Draco, sus padres y maestros, todos ellos pertenecen a JKR (como si ustedes no lo supieran).
Severus Snape siendo dueño de un cuervo pertenece a J.L. Matthews (vayan todos a leer su historia. Es grandiosa). Sin embargo encontré un nuevo nombre para él esta vez.
El nombre de la pandilla "Tiburones" está tomada del musical "West Side Story", por supuesto. No recuerdo dónde encontré el nombre "Rakers" pero debo haberlo leído en alguna parte.
La idea de Snape con una familia propia viene del fic de Al "Time of trial". (Gracias, Al. Parece que siempre tengo las mejores ideas leyendo tus fics).
Nota de la autora:
Sí, aquí está finalmente: el tío Thomas, pero él podría no ser exactamente lo que ustedes esperan.
Nota de la traductora:
Silverfox es de Austria (no confundir con Australia) y su lengua materna es el alemán, pero escribió "Runaway Dragon" en inglés, si deseas leer la versión original, puedes encontrarla en fanfiction.net y si deseas escribirle (en alemán o inglés, preferentemente), su dirección es silverfox@kabsi.at
Capítulo 9: UN OSO EN EL TREN
Nuevamente, Draco no durmió del todo bien aquella noche. Soñó que quería hablarle a los Snape y a los Rakers sobre algo muy importante, aunque no sabía exactamente qué era, pero ellos no parecían verlo ni escucharlo. Sólo caminaron a través de él como si fuera un fantasma.
Cuando Munin llegó a despertarlo por la mañana, Draco sorprendió al pobre cuervo con un intento por abrazarlo. Munin graznó alarmado y se refugió en el hombro de Severus, buscando protección. A los pájaros no les gusta que los abracen.
En cambio, Draco se levantó y abrazó a Billy en el suelo de la sala. Sarah tuvo que recordarle repetidamente que debía vestirse y desayunar. Tenía que ponerse su túnica otra vez y Sarah la había planchado cuidadosamente para la ocasión.
-Queremos que causes una buena impresión a tu tío, después de todo –dijo ella.
Sus nuevas ropas muggles y el libro de Matemática fueron empacados rápidamente en una vieja mochila que Snape le dijo que podía conservar. Para Draco se sentía como un regalo realmente grande a pesar de su apariencia gastada. Era algo para recordar a los Snape.
En su camino hacia la mesa del desayuno, Draco se encontró con el gato y, para la gran sorpresa del animal, lo sujetó y lo abrazó también. Para cuando el gato finalmente pudo marcharse, el desayuno estaba frío, pero Draco ni siquiera lo notó. Todo lo que podía pensar mientras comía era que esa era su última comida en el pequeño apartamento y con el profesor Snape y Sarah. Se preguntó si alguna vez vería de nuevo a Billy o a Ese Perro o incluso al gato.
Cuando Draco quiso tomar los platos para lavarlos, Sarah sacudió la cabeza y le quitó el plato de las manos.
-Yo lo haré. Perderás tu tren si no te apresuras –le dijo.
-Pero... –Draco trató de protestar, pero el timbre de la puerta lo interrumpió.
Draco corrió a abrir la puerta y encontró a la totalidad de los Rakers, incluyendo a un Jack de aspecto muy amargado.
-Apúrate, Draco –le dijo Snape-. Tenemos que irnos.
Mike pasó a través de la masa de Rakers y le sonrió a Draco.
-Sólo queríamos darte esto antes de que te vayas. No olvides a dónde perteneces.
Draco tomó casi reverentemente la gorra azul de los Rakers de manos de Mike. Ese era probablemente el regalo más grande de todos. Mejor que todas las escobas que pudiera haber en el mundo.
-Gracias –dijo suavemente, apenas podía creer que fuera realmente suya.
-¿Por qué? –preguntó Mike, fingiendo confusión-. Eres uno de nosotros y tienes que mostrarlo al mundo. No hay razón para agradecernos por darte lo que es tuyo por derecho.
-Draco, nos vamos. El tren no esperará por nosotros.
Draco tomó rápidamente sus zapatos y se las arregló para ponérselos apresuradamente mientras Severus atrapaba a Ese Perro y le ponía la correa. Sarah lo abrazó con fuerza justo antes de que salieran por la puerta.
-Adiós, muchacho. No dejes que te traten mal y no olvides enviarnos un búho de vez en cuando, ¿oíste?
-No lo olvidaré –prometió Draco y momentos después estaban fuera de la puerta y apresurándose por el oscuro y sucio corredor hacia la escalera.
Draco deseó poder detenerse un momento para dar una última mirada a la casa y al campo de fútbol, pero el profesor Snape insistió en que tenían que apresurarse, si no querían perder el tren. Tal vez era mejor en esa forma, de todos modos. Draco sentía que podría llorar, si se detenía a pensarlo, y no quería llorar frente a sus amigos.
Los Rakers los siguieron hasta la estación deseando que tuvieran una última oportunidad de hablar antes de que llegara el tren, pero éste ya estaba ahí cuando ellos llegaron. Realmente casi lo habían perdido.
Draco, Snape y Ese Perro abordaron rápidamente y encontraron un compartimiento vacío. Munin entró volando por la ventana brindándoles su sonrisa especial de pájaro como si dijera "¿ven lo mucho más cómodo que es tener alas?".
-Aw, no luzcas tan orgulloso –Draco le sonrió al cuervo-. ¿Qué habrías hecho si el profesor Snape no hubiera abierto la ventana?
-¡Volar! –declaró Munin.
-Correcto, ¿crees que puedes volar tan rápido como un tren?
Munin decidió que estaba por debajo de su dignidad el contestar a eso y en cambio se acomodó en el hombro de Severus.
Draco sólo se encogió de hombros y se inclinó hacia la ventana para dar un último adiós a sus amigos mientras el tren salía lentamente de la estación. Contempló el exterior mientras ganaban más y más velocidad y sólo cuando las últimas casas de Hogsmeade habían desaparecido de su vista detrás de las montañas, se sentó y retornó su atención a sus acompañantes.
Snape estaba sentado junto a la ventana, mirándolo calmadamente, con Munin todavía acomodado en su hombro, mientras Ese Perro estaba olfateando animadamente por todo el compartimiento, lo que lo mantenía callado por una vez. Tal vez olfatear y ladrar al mismo tiempo requería demasiada concentración.
