9. Deseos azules

-¿Y por qué estamos regresando a Inglaterra, Holmes?

-Moriarty se fue de la lengua antes de marcharse. Dijo que volvería a Reino Unido y es donde debemos ir. Además, así podrá descansar en casa y reponerse de sus heridas.

El tren estaba a punto de llegar a la estación y Holmes dedicó aquellos últimos minutos de viaje a pensar en lo que ocurrió en casa de la anciana. Recordaba sus palabras e intentaba sacar conclusiones sobre si todo aquello influiría en su relación con Watson.

A diferencia de otros viajes, el doctor no se situó frente a Sherlock como solía hacer, sino que se sentó al lado de su compañero a muy escasos centímetros de él. Era evidente que la confianza entre ellos dos se había visto incrementada considerablemente, y Watson no sentía ningún pudor al poner su mano sobre la pierna de Holmes. Aquello solo era un gesto informal y de cercanía.

La sonrisa de Watson era más amplia que de costumbre, y sus ojos desprendían un brillo muy especial que le daban un tono aún más azul si cabía. Entre tanto, Holmes intentaba comportarse como de costumbre, pero la ilusión de hacer las paces con su amigo y el deseo de regresar a casa le desbordaban.

-¿Qué haremos cuando lleguemos a casa?

-Por lo pronto descansar. Usted se curará totalmente y yo mientras tanto buscaré la forma de descubrir los planes de Moriarty de una vez por todas.

-Pensé que dedicaríamos un tiempo a… estar juntos.

La mirada de Watson se llenó de ternura. Parecía un jovencito enamorado con las hormonas alteradas reclamando atención.

-Claro… ¿por qué no? Hoy pasaremos el día juntos. Dejaré la investigación para mañana.

-Me parece perfecto.

El tren se detuvo y ambos se dirigieron a la salida. Holmes tendió su mano para ayudar a su compañero a bajar, pero éste la rechazó con una sonrisa y se adelantó a coger el primer carro que pasaba por allí. Pocos minutos después, llegaron a casa.