ES SUMAMENTE IMPORTANTE LEER LAS NOTAS DEL PRINCIPIO Y DEL FINAL. Para una mejor comprensión del capítulo.

¡Lo sé! ¡Soy la persona más horrorosa del universo! ¡LO SIENTO!

Ejem, queridos lectores (si es que alguien está leyendo esto). Primeramente tengan mis más sinceras disculpas por parte de quien… les escribe. Sí, sé que estamos en Abril, no en Febrero como os dije estaría la actualización. Pero, aquello tiene un motivo fuertemente justificado. Al menos para mí.

Pues sepan, que su querida (para algunos) Sakura Tachikawa es ahora una orgullosa Universitaria Politécnica. La mayoría no lo sabe, no tiene porque saberlo puesto que eso pasa acá en Ecuador. Pero ingresar a esta Uni es muy difícil, es una de las más difíciles. Me atrevería a decir, a nivel nacional. Y mi país está pasando por una reforma en el ámbito educativo en la cual era ahora o nunca que se estudiaba porque cada vez saldrán trabas más difíciles. Ya no se puede estudiar lo que uno quiere sino lo que el gobierno cree que eres apto a ser. Feo, ¿verdad? Yo hice una preparación de 3 meses y mis compañeros (que aplicaron a este sistema) lo verán 6 meses. 6 horas. Hay horarios terribles. Aunque me imagino que en algunos países tendrán esta reforma a nosotros nos golpeó de lleno. Y a la presión normal de un ingreso a la universidad, tuve que sumarle ello. O sea, ahora o nunca.

Gracias a Dios ya pasé, ya entré y con excelente calificación. n.n (Tranquilos, no los aburriré con la precaria situación de mi país xD.)

Lamento no haber podido ponerme al día en todo lo que han actualizado. Lo sé, malo, malo. Pero entiendan que me he tirado TODA la semana quedándome hasta las 2 AM para terminar este capítulo y el resultado son 33 hojas. No creo que sea poquito.

Espero que sea cantidad y calidad a la vez y de no ser así. Favor, no ser tan crueles al momento de comentar. Créanlo, no diré esto por presunción pero creo que aunque tardé muchísimo más de lo que dije, merezco un RR de ustedes.

Claro que si no les gusta, lo hablamos fácilmente y nos despedimos hasta dentro de 5 años que termine la carrera. Aunque francamente no me gustaría esa opción xD.

Sinceramente, ya me justifiqué. Espero que alguien lea esto, claro está.

El próximo capítulo, no daré fecha. Sin embargo procuraré no tardar tanto. En serio. Esta vez sí que trataré de no hacerlo. Me es más posible que antes.

Me disculpo con aquellos a los que no he leído. Sí, porque si no han recibido RR mías no es porque haya leído y lo haya dejado pasar sino porque NO he tenido tiempo de leer. Me pondré al día en estos días. Aun así, LO SIENTO.

Finalmente el capítulo. MUCHAS GRACIAS completaron los 50 RR y más. En serio, si este capítulo logra la mitad de esa aceptación me sentiré en la luna. Jajaja. Alcanzaría Plutón si llego a los 400 n/n.

No los interrumpo más. Espero que disfruten la lectura.

Como nota adicional, la historia va para largo xD.


Capítulo IX: Finales y Comienzos.

Lo primero que divisó cuando abrió sus ojos fue el tono rosa pastel del techo de su recámara. Conforme aumentaba su campo de visión había alcanzado a visualizar los doseles en tonalidades lavandas y fucsias alrededor de su cama. Una sonrisa se coló en sus labios a la vez que se acurrucaba en sus cómodos y suaves edredones.

No le importaba la hora, ni el día. Los recuerdos de la noche anterior la ponían tan contenta que no cabía en sí.

Lo besó… besó a su profesor, a Yamato. Y eso no era todo, no. Él había correspondido a su beso.

Mimi estiró sus brazos aún sin ganas de salir de la cama, sintiendo como el fresco del aire acondicionado hacía que se estremeciera un poco al salir de la calidez de la cama. Estiró sus manos hacia el buró a su derecha y alcanzó su moderno celular dio un ligero toque en la pantallita para que este le indicara que ya era medio día. Se conecto al chat y vio que ninguno de sus amigos estaba conectado. Seguro y aún no se levantaban.

¡Moría por decírselo a las chicas! ¡Por publicarlo a Facebook! Pero no podía, se obligó a recordar.

Estaba emocionada, eufórica porque Yamato correspondió a su beso. Sin embargo, no sabía que pensaría al respecto. Estaba claro que no le era indiferente y con eso bastaba pero... Recordó la foto enmarcada en aquel fino marco y tan celosamente cuidada sobre la chimenea de su departamento. Ciertamente eran idénticas. ¿Yamato habrá pensado en Kasumi cuando la besó? No eso no era posible.

A pesar de eso, gracias a aquellos pensamientos no pudo evitar salir corriendo mientras él se quedó ahí, nunca la siguió y ella no se atrevió a mirar atrás porque tenía miedo de ser rechazada cuando su corazón latía desbocado de alegría.

No, no podía pensar así. No iba a tirar la toalla nada más al haber hecho el primer movimiento, aunque los resultados no sean los esperados. No esperaba que Yamato cayera rendido a sus pies, sabía que ese hombre sería mucho más difícil de persuadir. Pero aunque perdiese una batalla no pensaba perder la guerra.

Ella quería a Yamato y ya no para recuperar el orgullo que Michael destrozó. Lo quería a él, ese aire misterioso que lo rodeaba, su presencia, la seguridad que le infundía. No puede evitar pensar que con el poco tiempo que ha pasado con él ha logrado descubrir muchas cosas de él y muchos sentimientos que nunca pensó existirían en ella. ¿Cómo sería después? No lo sabía, pero se moría por descubrirlo.

Ya de por si, le gustaba. Era inteligente, atento, cariñoso, besaba como los dioses y además era muy guapo. Aunque le dijese que fue un error, un impulso o lo que él quisiese e incluso si la rechaza. Ella no se daría por vencida.

Después de todo Roma no se construyó en un solo día y ella tenía una semana completita para trazar su modus operandi.


El agua giraba a su alrededor por tercera vez en los últimos treinta minutos. Dios, ¿Cuántas veces había tirado la cadena del váter en los últimos treinta minutos? Nuevamente sintió como la garganta de molestaba y luego de carraspear un poco se rindió a las inminentes arcadas dejando su estómago vacía de nuevo.

El malestar de su garganta y estómago era pasajero comparado a los terribles hincones que su cabeza le daba. Moriría, ya lo veía. Sus padres frente a su retrato con dos cintas negras cruzadas, mirando su fotografía con desdén y decepción por no haberle llegado ni a los talones a su hermano. Ni siquiera al morir.

Nuevamente el malestar volvió y continuó pidiéndole perdón al inodoro. Por primera vez en su vida agradece que sus padres no le presten la menor atención. Es decir, de ser padres normales, su madre ya lo tendría en la cama con una bolsa de hielo en la cabeza y aspirinas en la mano mientras su padre se burlaba luego de ver los resultados de su: "primera borrachera" tal y como había escuchado más de una vez de boca de sus compañeros.

Pero sus padres no eran normales y su orgullo le impedía salir con aquel lastimero aspecto ha sabiendas que su madre estará en la cocina y su padre en la sala, ambos lo verían en tal deplorable estado que…

Otra arcada interrumpió sus pensamientos para bien, ¿de qué servía pensar en esas cosas? Sus padres no eran normales y ni siquiera en su lecho de muerte arrastraría su orgullo por un poco de atención.

Nunca más volvería a beber, eso era un hecho. El alcohol y las fiestas salvajes eran distracciones banales altamente peligrosas. Podía escribir una trilogía de libros indicando cómo uno se vuelve más estúpido al asistir y consumir a ambos malos vicios. Un libro que nadie leería.

Pero, después de todo, ¿Cómo llegó a su casa?, un cardenal en su rodilla le indicaba que arrastrándose por el suelo, más, no recordaba haber salido de la mentada fiesta. Claro, se cayó cuando tropezó con sus propios pies mientras salía de un taxi. El mismo que cuando quiso pagarle había dicho algo de que su novia ya lo había pagado. ¿Cuál novia?, él no tenía ninguna ni le interesaba conseguirla tampoco.

Ken Ichijouji agarró su cabeza con fuerza, tratando de mitigar el dolor. ¿Por qué había ido a ese lugar?, para enfrentar a Izumi, contestó su subconsciente. Para demostrar que él estaba en lo correcto y que el enano pelirrojo se equivocaba. Sin embargo el resultado no fue el esperado. Es decir, si el erudito hubiese ido se hubiera burlado hasta el cansancio al verlo como imagina debió verse. Bien merecido se lo tenía por confiar en vendedores incompetentes.

Se detuvo frente a un pequeño espejo en la pared admirando su deplorable aspecto. Nadie lo vería así. Nunca, jamás. Ojerosos, pálido y con la mejilla roja e inflamada. ¡Pero qué…! ¿Cómo no se había fijado antes? Tenía un gran cardenal en su mejilla izquierda, le habían pegado y muy fuerte a juzgar por el color que había adoptado su pálida piel. Mecánicamente posó su mano contra la magulladura y no pudo evitar encogerse por el dolor que le causaba el contacto.

¿Quién y por qué le había pegado así?, su teléfono y su billetera yacían tirados en el suelo. Eso quiere decir que no le robaron. Entonces, ¿Por qué?

Si descartaba el atraco y utilizaba la lógica podría haber sido él el causante de su propio golpe molestando a un tercero, a una chica, por el tamaño del golpe. Pensándolo bien, las palabras del taxista hacían eco en su mente, decía cosas como: "A su novia no le gusta que beba, estaba furiosa." y "Nunca pensé que el cabello pudiera llegar a ser morado"

Inoue.

Fue ella quien lo ayudó, metió en el taxi y además lo pagó. Era posible que lo hubiese visto en medio de una riña en la cual no tenía nada que hacer y lo auxiliase. O, que hubiese discutido con ella. Pero de ser así, en lo poco que había tratado a Inoue se había dado cuenta que era una mujer tranquila, aún pensaba que estaba loca, sin embargo era de naturaleza pacífica a menos que alguien la molestara. En ese caso…

¿Qué había hecho él para encolerizar tanto a la muchacha de lentes?


Hikari se incorporó de la cama de un sobresalto. ¿Dónde estaba? Las paredes de su cuarto no eran rojas. Se giró a todos lados buscando explicaciones hasta que una corriente de aire frío la hizo percatarse de su desnudez. Entonces, no había sido un sueño, pensó con añoro mientras se volvía a echar en la cama y se tapaba con las sábanas de su hermano hasta la nariz.

Sonrió como una boba, ignorando las molestias de su cuerpo, sobre todo en la parte inferior de éste. Se había entregado a Takeru, había sido mujer por primera vez en sus brazos, su mujer. Eso significaba que no le era indiferente, que no la veía como una cría. A lo mejor y hasta se daría cuenta que era la mujer de su vida y hoy la sorprendería con un ramo de rosas y le pediría que sea su novia.

Con la cabeza y el corazón llenos de sueños y esperanzas se levantó buscando su celular. No pudo evitar ponerse colorada cuando vio las pequeñas y sutiles manchas rojizas que indicaban que había perdido su virtud de la forma más hermosa. Se envolvió en la sábana y siguió buscando el aparato.

Las piernas le fallaron y el dolor se hizo presente inmediatamente. Era cerca de medio día y en su celular no había señal alguna de que alguien llamara o le enviara un texto. Takeru ni siquiera se había despedido de ella. Entendía que no se quedara a su lado, es decir. Sólo Dios sabía lo que Taichi hubiera sido capaz de hacerle al rubio y era mucho más peligroso con tragos encima. Pero al menos debió dejarle un mensaje o llamarle.

A lo mejor sigue dormido, pensó con esperanza. Quizá llame dentro de un rato. Porque Takeru no la dejaría así, sin ninguna explicación como si fuera una de sus conquistas de fin de semana. Él era su mejor amigo. Se conocían desde… ¡siempre! No cometería una canallada de tal magnitud, no a ella.

Sus ilusiones se volvieron líquidas cuando sintió como las lágrimas caían sobre la sábana celeste. Si tan segura estaba de eso, entonces, ¿Por qué lloraba? Tenía miedo, eso era plausible. Recién había asimilado la magnitud del asunto y cómo este podría afectarle. A la madrugada nada parecía ser más importante que entregarse entera a la pasión y ternura que Takeru le daba y que ella le correspondía. Pero ahora, ¿estará arrepentido?

Es posible, incluso ella se horrorizaba de pensar en que por un par de horas sin pensar con claridad fuese a perder una amistad de hace más de quince años. Porque lo que para ella fue el momento más bello de su vida, para su amigo pudo haber sido nada más un momento de pasión desenfrenada. El corazón le dolía sólo de pensarlo.

Pero tampoco quería perder a Takeru y con amargura se llegó a ver pensando que si Takeru le pedía perdón y que olvidase lo ocurrido ella… acabaría cediendo con el corazón hecho pedazos. Era tan predecible.

Dios, cómo podía cambiar tanto de un momento a otro. En un instante estaba llena de sueños e ilusiones, ya escuchaba campanas de boda y veía sus amigas vestidas de damas y ahora… Ahora se ve llorando amargamente luego de ser rechazada por su mejor amigo, al que le entregó todo.

"Vamos Hikari, pensamientos positivos atraen sucesos positivos.", la animó su consciencia. A lo mejor no pasaba ninguna de las dos cosas. Es decir, podría no llegar con las flores e incluso ni siquiera pedirle que sea su novia todavía, conformaba con que le dijera que no sabe que pensar pero que se dieran una oportunidad. Sí, eso es. Takeru no podía ser con ella como era con las otras. No le costaba nada darse una oportunidad e incluso si él no lo sugería lo haría ella, sólo necesitaba saber que él sentía algo por ella además de amistad, por muy pequeño que sea este "algo".

Con cuidado y sin un ápice del ánimo con el que despertó, la castaña se incorporó. Fue a su bolso y sacó el pijama y una muda de bragas. Recogió el desastre que era el cuarto, tanto el que ella provocó como el desastre natural que era de por sí el cuarto de su hermano. Tendría que lavar las sábanas, por lo menos así se mantendría ocupada y no pensaría ni en Takeru ni en su inmóvil celular.

Porque a pesar de que quería mantener pensamientos positivos, las lágrimas seguían cayendo de su rostro y sus rodillas quisieron volverle a fallar, más se agarró de la pared.

-Cómo algo tan hermoso puede ser tan doloroso.

Susurró para ella mientras escondía su rostro entre las sábanas que junto con las paredes de aquella habitación eran los únicos testigos mudos de lo que ocurrió entre ella y su gran amor.


Miyako observaba su reflejo con intriga. ¿Por qué cuando una va a una fiesta se ve tan mona y cuando se levanta a la mañana siguiente se parece a ancianita que le vendió la manzana envenenada a Blancanieves?, escupió la espuma que provocaba por lavarse los dientes y alzó nuevamente la vista al espejo.

Incluso, tardó en notar como dos esbeltas figuras se colocaban en sus flancos. Vio por el espejo como a su derecha la esbelta Chizuru sonreía de manera muy fresca y a su izquierda la pequeña y delicada Ayame imitaba a su hermanan sólo que con un deje de coquetería en su mirar.

Había preguntas para las cuales no había respuestas. Es decir, ¿Cómo pudo haber nacido tan diferente de sus hermanas? Chizuru se veía tan cómoda que transmitía aquello a quienes lo rodeasen, vestía un cómodo pijama de short y remera. Ayame por su parte vestía un camisón de seda cubierto por una bata del mismo material y ella: Una camiseta que le llegaba a las rodillas, con un estampado de un grupo de rock en ella. Sin mencionar que Chizuru usaba una coleta y Ayame parecía que recién se había quitado los rulos por lo que sus bucles se veían perfectos.

