró los ojos al sentir aquel extraño hormigueo de reconocimiento que la invadía cada vez que el príncipe entraba en cualquier lugar. En ésta oportunidad, todos los ojos de las personas presentes en el gran comedor, se posaron en ambos, el príncipe y la pelirroja.
Las conversaciones cesaron abruptamente, al igual que los sollozos de Pipper, la cual se acomodó el cabello hacia el hombro derecho como si nada.
El heredero al trono, escoltado únicamente por un elfo guardián, se acercó al pequeño grupo con una sonrisa autosuficiente en el rostro.
-Buenos días pelirroja. Te he estado buscando…- esa simple oración, prendió la mecha a la incansable curiosidad de los alumnos, que con sonrisitas divertidas, observaban la escena con indiscutible placer. Pipper al escuchar al príncipe, la fulminó con la mirada, como corroborando con sus palabras todo lo que establecía el artículo. Lily quiso matarlo.
Sintiendo la furia arrollar su interior, abrió la boca dispuesta a insultarlo o hechizarlo si era necesario, pero tampoco pudo hacerlo, ya que el príncipe con pasos seguros y hasta seductores, se acercó más a ella y la miró con una profundidad tal que tuvo que pestañear varias veces para no caer en el soporífico encanto masculino. Él, previendo sus pensamientos, bajó la mirada hacia su mano derecha y Lily vió con asombro como aparecía en su mano, con un rayo de luz azul resplandeciente una flor rosada tan hermosa, que sintió la ternura apoderarse de ella. El príncipe acarició de forma ausente un pétalo terso y luego la miró, extendiéndole el regalo.
-Magnolia rosada, significa un amor tímido en el lenguaje de las flores…- apenas fue consciente del susurro de May en su oído, simplemente tomó el regalo con manos temblorosas.
-Espero que tengas un lindo día.- y sin más, se alejó de ella con pasos seguros y masculinos, derrochando sensualidad y autoridad en cada paso que daba.
Lily sintió que los murmullos aumentaban, escuchó su nombre más de una vez e incluso, varias alumnas entrometidas y definitivamente emocionadas, se acercaron a ella para examinar el regalo del príncipe con detenimiento.
-¡Qué romántico!
-Sabe acerca del lenguaje de las flores.
-Es tan poderoso, nunca había visto una magia de tal magnitud y menos sin usar la varita.
-¡Cómo te envidio!
Y de repente, Lily cayó en la cuenta de que todas querían ser como ella. La consideraban afortunada por haber captado la atención del príncipe, y mientras se dirigía al salón de transformaciones, notó que varias personas la saludaban con cierta timidez. May bufó a su lado.
-Ayer te insultaban, hoy te aman. Son tan extraños.- Lily sonrió sin poderse mostrar más que de acuerdo con su amiga. –Lily… ¿Te gusta el príncipe?
-No – respondió rauda.
-Al parecer está muy determinado en conquistarte.
-Hasta que se harte y busque a Pipper. May, no he cambiado y no voy a cambiar mis ideales solo porque él me regale unas rosas. No soy tan fácil…- mentirosa. Sacudió la cabeza desechando ese pensamiento.
-¿Y si te enamora? – Lily se echó a reír.
-Sucederá cuando lluevan flores…- indicó con una sonrisita sarcástica y separándose de su amiga para entrar a clases de transformaciones con Gryffindor.
Como aún faltaban cinco minutos para que iniciara la clase, se sentó en la última mesa del salón, tratando de pasar desapercibida. Abrió su libro y comenzó a ojear lo visto la semana pasada.
-¿No merezco unas palabras de agradecimiento por mi lindo gesto? – maldita sea, otra vez. Pensó sintiendo la piel de su nuca estremecerse, inhaló el aroma masculino y atrayente del príncipe casi con repulsión y se incorporó para mirarlo con furia.
-Quiero que me dejes en paz.- indicó con voz calmada, más de lo que en verdad sentía. Él se sentó a su lado con una sonrisa ladeada.
