Chapter 9
La cara del mayor de los Strider es un poema, y la del menor está totalmente ruborizada, ¡hasta las orejas! No sabe qué decir, cómo disculparse, qué excusa poner para no parecer un enfermo, y Dirk mientras tanto está completamente paralizado, no es capaz ni de dejar de abrazar a su hermano. Dave boquea, parece que va a decir algo y, cuando abre la boca, un suave y prolongado gemido rompe el silencio. Esto hace que los Strider reaccionen, ambos separándose el uno del otro de un empujón, casi cayendo cada uno por un lado de la cama.
— VALE, NO. DIRK, TE JURO QUE YO NMMPH…
Antes de que pueda terminar de excusarse, Dirk le ha puesto una mano en la boca para que cierre el pico. Clava sus ojos en él y se pone dos dedos sobre sus propios labios, emitiendo un casi inaudible "sshhh…".
Guardan silencio y un extraño sonido llega a sus oídos. Un sonido que proviene de la habitación de enfrente, la habitación de Dave. Espera, eso son... ¿muelles? ¿muelles crujiendo? Dave abre sus ojos desmesuradamente. Lo siguiente que escuchan es otro gemido, esta vez entrecortado y más alto. Afinal el oído y, de fondo, escuchan unos jadeos constantes.
Se miran y Dirk destapa la boca de su hermano. Como si se leyesen la mente, ambos vuelven a su posición inicial casi por inercia: ambos tumbados boca arriba, con la mirada fija al techo. La voz de Dave se alza de nuevo.
— Con suerte todo esto será una pesadilla y, en realidad, Jade y John no se lo están montando en mi habitación.
— Con suerte todo esto será una pesadilla y no te has empalmado porque tu hermano te ha dado un abrazo — comenta Dirk, tampoco es que quisiese atacarle, pero joder, se había quedado conmocionado.
— Con suerte lo de anoche también fue una pesadilla y el English y tú no os habéis enrollado — dice Dave, visiblemente molesto.
Dirk chasquea la lengua y frunce el ceño, ahora también molesto.
— Joder, Dave. Sabía que lo habías visto… ¿Por qué no me dijiste nada? Y, bueno…— hace una pausa y gira la cabeza. No puede mirarle a la cara, pero sus ojos bajan inevitablemente hasta el bulto en la entrepierna de su hermano—… también podrías haberme dicho que te sentías de esta forma hacia mi, ehm… estas cosas hay que hablarlas… supongo.
Dave suspira pesadamente y se lleva una mano al puente de la nariz, pellizcándoselo. Paciencia Dave, paciencia.
— Mira, bro… decirte cualquiera de las dos cosas no habría cambiado nada. Bueno, sí, hubiese hecho que me tratases como un enfermo, como harás a partir de ahor-…
Mantiene los ojos cerrados mientras habla para concentrarse mejor, así que ni se da cuenta de que Dirk de está deslizando bajo las sábanas para acercase a él hasta que nota cómo sus rodillas y manos se apoyan sobre el colchón a cada lado de su cuerpo. Abre los ojos al tiempo que enmudece, encontrándose con unos profundos ojos ambarinos que le observan muy de cerca.
— ¿A que… diablos…juegas, bro? — balbucea el menor de los Strider con el ceño aún fruncido, pensando que su hermano ahora se está burlando de él en su puta cara. ¿A quién se le ocurre ponerse encima de una persona excitada cuando acaba de descubrir que es su objeto de deseo y encima ambos están en ropa interior?
Dirk guarda silencio. Sus ojos se deslizan por los rasgos del rostro de su hermano: sus ojos, su nariz, sus labios e incluso su cuello. Aparta una mano del colchón para ponerla sobre su mejilla. Con su pulgar, perfila el labio inferior de Dave, que está paralizado, y, de forma inconsciente, se muerde su propio labio.
— Tal vez, y solo tal vez… sí que habría cambiado algo, Dave.
