Prometí que la iba a liar un poquito, y como lo prometido es deuda... Eso sí, después no quiero quejas xD
¡Espero que os guste!
Luna se frotaba el cuello mientras trataba de seguir a Hermione por las calles de Hogsmeade. Sacarla a tirones de corbata del salón de té de Madame Tudipié no había sido nada considerado.
Hermione desapareció en el interior de las Tres Escobas, cuando Luna apenas torcía la esquina exhausta por la carrera. Se quedó unos minutos apoyada en el marco de la puerta, tratando de reestablecer su respiración. No le había dado tiempo a recoger la lengua, cuando Hermione salió del establecimiento, con Harry a sus espaldas, asfixiado por los tirones que la muchacha le estaba propinando en la corbata.
Luna no sabía si indignarse o echarse a reír, que tenía narices que luego dijeran de ella. Hermione Granger sí que estaba chalada.
-- ¡Lo van a hacer esta noche!
Luna levantó una ceja y apoyó todo su cuerpo contra el marco de la puerta. ¡Qué fuerte! Quizá le perdonase a Hermione los tirones de la corbata. La noticia era realmente impactante.
-- ¡¿Qué dices de hacer?! Tú estás bien de la cabeza, esto duele¿sabes? – Harry no era demasiado suspicaz y se frotaba el cuello con frenesí. Realmente le había dolido.
-- ¡Ginny y Lavender¡Esta noche! – Hermione estaba visiblemente alterada. Y Harry seguía sin enterarse. - ¡Que lo van a hacer!
-- ¿Lo van a hacer? – Harry empezaba a ver luz al final del túnel.
-- Van a frotar sus conchitas – Luna sabía que no debía decirlo, pero no pudo evitarlo. Para contrarrestar el efecto, empezó a golpearse la frente con la varita y centró su atención en el escaparate de la tienda que le pilló más cercana.
Harry miró a la rubia con la boca tan abierta que parecía que se le iba a desencajar la mandíbula y Hermione directamente se apoyó contra la pared conmocionada, parecía estar a punto de hiperventilar.
-- No me lo puedo creer – fue lo único que atinó a decir Harry cuando logró cerrar la boca.
-- Yo tampoco me lo puedo creer – le hacía coros Hermione.
-- Pues tampoco es tan raro – Luna volvió a la carga – es lo que hacen las parejas que se quieren¿no?
-- ¡Ginny no la quiere! – Hermione dio un paso adelante con la mirada desafiante.
-- ¡Pues impídelo y deja de lloriquear como un perrillo lastimero!
Harry flipaba con Luna Lovegood. Nunca dejaba de sorprenderle. Con ese aire misterioso, lunático, y esa pasmosa tranquilidad, incluso en las situaciones más extremas. Pero capaz de resaltar lo obvio cuando los demás eran incapaz de verlo. Por supuesto, tenían que impedir que Lavender se saliera con la suya. Eso o aguantarle las penas a Hermione el resto del curso.
La línea de pensamiento de Hermione seguía pautas similares. Luna tenía razón, debía impedirlo a toda costa, o nunca podría perdonárselo. Hasta donde ella sabía, Ginny no había tenido sexo con nadie, y esa primera vez tenía que ser suya. Esa, y todas las demás.
-- Entonces... decidido¿no? – Luna les sonrió como si acabara de cerrar un trato comercial. A veces también le gustaba tener un poco de protagonismo.
Los tres cerraron un nuevo pacto con la mirada, tenían una misión, pero mientras tanto, no vendría de más una buena cerveza de mantequilla. Unos minutos después, estaban sentados en una confortable mesa de Las Tres Escobas, bebiendo y especulando cuáles serían los planes de ataque de Lavender, para poder contraatacar.
-- ¿Dónde está el maldito mapa? – Harry estaba desesperado. Hacía un rato que habían vuelto de cenar en el comedor, al cuarto de Harry para buscar el mapa del merodeador. Ginny y Lavender no se habían presentado a la cena, y no tenían ni idea de dónde podían estar. ¿Cómo iban a impedir nada si no eran capaces de localizarlas?
Luna y Hermione le miraban revolver en su baúl, sentadas sobre la cama de Seamus. El muchacho estaba frenético, y Hermione se estaba empezando a impacientar.
