Pasaron muchas cosas la semana pasada. Unas tristes, otras felices, pero el punto es que robaron mi tiempo Dx y no pude actualizar según lo acordado TuT de veras lo siento y espero me perdonen por eso. No los molesto mas, esperaré que este capítulo sea compensación por la demora :'(

X-X-X-X-X: Cambio de escena.

*w*w*w*w*w*: Escena transcurrida al mismo tiempo en diferente lugar.

Canción: Because I'm Stupid - SS501.


La alarma sonó, el pitido que siempre escuchaba todos los días nunca había sido tan fastidioso como en aquel momento. Quiso ignorarlo por unos segundos más, pero resultó una acción imposible. Levantó la mitad de su cuerpo para acercarce al despertador y finalmente apagarlo. Rasgó los ojos con los dedos de sus manos, obligándolos a abrirse, ya que estos querían ceder bajo la tentación de seguir cerrados y regresar a la cama. Mas recordó la promesa que le hizo a sus padres de llegar temprano en el nuevo semestre, debía cumplirla. Pese a las órdenes de su mente, seguía sin las ganas necesarias para levantarse, era como si lo único que despertó fue su cabeza y el resto del cuerpo se mantenía inerte. Empezó a creer que estaba dentro de un sueño, o sólo era el extremo cansancio que tenía. Estiró los brazos para contrarrestar la pereza, y en eso, notó un rasguño que yacía en su brazo derecho. Lo observó detenidamente, recordando los minutos de angustia que paso a causa de las viles manos del Chico, Ace, quien se encargó de arruinar la noche con su borrachera. Sin embargo, sus pensamientos no recurrían a él, sino al muchacho que la salvó, ese güero egocéntrico y sin buenos modales resultó ser quien logró rescatarla, nadie más, sólo él. Su caminata a casa fue un poco extraña, podía sentir su incomodidad, trataba de evadir las miradas de la señorita que estaba a su lado. Pero ella no podía dejar de verlo, le intrigada mucho ver ese nuevo rostro en Wally, una consternación inexplicable con palabras; aquel gesto recuperó el amor que siempre tuvo hacia él. En realidad, el mejor momento que tuvo en esa fiesta, fue cuando terminó, porque pudo estar cerca de su mayor admiración sin nadie que se interponga en aquella escena. Comenzó a reír ligeramente, la emoción no cabía en su cuerpo, realmente estaba sorprendida de haber pasado esa extraña pero hermosa experiencia con el australiano. Seguía siendo su fan, razón por la cual tendría presente el suceso de ayer por el resto de su vida.

—Debería publicarlo en Twitter. —se dijo a sí misma.

Inmediatamente tomó su celular, mentalizado todos los hashtags que estaba por poner para llamar la atención de los fans del güero. Pero al tener el móvil en mano, recordó a otra persona, a quien estaba buscando por casi toda la noche. Decidió en primer lugar llamarla, quería asegurarse de que llegó con bien a su casa.

*w*w*w*w*w*

El tono de timbre retumbaba por el pequeño parlante incorporado. Aquel celular vibraba sobre la mesa pequeña que estaba a lado de su cama, pero no había más movimiento que el de ese teléfono inteligente. Finalmente logró llamar su atención, haciendo que una mano saliera desde el montón de sábanas y mantas que cubrían su cuerpo en totalidad. Al colocar la palma en su cómoda, inspeccionaba de manera torpe donde se encontraba el móvil. Mientras el llamado seguía sonando, la mano seguía tanteando sin poder alcanzar su objetivo. Después de lanzar prácticamente todos los objetos que rodeaban el teléfono al suelo, lo alcanzó. Al sostenerlo, lo llevó consigo a su improvisada cueva de sábanas.

—...¿Hola? —habló con voz somnoliente.

—¡Qué tal! Sólo quería saber cómo estabas. —dijo Kuki del otro lado de la línea.

—Ah... sí, todo en orden... ¿Q-quien habla?

La japonesa rió al notar la desorientación de su amiga.

—Soy Kuki.

—Sí... lo sabía. —respondió con cierta vergüenza.

Al sentarse en su cama, destapó su rostro demacrado con delineador corrido por debajo de sus ojos. Abby colocó una mano en su cabeza.

—¿Cómo te sientes? —escuchó la voz de la pelinegra en la bocina.

—Como si hubiera bebido cinco botellas de vodka. —respondió con los ojos entrecerrados—. Abby te buscó al final de la fiesta... ¿sí llegaste bien a casa?

—Sí, sí, tranquila. Todo... en orden. —repitió la frase de su amiga. Logró escuchar una ligera risa de Abby—. ¿vas a ir al colegio?

—Abby nunca falta, tiene un historial limpio que mantener. Aunque no quiera ahora.

Kuki sonrió al escucharla, un poco tranquila de que, por lo menos, no ocurrió ninguna novedad con ella. Sin contar el exceso de alcohol, en efecto, todo estaba en orden.

X-X-X-X-X

La morena cepillaba sus dientes con desgano, pero debía eliminar cualquier olor sospechoso, ya que ningún miembro de su familia tenía conocimiento de lo ocurrido anoche. Colocó una buena cantidad de enjuague bucal en su boca, haciendo gárgaras lo más fuerte posible, esperando que una buena limpieza la levante y le quite toda pesadez en el cuerpo. Se dio unas cuántas palmadas en las mejillas cuando se veía al espejo, diciéndose a sí misma que ya era hora de levantarse y actuar normal. En el momento que puso un pie afuera del baño, las náuseas estuvieron en su contra. De forma inmediata regresó al baño y cerró la puerta con una mano mientras que con la otra se tapaba la boca.

X-X-X-X-X

En su caminata por los pasillos, meditaba concienzudamente en lo que había sucedido la noche anterior. Ciertos destellos aparecían, pero eran como escenas aleatorias. Recordaba a los Chicos del Barrio, todos a su alrededor, bebiendo y bailando. Lo muy cercana que estuvo a Mauricio y las bromas pesadas que comenzaron a hacerse. Los muchos mensajes que los muchachos enviaron a su hermana mayor en directo, ya que decidieron anotar su número y así todos ganaban. Pero lo que más tenía presente, era a un muchacho de anteojos oscuros protegiéndola de cualquier peligro. Su sonrisa, sus brazos fuertes, su mirada penetrante. Entre más mareada se encontraba, más perfecto lo veía.

Agitó su cabeza al instante. El primer pensamiento que obtuvo en la mañana era jamás repetir una locura como aquella. Por lo tanto, no debía conmemorar el acontecimiento como algo hermoso, mucho menos cualquier escena que tenga con ese conquistador europeo. Su deber era recuperar la compostura que tanto le había caracterizado.

Estando cerca de su casillero, pensó en quien realmente ansiaba ver. No podía creer que pese a lo de anoche, no pudo dejar de pensar en él, dándose cuenta en el gran aprecio que le sentía. Aceleró su paso ya que su compartimiento estaba a lado del de ella, sabía que lo encontraría ahí. Mas no fue de esa manera. El bloque estaba vacío, provocándole la pregunta de dónde se encontraba en aquel momento. Caminó al rededor del lugar, y se dio cuenta que estaba justo en la esquina del otro lado de la pared. Sonrió al verlo, aquella típica escena de bravucones aprovechándose de los más débiles le causó nostalgia. Era la rutina de siempre. Dejar que los chicos malos les roben su tarea mientras tenían una de respaldo.

Un muchacho fornido bien alto tomó los papeles del castaño y lo empujó contra la pared. Sus camaradas se reían en son de burla.

—Gracias por tu esfuerzo, Gilligan. Ahora tendré una A y no quedaré castigado. ¡Buen trabajo!

Chocó sus manos con las del resto de su equipo y entre risas se fueron. Hoagie mantuvo un rostro atemorizado hasta perderlos de vista. Sonrió malévolamente.

—En realidad, te sacaras una B porque esta... —Alzó sus deberes en alto—. Es la verdadera tarea. —rió eufórico.

Sin darse cuenta que habló lo suficientemente alto como para que los bravucones escucharan. El maleante ya se encontraba al frente suyo.

—¡DAMELA!

Hoagie le dio su tarea con ojos aburridones. Al verlos ir, lanzó un suspiro, dejando una nota mental de no volver a presumir algún logro en voz alta. Y en eso, una hoja se reclinó hacia su hombro derecho. Él lo tomó, y vio que trataba del mismo deber que acabaron de robarle.

—A Abby aún no le han quitado su tarea, pero te vas a sacar una B.

La morena pensó que con esas palabras, podía calmar la situación, ya que suponía encontrarse en un ambiente incómodo tras lo acontecido. En efecto, así fue. Hoagie trató de mostrar una sonrisa, pero nunca había sido bueno fingiendo. Ambos mantuvieron silencio por unos segundos. Hasta que la muchacha decidió que alguien debía romper el hielo en cualquier momento.

