CAPÍTULO 9

CAPÍTULO 9

Fujii suspiró una vez más y contempló su habitación con tristeza en la mirada. Ahí había pasado toda su vida. En esa habitación su madre la había arropado para dormir cuando vivía. También ahí había tenido fiestas de pijama con Haruko y Matsui. Incluso esa habitación había sido testigo mudo del amor físico que experimentaba con su novio. Y ahora, no entendía del todo por qué, ya no estaría ahí.

Recordó la escena con su padre. Youhei, muy seguro, se había presentado con toda la formalidad que sólo utilizaba en sus presentaciones de la escuela. Ella aún estaba temerosa, pero la idea de su bebé le daba valor para no dejar que el miedo la venciera.

Sin soltarla de la mano, Youhei le explicó a su padre que estaba completamente enamorado de ella, que no podía pensar en otra mujer para compartir su vida y que desde hacía tiempo él pensaba proponerle matrimonio. El padre de Fujii sospechó que algo no estaba bien, y fue ella misma quien se lo comunicó: Estoy embarazada, papá. El hombre, completamente serio, permaneció en silencio larguísimos segundos, hasta que se levantó del sofá e hizo ademán de darle una bofetada a la muchacha. Youhei se puso de pie y se interpuso entre la chica y su padre, pero el hombre se detuvo antes de que su mano comenzara la trayectoria. Fujii esperaba algo así. Se sintió terrible cuando su padre le dijo que lo había defraudado, y que se alegraba de que su esposa no estuviera viva para presenciar ese momento. Youhei la defendió y le dijo a su suegro que jamás en la vida sería un pecado amar a una mujer como Fujii, y que, a pesar de que el momento no era ideal, no se arrepentía de estar comunicándole esa noticia.

Sin exasperarse y con una profunda tristeza en la mirada, el padre de Fujii le dijo que no quería verla…

Eso no lo esperaban, pero Youhei no flaqueó y aseguró que su novia estaría bien, por lo que decidieron que, desde ese mismo día, Fujii viviría en el piso que su novio compartía con Sakuragi.

—¿Estás lista? —escuchó la pregunta al tiempo que un abrazo rodeaba su cintura por la espalda. Ella cerró los ojos y bajó la mirada, pero entrelazó sus manos con las que se unían en su vientre.

—Sí.

Youhei tomó la maleta y comenzó a caminar hacia el pasillo. Fujii miró la habitación por última vez y lo siguió.

Cuando llegaron a la planta baja la muchacha miró a su padre sentado en un sofá, con la cara escondida entre las manos. Se le acercó con cautela.

—Papá… —se atrevió a pronunciar. El hombre no movió un músculo y ella se dio por vencida— Te quiero, papá…

Aguantó las ganas de llorar. Youhei estaba con ella y eso era lo único que necesitaba.

Ambos muchachos abandonaron el que había sido el hogar de la chica por más de veinte años, con la esperanza de que el futuro sería bueno.

Una vez que la puerta se cerró y estuvo a solas, el padre de Fujii rompió a llorar.

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Hanamichi llevaba treinta minutos con un pedazo de papel en una mano y el teléfono inalámbrico en la otra. Era miércoles, o sea que le quedaban dos días para la reunión. Se sentía muy nervioso: invitaría a Michiko. Obtener su número telefónico había sido más sencillo de lo que creyó al principio. Faltaban dos días, pero no quería dejarlo al final. ¿Qué tal si alguien se le adelantaba y la invitaba a salir el viernes? Hanamichi estaba decidido: Michiko le gustaba y haría lo posible por acercarse a ella.

Por fin se armó de valor y comenzó a marcar el número telefónico. Escuchó el tono de llamada un par de veces y luego la voz de Michiko:

—Hola.

—Ho-hola, Michiko —tartamudeó. Se aclaró la garganta y prosiguió—. Habla Hanamichi Sakuragi.

—Hola, Hanamichi —la voz parecía sonreír.

—Yo te llamo porque quiero saber si tienes planes para el viernes.

—¿El viernes…? —pensó un par de segundos— No. No tengo.

