If anybody could have saved me, it would havebeen you

Emma continuó siguiendo el polvo de hada por el túnel, con los sentidos siempre en alerta, lista para percibir cualquier ruido. Y había creído en ello. De verdad, por unos diez minutos había creído que habría funcionado.

Atravesó aquel laberinto siguiendo fielmente aquella huella del polvo, perdiéndose entre la fina red de agujeros de la mina, pero sin darse por vencida. Había decidido tener fe en Henry y en la magia, por una vez. E intentó no dejarse descorazonar tras los primeros diez minutos en los cuales caminó en la oscuridad. Pero después, le pareció encontrarse de nuevo en uno de los caminos por los que ya había pasado. ¿El polvo de hada podía perderse?

Porque si había una mínima posibilidad de que ocurriera, entonces, obviamente tenía que ser en ese momento. Porque Emma sencillamente tenía esa suerte. O quizás su alma gemela ya estaba muerta y la habían enterrado ahí debajo, en cualquier parte y el polvo estaba intentando cansarla, para que se rindiese. Pero a continuación pasó la cosa más extraña que podía haber pasado. El polvo entró en una de las paredes, infiltrándose en la tierra y atravesándola.

Al principio, Emma pensó que aquel era el fin. Que ella, obviamente, no podía atravesar las paredes, ni siquiera aquellas de tierra, así que no había más que hacer. Pero después, recordó lo que le había pasado a Elsa. Había hecho explotar una pared que la había conducido a la playa. El mapa de aquellas minas era una locura, no había manera de saber dónde se encontraba. ¿Y si el polvo de hada no se había perdido ni se había equivocado de persona?

Quizás las vueltas en círculo eran porque estaba intentado conducir a Emma a través de aquella pared, pero debido a la testarudez de la rubia en no comprender a dónde tenía que ir, sencillamente había decidido mostrárselo. Había una esperanza, aunque pequeña, que tras aquella pared de tierra estuviera Regina. Viva. Lista para ser salvada. Emma cerró los ojos, inspirando, lista a hacer volar la pared con su magia. Cerró las manos, abriéndolas bruscamente alzándolas hacia delante. Un ruido sordo retumbó por las galerías mientras la pared que tenía delante se convertía en polvo.


En cuanto el corazón fue introducido en su sitio, dentro de su pecho, Regina percibió una sensación extraña recorrerla. Un calor diferente a cualquier otra cosa que hubiese sentido se irradió de su corazón y se extendió a sus brazos, piernas, cabeza. Se sentía como si durante toda la vida hubiera estado en una semi vigilia, en la que veía todo lo que la rodeaba de manera confusa y desenfocada, pero en aquel momento ya no lo estaba. Todo estuvo repentinamente claro. Las cosas encajaron perfectamente en su lugar. Todo estaba donde tenía que estar.

Maléfica miró estupefacta cuando una tenue luz brilló en el pecho de Regina, exactamente en la zona donde se encontraba su corazón. Regina inspiró, cerrando los ojos y alzando el rostro. Un instante después, la luz de su pecho se debilitó, la gruta volvió a ser sombría.

«¿Quieres decir tus últimas palabras?» preguntó Maléfica con una sonrisita, el bastón dirigido hacia su dirección.

Regina alzó lentamente la mirada. Una luz intensa brillaba en sus ojos. Entonces sonrió. Pero no era una de las habituales sonrisas que había dirigido a Maléfica durante su secuestro. Era una sonrisa sincera y tan pura que, seriamente, incomodó a la bruja.

«Gracias» susurró lentamente

Su voz estaba embargada de algo, tenía una nota particular, que Maléfica tardó un poco en reconocer. Pero cuando lo logró, algo en ella se paralizó

Regina era feliz.

«¿Por qué diablos sonríes?» preguntó con rabia

«Puedo sentir de nuevo todo lo que había olvidado» murmuró, sin lograr dejar de mostrar la alegría que sentía «Puedo sentir lo que contiene mi corazón ahora que se ha liberado de sus culpas»

«¿Por qué eres feliz?» gritó Maléfica «No debía funcionar así, ¡estás a punto de morir!»