-¿Por qué?- inquirió inocentemente.- Eres divertida y me ayudas a salir del aburrimiento, por no mencionar que realmente me gustas.
Se estremeció.
-Eso no se lo cree absolutamente nadie. Ningún príncipe en su sano juicio se fijaría en mí. – Scorpius suspiró con melancolía, como resignándose al hecho de que tendrían esa discusión a menudo. Luego levantó la mirada y la fijó en sus ojos indecisos e inseguros. Lily tragó saliva con dificultad.
-Me gusta tu cabello- dijo él con voz serena y penetrante.- me gusta el modo que brilla cuando es acariciado por el sol. – Lily sintió que su respiración comenzaba a ser irregular, se concentró, trató de disminuir la velocidad tan impactante con la que latía su corazón, pero le fue imposible. – Y sobre todo…- continuó con voz sedosa – me gusta que seas indomable y temeraria. No eres como las demás.
-¡Buenos días estudiantes! Abran sus libros en la página 55. Hoy aprenderemos…- ignorando lo que acababa de decir y agradecida con la interrupción, la pelirroja se giró hacia la profesora McGonagall con las mejillas ardiendo y el corazón acelerado. Se mordió el labio inferior con la incertidumbre invadiendo cada nervio de su ser. ¿Por qué le estaba diciendo esas cosas?
A pesar de que esperaba y rogaba internamente que él se cambiara de sitio, no lo hizo. Se quedó allí al lado de ella dirigiéndole miradas furtivas de vez en cuando. Demás está decir que la clase fue un suplicio para la pelirroja.
Las manos le temblaban, tenía calor y por más que intentaba prestarle atención a la anciana profesora, no podía, su mente era demasiado consciente del hombre que tenía a su lado, era demasiado consciente del aura de poder y sensualidad que botaba un vapor tan grande que la tenía mareada.
-¿Te encuentras bien? – su voz baja, ronca y seductora la acarició sin clemencia. Sintió su aliento muy cerca de su mejilla y quiso apartarlo de ella, quiso empujarlo y escupirle. Pero no hizo ninguna de las dos, simplemente asintió, apartándose levemente de él y rogando que McGonagall no se diera cuenta. Lo sintió reír y cerró los ojos odiándose por el efecto que tenía sobre ella.
¡Qué Merlín la amparara!
Cuando terminó la clase, siglos después, los alumnos y la profesora salieron rápidamente, no sin dirigirles miradas curiosas a la pareja sentada al final. Lily, con extrema lentitud debido a la languidez repentina que la había invadido por culpa del príncipe, comenzó a guardar sus pertenencias casi esperando que él se retirara, sin embargo, se encontraba impávido, esperando que ella terminara para irse juntos. Suspiró con tragedia. Y dándose cuenta de que era inútil retrasarse más, ya sea adrede o por la inutilidad de sus dedos, se levantó y se echó la mochila al hombro, al instante, el rubio se acercó y le quitó el bolso para llevarlo él mismo. Lo miró dirigirse a la salida del aula con los ojos increíblemente abiertos por la sorpresa.
-¿Qué crees que estás haciendo? – exclamó con rudeza, Scorpius se detuvo y se giró para mirarla. – Sigo sin entender por qué me persigues, por qué me diste la flor y por qué eres tan amable. ¿Qué deseas?
El rubio paseó la mirada por el aula vacía, como deliberando qué hacer o qué decir. Finalmente, se acercó a ella y mirándola con detenimiento respondió.
-¿Qué pasa si te digo que te deseo a ti? – su voz era tan varonil y sugerente que Lily sintió sus mejillas arder. Notó como el rubio levantaba su mano y acariciaba su mejilla con el dorso de los dedos. Trató de ocultar las ganas inevitables de acercarse más a él o de fundirse con su repentina caricia, se mordió el labio inferior con fuerza, tratando de detener cualquier estúpido impulso que la llevaría al fondo del abismo. Porque sabía que no podía confiar en él, sabía que su niña interior, la que seguía intensa e irremediablemente enamorada de él tomaría el control olvidando las razones lógicas y convincentes de que alejarse de él era lo más sabio.