No dejó de saltar y agitar la cola, sin embargo. Esas eran dos cosas que difícilmente podía detener a menos que estuviera rendido de agotamiento o dormido. Draco trató de concentrarse en mirarlo para apartar su mente de que estaba dejando Hogsmeade e iría a vivir con su tío. Por alguna extraña razón estaba empezando a sentirse solo y triste otra vez, aún a pesar de que Snape estaba todavía con él.
Severus notó su mirada de infelicidad y se volvió hacia su bolsa de viaje. Draco lo miró con sorpresa cuando le entregó un paquete envuelto.
-Sólo un pequeño regalo de despedida –explicó Severus, sintiéndose ligeramente incómodo por mostrar afecto abiertamente al muchacho-. Algo para que no te sientas tan solo mientras conoces un poco mejor a tu nueva familia.
Draco lentamente tomó el paquete. ¿Un regalo? ¿De Snape? Apenas podía creerlo.
Palpó el regalo cuidadosamente. Era más ligero de lo que había esperado por el tamaño, tenía forma irregular y se sentía extrañamente suave al tacto. Draco miró confundido a Snape.
Snape sólo se encogió de hombros y señaló el paquete con la cabeza.
-Sólo ábrelo. Ya verás.
¿Algo para que no se sintiera solo? Empezó a desenvolverlo y descubrió que sólo estaba sujeto por el lazo atado a su alrededor. En el momento en que lo soltó, el papel se abrió y un oso de peluche castaño grisáceo lo miró con grandes ojos negros.
Draco miró de nuevo a Snape, confundido y maravillado. ¿Un osito? Los Snape eran bastante pobres aún sin hacerle regalos y ya le habían dado ropa y una mochila. ¿Por qué desperdiciaban su dinero en un juguete? No necesitaba un osito. No eran necesarios para sobrevivir y ya era demasiado mayor para tener uno, de todos modos.
Miró de nuevo al osito. Se veía suave y abrazable y casi tan lindo como Billy. Draco le sonrió. El osito parecía estar sonriéndole también, según pudo notar. Una suave, gentil, amable sonrisa de oso de peluche. Debía ser muy agradable abrazar y mimar ese oso. Billy habría amado algo como eso. Draco tomó gentilmente el oso y lo abrazó. Una sensación muy peluda y suave. Realmente agradable de abrazar.
-Gracias –Draco miró de nuevo al profesor Snape-. ¿Pero por qué?
Severus le sonrió al muchacho que estaba abrazando estrechamente al oso sin siquiera darse cuenta de ello.
-Porque lo necesitabas.
-No, no es así. Es realmente un osito agradable y es muy amable de su parte el dármelo, pero realmente no lo necesito. Ya no soy un bebé. Billy necesita juguetes. Yo puedo sobrevivir sin ellos.
-Lo aceptes o no, aún eres un niño, Draco –Snape le sonrió-. Y sólo mira la forma en que estás abrazando ese oso. Creo que has necesitado algo qué abrazar durante mucho tiempo.
-Oh... er... bueno... es muy agradable y suave y realmente me gusta. Casi tanto como me gusta abrazar a Billy –Draco sonrió de repente-. Podría haber ahorrado algo de dinero y simplemente traer a Billy.
-Oh, pero tú estás planeando llegar a la puerta de tu tío y decir "hola, soy tu sobrino Draco y este es mi bebé mascota. ¿No te molesta si me mudo aquí, verdad?" Bueno, lo siento, Draco, pero no voy a dejar que te lleves a mi hijo. Prefiero separarme de ese oso que de él y el oso será aceptado mucho más fácilmente por tu tío –le dijo Snape burlonamente serio mientras el tren disminuía su velocidad al arribar a otra estación.
Draco repentinamente vio ante sí la escena de cómo luciría llegando a casa de su tío con Billy en una jaula para búhos. Trató de contestarle a Snape, pero estaba riendo tan fuerte que no pudo pronunciar una sola palabra. Viendo cómo Draco estaba luchando por hablar, Snape empezó a reír también.
Una bruja anciana entró a su compartimiento y Ese Perro inmediatamente saltó a un asiento agitando la cola para saludarla. Desafortunadamente el tren arrancó en ese momento y Ese Perro cayó con el movimiento repentino y aterrizó de vuelta en el piso. No confiando más en el suelo que se movía, Ese Perro se metió debajo del asiento de Severus con la barriga bien cerca del suelo, por si acaso ocurría otra vez.
-Lo siento, perro –rió Draco-. Área de "trenemotos".
Rieron todavía más fuerte que antes.
La bruja anciana los miró con enojo y se sentó cerca de la puerta, lo más lejos posible del alegre dúo.
-Creo que debe haber pensado que nuestra risa puede ser contagiosa –susurró Severus a Draco, lo cual, por supuesto, causó todavía más risas.
Después ninguno de los dos podría haber dicho exactamente qué era tan divertido, pero siguieron riendo durante casi todo el viaje y definitivamente habrían concordado en que habían pasado un rato maravilloso.
Ese Perro permaneció bajo el asiento de Snape, asomándose sólo ocasionalmente y pasando la mayor parte del viaje sintiéndose asustado. No estaba acostumbrado a que su amo estuviera tan alegre y aún no entendía por qué el mundo se movía, traqueteaba y se sacudía. Ese Perro definitivamente no estaba pasando un buen rato.
Tampoco la bruja anciana. Era una seria vieja mujer que no aprobaba para nada la frivolidad y estaba completamente disgustada ante personas en un tren público comportándose como si estuvieran bajo los efectos de un hechizo de cosquillas. Sin embargo, Severus y Draco no permitieron que les arruinara la diversión y eso la hizo enojar todavía más.
Munin el cuervo fue el único que le prestó algo de atención después de la desafortunada caída de Ese Perro. Voló al respaldar de su asiento y miró intensamente sus lentes por un rato. Cuando ella se apartó ligeramente de él, insegura de qué hacer con un gran pájaro negro que viajaba con dos personas indecentemente alegres, él quitó gentilmente el objeto brillante de su nariz para examinarlo mejor.
Una vez que los tuvo, se dio cuenta de que eran sólo lentes después de todo y repentinamente perdió todo interés en ellos. Los dejó caer en el regazo de la bruja y voló hasta Draco, esperando poder convencer al muchacho de que lo dejara probar su nueva gorra de los Rakers. En lugar de eso terminó jugando a atrapar la gorra, para diversión de Severus.
La bruja anciana se puso los lentes y los miró enojada un poco más.