-Menuda cara, hermanita.-Bromeó Chizuru.

-No creo que haya estado mala la fiesta, ¡esa fiesta nunca es mala!-Apuntó Ayame incrédula.

-¿Quién os ha dicho que estuvo mala?-Preguntó Miyako molesta.

-El que no estés chillando por toda la casa o pegada al teléfono cotilleando con tus amigas sobre quien bailó con quién nos deja mucho que pensar, pequeña.-Acotó Chizuru mientras se secaba la cara.

-Acaso, ese chico lindo del que habló Chizuru no te sacó a bailar, ¿Miyako?-Ayame empezó a hablar mientras se ponía rímel en las pestañas y luego vio como su hermana menor salía echa una furia del baño que compartían las tres-¡Miyako!

La aludida bufó molesta atropellando a su padre que se dirigía a la cocina e ignorando a su madre que la llamó a desayunar. ¿Qué podían saber ellos de la pésima noche que pasó? Cerró la puerta de un sonoro portazo y se tiró sin ganas sobre su cama. Describir como "mala" la noche le parecía poco y fue un pecado que sus hermanas mencionaran al causante de todo aquello. Todo era culpa de Ichijouji.

Él y sus malditas y molestas palabras, sabía que le desagradaba pero nunca imaginó hasta que punto.

También era culpa de Koushiro, por no ir. Seguro que si iba ni siquiera se preocupaba que el señorito perfección estuviera tan borracho que le costase mantenerse en pie. Habría bailado toda la noche del brazo de Koushiro y… en cuanto hubiera visto a Ken le hubiese ayudado. En resumen todo era culpa de ella por ser tan buena.

-Tranquila, pequeña. Yo te dije que sería difícil, no te puedes rendir a la primera.-Exclamó Chizuru detrás de la puerta.

-Si quieres saber cómo conquistarle y ser coqueta. Sabes que estoy a dos puertas de distancia.-Apuntó Ayame.

-¡No quiero conquistarle, no quiero ser coqueta, no con un tipo con el ego del tamaño del Everest!-Exclamó más irritada, recordando involuntariamente como la humilló la noche anterior. Si por ella fuese no lo volvería a ver nunca-¡Lo odio!-Agregó recordando sus palabras, su fría sonrisa y su apasionado beso. ¡Beso el cual no puede quitarse de la cabeza!, ¡Por el amor de Dios él ni siquiera debería saber besar! ¿Quién le habrá enseñado?

¡Qué le importa!

-Sí que lo quiere, ¿verdad Ayame?-Preguntó la hermana mayor a la segunda.

-Sí, pero nadie dijo que el amor fuera fácil y si el chico es como me lo describiste. Le causará más de un dolor de cabeza a la pequeña Miyako.

-¡Ánimo Miyako!, ¡nosotros te apoyaremos siempre!

-¡Cállense que las he oído!

Miyako quería chillar alto y fuerte que aquello era imposible. Ella no sentía nada por aquel petulante prospecto de Einstein, absolutamente nada. Y para él, ella era poco más que un incordio que nunca le llegaría ni a los talones.

Puto presuntuoso. Ella sabía que estaba ebrio y que debió restarle importancia, pero al contrario. Los niños y los borrachos eran quienes siempre decían la verdad. Es decir, ¡ella era un ser humano normal! A cualquier persona con un poco de sangre en las venas le molestaría saber que otra piensa tan mal de ella.

Claro que hasta antes de la bendita fiesta a ella nunca le había importado. Y ahora hasta se preguntaba qué haría para ahorrarle su molesta presencia.

¿Por qué Ichijouji podía ejercer ese efecto en ella? ¡Lo odiaba!


Sus manos no estaban quietas, no podían estarlo conforme recorrían con pericia aquel cuerpo que tanto había ansiado tocar durante la noche, al fin estaba tal y como quería, debajo de él.

No era esbelta y eso le gustaba, siempre ha preferido tener de donde agarrar. Especialmente cuando el exceso estaba concentrado en cierta parte de su cuerpo. ¡Dios! Pasó toda la noche deseando posar sus manos en ese par de cumbres que ahora, no se daba abasto suficiente. No aguantaría mucho más, llevó su boca al erguido pezón para proceder a succionar escuchando como la mujer gemía fuertemente…

El estrepitoso ruido lo despertó de un sobresalto.

-¡Diablos!

Taichi tardó varios minutos en darse cuenta de la situación en la que se hallaba, de cerciorarse que todo lo que pasó anteriormente era parte de un sueño, un delicioso sueño. Reparó en la voz femenina que había soltado el improperio viendo como una pequeña castaña yacía en su cocina recogiendo el bol que había caído ruidosamente.

-Lamento haberte despertado, hermano.-Añadió Hikari con un intento de sonrisa.-Aunque parecías estar sufriendo.

Taichi le sonrió con desdén mientras se cubría el rostro con las manos. No podía dejar que su hermanita viera su rubor y mucho menos lo que las sábanas que había colocado sobre su sofá ocultaban. Había olvidado completamente que Hikari se quedaría con él por la fiesta. Es más, ni siquiera recuerda haberla visto.

-¿Cómo llegaste acá?-Cuestionó una vez que concluía que no había visto a su hermana en la fiesta.-Es más, ¿estuviste en la fiesta?

-Si.-Contestó Hikari quedamente. Al mismo tiempo que se disponía a revolver los huevos sobre la sartén, dándole la espalda a su hermano, convenientemente para que éste no notara su rubor.-Y me trajo Takeru.-Dijo sin poder evitar que los recuerdos de la noche anterior la asaltasen.

Taichi notó algo extraño en su hermana. Sin embargo, decidió restarle importancia y aprovechar para escabullirse a la ducha y tomar un baño de agua helada.

Por su parte, la menor Yagami agradecía la desaparición de su hermano. Continuó con el desayuno y diez minutos después ya estaba todo dispuesto, justo cuando Taichi aparecía con unos pantalones y el bien trabajado torso al descubierto.

-Eres un desvergonzado.-Le reprendió Hikari.

-Y tú, eres mi hermana y a menos que seas una pervertida no debería importarte.-Añadió con burla y mirando encandilado el suculento desayuno frente a él.

-Lo haces sólo para que las solteronas del departamento de a lado babeen cuando vayas a recoger el periódico, egocéntrico.-Se burló la castaña mientras comía una cantidad mucho menor a la que devoraba su hermano.

-No en vano soy el profesor de gimnasia y el entrenador del equipo de soccer, trabajo mi cuerpo y me gusta que lo noten.-Acotó con poco interés.-Aunque eso es algo que tu apreciarás cuando Takeru acabe de darse cuenta que, no compartimos vínculos sanguíneo con él. No podría tener un hermano tan Playboy.-Hikari lo miró acusadora.-Vale, si podría. Pero no uno al que no le gustase el soccer.

Esperó que la risa de Hikari inundara su pequeño comedor. Después de todo, podría decirse que fue él quien había servido de ejemplo para el pequeño rubio, aunque nunca pudo inculcarle su amor por el soccer. En todo lo demás, el enano había aprendido muy bien. Pero su hermana no se rió.

Taichi miró como la muchacha se ruborizaba notoriamente delante de él y había dejado de comer. ¿Por qué? Trató de recapitular los últimos acontecimientos y lo que le había puesto así era un inocente comentario algo subido de tono. Pero no en vano era maestro de adolescentes y veía sus reacciones a diario, la de Hikari no podía dejar de inquietarlo.

-¿Qué ha pasado entre vosotros?-Inquirió con un deje amenazador en su tono de voz. Tenía la impresión de que no le gustaría lo que escucharía.-Porque estoy seguro que ha pasado algo entre vosotros, Hikari. Los conozco desde el vientre y basta con ver tu palidez para deducir que algo no precisamente bueno ha ocurrido.

-Nos hemos peleado.-Pensó Hikari rápidamente.

La respuesta cortante de su hermanita no hizo sino inquietarlo más. No era propio de Hikari comportarse de esa manera. Generalmente siempre era más espontanea y predecible; cuando la gresca había sido culpa de ella lloraba al contarlo y cuando era culpa de Takeru no podía evitar mostrarse muy molesta. Pero ahora, nada, su semblante era impasible y eso le preocupaba.

-Sabes que puedes contarme lo que sea.-Le recordó el mayor Yagami.

Hikari escuchó el comentario de Taichi. Dudaba que se mostrase tan comprensivo si se enteraba que se entregó a su mejor amigo. Lo conocía muy bien para saber cómo pensaba su hermano. Generalmente Taichi era muy simple y era verdad que los conocía a ambos, lo suficientemente bien como para dudar de sus palabras. Pero, así como conocía a su hermano sabía que no le sentaría bien saber lo que había pasado entre Hikari y él entre las sábanas de su habitación. Y si quería que se quedase tranquilo tenía que decirle algo.

-Vale.-Suspiró derrotada.-Me declaré a Takeru pero antes que pienses en qué traje te pondrás para la boda vale que sepas que…-¿Qué podía decirle? Ni ella sabía en que posición se encontraba.-No me ha contestado y no quiero que lo estés molestando al respecto. Pase lo que pase he sido yo la que lo ha iniciado.

-Ya veo.-Eso se escuchaba mejor, era comprensible.-No sé que decirte.-Vio como su hermana se tensaba.-Es decir, no haré la mínima insinuación a Takeru, tranquila. Es que.-Taichi llevó su mano a la nuca con aspereza. Quería decirle que Takeru no parecía estar dispuesto a dejar de ser un conquistador, no a esa edad y con esas hormonas. Es decir, le gustaba el muchacho y sabía que Hikari besaba por donde él pisaba pero eso podría llegar a ser muy dañino para ella. Los muchachos de esa edad no buscan algo serio y aunque estimaba mucho al pequeño rubio conocía de su reputación y no permitiría que le faltase al respeto a su hermana.-Al diablo, ¡suerte hermanita!-No podía decir más, a lo mejor y se equivocaba respecto al rubio.

Taichi no comprendió porque a Hikari se le llenaron los ojos de lágrimas en ese momento y corrió a aferrarse a él como si la vida dependiera de ello. Se limitó a abrazarla. Y eso que aún ni le respondían. Más le valía al enano pensarse muy bien esa respuesta. Si no estaba listo para algo serio con Hikari entonces lo mejor era que la rechace. Confiaba en que Takeru piense de esa manera, aunque le tocara volver a llenarse el pecho de lágrimas.

Finalmente alzó su vista a pesar que seguía abrazando a su hermana que gimoteaba en su pecho, percatándose de algo que no había notado. Era extraño, él se había encargado de poner un juego limpio.

-¿Qué le pasó a mis sábanas?

Afortunadamente no pudo ver el pronunciado rubor en el rostro de su hermana.


Sora se levantó hasta muy entrada la mañana y le dolía todo el cuerpo. Con razón, pensó al encontrarse nada más en ropa interior. Tenía un rostro terrible porque no se había desmaquillado apropiadamente cuando llegó. Estaba tan aturdida e impactada que tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para meterse en la cama.

Miró con enojo el pedazo de tela confeccionado sobre el piso de su recamara. ¡Ese vestido tenía la culpa de todo! Ella sólo quería darle una lección a Yagami, burlarse de él, humillarlo como él había hecho con ella y qué paso. El molesto, inmaduro, pervertido Taichi Yagami.

Se suponía que llegaría, llamaría su atención y cuando menos se lo esperase le soltaría quién era ella y él tendría que tragarse todas las palabras que había dicho de ella. Pero no pudo. Tenía miedo de qué al decírselo se rompiera el encanto.

Esa noche conoció un lado de Taichi Yagami que no se había molestado en notar. Sí, era un alocado intento de adulto. Pero también era un preocupado hermano que cada que podía buscaba a Hikari que al parecer no había asistido a la fiesta, también hablaba de su trabajo con profesionalismo; no cabía duda que le apasionaba su profesión y cuando hablaron de soccer, los ojos le brillaban de emoción.

Apasionado, en una palabra, eso describía todo lo que era Taichi Yagami. Apasionado por su empleo, por el deporte, por la vida y cuando la besó…

No pudo evitar estremecerse ante el recuerdo. Como aquel par de manos expertas recorrieron su cuerpo con pericia, lo vulnerable que se sentía con los labios de él contra los suyos, esa repentina sed que la aterrorizó antes de separarse. Quería que él continuara, quería más. Sin embargo, ese sentimiento nunca antes experimentado por ella la aterró y salió corriendo.

Ni siquiera cuando era una adolescente y tenía sus hormonas hechas un caos sintió aquel deseo por alguien más. Ni siquiera por su novio, aquel que la traicionó con su hermana. Tatewaki, su actual cuñado no había podido despertar en ella aquellos contradictorios sentimientos. Incluso cuando lo pilló con su hermana, la culpó y la llamó frígida.

Su semblante se ensombreció ante el recuerdo de aquel doloroso momento de su vida. Luego de decirle aquello le detalló lo apasionada que era Kanade en la cama, lo diferentes que eran. Como si no bastara su madre para hacerla sentir inferior. Sobre todo luego de la furtiva boda de su hermana con aquel rico y suertudo inversionista. Michiko Takenouchi no pierde oportunidad para recordarle que es una solterona asalariada y que su hermana pasa exóticos fines de semana en Nassau y viaja en el Roll Royce de su guapo marido. Su voz irradiaba orgullo cada vez que se refería a su hija menor y hablaba con tanto desdén de ella que era la mayor. Siempre fue así, desde niñas. Cuando ella se iba a jugar soccer y Kanade se quedaba en casa a aprender los diferentes arreglos florales que hacía su madre.

Como les hubiera gustado que la vieran la noche anterior, en brazos de Taichi; el mismo que, a pesar de ser tan asalariado como ella era mucho más hombre que su blandengue cuñado.

Le hubiese gustado que estuviesen los cuatro juntos y ella decir: "Soy Sora, sí, la misma Sora de la que os lleváis burlando toda la vida." Hubiera sido lo mejor del mundo.

Sin embargo, en ese momento no podía pensar en nada que no sean los labios de Taichi sobre los suyos y sus manos recorriendo su cuerpo,

Su corazón aún latía alocadamente ante el mero recuerdo de aquello. Se hallaba en una terrible contradicción, por un lado su deseo de venganza por los crueles comentarios dichos por su colega le decían que tenía que ir y decirle su identidad. Pero, se encontraba atada de manos, no podría hacerlo sin morirse de vergüenza al recordar qué tan lejos le había permitido llegar.

Taichi Yagami, por alguna razón presentía que ese sólo era el inicio de los problemas que iba a tener con ese hombre.


El guardarropas no se iba a mover de ahí y Takeru lo sabía.

A pesar de eso, no podía despegar sus azulados orbes de aquel inmobiliario. Sinceramente, deseaba que el objeto se levantara y empezara a bailar Charleston delante de él para ver si así dejaba de pensar en lo ocurrido. Sólo una impresión como tal le haría olvidar lo que hizo hace apenas unas horas atrás.

Se había acostado con una chica, pero no con cualquier chica, no. Se había acostado con Hikari, con su mejor amiga.

¡Y diablos! ¡Cómo le había gustado! Nunca, desde que se inicio en el arte del sexo había sido como cuando estuvo con Hikari. Jamás había estado tan… potente, apasionado, entregado, ni siquiera su primera vez puede compararse al orgasmo que había tenido hace unas horas. Una sonrisa socarrona apareció en su rostro, ella también lo había disfrutado, tanto o más que él. Para ser su primera vez, Dios, su primera vez. Hikari le había entregado aquel privilegio y él… no sabía qué hacer.

Está consciente que la satisfizo, llegaron juntos al clímax. Gimió su nombre y disfrutó. De eso no le cabía la menor duda pero… ella le dijo que le quería, que estaba enamorada de él. Se entregó a él sin condiciones y sin arrepentimientos. No sabe cuándo podrá borrar su rostro de plenitud cuando la dejó.