Probablemente Dave no entienda la situación, pero en estos momentos Dirk está intentando ver con otros ojos a su hermano, quiero decir, como si no fuese su hermano, y ahora la curiosidad le puede. ¿A qué saben los labios de Dave Strider? ¿Cómo se comporta en la cama? ¿Cómo es su voz cuando gime? … ¿La tiene grande?
Dirk, aún algo dudoso, se acerca despacio al rostro de Dave. Roza sus labios con los suyos, como si los inspeccionase, al igual que su nariz. Ambos mantienen los ojos algo entre abiertos y Dave contiene la respiración, deseando para sus adentros tener los labios de Dirk contra los suyos. El mayor se decide y comienza por atrapar el labio inferior del menor entre los suyos, tirando de él y soltándolo después para hacerlo rebotar. Dave suspira y, probablemente sin si quiera pensar en su postura de hermano distante y orgulloso, sube sus dos manos hasta el pelo de Dirk para enterrar sus dedos en sus cabellos y atraerlo hacia él. Ambos se funden en un beso lento y húmedo en el que Dave recibe la lengua de Dirk sin ninguna objeción y este hace una minuciosa inspección, queriendo saborear el terreno en el que se ha internado. Sus labios se despegan una y otra vez, hasta que el mayor de los dos comienza a descubrir que los finos y elásticos labios ajenos son ciertamente adictivos. Es entonces cuando los besos dejan de ser intermitentes para convertirse en uno solo, duradero, y profundo.
El de ojos ambarinos empieza a estar tan a gusto que se deja caer despacio sobre el cuerpo de su hermano, haciéndole soltar un quejido a Dave contra sus labios.
— ¿Todo bien? — pregunta Dirk lentamente, dándole un fugaz pico a Dave tras sus palabras que le arranca un gruñido posesivo.
— No todo… Ahí abajo algo está pidiendo guerra bro, y… duele.
Al decir aquello mueve su pelvis hacia delante, haciendo que Dirk sienta su dureza claramente. Se miran fijamente a los ojos. Dave no sabe ni por qué ha dicho eso y Dirk se pregunta si le gustaría ofrecerse para resolver el problema.
— Tal vez yo pueda hacer algo…
Dave, que no espera tal proposición, le mira boquiabierto al tiempo que siente cómo sus mejillas arden. La inmensa sonrisa traviesa que tiene plasmada Dirk en estos momentos hace que todo su cuerpo tiemble de puro placer. Tan solo imaginar lo que estará pasando por su mente hace que su erección crezca notablemente y en ese momento de silencio e inactividad vuelven a ser conscientes de los suaves alaridos de placer que salen de la habitación de en frente, lo que pone en un aprieto a Dave… literalmente.
— Vale, no. No, bro. Esto no está bien, joder. Vas a quitarte de encima, voy a aliviarme en el servicio y vamos a hacer como si todo esto no hubiese pasado.
"Tu hermano te tiene cachondo perdido, se ofrece a hacerte un favor sexual y lo rechazas, ¿PERO QUÉCOÑO TE PASA, DAVE?". Eso. Eso pasa por su mente en estos momentos, ni siquiera sabe por qué su lengua ha articulado esas palabras. Dirk no se mueve, sigue manteniéndole la mirada. John jadea.
— Te lo estoy pidiendo por favor, Dirk… Joder, me están entrando ganas de colarme en esa habitación y violar a Jade.
— ¿Cómo? Repite eso.
La expresión de Dirk se torna a una más macabra, con una sonrisa digna de temer, aún así Dave se atreve a contestar, eso sí: hablando muy despacio y desviando la mirada.
— Que… ¿me están entrando ganas de colarme en esa habitación y violaah-aght…
Antes de que pueda terminar de hablar un jadeo seco rompe su garganta al notar la mano ajena colarse bajo su ropa interior y coger su miembro firmemente, empezando a masajear su glande con el pulgar. Sus brazos se enganchan en el cuello de su hermano y esconde allí el rostro. Sus ojos, abiertos como platos, se fijan en el espejo que hay en la pared de enfrente y refleja la fornida espalda de Dirk. El mayor de los Strider chasca la lengua y niega suavemente.