Alrededor de una hora o algo así más tarde, otro viajero entró a su compartimiento. Era un hombrecillo redondo de edad media que vestía una seria túnica gris y tenía una expresión estricta. Draco inmediatamente lo etiquetó subconscientemente como "mago del Ministerio". Su sentido del humor parecía aún menos desarrollado que el de la anciana bruja y los dos pronto entablaron una conversación de susurros lanzando miradas escandalizadas a Draco y Severus de vez en cuando.
Tuvieron éxito en ignorar las miradas de enojo por un buen rato hasta que el pequeño mago barrigón de repente se repatingó en su asiento y le habló a Severus.
-Discúlpeme, señor. Estoy más que consciente que un simple campesino como usted se comporte igual de bien que nosotros, personas con un status más alto en la vida y sería yo el último en despreciar a nadie, pero debería usted entender que un oficial importante del Ministerio como yo, que he tengo veinte años de experiencia trabajando para el Gobierno y en ocasiones incluso he aconsejado a los consejeros del Ministro, está acostumbrado a ciertos estándares y a que la gente a su alrededor se adapte a ellos. Por lo tanto, si usted no desea o no es capaz de ajustarse al código normal de conducta, el cual sería por cierto un ejemplo mucho mejor para su hijo, apreciaría muchísimo que ustedes dos tuvieran al menos la decencia de cedernos este compartimiento a nosotros, personas de mejor crianza y continuar sus frivolidades con el resto de la gente común afuera, en el corredor.
Draco inmediatamente enarcó una ceja y miró con desprecio al extraño, pero Severus sujetó su brazo gentilmente y sacudió la cabeza con un ligero guiño.
-¿Usted tiene hijos, señor? –preguntó al "mago del Ministerio" con una expresión que usualmente reservaba para interrogar a Neville Longbottom, su estudiante menos preferido.
-Sí, es un hecho que tengo dos hijos muy bien educados, los cuales nunca, puedo asegurarle, soñarían siquiera con aceptar un comportamiento tan indecente aún a pesar de que son mucho más jóvenes que el hijo de usted, aquí presente. Pero el comportamiento correcto es principalmente un asunto de buena crianza y de la voluntad de adaptarse a los estándares de la familia, como siempre he dicho. Los hijos de un hombre importante como yo deben acomodarse a ciertos estándares, naturalmente y mi esposa siempre me dice lo buen padre que soy y lo afortunada que es ella de tenerme. Ella tenía algunos grandes problemas cuando me conoció, pero yo sabía que era una mujer fina y la ayudé a pesar de todo. Siempre dice que no habría podido lograr nada sin mí. Mi hija Patricia sólo tiene ocho años, pero ella sabe cómo comportarse apropiadamente y mi hijo David empezará en Hogwarts este año.
Un brillo peligroso apareció en los ojos de Snape a la mención de la palabra Hogwarts, pero el "mago del Ministerio" no tenía idea de lo terrible que podía ser Severus y continuó sermoneándolo totalmente ignorante del peligro.
-¡Pobres niños! –comentó Severus-. Risa y alegría deben tener un lugar en las vidas de todos, pienso yo, y creo que son particularmente importantes para los niños. Pero, claro, rara vez he aconsejado a los consejeros oficiales del Ministro.
-Ciertamente mis opiniones son muy respetadas por todos los que me conocen y puede creerme que esa risa frívola jamás sería permitida en una escuela tan exclusiva como lo es Hogwarts.
-¿Usted estudió en Hogwarts, señor?
-Tristemente, no. Mi padre no comprendía la importancia de una mejor educación y más tarde tuve que tomar clases nocturnas para enmendar su error, pero aún así trabajé por mí mismo para casi conseguir un título académico. He aprendido y hecho muchas cosas en mi tiempo.
-Ah, muy bien. Los dejaremos con su seriedad, entonces. Ven, Draco, obviamente no somos bienvenidos aquí –Severus tomó su bolsa de viaje y sacó a Ese Perro de debajo del asiento para ponerle otra vez la correa.
Justo cuando salían, volteó a ver otra vez al "mago del Ministerio", que estaba esponjándose de orgullo delante de la bruja anciana, regodeándose en su victoria sobre los dos buscaproblemas, una vez más.
-¿Podría decirme su nombre, señor?
-Director Smith, ¿por qué?
-Simple curiosidad, señor Smith, simple curiosidad. Trataré de conocer a su bien comportado hijo –y con eso Severus cerró la puerta de modo que el señor Smith nunca tuvo oportunidad de preguntar qué quería decir con la última frase.
En el momento en que estuvieron en el corredor, Draco miró a Snape.
-¿Por qué dejó que nos echaran? Pensé que usted sabía mejor que nadie cómo manejar a los majaderos con ego inflado.
-Oh, iba a hacerlo, pero cuando mencionó que su hijo va a entrar a Hogwars cambié de opinión. Creo que tendré mucha más diversión gracias al señor David Smith, a lo largo de sus ocho años en Hogwarts...
-Er... siete años –Draco le recordó a su maestro.
-Oh, no, ocho. Las estrellas me comunican que el pobre, infortunado David va a fallar en Pociones en su séptimo años y tendrá que pasar un año más en Hogwarts para poder graduarse –dijo Severus en una imitación casi perfecta de la profesora Trellawney, lo cual los hizo estallar a los dos en carcajadas otra vez.
Todavía estaban riendo cuando el tren llegó a la siguiente estación.
-¡Ven, "hijo"! –rió Snape-. Aquí es donde nos bajamos.
-No puedo creer que él pensara que soy su hijo –dijo Draco, mientras saltaba fuera del tren, todavía riendo-. No nos parecemos en nada.
-No creo que fuera por nuestro aspecto. Fue por la forma en que actuamos.
Draco miró a su maestro con sorpresa.
-Mi padre nunca ha actuado así conmigo.
-Bueno, él no ha sido un muy buen padre.
-Me enseñó muchas cosas importantes –protestó Draco.
-¿Como la forma de mirar con desprecio a las personas y llamarlas sangresucia? ¿O te refieres a hechizos prohibidos por los que podrías ser enviado a Azkaban?
Draco miró hacia el suelo. Sí, tal vez las cosas que Padre le había enseñado no eran tan inteligentes como siempre había pensado que eran. Al menos su padre se había metido en un gran problema por ellas.
-¿No deberíamos ponernos ropa muggle? –preguntó Draco de repente, mirando la plataforma vacía-. ¿Y cómo vamos a entrar al mundo muggle?
-No tenemos que hacerlo. No vamos a entrar al mundo muggle para nada –explicó Severus-. ¿Ves el camino allá adelante? Nos llevará hasta la puerta de tu tío y está totalmente vacío de muggles.