«Pero no importa» susurró Regina con tono reverente, sin el mínimo miedo «No importa porque hoy muero como la muchacha de dieciocho años que tenía por delante un futuro lleno de felicidad, que tenía esperanzas y fe en el destino. Muero sabiendo que soy amada. Ese es el regalo más valioso que podías hacerme»

«Cállate» ordenó Maléfica con un grito agudo «Estate callada» repitió, la voz cada vez más furiosa «¡No eres amada, Regina, nadie te ama! ¡Toda la ciudad te odia!»

«Mi familia me ama»

«No, ellos no son tu familia, ninguno de ellos es de verdad tu familia»

«Sí lo son» Regina sonrió de nuevo, la certeza de esa verdad, que habría tenido que debilitarla, en cambió la hizo más fuerte que nunca «Era el destino que lo fueran. Era el destino que Blanca formase parte de mi vida, antes como hijastra, después como madre de Emma. Era el destino que Henry tocase mi vida y me cambiase tan profundamente. Era el destino que trajese aquí a Emma y rompiese mi maldición, solo porque destruyendo aquella falsa felicidad podía, finalmente, tener una verdadera. Podía, finalmente, tener el privilegio de conocer a Emma, el toque de su mano, el calor de su cuerpo, la suavidad de sus labios. La felicidad desarmadora causada por el amor»

Mientras hablaba, una pequeña luz había vuelto a brillar en su pecho y a medida que el discurso iba avanzando, se engrandecía cada vez más, iluminando primero toda la mitad izquierda de su tórax y después comenzando lentamente a irradiarse al otro lado, hacia el hombro y hacia la mitad derecha de su pecho.

«¡Emma Swan no te ama!» gritó Maléfica al máximo de su voz, intentando mostrarse lo más aterradora posible. Regina rio a pleno pulmón, porque sabía hasta qué punto Maléfica se estaba equivocando. «¡Ella no está aquí, no ha venido a salvarte, no ha venido a por ti, no ha logrado encontrarte! Simplemente se ha rendido, como todo el resto del mundo»

Regina sacudió la cabeza, una sonrisa se dibujaba en ahora sus labios.

«Si alguien hubiera podido salvarme, habría sido ella» Cerró los ojos, recordando el toque de su mano en su propia mejilla, la sensación de sus labios en los suyos o sobre su frente. La luz cándida continuaba difundiéndose por su cuerpo «Y lo ha hecho» susurró «En tantos modos, Emma me ha salvado. Me ha salvado aunque yo no quería dejárselo hacer. Incluso de la persona a quien más temía en el mundo. De mi misma»

«Basta» el grito de Maléfica resonó dentro de la caverna «Ella no te ama»

Regina, por primera vez en tantísimo tiempo, aceptó con fe ciega lo que su corazón le estaba diciendo. Abrazó el sentimiento que estaba estallando dentro de él para después envolver todo su cuerpo y su mente. Finalmente lo había comprendido.

«No importa. Lo que importa es que yo la amo a ella, tan profundamente que mi vida ha cambiado solo con su presencia. La miro y mi corazón estalla en mil emociones indescriptibles. Soy una persona mejor, por mérito suyo. Por mérito del amor que siento por Emma» Miró hacia su propio pecho, viendo la luz blanca que emanaba de su corazón. Era magia blanca «El amor por Emma me ha vuelto fuerte» se dio cuenta.

Regina se dio cuenta de que la magia blanca evocada por el amor que sentía en ese momento era tan potente que podía sobrepasar la magia negra de Maléfica. Incluso el hechizo que tenía aprisionados sus tobillos y muñecas. Las cuerdas que la mantenían atada se soltaron sin el más mínimo esfuerzo. Se puso de pie cuidadosamente, sin esfuerzo a pesar de todas las heridas que tenía encima.

«¡No!» gritó Maléfica. Había estado tan cerca.