-- ¡Accio, mapa del merodeador! – gritó Hermione con la varita en alto.
-- Vaya – respondió Harry – eso no se me había ocurrido.
Hermione le lanzó una mirada de desaprobación. Pero el mapa del merodeador seguía sin aparecer.
-- ¿Cuándo fue la última vez que lo viste? – preguntó Luna con la pasmosa tranquilidad que le caracterizaba.
-- Pues... – Harry se paró a meditar unos segundos – no soy capaz de recordarlo. Quise utilizarlo la semana pasada, para localizar a Hermione – la susodicha levantó una ceja inquisidora - ¡Necesitaba los apuntes de Historia de la Magia y no te encontraba!
-- ¿Lo usaste?
-- No, me encontré con Ginny y me dijo que estabas en tu habitación. Y los chicos no podemos subir ahí¿recuerdas?
-- Vaya, que no lo usaste.
Harry negó con la cabeza.
-- Pues la hemos hecho buena – Hermione estaba visiblemente consternada.
-- ¡Genial – dijo Luna emocionada, ganándose la desaprobación de sus dos amigos – Tendremos que buscarles al estilo Muggle.
-- Luna, el estilo muggle, es lento y poco eficaz en un castillo de estas dimensiones. – le replicó Hermione con severidad.
-- Quizá con algún hechizo localizador... – sugirió Harry.
-- Podríamos probar – Le respondió Hermione pensativa – Pero no hemos logrado encontrar el mapa con el hechizo Accio. Hasta donde yo recuerdo, el mapa no está encantado con ningún contra-hechizo para eso.
-- No, solo tiene un contra-hechizo para cualquiera que lo quiera usar sin conocer las contraseñas.
-- Yo no quiero ser aguafiestas – les interrumpió Luna – pero ahora mismo podrían estar quitándose la ropa...
A Hermione le surtieron efecto estas palabras. Se puso de pie y se lanzó hacia la puerta.
-- ¡Vamos a empezar por la habitación de Ginny!
Harry lanzó una risilla y se levantó para seguir a su amiga, pero antes le dio un par de palmaditas en el hombro a Luna Lovegood. Hermione no tenía un buen concepto de ella, pero desde luego, la chiquilla era capaz de controlarla con más efectividad que si le hubiera lanzado un imperius. ¡Qué artista!
Luna se puso la capa invisible de Harry, no era conveniente que la viesen pasearse por la sala común de Gryffindor.
Hermione y ella subieron a los dormitorios de las chicas, mientras Harry les esperaba en la sala común. La maldita alerta anti-chicos podría delatarles, así que no tuvo más remedio que esperar abajo aburrido, mientras Neville Logbottom le narraba entre suspiros ahogados la última regañina que le había propinado su abuela.
Las chicas entraron en la habitación de Ginny, pero estaba vacía. Luego decidieron pasarse también por la habitación de Hermione, mientras esta murmuraba algo parecido a "como estén en mi cuarto yo las mato". Pero allí solo encontraron a Parvati, ensimismada en la labor de ordenar y clasificar los estuches de su set de maquillaje.
-- Esto... Parvati – Hermione lució una sonrisa tan falsa como exagerada - ¿ Por casualidad sabes dónde está Lavender?
Parvati la miró sospechosamente. ¿Desde cuándo le interesaba a Hermione Granger dónde estaba o dejaba de estar Lavender?
-- Pues no lo sé, pero no creo que puedas encontrarle hasta mañana.
-- ¿Y eso? – Hermione seguía sonriente. Pero Luna, que a pesar de ser invisible se hallaba escondida detrás suya, pudo sentir como todo su cuerpo se ponía en tensión.
-- Me dijo que esta noche no vendría a dormir. Va a hacer una fiesta pijama con Ginny Weasley. – Parvati recalcó con un deje de sarcasmo la parte de fiesta pijama.
-- ¿Y no tienes idea de dónde pueden haber ido? – Hermione estaba empezando a cambiar la sonrisa y endurecer la mirada. Estaba a un paso de llenarle la nariz de forúnculos a Parvati.
-- Ni la más remota – Le respondió esta tomando una actitud defensiva, soltando un pintalabios de fruta de la pasión para coger su varita.