—¡Excelente! —se alegró el pelirrojo.

—¿Por qué?

—Pues verás… Quiero invitarte a salir. Habrá una reunión de ex-alumnos de mi preparatoria. ¿Te gustaría venir conmigo?

El pelirrojo mantenía cruzados los dedos de su mano libre. De verdad quería que Michiko lo acompañara a la reunión.

—Está bien.

Sakuragi abrió los ojos más allá de su capacidad natural y de un salto se puso en pie.

—¡Excelente! ¿Te parece si te recojo a las cinco treinta? La reunión será en el gimnasio de la preparatoria Shohoku.

—Bien. Te daré mi dirección.

El pelirrojo escribió lo que la chica le dictó. Su letra era horrorosa a causa de los nervios, pero le entendería cuando debiera hacerlo.

—Entonces hasta el viernes, Michiko.

—Hasta el viernes, Hanamichi. Cuídate.

—Tú también. Gracias por aceptar.

La chica cortó la comunicación. El pelirrojo llevaba mucho tiempo fuera de práctica en cuanto a citas, tanto que incluso le pareció increíble que ella hubiera aceptado tan rápido salir con él. Pero tenía un buen presentimiento acerca de esa reunión.

No bien había terminado de digerir lo que acababa de suceder, cuando escuchó la puerta del departamento abrirse. Supuso que Youhei ya habría llegado. Pensó en acercarse a él y preguntarle cómo le había ido con el padre de Fujii, pero en cuanto decidió hacerlo escuchó que llamaba a la puerta de su habitación.

—Pasa, Youhei.

El pelinegro se adentró y a Sakuragi le sorprendió ver su semblante serio.

—¿Qué pasó? —se levantó de la cama y se situó frente a su amigo— ¿Está todo bien?

Youhei negó con la cabeza.

—El padre de Fujii lo tomó peor de lo que pensábamos —explicó—. Dijo que no quería volver a verla y ahora la he traído aquí.

Youhei pensaba que no habría inconveniente en que él y su novia compartieran la habitación que ocupaba desde hacía tres años.

—¿Crees que tu padre se oponga a que ella viva con nosotros, Hanamichi?

—No te preocupes, Youhei. El piso es nuestro.

Youhei sonrió. No estaba del todo seguro de cuál sería el método que seguirían. Lo que sí tenia muy claro es que ahora sería precursor de una familia, y no defraudaría a Fujii.

—Todo estará bien —aseguró Hanamichi, como leyendo el pensamiento de su amigo. Y, acto seguido, lo abrazó. Youhei se sintió reconfortado entre el abrazo de su mejor amigo.

—Gracias, Hanamichi.

—No me agradezcas —pidió el pelirrojo con una sonrisa, y luego rompió el abrazo—. Ahora dime dónde está Fujii: quiero saludarla. Además será bueno que mi sobrino y mi cuñada estén cerca de nosotros, por lo que se pueda ofrecer.

Youhei no pudo hacer menos que sonreír y conducir al pelirrojo hasta la sala, en donde Fujii, muy nerviosa, esperaba una respuesta.

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Haruko estaba sola en su habitación. Había llegado de la escuela media hora antes, y se había recostado por un dolor de cabeza que comenzó a molestarla casi desde su última clase. No tenía tarea por completar, así que podía dedicar toda la tarde de ese miércoles a dormir si así lo decidía.

Se acomodó sobre su costado derecho y cerró los ojos, cuando, de repente, recordó que era miércoles, y que faltaban dos días para la reunión de ex-alumnos en Shohoku. Recordó también que no había tenido oportunidad de hablar con Hanamichi esa mañana, dada la prisa con la que él había salido disparado de su facultad en cuanto lo sorprendió hablando con Yukatori.

—Debió haber tenido mucha prisa —se sonrió Haruko y se sentó sobre la cama. Buscó su celular en la bolsa donde estaban sus libros de la escuela. Cuando lo encontró buscó el número del pelirrojo entre los contactos y marcó.

Hola, Haruko —escuchó que Sakuragi le contestaba. Lo imaginó sonriendo al leer su nombre en la llamada entrante.

