Capitulo 8
Cada vez que recuerdo lo que paso después de hallar aquella caja, las lágrimas no paran de caer, aun a pesar de los años, el recuerdo del rostro de mi madre enfurecido, pero al mismo tiempo lleno de dolor, aun ese recuerdo me duele.
Cuando logramos deshacernos de la bolsa que lo envolvía, cuando veríamos el contenido, fue cuando mama llego, por un momento pensé que no veríamos nunca lo quela caja contenía, pero cuando mama te pidió que saliéramos de la cocina, y se quedo sola dentro de ella, el nudo en la garganta se hizo mucho mas grande, el corazón se hizo pequeño y volví a ver tu mirada triste, el hueco en tus ojos se hizo profundo, parecía que no tenias vida, eran vacios, nunca había tendió delante de mi una mirada tan triste y vacía como la tuya en aquel momento y no supe por que, hasta que rompiste a llorar, y en mi torpe intento de consolarte pregunte el por que de tu llanto.
-no llores, bueno no se por que llores, pero si es por lo que dirá mama, yo diré que todo a sido culpa mía-
-no te has dado cuenta, pero tu mama, esta llorando a ya dentro, y su tristeza es mas grande que la mía-
No creía lo que decías, así que después de ponerle seguro a la puerta para que no salieras, entre a la cocina y abrazada a aquella caja lloraba, lloraba en silencio, jamás la había visto llorar de aquella manera, no sabia por que, pero solo pude abrazarla, tenia que hacerlo, tenia que decirle que estaba ahí. En aquel momento por primera vez me preguntaba si mis padres eran felices, yo había asumido que era así, por que jamás la había visto llorar, o había escuchado un sollozo, pero al verla ahí, sentada cayendo de sus ojos las lagrimas pero su boca no emitía ningún sonido, la duda me asalto.
Entraste tú, le tomaste una mano y con una lágrima saliendo de tu rostro pediste perdón.
-perdón, perdón, no sabía que era tan importante, perdóneme-
-por que, salgamos de aquí y verán lo que contiene esta caja-
Sus miradas eran estremecedoras, la pesadumbre no salía de mi pecho, me dolía mas que nada, y aun después del relato de mi madre el dolor se hizo mas grande, pero la decisión de que iba a estar a tu lado siempre, estando para ti para que no sufrieras lo que ella había sufrido, yo estaría ahí, siempre ante tu rechazo, ante tu aceptación, no importaría yo seguiría ahí. Mi madre abrió la caja, y el vacio en la mesa, el montón de cartas y hojas amarillas salieron de ella, las fotos de una mujer que nunca había visto, con muebles tan parecidos a los de la familia de Serena. Te miraba y te miraba y no podía descifrar lo que había en tu mirada, pero Serena lo hacia bien, realmente bien, te abrazo y te miro.
-es hermosa, debió se duro para usted, no se quien sea pero debió ser duro-
-dime como es que lo sabes-
-cuando uno tiene cáncer puede saber quien lo tiene, o al menos eso dicen en la clínica-
-era hermosa, era muy hermosa, cuando yo tenia 12 fue cuando todo empezó, los dolores, las quejas, su siempre necesidad de estar sola, el hecho de que nunca conviviera con nosotros en "los días malos"-
-es lo que me pasa a mi, jamás quise estar con alguien, en aquellos días cuando el dolor era inexplicable-
No entendía mucho cuando ustedes empezaban a conversar, fue mi madre que al mirarme desconcertado me explico.
-mi madre aquella que lo asido durante 18 años no es mi madre, esta mujer que vez en las fotos, tan hermosa es mi madre murió tan joven, aun no crecíamos y la necesitábamos tanto, nadie pudo hacer nada por ella, nadie supo hasta el día el que murió que enfermedad era la que no las arrebataba, el cáncer se la llevo-
Yo no pude aquel día, no sabia que era el cáncer y no sabia como sobre llevar que ya se hubiera llevado a alguien que mi madre amaba y que ahora sabiendo eso, supiera que podría llevarse a alguien que yo amaba. No podía con mas, pero me quede ahí sentado a su lado, mama empezó a narrarnos lo difícil que había sido para ellas y mi abuelo ver a su madre morir día a día, con los dolores tan difíciles, miro a Serena, le dio tantos ánimos que no podía creer que lo que mama viviera no le afectaba para tratar a aquella niña que vivía lo mismo que su madre.
-aun duele saber que murió así, y ver que ahora ya no es tan fácil morir por aquella enfermedad-
-así que por eso te llamaban la atención sus muebles- por fin atine a decir
-eran muebles que mi madre amaba-
-a mi padre casi no le gustan, pero ahora yo los amo más-
-lamento que les haya echado a perder su torpe aventura, y más dentro de mi prohibida cocina-
-que son aquellas hojas amarillas-
-recetas de mi madre, nadie más que yo las tienen-
-podemos hacerlas-
-no, son solo mías y cuando muera serán solo de hotaru, pero creo que puedo compartir con ustedes solo la de los panquecillos-
Habías dicho entusiasmada que si, pero el grito de tu madre y el sonido del carro de tu padre te hizo intentar salir corriendo, tu desesperación me recordó que le había puesto seguro. Lo quite y te vi salir corriendo sin mirar por la calle, el corazón se me acelero al ver a un auto venir a toda prisa y el grito desesperado de tu madre.