La situación se puso un tanto insostenible, y ambas chicas apretaban sus varitas a la espera de que la otra diera algún paso. De repente, Hermione dio un artificioso paso hacia atrás, y salió por la puerta dando tropezones. Parvati movió la cabeza con desaprobación y siguió ordenando sus cosméticos.
-- ¡¿Porqué has tirado de mí?! – Le gritó Hermione a Luna enfadada, una vez que la puerta del dormitorio se había cerrado a sus espaldas.
-- ¿Tengo que recordarte que pueden estar a punto de hacerlo en este preciso momento? – Luna estaba disfrutando como nunca.
Hermione dio un resoplido y se lanzó escaleras abajo. Luna le siguió luciendo una sonrisa de triunfo.
Cuando llegó a la sala común de Gryffindor, Hermione ya estaba saliendo por detrás del retrato de la dama gorda. Y Harry le seguía a grandes zancadas. Luna tuvo que dar una carrera para poder alcanzarles. No quería quedarse sola en la torre de Gryffindor, por mucha capa invisible que llevara encima.
-- Va a ser que no estaban en los dormitorios – dijo Harry una vez que los tres habían cruzado el retrato.
-- Va a ser que no – le respondió Hermione de mala leche.
-- Podemos intentarlo en el cuarto de los menesteres, lo más probable es que estén allí, no se me ocurre otro sitio más adecuado – sugirió Harry mientras ayudaba a Luna a desembarazarse de la capa invisible. La pobre muchacha había dado un par de traspiés intentándolo.
La sugerencia tenía bastante lógica, al fin y al cabo, la sala de los menesteres podía convertirse en aquello que cualquiera necesitase. Perfectamente podría haberla convertido Lavender en un nidito de amor.
Llegaron al pasillo de la séptima planta casi a la carrera. Harry estaba empezando a temer que les sorprendieran recorriendo los pasillos y les obligaran a volver a sus salas comunes. Y es que Hermione llevaba tanto ímpetu por encontrar a la pelirroja, que no se estaba molestando en evitar hacer jaleo. Hacía un ratillo que se había dado el toque de queda pero a Hermione eso no parecía importarle.
-- ¡Quieres hacer menos ruido! – le reprendió una vez que hubieron llegado.
-- Shh – le interrumpió Hermione – me contendré, pero ahora vamos a entrar en la sala, por Merlín.
-- ¿Cómo lo hacemos?
-- ¡Cómo que cómo lo hacemos¡Harry, sabes perfectamente cómo entrar en la sala!
-- Ya, pero qué habrá pensado Lavender...
-- ¡Eso da igual! – Hermione estaba impaciente- pensemos los tres en un sitio para poder practicar sexo y entremos.
-- Vale, los tres a la vez – ordenó Harry haciéndose cargo de la situación. Las dos muchachas asintieron.
Los tres se agarraron de las manos y empezaron a dar vueltas alrededor de dónde debería aparecer la puerta, concentrándose en hacer aparecer un lugar para practicar sexo. Tras tres vueltas, una puerta apareció en la pared. Y los tres amigos entraron en la sala.
Harry, que iba el primero, abrió los ojos desmesuradamente. La sala estaba pintada con tonos burdeos y estaba repleta de cojines. En el centro, había una gran cama redonda y un gran espejo levitando sobre esta. A un lado un gran mueble bar repleto de botellas de Whisky de Fuego. Cientos de velitas tililando y flotando por la estancia, como única luz. Y como guinda, podía percibir un inconfundible aroma a rosas perfumadas impregnando toda la habitación y se escuchaba de fondo una canción extremadamente pastelosa.
Love is in the air, in the whisper of the trees, love is in the air in the thunder of the sea,
and I don't know if I'm just dreaming, I don't know if I feel safe, but it's something that i must believe in and it's there when I call out your name. Love is in the air, love is in the air, oh, oh, oh, oh, uh, uh, uh, uh.
-- Pero... ¡¿Qué coño?!
Harry se volvió a toda prisa hacia donde estaban sus amigas. Las cuales admiraban la estancia con profundo placer.
-- ¿Velitas?! – Comenzó Harry con sorna – las chicas sois lo peor.
-- A mi no me mires – le replicó Hermione, yo estaba pensando más bien en el espejo – y señalo el gran espejo redondo que había sobre la cama.