La realidad lo golpeó, dejó a Hikari sin ninguna explicación aparente, no escribió una nota o algo parecido porque no sabía lo que quería.

Hikari esperaría una respuesta, una promesa de amor que él… diablos, él no podía hacerle ninguna.

Se sentía frustrado, confundido, quería golpearse. Necesitaba ayuda, un consejo pero no tenía a nadie a quien pedírselo. Su madre seguramente iría por una licencia matrimonial y lo sermonearía por los tres días que tarda en efectuarse una boda rápida, con lo chapada a la antigua que estaba y lo mucho que adoraba a Hikari no desaprovecharía la oportunidad. Taichi, lo golpearía, mucho y no es para menos no se trata de cualquier virgen, sino de Hikari. Sólo de pensarlo le dolía el cuerpo. El hermano mayor de Hikari había sido su ejemplo, si era tan sinvergüenza era únicamente por influencia de Taichi, aunque también fue su consejero en ausencia del suyo propio.

Su hermano, Yamato.

Takeru se incorporó de la cama de un brinco y se quitó rápidamente la ropa de la fiesta para ir a la ducha. No había dormido absolutamente nada así que necesitaba una ducha bien fría. En diez minutos ya estaba listo y saliendo de su apartamento en dirección a la casa de su hermano.

Yamato intentaría sermonearlo pero él sabía algo de su intachable hermano que le impediría seguir hablando. No recurriría a él si no estuviera tan desesperado. Pero era la primera vez en su vida en que no sabía como resolver un problema que tuviera que ver con mujeres.

Porque aunque lo intentase no podía ver a Hikari como cualquier mujer. Pero le mataba darse cuenta que ya no pensaba en ella como su simple mejor amiga.


El agua escurría de su cuerpo hacía el piso y no le importaba. Se sentía muy desorientado, pero al mismo tiempo, pleno. Cómo no se había sentido en años. El simple hecho de recordar los labios de ella seguramente apretados contra los suyos lograba encender una pasión en él que creyó jamás podría volver a sentir.

Él siempre fue un hombre muy apasionado. Pero desde hace ya mucho tiempo renunció a volver a sentir aquel fogoso sentimiento. Siempre creyó que aquella parte de él se había ido con ella hace ya tres años.

El insistente timbre de la puerta lo salvó antes de que empezara ha auto-compadecerse. Sonó una, dos, tres y hasta seis veces a pesar de ya haber avisado que atendería pronto. No conocía de muchas personas que lo visitarían en su departamento. Después de todo, los únicos que saben su ubicación son Taichi y su madre. Y ésta última lo sabía porque había insistido en que le deje su dirección apuntada, los vecinos casi nunca molestaban. Aunque la viuda de Akagi iba a pedirle azúcar pasando un día.

Ante esa perspectiva decidió que lo más rápido sería ponerse unos pantalones de chándal y del apuro ir con e torso descubierto. De ser su madre o su mejor amigo no habría inconvenientes y de ser la viuda… siempre podía simular haber pasado una noche en compañía femenina.

Yamato se sorprendió visiblemente cuando al abrir la puerta se topó con un par de ojos tan azules como los suyos y con la pinta de no haber pasado mejor noche que él.

-Al menos finge no parecer tan sorprendido.-Carraspeó molesto el muchacho por la cara de estupefacción que tenía su hermano. Cómo si a él le gustara estar ahí, frente a él precisamente.

El rubio mayor salió de su estupor y se movió a su derecha haciendo un educado ademán para que Takeru pasase. Así lo hizo el menor. Entro como ido y se desplomó sobre su sofá sin cuidado alguno. Tenía el rostro demacrado y oscuras sombras aparecían debajo de sus ojos. Algo le preocupaba, estaba seguro de ello. Takeru se estaba atormentando por algo y había acudido a él para desahogarse sólo que no sabía cómo hacerlo.

Y él no sabía como abordar el tema. No sabía como tratar a Takeru. Ya no era el niño pequeño al cual llegaba con mimos y palabras bonitas. Se había convertido en un hombrecito arisco y alzado. Sin embargo, ahora lucía tan atormentado. ¿Cómo sacarle palabras a quien se encierra en si mismo?

Con paciencia. Se dijo, al recordar a cierta muchacha castaña con ojos como la miel. No pudo evitar sonreír inconscientemente.

La mente del rubio menor era otro caos. No sabía por donde empezar, no quería rebajarse a admitir que necesita que su hermano le escuche porque no tenía quien más lo haga. ¿Empezaba contándole lo ocurrido o primero lo amedrentaba con lo que sabía?

Tan sumido se hallaba en sus cavilaciones que no sintió que su hermano se acercaba a él hasta que éste posó una mano sobre su hombro.

-No te fuerces, cuando quieras hablar te escucharé.-Dijo Yamato.-No importa si es hoy o mañana y si sólo has venido a sentarte en mi sofá, pues, ponte cómodo. Iré a por algo de comer, parece que no has dormido ni comido desde ayer.

Takeru vio la sonrisa ladeada que le dedicaba Yamato y volvió a ser el crío llorón que era antes. Aquel que idolatraba a su hermano mayor, aquel que siempre esperaba que Yamato lo salvara de todo y de todos. Vio como su hermano se marchaba con dirección a la que debía ser la cocina.

-Me acosté con Hikari.

Yamato se detuvo en seco, asimilando las palabras dichas por la voz a su espalda. Regresó a verlo mecánicamente, esperando ver algún atisbo de broma o burla. Pero el serio semblante de Takeru lo hizo tragar duro.

Se regresó y se sentó frente a Takeru. Éste se lo quedó mirando esperando mentalmente que su hermano mayor estalle y empiece a reñirlo.

-Y bien, ¿Qué piensas hacer ahora?-Fue la calmada y tranquila pregunta de Yamato que tomó por sorpresa a Takeru.

-¿Eso es todo?-Contestó el aludido con otra pregunta-¿No hay gritos, reclamos o algo parecido?, no me dirás que soy un inconsciente adolescente calenturiento o algo así.

-No voy a decirte algo que ya sabes, Takeru.-Acotó Yamato sin dejar su seriedad.-No creo poder reprochártelo más de lo que tú ya te lo reprochas. Además no soy quién para juzgarte.

-Claro, un profesor que se besa con una alumna no tiene nada que reprocharme.-Añadió con amargura observando como el rostro de su hermano palidecía.

Yamato inhaló profundamente antes de tranquilizarse. Takeru estaba aturdido pero muy seguro de lo que vio. De nada serviría mentir. Además, estaba enfadado, era un niño y él era el adulto. Tenía que comportarse como tal.

-¿Quién te lo dijo?-Preguntó con voz cortante.

-Yo mismo los vi en el tejado.-Afirmó el rubio menor.

-¿Solo?-Volvió a indagar-¿Alguien más sabe de eso?

-No lo sé.-Hizo una mueca angustiada.-No sé nada, Yamato, nada.

Ahí estaba, pensó Yamato, procurando pensar claramente. Su situación podía más que él, Takeru se estaba ahogando en el cargo de consciencia. Por eso lo atacó, para defenderse. Por lo pronto, se encargaría de eso.

-¿Qué sientes por Hikari?-Preguntó olvidando por un momento que él los había visto.

-¿Qué clase de pregunta es esa?-Preguntó fastidiado Takeru. Cada vez se convencía más de que haber acudido a Yamato fue un gravísimo error.

-Una muy necesaria.-Aclaró Yamato firme.-Sé que quieres a Hikari, no lo dudo. Pero es necesario saber si sientes algo más que un amor fraternal por ella. Takeru estoy seguro que fuiste su primer amante y que ella siente algo por ti.

El rubio miró sorprendido la seguridad que reflejaba Yamato. Se aclaró la garganta antes de contestar,

-Lo sé, ella me lo dijo.-Casi escupió las palabras.-Eso no me hace sentir mejor, sabes.-Acotó mirando a su hermano con elocuencia.

-¿Quieres entablar una relación con ella?-Inquirió el rubio.-Y antes de que contestes vale que sepas que si dices que sí, tiene que ser en serio. No soy Taichi para golpearte por desflorar a su hermana.-Paró un momento para ver como Takeru se ruborizaba avergonzado.-No hay que ser un genio para saber que fuiste el primero Takeru.

Y él no pudo evitar esbozar una ladeada sonrisa de suficiencia. Él había sido el primero en descubrir a Hikari como la mujer en la que se ha convertido. Fue su nombre el que gimió mientras se rendía ante la pasión que los consumía. Por un momento el tormento desapareció dejando únicamente su orgullo.

-En todo caso.-Prosiguió Yamato.-Soy tú hermano y la balanza siempre te favorecerá a ti. Pero, no esperes que admita que juegues con Hikari. Os he visto crecer, le tengo mucho cariño y si tú no estás listo para darle una relación que ella merece, es mejor que cortes por lo sano.

-¡No quiero cortar con Hikari, es mi mejor amiga!-Exclamó francamente asustado ante aquella posibilidad.-La quiero.

-¿Lo suficiente como para ser un novio responsable y fiel de manera perenne?-Preguntó Yamato enérgico, comprendiendo que lo que necesitaba Takeru en ese momento no era compasión. Sino firmeza para tomar una decisión.-Ambos sabemos que quieres a Hikari, así como que ella merece más que pasar a ser parte de tu lista de conquistas. Ella debe recibir algo más de su primera experiencia romántica.

¡Ja! Él fue la primera experiencia de Hikari y eso nada ni nadie lo cambiaria. No podía evitar sentirse orgulloso de aquello. Aunque por otro lado las palabras de Yamato calaron hondo en su cabeza. De ninguna manera él estaba listo para una atadura como la que representaba emparejarse con Hikari. Ella no era ni la mitad de moderna que las chicas que frecuentaba, no, Hikari era pura y limpia. No aceptaría tener únicamente un interludio a su lado y él no podía abandonar su libertad.

Por mucho pesar que le causase, su hermano tenía razón.

-Entonces, ¿Qué hago?-Prácticamente arrastró la pregunta.-No puedo tener una relación con ella pero no quiero que deje de ser mi mejor amiga.

El rubio mayor vio lo fuertemente apretados que estaban los puños de su hermano sobre sus rodillas y su mirada estaba dirigida hacía el suelo alfombrado. No cabía duda que le resultaba muy difícil aquella situación y él sabía porque; sin embargo, tenía que dejar que Takeru lo descubriese solito.

-Puede que se escuche rastrero y bajo, que Hikari se lo tome mal y no te hable por un tiempo.-Empezó el profesor.-Pero con el tiempo entenderá que fue lo mejor. En honor a la gran amistad que los une, tienes que decirle la verdad, decirle como te sientes al respecto.

En el fondo, Takeru siempre supo que esa era su única opción. Pero no había visto nada más allá de que quedaría como un canalla roba virtudes ante su mejor amiga. Pero, Yamato tenía razón y ella se merecía algo mejor. Aunque la sola idea de que otro la tenga como él la tuvo hace apenas unas horas atrás le incomodaba.

-Y creo que debes hablar con ella cuanto antes, mientras más tiempo dejes pasar, más duro será.-Finalizó Yamato mientras se ponía de pie y se dirigía a la cocina.

-Supongo que tienes razón.-Admitió finalmente Takaishi mientras se ponía de pie y avanzaba por el pequeño hall dispuesto a irse.

-Espera, enseguida preparo café, se ve que lo necesitas.-Se apresuró a decir Yamato imitando a su hermano menor.

-No te molestes.-Lo detuvo el menor.-Tengo que dormir un poco para poder pensar claramente lo que voy a decir.

-Insisto.-Espetó Yamato. Aún tenían que hablar de lo que vio, lo que ocurrió entre Mimi y él la noche anterior.

Takeru se volvió a ver a Yamato y al ver la consternación en su rostro comprendió lo que se le estaba escapando. Tenía tantas ganas de agradecerle por escucharlo y aconsejarlo como de hablar con Hikari de lo ocurrido entre ellos. Así que optó por un método que sea beneficioso para ambos.

-No diré nada de lo que vi, a nadie.-Dijo finalmente.-Haré como si no hubiese visto nada. Al final, lo que hagas o dejes de hacer no es asunto mío.-Terminó con desinterés. Antes de volver a emprender su marcha. No sin antes echar un vistazo a la gran foto enmarcada sobre la chimenea.

La foto mostraba a una guapa y joven mujer con el cabello castaño y los ojos caramelo. Sin duda Kasumi, había cambiado mucho, él la conoció cuando fue la tutora de su hermano en los estudios y por esos tiempos lucía como un asustado ratoncito de biblioteca a pesar de ser incluso mayor a Yamato. A pesar de ello era divertida, torpe y toda una ama de casa.

Cuando su hermano se fue a París, siguiéndola; él no quiso saber más de ella. Lo poco que sabía de ella era por Taichi y tampoco es que supiera mucho. Más hablaban de la depresión en la que se sumergió Yamato cuando ella murió. No tenía idea que había cambiado tanto, estaba muy guapa. Se parecía a alguien, ¿a quién?

Sus orbes azules se abrieron sin ocultar la sorpresa al recordar a quien se asemejaba la mujer de la fotografía. Su mente, a pesar de lo liada que se hallaba no pudo evitar ponerse a trabajar y a entrelazar los sucesos ocurridos recientemente.

Mimi era idéntica a la difunta Kasumi.

Aún recuerda las palabras de Taichi diciéndole lo mal que se encontraba su hermano cuando ésta última murió. Si se asociaba correctamente el orden de los hechos, todo cobraba sentido.

-Sólo un ciego se no se daría cuenta del parecido de Kasumi con Mimi, ¿por eso la besaste?

Una sola oración bastó para que Yamato se planteara súbita y nuevamente lo ocurrido la noche anterior. ¿Lo hizo por eso?, ¿pensó en Kasumi mientras besaba a Mimi?, ¿fue por eso que correspondió con tanta pasión a los labios de una colegiala sin pensar siquiera en las múltiples consecuencias que aquello conllevaría?

Se sintió tan condenadamente bien, eso fue, sentir… sintió como no había sentido desde que su mujer murió. Pero, aquello se debía al parecido de la muchacha con Kasumi. No podía ser nada más, apenas era una niña, bien podía ser su hermana. Sin embargo, si sólo fuese aquello no debería de darle tantas vueltas.

-No lo sé.

No podía decir otra cosa, porque no sabía ni qué diablos sentía en esos momentos.

Takeru sintió la sinceridad en las palabras de Yamato y le extrañó notar aquella confusión en un hombre que había amado tanto a una mujer, como su hermano a su esposa. No podía ser que Yamato sintiera algo por Mimi, no tan pronto, no de manera tan abrupta. No conocía a su hermano lo suficiente como para saber qué pasaba por su cabeza.

Pero sí que conocía a Mimi.

-No soy nadie para meterme en tu vida.-Empezó Takeru.-Pero no quiero que Mimi llore por tu culpa.

Él sabía que a pesar de que Mimi trataba de aparentar entereza e indiferencia ante su cruel rompimiento y la traición de Michael. Aunque pretenda ser superficial y caprichosa para protegerse en el fondo era un pedazo de pan. De esas niñas que se ilusionan y hasta empiezan a pensar en nombres para hijos. Así eran las tres, aunque una lo pareciese menos que las otras.

-No lo permitiría.-Si estaba en sus manos ahorrarles sufrimientos a sus amigas, lo haría.-Eres nuestro profesor.

La sola insinuación enfureció a Yamato, como si él pudiera hacer algo que dañara a la frágil flor que era Tachikawa.

-Yo no quiero que Hikari llore por la tuya pero lo veo inevitable.-Añadió feroz, sorprendiéndose a si mismo.-Lo siento.-Se disculpó inmediatamente al observar como el rostro de Takeru se desfiguraba por el dolor y el coraje.-Tú lo has dicho, soy vuestro maestro.

