La feria
Tal y como lo había pensado Regina, la feria está a rebosar y no se ve sino a familias nerviosas, a niños emocionados…
De forma mecánica, agarra fuertemente la mano de Henry, imposible soltarlo con esta muchedumbre. Emma, en cambio, parece más relajada, y prefiere vagabundear de puesto en puesto, con sus ojos de niña resplandecientes.
E: «¡Hay una gran noria, yo adoro las norias grandes! ¿Vamos?»
Regina pone los ojos en blanco, divertida, pero también preocupada por ese lado infantil. Parece que no se da cuenta de lo que significa lo que está pasando entre ellas, mientras que, por el contrario, Regina está implicada de forma más seria. ¿Debería hacer ella como Emma y tomar las cosas tal y como vienen? Pero hay algo que la devuelve a la dura realidad: la gente alrededor de ellas, los habitantes de Storybrooke, su puesto de alcaldesa… todo parece ser un obstáculo insuperable para ella, una batalla que se renueva sin cesar.
E: «Hey, Regina, ¿te apetece?»
R: «¿hm? ¿Qué?»
E: «La gran noria, ¿te va?»
R: «Euh, si tú quieres. Yo no soy mucho de alturas»
E: «Oh… Bueno, lo haremos en último lugar, ¿eh, Henry?»
H: «Ok… ¿Vamos a los coches de choque?»
E: «Ok, perfecto»
Henry se dirige con paso rápido hacia el puesto que había visto a lo lejos. Emma atrapa la mano de Regina y la empuja en una pequeña carrera. De improviso, Regina siente una brisa sobre su rostro, en sus cabellos… Mano a mano con Emma, que, a cada cierto momento, se giraba hacia ella con una gran sonrisa: una sensación de libertad se apodera de ella como si, correr en mitad de la muchedumbre, dada de la mano con Emma, importara poco.
Entrelaza sus dedos a los de Emma, que corre todavía más rápido…Casi se cae más de una vez, pero sabe que Emma estaría allí para sujetarla, o levantarla. Quizás ese es el reto: no tener miedo a caer sabiendo que habría alguien para levantarnos…
Entonces ella corre…Corre siguiendo a Emma, con su mano firmemente aferrada a la de ella, y sus ojos que no se despegan de la cabellera dorada que ondeaba delante de ella.
Y cuando llegan ante el famoso puesto, Regina casi está decepcionada de que se hubiese acabado.
H: «¿Vamos Emma?»
Esta mira a Regina, como para tener su aprobación.
R: «Vayan, yo me quedo aquí»
H: «La próxima la hago contigo, ¡prometido!» dice con ardor el pequeño.
Y sin esperar, Emma y Henry se meten en los coches, rojo para una y verde para el otro. Regina lanza miradas inquietas hacia su hijo antes de que sus dudas desaparezcan al ver cómo este arranca y deja atrás a sus asaltantes, incluida Emma. No le deja ninguna posibilidad, ni una esperanza, lo que divierte mucho a Regina que ve cómo la cara de su compañera se descompone a medida que Henry chocaba su coche sin posibilidad de revancha.
Y el veredicto es implacable: Henry ha machacado literalmente a Emma por 15 toques a 3.
E: «¡Has hecho trampas!»
H:«¿Y cómo?»
E: «No lo sé, pero… ¡no es normal que un chico de 10 años maneje tan bien el volante! ¡Regina!» dice ella como buscando su ayuda.
R: «Lo siento, yo no puede hacer nada. Los hechos hablan por sí solos…»
E: «¿Privilegias a tu hijo antes que a mí? Estoy…decepcionada» dice ella sonriendo
R: «Para hacerme perdonar…»
Se acerca a Emma y la besa en la mejilla, lo que termina por convencer a Emma de que, con recompensas como esas, vale la pena perder frente a Henry. Le coge de nuevo la mano, sorpresa que Regina acepta con placer. Se sonríen, Emma está en las nubes.
E: «Te toca elegir la próxima atracción»
R: Hum… El tiro»
E: «¿El tiro? ¿Te acuerdas de que soy sheriff? Las armas son lo mío»
R: «No estés tan segura de ti, has podido comprobar que los Mills tienen recursos»
E: «¿Apostamos?»
R: «No me gustan los juegos de dinero»
E: «¿Quién te dice que vamos a apostar dinero? El que gane elige la próxima atracción»
R: «¿Es todo?»
E: «¿Quieres añadir algo de interés? Ok, entonces… El que gane…»
Ella se inclina hacia Regina y le susurra algo al oído que hace que la bella morena abra los ojos como platos. Sus mejillas se enrojecen, y se ofusca:
R: «¡Emma!»