Draco siguió con la mirada el camino que partía directamente de la plataforma. Atravesaba un bosque y subía una colina justo sobre la cual estaba la mansión de tío Thomas. Parecía estar realmente cerca.
Draco dudó.
-¿Está seguro de que no hay muggles? Se ve terriblemente abierto.
-Sí lo está. Todo lo que ven los muggles es un bosque denso. Demasiado incómodo para caminar por él.
-¿Entonces, vamos ya?
Snape miró a Draco. Realmente deberían hacerlo, pero...
Miró de nuevo la plataforma vacía. Nadie más había bajado ahí del tren y la única cosa a la vista eran algunos banquillos y un pub mágico realmente pequeño que seguramente no era un muy buen negocio.
-Tal vez deberíamos comer primero –sugirió-. Por lo que leí de la mansión, no debe estar tan cerca como parece desde aquí y el camino probablemente da vueltas que no podemos ver desde aquí. Quizá tengamos que caminar por algún tiempo y quién sabe cuándo come normalmente tu tío.
-Oh, sí –Draco asintió de inmediato-. En realidad tengo algo de hambre.
Así que fueron al pequeño pub y ordenaron una comida sencilla (de todos modos no había nada más en el menú). El viejo mago detrás de la barra les sonrió alegremente y se apresuró a ir a la cocina.
-¿Cocinará él mismo? –preguntó Draco a Snape.
-Probablemente. Mira a tu alrededor. Me sorprendería mucho que tuviera más de diez clientes al día. Probablemente no puede costear tener empleados.
Ciertamente, eran los únicos ahí y las mesas en las esquinas se veían un tanto empolvadas. Probablemente nunca se usaban todas al mismo tiempo. Muchos clientes debían comer en la barra, sospechó Draco. Eso le daría al solitario bartender una pequeña oportunidad para conversar con alguien por un rato y le ahorraba el quitar el polvo de las mesas.
Draco miró a su alrededor con curiosidad, observando cada grieta y telaraña en los muros. Lucius Malfoy nunca habría permitido que su hijo comiera en un sitio tan desvencijado y probablemente tío Thomas tampoco comería ahí. El profesor Snape obviamente tenía un poco más de gusto por la aventura y probablemente consideraba que era una buena oportunidad de ahorrar algo de dinero. Comer ahí difícilmente podía ser caro.
El anciano mago se tomó su tiempo cocinando, pero el resultado fue sorpresivamente bueno. Aún así Draco comió lo más lentamente posible para alargar el tiempo que le quedaba antes de conocer a su tío. A Snape no le molestó. Escuchó la conversación del anciano mago por un rato, intercalando comentarios para darle ánimo entre sus historias de lo mal que iba el negocio y de la gente que siempre tenía prisa por abordar su tren. Siguieron hablando sobre la villa muggle y Snape se enteró de todos los pequeños escándalos de la ciudad.
Un rato después de eso, Snape mencionó casualmente la mansión en la colina y el viejo mago reaccionó de inmediato. Sí, esa era la casa del anciano señor Malfoy. Vivía ahí solo desde que su hijo se había mudado... bueno, había tenido que mudarse hacía al menos cuarenta años.
¿Y el viejo no se sentiría solo así?, quiso saber Snape.
Oh, sí algunas veces debía sentirse así y entonces visitaba la villa, pero no podía quedarse en el pub de la estación, por supuesto, iba a la villa y comía en un hotel muggle. O si no, iba al mercado.
-Viene a ver a la gente, por supuesto, y no hay mucha por aquí, ¿sabe? –dijo el anciano mago tristemente.
-¿Le gusta charlar con los muggles, entonces? Debe ser un hombre muy querido por aquí.
-Oh, sí, es un muy buen hombre. Un poco gruñón a veces y tiene algo de temperamento, pero en conjunto es un buen hombre. Y a su edad, un hombre tiene derecho a ser gruñón, digo yo.
-¿Ves? Le agradan los muggles. Será bueno contigo también –susurró Severus a Draco mientras salían.
-También es gruñón y temperamental –agregó Draco con duda.
-Bueno, sigue siendo mucho mejor que lo que pueda decir cualquiera sobre tu padre.
Eso era cierto, por supuesto. Draco no podía negarlo, pero tampoco le agradaba confirmarlo. Así que no dijo nada.
El camino en verdad resultó mucho más largo de lo esperado y serpentaba a través del bosque sin que pareciera seguir ninguna dirección. Muchos pies habían trazado atajos aquí y allá, pero por un acuerdo silencioso, Draco y Severus los ignoraron todos y sólo siguieron el camino original hasta que llegaron a una gran puerta que llevaba a la propiedad de Thomas Malfoy. Bueno, por lo visto el camino y el bosque le pertenecían también, pero esta era la primera señal clara de propiedad que habían encontrado.
No hubo ningún aviso visible o audible, pero en el momento en que se detuvieron ante la puerta, una pequeña elfa doméstica apareció de la nada para preguntarles qué deseaban.
-Dile a tu amo que he venido a traerle a su sobrino Draco, ya que él es el pariente más cercano del muchacho, aparte de su padre, quien se encuentra ahora en Azkaban –gruñó Snape a la pequeña sirviente.
No había pretendido ser descortés con el la criaturita, pero nunca se había llevado muy bien con los elfos domésticos. No era que no apreciara su duro trabajo y su lealtad, pero su alegría usual y su afectividad lo disgustaban infinitamente y su incapacidad de usar las estructuras gramaticales más simples en forma correcta era insoportable para él.
La elfa movió sus grandes orejas, los miró con grandes ojos redondos e hizo reverencias entusiasmada.
-Sí, señor. Flopsy va dirá al Amo Thomas Malfoy ahora justo ya. ¡Señor! –y con eso desapareció.
Severus suspiró. Oh, por supuesto, había tenido que dar con una elfa particularmente entusiasmable y con gramática particularmente mala. Trató de recordarse a sí mismo que no era culpa de la elfa, que estaba haciendo su mejor esfuerzo por ser útil y que realmente debería ser más amable con ella.
No funcionó. Todavía seguía siendo demasiado alegre y no podía hablar bien. Severus se preparó a si mismo para verla regresar. Por lo menos trataría de controlarse lo suficiente como para no insultarla.
Draco, que había permanecido tan cerca de él como le era posible abrazaba con fuerza su osito de peluche y miraba fijamente el punto donde Flopsy había desaparecido. Severus tocó gentilmente su hombro para sacarlo de eso.
-Todo estará bien, no va a morderte.
Draco tragó saliva.