Regina levantó su mano hacia delante y su adversaria fue incapaz de moverse.

«Gracias por todo lo que has hecho por mí, vieja amiga» el tono sincero de la voz de Regina enfureció sobremanera a Maléfica.

«No ha acabado» chilló «Obtendré mi venganza, volveré para reclamar tu corazón y tu magia y para maldecir a esta ciudad por completo. Y esta vez no cometeré los mismos errores»

Regina, aunque mantenía un agarre firme sobre ella, aún estaba débil y herida, al extremo de sus fuerzas y prácticamente ya casi rendida al destino de su muerte. Por todo eso, lo único que necesitó Maléfica fue un momento de distracción. Precisamente en aquel momento la pared de la derecha de Regina explotó y los fragmentos de tierra causaron una débil nube de polvo. Maléfica, aprovechando el perfecto momento, se disolvió en un torbellino de humo negro.

Cuando la cortina de polvo se difuminó, Emma corrió hacia dentro de la sala, mirando alrededor impaciente. Enseguida la vio, de pie, en el centro de la caverna, temblorosa. Cayó de rodillas. Después giró la cabeza en su dirección. Entonces, Emma vio la mitad izquierda de su rostro, morada y sangrante, hinchada. Sus ropas estaban desgarradas y sucias de tierra y sangre. Emma se precipitó a su lado, dándose prisa en arrodillarse junto a ella y socorrerla antes de que se derrumbase del todo.

«Emma» susurró ella, una pequeña sonrisa se dibujaba en sus labios. Apoyó una mano sobre su mejilla, acariciándola con el pulgar.

«Regina» sus ojos se llenaron de lágrimas

«Mi deseo se ha cumplido»

«¿Qué deseo?»

«Volver a verte en persona una vez más»

Emma estrechó el agarre sobre ella, intentando desterrar las lágrimas.

«Siento haber tardado tanto»

Regina movió la cabeza, con su sonrisa aún en sus labios

«Tu sincronización es perfecta»

Emma sintió un nudo en la garganta.

«No lográbamos encontrarte. No sabíamos cómo. Queríamos solo salvarte»

Aquellas frases eran inconexas y no tenían mucho sentido, pero Regina, de todas maneras, comprendió lo que Emma estaba intentando decirle.

«Si alguien hubiera podido salvarme, habrías sido tú»

Y Emma comprendió que nada en el mundo se podía comparar con lo que sentía en ese momento por Regina. Nunca había pensado de alguien que era bellísima aun con las ropas rotas, cubierta de fango. Nunca había sentido la falta de alguien como había sentido la de Regina hasta el momento justo antes de abrazarla. Nunca había sentido una felicidad tan absoluta y profunda solo escuchando la risa de otra persona. Era solo Regina la que le hacía sentir esas cosas. Y Emma estaba segura, nunca había estado tan enamorada de alguien como lo estaba de ella.

«Te amo Regina»

No encontró otra cosa que decir. Solo quería que lo supiera. Pasara lo que pasara, quería que Regina supiera lo que sentía por ella. No tenía tiempo de decir otra cosa, pero no importaba. Algo en el tono de su voz, en sus ojos, en el modo en que la estaba abrazando, algo le dio a Regina la certeza de lo que sentía Emma.

«Yo también te amo»

La piel de su rostro estaba anormalmente pálida, sus ojos estaban cansados, y su cuerpo estaba tan frágil. Emma inspiró, intentando tragarse el nudo que tenía en la garganta. Después, se inclinó hacia ella, y la beso en los labios. De repente, fue día en plena noche. Aquel beso fue nieve en agosto, fue un recuerdo de algo que aún tenía que ocurrir, fueron miles de sonidos juntos y al mismo tiempo atónito y asombroso silencio. Fue todo lo que había en el mundo y al mismo tiempo no fue bastante, algo dentro de ellas gritaba para que le fuera concedido más o nada en absoluto. El Amor Verdadero por sí solo ya era magia muy poderosa. Pero si esa magia era realizada por la bruja más poderosa que había y el producto del Amor Verdadero, algo indescriptible, por fuerza, tendría que suceder.