Arrastró las palabras cuanto pudo y decidió que lo mejor era relajarse. No lograría nada con Takeru así. El joven estudiante sintió algo parecido cuando se percató de lo crueles que sonaron sus palabras.

-Menuda nochecita.-Acotó el menor con una amarga sonrisa.-Si yo me acosté con mi mejor amiga no veo porque tu no pudiste saltarte las reglas y besar a tu alumna, incluso podrías estar enamorado de ella.

La mirada de que Takeru observó que Yamato le dirigió no pudo dejarlo más atónito de lo que ya estaba. Primero sorpresa, sus pupilas se dilataron ante la impresión y… luego se ensombrecieron tanto que incluso podía sentir claustrofobia si lo miraba mucho.

-No es gracioso.

A pesar de ello, esa repentina y efímera reacción alegro mucho a Takeru.

-Vaya, por primera vez en diez años siento que vuelvo a tener a mi hermano frente a mí.-Fue un pensamiento en voz alta que dejó aún más perplejo al catedrático.

-¿A qué te refieres?

Takeru observaba como las memorias volvían a él y su hermano, Yamato salía de un profundo letargo en el que él mismo se había sometido. Un cambio casi imperceptible y que sólo alguien que lo conociera muy bien notaría. Pero, ¿Por qué esa reacción?

-Nada, gracias, hermano.

El menor Takaishi salió del piso de su hermano pensativo. Sea lo que sea que estaba ayudando a Yamato a volver a la vida estaba bien. Se lo merecía.

Aunque no podía evitar preguntarse qué habrá provocado ese cambio en él. No pudo ser lo de Hikari, puesto que hubiera estallado antes. Pudo haberle molestado que haya visto un momento de debilidad suyo cuando besó a Mimi. Porque no podía ser que se haya molestado con él por lo que le dijo. Después de todo, esa mirada lo aniquiló cuando mencionó el disparate de estar enamorado de Mimi.

Sí, eso fue lo que le molesto. Pero, ¿Por qué?

Seguramente no le gustó la idea de que él pudiera enamorarse de alguien que no es Kasumi. Porque la otra opción es que siente "algo-no-definido" por Mimi.

Pero aquello era un disparate.

Sacudió la cabeza con fuerza. Él tendría que estar más preocupado sobre cómo enfrentar a Hikari que sobre las cosas de Yamato. Sacó el móvil del bolsillo y empezó a jugar con él. Luego de pasar varios minutos parado en una esquina con el celular en las manos, lo guardó con coraje enviando a borradores las dos palabras que había escrito.

"Hikari, yo…"


Yamato tomó entre sus manos el retrato de su difunta esposa y lo observó con cautela. Sus finos dedos delinearon el perfil e su rostro, sus ojos, sus labios…

Sí, el parecido era tan grande que aterraba.

Sin embargo, cuando estaba con Mimi no pensaba en Kasumi. La ola de culpa y arrepentimiento llegó una vez que volvió a su departamento y se encontró con el retrato de su mujer.

Se sentía un canalla. Tanto por besar a una niña como por sentir que había traicionado la memoria de su gran amor. Afortunadamente no tenía que rendirle cuentas personalmente a su esposa, cargaría con ese remordimiento internamente. Mimi era algo muy diferente, era una adolescente y seguramente malinterpretaría lo que ha ocurrido. Esperaría algo a cambio.

Esperaría que él la quisiera como se merece, tal vez. Pero, eso era algo que él no podía hacer.

¿Cómo podría ofrecer algo que había muerto hace ya tantos años?

Exacto, él aún amaba a Kasumi. Si se sentía tan extraño y miserable era porque sentía que había traicionado su memoria. Si su cuerpo reaccionó como lo hizo a los besos de la joven fue porque los años de abstinencia y celibato estaban mellando en él. Tachikawa era diferente otras que habían intentado vanamente despertar su pasión por un sencillo motivo:

Ella se parecía a Kasumi. Pero, no lo era. Kasumi había muerto y nunca volverá.

Él no podría volver a querer a alguien porque su amor murió con su esposa.

Eso era lo que pasaba, tenía que convencerse de ello.

Su mente ya estaba convencida, pero, tenía que ignorar ha aquella vocecilla que en el fondo de su corazón le decía que se estaba mintiendo a si mismo.


Pasó la semana de vacaciones. Larga para unos, corta para otros. Siete días en los que nuestros protagonistas tuvieron tiempo de pensar profundamente sobre como afrontarían el nuevo trimestre. Decisiones, pensamientos y hasta juramentos hicieron con el pasar de los días.

Todo con el fin de seguir adelante para bien, de olvidar el pasado y de continuar con paso firme hasta el futuro.

Hubo, muchos llantos, frustraciones, suspiros, sollozos, coraje y profundos pensamientos.

Ninguno de ellos volvió a mencionar lo que ocurrió esa noche. Aunque necesitaban desahogarse, todos concordaron que contar lo ocurrido en la fiesta sólo acarrearía más problemas que no necesitaban. Las chicas salieron juntas como si nada hubiera pasado y Takeru siguió con su cotidiano vivir. Los tres maestros se centraron en su trabajo de corregir pruebas y arreglar notas entre otras cosas.

Sin embargo ninguno de los seis podía evitar pensar en lo que les esperaría el siguiente Lunes.

Así, terminó la semana.


Sentía como la brisa refrescaba su cuello con facilidad. También la cabeza un poco más ligera, aunque no por eso menos pensante. Con lo mucho que le costó prepararse para ir a colegio.

Hikari suspiró pesadamente. No podía quedarse en confinamiento como la semana de vacaciones que de no ser por sus amigas no hubiese visto la luz del sol y su madre hubiera empezado a sospechar y en fin, no podía esconderse y bajar la cabeza para siempre.

Ella cometió un error. Lo reconoce y aunque es difícil lo trata de superar. Lo que hizo no la avergonzará más porque… si lo hizo fue porque está muy enamorada de Takeru y aunque no es correspondida conservará ese recuerdo en su memoria por siempre. En la larga semana ha llegado a la conclusión de que no podría querer a nadie como lo ha querido a él los últimos diez años.

Debería sentirse orgullosa sin embargo, no puede evitar sentir que todos la miran como si supiesen lo que pasó entre Takeru y ella. Aquello era incómodo. Recorría los pasillos topándose a cada esquina con alguna chica que había compartido intimidad con el rubio. Muchas de ellas la odian, incluso hasta ahora. Siempre sintieron celos de la amistad entre ambos.

Tal vez si supieran lo que pasó entre ellos hace una semana se sentirían mejor. Al menos ya no la odiarían sino que sentirían lástima de ella. Porque mal o bien aquellas, "chicas fáciles" al menos fueron novias de Takeru cuando estuvieron juntos, aunque sea de mentira él les había dicho que las quería y eso que estaba segura que ninguna de ellas había llegado virgen con él.

Por su parte, ella, Hikari, la mejor amiga. Ni siquiera fue merecedora de un mensaje en una larga semana. No hizo falta que Takeru la rechazara, lo había hecho sin siquiera hacer nada.

Oh, pero si él no tenía nada que decirle ella sí que lo tenía y mucho. Sólo tenía que encontrarlo para poner los puntos sobre las íes.

La castaña apretó los libros sobre su pecho con fuerza cuando sintió como le latió el corazón ante la sola idea de encontrarse con Takeru. Tenía que ser fuerte, ya no podía ser la Hikari que se escondía entre las piernas de Taichi o de Takeru. Ahora era una mujer, en todo el sentido de la palabra y tenía que hacerse valer. Sí, eso haría.

Tan ensimismada estaba que no se fijó cuando chocó contra algo cálido sino hasta antes de perder el equilibrio y ser sostenida por unos fornidos brazos.

-Lo siento.-Musitó alzando la vista avergonzada por lo que había ocurrido.-Gracias.-Medió sonrió alzando la cabeza para agradecer a su salvador.

Sus ojos achocolatados se encontraron súbitamente con un par de azulejos que la miraban fijamente. Su corazón bombeó sangre como loco, empezó a hiperventilar y sintió su rostro tan caliente que pensó que se desmayaría en cualquier momento. Su cuerpo reaccionó inmediatamente al recordar como aquellas manos que evitaron su caída acariciaron tan febrilmente su cuerpo desnudo.

Takeru…

Él, contrario a ella lucía impasible e imperturbable. La indignación reemplazó sus apasionados recuerdos sobre el idilio compartido. Era obvio que para Takeru no había sido más que otro revolcón que agregar a su lista. Tan clara era la indiferencia que mostraba hacía ella que le… dolía.

Súbitamente sintió el deseo de gritarle, abofetearle y golpearle. Todo esto mientras lloraba su frustración y su corazón roto. Pero no podía hacer una escena, no en medio del colegio. Tenía que salvar el último vestigio de dignidad que le quedaba.

-De nada.-Contestó el muchacho luego de recoger los libros que se le habían caído a la castaña y se los entregó.

La miró fijamente, era muy guapa. Ese corte a la altura de la barbilla queda muy bien a pocas chicas. A aquella por ejemplo le sienta a la perfección, porque tiene un cuerpito menudo, parece el de una bailarina de ballet muy bien formada. Aunque, había algo que en ella que se le hacía familiar. ¿Dónde la había visto antes? La muchacha lo mira con insistencia. Lo más probable es que la nena quedó prendada de él, para variar. Suspiró internamente, en otras circunstancias la habría acompañado a su salón y coqueteado descaradamente con ella en el trayecto. Pero no tenía ganas.

Igual que siempre no faltaron chicas que se ofrecieron a acompañarlo y a dejar en claro que querían algo con él hoy, mañana, cuando pueda. Sin embargo, no le apetecía ni siquiera pensarlo. ¿Será algo raro, estará enfermo? Sí claro, irá al médico y le dirá que pidió consulta porque al parecer su libido ha bajado. Primero muerto.

Pero aquella chica era… diferente. Ella sí que hizo reaccionar su cuerpo cuando la ayudó y luego se ruborizó hasta la raíz del cabello. Algo en él reaccionó también y aunque ahora lo miraba como si fuera a golpearlo. Fue como cuando vio a la chica con el vestido negro. Su semblante se ensombreció. Hikari… aquella belleza resultó ser Hikari a quien no había vuelto a ver o a hablar desde lo ocurrido.

No iba a descartar una posible distracción para después, cuando se sienta en condiciones de hacerlo de nuevo. Regresó a ver a la castaña frente a él que lo miraba expectante. Trató de decirle algo pero no pudo, no podía coquetear con ella descaradamente. Suspiró resignado. Quizá sea porque aún no ha aclarado el asunto con Hikari.

Sí, decidió que era eso lo que le impedía volver a ser él mismo. Dios sabe que quiso y tuvo toda la intención del mundo de hablar con ella. Una vez incluso se encontró frente al piso en el que vivía la joven con sus padres. Pero, no pudo hablar, se dio media vuelta y regresó por donde había llegado.

El rubio frunció el ceño enojado. De ese día no pasaba que hablaba con Hikari y arreglaba esa situación. Se dio media vuelta dispuesto a buscarla o esperarla como sea como sea el caso.

Hikari lo vio, sus gesticulaciones denotaban su molestia al verla cerca. Y era muy propio de Takeru eso de irse sin decir nada. Así terminaba la mayoría de sus "relaciones". Las chicas que frecuentaba estaban tan acostumbradas a ese hecho que no se molestaban en indignarse o nada parecido.

¡Ja!, pero si creía que haría eso con ella está muy equivocado. Ella no era otra de sus fulanas y si bien pasará a formar parte de su interminable lista de conquistas no lo hará como las otras. No, ella tiene que decirle a Takeru lo que piensa para poder seguir adelante.

Y dejarlo atrás.

Con el corazón latiéndole a mil por hora y a paso firme se adelantó a Takeru y le tomó de la mano. Ignoró la descarga eléctrica que recorrió su cuerpo cuando sus manos entraron en contacto. Con una agilidad y velocidad increíble se escurrió entre los pasillos hasta llegar a las canchas del instituto; que nunca estaban en uso las primeras horas de los lunes.

Listo, una vez ahí se dio vuelta y observó a su perplejo amigo que no sabía como reaccionar. Estaba roja y respiraba agitadamente, recordó su valor, sus lágrimas, su ansiedad y su espera durante aquella larga semana.

-Tenemos que hablar, Takeru.

Esa voz, era jodidamente reconocible. Una terrible sensación de deja vú recorrió toda su espina dorsal. Sí, volvió a vivir la noche del baile cuando no la reconoció en satín negro. Sólo que ahora era diferente.

El rubio alargo la mano a la cabeza de su mejor amiga, ignorando como esta se ponía roja. Estaba más concentrado en como su mano acariciaba el cabello de Hikari y quedaba en blanco a la altura de la barbilla.

-¿Hikari?-No pudo evitar preguntar.

-Por favor, no empecemos con eso nuevamente.-Rogó la menor Yagami haciendo una mueca de desagrado ante el recuerdo de cómo empezó la fatídica noche de la fiesta.

No podía haber ningún error. La muchacha con el cabello corto delante de él era Hikari, su mejor amiga. Pero a la vez no lo era. ¿Qué le hizo a su cabello?, ¿Por qué se lo cortó así? Está igual a cuando eran niños, corto, muy corto. Estaba irreconocible sin su cabello largo. Ahora, parecía… una mujer.

El corte hacía ver lo larga que era su cara y se apreciaban sus delicadas facciones. Se veía diferente, menos niña, más…

Mujer…

Sin quererlo su cuerpo reaccionó violentamente cuando su mente rememoró la apasionada noche que compartieron. La noche en la que ella se deshizo en sus brazos y repitió su nombre incansablemente. La noche en la que la descubrió como mujer.

-Takeru, tenemos que hablar.

Su mujer…


La gente entraba y salía del salón sin cuidado alguno. Era como si un diez por ciento de la clase estuviese ahí mientras el resto del noventa por ciento yacía calentito en sus respectivas camas. Es que nadie debería ir a la escuela un lunes. Bueno, ella sí, pero tenía un motivo. No quería arruinar su precioso cuadro de asistencia que era intachable, eso le daba buenas miras a la Universidad.

Sí, la Universidad, la Todai. Su sueño desde los doce años. Un sueño que iba a hacerse realidad a cualquier costo. Nadie se interpondría entre ella y sus metas. Ni siquiera esos compañeros que la ven con recelo y mucho menos el petulante, arrogante y creído de Ken Ichijouji.

Pero es que, sus compañeros eran tan obvios. La miraban a ella, lo miraban a él, cuchicheaban, negaban con la cabeza. No había que ser un genio para saber qué era lo que cotilleaban. El encontronazo de la fiesta. Después de todo, ella no podría pasar desapercibida ni aunque quisiera, todo el mundo la reconoció aquel día por su pelo. ¡Dios porque no pudo ser castaña o morena!

Lo único rescatable del asunto era que parecían reacios a creerse que Ichijouji hubiese ido y como éste nunca se quitó el antifaz además de qué con la oscuridad de la noche su cabello no se notaba azul. Podía haber sido cualquiera aquel con el que se besó o mejor dicho aquel que la besó.

Salvo por la pequeña de primer año que insistía en que Ichijouji la había rechazado no había nadie más que insitiera en el asunto. Después de todo nadie imaginaría que ellos como rivales que eran acabarían de besos y seguramente si ella exponía a todos los que pasó sus compañeros se morirían de la risa sin darle tregua. Porque, se cortaba la mano a que todos ellos pensaban que ella era capaz de violar a Ichijouji pero éste jamás le pondría un dedo encima.

¡Joder! Si hasta ella pensaba así hasta antes que el muy creído del azabache la había besado a la fuerza y luego le había hecho sentir insignificante. Oh y para colmo de males, en la nueva repartición de asientos el niño genio se sentaba nada más y nada menos que a su lado. Con lo que sabe le repugna al chico.

¿Cuándo llegarían Mimi y Hikari? Era imposible que Takeru llegase temprano, pero, ¿y sus amigas? ¿Dónde estaban?, ellas no se perderían las clases y Dios, cuanto las necesitaba.