-- ¿A quién le gusta Draco Malfoy?- Preguntó Luna de repente, señalando un gran retrato de Draco, a sus espaldas, en la que el Slytherin aparecía ligeramente falto de ropa.
A Harry se le subieron los colores.
-- Bueno, está claro que Ginny y Lavender no están aquí – le respondió el muchacho agriamente. – así que mejor vamos a buscarlas a otro sitio.
Harry salió de la sala de los menesteres henchido de dignidad. Y Hermione, que por un momento había logrado relajarse empezó a reírse con tanto ímpetu que tuvo que apoyarse sobre Luna Lovegood.
La rubia sospechaba por donde iban los tiros, pero a pesar de que la escena se le antojó graciosa, le pareció mejor opción seguir a Harry para continuar la búsqueda de las dos fugitivas. Así que Hermione, mucho más relajada por la situación cómica y ella, salieron también de la sala.
-- Es posible que hayan ido a los servicios de Myrtle – les dijo Harry una vez que se reunieron con él en el pasillo. El pobre todavía estaba recuperándose, de su orgullo herido, y hablaba con cierta antipatía.
En los servicios de Myrtle tampoco estaban las dos chicas y Hermione empezó a perder el ánimo de nuevo. Ya no se les ocurría dónde podían estar, y la muchacha estaba empezando a hundirse.
Iban paseando por los pasillos del colegio en silencio. Los tres pensaban que la batalla estaba perdida y que no tendrían más remedio que volver a sus respectivas salas comunes, pero ninguno se atrevía a decirlo en voz alta. De repente, un ruido les sobresaltó.
Se apresuraron a subir las escaleras hacia la octava planta, que tenían a escasos metros. A punto de desaparecer escaleras arriba, Harry apreció como al final del pasillo aparecía un muchacho rubio, que miraba hacia todos lados, como buscando a alguien. Lo que me faltaba, pensó.
-- Vamos rápido – les dijo a las dos muchachas – Draco Malfoy está ahí abajo, parece que viene también del pasillo de la sala de los menesteres.
Se apresuraron a buscar un lugar donde esconderse, por si acaso el Slytherin subía también a la octava planta. Se metieron en el primer aula que encontraron y cerraron la puerta tras de sí.
Harry estaba preocupado, si Draco les veía y se chivaba podían tener problemas. Hacía ya bastante rato que debían estar en sus dormitorios.
-- Yo... no es por nada – cuchicheó Luna – pero hay una cama de dosel allí al fondo.
Esta niña desvaría, pensó Harry, sin poder evitar que su mirada se dirigiera hacia donde la rubia señalaba. Realmente había una cama de dosel al fondo del aula. Todo estaba a oscuras, pero se podía ver perfectamente la cama y un tenue resplandor alrededor de ella.
-- ¿Porqué narices hay una cama de dosel en el aula de aritmancia? – Hermione también había mirado hacia donde señalaba la rubia.
-- Creo que las hemos encontrado – anunció esta orgullosa y arrastrándose en dirección a la cama.
Los tres amigos se aproximaron, quedándose tan solo a un par de metros de la cama. No se escuchaba sonido alguno, probablemente hubieran utilizado algún hechizo para insonorizarla, pero si se podía ver algo de movimiento detrás de las pesadas cortinas.
Harry meditaba sobre qué paso dar a continuación, pero un revuelo a su lado le llamó la atención.
-- ¡Hermione! – susurró flipando como nunca lo había hecho - ¿qué haces?
Luna también miraba a la muchacha con la boca abierta, pero más que preocupada parecía divertida. Hermione estaba quitándose la ropa.
-- Voy a impedirlo – fue la única respuesta de la bruja, mientras sus braguitas alcanzaban el suelo.
Harry, aún con la boca abierta, y Luna vieron con estupefacción como Hermione se acercaba a la cama de dosel y metía un brazo detrás de las cortinas. Unos segundos después sacó el brazo, en el que tenía fuertemente agarrada por el pelo a Lavender Brown, quién para colmo de males también estaba en pelotas.
-- ¡Lárgate! – le ordenó Hermione mientras la empujaba lo más lejos posible de la cama.
Antes de que Lavender pudiera reaccionar, Hermione había desaparecido tras las cortinas de dosel.