-Eso espero -¿pero qué más podría hacer en cambio?
Ese Perro le ladró alegremente y saltó hacia él, llenándole la túnica de barro. Draco sonrió nerviosamente y se inclinó para rascar la cabeza del animal.
Snape miró las patas lodosas de Ese Perro por un momento, pero realmente no pudo enojarse con él por distraer a Draco de su miedo. ¿Dónde estaba Flopsy? Ya debía haber tenido bastante tiempo para entregar su mensaje a su amo y regresar para dejarlos entrar.
Y de repente alguien apareció en la puerta. Sin embargo, no era Flopsy ni tampoco otro elfo doméstico. Era un mago anciano y sus ropas definitivamente no eran las de un sirviente. Thomas Malfoy había llegado a verlos él mismo y no lucía contento.
Le lanzó una rápida mirada despreciativa a Severus, Draco y Ese Perro, contempló fríamente al osito y luego miró de nuevo a Snape.
Snape le devolvió la mirada despreciativa y Thomas casi retrocedió por la sorpresa. Nunca se había encontrado con nadie fuera de su propia familia que pudiera superarlo en eso. Apartó la mirada para evitar una competencia sin esperanza.
Severus suavizó su expresión. Podía intercambiar miradas con el mejo, pero no pretendía antagonizar a Thomas.
-¡Entonces! ¿Espera que me haga cargo del mimado mocoso experto en arte oscura de Lucius? –ladró Thomas Malfoy.
-Usted es el pariente más cercano del muchacho y él no tiene otro lugar a dónde ir. Puedo entender que no sienta agrado por su padre, tampoco yo, pero es su pariente y Draco no es Lucius. Es realmente un muy buen muchacho, una vez que llega a conocerlo.
-Aún es el hijo de Lucius. No quiero saber nada de las cosas que ese viejo monstruo le habrá enseñado.
-Y ahora usted tiene la oportunidad de enseñarle algo mejor. Le hará un bien al muchacho si le da la oportunidad de vivir en un ambiente normal por un tiempo.
-Soy un hombre viejo. No tengo ni el tiempo ni la paciencia para lidiar con todos los errores de Lucius. Puedo entender que desee librarse del niño, pero no voy a recibirlo y eso es todo. Hay muchos otros Malfoys en este país. Vaya a molestar a mi hijo, por ejemplo. No voy a involucrarme con nada que tenga siquiera una remota conexión con Lucius.
-Bueno, en ese caso, ¿dónde… -empezó a preguntar Snape, pero Thomas ya había desaparecido.
Draco contempló por un momento el lugar donde había estado sólo unos segundos antes y luego miró a Severus.
-¿Qué hacemos ahora?
-¿Volver a casa hasta que averigüemos dónde vive su hijo? –Severus se encogió de hombros-. Realmente podría haberse quedado aquí el tiempo suficiente para darnos una dirección.
-¿Cómo vamos a encontrarlo? Ni siquiera sabía que tenía un hijo hasta ahora y no se molestó en mencionar su nombre.
-Nada más necesitamos ver tu árbol familiar. Eso no debería ser muy difícil. ¿No estaba en ese libro en el que investigaste ayer? "Los Malfoy" me parece que era el título.
-Sí, pero no nos dirá dónde vive. No tenía direcciones por ninguna parte.
-Uno de los otros la tendrá. O encontraremos a algún otro pariente tuyo y si no podemos siempre podemos pedírselo al Ministerio como último recurso. Todos los magos y brujas tienen que estar registrados ahí.
-¿Pero el Ministerio compartiría la información?
-No muy alegremente, pero si le pido a Dumbledore que les pregunte en lugar nuestro, eso debería funcionar.
-Pero eso significa que tendremos que esperar hasta que Dumbledore regrese de sus vacaciones. ¿Cuánto sería eso?
-Oh, él volverá a tiempo para preparar el nuevo año escolar y tenemos algunas otras opciones antes de que tengamos que acudir a él. siempre podemos probar llamar a la puerta de una de las propiedades Malfoy y preguntar quién vive ahí.
Draco se estremeció ante esa sugerencia.
-Preferiría saber quién vive ahí antes de llegar.
-No te preocupes. Realmente no voy a hacer eso. Quiero saber yo mismo con qué personas voy a dejarte. Preguntar a los lugareños como hicimos en el pub hoy podría ser una buena idea, sin embargo. Usualmente conocen todos los pequeños escándalos y pueden darte una buena impresión del peor lado de las personas.
-Oh, grandioso.
-Sólo tienes que recordar que exageran siempre. Los chismes son muy informativos si sabes cómo leerlos –Snape sonrió ligeramente.
-¿Y usted está seguro de que sabe hacerlo?
-Confía en mí. Soy un profesional –Snape le guiñó un ojo.
-Usted es un maestro –insistió Draco-. Para mí, eso es un hecho.
-Y soy algunas otras cosas además de eso. Nadie en el personal de Hogwarts es enteramente lo que parece ser. Bueno, con algunas excepciones quizá, pero Dumbledore tiene otros usos para la mayoría de la gente a la que da trabajo.
-¿En serio? ¿Entonces, qué hace usted?
-Conseguir información, pero eso es un secreto, Draco. No podría trabajar más si la gente siquiera llegara a sospecharlo.
Draco rió.
-Eso suena como si fuera un agente secreto o algo así. Ya sabe, infiltrarse en las tropas enemigas, copiar documentos ultrasecretos...
-No, ya no es como eso. Perdí mi cubierta luego de la primera caída de Voldemort. Todos pensaron que me había vendido al Ministerio así que no puedo regresar a eso. Voldemort nunca confiará en mí otra vez. Ahora soy una clase menos interesante de espía, pero todavía soy útil para Dumbledore.
Draco contempló a Snape por un rato. Empezaron a caminar de regreso a la estación en algún momento mientras conversaban y estaban ya internados en el bosque. Probablemente era por eso que el profesor Snape se atrevía a hablar de esas cosas. Eso y el hecho de que el padre de Draco probablemente sabía y se lo habría dicho algún día a Draco, si no hubiera sido enviado a Azkaban. ¿Snape había sido alguna vez un doble agente espiando al Lord Oscuro? ¿Y había vivido para contarlo? Draco había escuchado con frecuencia sobre el anillo de espías que habían sido la más poderosa arma de Dumbledore en contra de Voldemort, pero por alguna razón nunca había pensado en las implicaciones. Habían sido personas tan sin miedo que se habían atrevido a mentirle a Voldemort una y otra vez, a mentirle a todos. Su padre le había hablado con frecuencia sobre el poder del Lord Oscuro y cómo era él lo único a lo que todos los Death Eaters temían. Y eso que él estaba de su lado. Ellos eran los heroicos luchadores de Dumbledore, había dicho su padre, la gente más valerosa del mundo, porque se habían atrevido a enfrentar una y otra vez.