—Ya, dilo.

—¿Qué hiciste?

—Nada malo.

—No te creo.

—Abby no necesita que le creas.

—¡Pero se nota! Estás que apestas a alcohol.

—¡¿Qué?! —Trató de olfatear su propio aliento, para darse cuenta que no olia nada—. Mentiroso.

—Lo sé. Pero caíste en la trampa. —Exclamó contento mientras le apuntaba con el dedo. Al instante recibió un golpe de su amiga, él se quejó del dolor—. Disculpa, pero no creo merecer un golpe.

—Claro que sí, Abby estaba preocupada por ti. No respondiste a ninguno de sus mensajes.

—Pero sí lo hice.

—¡¿Esto te parece una respuesta?!

Acercó su celular directo a los googles del chico, mostrando los mensajes que le envió. Al final se encontraba su respuesta, aquella paloma azul que subía y bajaba su cuello sin parar. El emoticon que Abby más odiaba. Hoagie se encogió de hombros.

—Al menos respondí.

Ella lanzó un suspiro de coraje. Optó por relajarse un poco ya que él tenía razón; no merecía arrebatos, tal vez una ligera explicación no estaría mal. Cerró los ojos para guardar la calma.

—Abby bebió un poco. Pero... Ya sabes.

A sus oídos llegó la risa baja del castaño. Ella lo miró con suspicacia sin descifrar la razón de su alegría.

—Siempre te agarra rápido.

—¡No es cierto! —Se defendió ella.

Pese a eso, siguió escuchando la burla de su amigo, pero no pudo evitar contagiarse de su risa. Tras calmarse, el chico de los googles mantuvo un rostro serio.

—¿Estuviste con Nigel?

—Hoagie, no hay necesidad de...

—Oye, creo que habíamos quedado claro de que, a partir de ahora, nada de secretos entre los dos. Estuviste con él, ¿Sí, o no?

Abby rodó los ojos.

—Sí, un rato.

—¿Y tuvieron sexo? —Exclamó. Su amiga lo miró con asco.

—¿Es en serio?

—¡Qué dije! —Le apuntó con el dedo.

—¡No! Demente. No pasó nada. —Negó con la cabeza en decepción hacia el muchacho. Él se encogió de hombros, por lo menos debía salir de las dudas.

En eso, el timbre de ingreso a las aulas sonó. Precisamente, era hora de la clase más polémica a partir de lo sucedido, historia. Ambos sabían que no iba a ser de su agrado a ver a ese chico inglés al acecho, inclusive Abby sentía incomodidad. Tal vez la paso bien anoche, pero eso no quitó la desconfianza que sentía por aquel caballero lleno de misterios. Los dos caminaron hacia el salón.

—¿Feliz porque vas a ver a tu príncipe azul? —amenazó el castaño.

—Cortesía de cierta persona que Abby debe sentarse a lado de él. —reclamó la morena.

—Tal vez si me hubiera enterado de la verdad las cosas habrían sido diferentes.

—Si fueras menos "bocón" las cosas hubieran sido diferentes.

—Hey. No me copies las frases, se original.

—"Se original". —Imitó su última amenaza. El castaño la miró con reproche para después sonreírle.

Respiró profundo, todo parecía normal. Tal vez su amiga no estaba realmente interesada en ese muchacho. Podía ser que no todo estaba perdido. De todos modos sabía con plenitud que, en cuanto atraviesen esa puerta, el nuevo admirador de Abby buscaría cualquier oportunidad para conquistarla. No iba a aguantar algo así estando tan cerca. De pronto, cuando los dos entraron al salón de historia, inmediatamente cifraron sus miradas hacia los tres últimos pupitres del lugar. Ambos se asombraron al darse cuenta e un detalle.

—¿No está?

Más sorprendidos quedaron al notar que exclamaron esa pregunta al mismo tiempo. Se miraron entre sí con intriga, para después ingresar en el aula. Hoagie recuperó su sonrisa, por lo menos en aquella hora no tenía de qué preocuparse. Abby también bajó la guardia, ya que no estaba con los ánimos necesarios como para inventar una razón de alejar a Nigel Uno. Sin embargo, no esperaba su ausencia en el lugar, mas cuando lo que más le decía en la fiesta era que estaría en todas las clases de historia de ahora en adelante. ¿Sucedió algo de lo cual debería preocuparse?

X-X-X-X-X

Sus pies presionaban la baldosa del suelo. Caminaba a paso firme, sin importar los murmullos, las miradas, los supuestos riesgos de encontrarse dentro. Regresar a la misma secundaria donde había sido expulsado no parecía una buena idea, pero la situación lo ameritaba, al menos así lo pensaba él. Poco le importaba que las autoridades de la institución le descubrieran, él sólo se dirigía al lugar con un propósito, y no planeaba irse hasta cumplirlo.

¿En que estabas pensando? Espero no hayas pensado salir ileso de esta situación, sin afrontar las consecuencias.

Los puños de sus manos incrementaron al recordar la conversación con sus dos colegas, de los cuales uno de ellos había difamado su nombre e, inclusive, del grupo entero. De esa gravedad lo veía el líder. Más coraje sintió por su ser al escuchar la respuesta del Chico.

Ese es mí problema. Lo solucionaré, voy a enmendar las cosas, de eso no lo dudes. Pero nada de esto te compete, ni a ti, ni a Beatles. Así que no se hagan los pendejos y métanse en sus propios problemas.

Siempre odió cuando las palabras se transformaban en gritos, los gritos en insultos, los insultos en golpes. Esa cadena detestaba desde tiempos inmemorables, mas no pudo evitar que algo así suceda. El Chico se encontraba necio en su pensar, y ni el australiano ni él estaban con sus cabales como para soportarlo, ¡Estuvo a punto de abusar de una chica! Peor aún, aquella señorita tan indefensa y frágil. No imaginaban qué hubiera pasado si Wally no aparecía a tiempo. El inglés lanzó un suspiro, nunca le gustó pelear con los de su propio equipo, menos con quienes consideraba amigos cercanos; Ace formaba parte de esa lista. Fue un golpe bajo para él.

Sobretodo con los planes escondidos que tenía preparado para la japonesa.

Sonrió de lado, no tuvo más opción que decírselo a su mejor amigo, aquel muchacho corajiento que demostró desde un principio el desagrado que le sentía a la "fresita". En efecto, reconocía que él no iba a estar e acuerdo, aun así pensó que con lo sucedido tal vez ablande su corazón, resultando todo lo contrario. Sin importar su reacción, él no pensaba rendirse. Eran años que veía ese fuego y vigor en una chica al practicar Skateboarding, no iba a soltarla fácilmente.

No eres el único que la quiere. Bruce también está atrás de ella.

Bruce D'Lane. Ese nombre, representaba al personaje más odiado por Nigel Uno. No estaba dispuesto a observar como ese malnacido ganaría terreno frente a su propios ojos, no si podía evitarlo.

¿Qué te hace creer que estás por encima de Bruce en la mente de Sanban?

Tú lo estás. —El líder recordó la conversación que tuvo con el güero.

Ya lo sé. Pero no pienso ayudarte. Estás sólo en esta. Por eso ponte a pensar. El líder de Los de la otra cuadra, atento, caballeroso, elegante, "y con unos hermosos ojos azules" —La última frase lo dijo con un tono un poco afeminado—. Versus el líder de Los Chicos del Barrio. Callado, misterioso, sonríe una vez cada diez años, parco y de pocas palabras. —Lanzó un bufido— ¿A quién crees que la fresita escogería?

En ocasiones, muy pocas, no encontraba más opción que darle la razón al rubio, como en aquella declaración. Sabía que en facilidad de habla y presencia, Bruce siempre llevaba la delantera. Pero lo conocía más que la palma de su mano, sabía que sus propósitos nunca eran buenos. Él siempre pensaba en sí mismo y preferiría lograr su propio beneficio sin importar a quién pisotear en el camino. No era el niño bonito que pintaba en su carta de presentación. Y quería desenmascararlo. Además, no estaba tan seguro de creer a Wally del todo. Él no quería a Kuki cerca, así que podría mentir o exagerar alguna situación. En realidad, estaba solo, tal como el güero le dijo, por ende, la solución se efectuará a su manera. Era el líder, a fin de cuentas quien tenía la última palabra sería él, le guste al resto del equipo o no.