Esta se echa a reír ante la mirada incómoda de Regina, mientras que Henry oscila entre querer saber y evitar el tema…
H: «Entonces, ¿qué decidimos?»
E: «Tu madre quiere jugar, entonces, ¡juguemos!»
Henry intercambia una mirada de entendimiento con Regina, solo él sabe hasta qué punto su madre es buena en tiro. Pero ellos no saben hasta qué punto Emma no contaba con perder.
Llegan al puesto de tiro. El fin es explotar globos desde cierta distancia. Henry comienza y consigue tres aciertos de seis, animado por Emma y Regina. Esta coge el fusil y, ante la mirada divertida de Emma que no la cree, tira sin pestañear y logra seis de seis.
E: «Pero…¡No me habías dicho que eras una experta! ¡No es justo!»
R. «Te toca» le dice pasándole el fusil
Emma se siente presionada: había pensado en un circuito de barco para los enamorados, y desea verdaderamente hacerlo con Regina. Resopla, se concentra, mira, y dispara…¡Acierto! Así como los cuatro tiros siguientes.
Solo queda un globo, y así como Emma se siente segura de sí misma, Regina siente que la victoria se le escapa. Entonces, ella hace algo idiota, infantil, pero terriblemente eficaz: se acerca por detrás y, mientras Emma está ajustando su tiro, pone sus manos en las caderas de la bella rubia justo en el momento en que esta apretaba el gatillo, haciéndole, evidentemente, fallar el tiro.
Se gira rápidamente y Regina retrocede, con un aire inocente y de sorpresa en el rostro:
R: «Oh, ¡he ganado!»
E: «¡Has hecho trampa!»
R: «¿Yo he hecho trampa? ¿Yo?»
E: «¡Tú…tú me has tocado! ¡Podría haber sido peligroso!»
R: «Por supuesto que no, me acerqué para ver mejor tu técnica. Lo siento si accidentalmente te rocé»
E: «No, no, no… Tú no me has rozado, me has tocado, has puesto tus manos en mis caderas, las he sentido, y es por eso que he fallado. ¡Me debes un tiro!»
R: «No, no, son las reglas, yo he ganado, yo elijo»
Emma farfulla un poco, pero en cuanto Regina le anuncia su elección, su rostro se ilumina.
R: «El tiovivo»
E: «¿En serio? ¿El tiovivo?»
R: «¿No te gusta?»
E: «Sí, sí, pero…Pensé que elegirías algo menos… en fin más… ¿A Henry le gusta?»
H: «¡Me encanta! Venga, vamos»
Él coge las manos de las dos mujeres: entre ellas, él enarbola una sonrisa orgullosa y contenta mirando un poco hacia todos lados.
R: «¿Por qué sonríes así?»
H: «¡Porque de todos los de aquí, soy yo quien tiene las mamás más bellas!»
Regina y Emma intercambien una mirada…«sus madres»… La idea es nueva, pero les gusta demasiado. Y es así como los tres se dirigen hacia un inmenso tiovivo. Emma no había visto ninguno tan grande y bonito: decorado en dorado y con madera que le confiere cierta antigüedad, pero también una clase única.
E: «Es magnífico»
Regina compra tres tickets, le da uno a Henry que trepa sobre un inmenso delfín plateado, mientras que Emma y Regina montan cada una en un caballo de madera: el de Regina es negro y el de Emma, rojo.
En cuanto el tiovivo se pone en funcionamiento, Emma coge la mano de la joven para ya no soltarla.
E: «Entonces, me vas a decir que me has hecho trampa en el puesto de tiro…»
R: «No sé absolutamente de qué me hablas» le dice ella, divertida
E: «Puedes decírmelo, sabes…Porque voy a confesarte algo»
R: «¿Qué?»
E: «Me ha encantado sentirte tan cerca de mí, tus manos en mi cintura»
Le da una de esas sonrisas que hace que Regina se derrita, entrelaza sus dedos un poco más y le aferra la mano como tuviese miedo de que se marchara sin ella.
Pareciera que el tiempo se hubiera parado en ese tiovivo, pareciera que llevaran sobre esos caballos una eternidad, devorándose con la mirada, sus manos juntas, pegadas.
Es Henry quien, tocando a su madre en la rodilla, las saca de sus ensoñaciones.
H: «¿Vamos? Tengo frío…»
Regina le sonríe y le coge la mano: efectivamente está helada. Ya es casi de noche, pero Emma tiene un último capricho.