¿Pero habían sido personas que vivieron todavía más peligrosamente y nadie había contado siquiera sus historias? De alguna manera siempre le había parecido natural que Dumbledore tuviera sus espías y que todos los Death Eaters hubieran sido siempre leales sirvientes de Voldemort, ¿pero cómo podía ser eso cierto?
-¿Qué pasó con los otros? ¿Todos los maestros fueron espías?
-Por supuesto que no. Algunos de ellos realmente estuvieron enseñando en Hogwarts todo el tiempo. Cada uno de ellos tiene una historia y cada uno de ellos tuvo su lugar en la guerra, pero soy el único que realmente fue un espía. Los otros tuvieron otros trabajos y la mayor parte fueron oficiales. Puedes leer al respecto en los periódicos viejos. Están en la biblioteca. Sólo pregúntale a Madame Pince.
-No me interesa lo que hicieron los maestros. ¿Qué pasó con los otros espías? ¿Murieron todos?
-Algunos de ellos sí. Otros nunca fueron atrapados y aún siguen siendo espías. Algunos fueron a otras cosas. Unos pocos fueron empleados por el Ministerio... Nunca fuimos tantos como cree la gente. Sólo teníamos nuestra gente estratégicamente colocada. Yo era uno de los miembros del círculo interno de Voldemort y la mayor parte del tiempo conocía sus planes. Yo fui quien le dio a Albus las listas de sus posibles blancos. Fue bastante fácil para mí conseguirlas.
-¿Y los otros? ¿Quiénes eran los otros?
Snape sólo sacudió la cabeza en silencio y Draco comprendió. Era un conocimiento peligroso.
-Sólo cuénteme de los que ya son conocidos por los Death Eaters. No puede haber daño en contarme lo que habría sabido por Padre de todos modos –suplicó.
-Bueno, nunca supe entonces de los otros agentes. Yo era el que corría más peligro de ser descubierto y torturado así que se me mantuvo a oscuras al respecto para que no pudiera traicionarlos. Me reportaba directamente con Albus aún cuando eso era un riesgo muy grande para mí en ese momento. Siempre supe sobre Moody, sin embargo. Todos sabían que él y Albus eran amigos cercanos y yo sospechaba que él mantenía informado a Albus sobre las acciones del Ministerio. Él era un Auror, como ya debes saber. Tal vez era parte del grupo que hacía los planes, pero más probablemente servía como enlace entre Albus y Lupin, como James. El hombre lobo mantenía un ojo en Knocturn Alley y otros lugares de encuentro para magos oscuros. Era una criatura de la Oscuridad y lo aceptaban fácilmente, además sabía cómo esconderse en las sombras y escuchar las conversaciones.
-¿Pero él no se infiltró realmente entre los Death Eaters?
-No, la información sobre la acción de esos en el lado oscuro que no estaban afiliados con Voldemort era importante también y era menos arriesgado para alguien conocido como amigo de Dumbledore. Nunca habría podido entrar en la operación de Voldemort. O eso pensaba Albus en aquel momento. Wormtail fue una completa sorpresa para nosotros.
-¿Wormtail? ¿Qué cosa es Wormtail? –Draco se sintió confundido. El profesor Snape lo había dicho casi como si fuera un nombre, per ¿quién podía tener un nombre como ese?
-Podrías llamarlo mi contraparte del lado oscuro, el espía de Voldemort contra Dumbledore. Él fue quien vendió a los Potter. Siempre fueron tan cuidadosos que no supe nada y entonces él los traicionó a todos. Ni siquiera consideraron la posibilidad de que se volviera en su contra.
-Pero si ese Wormtail traicionó todos sus secretos con el Lord Oscuro, ¿cómo sobrevivió usted? Me parece que debe haber ido tras todos los espías primero antes de ir por los Potter.
-Oh, pero Wormtail nunca supo de mí. No se me dijo sobre los otros espías, y ellos tampoco supieron de mí. Deben haber sospechado o incluso sabido que había otro espía, pero nunca supieron que era yo. ¿Qué le habría dicho Wormtail a Voldemort? ¿"Creo que hay una fuga en alguna parte"? Eso no es algo saludable para decírselo al Lord Oscuro. Voldemort había estado tras los Potter por algún tiempo y los Potter fue lo que le dio Wormtail.
-Entonces él le dijo que reclutara a Black y entonces Black…
-No, Black no tuvo nada que ver con eso. Al menos eso es lo que dice la versión más reciente.
-Pero él era el fidelius de los Potter. Nadie podría haberlos encontrado sin su ayuda.
-Aparentemente no lo era. Por alguna razón no quiso el trabajo y los Potter se lo pidieron en cambio a Wormtail, porque parecía ser un candidato poco probable y pensaron que Voldemort nunca pensaría en él.
-¿Entonces por qué Black fue a Azkaban y no Wormtail?
-Porque todos sabían que los Potter le habían pedido a Black que fuera su guardián secreto y Wormtail desapareció antes de que nadie sospechara de él. Se rumora que Voldemort lo tiene ahora en lugar de un elfo doméstico.
Draco sonrió ante la idea. ¿Un elfo doméstico humano? Eso tenía que ser divertido. Casi deseaba verlo algún día, pero eso significaría encontrarse con el Lord Obscurlo y Draco no estaba ya muy seguro de querer conocer a ese tipo.
-Él quiere matar a Charlie y Matt, ¿no es así? –preguntó, con la voz ligeramente temblorosa. Eso sonaba casi imposible. ¿Por qué querría nadie lastimar a Charlie? Todo lo que ella quería era ser una bailarina famosa. Nunca le había hecho daño a nadie.
-Sí, eso es lo que Voldemort quiere, matar a todos los squibs e hijos de muggles... mataría a Mary también, ¿sabes?
-¡¿Qué?! ¿Por qué haría eso? Ella es mágica y su madre es una bruja también. No hay razón para lastimarla.
-Pero no es sangre limpia. Para Voldemort una media ogresa es una abominación igual que un squib.
-Pero… pero… -eso era imposible. ¿Por qué podría querer nadie que Mary muriera? Sería una gran luchadora si Voldemort la tuviera de su lado. Era más fuerte que Crabbe y Goyle y además tenía más cerebro-. Él no le haría daño a los demás también, ¿o sí?