La encontró, a unos metros de distancia, recogiendo unos libros de su casillero. Al notar el buen temple de su rostro notó lo fuerte que era; pese a lo acontecido la noche anterior, podía sonreír con el mismo ánimo de siempre. Se contagió de su alegría, reconociendo que ella era una chica que no se podía eliminar fácilmente de la cabeza. Fue ahí cuando la ligera sonrisa que se estaba formando en su rostro, desapareció al instante que vio al siguiente personaje acercándosele, la abrazó de la cintura, y le habló tranquilamente, como si se tratase de un amigo de años. Frunció el ceño, quería llenarse de las esperanzas de que Wally estaba exagerando, mas tal parecía que sus palabras fueron veredictas, ya que la pelinegra se veía muy cómoda a lado de ese adolescente. Con aquella escena llegó a la conclusión de que no parecería justo tomar una decisión solo, necesitaba escuchar las opiniones del resto de sus colegas, de cada uno de ellos.

Se fue. Sin llamar la atención de nadie, al acecho de que algún adulto lo descubriese. Ya afuera, tomó su celular y tecleó unas palabras para mandarlas a todo su grupo. Ese simple texto levantaría cualquier sospecha de los miembros sobre lo que se avecinaba, lo suponía, su equipo estaba lleno de personas inteligentes. Pero debía hacerlo, ya que no iba a permitir que las dudas se apoderen de su decisión.

Todos en El Punto. 3:00 pm

*w*w*w*w*w*

—¿Por qué... bebí... tanto...?

Caminaba de forma tambaleante, mientras se lamentaba por haber caído bajo las garras del alcohol. Siempre le gustó beber, pero no en días que sabía tendría algo que hacer al siguiente, como ahora. Quiso faltar, pero ya estaba advertida de los profesores que, con una falta más, volvería a la sala de castigos, lugar que no quisiera volver a visitar. Se dirigía a su casillero. Con los ojos entrecerrados, abrió el compartimento, para encontrar dentro a una muchacha pálida con los ojos cerrados en posición tal como entierran a las momias. La resaca se le quitó al instante de tremendo susto; gritó a todo pulmón. La señorita rubia del interior del locker abrió los ojos y saludó con su mano.

—Buen día, Fulbright. Creí que nunca llegarías, ya se me estaban acalambrando las piernas. —Salió del espacio pequeño para estirar su cuerpo.

La pelirroja no podía estar más molesta con aquel personaje.

—¡¿Se puede saber qué estabas haciendo ahí dentro?! —reclamó.

—Te estaba esperando, para tomarte una foto.

Al instante, sacó su cámara iluminando las pupilas de la escocesa con el flash cegador. Fanny cerró los ojos y los tapó con sus manos, quejándose del dolor que causó la excesiva luz tan cerca de su persona. Heinrietta revisó la captura.

—Aish. Se supone que debías salir bonita.

La pelirroja rasgaba sus ojos sin poder divisar con plenitud— ¿Y por qué rayos quieres una foto de mí? ¿Eres lesbiana o algo así?

A sus oídos llegaron las carcajadas burlonas de la alemana.

—Primero, si en tal caso lo fuera, tu serías de mis últimas candidatas. Y segundo, soy hétero a mucha honra, cariño. —Guiñó su ojo—. No te emociones mucho pero, sólo sigo órdenes. Tengo que conseguir una foto linda de ti para él.

—¿Para quién?

—Eso no te incumbe. Ahora, ¡sonríe! —Le apuntó con su cámara.

—Espera, espera.

Tapó la lente con sus manos, cerrando los ojos para que ese flash no vuelva a cegarla. Cuando la captura se realizó, la pelirroja abrió los ojos y ya no había nadie a su alrededor. Miró hacia todos lados, desconcertada, pero no había rastro de aquella chica misteriosa.

—Debo estar alucinando. —dijo para sí misma.

Pensó en esa extraña posibilidad. ¿Alguien quiere fotos de ella? No descubrió por medio de la muchacha quién era el que la mandó, y de igual manera pensó en él, o por lo menos quiso ilusionarse que fue él quien la envió. La noche anterior la pasó muy bien a su lado, se divirtieron mucho. No conseguía recordar algo más, pero momentos con él no serían eliminados de su memoria jamás, incrementando el amor que le sentía. Sin embargo, tenía un temor, no sabía si aquel sentimiento era recíproco, y no quería salir lastimada en el trayecto para descubrirlo. Centró su cabeza en aquel casillero, pensando una y otra vez si estaba dispuesta a hacer lo que sea por ganar su corazón, poniendo su propia felicidad en juego.

Por otro lado, la rubia fotógrafa llegó hacia el muchacho que la envió.

—¿La tienes?

—Bueno...

Ella le mostró la foto que logró tomar de Fanny. Cuando él notó que sólo eran sus manos frente a la cámara, gruñó de la furia.

—¿Y así te dices llamar buena fotógrafa?

—Ay no te aloques, güerito, tengo el resto del día. —Volteó para retirarse—. Habrá más de donde vino eso.

—Más te vale. ¡O tendrás que devolverme mi dinero! —Le gritó en la lejanía con puño en alto.

Fue cierto, en realidad fue él quien envió a la rubia en cubierto para tomarle fotos. Su forma de ser era despectiva, demasiado como para que él pudiera soportarla, pero algo no le permitía alejarse. Necesitaba conocerla, ya que había momentos en los que la encontraba dulce y agradable, y usaba esa forma de ser dura como un caparazón para no mostrar su vulnerabilidad. Recordó aquella foto que le mostró Heinrietta, la mirada que tenía hacia el infinito le pareció interesante. Al verla ayer en El Punto, lucía hermosa. Cuando se enborrachó y tuvo que cargarla hacia su habitación, le parecía cómico como ella susurraba cosas en su oído, como balanceaba su cuerpo para que la baje. En realidad le estaba cautivando la forma de ser de aquella señorita. Mas quería mantenerse al margen, no estaba dispuesto a demostrar siquiera algo de interés, no necesitaba más problemas de los que ya tenía.

Caminó por los pasillos para toparse con una escena desagradable a sus ojos. También la tenía presente a ella, pero no en tan buen concepto. Menos en ese instante, que estaba caminando a lado del rival más despreciable. Fue como un viaje al tiempo en la conversación que tuvo con Nigel, Bruce podía ganarle en encanto; pero cuánto detestaba ver a ese muchacho salirse con la suya. Puede que superara a su propio líder, pero al güero Beatles nadie merecía destronarlo. Incluso si el balance se diferenciaba con aquella señorita asiática. Cuando Bruce se dio cuenta, el australiano ya estaba frente de ellos.

—Aléjate de ella. —amenazó con una voz profunda y tenebrosa. Tomó la mano de la japonesa y la encaminó lejos de su alcance.

Bruce rió por lo bajo mientras negaba con la cabeza. No podía creer lo muy bajo que había caído ese güero con el fin de distanciarla de él.

Wally seguía caminando con un temple molesto; aquellos que pasaban por ahí le abrían paso ya que sabían como reaccionaría. Pero, de forma sorpresiva, un jalón de brazo lo detuvo.

—¡Wallabee!

Cuando él giró su cabeza hacia atrás vio que la pelinegra detuvo su caminar y obligó al güero a hacer lo mismo.

—¿Por qué hizo eso? Sólo estábamos conversando.

Mas toda la seguridad que Kuki estaba mostrando se esfumó cuando vio el rostro despectivo y fúrico del muchacho.

—Hace unos días gritabas como loca que eras nuestra fan. Pues déjame decirte que con lo que acabas de hacer demuestras lo contrario. No te pido que le dejes de hablar, pero sí que te decidas de una buena vez. Yo no aguanto las fans a medias. —Se alejó de la señorita. No sin antes decir una última frase—. Deberías saber eso, se supone que conoces mucho de mí, ¿no?

Ella parpadeó varias veces con un ligero puchero en su boca. Recapitulando las palabras que le dijo el rubio. Tenía razón, conocía mucho de él. Y algo que le caracterizaba por excelencia, era que sus celos eran capaces de llevarlo en peso. Puso su dedo índice debajo de sus labios, meditando en aquella posibilidad, lo cual le provocó una pequeña sonrisa. Por otro lado, Wally sabía bien de la estúpida escena que había hecho. Incluso él reconocía lo muy celoso que se comportaba con las cosas que le pertenecían. Pero no podía creer que se dejó llevar por sus impulsos frente a esa fresita que procuraba alejar lo más de él. Formó sus manos como puños, se dijo a sí mismo que, sin importar lo que pase, lo mejor que podía hacer era separarse de esa muchacha, sólo para acomodar sus pensamientos y convencerse a sí mismo que a él nunca le agradaría ese tipo de chicas. Asintió con la cabeza, quería asegurarse de que era una determinación correcta. Y en eso, un vibrar de celular lo alejó de su meditación. Al ver el mensaje, sonrió de lado. Sabía que su líder no podía tomar una decisión solo, y conocía a su equipo, supuso la respuesta que obtendría en aquel momento. Le alegró saber que la oportunidad para alejar a aquella niña se estaba sirviendo en bandeja de plata.