Cuando se miraron de nuevo a los ojos, ambas sintieron, por primera vez, el peso de lo que había pasado a su alrededor. Dos muchachas perdidas, que no sabían muy bien cómo amar, que estaban acostumbradas toda la vida a huir de cualquier forma de esperanza o amor, se encontraban, la una delante de la otra, sin más defensas, sin posibilidad de tragarse sus palabras y volver atrás. Lo más absurdo fue cuando se dieron cuenta de que ninguna de las dos quería hacerlo. Que estaban listas para caminar hacia delante.

«Me has salvado» susurró Regina

«Te has salvado sola» la contradijo Emma con una sonrisita «Habías hecho todo el trabajo cuando llegué»

Regina sacudió la cabeza

«No, Emma. Mírame. Me has salvado»

La mirada de Emma voló por su cuerpo, constatando que ya no había heridas en su rostro ni cortes en sus manos. De nuevo había curado a Regina con un beso.

«¿Sientes dolor?» preguntó rápidamente

«Ya no. Me siento terriblemente cansada»

«Vamos a casa»

Sin esperar respuesta, Emma se puso en pie, ayudando a Regina a hacer lo mismo y sosteniéndola mientras caminaba hacia el ascensor en que había llegado Emma y que las llevaría a la biblioteca. Solo cuando estuvieron dentro, Emma se dio cuenta de lo que las esperaba arriba.

La verdad.

Ahora estaba al descubierto, incluso su hijo, comprendían perfectamente el uso del polvo de hada. Y Blue, aunque solo fuera por la maldición, durante 28 años había sido una monja. Y todos sabían la verdad.

Emma deglutió, intentando decir algo, pero no consiguió ni siquiera abrir la boca cuando el ascensor se paró y Regina se movió hacia la salida.

El brazo izquierdo de la morena estaba alrededor de sus hombros, mientras el de Emma envolvía la cintura de la otra, ayudándola a caminar. Sus heridas podían estar curadas, pero no comía desde hacía días y se sentía de verdad cansada, como si no hubiera dormido por diez años.

David, Mulan, Belle y Aurora estaban sentados en una de las mesas de la biblioteca, Henry estaba sentado sobre la misa mesa, mirando hacia el ascensor, Blue estaba apartada, de pie, en silencio, mientras que Blanca y Ruby estaban nerviosamente recorriendo la estancia de arriba abajo.

Cuando escucharon el ruido de las puertas al abrirse, todos los ojos se dirigieron como saetas hacia la dirección de la que provenía el ruido. Nadie habló, nadie se movió, todos tenían miedo incluso de respirar.

Cuando Emma salió del ascensor con Regina a su lado, de nuevo, el primero en moverme fue Henry.

«¡Mamá!» corrió hacia ella, lanzándose a sus brazos. Ella pasó el brazo libre a su alrededor, apoyando el mentón en su cabeza, sonriendo y cerrando los ojos. «Lo sabía» se alejó, mirándola a ella y después a Emma, y de nuevo a ella durante unos segundos «Dije que funcionaría» con una sonrisa orgullosa, la abrazó de nuevo «el polvo de hada nunca se equivoca»

Regina frunció el ceño, mirando a Emma

«¿Polvo de hada? ¿Así me has encontrado?»

Ella desvió la mirada, mientras sus mejillas se coloreaban con un leve tono de rojo.

Henry se separó de nuevo, dispuesto a contarle toda la historia, pero se quedó sin palabras cuando dos brazos se cerraron veloces alrededor de su madre, tomando su lugar.

«Blanca, afloja el agarre, Regina está muy débil» murmuró Emma, que en realidad tenía miedo de que Regina la hiciera volar hacia el otro lado de la biblioteca.

«Supongo que, solo por esta vez, los abrazos vienen bien» la tranquilizó Regina con tono estoico, llevando con inseguridad su propia mano libre hacia lo alto, dando dos palmaditas en la espalda de Blanca Nieves, antes de dejarla simplemente apoyada y apretando suavemente.