— ¿Cómo te atreves a pensar en otra persona teniendo a un Strider en tu cama, Dave? — pregunta el mayor con voz ronroneante y provocativa.
Ese comentario ha sido tan jodidamente egocéntrico que a Dave se le han quitado las pocas ganas que tenía de rechazar a su compañero de juegos por cuestiones morales. Su silencio hace que el de ojos ambarinos suelte una risa burlona entre dientes y manosee con más interés el nuevo juguete que tiene entre sus dedos.
— Y no solo eso… además de pensar en otra persona, has rechazado a un Strider. Voy a tener que enseñarte a cumplir ciertas normas, enano.
Coloca su mano libre en su hombro y empuja violentamente hacia atrás al menor para dejarle la espalda completamente hundida en el colchón. Este no es capaz de reaccionar, no se cree lo que está pasando, y no puede hacer más que dejarse hacer, confuso por no saber qué actitud mostrar ante su otro competidor en la Liga Nacional del Orgullo.
Dirk no espera más y entierra su rostro en el cuello del otro para ir dejando un camino de succiones, mordiscos y saliva a medida que baja por él. Llega una de sus clavículas, la mordisquea y baja hasta su pezón izquierdo, que lame, arrancándole algún que otro suspiro. Baja en línea recta por su torso, surcando su abdomen, dejando un rastro de saliva hasta que llega a su ombligo, donde se para morder la piel de alrededor y elevar la mirada. Sonríe y se muerde el labio inferior al ver cómo Dave tiene un brazo pasado por encima de sus ojos y bufa, probablemente con los nervios crispados por lo que puede suceder de un momento a otro.
Llega a su ropa interior pero, en vez de bajarla, pasa por encima de ella. Tras admirar el bulto que hay bajo la tela saca de nuevo su lengua a pasear y la coloca justo encima de la dureza, dejando que su saliva cale la tela y entre en contacto con el miembro ajeno.
— N-nght… ahh… No ayudas, bro…
Emite un siseo entre dientes y lleva una de sus manos a la cabeza de su hermano para enredar sus dedos en sus cabellos.
— Tengo que torturarte un poco, o volverás a saltarte las normas — explica, con cierta malicia camuflada en sus palabras.
Pero Dave no se chupa el dedo y se decide por poner en práctica una táctica que tal vez podría funcionar. Se muerde el labio inferior y cambia su expresión tensa por una placentera y más relajada.
— Dirk… por favor…te lo suplico…
"Te lo suplico". Dirk traga saliva y se queda con la boca entre abierta por unos segundos. De repente siente calor. Un calor que baja por su vientre y empieza a acumularse en su propia entrepierna, y es que es la primera, y probablemente última, vez que sus ojos y oídos pueden disfrutar con esta deliciosa imagen de su hermano pequeño casi desnudo, con la lujuria calcada en su rostro y suplicándole.
Aún mirándole embobado, y ahora más pendiente aún a sus reacciones, tira del elástico de su ropa interior hacia abajo hasta dejársela por los tobillos y después sacársela por los pies cuidadosamente. Cuando vuelve a subir, en vez de ir directo a su objetivo, sube lentamente por una de sus piernas, dejando un rastro de besos que se pierde por el interior del muslo y llega a su ingle en forma de succión, hasta que consigue hacerle un buen chupetón. Jade gime el nombre de John a pleno pulmón.
Tras dedicarle una sonrisa satisfecha a su obra, coge ambos muslos de su hermano y los separa para hacerse hueco entre sus piernas. Dave le mira ansioso, mordiendo uno de sus nudillos y no atreviéndose a dejar la mirada posada en los ojos de Dirk durante mucho tiempo.