Por lo menos, eso quería creer.

X-X-X-X-X

Tal como lo había citado, todos los Skaters estaban en El Punto, a las quince horas en punto, ni un minuto de atraso porque sabían cómo reaccionaba su líder cuando lo hacían esperar. Todos se situaban al rededor de un mesón ovalado. Nigel estaba sentado en una de las esquinas, con los codos sobre la mesa, un poco intrigado sobre el resultado. Reconocía que el futuro debate que estaba por efectuarse no procuraba obtener un resultado pacífico.

El tiempo voló a toda velocidad, llegando a las quince horas con cincuenta y un minutos.

—Es una mimada y engreída. Yo no quiero a ese tipo de nenas en mí Punto. —Pronunció Chad.

—Debemos fijarnos en sus maniobras, ¡Son asombrosas! Y tú lo sabes. —respondió Mauricio.

El reloj apuntó las dieciséis horas con cuarenta y cinco minutos.

—¿Qué pasa si hace mal un truco? Comenzará a llorar y llenará la rampa de lágrimas. ¡No podremos practicar en una piscina! —Algunos presentes rieron por la sátira de Balooka.

—Kuki no es débil, simplemente muestra sus sentimientos más que otros. Muy diferente a ti, por eso te sorprende.

Joe lo miró a Kenny molesto, pero decidió contener su ira frente al fundador de Los Chicos del Barrio.

El minutero transcurrió media hora después.

—Alguien debe tomar una decisión, "prontooouu". —enfatizó Jason la manera de decir "pronto".

—¿Sabes que el que atrasa la decisión eres tú? —reclamó Peet.

—Es verdad, ya decídete. —enfatizó su hermano gemelo.

—¡Atrévanse a gritarme otra vez! —el muchacho enfurecido resaltó su molestia.

—Ya, ya, no tienen que llegar a esto. —Mauricio calmó a los presentes.

Llegaron a ser las diecisiete horas con cincuenta minutos.

Ace lanzó un suspiro de fastidio, colocando su mano en su cabello. Se sacó los anteojos para verla a los ojos, esperaba negación de todos, menos de ella.

—Por lo menos... ¿puedo saber la razón?

Rachel se encogió de hombros.

—Sólo me da mala espina. Se la ve muy frágil. No necesitamos un nuevo miembro. Y admítelo, esa forma de ser va a chocar con cualquiera de nosotros. —se cruzó de brazos.

—Puede ser... —Nigel intervino—. Pero tú viste sus maniobras en carne propia. Tal vez sea demasiado dulce para nosotros, lo reconozco, pero ella es talentosa.

—Quizá demasiado.

A los oídos del hispano llegó esa declaración de la rubia. Frunció el ceño y volvió a dirigirle la palabra.

—Ya no es culpa que sea más bonita que tú.

Se atrevió, levantó al León dormido. Ella siempre trataba de guardar la clama, pero nunca permitió que alguien, mucho menos ese chico que no merece respeto en ningún concepto, se pasara de listo con su persona; añadiendo que no estaba de buen humor como para soportarlo.

Nadie se lo esperaba, pero todos quedaron atónitos al ver a la rubia levantarse y abofetear la mejilla de Ace, tan fuerte que fue el sonido más insólito por todo el salón. Lo tomó del cuello de la camiseta.

—¡¿Quieres volver a decir eso?! ¡¿Por qué no me lo dices en la cara?!

Ace se levantó de su silla, zafándose del agarre, estaba dispuesto a enfrentarla. Como si fuera una señal, todos se pusieron de pie y quienes estaban a lado del pelinaranja opusieron fuerza sobre él, no iban a permitir que realice otra de sus escenas machistas, sobretodo con alguien de su equipo.

—¡Podría hacer eso y mucho más contigo! —De todos modos gritó tales palabras mientras le apuntaba con el dedo.

—Ya cálmense, los dos. —Bartie intervino acercándose a la rubia.

—¡¿Ven lo que hace esta fresita?! Esta dividiéndonos a todos. —Exclamó Justin.

—Nada de esto es su culpa. —respondió Kenny.

El debate se transformó en confrontamiento. Todos los presentes alzaron la voz con el fin de imponer su propia opinión, nadie estaba dispuesto a cambiar de parecer. Aunque el líder trataba de callar a sus colegas, lo único que lograba era unirse al griterío. Sólo un personaje estaba contemplando toda la escena. Rió, le parecía cómico el ambiente, y el ver que todos estaban a punto de matarse entre sí superó sus expectativas sobre lo mal que quería que resultase aquella reunión. Pero ya fue suficiente, demasiado teatro tampoco era de su agrado. Se acercó a la alarma contra incendios y, sin dudarlo, jaló la palanca para que la sirena ensordecedora calmara el temperamento de los presentes. Todos se detuvieron en seco y miraron hacia los lados para darse cuenta que fue él güero quien presionó el botón.

—¡FUEGO! —Exclamó Jason completamente asustado. Al instante, Balooka le dio un fuerte manotón en la cabeza.

—El único fuego que hay aquí es el que sale de sus estúpidas cabezas. —Los Skaters mantuvieron silencio. Después de eso Wally comenzó a olfatear—. ¿Huelen eso? Apesta a neuronas quemadas.

Nadie pudo refutar nada, ya que tenía razón, hasta cierto punto. Nigel lanzó un suspiro, agradeciendo mentalmente a Wally por haberse entrometido. Era momento de recuperar la batuta.

—Hagamos algo. Si esto no funciona, quien tomará la decisión seré yo, no me importa lo que digan. —Los muchachos miraban al inglés con cautela, esperando su veredicto—. Ustedes van a votar. Si o no, sin explicación. No votaré porque quiero que ustedes estén conscientes del resultado. Comenzaremos desde mi derecha. —Señaló en esa dirección, donde estaba Bartie.

—Sí. —A su lado se encontraba Joe.

—No.

—Sí. —dijo Mauricio.

—No. —Declaró Jason.

Quien estaba a lado era Chad. El líder estaba esperando su respuesta, ligeramente ansioso. Pero él mantuvo su ceño fruncido.

—No.

Lanzó un suspiro, decepcionado de que el joven se haya dejado llevar por sus impulsos, en vez de apoyarlo en una decisión mas sensata.

—Sí.

—Sí. —Los gemelos tomaron su decisión.

—Sí. —Ace pronunció lo obvio para el resto. Dedicó una mirada despectiva a la muchacha que estaba a lado suyo. Ella se cruzó de brazos.

—No. —Devolvió la mirada al latino.

Justin era el siguiente.

—No.

—Sí. —votó Kenny.

Las miradas de todos se dirigieron hacia el último votante. Se encontraba frente a frente con el inglés, la mesa era bien larga pero lo único que hacía era observarlo, al igual que su líder. Él sabía que estaba a un voto de obtener el resultado. Pero necesitaba ponerle más trabas. No hallaba la manera, ya que los votos positivos estaban ganando la decisión. Quiso rendirse, pero su orgullo podía más. No le importaba mucho la resolución final, debía dejar claro cuál era su postura frente a lo que sea que se decidiera. Le daba igual si su propia votación era sólo una ayuda para colocarse la soga al cuello, se debía dar el lujo de, por lo menos, aclarar su punto. Su decisión, la cual nada ni nadie la cambiaría.

—No.

X-X-X-X-X

Kuki estaba en el supermercado, realizando las compras que le habían encomendado los padres. Su patineta estaba reclinada en una de las vitrinas mientras recogía las cosas necesarias que estaban escritas en la lista de su mamá. Él la estaba observando desde la distancia, un poco temeroso del recibimiento que obtenga de su parte. De todos modos debía hacerlo, fue por eso que se ofreció para acercarse a la señorita.

—Hola. No creí encontrarte por aquí.

Ella dio un respingo y giró hacia el progenitor de la voz. Al reconocerlo, su cuerpo se heló por completo. Decidió seguir con su camino a paso rápido ya que no deseaba estar con él, no después de lo sucedido. Ace lanzó un suspiro, mas no pensaba rendirse. Fue tras ella.

—Kuki. Por favor, háblame. Me siento muy arrepentido por lo que te hice.

La japonesa no detenía su caminar, quería estar lo más lejos posible de ese muchacho. Pero Ace no iba a desistir.

—Kuki, te lo pido... escúchame un segundo...

El Chico aceleró el paso y logró tomar su mano. De pronto, la japonesa jaló su extremidad con fuerza para zafarse del agarre.

—¡No me toques! —exclamó con temor.

Ella tapó su boca con ambas manos, se encontraba aterrada. El pelinaranja se dio cuenta que ella definitivamente no quería verlo. Su respiración era profunda, atenta a cualquier paso que haga el joven que estaba al frente suyo. Al notar que él se mantuvo quieto, optó por dar media vuelta e irse.