Blanca se separó tras algunos segundos, con lágrimas en los ojos.

«Doy las gracias por que estés bien»

Regina deglutió, intentando, de nuevo, romper el nudo que tenía en la garganta, y asintió. Su estúpido corazón imbuido de magia blanca le estaba haciendo difícil encontrar una respuesta irritante. Antes de que pudiera procesar el primer abrazo, llegó un segundo, tan fuerte como el primero.

«Miss Lucas»

«Has usado el plural, abrazos. Y además Blanca ha tenido uno, y yo no he intentado mandarte a la hoguera»

Regina rio, devolviendo el abrazo.

«Bah, yo nunca te he lanzado una maldición del sueño»

«¿Ves? Podemos, sin duda, ser buenas amigas»

Ruby se alejó, dejándola libre y le sonrió

«También yo estoy feliz de que estés bien»

«Gracias…» estaba a punto de usar el apellido, como de costumbre, pero sonaba tan formal ahora, después de todo lo que habían pasado juntas «…Ruby» dijo al final, devolviéndole la sonrisa.

Miró a su alrededor.

Realmente había personas que la querían, Maléfica se había equivocado. Había personas que la habían buscado y que se habían preocupado por ella. Su familia y sus amigos.

«Gracias a todos»

Blanca movió la cabeza

«No se abandona a nadie, somos una familia»

Henry la abrazó de nuevo.

«Te he echado de menos, mamá»

«Yo también te he echado de menos, tesoro» le dio un beso en la cabeza, sonriendo.

«Ahora vamos a casa. Creo que Regina necesita dormir y al menos una comida completa» la alentó Emma.

«Y una ducha de tres horas» añadió la morena

«¡Regina, dios mío, estás sangrando!» notó repentinamente Ruby, viendo las ropas cubiertas de sangre.

«No, no, Emma me ha curado. Estoy bien. Solo estoy muy cansada»

«Emma te ha curado» repitió Blanca, frunciendo el ceño mirando a su hija «No sabía que fueras capaz»

«Tampoco yo, si te es de consolación» bromeó Emma con una sonrisa

«¿Cómo es posible?» escucharon una débil susurro, una voz apartada

«Blue» dijo Regina «No te había visto»

«¿Cómo es posible que tú, entre todas las personas, hayas logrado redimirte?» preguntó, dando un paso hacia delante, pero manteniendo la cabeza baja «Tras todo el mal que has hecho, ¿cómo es posible? Hay personas que comenten un sencillo error y después pasan la vida intentando repararlo, mientras que, tras todo lo que nos has hecho pasar, tú sencillamente puedes tener de nuevo un corazón puro. ¿Cómo es posible?» repitió por enésima vez.

Regina inspiró, intentando encontrar la fuerza para enfrentar aquella conversación.

«Primeramente, mi corazón no es puro. Ese es el motivo por el que Maléfica lo quería. Tengo dentro de mi tanto las cosas buenas que he hecho como las malas, cada acción mía forma parte de mí. Tendré que convivir con mi oscuridad por el resto de mis días. Y habrá días en que caeré de nuevo, seguro» admitió, casi con ligereza «Pero serán pequeños errores, que seguiré intentando remediar el resto de mis días. La redención no es nunca un fin en sí misma. Es un proceso que dura toda la vida, mis errores continuarán persiguiéndome y haré lo mejor que pueda para ser una mejor persona y reparar todo lo que he hecho. La redención nunca acaba. Lo que hizo Maléfica fue un hechizo para acelerar el proceso por el que mi corazón se libera de la magia negra. Pero no significa que no vuelva. Mi corazón se manchará de nuevo» suspiró «Pero está bien así. Porque esta vez combatiré la oscuridad que forma parte de mí, no me dejaré convertir de nuevo en parte de ella»

Nadie se atrevió a decir una palabra.