E: «¡La gran noria!»
R: «¿Perdón?»
E: «¡Una vuelta en la gran noria, solo una, por favor!»
R: «Henry tiene frío, y yo también comienzo a tenerlo…»
E: «Por favor, por favor…¡Quizás no tengamos la oportunidad de volver antes de irnos!»
H: «¡Estoy de acuerdo, mamá! ¡Si puedo comerme un algodón de azúcar!»
R: «No se te escapa una a ti, ¿eh?»
Ella cede ante los dos pares de ojos de cocker que la miran fijamente. Henry obtiene su golosina y Emma logra arrastrar a Regina hacia la gran noria.
H: «¿Puedo subir solo?»
R: «Ah, no, ¡tú tienes vértigo!»
H: «¡No, no es verdad, eres tú!»
E: «¿Tienes vértigo?»
R: «No…en fin, no estoy muy cómoda, es todo»
E: «Venga, sube Henry. Nosotras montamos en el próxima»
Regina no puede decir nada más: Henry ya está subido en su cabina, mientras que Emma atrae a Regina hacia la siguiente.
Una vez solas, Regina fusila a Emma con la mirada:
E: «¿Qué?»
R: «¿Acabas de contradecirme delante de mi hijo?»
E: «No es tu hijo, sino el nuestro, y yo no te he llevado la contraria. Solo ha sido un cambio de rumbo de la cosas después de haber hecho trampa con el fusil»
R: « ¿No vas a dejarlo pasar?»
E: «Vas a tener que ser paciente y amable»
Sentadas la una junto a la otra, Emma pone su mano sobre el muslo de la bella morena y posa sus labios en su cuello. Regina no sabe qué hacer: no es posible que Emma acabe teniendo por costumbre acallar sus conversaciones serias con tiernas caricias y besos.
Ella la rechaza y la obliga a mirarla:
R: «¿Qué haces?»
E: «Ya sabes lo que hago…» dice ella acercando sus labios a los de Regina para acabar haciendo posesión de ellos en un tierno, pero apasionado beso.
Algunos segundos más tarde se separan para retomar aire, Emma está satisfecha. Se alza y se sienta en las rodillas de Regina, mirándola a la cara. Completamente cogida por sorpresa, Regina se queda inmóvil, posando indolentemente sus manos sobre las caderas de Emma, que con una mirada llena de deseo, de pasión y de cosas que sobrepasan la decencia hace enrojecer a Regina, aun cuando Emma no hace el mínimo gesto.
E: «Voilà… Aquí estoy muy bien»
R: «Me haces pensar que no tengo que hacer más tortitas por las mañanas»
E: «Especie de…»
Estrecha más fuerte la cintura de la bella rubia y esta, extrañamente susceptible, se contrae, pegando su cuerpo contra el de su asaltante. Encadena una cascada de besos a lo largo de su cuello, de su garganta para remontar a su mentón, rodeando la boca por la comisura de los labios, subiendo a la punta de la nariz, flirteando son sus párpados y depositando finalmente un beso sobre su frente. Después, pasados unos segundos, hace el camino inverso para detenerse en los labios carnosos en un tórrido beso, que hace proferir a Regina un jadeo de deseo.
E: «¿Y si hacemos el amor aquí?» murmura ella en su oído
R: «¿Qué? ¿Hablas en serio?»
E: «¿Por qué no? Aún tenemos 10 minutos antes de descender. Tenemos tiempo de divertirnos»
R: «¿Divertirnos? ¿Divertirnos? ¿Es así como tú lo llamas? ¿Quieres verdaderamente que nuestra primera vez sea aquí?»
E: «Yo lo encuentro original y muy romántico…Al menos, ¡tú ya estarás en el séptimo cielo!» ríe ella
R: «No seas idiota…yo…no tengo ganas de hacerlo de esa manera…Ni aquí ni ahora. No estoy preparada»
E: «Oh…»
R: «Es aún muy pronto. No hace sino unas horas que nosotras… Eres tan apremiante…»
Emma frunce el ceño: Regina tiene razón… ¿Para qué precipitarse? Después de todo, no hace ni un día que se habían declarado…
E: «No, es verdad, soy torpe. Estoy haciendo justo lo que detestaría que hicieran conmigo. Me parezco a un hombre en celo buscando sexo…¡Soy un desastre!»
Baja de la rodillas de Regina y se sienta a su lado, pero continuando con sus manos en las suyas.