—¡Vengo en representación de Los Chicos del Barrio!

Se detuvo en seco. Aún se encontraba a espaldas de Ace, trataba de receptar esa pequeña frase que salió de su boca. Él dio dos pasos hacia al frente.

—Kuki, soy capaz de jurarte que haré lo que sea para enmendar todo el daño que te causé. Cambiaría por ti, solo quiero que me perdones. Y se que lo harás, porque en tu corazon no hay maldad.

La pelinegra giró a su persona para darse cuenta que ya estaba solo a centímetros de distancia, con un pequeño sobre extendido hacia ella. Lo tomó con cierto temor, mirando al pelinaranja; se lo veía frustrado, arrepentido. Tenía razon, hasta cierto punto, ya que a ella nunca le gustó enemistarse con nadie. Solo que, en el caso del hispano, iba a ser una acción difícil de solucionar.

—Tres indicaciones. Practica, nada de nervios, y sé puntual.

Sin decir más, se fue, dejando a la muchacha con intriga. Observó la carta que le dejó El Chico, y la sorpresa que obtuvo al leer el contenido fue tan grande que las palabras no cabían para explicar lo que sentía.

Kuki Sanban, ve al Punto mañana a las 16:30, tendrás una audición de admisión a Los Chicos del Barrio. No llegues tarde. Te estaremos esperando.

Las personas del supermercado no esperaban escuchar un grito tan agudo y potente, razón por la cual todos saltaron del susto. Resultó ser la joven skater quien, de la emoción, dejó todas sus compras detrás y salió del establecimiento. Miraba y releía la nota una y otra vez, percatándose de que sea real lo que le estaba sucediendo. Giraba sin cesar de la felicidad mientras estiraba sus brazos.

—No puede ser. ¡Tendré una oportunidad para formar parte de Los Chicos del Barrio! Estaré en El Punto, participaré en sus campeonatos y... ¡Wally! Digo, Wallabee. —Recordó a aquel rubio que estaba ablandando su forma de ser frente a ella. Esa noche en la fiesta, el acto caballeroso al llevarla a casa, los celos que sintió al verla con Bruce... No debía desperdiciar la oportunidad para hacerlo sentir orgulloso de tener una fan como ella. Formó sus manos como puños.

—Nada de juegos. Debo demostrarle a Wallabee que soy una fan devota a los Chicos del Barrio. ¡Tengo que impresionarlo!

Sin esperar más, alistó su Skate para iniciar su recorrido. Emprendió el viaje a toda velocidad, debía entrenar fuerte para lograr una presentación decente. No estaba dispuesta a flaqueos, su grupo más amado le estaba dando una oportunidad única. Sobretodo, sentía la necesidad de que su ejemplo a seguir quede completamente seguro que ella era fan de un solo grupo. Patinaba con mayor potencia, ignorando a los transeúntes que pasaban por las calles, para ella eran un obstáculo, mientras que las personas le abrían paso muy aterrados por la rapidez de la chica. Algunos osaban de gritarle en la lejanía que tenga cuidado y se fije por donde iba. Pero Kuki estaba de oídos sordos, en aquel momento centraba sus pensamientos en una sola cosa.

—"Wallabee, voy a dedicar mi presentacion a ti. No quiero que dudes más de mi devoción, quiero que estés orgulloso de mí. Tengo que impresionarte".

Cruzó la calle sin percatarse que el semáforo estaba en verde. Cuando el conductor se dio cuenta que un peatón avanzaba a toda velocidad, tuvo que frenar a raya. Sacó su cabeza fuera del auto a reclamarle desde lo lejos, sin lograr que la muchacha detuviese.

Ella no veía nada más que su propósito, dejar cautivado a Wally. Sentía que era su deber, que él merecía saberlo. Aceleraba su andar cada vez más. Con los ojos nublados, no se fijo en aquel hidrante de incendio viejo y gastado que estaba cerca suyo, sin preveer el impacto. Su acción fue demasiado tarde, trató de elevarse pero la tabla chocó con la boquilla, partiendo en dos el skate. Por lo deteriorado que se encontraba, el grifo no soportó la presión de agua y cedió a esa que brotó como fuente. Kuki rodó en el suelo y quedó debajo de una suma cantidad de agua, que descendía con potencia y mojaba todo su cuerpo. La japonesa respiraba agitadamente por el susto, más aun, por la vergüenza. Las personas a su alrededor miraban atónitos a aquella señorita que no se movía de la corriente de agua que le caía encima. Las palmas de sus manos estaban rojas, hicieron un buen trabajo en amortiguar la caída, llevándose el precio del dolor. Su mirada era fija en el suelo, no sabía qué hacer en aquel momento.

*w*w*w*w*w*

Al conectar el enchufe, aquel produjo unas chispas desde el exterior, pero a ninguno de los dos les importaba. Mientras él calibraba todos los propulsores, ella tomaba nota de cada detalle; el proyecto debía salir perfecto. Algo extracurricukar, pero era efectivo para que el joven inventor adquiera mas experiencia en el ámbito de crear innovaciones.

Tenía dos pinzas en cada mano, ambas cableadas. Él las conecto en lo que parecía ser una sandía. Al segundo los dos se aproximaron a la bombilla que estaba debajo de la fruta. Luciendo una acción imposible, la luz de la lamparilla iluminó la habitación, al igual que las esperanzas de los dos muchachos a la teoría de que las frutas lo podían todo. Sonrisas alborozantes pintaban sus rostros.

—¡Éxito! —gritó el muchacho con los brazos extendidos.

La sandía explotó sin aviso alguno, esparciendo toda su pulpa por el lugar. Abby cambió su sonrisa a un ceño fruncido, Hoagie seguía con la misma pose añadiendo un pedazo de sandía en la boca. Unos segundos transcurrieron para escuchar un estruendo afuera de casa. Al asomarse por la ventana, quedaron sorprendidos.

—¿Esa es Kuki? —dijeron al mismo tiempo.

—Me debes un helado. —pronunció el castaño con felicidad.

—No empieces. —Tras decir eso, le dio un manotón en la cabeza y lo encaminó hacia afuera.

Kuki seguía sin mover un músculo, recibiendo una somera cantidad de chorros de agua. Mas al notar que el líquido ya no estaba golpeando su cuerpo, alzó la mirada. Un paraguas estaba protegiéndola, dirigido por un muchacho que, iba admitir, le alegraba mucho verlo.

—Perdón por el atrevimiento, pero, una chica tan bonita como tú no deberia estar mojandose de ese modo.

Se dio cuenta que, a su lado, se encontraba su amiga cubriendo sus hombros con una toalla y la ayudó a levantarse. Se dirigieron a la casa del chico.

X-X-X-X-X

—"No llegues tarde. Te estaremos esperando". Ah, entonces por eso te alocaste. —dijo Abby al culminar de leer la nota.

—Sí. Me emocioné tanto sin mirar los riesgos. Ahora mi patineta esta arruinada... —Tomó los pedazos que quedaban de esa. Lanzó un suspiro— Al igual que la mejor oportunidad que tenía.

—Tranquila Kuki. No todo está perdido. Por lo menos no te pasó algo más grave. —consoló Hoagie.

—Además, recuerda que Abby tiene una patineta, y ni siquiera la usa. Puedes tomarla si quieres... solo no se la muestres a este sujeto. —Señaló al castaño.

—¿Qué? ¿Por qué no puedo verla? Te recuerdo que era mía.

—Ahora es de Abby, y ella dice que no.

—Pero...

—¿"Pero"? —La morena le apuntó con el dedo. Él lanzó un suspiro.

—Pero nada. —respondió él un poco triste. Abby sonrió de forma triunfante.

—Ay, muchas gracias chicos. Ustedes son tan... tan...

La japonesa no pudo terminar su frase ya que un fuerte estornudo salió de su boca, se tapó las manos con rapidez. Los otros chicos se miraron entre sí.

—¿Tan...? —preguntó el castaño.

—Puede ser muchas cosas. Entrometidos, zoquetes... —enlistó Abby, su amigo le daba la razón.

—No, no. Lo siento es que...

Otro estornudo se interpuso en su plática. Fue ahí cuando sus amigos se dieron cuenta lo que sucedia.

—Ok, eso suena mal. —dijo Abby.

—Podrías estar resfriada. —El castaño tocó la frente de la asiática— ¡Cielos! Ardes en fiebre.

—Pero —Un moqueo—, no puedo resfriarme. Tengo que ir mañana... al... Punto... —Estornudó nuevamente.

Tras escuchar eso, el instinto materno de la Sra Gilligan apareció. Salió de la nada y se acercó a ella con una taza de té de manzanilla.

—Oh, mi amor, lamento lo que te pasó. —Le extendió el vaso. Kuki tomó un sorbo—. Recibiste mucha agua helada y con el dolor de cabeza, probablemente te dure días, o una semana.