«No causaré nunca más aquel dolor» dijo con resolución «Ahora sé que no importa lo profundo que pueda caer, siempre estarán a mi lado las personas que amo para ayudarme a ponerme en pie»

Su mirada encontró la de Henry y se sonrieron con complicidad.

«Finalmente» le dijo, revirando los ojos, pero sonriendo «Te lo estoy intentando hacer comprender desde, bueno, desde siempre»

Regina reviró los ojos casi de la misma manera a como lo había hecho Henry segundos antes, y Emma se preguntó cómo era posible que se pareciesen tanto. Ella le acarició una mejilla

«Te quero tanto, Henry»

«También yo te quiero mucho, mamá»


Cuando llegaron a casa, Regina consiguió recorrer el sendero sin ayuda de Emma, aunque la rubia se quedó a su lado durante todo el trayecto, lista a ofrecerle su ayuda a la mínima señal.

«¿Podrías quedarte?» preguntó Regina cuando estuvieron en el interior de la casa «Mientras me doy una baño caliente, así le echas un ojo a Henry, protegerlo si pasa algo»

«Claro, me quedaré siempre que me necesites» respondió inmediatamente con una pequeña sonrisa.

Regina se la devolvió, reflejando la inseguridad de Emma en la propia. Sin añadir nada más, se encaminó hacia las escaleras, mientras que Emma apoyaba una mano en el hombro de Henry, conduciéndolo hacia la cocina.

«Ven, chico. ¿Por qué no preparamos algo de comer?»

«Genial idea, mamá estará hambrienta»

Emma sonrió, de nuevo, con un poco más de decisión.

«¿Qué debemos preparar en tu opinión?»

Él se quedó pensando en la pregunta unos instantes, después se encogió de hombros.

«Echemos un vistazo a la nevera» propuso la rubia

Mientras, Regina había llegado al baño. Dejó que la bañera se llenase, mientras se quitaba la ropa. Solo cuando estuvo inmersa en la tibieza del agua caliente se dio cuenta de lo verdaderamente cansada que estaba.

Cada músculo estaba dolorido, cada centímetro de su cuerpo estaba tenso. Se esforzó en relajarse, dejando que el agua arrastrara hacia fuera la tensión de su cuerpo. Cuando el calor comenzó a disiparse, decidió salir.

Envuelta solo en la toalla, volvió a su habitación, para coger ropa limpia. Se vistió con la misma lentitud con la que se había quitado la ropa, aún dolorida y cansada, a pesar de que el baño caliente la había revigorizado. Un toque ligero en la puerta la distrajo de su elección de zapatos.

«Adelante» dijo rápidamente, eligiendo un par al azar. La puerta se abrió lo mínimo indispensable para hacer pasar una voz, sin que la persona a la que pertenecía se mostrase.

«Regina, cuando quieras, la cena está lista. Quiero decir, si quieres. Si tienes hambre, eso»

La morena sonrió entre dientes ante aquel tierno balbuceo, se puso rápidamente los zapatos y abrió la puerta mirando a Emma con una sonrisa. Ella alzó tímidamente la mirada.

«Sincronización perfecta, querida»

Emma le devolvió la sonrisa

«No te esperes nada que se acerque ni de lejos al sabor de lo que cocinas tú, te lo advierto. Pero Henry y yo hemos hecho lo mejor que hemos podido»

«Estoy segura que estará muy bien»

Se sonrieron de nuevo, bajando las escaleras, lado a lado.

«Pensábamos que estarías hambrienta, así que hemos hecho una buena cantidad de pollo, mamá. Prepara el estómago» le advirtió Henry.

Ella rio, sentándose a la mesa.

Comieron mientras Henry le contaba a Regina todo lo que habían intentado esos días para encontrarla.

«Hasta que esta mañana me desperté con la idea del polvo de hada. Funcionó en el pasado, así que seguramente podía funcionar de nuevo»

La sonrisa de Regina vaciló, su expresión se hizo confusa. No era necesario tener los poderes del señor Gold, pensó Emma, para comprender que estaba pensando en Robin.