De repente, se dio cuenta de que Scorpius miraba sus labios con un mudo anhelo que la descolocó sorpresivamente.
¿Cuánto tiempo hacía que Scorpius Hiperion Malfoy Greengrass no había besado a una chica?
La pregunta lo golpeó con un repentino mareo provocado quizás por el aroma a gardenias que emanaba del cabello de la chica. Dos horas atrás, cuando la había engatusado con sus palabras, había revelado una información muy importante y que se le había ido de las manos inexorablemente, como castigándolo por su atrevimiento. Y era que de verdad le gustaba su cabello.
Y ahora que estaban allí, teniendo únicamente a los pupitres como testigo, se preguntó cómo se sentiría besar a Lily. ¿Sería tan gratificante como lo era el olor de su cabello? ¿Sería tan divertido como discutir con ella?
Llevaba tan sólo un mes conociéndola y cada detalle que descubría de ella lo entretenía y amargaba al mismo tiempo. Sabía que tenía que ser educado, encantador y derrochar dosis extremas de galantería solo por el simple placer de hacerla caer en su juego maestro, sólo por hacerla sufrir un poco y divertirlo de su escueta y aburrida vida. Sin embargo, ahora que la tenía tan cerca, y que acariciaba su rostro exquisitamente adornado por su sonrojo, se preguntó si valdría la pena continuar con todo aquello…
La verdad, era que quisieran o no, pronto serían marido y mujer.
Siempre se había quejado por no ser como los demás chicos de su edad, proclamando conquistas en los cuerpos femeninos, conociendo el placer del amor sin reservas y entregarse a una mujer en cuerpo y en alma en la antigua danza del placer. Sin embargo, su estatus social le impedía frecuentar a cierto tipo de mujeres y sobre todo, le impedía entregarse a la pura carnalidad del acto sexual. A los dieciocho años, era terrible anunciar para él que era virgen y que sólo había besado a una chica en toda su vida (Y por accidente). Por lo tanto no era tan extraño que la pelirroja le resultara tan atractiva de repente y que su olor lo volviera loco a medias, o que sus labios rojos lo incitaran a acercarse más y a capturarlos entre sus dientes. Se recordó que ella no era bonita, que era simplona y hasta aburrida con esas gafas redondas y enormes que ocultaban cualquier atisbo de belleza. Sin embargo, sus labios se veían tan tersos, rosados e inocentes que no pudo detener a la bestia que esperaba en la penumbra de su ser por cualquier presa que cayera en su anzuelo.
Dándose cuenta del rumbo que tomaban sus pensamientos, bajó su mano deteniendo la caricia, y se alejó de la chica con los dientes apretados por la furia por ser tan descuidado y emocional. Y sin decirle una palabra, dejó la mochila en el suelo y salió del lugar con presteza, sin siquiera dirigirle una mirada.
CONTINUARÁ
¿Qué tal? Bastante largo, ¿no? Ojalá les haya gustado. Y bueno, sí, Scorpius es virgen y adorable. Jajajaja. Muchas gracias a todos por sus lindos reviews, gracias por sus favoritos, por sus alertas y finalmente, por leerme. Debo decir que mi inspiración ha regresado repentinamente, quizás es porque la he alimentado muy bien durante esta semana de receso que tuvimos en la uni. He leído cuatro libros en los últimos cinco días. Cuatro, en vez de ponerme a estudiar pruebas para el martes. Increíble, lo sé
Éste capítulo está dedicado a mi gran amiga May por su cumpleaños, espero que la hayas pasado genialmente bien. Te quiero muchísimo y sigo trabajando en tu regalito.
Un beso a todas y por favor, se los suplico, imploro, ruego, etc. ¡Deja un lindo review! Sé solidaria con ésta pecosa autora que las quiere a morir. Un abrazo y que tengan una linda semana.