La japonesa escupió el líquido.

—¡¿Qué?! —exclamó fuera de sí.

—Gracias por elevar su moral, mamá. —dijo Hoagie en tono sarcástico. La señora se llevó la mano a la boca por pena.

—Cariño, si quieres te llevo a casa. Tus padres han de estar preocupados por ti.

Fue ahí cuando recordó la razón de su salida al supermercado. Abrió los ojos como platos, aterrada por el futuro recibimiento de su familia.

—Olvidé las compras. Mis padres me van a matar. —exclamó asustada.

Hoagie se le acercó abrazando sus hombros.

—Hey, no te preocupes. Mi mamá tiene el don del convencimiento. —dijo para después guiñarle el ojo. Ella miró a la señora quien también guiñó su ojo un poco sobreactuado en un intento para lucir cool.

—Estás en buenas manos, Kuki. No hay mujer más dulce que Betty. —añadió Abby para calmarla.

La japonesa trató de mantener la calma. Tal vez si iba con un adulto sus padres pudieran suavizar el castigo, porque sabía bien que ellos no iban a dejar pasar aquella mala acción de parte de su hija. La señorita aceptó y ambas se dirigieron a su casa; la señora Gilligan colocó una manta sobre la asiática para cubrirla porque se la estaba notando débil. Los dos chicos quedaron en la entrada de la casa hasta perderlas de vista. Al cerrar la puerta, Hoagie sostuvo una de las dos partes que conformaban el Skate de la pelinegra.

—¿Sabes? Creo que Kuki de todos modos va a intentar audicionar mañana.

—Y no podrá hacerlo sin una patineta. —respondió la morena al tomar el otro pedazo de madera.

Ambos unieron las mitades para darse cuenta que fue un corte limpio, ni una parte se había perdido. Parecía como si lo único que necesitaba ese objeto era juntarse de nuevo. Y en eso, el foco de las ideas se encendió.

—¿Estás pensando lo mismo que yo? —le dijo a su compañera.

—Siempre es así, Hoagie. Siempre es así.

X-X-X-X-X

El bus se estacionó, dejando que una persona bajara de él. Observó hacia todos lados por si había entrometidos en la mira, ya que nadie debía enterarse de que estaba ahí. Al no encontrar moros en la costa, se adentró por el lugar. Sacó un manojo de llaves, colocó la indicada a aquel portón de madera maciza, con un tallado peculiar. Abrió las puertas, logrando que sus ojos volviesen a contemplar el interior del establecimiento; la verdad, le parecía una costumbre estar dentro. Un lugar espacioso, con rampas por doquier, realizados con los mejores y más costosos materiales. La calidad de sus implementos se podía notar a simple vista. Él alzó su mirada un poco, las paredes estaban perfectamente limpias, pintadas de un rojo concho de vino. El suelo de cemento bien liso y sobre él, la mejor cerámica cubriéndolo. En realidad, extrañaba un poco estar ahí de nuevo, pero debía guardar las apariencias. Siguió adentrándose al lugar más despreciado por los Chicos del Barrio, la casa de las víboras, el acentamiento de los enemigos. La Mansión, el lugar de entrenamiento de Los de la otra cuadra. Pese a todo, él no se sentía como forastero, es más, saludó a unos muchachos de alta clase y ellos respondieron de la misma manera, como si se tratase de un amigo de años. Todos sabían que era Chico del Barrio, pero había demostrado con plenitud que su devoción era para ellos. En eso, una muchacha se acercó a él de forma seductora, era algo que siempre le caracterizaba. Abrazó al joven y le dio un lento beso en la mejilla.

—Ya te estábamos extrañando, Ace.

El Chico sonrió a la señorita, acariciando su mejilla. Siempre le pareció atractiva, pero no pensaba realizar ningún movimiento con alguien que, en personalidad, se parecía mucho a él.

—Bruce me llamó.

Ella hizo señas de dolor.

—No se supone que deba decir esto, pero, está molesto.

Ace lanzó un suspiro, reconocía que al momento en que su superior se enterara, no obtendría buenos resultados. Después de unos segundos, la muchacha se alejó de él, pero su comentario solo le provocó más intriga al hispano.

—¡Lizzie! —exclamó su nombre.

La castaña volteó nuevamente hacia él para darse cuenta que el pelinaranja volvió a acercársele.

—¿Saldré ileso de esta?

Ella se encogió de hombros.

—Anda a descubrirlo.

La dejó ir. Con la preocupacióm de saber qué sucedería. Quiso obtener más información de Lizzie, pero se dio cuenta que ya estaba alrededor de sus dos amigas, Ashley y Connie, quienes son informantes de Bruce por excrlencia, no necesitaba meterse en más problemas. Se dirigió donde el superior.

El rubio estaba en su oficina, con tan solo una lámpara de mesa iluminando el lugar, conversaba con una muchacha a quien no se le podía divisar el rostro por la oscuridad. Y en eso, la puerta se abrió, dejando ver al pelinaranja en el exterior. De inmediato, Bruce comenzó a reír por lo bajo.

—¿Sabes? Creo que te di la orden más sencilla de todas. Tú mismo viste que muchos de nuestros hermanos querían esta misión, pero no, te la di a ti. Lo vi conveniente, eres un Chico del Barrio en cubierto, ¿por qué no? —Colocó sus brazos en el escritorio—. Sin embargo, fallaste.

El hispano bajó la mirada, un poco decepcionado. Mientras tanto, el rubio se levantó de su asiento.

—Conquistar a Kuki Sanban para que, poco a poco, la instes a ser miembro de Los de la otra cuadra. Ella es una chica muy tímida, no había necesidad de ser apresurados. Debíamos esperar que el tiempo nos dé los mejores resultados. Pero no, pensaste que lo mejor sería arrinconarla contra la pared. Tal vez pensaste "Eso siempre me ha funcionado con las chicas. ¡Ella no será la excepción!" —El líder hablaba mientras daba círculos por toda la habitación. Su risa se transformó en carcajada—. ¡Felicidades! Ahora alejaste a Kuki de ti, ¡Para que se acerque más a ese estúpido güero!

Golpeó aquella lámpara del coraje, oscureciendo aún más el lugar. Ace no esperaba tal arrebato de furia y entró cierto temor en su ser al notar que el rubio se acercó a paso rápido hacia él.

—Ahora, ¿Qué sugieres? ¡¿Que la droguemos y la traigamos aquí?!

—No todo está perdido. Pido una segunda oportunidad, sé que puedo volver a acercarla a mí.

—Quisiera intervenir, Bruce.

Los dos muchachos dirigieron sus miradas hacia la señorita que los estaba acompañando. Bruce suspiraba de manera fúrica; pensó que el tiempo que se dedicaría la chica en hablar iba a ser suficiente para tranquilizarse. Asintió levemente con la cabeza. Ella se acercó a paso lento hasta la escena.

—Tal parece que no se han dado cuenta de un detalle. Y es que la niña Sanban se está fijando en otra persona, de la cual podríamos sacar provecho. Esa persona... eres tú, Bruce.

Tanto él como el pelinaranja la miraron sorprendidos. Ella acercó sus manos a los hombros de su líder para masajearlo, logrando relajar el rostro del rubio.

—Sé que será más difícil, ya que tú eres el enemigo declarado. Pero no tenemos opción, y ella está empezando a considerarte como alguien muy preciado. Podrás hacerlo. Quiero decir, ¿quién podría resistirse a esos hermosos ojos?

Acarició sus mejillas con delicadeza. Él sonrió de lado, siempre le agradó aquella muchacha, mejor aún al notar que los rumores de ella fueron ciertos, su mente maquinaba los mejores planes para lograr su propósito. Le dio un beso en la frente.

—Qué suerte tengo de tenerte a mi lado. No te quisiera de enemiga.

Ella ríe picaronamente, contagiando al rubio.

—Osea, ¿y yo qué?

La pareja observó al Chico, quien mantuvo un rostro escéptico ante tan absurda idea.

—No lo vas a lograr. Todos los Chicos del Barrio te tienen en la mira. Se supone que soy yo quien debe conquistarla.

Bruce caminó hacia el muchacho. Capaz de reírsele en la cara. Ace era alguien muy orgulloso, debía callar frente a quien sí era su líder, pero aquella risa ya le estaba hartando.

—No me digas que te enamoraste de esa flacucha.

—No le faltes el respeto.

—Por supuesto, tu eres el indicado para decir eso. —Caminó alrededor de él—. ¿Desde cuándo te importa una mujer? Tú mismo lo dijiste, "todas las mujeres son aventuras". Entonces solo debías disfrutar tu aventura, eso es lo único que sabes hacer. ¿O estás celoso de que, tanto en los Chicos del Barrio, como aquí, no sirvas para nada?