Regresó a ver a Ichijouji y lo miró con rabia. Quería gritarle y llorar al mismo tiempo. Él la miraba de vez en cuando como quien mira algo extraño.

Estaba claro que le costaba estar cerca de ella, se le notaba la incomodidad y como no, después de todo lo que le dijo. No lo dudaba.

Pues que se aguante un poco más, porque ya había pensado muy bien lo que iba a hacer y no pensaba echarse para atrás. No señor, ese asunto la atormentó durante toda la semana concluyendo horrorizada que las palabras de su rival la hirieron aunque no tenían que hacerlo.

Pero era sólo eso. Su rival había herido en su orgullo produndamente.

Tan profundamente que tocó su corazón.


Sentía ansiedad, algo muy impropio en ella. Pues bien ella siempre se ha caracterizado por su impasibilidad y su manera de pensar tan fríamente incluso en los momentos de más crisis. Eso ayudaba mucho en su profesión; que aunque muchos pensaban que era algo fácil por el poco tiempo de preparación universitaria que conlleva. En realidad no tenían ni idea de todo lo que implicaba ser maestro. Procurar que sus clases se entiendan, que la clase sea eficiente y se interese por la materia, lidiar con alumnos e incluso padres rebeldes o impacientes sin perder los estribos y conservar su posición como educadores.

Si, eran muy pocos los años de estudio que debían llevarse acabo para sacer un titulo de profesor. Pero sin duda era uno de los trabajos más estresantes y menos remunerados que podía haber. Sin embargo, era un oficio muy noble que podía ayudar a muchos jóvenes y no sólo a inculcarles educación sino también, muchas veces, a estar ahí cuando un joven necesita ayuda.

Sí, su sueño siempre fue convertirse en maestra y ayudar a los jóvenes como una vez la ayudaron a ella.

Como una vez Jyou la ayudó a ella. Él le enseñó lo bonito que era la enseñanza y lo amargo que podía ser una traición.

Jyou Kido, con su traje de sastre, su torpeza y nerviosismo natural no llamaba precisamente la atención del sexo femenino. Logró cautivarla sin esfuerzo alguno, nada más siendo como era y preocupándose por ella. Le hizo creer que la quería, que se preocupaba por ella, que era importante para alguien, qué era guapa. Que podía volver a confiar luego de la traición de Tatewaki.

Nunca pensó que detrás de su desgravado aspecto yacía un importante heredero al que su hermana no tardó en poner el ojo hasta que consiguió que dijera el sí en el altar. Todo gracias a una maquinada mentira que Jyou ciegamente creyó.

-Nada mal, profesora Takenouchi.

Una cantarina vocecilla sacó de sus cavilaciones a la pelirroja, haciéndole recordar dónde estaba. En el umbral de la puerta una pequeña, menuda y guapa castaña la miraba con un dedo en la comisura de sus labios, como si estuviera pensando o analizando algo.

-Tachikawa, ve a tu salón.-Ordenó parcamente mientras ordenaba unos papeles ya ordenados en su escritorio.

-Necesito una justificación.-Explicó la castaña risueña recorriendo con la mirada el salón de profesores.

-No justifico atrasos injustificables.-Espetó con un tono de voz amenazador la inspectora.

La castaña negó con la cabeza mientras chasqueaba la lengua.

-No, no, no.-Añadió gesticulando con el dedo índice la negativa.-Necesito una justificación para una prueba que no rendí aquel día, ¿recuerda, señorita Takenouchi?

La aludida se ruborizó ante el recuerdo de aquel día. Cuando su orgullo se fue al piso y ambas escucharon la plática entre Yagami e Ishida. Recordó su coraje y cómo planeó desquitarse; inevitablemente también recordó cómo resultaron las cosas.

Como en vez de conseguir que el profesor de gimnasia se tragara sus palabras, él la dejó a ella sin las mismas. Literalmente.

-Supongo que todo salió excelente, es decir, no podía ser de otra manera.-Mimi tanteó el terreno, quería que la inspectora le contara todo.

-Ven a recoger tu justificación en el descanso, Tachikawa.-Fue la tajante respuesta de Sora.-Ahora, a clases.

Mimi infló sus cachetes y frunció el ceño en señal de inminente enojo. A pesar de que el tono de su voz no invitaba a que la joven siguiera hablando. Tachikawa, con un elegante movimiento que la pelirroja no hubiese visto venir desató la horquilla que llevaba agarrándole su cabello corto y lo dejó suelto.

-Eso es.-Musitó satisfecha.-Está mucho mejor ahora. Los jeans son algo muy cómodo para trabajar y es muy fácil combinarlos con una blusa elegante para verse profesional. Pero me gustaría que probara colores, está bien, considero que es un gran paso el que haya dejado colgados los hábitos de monja. Pero esa blusa blanca quedaría mejor sobrepuesta o con unos tacos tal vez. Le doy un siete punto cinco.-Finalizó su análisis con deleite.-Si no me quiere decir lo que pasó, está bien.-Dijo como quien no quiere la cosa.-Pero la próxima vez que necesite un consejo más vale que acuda a mí dispuesta a contarme hasta el más mínimo detalle.-Finalizó guiñando un ojo.

-Mi horquilla….

-Queda confiscada.-Añadió triunfal la joven estudiante.-Para que vea lo feo que se siente que le confisquen las cosas.-Agregó sacándole la lengua. Dispuesta a huir lo más pronto posible, no se dio cuenta que alguien se disponía a entrar cuando ella iba de salida.

Se tambaleó, pero contuvo el equilibrio sin ayuda de nadie. Alzó la cabeza para disculparse sin esperar encontrarse con un par de ojos azules tras unos elegantes lentes.

¿Qué tenía que decir?, ¿Cómo debía reaccionar?, ¿Tenía que decir algo o esperar a qué él lo dijera primero?, ¿debía sonreír o hacerle ojitos? Su corazón latía muy rápido, ¿Qué haría el profesor Ishida?, ¿diría algo? No pudo evitar recordar como sus labios besaron los de él así como no pudo evitar que el rubor ascendiera a sus mejillas.

Yamato la miró reconociendo todos y cada uno de sus gestos, como sus ojos cambiaron de color al adquirir un brillo inusual y cómo sus mejillas se encendieron. Estaba escrito en toda su cara que no sabía qué hacer o cómo proceder. Era claro ver que ella esperaba algo de él.

Algo que él no podía darle.

-Bu-buenos.-Tonta Mimi, no te trabes.-Buenos días, profesor Ishida.-Mimi decidió saludarlo educadamente.-Nos vemos.-Añadió al salir y guiñarle un ojo.

Yamato la miró inexpresivamente notando como los ojos de la muchacha denotaban confusión. Más no por ello dejó su altivez y coquetería. No se dejó amedrentar por su mirada y eso, contra todos sus principios y pensamientos, le gustó.

Frunciendo el ceño ante su propia frustración, cerró los ojos y respiró profunda y resignadamente. Sabía que algo así podría pasar. Tenía que ser un caballero y hablar con Tachikawa, tenía que cortar ese asunto de raíz. Fue un error, su cabeza se lo decía, pero su corazón se contradecía.

-Aquí están los promedios de mi asignatura.-Informó a su superior con pesar.-Permiso.

El confundido era él. Había reflexionado toda la semana respecto a cómo proceder. Sabía que estaba mal y que tenía que terminar con ello. Pero cuando la vio y ella se puso nerviosa y le sonrió. Sus defensas se fueron al suelo, todos los argumentos que había preparado carecieron de validez en cinco segundos. Comprendiendo así que Tachikawa le afectaba.

Y no quería que sea así. No podía permitir que sea así.


El silencio que los rodeaba era sepulcral. No había nadie en los alrededores, todos estaban en clase, salvo ellos. Mirándose frente a frente con una tensión que podría ser fácilmente cortada con una tijera. Hikari lo miraba con decisión y Takeru no creía lo que veía frente a sus ojos.

-Tu cabello…-Musitó el rubio-¿Qué le ha pasado?

-Lo he cortado.-Ironizó, ¿acaso no era obvio? Takeru notó la ironía y por supuesto que lo molestó.

-No soy idiota, ¿Por qué?-Inquirió demandante. A él siempre le gustó el cabello de Hikari largo, liso, brillante y sedoso. Es más ahora que lo notaba, siempre era el cabello lo primero que veía en una chica y hasta ese día encontraba uno tan bonito como el de Hikari.

-Me gusta más así.

Mentirosa, pensó el rubio. Él sabía lo orgullosa que estaba Hikari de su cabello. Porqué se lo cortó si tanto trabajo le costó dejárselo crecer.

-No te he dicho que quería hablar por mi cabello.-Añadió acariciando su actualmente corta melena. Fue obvio que Takeru pilló su mentira y pensaba en lo mucho que le había costado dejárselo crecer. Todo porqué él había dicho que le gustaba el cabello largo. Claro que en ese tiempo era porque Yamato se lo había dejado crecer y Takeru besaba el piso por donde caminaba su hermano.-Takeru.-Inhaló antes de hablar.-Tenemos que zanjar este asunto de una vez por todas.

Ahí está, pensó nuevamente Takaishi. El momento más temido por él, aquella conversación que debió tener con ella hace más de una semana y nunca reunió el valor para hacerlo. Ahora estaba frente a él Hikari haciendo lo que él debió hacer antes.

-Hikari yo…-Aún podía arreglar las cosas hablando con ella. Ella tomó la iniciativa, como siempre dio el primer paso, ahora él podría recorrer el camino. No quería hacerle más daño a Hikari, no podía. Recordaba los buenos momentos a su lado y se maldecía por haber sido tan canalla. Eso dejando a un lado su problema por la ausencia de su líbido normal adolescente.

-Déjame hablar por favor.

La interrupción llamó su atención puesto que casi se le quebró la voz a su amiga. La vio frente a él seria, hasta un poco molesta, pero decidida aunque sus puños se apretaban tan fuertemente que temblaban. Se veía tan frágil, delicada. En otra situación él estaría a su lado, abrazándola y confortándola, diciéndole que todo irá bien, que él se encargaría de ello personalmente. Sólo que esta vez él era el causante de su malestar.

-Tú dirás.-Sinceramente estaba aterrado al darle la palabra. Sentía que si Hikari volvía a decirle sus sentimientos se iría a la mierda todo su noble acto de dejarla ir haciéndola comprender que él no es bueno para ella.

-Lo siento.-Dijo captando la atención del par de zafiros instantáneamente.-No debí haber dicho nada aquella vez, yo propicié aquello. No tienes que torturarte echándote la culpa tú solo. Para hacer… eso, se necesitan dos.-Soltó la primera parte de su repertorio como quien se quita una tirita. Ya había dicho lo más difícil lo demás entraba por añadidura. Ni siquiera se percató de cuán desencajado estaba el rostro de Takeru.-Ahora, sé que esto es tan difícil para mí como para ti y no te preocupes, con tu silencio a lo largo de la semana he entendido el mensaje a la perfección.

Takeru estaba perplejo, qué mensaje si él no había dicho nada.

-No quisiera tirar tantos años de amistad a la basura.-Continuó.-Pero, espero que entiendas cuando te digo que no podría hacer como si nada ha pasado. Al menos de momento, creo que lo mejor será guardar las distancias. Estoy segura que con el tiempo, el incidente quedará olvidado y podremos volver a ser como antes.

¡Y una mierda! Él sabe tan bien como ella que eso no pasará. No, no, no, no. Tenía que pararla, que decirle algo, pero no sabía qué.

-¿Qué dirán los demás al respecto?-Quiso golpearse cuando soltó la pregunta, pero quiso matarse cuando vio la expresión en el rostro de Hikari. Es que no podía pensar con claridad.

-Ya lo he pensado.-Su pregunta le dolió y mucho, estaba claro que eso era lo único que preocupaba a Takeru. Qué dirán los demás, que dirán los cientos de chicas que aún lo anhelan en sus camas. Para él, lo que pasó entre ellos no fue nada.-Les diremos que me confesé y que me rechazaste, que a pesar de ello queremos seguir siendo amigos pero para eso tendremos que guardar distancias.-Forzó como pudo una sonrisa.-Así que no te preocupes por eso.

Takeru se quedó, literalmente sin palabras. No alzanzaba a decir nada, ni siquiera a gesticular. La miraba como si no la conociera. Le dolía, su actitud para con él, sus calculadas palabras le dolían. Sobretodo, saber que él era el único culpable de aquel comportamiento, de aquella decisión.

Hikari interpretó aquel silencio de otra forma. El que calla otorga, Takeru estaba aceptando lo que le había dicho. Todo, hasta sus disculpas por sus sentimientos.

-Ya está, lamento haber hecho que perdieras tu tiempo.-Dijo soltando la sonrisa más falsa del mundo.-Por favor olvida lo que te dije aquella noche y si es posible olvida lo que pasó también que yo, haré lo mismo.-Se acercó a él y le dio un beso en la mejilla consciente de que pasaría mucho tiempo para que pueda volver a repetir aquel gesto de cariño.-Adiós Takeru.

Pasó frente a él con el corazón hecho añicos. Pero a la vez aliviada consigo misma. Cientos de lágrimas caían, ahora sí de sus tersas y rosadas mejillas. No se permitió llorar frente a él sin embargo, ahora que ya lo había dicho todo no había motivo para reprimir su dolor.

Ella había propuesto olvidar y seguir adelante pero cómo podría superar el gran amor que lleva años albergando en su corazón.

Takeru sintió el vacío en su pecho apenas la joven pasó por su lado fue un dolor agudo que dejó desazón en su interior. Al final Hikari le había ahorrado todo lo que tenía planeado decirle. No tuvo que explicarle porqué él no era bueno para ella.

Le pidió olvidar, algo que él también estaba dispuesto a sugerirle. Pero cuando él lo pensó no se sentía tan malo. Ahora…

Ahora se sentía vacío y completamente solo.

Como si la mitad de sí mismo se hubiese despedido dándole un cálido beso en la mejilla derecha.

-Hikari… no.

Pero ya era muy tarde, ella se había ido.


Sora prefirió ignorar aquel incómodo silencio y la tensión que se palpó al encontrarse profesor y alumna. Seguramente a Tachikawa le iba mal en la asignatura, no sería de extrañarse.

Como inspectora que era, su trabajo se recargaba al inicio de los trimestres. Tenía que ir viendo desde ya quienes estaban propensos a las suplencias porque si lo dejaba para el final podría llevarse una semana y no acabar. Fue a dejar unos expedientes en el archivador, cuando sin querer se topo frente a frente con un espejo y por consecuente, con su reflejo. Su cabello corto desgravado, según ella, caía alrededor de su cara. No le gustaba, se sentía incómoda. Quería que creciera, pero por alguna extraña razón cada vez que empezaba a hacerlo los recuerdos la abrumaban y tenía que cortárselo nuevamente.

Enfadada consigo misma por esos recuerdos, sacó de su escritorio una simple liga para papel y se volvió a recoger el cabello. Y así, se dispuso a retomar su trabajo.

-¡Lo siento!, ¡Perdón!, ¡No ha sido mi intención en lo absoluto!, es que…

Sora alzó la vista para encontrarse con un desgravado castaño que venía con su cabello más rebelde que de costumbre, una sencilla camiseta deportiva y unos pantalones de chándal.

-¿Yagami?-La pregunta fue tonta, porque no conocía a nadie más con ese extraño tipo de cabello. Sin embargo no pudo evitarlo puesto que aquel hombre frente a ella parecía más alguien que acababa de sacar a pasear a su perro que un profesor.