«Pero obviamente he pensado que tu Amor Verdadero tenía que haber cambiado cuando elegiste no entrar en aquella taberna tantos años atrás. Después lo entendí»

«¿Qué entendiste?» preguntó Emma, curiosa quizás más que Regina por saber cómo había decidido que tenía que ser ella.

«Bah, es sencillo. Vosotras dos ya no peleáis más, estáis de acuerdo, trabajáis lado a lado para destruir a los malvados y todo lo demás, ¿verdad? Y habéis dicho a todos que era porque os habíais hecho amigas»

Las dos se miraron por un breve momento, pero de repente la mirada de Regina volvió a Henry y asintió

«Pero los amigos no se miran de ese modo» señaló él, refiriéndose a la manera en que acababan de mirarse. Después miró a Emma, sonriendo «nosotros te miramos como, en nuestra opinión, hubieras colgado las estrellas» dijo, girándose después hacia Regina «Y Emma y yo te miramos como si hubieras creado la luna» concluyó «Vosotras nos os miráis como si fuerais amigas, os miráis como se mira la familia, como os miro yo. Y ambas habéis roto las maldiciones besándome, así que un amor más verdadero que ese no existe, ¿verdad?»

Regina, tras varios minutos de atónito silencio, comenzó a reír quedamente.

«Así que esta es la historia de cómo todos hemos sido dejados en ridículo ante la perspicacia de un niño de trece años»

También Henry comenzó a reí junto con ella, y Emma se unió poco después.

«Soy bastante despierto para estas cosas» observó, sin modestia

Eso hizo reír a Emma aún más.

«Venga, Henry, el único motivo por el que estabas tan seguro es que espiaste a tus abuelos mientras decían que nos mirábamos como se miran ellos»

«Eso podría haber ayudado» admitió él

Regina siguió riendo, moviendo la cabeza

«Fantástico, ahora Blanca Nieves está más informada que yo de mi vida privada. Quizás debería recomenzar con mis planes para librarme de ella»

«Oh, Regina, todos os han visto abrazaros» le dijo Emma, riendo

«Eso ha sido algo que no volverá a pasar nunca más» quiso aclarar «Un momento de debilidad debido a los días de tortura física y psicológica. No me cogerá de nuevo desprevenida, eso seguro»

Obviamente, Regina estaba bromeando, pero la mención de sus días de cautiverio arrugó los rostros de Emma y de Henry. Hubo varios minutos de silencio.

«¿Por qué no nos vamos a la cama?» propuso mirando al muchacho

Él comprendió que aquel era el modo de Emma para decirle que quería hablar con Regina, así que se limitó a asentir, se levantó y abrazó a ambas madres, antes de irse a su cuarto.

En cuanto su hijo desapareció en la planta de arriba, Emma vio en el rostro de Regina todo el cansancio y la fragilidad que la mujer había estado ocultando hasta hacía unos instantes intentando no mostrarlo ante el hijo.

«También tú debes descansar, Regina»

«Ordenaré esto y después…» comenzó, pero Emma movió la cabeza, interrumpiéndola

«Ya me encargo yo. Cerraré con llave mágicamente cuando salga, lo prometo»

Regina inspiró, sin saber muy bien qué decir. No quería dejar a Emma, que había cocinado todo, también la tarea de recoger.

«Podemos hacer así» propuso la rubia, percibiendo su indecisión. Sin saber bien cómo explicar lo que quería hacer, se limitó a mover una mano, transportando los platos sucios al interior del lavavajillas y todo lo que había sobrado a la nevera «Ninguna de las dos tiene que recoger» le dirigió una sonrisa, mientras se levantaba.

Regina no sabía qué decir. La amabilidad de aquella mujer, ciertas veces, la desarmaba.