Eso fue suficiente para nublar su mente y permitir que los impulsos ganasen la batalla. Su puño se aproximó a él para golpear su rostro. El rubio no vio venir tal acto, razón por la cual recibió el impacto, tambaleó un poco e hizo lo posible para no caer al suelo. Inmediatamente, la chica se dirigió al escritorio para pedir resfuerzos.

—Te recuerdo que fue idea, yo sugerí traerla a nosotros, ¡Así que no vas a dejarme de lado en esta!

Antes de que el pelinaranja siguiera, Bruce devolvió la golpiza para contrarrestar su furia. En el momento que los dos se estaban enfrentando, unos muchachos aparecieron para sujetar a Ace de los brazos, obligándole a caer de rodillas. Él forcejeó para soltarse, mas fue una acción imposible; David y Lenny, los mejores aliados de Bruce, se caracterizaban por ser los más fuertes del grupo. El rubio peinaba su cabello con los dedos, acariciaba su mandíbula para verificar que podía moverla con facilidad. Regresó su mirada hacia el latino.

—¿Crees que no puedo? Tal vez deberías recordar que lo arruinaste todo, Ace. No me importa si esa chica te flechó, perdiste tu oportunidad. —Caminó del lado contrario, dándole la espalda. Remangaba su camiseta—. ¿Sabes? Pensaba considerarlo, darte otra oportunidad, pero... creo que será un castigo justo. Solo para que no olvides quién tiene autoridad sobre ti. —Llegó a su escritorio. Giró hacia su persona y apoyó su cuerpo en el mesón—. Estás atado de manos, Ace. Nos dejas a nosotros y te quedarás en la nada. "Todo lo que tiene un valor, tiene un precio". He citado esa frase un millón de veces. Entonces, tú precio... es que sigas mis órdenes —Se dirigió a la puerta. Sus amigos lo siguieron—. Te gusten, o no.

Cerró la puerta de un tirón, haciendo que la chica diera un respingo. Corrió en auxilio hacia el pelinaranja, se agachó para ayudarlo a levantarse, pero él la empujó lejos de su alcance, no quería que siquiera le toque.

—Todo esto es tu culpa. ¿Por qué dijiste eso? Sabes bien lo que estoy sintiendo por Kuki.

Fue en aquel instante que escuchó la risa de la intrusa.

—Por eso mismo tenía que quitarte. Necesito conseguir mí objetivo, y tú solo ibas a arruinar lo que yo estoy logrando —Se puso de pie—. Tengo que velar por mis beneficios de vez en cuando.

También abandonó la habitación, dejando al hispano enfurecido, más que todo, impotente. Tenía claro que estaba en el bando más fuerte, lo mejor era seguir órdenes y no molestar a esas personas.

Él también debía velar por sus beneficios.

X-X-X-X-X

Sentada en el suelo, apoyando su espalda en la puerta, con una manta cubriendo todo su cuerpo, Kuki Sanban pensaba cómo el día no podría llegar a ser peor. Pese a las dulces palabras de Betty, en el mometo que se fue, ya no había nadie quien la salve de la furia paternal que se le avecinaba. Un castigo de dos semanas sin poder usar su laptop resultaba ser poco para Kani, pero consideró justo debido al estado de salud en el que se encontraba su hija. Ella sostenía una buena cantidad de pañuelos para retirar de su nariz el moco acumulado. Sus ojos se veían somnolientos, su cabello alborotado, la piel de la asiática era más palida que de costumbre. Pero nada de eso era la razón de su desánimo. Faltaba poco tiempo para que su audición empezara, y ella se encontraba en el calabozo de su casa, bajo el resguardo de sus padres y su molestosa hermana, quien juró no perderla de vista. Observó el reloj que estaba colgado en la pared, apuntó las diesciséis horas en punto. La idea descabellada apareció en su cabeza, no quería ceder a la provocación, pero aquel grupo de Skaters significaba mucho para ella, era su momento de demostrarles lo que sabía hacer, quería que estén convencidos de que su decisión fue la correcta, ansiaba ver sus rostros anodadados.

Lo imaginó, ilusionado, emocionado, orgulloso de ella. Era su mayor anhelo, necesitaba demostrarle a su dechado que ella podía ser parte de aquel mundo rudo del Skateboard y un simple resfriado no iba a detenerla. Estaba dispuesta a hacerlo por él. Por los Chicos del Barrio.

Se levantó, sacudiendo todas sus extremidades para recuperar fuerzas. Se dirigió al baño para ducharse con el agua bien helada, su fin era levantar su cuerpo y quitar la calentura. Cuando ya estaba lista, se escabulló por la ventana de su habitación, procurando hacer la menor cantidad de ruido posible. Aún en el techo, se dirigió a un árbol que estaba a su izquierda, se puso en cunclillas y estiró sus brazos hacia la rama más cercana, balanceó su cuerpo al tronco y procedió a bajar. Era un recorrido muy conocido por ella y no descubierto por su familia. Ya en el suelo, corrió lo más rápido que pudo hacia El Punto, con la esperanza de llegar a la hora indicada, debido a que no tenía reloj a su alcance, solo le quedaba la opción de rogar que su recorrido sea efectuado justo a tiempo.

*w*w*w*w*w*

Los Skaters estaban en la rampa principal, esperando la llegada de la susodicha. Pero su demora les estaba causando aburrimiento. En los escalones inferiores, Pete y Peter dedicaban una reñida guerra de pulgares, Jason les hacía barra y apostaba con Balooka. Justin bostezaba y seguía viendo fotos de unas chicas con cuerpos exuberantes. Chad trataba de conciliar el sueño en las gradas superiores, los ojos ya se cerraron; su cabeza estaba recostada en las piernas de Rachel, ambos compartiendo auriculares. Ella observó la hora de su celular debido a que Mauricio, quien estaba debajo de ellos, le preguntó. Eran las diesciséis horas con diesciocho minutos. El moreno lanzó un suspiro, miró a Kenny con preocupación, la cual el castaño no supo cómo responder. Los pensamientos del fundador se disolvieron al escuchar una voz que se aproximaba a los muchachos.

—Oigan, mi novia quería saber si podría venir. Nunca ha visto una audición de admisión así que...

Bartie pudo terminar su diálogo porque un muchacho rubio lo empujó con la fuerza como para no divisar la parada del pobre chico.

—No va a venir. Estamos perdiendo el tiempo.

Todos dirigieron sus miradas al güero que pidió atención con tan impulsivo acto. Ace se encontraba a una esquina de las gradas.

—Aún no es hora. Llegará pronto.

—¿No tienes reloj? Esa niña hubiera llegado una hora antes de lo citado. No vendrá.

Tras decir eso, encaminó sus pasos hacia su líder, quien se encontraba cerca de los portones principales. Estaba molesto con el inglés, ya que fue su voto de "desempate" la razón por la que Kuki Sanban iba a audicionar. Sin girar su rostro, sabía que era Wally el que se acercaba. Antes de que el australiano mencionara alguna palabra, el inglés alzó su mano derecha, en son de que guaradara la calma.

—Será mejor que vayas a ver cómo está Bartie. —dijo sin cifrar su mirada hacia otra parte.

—Tranquilos, estoy bien. —A lo lejos se escuchaba la voz desorientada de castaño.

Wallabee exhaló fúricamente y se alejó de él, quiso que el muchacho decidiera cancelar aquella estupidez, mas no lo logró; le causaba mucho coraje la seguridad que Nigel estaba mostrando. Pero, en su interior, sentía la misma intriga que todos los presentes.

Espero haber tomado la decisión correcta, Sanban. Pensaba.

La japonesa corría sin dar tiempo al descanso, suponía que era demasiado tarde, pero por lo menos quería dar una explicación al respecto. Estaba lejos del lugar, y sus fuerzas se estaban gastando. Detuvo su recorrido para coger aire, su respiración era agitada. Pensó desistir, y en ese momentó recordó la razón de su esfuerzo.

—Debo hacerlo... tengo que impresionarte, Wallabee... ¡Tengo que impresionarte!

Emprendió la carrera con ímpetu; tener presente su motivación le ayudaba a recuperar las energías suficientes para lograr su objetivo. Se mentalizó a llegar, sin importar el costo.

El reloj ya apuntó las diesciséis horas con veintinueve minutos. Todo el grupo ansiaba que el minutero llegue a la hora dicha, simplemente para saber cuál iba a ser el resultado.

—Voy a llamarla de nuevo. —Nigel se dirigió a los pasillos con celular en mano, marcando los números.

El güero caminaba en círculos mientras observaba el reloj, parecía que el tiempo se puso del lado de la asiática y recurría despacio. La angustia lo llevaba en peso, deseaba que ese minuto terminase y encontrar la excusa perfecta para oponerse a su entrada.