Juguetón, el de mirada ambarina acerca sus labios al miembro y deja un beso excesivamente húmedo en su glande que hace que la espalda de Dave se arquee al tiempo que el nombrado ahoga un gemido. No contento con no haber podido escuchar la voz de su hermano gemir, saca la lengua y la pasea por el tronco, desde la base hasta la punta. El de mirada bermeja se cubre el rostro con las manos cuando se le escapa un suspiro entrecortado, estremecido por la cantidad de saliva que está lubricando su erección.
Dirk se anima y viendo cómo el otro sigue aguantándose gemidos, se decide por colocar sus labios en su punta y empezar a bajar la cabeza para metérselo en la boca muy lentamente. Dave lleva sus dos manos a su cabellera y se agarra a ella con fuerza cuando siente cómo su vientre se contrae debido al tortuoso placer que está experimentando su zona baja. Sus jadeos comienzan siendo secos y tajantes, pero a medida que avanza se van endulzando, hasta que los labios de Dirk se encuentran con la base. Es entonces cuando de entre los labios del menor escapa el primero de lo que sería un concierto de gemidos.
Mira hacia abajo y al encontrarse con la intensa y atenta mirada de Dirk vuelve a cerrar los ojos, más que nada porque sabe que acaba de ruborizarse y no quiere ver la chulería con la que va a regodearse a continuación su hermano mayor.
Comienza el vaivén lento de su cabeza, lento y húmedo, procurando que con cada movimiento sus dientes acaricien con cuidado su piel.
— D-dios… Mmmph, lo haces ge-genial…
Los gemidos y las confesiones de su hermano —de las cuales probablemente no es consciente— hacen mella en Dirk hasta el punto de causarle tal erección que empieza a ser dolorosa, por lo que, mientras mima la entrepierna de su hermano a conciencia, lleva una de sus manos bajo su ropa interior y comienza a masturbar su propio miembro.
Dirk presiona el miembro con su paladar, Dave empuja su cabeza con ambas manos hacia delante para ahondar más en su jugosa boca y sus alaridos de placer suben cada vez más de tono. Su respiración se altera hasta el punto de no haber cogido el suficiente aire pero aún así expulsarlo de golpe. Sus piernas tiemblan y entre gemidos aclama a Dios de forma casi inentendible. Dirk sigue atendiéndose a sí mismo, imitando el aumento de velocidad progresiva que lleva con el vaivén de su cabeza.
— Dios mio… N-no… Bro, joder… v-voy… voy a…a-ahh…
Antes de que pueda terminar de avisarle su pelvis da una brusca e involuntaria embestida hacia delante, profundizando en la boca ajena, haciendo que pase lo inevitable, haciendo que el miembro de Dave, totalmente sobrepasado, descargue todo su contenido en la boca de Dirk. Dave estira el cuello y, sintiendo que se está derritiendo, emite un gemido prolongado que supera todos los demás y que no consigue acallar ni queriendo.
Dirk gime contra su miembro, ya que ha alcanzado el orgasmo momentos después que su hermano, y traga todo lo que ha estallado en su boca para después sacar el miembro lubricado de su boca despacio. Durante el proceso se ha sentido algo abochornado, pero ahora que ve el cuerpo totalmente estremecido y tembloroso de su hermano prácticamente a sus pies, no se arrepiente de nada.
Saca la cabeza de entre sus piernas y le dedica una sonrisa de superioridad a su mirada cansada y su expresión placentera. Se limpia la comisura de los labios y se desliza hacia arriba hasta estar frente a él.
— Siempre he tenido curiosidad por saber cómo eras en la cama, Dave — comenta con tono burlón mientras enseña sus dientes blanqueados en una gran sonrisa.
Dave responde con una mirada que intenta parecer amenazante, pero sigue jadeando para recuperar la respiración y le resulta imposible parecer peligroso.
— Muérete, joder…
Dirk rie ante sus palabras y eleva su cabeza agarrándole el mentón.
— A saber qué harías sin mí, capullo.
Dicho aquello, acorta distancias y deja un dulce beso sobre los labios resecos de Dave, consiguiendo calmarlo de forma instantánea.