«Gracias, Emma. Por todo»

Ella se encogió de hombros

«Solo he movido una mano»

«Quería decir…»

«Sé qué querías decir. Pero no quiero que me agradezcas por haber llegado demasiado tarde»

«No fue demasiado tarde. Estoy aquí, estoy viva»

«No gracias a mí»

«También gracias a ti, Emma. Me has curado»

«Tendría que haber logrado encontrarte antes, tendría que haber pensado rápidamente en el polvo, en cambio he sido irracional»

«Si hubiera pensado tú en el polvo, nunca habrías ido tú a buscarme, sino que habrías mandado a…» se negó a pronunciar aquel nombre «algún otro. Y no habría funcionado»

Emma suspiró llevándose las manos a la cintura, mirando hacia abajo

«¿Crees de verdad en eso?» preguntó con un hilo de voz «¿En el polvo de hada, en esa historia del Amor Verdadero?» Regina prefirió no responder, segura de que a Emma no le gustaría lo que tenía que decir, y la dejó continuar «en el mundo del que yo vengo, estas historias no existen. El amor significa lograr soportar a la otra persona incluso en los días que a duras penas te soportas a ti mismo»

«El Amor Verdadero es la magia más poderosa de todas» le recordó Regina, poniéndose en pie «Y es algo aterrador, porque podría pasar por tu lado y nunca saberlo. Es tan fácil perderse, no solo en tu mundo, también en el mío. Tú estás acostumbrada a ver a tus padres, pero incluso en el Bosque Encantado encontrar el amor verdadero es extremadamente raro, la mayoría de las personas se convencen de haberlo conseguido y no hay modo de hacerles ver lo contrario. Las maldiciones del sueño eterno, el polvo de hada son, en la mayor parte de los casos, solo modos de probar que algo que es considerado mágico en realidad no lo es. Te sorprenderías de la cantidad de parejas que estaban seguras de ser el recíproco amor verdadero y después no lograron salvarse mutuamente»

Lentamente se acercó a Emma, parándose frente a ella y mirándola a los ojos, el fantasma de una sonrisa pendía de sus labios.

«Para responder a tu pregunta, no creo en el polvo de hada. Pero sí, creo en la magia del Amor Verdadero, porque lo he visto muchas veces»

Emma deglutió, intentando comprender qué estaba intentando decir. Si no creía en el polvo de hada, ¿significa entonces que no creía que Emma fuera su Amor Verdadero?

«Creo en las elecciones que hacemos, creo que son esas las que, al final, marcan la diferencia. Y ciertamente no puedo obligarte a que creas en algo tan absurdo para tu mundo. No puedo obligarte a elegirme» la respiración de Emma se quedó bloqueada a medio camino en su garganta «Ni creo que debiera hacerlo, porque me conozco y te conozco a ti, y pienso que esto…» señaló a ambas con la mano «podría ser o el amor más grande que jamás ha existido, o la destrucción de todo lo que apreciamos»

«Yo ya hice mi elección cuando acepté seguir el polvo de hada. Es más, creo que la tomé hace mucho tiempo antes, cuando te dije que encontraría el modo de que tuvieras tu final feliz»

Regina movió la cabeza, una sonrisa amarga

«Mi final feliz no es alguien que quiera salvarme, es alguien que quiera amarme»

«¿No pueden ser ambas?»

La mirada de Regina se hizo triste, distante. Demasiadas personas ya habían intentado salvarla, y ella sabía que no era eso lo que necesitaba. Era perfectamente capaz de salvarse sola.

«Si alguien hubiera podido salvarme, habría sido tú» le dijo, alzando la mano y acariciando lentamente su mejilla «Y si alguien hubiese podido amarme, habrías sido tú» continuó con una sonrisa triste «Pero nadie puede amar de verdad a alguien como yo»

Sin añadir nada más, se alejó de ella, caminando hacia las escaleras.

«Buenas noches, Emma»

«Buenas noches, amor mío» fue la respuesta de la rubia

Los ojos de Regina se llenaron de lágrimas.

Pero no volvió sobre sus pasos.


Sabemos cómo son estas dos de testarudas con los sentimientos. Pero no os preocupéis, llegaremos a la ansiada aceptación por parte de ambas. Y todavía queda alguna aventura más con Maléfica.