Finalmente, el tiempo acabó. Los treinta minutos más esperados por todos ya habían llegado. Y en ese momento, alguien tocó la puerta. Sin pensarlo, Wally se acercó a la entrada, seguido del resto. Cuando la puerta se abrió, los rostros de los Skaters recuperaron el fastidio y la molestia que tanto les caracterizaba.

*w*w*w*w*w*

La asiática llegó con prontitud, alegre de ver los frutos de su recorrido, pero el cansancio estaba invadiendo su ser. Agitó su cabeza y procedió a entrar. En eso, se dio cuenta que la puerta estaba abierta. Notó que los Chicos del Barrio estaban rodeando a una especie de forasteros, y en el momento que los reconoció, se alegró mucho. No esperaba verlos, pero reconocía que iba a necesitar de su apoyo.

Venía a ser por segunda ocasión que los dos eran rodeados por un gentío de Skaters, solo que en aquel instante eran los mismos miembros del grupo más amado por los deportistas. Si los aficionados eran así de ardidos, no podían imaginar como iban a ser ellos. Hoagie temblaba como gelatina, Abby los miraba con seriedad.

—Se puede saber... ¿Qué hacen aquí? —habló el australiano.

El castaño tomó la palabra.

—Primero, ¡este lugar está genial! Segundo, mi asistente aclarará cualquier duda. —Inmediatamente se escondió detrás de la morena, ella rodó los ojos.

—Vinimos en representación de Kuki Sanban. Ella está indispuesta y no podrá venir.

—¡Esperen!

Todos buscaron a la progenitora de la voz. Cuando sus dos amigos se dieron cuenta que era la asiática, corrieron preocupados a su alcance.

—Kuki, no puedes hacer esto. Estás enferma. —le dijo Abby.

—Sé que lo lograré, no vine hasta El Punto por nada.

—¿Estás segura? —Ella asintió con la cabeza ante la pregunta del muchacho.

Pero ellos no fueron los únicos sorprendidos. El séquito entero se quedó sin palabras al ver que esa fresita había logrado llegar justo a tiempo, simplemente no podían creerlo. Quien mantuvo una mirada más fúrica era el rubio, quien se cruzó de brazos y negó con la cabeza; logró entender que la oportunidad de separarse de ella se desvanecía con plenitud.

El líder se acercó a la rampa principal, preocupado porque no logró obtener respuesta a su llamada. Pero sus pensamientos se detuvieron al ver a cierta morena invadiendo su establecimiento. Formó una sonrisa, se suponía que lo siguiente que haría era echarlos fuera del lugar, pero una visita así no se iba a presentar de nuevo. Caminó hacia el gentío, y en eso, la japonesa se puso frente suyo, deteniendo sus pasos.

—Lamento la demora, en serio, pasaron muchas cosas. Pero no iba a permitirme faltar, hice mi mayor esfuerzo para...

—Sí, sí, sí, está bien.

El pelón hizo a un lado a la asiática para acercarse a quien realmente deseaba ver. Abby notó su presencia, sabía que al ir estaba obligada a verlo, pero eso no quitaba la incomodidad en su ser.

—Me alegro verte de nuevo. ¿viniste por "otra ronda"? —bromeó.

La muchacha frunció el ceño, estando a punto de ofrecer una respuesta, alguien más intervino.

—En realidad, estamos aquí por Kuki... los dos. —El castaño tomó la mano de su amiga y la acercó más a su alcance, antes de que ese entrometido intente alguna jugada. Abby reaccionó ante las palabras que pronunció Hoagie. Ella asintió su cabeza con firmeza. El güero veía la escena con furia contenida.

—¿Cuánto tiempo más tengo que esperar para que eches a estos dos peleles? —reclamó.

—Oye, te recuerdo que ella es fan... lo que nos resta a un pelele.

El castaño abrió la boca para después fruncir el ceño. Su amiga quiso reír ante la broma del inglés, mas al sentir la mirada amenazante de su amigo mantuvo su seriedad.

—Muy bien —Nigel prosiguió—. Kuki, la rampa es toda tuya. Por lo general hago estas audiciones solo, pero decidí que lo mejor será que todo el grupo delibere tu desempeño. —Dirigió su mirada a su equipo, quienes ya estaban sentados en las gradas—. Quiero que observen hasta el más mínimo detalle. La opinión de cada uno de ustedes será importante. Sean minucosos y justos, queremos una decisión grata para todos. ¿Alguna pregunta?

El inglés no esperaba que aquella chica rubia alzara la mano.

—Oh, yo tengo una preguna. ¡¿Podemos empezar de una maldita vez?!

Todos los miembros apoyaron la moción con bullicios. Nigel pidió que guarden silencio. Todos bajaron la voz y seguían murmurando sobre lo molestos, incluso incómodos que se encontraban al estar ahí. Rachel se cruzó de brazos y ahora fue ella quien se apoyó en el hombro de Chad; no podía cifrar su mirada en otra parte, solo observaba como el inglés pedía a esa muchacha que se sentara a su lado. Rodó los ojos y lanzó un suspiro de coraje, optó por ver la audición.

Kuki se acercó al borde de la rampa. Y recién en aquel segundo, se percató de un ínfimo detalle.

—¡Olvidé mi patineta!

Todos dieron un respingo y reclamaron entre sí, esa declaración fue la gota que colmaba el vaso.

—¡Hey! ¿Te refieres a esta patineta?

Kuki escuchó las palabras de su amigo. Al voltear, vio como él mostró una Skateboard completamente renovada, la cual deslizó hacia su persona. Estaba impactada, el día anterior vio a su fiel compañera partida en pedazos, y ahora, parecía que había vuelto a nacer. Su estilo era diferente, el decorado lucía perfecto; el cambio radical no perdió la escencia de lo que era antes. Los Skaters se sorprendieron al ver una patineta en perfecto estado y con un diseño único del cual podía ser envidiado por muchos. Cuando la tabla llegó a sus pies, ella la alzó muy contenta.

—No solo vinimos a hacerte barra, nena. —dijo Abby para después chocar su mano con la del castaño.

—Oigan, ¿Ustedes hicieron eso? —le preguntó Mauricio a la muchacha. Ella se encogió de hombros.

—No fue la gran cosa.

—Pues quedó estupenda. Oigan... puede ser mucho pedir, pero, mi skate está del asco, y no tengo dinero suficiente para comprarme una nueva. ¿Podrían arreglarla?

—¿Cuánto hay? —Hoagie intervino tratando de sonar rudo. Abby le dio un golpe en el hombro para que se callara.

—Tranquilo, dulzura, lo haremos con gusto. —El moreno agradeció y les extendió su patineta.

La pelinegra colocó su Skate en el concreto, alzando levemente el Tail para obtener el balance ideal y realizar sus maniobras. Cuando se deslizó por la rampa, sus ojos comenzaron a nublarse, ella trataba de volver en sí, pero parecía ser que su cuerpo había perdido todas las energías que tenía. Los chicos veían el bajo desempeño de la fresita, lo cual les sorprendía porque lo que más caracterizaba en sus tácticas era su entusiasmo. La japonesa seguía diciéndose a sí misma que podía hacerlo, estaba tan cerca de lograrlo, no iba a permitir que todo quedara a medias después del esfuerzo que realizó. No pensaba rendirse, mas el cuerpo no estaba de su lado. Fue en ese momento cuando se dieron cuenta que la señorita andaba sin rumbo alguno, y cayó de su patineta, provocando que todos dieran un respingo por el temor y la intriga. Trataba de mantenerse en pie, pero estaba desfalleciendo.

—Abby sabía que no debías hacer esto. —exclamó la morena.

Ella y su amigo se levantaron para auxiliarla, pero alguien se les adelantó. Antes de que cayera al suelo, alguien logró sostenera para evitar el impacto. El rubio la tomó de sus hombros y la agitó levemente.

—Kuki, ¿Qué tienes?

Sus ojos lograron ver al muchacho australiano frente suyo; trató de decir algo, pero perdió la consciencia en ese instante. Todos corrieron hacia la rampa atemorizados por la escena. El güero la colocó bien despacio en el suelo, gritando su nombre para que despertase. Los muchachos estaban al rededor de ella sin saber que hacer ya que, pese a los llamados, sus ojos se mantuvieron cerrados. No obtuvieron ninguna respuesta de su parte.


11k palabras desperdiciadas :v

Oficialmente es jueves, acá ya van a ser las 2 de la mañana, así que lo logré XD

La verdad no sé si el próximo jueves pueda actualizar, haré lo posible para lograrlo, y espero me tengan paciencia uwu Los antiguos lectores míos sabían que yo demoraba mucho en actualizar, pero quiero hacer un esfuerzo doble con este fic porque siento que lo vale c':

¿Review? :3