R: «No es eso: tú estás muy cómoda con esta situación, mientras que yo, todavía estoy demasiado bloqueada. Quieres avanzar más rápido, pero yo tengo reservas»
E: «Sí, pero actuar como yo lo hago no hará sino que huyas…»
R: «Se necesitará más para que huya» le confirma con una sonrisa.
Se inclina y la besa dulcemente, rodeando su cara con sus manos. Frente contra frente, permanecen así, las manos juntas, hasta que la noria acaba su vuelta.
Después de bajar, recorren algunas atracciones más como la pesca de patos donde Emma demuestra una habilidad fuera de lo común, o incluso el pasaje del terror, más divertido que terrorífico… Vuelven al chalé, con Henry durmiendo detrás. Regina aprovecha para conversar un poco con su compañera.
R: «Con respecto a lo de la noria…»
E: «No, escucha… Déjalo estar, ya llegará… no tenemos prisa»
R: «Yo…solo tengo miedo. Hace mucho tiempo que no tengo una relación seria… Y nunca con una mujer. Soy totalmente novata en este tema en la teoría y en la práctica»
E: «Me pasa lo mismo, que parezca más decida no quiere decir que conozca más. También tengo miedo y también tengo dudas sobre la manera de actuar… ¿Nos ayudaría ver una película porno lésbica?»
Regina abre desorbitadamente los ojos, horrorizada no solo porque haya tenido tal idea, sino porque la ha compartido con ella, con Henry justo detrás.
E: «Hey, respira, estaba bromeando… Sabremos desenvolvernos. Pienso que incluso será más sencillo que con un hombre»
R: «¿Ah sí?»
E: «Somos dos mujeres…Sabemos lo que nos gusta, lo que deseamos, lo que es eficaz en nosotras, se puede pensar que para la otra será algo parecido… yo sé que tus puntos sensibles son tu nuca y tu cuello… ¿Ves lo que quiero decir? Tenemos el mismo cuerpo, sabemos que lo que funciona en una puede funcionar en la otra, e inversamente… Creo que es más sencillo para dos mujeres durante la primera vez»
R: «Ya veo…Estoy bastante de acuerdo»
Emma sonríe, feliz de ver que están en la misma onda, aunque parecen llevar dos velocidades de crucero diferentes… Regina tiene más reservas, temores y sin embargo tiene deseos que descubrir todo eso con Emma, es la mujer perfecta para eso.
Una vez en el chalé, Emma toma a Henry en sus brazos y con la ayuda de Regina lo acuesta y lo arropa. Sentada cada una a un lado de la cama, lo miran dormir unos momentos, y después cada una le da un beso sobre la frente y salen de la habitación.
E: «Bien…Hasta mañana…»
R: «Hasta mañana»
Emma se acerca y la besa si ninguna inhibición, deslizando sus manos por todo el cuerpo de Regina que la frena un poco
R: «Despacio, despacio…» murmura ella
E: «¿Tu habitación o la mía?» sonríe ella, sabiendo muy bien que nada sucedería esa noche
R: «Buenas noches Emma…» responde tiernamente
E: «Buenas noches Gina…»
Y cada una entra en su habitación.
Emma se desviste pausadamente, dejando sus cosas en el suelo, y se desliza en la cama, la cabeza hundida en la almohada, piensa en todo ese fabuloso día: tantas cosas habían pasado: su relación apenas comenzada en la mañana y la feria con su carga de besos y caricias y finalmente este fin de jornada, ideal… Ella se duerme rápidamente pensando que las vacaciones habían pasado rápido…
Regina toma primero una ducha caliente, para dejar salir todo el estrés del día: Emma es tan atrevida, que ella debe mantener el control para no flaquear. Debe resistirse un poco, el miedo la ayuda, porque, a pesar de lo que dice Emma, lo desconocido asusta a Regina.
Y lo que todavía no había dicho: está muerta de miedo ante la idea de volver a Storybrooke y vivir su relación con Emma ante los ojos de todo el mundo. El qué dirán está muy presente aún en su alma para olvidarlo: después de todo, ella es la alcaldesa de la ciudad y Emma, la sheriff… dos autoridades viviendo juntas…
El único consuelo es la proximidad reencontrada con Henry y el hecho de que él es feliz ante la perspectiva de tener a sus dos mamás con él para siempre…
Sale de la ducha, se seca rápidamente antes de ponerse su pijama de satén y hundirse bajo las sábanas. Pero no consigue dormirse y mira el cielo estrellado que se le ofrece a través de la ventana. Pero la fatiga se apodera de ella pronto y un nuevo día se termina.