-No al principio, pero si tuviera éxito en matar a todos los muggles y magos hijos de muggles, empezaría a ser más selectivo. Empezaría a matar personas por no ser lo bastante inteligentes para su gusto, o no lo suficientemente fuertes, o no lo suficientemente altas... o tal vez sólo por ser pobres. Hay un millón de razones que podría tener para querer matar a alguien, pero lo que no puede dejar de hacer es matar. Lo disfruta demasiado, ya sabes.
-¿Entonces, si sigue en ese camino, dónde se detendría?
-En ninguna parte. No puede parar y no puede morir. Seguiría matando hasta que él fuera la única cosa viviente en el mundo.
-¡Pero eso significa que mataría a sus propios seguidores también!
-Por supuesto que sí. A Voldemort no le importa la gente. Sólo le importa matar y en realidad no le importa a quién mata. Él puede pensar ahora que todo lo que desea es ver muertos a todos los muggles, pero una vez que ya no estén se daría cuenta de que no es suficiente. Nunca será suficiente.
-¿Entonces por qué la gente continúa siguiéndolo? Si él simplemente va a matarlos a todos, deberían estar en su contra.
-Porque simplemente no comprenden lo que es realmente Voldemort. Creen en sus promesas de poder y dinero y continuarán hasta que ellos mueran o hasta que alguien mate a su amo.
Draco pensó al respecto por un rato.
-Usted dijo que él no puede morir –dijo finalmente.
-No por causas naturales, hasta donde sabemos, pero casi todo puede ser destruido. Lily Potter casi lo logró una vez. La clave es encontrar un hechizo más poderoso que el de ella.
Draco pensó en eso. Entonces había sido realmente Lily y no Harry Potter quien había derrotado al Lord Oscuro. ¿Pero cuál hechizo había usado y qué podría ser más poderoso aún? Consideró preguntarle a Snape, pero si su maestro hubiera sabido la respuesta, habría matado a Voldemort mucho tiempo atrás.
¿Y qué estaba haciendo, en todo caso? ¿Pensando en formas de destruir al hombre para servir al cual había sido educado? ¿Pero y si lo que había dicho Snape era cierto? ¿Y si Voldemort simplemente acabaría matándolo junto con todos los demás? ¿Qué debía hacer, entonces? ¿De qué lado estaba realmente?
Draco aún estaba muy callado y pensativo cuando llegaron a la estación. Severus no lo molestó. Sabía que le había dado al chico mucho en qué pensar. Esa había sido su intención. Había apartado su mente del rechazo de su tío y lo había forzado a reconsiderar sus lealtades.
Severus siempre había sospechado que Draco sólo estaba siguiendo ciegamente a su padre en el servicio de Voldemort y nunca había considerado realmente las consecuencias. La manera en que Draco había hecho amistad con los Rakers lo había convencido de que Draco no creía realmente en los ideales de los Death Eaters, pero necesitaba que Draco lo comprendiera por sí mismo y eso podría tomar tiempo.
Volvieron al pub para charlar con el viejo mago un poco más mientras esperaban el tren. No era que ninguno de los dos estuviera realmente interesado en lo que tenía que decir, pero ayudó a pasar el tiempo, ya que tuvieron que esperar por casi una hora e incluso Ese Perro parecía aburrido de olfatear las polvorientas esquinas para cuando llegó el tren.
El tren estaba lleno hasta casi su totalidad esta vez y tuvieron que acomodarse con una familia con dos niños pequeños que estuvieron felices de ver a Ese Perro y a Munin. El cuervo obviamente no estaba feliz con su situación. Voló al hombro de Severus y miró con desconfianza a los niños desde ahí.
Ese Perro, por otro lado, estaba más que feliz con los niños. Agitaba su cola con tanta fuerza que Draco pensó que estaría adolorido a la mañana siguiente. Los niños dedicaron una última mirada a Munin y se entregaron a la importante labor de acariciar a Ese Perro.
-No se preocupe, es inofensivo y está acostumbrado a los niños pequeños –susurró Draco a la madre de aspecto preocupado.
Ella le sonrió agradecida. Como muchas brujas y magos, obviamente no estaba familiarizada con los perros. Gatos, búhos e incluso sapos eran mascotas bien conocidas en el mundo mágico. Los perros, en cambio, eran mascotas poco populares en las viejas familias mágicas. Eran conocidas como populares mascotas muggles y por supuesto muchos hijos de muggles los tenían, pero no tenían cualidades mágicas y por lo tanto eran ignorados por la mayoría.
Draco se preguntó de nuevo cómo era que Snape había obtenido a Ese Perro en primer lugar.
Los padres de los niños resultaron ser muy amistosos y Draco conversó con ellos durante casi todo el viaje. Iban a visitar a los abuelos de los niños en alguna ciudad cercana a Londres. Sí, tenían un largo camino por delante, pero era muy difícil viajar con polvos flu con un niño retorciéndose en tus brazaos y realmente disfrutaban contemplar el escenario cambiando por la ventanilla del tren.
Draco les dijo que él y el profesor Snape eran de Hogsmeade y que estaban regresando de visitar a su tío. Ni siquiera se sentía como una mentira, simplemente no estaba diciendo toda la verdad. No necesitaban saber quién era realmente. Podrían asustarse tanto como su tío.
Parecieron simplemente asumir que él y Snape estaban emparentados o algo así. Al menos nunca preguntaron. ¿Tal vez sólo pensaron que eran padre e hijo, como lo había hecho el Director Smith? A Draco realmente no le importó, ya que no hicieron preguntas que realmente no sabía cómo contestar.
Cuando llegaron a la última estación anterior a Hogsmeade, Severus sacó tinta y pergamino y empezó a escribir una nota que ató a la pata de Munin y cuando el tren empezó a bajar la velocidad entrando a Hogsmeade, abrió la ventan y dejó salir al cuervo.
-¿A dónde lo envió? –preguntó Draco con curiosidad.
-A casa, para decirle a Sarah que regresamos. ¿O prefieres darle la sorpresa?
Eso probablemente no habría sido aconsejable, pensó Draco recordando la forma en que lo había recibido la primera vez que había llegado a su puerta. Sería mejor que supiera por adelantado que estaba de vuelta y podría ponerle mala cara al gato en lugar de a él.
Caminaron desde la estación lentamente para darle tiempo a Munin de entregar su mensaje.
-¿Volveremos a Hogwarts mañana? –preguntó Draco cuando cruzaban el puente hacia West Hogsmeade.