-¡No ha sido mi culpa!-Continuó excusándose.-Mi despertador se averió.-No mencionó que fue él quien lo hizo volar por la ventana.-Cuando me desperté resulta que las calificaciones.-Pensó un momento la mentira que soltaría.-Mi perro se las había comido.-De acuerdo, esa excusa la daba un parvulario pero es que él estaba desesperado. Ni siquiera tenía perro.-Tuve que ponerme a trabajar en ellas nuevamente porque no tenía un respaldo en la computadora y se me pasó el tiempo.-En realidad empezó a hacerlas.-Casi son las doce y…. ¿esos son jeans?

Sora observó su reloj de pulsera ante la mensión de la hora. Efectivamente ya casi era hora del almuerzo, se había pasado mucho tiempo sumida en su trabajo que ni siquiera se dio cuenta de la hora. Se enfrentó a su colega que ahora parecía sorprendido y la miraba de arriba abajo sin el menor reparo o delicadeza. Parecía que estuviera viendo una visión.

-Nada mal.-Dijo una vez terminado su estudio.-Veo que si existías cuando los inventaron.

Claro, él tenía que abrir la boca y arruinarlo todo, como siempre. Tentando su paciencia y poniendo su tolerancia al borde del abismo.

-¿Sabe qué hora es, Yagami?-Inquirió matándolo con la mirada y evitando que conteste, se adelantó.-Para venir ahora mejor no venía.

-Tienes que entender Sorita.-La llamó con aquel apelativo que tanto odiaba.-Los lunes en la mañana son difíciles, especialmente si es después de la semana de vacaciones. Creo que viene un cuarto de los estudiantes.

-¡Imagínate, no vendría ninguno si los profesores también nos ausentaramos!

-Me dirás que a ti nunca se te pegaron las sábanas.-Retó el muchacho arrimándose contra el umbral de la puerta y adquiriendo una pose provocativa y una sonrisa coqueta.-Vamos, Sora, no te hagas la difícil. No quisiera tener que usar mis encantos contigo.-Se acercó a ella y de un rápido movimiento le sacó la liga de su cabello.-Me gustan los jeans y también me gustan las chicas con el pelo suelto, So-ri-ta.-Era tan divertido molestar a la inspectora.

Esa sonrisa ladeada, volvía a dedicársela. Sin siquiera saberlo él ya había usado sus encantos con ella y ella ya había cedido a ellos como una cualquiera. Sus mejillas igualaron el tono de su cabello ante los recuerdos de esa noche. Mientras él, se mantenía tan tranquilo e impertubable.

-Que no se repita, Yagami.-Atinó a decir sin que la voz se le quebrase. Aunque por dentro estuviera muerta de miedo. No de él sino de su propia falta de autocontrol si es que él seguía con ese jueguito y esa pose de Don Juan.

-Por favor.-Añadió acercándose más. Gesto que ella respondió poniéndose de pie y alejándose lo más que podía de su escritorio.-Cualquiera que te hubiese visto pesanría que tu y yo ya fuimos amantes.-Increpó incrédulo de lo que veían sus ojos.

"Sí no lo fuimos fue porque yo no quise.". Quería decírselo, restregárselo en la cara en esos momentos. Pero no podía, estaba claro que Taichi nunca la relacionaría con la exótica pelirroja que conoció en la fiesta. No tenía ni la menor idea y eso que se podía contar a las pelirrojas en Japón con los dedos de la mano.

-Venga que lo he dicho en broma, no tienes porque parecer tan asqueada ante la idea.-Comentó molesto. No sabía porqué, es más esa cara de molestia ya la había visto antes y precisamente en el rostro de otra pelirroja. Algo tenía que tener en contra de las mujeres con ese color cabello. Sora lo detestaba y se sentía superior a él y la otra, le había uído como si fuese un leproso.-La última mujer que me vio así, al menos tenía un buen par de…-Iba a decir una palabra vulgar para una dama. Se mordió la lengua. Sora o no, seguía siendo una mujer y a él le enseñaron a respetarlas.-Atributos.

Su sorpresa fue grande cuando sus ojos se toparon con los, a la vista, generosos senos de la pelirroja que se notaban tras su blusa blanca. Era extraño, era la primera vez que los veía. Ese uniforme de reformatorio que solía llevar siempre cubría muy bien su cuerpo. El mismo que se miraba muy diferente con jeans y blusa.

-¡Fuera!, ¡Incorpórese a sus labores Yagami!-Ordenó furiosa ante el estudio de Yagami en su persona-¡Largo!

Confundido como estaba, Taichi se dirigió a la salida sin rechistar. Antes de salir regresó a verla una vez más, tratando de comprender porqué aquella estúpida idea había cruzado por su mente.

Estaba claro que la pelirroja estaba extraña. Esa ropa, ese inusual rubor, su reacción. ¡Si hasta lo ha dejado ir sin echarle un sermón eterno!

"No, Sora no puede ser. Jamás. Si fuese ella la belleza de la fiesta, dejo de llamarme Taichi Yagami."


Ken miraba con sigilo a todos a su alrededor y como murmuraban luego de verlo. Qué pérdida de tiempo. Así había sido desde que entró al plantel. Todos lo miraban con recelo y confusión. Incluso, cuando el orden de los asientos fue decidido escuchó varias condolencias para con Inoue porque se sentaba a su lado. ¿Por qué? Normalmente las chicas le sonreían como idiotas y los chicos trataban de convencerse vanamente que eran mejores que él. Ahora lo ven como si fuera Light Yagami y en el momento menos pensado sacase la Death Note para escribir sus nombres.

Cabe recalcar que es uno de los pocos Mangas en los que no considera una pérdida de tiempo el haberlo leído.

Hasta Inoue estaba rara. No hablaba y ella no se callaba ni debajo del mar. Estaba viendo a su escritorio como si éste la hubiese insultado. Una mirada muy similar a la que le había dedicado a él al verlo atravesar la puerta del salón. Aunque reconoce que la mirada de Inoue al menos era directamente hostil. Los demás lo miraban como si le hubiese salido un tercer ojo y no se lo acababan de creer.

Entre los murmullos mencionaban la dichosa fiesta y aunque se moría por saber cómo podrían relacionarlo a él con aquella festividad pagana. No iba a exponerse, sería una estupidez. Sobretodo, tomando en cuenta que al parecer nadie sabía a ciencia cierta que él estuvo en la fiesta.

Por otro lado, tenía que enterarse qué fue lo que pasó ahí. Entre lagunas mentales recuerda que Inoue lo sacó de la fiesta, le golpeó y lo aventó a un taxi. No tiene ni idea de porqué.

El timbre que anunciaba el almuerzo lo pilló desprevenido. La pereza era palpable en el ambiente, tanto así que los estudiantes ni siquiera se apresuraban en salir al almuerzo. Contraria a aquella reacción, Miyako Inoue recogió sus cosas y sin mirarlo siquiera se disponía a irse.

-Inoue, espera.

Lo dijo en voz baja, aún así, todo el curso regresó a verlos sorprendidos, expectantes. Hasta la propia muchacha de cabellos morados. Carraspeó, haciendo que los demás regresaran a sus cosas avergonzados.

-El dinero que me prestaste.-Empezó a decir, dando a entender a los demás que era sólo aquello y procedieron a salir del salón. Salvo los amigos de la muchacha.

-Yo los alcanzo luego.-Les sonrió haciéndole un ademán de que se fueran.

Todos ellos estaban o igual o más raros que Inoue. Para empezar, todos llegaron tarde. A Takeru y a Yagami les tocaron los puestos más alejados del salón y ninguno de los dos hizo el menor intento de cambiarlo, como lo hacían años antes. Hasta llegaban a pagar por ello. Y Tachikawa que entró poco antes de ellos traía un semblante cargado de pesar. Finalmente los tres se fueron dejando el curso sólo para ellos dos.

-Ten.-Trató de iniciar la incómoda plática devolviéndole el dinero que ella debió usar.-Del taxi.

Miyako lo miró ofendida. ¿Será posible que alguien sea tan inteligente y tan estúpido a la vez?

-No te lo he pedido y no lo quiero.-Aunque el taxi le salió muy caro, su orgullo valía más.

Él ya sabía que ella iba a responderle así. A pesar de ello, eso era sólo un señuelo para averiguar lo que pasó. Pero, cómo hacerlo sin parecer vulnerable, sin reconocer su debilidad.

-Respecto a lo que ocurrió en la fiesta…

-¿Te arrepientes?

Con que si había hecho algo y por la cara de la chica asume que fue algo muy serio. Su instinto de supervivencia le decía que tenía que aceptar lo que ella decía.

-Si.-Dijo firmemente.

-¿De todo?

-Por supuesto.-Añadió el moreno.-Me disculpo por cualquier grosería, espero consideres que no me encontraba en mis cabales.-Ya se había disculpado, pero no podía estar seguro de qué se estaba disculpando. Es más conociendo a la joven frente a él seguramente ella provocó todo aquello.-Así como también que lo que hice o dije tuvo que haber sido una respuesta justificada a tus acciones o palabras.

Miyako contrajo el rostro. Claro, muy típico de Ichijouji se disculpa por educación más no porque en realidad sienta lo que hizo. Aquel comentario despertó su coraje. Pero, si él podía ser un maldito bastardo y sonar como un diplomático ella también podía mandarlo al diablo y aún ser una dama.

-No te preocupes por lo que dijiste, no fue tan malo. La verdad no duele pero si incomoda.-Tanto fue su coraje que no notó como Ken se relajaba ante aquella aseveración.-Los borrachos y los niños siempre dicen la verdad así que despreocúpate.-Dijo sin emociones en la voz.-Después de esto.-Sin previo aviso ni premeditación estampó su mano contra su mejilla en una sonora cachetada.-Idiota, vete al infierno, Ichijouji.

Decir que estaba sorprendido era poco para lo que sentía. Significaría eso lo que él creía. Sí, la había ofendido. No recordaba cómo. Sin embargo, la mirada de la muchacha de cabellos morados parecía aniquilarlo sin piedad. Ahora se iba, sin haber aclarado ninguna de sus dudas. Tenía que detenerla, tenía que saber.

-El proyecto…

-Puedo hacer mi parte sola y no te preocupes por que lo arruine o algo parecido. He hablado con Koushiro y muy amablemente me guiará al hacerlo.-Informó con un tono de voz cortante.-Él es muy capaz de hacerlo y además mucho más amable.

-Él no es mejor que yo.-Bramó furiosos. Odiaba que lo compararan, con nadie.-He estudiado sus trabajos, con los conocimientos adquiridos a lo largo de los años muchas de sus teorías se van a la basura. A su edad, habré multiplicado sus logros por diez.

-Oh, sabes, no lo dudo.-Agregó venenosa.-Tienes razón, hay cosas en las que él se ha equivocado. Pero es porque Koushiro es humano no una máquina dispuesta a aislarse del mundo para complacer a los demás.-No pudo evitar alzar la voz, estaba muy molesta-¡¿Crees que tus padres reconocerán lo que estás haciendo? ¡No!-Gritó-¡Jamás apreciarán lo que has hecho para que te reconozcan porque están muy encerrados en su propio mundo para hacerlo! Y tú, tú sólo has vivido para complacerlos cuando a quien deberías complacer es a ti mismo.

-¡Cállate!-La calló y por si fuera poco gritó más alto que ella. Le costaba mucho mantener la compostura, quería chillar y hasta pegarle-¡No entiendes nada así que cállate! ¡No digas tonterías que ya sé! ¡Jamás podré ser como Osamu porque yo estoy vivo y él no!

Miyako se calló No por el tono de su voz o porque le asustase su amenaza. Sino porque no podía creer que el joven al borde de un colapso nervioso frente a ella sea el mismo impasible Ken Ichijouji que ella conocía. Parecía tan frágil, como si en cualquier momento se derrumbaría. No entendía las ganas que tenía porqué quería disculparse, abrazarlo y confortarle. Es como si hubiese olvidado todo lo que pasó la noche de la fiesta.

Sus palabras, al recordarlas no pudo evitar reír por sus sentimientos de protección para con el chico cuando él la consideraba tan poca cosa. Aunque ahora la actitud de sus padres aquel día que fue a su casa era perfectamente comprensible.

-Yo… no lo sabía.-Fue la única justificación que tenía y ya no quería estar ahí, tenía que irse, quería irse. Se supone que debía de haber salido digna y con la frente en alto, orgullosa sin embargo se sentía más bien como si fuese la peor persona del mundo. No pudo evitar regresar a ver a la espalda del joven antes de salir del salón.-Estás equivocado.-Reunió fuerzas de donde pudo y como siempre, dijo las palabras que su corazón quería decir.-Ken Ichijouji sólo puede ser Ken Ichijouji y sabes algo, no tienes que ser nadie más que tú mismo. Ahora, no te preocupes, no te molestaré más.

Esas palabras salieron de su corazón y llegaron al del joven en un vano intento de consolar al muchacho. Aunque sabía que no quería ni sus palabras ni su confort eran bien recibidas. Salió de ahí rápidamente. Tan rápido que ni siquiera pudo esperar a ver el rostro del chico sorprendido y con una expresión incomprensible.

Jamás le habían dicho aquello. Nunca nadie le había hecho sentir que lo que hacía estaba bien o que era suficiente. Nadie le había dicho unas palabras que pudieran tranquilizarlo.

Ken murmuró un "Gracias" que ella no pudo escuchar.


Mimi recorría los pasillos con grácil elegancia. Dispuesta a llegar a por su pase para rendir el examen. Estaba emocionada y no porque supiera la prueba. Sino porque era el único momento en el que podría hablar con su querido profesor sin interrupción alguna.

Tenía tantas cosas que decirle que no sabía por dónde empezar. Ni qué decirle para no lucir como una cría enamorada. "Es que lo eres", le corrigió una cantarina vocecilla interior. Rió ante sus propios pensamientos, procurando olvidar como se contrajo el rostro de su rubio maestro cuando lo saludó amenamente aquella mañana.

Seguro que no fue a ella, no pudo haber sido por ella aquel gesto tan brusco.

Con esos pensamientos positivos entró a la sala de maestros. Esperando encontrar como siempre a la pelirroja inspectora, más ella no estaba. En su lugar encontró a una silueta masculina, de espaldas a la copiadora. Ella sabía quién era. Sólo conocía a una persona con ese color de cabello y que fuese profesor.

-Yamato…

Bastó decir su nombre suavemente para ruborizarse y más aún cuando él se volvió sorprendido y la miró a través de sus gafas con esos profundos ojos azules. Se quedaron un rato así, nada más viéndose frente a frente sin decir una palabra.

Yamato se dio cuanta que eso estaba sucediendo y luego de pensarlo cuidadosamente durante toda la semana tenía que actuar de la forma más noble y caballerosa posible.

-¿Puedo ayudarle en algo, Tachikawa?-Su voz fue normal, serena. Como quien hablaba con cualquiera. No con una chica con quien había compartido un íntimo beso.

-Vine a ver a la señorita Takenouchi.-Explicó Mimi, algo confundida por su reacción.-Pero veo que no está.-Luego de meditarlo un momento decidió que lo mejor sería actuar.-No importa, me agrada verte, Yamato.-Aún no podía decir su nombre sin sentirse intimidada por el hecho. Ni siquiera le agregaba un honorífico. Era algo tan íntimo.

-Ishida.-Corrigió Yamato rápidamente.-O profesor Yamato si así lo prefiere. Es mi alumna Tachikawa, no lo olvide. Merezco su respeto.

La trataba de usted, tan distante, como dos extraños.

-Entiendo.-Dijo no muy convencida.-Dentro del instituto…

-Y fuera también.-Acotó el rubio colocándose mejor los lentes.

-Pero, nosotros…

-No hay un "nosotros".-Espetó mirándola seriamente pero sin acercarse a ella. La veía tan frágil frente a él, que dudaba de sus propios instintos si se le acercase.-No puede haber un nosotros a menos que este sea para referirse a un profesor y a su alumna.-Evitó mirarla y se odió a sí mismo por no dejar las cosas en claro, como debería hacerlo.

Mimi se quedó de piedra al escucharlo decir eso. ¿Qué quería decir?

-Tachikawa.