-- ¡Hermione!- Ginny trató de cubrirse con la sábana, pero el peso de Hermione, que acababa de posarse sobre las mantas no le permitieron tapar gran cosa.
-- Ginny... yo... – Hermione se quedó en silencio. Después de todo lo que había liado para encontrarla, se había quedado sin palabras.
La pelirroja tampoco sabía qué decir, estaba demasiado sorprendida por la interrupción. En realidad, también estaba muy aliviada. Llevaba un buen rato tratando de darle largas a Lavender sin resultados. Lo había intentado, había llegado hasta allí dispuesta a hacerlo con ella, para darse cuenta de que en realidad no quería. Pero era demasiado tarde y Lavender estaba dispuesta a hacerlo por las buenas o por las malas. Por suerte, era bastante difícil llevar la varita encima cuando una estaba desnuda, porque Lavender no hubiera dudado en utilizarla sobre ella. Estaba a punto de marcharse cuando, repentinamente, una mano había surgido de las cortinas y había sacado a Lavender por los pelos. Y ahora, tenía a Hermione desnuda frente a ella. Ni en la más perversa de sus fantasías hubiera imaginado algo así.
Ambas chicas se miraban y estudiaban en silencio. Ninguna tenía demasiado claro que hacer o decir a continuación. Ginny especulaba, cómo podía haber llegado Hermione ahí, y babeaba admirando su cuerpo desnudo. Hermione, la miraba también con detenimiento, como si memorizara alguno de sus libros.
Un alboroto las sacó de su ensimismamiento y de repente una bestia feroz se abalanzó sobre Hermione. Vale, no era una bestia feroz, solo era Lavender visiblemente ofendida y con ganas de venganza. Pero a Ginny se le antojó que parecía un monstruo, abalanzándose con tanta rabia sobre Hermione. Las dos chicas comenzaron a forcejear, entre golpes y tirones de pelo a los pies de la cama. Ginny flipaba, ambas estaban desnudas, gruñendo y arañándose como animales.
No sabía qué hacer, temía que si se metía en medio, no conseguiría nada sino que la pelea fuera aún más cruenta. Y ni siquiera tenía la varita para poder separarlas de una forma civilizada.
-- ¡Luna! – Ginny no ganaba para sustos. Luna Lovegood acababa de meterse también en la cama, desnuda.
-- ¡Wow! – dijo la rubia al ver a Lavender y Hermione engarzadas en darse leches la una a la otra. – Lástima que me haya dejado la varita afuera. Podría hacer aparecer una tina de barro, dicen que a los muggles les pone mucho eso. ¡igual te gustaría!
Ginny pensó que más le valdría tener la boca abierta perennemente, porque se le iba a desencajar la mandíbula abriéndola y cerrándola constantemente con tanta sorpresa.
-- ¡Qué era broma, mujer! – le intentó tranquilizar Luna.
-- ¡¿Pero qué haces aquí?!
-- Pues hemos visto que había pelea aquí dentro, y he venido a ayudar. – le respondió la rubia sin entender porqué su amiga flipaba tanto porque hubiera ido a echarle una mano.
-- ¡¿Desnuda?!
Luna miró hacia sus propios atributos.
-- Tú también estas desnuda¿qué tiene de malo?
-- Estoy desnuda porque estaba a punto de f... bueno, porque sí¡¿y tú porqué estás desnuda?!
Luna pareció pensarlo unos segundos. Se movió ligeramente hacia un lado, tratando de evitar los golpes que Lavender y Hermione le estaban propinando al encontrarse demasiado cerca de ellas mientras se pegaban. Se rascó la cabeza.
-- No sé, todas estáis desnudas, pensaba que también tenía que desnudarme para entrar aquí...
-- ¡Pues no hacía falta! – Le gritó Ginny angustiada ya, entre las pavadas de Luna y el ajetreo de las otras dos.
-- ¡Oh! – respondió Luna pausadamente- Entonces tendré que decirle a Harry que se vuelva a vestir.
-- ¡¿Qué qué?!
Luna iba a sacar la cabeza a través de las cortinas, pero Harry acababa de entrar también en pelotas dentro del perímetro de la cama.