-No creo que tengamos el tiempo. Es día de mercado otra vez y tenemos muchas compras qué hacer esta semana. Tengo algunas cosas que hacer el martes, pero podría sacar algo de tiempo para dejarme caer por el castillo y sacar algunos libros si todo sale como lo planeo. Si no, simplemente iremos el miércoles. Encontraremos otro miembro de tu familia con el cual llevarte el sábado.
-¿Entonces voy a quedarme otra semana?
-Eso creo, sí. ¿No te molesta mucho?
-Para nada. ahora podré jugar con Billy y con los Rakers un poco más y veré las lavadoras otra vez y podré ir a nadar y ...
Severus sonrió ligeramente ante el entusiasmo de Draco. Le gustaba cada vez más la idea de conservar al muchacho por más tiempo. West Hogsmeade estaba haciéndole bien a Draco y al muchacho parecía gustarle. ¿Cómo podría haber creído nadie que iba a crecer para ser un Death Eater? Snape estaba empezando a considerar seriamente su interés en ser electricista.
Cuando los primeros edificios de apartamentos quedaron a la vista tanto Draco como Ese Perro se sintieron ansiosos por volver a casa y empezaron a caminar más rápido. Al menos se sentía como casa para Draco. Difícilmente podía recordar haberse sentido perdido y ligeramente aplastado la primera vez que había visto los edificios de apartamentos.
Severus no podía creerlo. Después de todo lo que habían caminado ese día, Draco aún parecía dispuesto a correr el resto del camino.
No corrieron, por supuesto. Severus mantuvo su ritmo lento y no dejó que Draco ni Ese Perro tiraran de él. ¿Por qué debería? Seguía siendo el que tenía la llave y Draco no podía usar un alohomora durante las vacaciones. Y en cuanto al perro, ni siquiera podía abrir por sí mismo una puerta cerrada.
Draco bajó el ritmo otra vez para esperar a su maestro, pero tuvo que refrenarse varias veces para no correr adelante con Ese Perro. Finalmente llegaron a la puerta de su apartamento. Snape sacó la llave.
Y fue entonces cuando Draco recordó algo de pronto y desapareció. Por primera vez realmente pudo probar el timbre del apartamento de Mike.
Severus, que lo había mirado confundido cuando Draco había echado a correr de repente se detuvo en el corredor para mirarlo sonriendo ligeramente para sí mismo. Ese Perro ladró protestando, pero eso no ayudó. La puerta permaneció cerrada por el momento.
Mike abrió la puerta.
-¡¿Draco?!
-Voy a quedarme otra semana. Tío Thomas no me quiso –Draco sonrió alegremente.
-¿No te quiso? –preguntó Mike un poco confundido-. ¿Por qué no?
-Es viejo y no siente mucho afecto por el padre de Draco y sus ideas sobre cómo educar a un niño –explicó Severus en lugar de Draco. No estaba seguro de que el muchacho hubiera entendido del todo por qué su tío había reaccionado de esa manera y vio una buena oportunidad para explicarlo ahí-. Simplemente no cree que pueda manejar los problemas que piensa que puede tener el cuidar de Draco a su edad.
-¿Entonces vas a quedarte aquí? ¿Para siempre?
-No, sólo por otra semana hasta que encontremos otro pariente que sí me quiera.
Draco suspiró. Otra semana sonaba como algo grandioso, pero cuando lo pensaba, era muy poco tiempo ¿y cómo sería el hijo de tío Thomas? Ni siquiera sabía dónde vivía.
-Oh, bueno, sigue siendo grandioso. ¡Vamos, tenemos que decirle a Cathy Cat y a Bloody Mary de inmediato!
-No, no lo harán. Sarah ya debe tener servida la cena y está esperándonos para comer. Puedes jugar con tus amigos mañana, Draco.
-Lo siento –murmuró Draco a Mike y regresó a la entrada del apartamento detrás de Snape.
-¡Dako! –lo saludó Billy al momento en que entró a la sala y Draco olvidó inmediatamente todo su disgusto por no haber sido autorizado a ir con Mike. Era magnífico estar en casa.
Recogió el bebé y dio vueltas con él unas cuantas veces hasta que empezó a sentirse mareado y tuvo que ponerlo abajo otra vez. Billy lucía un poco decepcionado por ser puesto abajo tan pronto, pero entonces vio a Severus.
-¡Dada! –y Billy fue alzado otra vez.
Sarah le dio un breve abrazo a Draco.
-No te preocupes por tu tío, Draco. Estoy segura de que no pretendía ser tan desagradable y Severus dice que aún hay muchos otros parientes que pueden acogerte. Te encontraremos un lugar mucho mejor esta vez, ya verás.
-Está bien, señora Snape, en serio. No me gustó la casa de tío Thomas de todos modos. No quisiera tener que caminar toda esa distancia por el bosque todo el tiempo y la casa se veía terriblemente oscura y solitaria. Preferiría por mucho tener una familia de verdad con niños y un montón de vecinos. Tal vez el hijo de tío Thomas incluso tenga un bebé de la edad de Billy. Me gustaría vivir donde hubiera un bebé.
Al escucharlo, Severus levantó la mirada, todavía abrazando a Billy.
-No creo que lo tenga. Debe ser sólo unos pocos años más joven que tu padre y sus hijos probablemente ya estén en la escuela, tal vez incluso sean de tu edad o mayores.
Draco pareció decepcionado. Quería un bebé, no un montón de escolares.
-Aún así será muy divertidos –Sarah trató de animarlo otra vez-. Quizá incluso más divertidos que Billy, porque realmente podrás jugar con ellos.
Draco pensó en que realmente podía jugar con Billy también. Sarah sin embargo siguió insistiendo en que chicos mayores serían más divertidos para jugar con ellos y no quiso discutírselo. Chicos mayores era mejor que nada de niños, por supuesto, y eso era lo que habría tenido en casa de tío Thomas. Decidió no preocuparse mucho por eso. Después de todo, tenía una semana entera por delante antes de tener que enfrentar su problema y pretendía disfrutar esa semana lo mejor que pudiera.
Continuará...
Nota de la autora:
¿Draco encontrará un nuevo hogar? ¿Llegará a aceptarlo Jack en la pandilla? ¿Y Draco le pondrá nombre a su osito de peluche? Por favor, comenten.
En el próximo capítulo:
Iremos al mercado otra vez, Ese Perro y Munin pelearán por comida y Severus preparará una poción (Bueno, ¿qué otra cosa esperaban que hiciera un maestro de pociones?).