Una tercera voz llamó la atención de ambos. Yamato empezó a ordenar sus ya organizadas copias y Mimi simplemente apartó la mirada y se la dirigió a la mujer frente a ella.

-Señorita Takenouchi, vengo por mi justificación.

Sora miró de hito a hito al rubio y a la castaña. ¿Coincidencia? Tal vez, pero no debieron callarse al hacerse ella presente. Si habló para hacerse notar fue porque llegó justo en un momento de silencio pesado. Como si ese par estuvieran en algo o ocultando algo o estaba paranoica. Una noche que se deja tocar por Yagami y es como si se le hubiese transferido parte de su estupidez. Qué hubiera sido de haber concluido lo que iniciaron. Exilió esos pensamientos tan impuros con rapidez. Se dirigió a su escritorio y de éste tomó un sobre que lo extendió a la castaña.

-He sido muy clara, no tienes que explicar nada cuando la presentes.

-Va-vale.-Aceptó sin rechistar o sin hacer comentarios al respecto. Simplemente se dio la vuelta y dispuso la marcha.

De espaldas Sora no pudo ver como Yamato miraba de reojo salir a la joven Tachikawa con sentimientos muy contradictorios.


El almuerzo estaba inusualmente callado. Sentados frente con frente, Takeru y Hikari revolvían la comida en sus platos sin tratar de disimular que la ingerían. Mimi miraba a la nada tomando su té helado ajena a todo lo que pasaba a su alrededor, ella había llegado hace casi nada. Ninguno decía palabra, no querían hacerlo. A pesar de que ambos querían que las cosas volvieran a ser como antes sabían, en el fondo que por el momento no podrían.

Takeru se enfadó hasta con la comida. Cuánto tiempo pasaría para que las cosas volvieran a ser como antes. Cuando él y Hikari reían de las tonterías del curso o filosofaban sobre el manga de la semana. Se maldijo a sí mismo por haber cedido a sus bajos instintos y haberla seducido. Porque aunque ella diga lo contrario la culpa fue suya. Se suponía que él era el experimentado, el que debía parar. Hikari había sido pura hasta que él la tocó.

Y mierda, se sentía sumamente bien por eso. Algo que agraviaba su sentimiento de culpa.

-Es un asco.-Habló por fin sin poder soportar un segundo más aquel silencio sepulcral. De paso, llamó la atención de la castaña. La misma que volvió la vista a su comida al cabo de una fracción de segundo.

No sabía cuánto iba a poder soportar aquello. Para colmo de males no estaba Miyako para amenizar el ambiente. Especialmente ella que siempre salía con los temas más disparatados.

-Es el primer lunes después de vacaciones, al menos es fresca.-Contestó Hikari monótonamente. Incómoda a decir verdad. ¿Qué pretendía Takeru? No le había dicho que necesitaba un tiempo para asimilar lo que había pasado entre ellos. ¿Podría ser tan insensible?

Mimi los miraba sin decir nada. Era obvio que algo había ocurrido entre ese par. Pero fue lo suficientemente delicada para no abordar el tema en ese momento. Ese par solía ser muy cerrado con sus problemas.

-¿Eres tú, Hikari?

Una voz masculina llamó la atención de los tres muchachos que regresaron a ver a un sorprendido Daisuke parado frente a ellos.

-Hola Mimi, Takaishi.-Saludó a los demás presentes.

-Hola Daisuke.-Saludó Mimi quedamente.

-Motomiya.-Fue el único saludo de Takeru.

-Hola Daisuke.-Saludó la castaña sonriéndole a su amigo. Sin darse cuenta que cierto rubio se quedó mirando atentamente aquel gesto-¿Cómo estás?

-Yo bien, pero tú…-El muchacho se sentó junto a su amor platónico sin poder quitarle la vista a su cabello que apenas y llegaba al cuello en tamaño.-Cambiaste.

-Sólo me corté el cabello.-Trató de que sonara lo más casual y despreocupado posible.-Quería un cambio.-En todos sentidos, pensó con pesar.

-Pues, seguramente será un cambio positivo porque estás guapísima.-La halagó como pudo.-Aunque tu llevas ventaja porque siempre estas hermosa Hikari.

En menos de un minuto Daisuke le hecho hermosos cumplidos esperando de ella qué, ¿una sonrisa? Nada más. Mientras que de Takeru, a quién le entregó todo no había recibido ni un texto.

Se reprendió a si misma por haber vuelto a tocar el tema. Eso ya pasó y ambos tenían que seguir adelante. Fue un error, una estupidez que tenían que dejar atrás. Aunque no sabía cómo iba a hacer para sacarse todo ese amor que sentía por el rubio del pecho. Iba a conseguirlo. Estaba segura y decidida a hacerlo. Por el momento el sentido del humor de Daisuke la animará.

-Gracias, Daisuke.-Lanzó una de sus más falsas sonrisas. Lo cual al parecer animó a su amigo que empezó a relatarle lo que había hecho en las vacaciones con gran euforia.

Takeru se levantó de la mesa abruptamente cuando se cansó de escuchar los piropos de Daisuke una y otra vez. Empezaba a ponerle enfermo tanta cursilería. De cuándo acá Hikari soporta todo ello sin excusarse al servicio o pedir ayuda a alguien más. Reía con Motomiya y sus tontas bromas. ¿Cuándo fue la última vez que rió con él? Ya lo había olvidado.

-Hoy ha roto su record de tolerancia, ¿verdad?

El rubio se volvió encontrándose a Mimi junto a él, en un rincón de la cafetería donde botaba su té en un cesto de basura.

-Sí, será difícil que supere este.-Acotó Takeru como quién no quiere la cosa.

-Mira lo que le hace hacer pelearse contigo.-Agregó Mimi.-Porque seguro que están peleados, se nota en un radio de diez kilómetros. ¿Por qué Takeru, qué hiciste?

"Hikari confesó que me amaba e hicimos el amor. No hablamos por una semana y ahora me dijo que no quiere saber de mí un buen tiempo." ¿Podría decirle eso sin que le destrozara los nervios a su amiga? No, definitivamente no.

-Verás…-Pero al menos tenía una historia que contarle. La que le dijo Hikari que diga. La misma que si se ve desde cierto punto de vista, es una verdad incompleta.-Eso pasó.-Relató una confesión sencilla, sin mucho alarde ni dramatismo.

-Nunca imaginé que lo haría tan rápido. Ahora entiendo lo del cabello-Musitó Mimi más para sí que para el rubio que la miró interrogante.-Olvídalo, cosas de chicas.-Lo tranquilizó.-Sin embargo, me alegro que hallas sido lo suficientemente caballeroso como para rechazarla apropiadamente.-Comentó ignorando cómo se dieron los hechos en realidad.-Hikari se merece alguien que la quiera muchísimo.

-¿Alguien como Daisuke?-Preguntó sin poder evitar que la amargura saliera de su voz.

-Es un buen chico, educado con un vicio sano como el soccer, popular y buen mozo.-Pichó Mimi a su amigo, viendo como éste apretaba los puños.-A lo mejor ahora que la has rechazado empiece a ver un poco a su alrededor. Si no es Daisuke será otro. Hace un tiempo escuché que Minami Namba quería invitarla a salir.

-¡No permitiré que se junte con ese mujeriego del tres al cuarto!-Exclamó en voz baja pero muy solemne y decidido.-Sabes que es un picaflor sin escrúpulos.

-El ladrón juzga a todos por su condición.-Recitó Mimi, divertida ante aquel ofuscado Takeru que parecía estar a punto de perder el control de las cosas.

Ahora resulta que todos son mejores que él. Excelente. Y para colmo aquello divertía a Mimi.

-Mientras no flirtee con un profesor.-La acusó molesto por sus palabras, por su situación, ¡por todo! Pero se arrepintió al instante en el que vio como la risa cesaba y la palidez se apoderaba del bonito rostro de Mimi.

-Que tonterías dices, Takeru.-Corroboró nerviosa. Pero tratando de que no se note.-Eso sería una locura.

-Sí sólo alguien mal de la cabeza haría eso en el techo del instituto donde cualquiera podría verlos.

-Sí, un par de locos.-Corroboró.-O tal vez sólo una loca.-Reconoció con amargura.

-Mimi, ¿Qué sientes por mi hermano?-Preguntó ya sin rodeos ni tapujos. Observó como la muchacha mordía su labio inferior y contraía el rostro en una mueca de dolor. Pero luego sonrió para ella misma.

Qué sentía. Su corazón latía como un loco cuando lo veía. Pensaba en él a cada minuto libre, la semana de vacaciones se hizo eterna sin verle y cuando lo hizo se quedó muda. Ruborizada y avergonzada. Quería estar a su lado, quería hacerle reír, sentir su calor, buscar su calor. Volver a unir sus labios con los suyos.

Pero ella no volvería a enamorarse. Estaba convencida y decidida a no hacerlo. Entonces, ¿Qué pasó?

-Le quiero.-Admitió finalmente.-Le quiero de verdad.

-Es por lo de Michael.-Acusó él menor Takaishi sagaz.-Por lo que él te hizo.

-Él hizo lo que lamentablemente yo le permití hacer, sí me dañó a mí. Pero destruyo mi orgullo y no te negaré que lo de Yamato empezó con eso.-Reconoció.-Pero ya no.

-Sabes que él estuvo casado.-Inquirió viendo como su amiga asentía con la cabeza.-La quiso muchísimo, dejó todo por seguirla y murió hace un tiempo.-No mencionó el parecido puesto que sería muy cruel hacerlo.

-Lo sé.-Sabía lo ciertas que eran las palabras de su amigo.-Pero no me daré por vencida tan fácilmente, sabes lo cabezota que puedo llegar a ser. Hace apenas unos minutos ya me dio a entender que no había pasado nada. Tal vez para él fue poca cosa pero para mí no.

Takeru se quedó callado viendo la convicción reflejada en su amiga. No dijeron más. Por lo que Tachikawa asumió que la conversación había terminado. Así que le regaló una sonrisa antes de agregar:

-Vamos, que Miyako ha llegado y luce como si la hubiese rechazado Orlando Bloom.

-Para él tampoco fue poca cosa.-Acotó Takeru una vez a su nivel.-Reniega de ello pero lo sé. Y si no me equivoco significó mucho más de lo que pudieras imaginar.

-¿Por qué me dices esto, Takeru? Hace un momento me dijiste loca, indirectamente.

-Aún creo que lo estás.-Explicó ladeando una sonrisa.-Sólo por elegir a un hombre tan complejo como mi hermano.-Acotó.-Pero, también es cierto que cuando hablé con Yamato sobre esto fue como si saliera de un largo letargo en el que se confinó él solito. Volvió a la vida, fueron un par de segundos pero lo hizo. Eso, sólo puede ser bueno.

-Creí que no te llevabas bien con él.-Comentó la muchacha de ojos miel.

-Es un buen hermano, cuando está aquí.-Pensó, sin darse cuenta que lo había dicho en voz alta. Se ruborizó al instante al ver la pícara sonrisa en su amiga.-Pero no lo hago por él nada más.-Se apresuró en agregar.-Lo hago por ti. Os conozco a ambos muy bien. Mimi, conocí a Kasumi, ella y tú…

No quería que la lastimaran, no cuando estaba seguro que Yamato no ha olvidado a Kasumi por completo. Sin embargo, no puede evitar tener la firme sensación de que estaba haciendo lo correcto. Y, para bien o para mal ya lo había hecho.

-Lo sé y agradezco de todo corazón que te preocupes por mí Takeru.-Lo cortó ella.-Gracias a ti puedo volver a la carga con más confianza.

Dicho lo cual se alejó elegantemente. Decidió olvidar el incomodo episodio en el salón de maestros. Yamato sintió algo cuando la besó y por muy pequeño que fuese ese algo no iba a dejarlo pasar.

Ella es Mimi Tachikawa y nunca se dará por vencida.


-Escúpelo.

Yamato se giró para ver a su mejor amigo sentado frente a él con una gran variedad de sándwiches comprados en la cafetería y una caja de almuerzo gigante. Cabe mencionar que estaba comiendo las dos cosas al mismo tiempo.

-Eso deberías hacer tú. Comes demasiado.-Le espetó mientras comía su propio emparedado.

-Como lo que desgasto.-Se defendió Taichi.

-Y lo que desgasto yo y la mitad de los alumnos del instituto.

-Tienes envidia porque yo no tengo sobrepeso.-Se burló el castaño.

-Yo tampoco.

-Pero lo tendrías si comieras la mitad de lo que yo como.

Silencio incómodo. Cómo discutirle a Taichi que cualquier persona normal engordaría consumiendo la mitad de lo que come él.

-No cabe duda que cuando se trata de comida siempre tienes razón.-Reconoció Ishida.-Piensas con el estómago y alimentas una granja de solitarias en él.

-No sólo en eso tengo razón, también en el soccer y sé cuando al cabezón de mi mejor amigo le molesta algo.-Añadió con sabiduría.-Así que, dispara. ¿En qué tanto piensas?

-Nada.

-A otro perro con ese hueso, Yamato.-Atacó el joven Yagami.-Ya, dímelo. Sabes que puedes confiar en mí.

-No es cuestión de confianza.

-Lo sé.-Dijo Taichi.-Es algo que te está rondando la cabeza, algo que te molesta y fastidia tanto que en cualquier momento explotarías y tiene que ver con tus sentimientos.

-¿Cómo puedes estar tan seguro de eso?

-Porque he sido tu mejor amigo por más de veinte años. Te conozco más tiempo que a mi propia hermana. Y si no me dices qué diablos estás pensando te atosigaré, atormentaré y joderé la existencia hasta que lo hagas.-Amenazó con un brillo divertido en sus ojos.-Sabes que lo haré, ya lo hice una vez.

Ambos recordaron cuando Taichi fue a París, a sacar a su amigo de la profunda depresión en la que estaba.

-Menudo amigo.

-Pues no es que tengas mucho de donde elegir así que, empieza a hablar.

El rubio vio la firmeza en el rostro de Taichi, iba en serio. Sabía que no descansaría hasta que no hablase. Era un terco y un cabezota.

-Una chica me besó.-Observó cómo, por los gestos, Taichi estaba a punto de partirse de la risa. Se ruborizó y lo miró furioso.-Muy gracioso, verdad.-Comentó con sarcasmo.

-Vale, no te enojes.-Se excusó conteniendo una carcajada.-Es que esta plática ya la tuvimos hace años.-Desde siempre Yamato fue muy popular con las chicas y su primer beso fue prácticamente robado por una chica menor que él cuando tenían diez años.-Eso no es nada nuevo, a ti te han vivido besando desde los diez.

-Ja-Ja.-Ironizó el rubio.-La cosa es… complicada.-No tenía ni idea de cómo decirlo sin sonar tonto.-No había correspondido un beso desde lo de Kasumi.

En ese momento el asunto perdió su gracia y un Taichi completamente serio lo miraba con insistencia. Él sabía perfectamente que Yamato había entrado a un profundo periodo de abstinencia desde que enviudó. Celibato en toda la extensión de la palabra y no por falta de oportunidades sino porque sus fuertes sentimientos se lo impedía. Por eso, el hecho de que alguien hubiese despertado a Yamato en ese sentido merecía toda su atención, respeto y, ¿Por qué no? Agradecimiento.

-Genial.-Fue lo único que pudo decir el castaño.-Estaba empezando a creer que no habría mujer que te hiciera despertar. Dios existe.

-No es tan fácil como parece.-Contradijo Ishida.

-Claro que sí.-Rebatió Taichi molesto.-Sea quién sea esa chica debe ser especial para que hayas podido corresponderle aquel beso. No puedes dejarla ir.

-Taichi yo no…

-Lo sé, aún te duele.-Lo atajó su amigo.-Pero la vida sigue y el que esta chica se haya cruzado por tu camino es una prueba de que puedes seguir adelante.-Explicó seriamente.-Dos preguntas, ¿Le devolviste el beso?