Ginny esta vez hizo lo posible y más por taparse con las mantas, pero ahora ya no solo era el peso de Hermione, sino también el de Lavender, Luna y Harry. La pobre muchacha estaba por desesperarse.
Luna miró con descaro hacia las partes nobles de Harry. El muchacho siguió la mirada y también Ginny a pesar de que era lo último que quería hacer. ¡Maldita sea! Porqué te tienen que señalar siempre hacia donde no quieres mirar¡Es una invitación!, se reprochó internamente.
-- ¿Y a ti no te pone esto? – Le preguntó Luna a Harry mirándole al pajarito, en lugar de a la cara.
Harry se puso rojo como un tomate y miró hacia Ginny, que no llegó a tiempo de levantar la vista antes de que Harry se diera cuenta de que le había estado mirando sus partes nobles.
-- Pues no acostumbro a pensar en mis amigas de esa manera¿sabes? – respondió secamente mientras le dedicaba a Ginny una mirada acusativa. La chica se puso roja instantáneamente y desvió la mirada a Hermione, que estaba doblada sobre si misma mientras Lavender le agarraba los brazos con fuerza.
-- A ti lo que te pasa es que eres gay. – Luna seguía con lo suyo.
-- Muy aguda¿no? – le respondió el muchacho con sorna.
-- ¡PERO QUERÉIS COMPORTAROS COMO PERSONAS NORMALES! – Chilló Ginny con todas sus fuerzas.
Todos se pararon a mirarla. Hasta Lavender y Hermione, que agarradas la una a la otra, en su intento por inmovilizarse mutuamente, pararon en seco la pelea para mirar a la pelirroja asustadas. ¡Menudo berrido!
De repente escucharon un ruido.
-- ¡Mierda! Nos han pillado. – dijo Harry sacando la cabeza y los hombros de la cortina de dosel.
Draco Malfoy estaba a unos metros de la cama con la ropa de todos en los brazos.
-- Me encanta cuando me lo ponéis en bandeja, Potter.
-- ¡Suelta la ropa, maldita sabandija! – le gritó Harry ya con medio cuerpo fuera de la cama, agarrandose como buenamente podía a las cortinas para no caerse.
-- Más quisieras, Potter – le respondió Malfoy visiblemente divertido - ¡Buena suerte para la vuelta!
Draco se dio la vuelta y salió del aula con la ropa de todos entre los brazos. Harry había dejado la varita en el bolsillo de su túnica y no pudo hacer nada por impedírselo. Alicaído volvió a meterse en la cama de dosel.
-- No os lo vais a creer...
Las muchachas le miraban inquietas.
-- Draco Malfoy acaba de llevarse nuestras ropas.
-- ¡Y cómo lo has permitido?! – le reprendió Hermione, quién todavía tenía a Lavender sujeta por los pelos y parte del dorso.
-- ¡Tenía la varita en la túnica¡¿Qué quieres que haga sin ella?!
A Luna Lovegood se le ocurrió un chiste muy bueno sobre "la varita" de Harry, pero por las caras que tenían los demás, pensó que quizá lo más adecuado sería dejarlo para otro momento.
Salieron de la cama de dosel a trompicones. Al estar fuera, parecía aún más vergonzoso el estar desnudos y todos se dedicaban a tratar de ocultar sus partes más intimas como mejor podían. Hasta Lavender y Hermione se habían soltado los pelos para poder cubrirse.
-- ¡Hey! – Harry pareció, de repente, bastante entusiasmado – Draco no ha visto la capa invisible – la cogió del suelo y la enseñó en alto – puedo ponérmela para ir a buscar ropa para que podamos regresar.
Lavender se lanzó contra él y le arrebató la capa de las manos. El muchacho, que no se lo esperaba, no pudo hacer nada por impedirlo.
Al momento Lavender llegó a la puerta con la capa en la mano. Ginny y Harry hicieron el amago de lanzarse también hacia la puerta para quitársela, pero la muchacha se cubrió con la capa, quedando invisible a los ojos de los demás.
-- ¡Que os den por culo! – la escucharon gritar mientras su voz desaparecía a lo lejos.
Los cuatro amigos se quedaron mirando a la puerta con un palmo de narices.
-- ¿Y ahora qué hacemos? – Preguntó Hermione, sentándose sobre un pupitre, más para ella misma, que esperando una respuesta.