-Sí.

-La más importante. ¿Sabías que esa chica no era Kasumi?

El rubio se quedó callado ante la pregunta. Qué si lo sabía. Había estado dándole vueltas a aquello por toda la semana. Hasta que al fin encontró la respuesta esperada.

-Sí.-Dijo finalmente.-Al principio no, lo admito. Fue como si la besara a ella.-Reconoció con amargura.-Pero después, fue diferente.-Tierno y pasional a la vez. Con una chispa única. Con Kasumi siempre fue lo uno o lo otro pero nunca ambos.

-Entonces no hay más de qué hablar. Yo de ti no pierdo de vista a aquella bruja que logró encantarte.

-No puedo. No es una mujer para mí.-Ni siquiera sabía si era una mujer aún.

-¿Está casada?-Yamato negó-¿Tiene alguna enfermedad?-Negación nuevamente-¿Es una prostituta?

-¡Por el amor de Dios no!-Exclamó horrorizado ante la idea de Mimi ejerciendo aquella profesión.

-Entonces el único problema está en tu cabeza.-Le reprendió el profesor de gimnasia.-No te digo que vayas y le pidas matrimonio. Pero, no deberías ignorar esos sentimientos que aquella chica logró despertar en ti. A todo esto, ¿Quién es la "chica"?

El timbre que anunciaba el final del descanso interrumpió la conversación en el momento justo. Yamato tomó sus apuntes y se puso de pié dispuesto a marcharse a su salón.

-No me lo dirás, ¿cierto?

-Me conoces bien Taichi, tú mismo lo has dicho.-Añadió sonriendo.-Gracias por escucharme.

No le diría a Taichi de quién se trataba. Pero sería interesante conocer su punto de vista si supiera que aquella misteriosa chica es una de sus estudiantes. Aquello era lo único que evitaba que Taichi tuviese razón.

-Ya me enteraré.-Prometió el castaño mientras se ponía de pie.-Y recuerda Yamato. Si el camino es difícil es porque vas en la dirección correcta.

Sin saber porqué, aquellas palabras bastaron para que todo lo que pensó en la semana se fuese al demonio y empezase a considerar muchas cosas. Cómo era posible que Taichi tuviera tanta razón y estuviera tan equivocado a la vez.

Mimi era una niña y por si fuera poco, su estudiante. No podía haber nada entre ellos y lo mejor sería que lo aceptara después de lo que le dijo hace unos minutos. Las cosas se simplificarían mucho.

No cree ser capaz de poder ver de frente aquella carita apesumbrada e ignorar ese fuerte impulso de abrazarle para protegerla.

Un instinto protector que creyó no volvería a sentir jamás.


Mimi observaba el reloj con impaciencia. Faltaban cinco minutos para que la jornada terminara y parecía que transcurría una hora en vez de sesenta segundos. Miró al frente. Su nuevo puesto se ubicaba en la parte central del salón. Seguía en primera fila, afortunadamente nada más que ahora estaba sentada frente a frente al escritorio del profesor.

Lo cual podía ser muy conveniente cuando tocaba clases de matemáticas. Aunque hasta ahora Yamato apenas y la ha mirado.

El timbre sonó finalmente causando exaltación por parte de los estudiantes que eufóricos recogían sus cosas sin importarles dejar algo atrás.

-No olviden que tienen la tarea en la pizarra y sigan trabajando en su cuaderno de actividades.-Añadió finalmente mientras se sentaba y se quitaba los lentes para que sus ojos descansaran de la larga jornada que había culminado por fin.

Casi con desespero salieron todos como si de un rebaño de animales se tratasen. Sorprendentemente Hikari salió a la par con Daisuke casi al final de ese grupo. Un poco más atrás iban Miyako y Takeru. Les dijo que tenía que quedarse por un pendiente y que siguieran sin ella. Takeru fue quien más tardó en irse hasta que hizo un gesto resignado y le alzó el pulgar en señal de apoyo.

Yamato no pudo ver la gesticulación entre ambos jóvenes porque se encontraba de espaldas borrando el pizarrón. Cuando se volvió, esperó encontrar el salón vacío más no se sorprendió cuando vio a la guapa castaña aún sentada frente a él.

-Hola, de nuevo.-Saludó con una sonrisa. Haciendo como si nada de lo que ocurrió en la sala de maestros hubiese pasado en realidad.

-Tachikawa, es hora de irse.-Dijo Yamato como quien no quiere la cosa.

-Lo sé.-Dijo sin cuidado.-Pero, no he dado el examen de matemáticas y aquí tengo mi solicitud.-Concluyó mostrando su perfecta dentadura.

-Puedes irte.-Indicó él serio.-Ya he pasado las notas y has ido con una muy satisfactoria.

-¿Por qué?-Preguntó ella rodeando el escritorio para quedar frente a el rubio.

-Para evitar este tipo de situación.-Dijo sin tapujos. Parándose para así impedir el acercamiento de la muchacha.-Mimi lo que pasó aquella noche fue un gravísimo error de mi parte. Algo muy poco profesional y anti-ético. Una locura.

-Cuando los sentimientos tienen que ver con las acciones, todo es una locura.-Explicó con tranquilidad.-Te quiero, Yamato.

La sinceridad con la que soltó aquella confesión lo agarró con la guardia baja. Luego de haberse repetido hasta el cansancio y haberse puesto ciento veinte motivos por los cuales aquello era un desastre y no debía ser. Nuevamente ella con su carita de princesa y su súbita confesión volvía a desarmarlo.

-Eres muy joven y muy guapa.-Empezó a decir el rubio.-Estoy seguro que cientos de chicos matarían por escucharte decirles esto.

-Pero no lo siento por todos esos chicos. Lo siento por ti.

-Acabas de salir de una relación dolorosa.

-Esto no tiene nada que ver con lo que pasó con Michael.-Dijo con paciencia.-Te quiero.

-¿Por qué?-Preguntó mirándola a los ojos.-Porque te he escuchado, porque te he prestado atención.-Empezó a enumerar los posibles motivos.-Yo también te tengo afecto como a cualquiera de mis estudiantes. Porque sólo eso puedes ser, mi estudiante y yo soy tu profesor.-Vio como el semblante de ella no cambiaba en lo más mínimo-¡Te llevo casi una década!

-¿Terminaste?-Le preguntó con completa calma y ante la falta de reacción del rubio decidió seguir.-Te quiero.-Repitió.-No me importa tener que decírtelo cien veces hasta que me creas. Te aseguro que cuando me di cuenta que te quería tampoco me lo creí. Me había jurado a mi misma que nunca más entregaría mi corazón a una relación. Pero, ya era tarde.-Agregó con una sonrisa.-Sin saberlo y sin siquiera proponértelo te fuiste metiendo aquí.-Señaló su pecho.-Sí, con tus atenciones y tu preocupación. Algo que nadie, salvo mis amigos, había mostrado por mí antes. Al menos no sinceramente.

-Mimi, yo… ya no tengo nada que ofrecerte. No tengo un corazón que darte y tú mereces a alguien que te quiera y te valore mucho.

-Tú me quieres.-Le espetó ella.-No quieres hacerlo, pero no puedes evitarlo. Lo sé porque yo siento lo mismo.-Empezaba a frustrarse. Ni de lejos lo hubiese planeado de aquella manera. Sus ojos empezaron a llenarse de lágrimas.

-Por favor no llores.-Le rogó al ver su rostro. No pudo evitar ni resistir el impulso de acercarse a ella a ofrecerle un abrazo. Sabía que estaba mal, aún así no pudo evitar rendirse ante la necesitada de consolarla.-Entiende, yo sólo te causaría dolor.-Explicó mientras le secaba las lágrimas.

-No me importa.-Dijo en voz baja y con la cabeza gacha.-Comprendo que para ti debe ser muy difícil. Sé que aún guardas sentimientos muy queridos por ella.-No podía decir su nombre.-Pero estoy segura que yo puedo ayudarte a superarlo.

-No lo creo.

-Déjame intentarlo.-Pidió terminando con la distancia entre sus cuerpos. Quedando ambos rostros a escasos centímetros de distancia.-Déjame demostrarte que aún tienes mucho que ofrecer.-Puso su mano en el bien formado pecho de él.-Aquí, aún hay algo. Está latiendo, lo siento.

-No mereces esto.-Repitió.

-Pero lo quiero.-Afirmó con convicción.-Quiero esto, te quiero a ti.-Llevó una de las grandes manos de su profesor a su pecho.-Él.-Señaló su corazón.-Me dice que te quiero y él.-Dijo señalando la mano que ella tenía en su pecho.-Me dice que puedo hacer que sientas lo mismo por mí.

Sin previo aviso. Nuevamente volvió a unir los labios con los del rubio. A la defensiva, esperando ser rechazada, más no fue así. Cómo si Yamato notara su incertidumbre y su temor, tomó las riendas del beso. Mordiendo sus labios tiernamente para que ella le diera un acceso más profundo, más íntimo.

A Mimi no le costó seguir el ritmo que él estaba marcando. Se sentía tan bien estar así. Había anhelado aquel reencuentro entre sus labios por una semana y por la urgencia con la que la besaba el rubio podía deducir que él también.

Se separaron sólo cuando el aire les hizo falta a ella. Se podía notar claramente la diferencia de experiencia entre ambos. El rubio apenas un poco azorado mientras la castaña estaba agitada y ruborizada sintiendo sus labios latir por la fuerza de aquel beso. Y un brillo en sus ojos que hizo a Yamato darse cuenta que la batalla estaba perdida cuando la dejó acercarse.

Su cantarina risa llenó el salón y presa de una emoción hasta ese entonces desconocida por ella colgó sus brazos al cuello del profesor.

-A partir de ahora, somos novios.-Sentenció firmemente.-Yamato.

Tanta emoción, aquel gesto tan impulsivo y ahora aquella risa y mirada traviesa. Creía tener todo bajo su control. No pudo evitar que su magullado orgullo tratara de rescatar aunque sea un ápice de valor.

-Espero que sepas en lo que estás metiendo.-Amenazó con voz seria y parca. Notando inmediatamente como la castaña se tensaba al escucharle.-Mimi.-Lo dijo con un tonito tan arrogante, ronco, seductor.

Y despejó las dudas de ambos al volver a capturar sus labios sólo que esta vez con aún más fuerza que antes. Se sentía lo joven que era a su lado. Se sentía vivo.

¿Sus sentimientos eran confusos? Sí, ¿Estaba volviéndose completamente loco? Probablemente.

Lo que estaba haciendo estaba mal. Legal y moralmente. Pero no podía evitarlo, era algo superior a él, algo que creyó no volvería a sentir jamás. Y la carne es débil. ¡Todo era una locura!

Sólo sabía estaba seguro de tres cosas. Uno, él aún no había superado su pérdida. Kasumi aún era parte de su vida.

Dos, era consciente que estaba haciendo mal. Pero al parecer su mente y su corazón se encontraban hechos líos.

Finalmente, la más importante, tres: Acababa de aceptar como novia a Mimi Tachikawa.

Y en esos momentos la idea no le disgustaba en lo absoluto.

¿Continuará…?


Notas de la Avergonzada Autora:

Sí, tengo poca vergüenza. Lo sé.

Pero antes de empezar con un monologo discutamos el fic. Aclaremos ciertas dudas. Sí, sé que nadie se esperaba que fuese Takeru quien los vio. Pero fue lo único que se me ocurrió para que empezasen a limar asperezas los hermanos y pues por algo el Mimato era la última escena. Takeru no podía amanecer con Hikari, Taichi lo mataba y primero lo castraba. XD

El Takari tiene que ser así. Takeru tiene que darse cuenta de lo que siente por nuestra querida Hikari. Y qué mejor que con un poco de competencia a la vista. Oh, nota importante. En Japón, las chicas se cortan el cabello cortito cuando un chico las ha rechazado. Por eso el cambio de look de Hikari. Ese par recién empieza su largo y difícil camino. Bueno ni tan largo o no sé, justo ahora acabo de pensar que Takeru no podría seguir sin Hikari xD por mucho tiempo.

El Kenyako, creo que con esto he dado el paso más significativo de la pareja. Ahora hay que esperar a ver cómo reaccionará Ken ante la reacción de Miyako. Hay que humanizar un poco al chico, pobre no la ha tenido fácil. Con ellos quiero representar algo que se mostrará más adelante y podrán entenderlo mejor. Pero creo que ellos a pesar de ser de los que más se ofenden serán de los que empezara la calma, después de la tormenta.

Taichi y Sora son un cuento aparte. Oh lo de Jyou me salió en un momento de locura. Jajaja. No sé porque, entre un par de líneas que distinguían a su cuñado se me ocurrió que Jyou era el perfecto para el rol y oh Mimi y Sora ahora tendrán mucho más en común. Ambas se enamoraron en su momento de su profesor. Tai… Tai es un cochinote Jajaja pervertido y sexy –babas- está obsesionado con la chica de la fiesta. Sin saber que la tiene tan cerca y a la vez tan lejos. No comáis ansias que para ellos también se me han ocurrido un montón de cosas. Y yo me pregunto... ¿Qué nombre se pondrá Tai? XD

MIMATO, ¡al fin! Ese par se dejó llevar por los impulsos. Yamato quiere a Mimi pero quiere a Kasumi. Ojo que él nunca ha dicho que quiera a nuestra castaña. Es muy pronto, entiéndanlo él es todo un hombre y qué hombre. A pesar de eso es joven y se deja llevar. También cabe recalcar que no es que Yamato no "pueda" estar con otras chicas, así íntimamente, sólo que no QUIERE hacerlo. Algo que no le pasa con Mimi y ella se encargará de lo demás. ;D

No olviden, esto es un MIMATO, TAKARI, TAIORA, KENYAKO. Así empezó y así terminará. Jajaja en Alquiler, siempre pensé que Hikari moría pero acá no planeo matar a nadie. Así que de que tendrá HAPPY ENDING lo tendrá!

Otra nota importantita, creo que el fic tendrá alrededor de 20 capítulos así que aún queda mucho material que desarrollar. Espero que la idea les emocione tanto como a mí.

Oh tengo BlackBerry, quién más? Jejeje Si quieren mándenme un mensaje desde sus cuentas y cambiamos los PIN.

Muchísimas gracias a todos ustedes y sus hermosos RR que siempre me inspiran a seguir adelante. Los quiero muchísimo y repito que no me he olvidado de nadie. Es más espero poder responder a sus RR y dejar RR a quienes les debo en poco tiempo.

Gracias especialmente a:

Jenn Kirsty; Rolling Girl; Grez Ian; Arashi Shinomori; MimatoxLove; FlOrEnCiA HaWkEyE; Mi Eriii! (Creo que después de tanta ausencia tendras que spamearme de nuevo u.u); jossy; Hideko Hyuga; Klaudia-de-Malfoy; jaruna-chan (Jaru-chan!); Sheccid Ishida; Majo G; Hikari x Takeru; CaintlinJeanne (Amiga querida, lo siento, dejaré RR en lo que termina la semana); sayumi-kazeki; Tachikawa de Ishida; Guille; Flowers; Mareridt; Ana Mai (Sempai n.n); 0-aThErY-0; Faty Takenouchii; Clae Ishida; Mss. H.O Veela Ishikawa; Perse B.J; Taiora's and Mimato's Fans; estefhany; Mary Flourite; krayteona; Roxa-XIII; Ella Tsukino (Gabii!); Mimi Hyuga; Vitta Love; Yuuki-Kiryuu-Kuran; Natsuki Aiko; white star; Meems-ishikawa; Mimato 196; Hikari Takaishi Hihara; LaSraDarcy…. ROW!; The Chronicles of Cissy Black; Mel; danycullenpotter; Lukas 10; Hana Echizen.

Os juro que si llego a los 400 RR subo capítulo pronto. Honor de EA (Escritor Aficionado).

Un besote y no se olviden comentar.

Sakura Tachikawa.