—Hola, Hanamichi. ¿Estás ocupado?

No. De hecho estaba a punto de llamarte.

—¿Si? ¿Y para qué?

Pues queremos invitarte a cenar al departamento. Vamos a celebrar a Fujii y a Youhei.

—¿Están ellos ahí?

Sí, aunque no saben que la cena será en su honor. ¿Vienes?

—Claro. ¿Está bien si llego en media hora?

Muy bien. Te espero para que arreglemos todo, ¿de acuerdo?

—Sí, Hanamichi. Hasta al rato entonces.

La llamada terminó y Haruko sonrió. De seguro las cosas con el padre de Fujii no habían salido tan mal y por eso había motivo para celebrar. Entonces, después de la cena, quedaría arreglado lo de la reunión. No importaba quién tomara la iniciativa, era un hecho que ellos nunca se separarían.

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Cuando escuchó que llamaban a la puerta, supuso que sería Haruko llegando cinco minutos antes de la hora acordada. Pero después de todo Sakuragi lo esperaba: el departamento no quedaba tan lejos de la casa de la familia Akagi. Así que abrió la puerta y se encontró con la bonita sonrisa de su mejor amiga desde hacía varios años.

—Hola, Haruko. Pasa.

La muchacha se descalzó y entró al departamento. Se sentía en confianza en ese lugar.

—Supongo que las cosas salieron bien con el padre de Fujii —comentó Haruko en tanto avanzaban hacia la cocina del lugar—, ¿no, Hanamichi?

—En realidad el hombre le dijo que no quería volver a verla —respondió el pelirrojo con seriedad—. Por eso decidieron vivir aquí.

—¿De verdad? —Haruko se sorprendió— Fujii no me ha llamado…

—Yo creo que todavía está asimilando las cosas —razonó Sakuragi—. De cualquier modo pienso que será conveniente que Fujii y Youhei estén cerca, por lo que se pueda ofrecer. Además el departamento es grande y ya necesitábamos que alguien más viviera con nosotros.

Haruko concordó en silencio. Y de repente preguntó:

—Oye, Hanamichi… —el muchacho la miró— Ellos no saben que habrá una cena, ¿verdad?

—No —Sakuragi puso cara de tonto y se rascó la nuca con gesto despreocupado—. Salieron a caminar para que Fujii se tranquilizara, y en cuanto se fueron pensé en llamarte para que preparemos algo sencillo. Yo creo que es necesario que sientan nuestro apoyo.

—Tienes razón —Haruko se levantó del asiento en el que estaba y exhaló entusiasmo—. Ellos son nuestros mejores amigos y debemos asegurarnos de que se sientan apoyados. ¡Vamos a preparar una cena digna para ellos!

Y dicho: ambos comenzaron a hacer uso de todo lo que había disponible en la despensa. Tenían poco tiempo antes de que Fujii y Youhei volvieran de su caminata.

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—¡FELICIDADES! —gritaron Haruko y Hanamichi en cuanto Fujii y Youhei entraron al departamento, justo diez minutos después de que la cena estuvo lista.

—¿Haruko? —preguntó Fujii, corriendo a los brazos de su mejor amiga.

—¡Qué gusto me da todo esto, Fujii! —dijo la aludida con sinceridad.

—¿Tú planeaste esto, Hanamichi? —preguntó Youhei, acercándose a su mejor amigo. El pelirrojo inclinó la cabeza y miró sus zapatos. Youhei lo entendió por el sonrojo que se apoderó de las mejillas de su amigo— Gracias, amigo.

La cena fue sencilla. Aunque Haruko y Sakuragi no eran excelentes cocineros la comida supo muy bien, aunque el fin de semana Hanamichi y Youhei tendrían que volver a abastecer la despensa. Comieron y charlaron tranquilos, planeando cómo sería la vida para los futuros padres a partir de ese momento. Haruko se sintió un poco triste al no poder formar parte del grupo como los otros tres miembros, pero sabía que eso no cambiaba en nada el cariño que existía entre los cuatro. Hanamichi se sintió dichoso por su amigo, y sin decirlos le hizo sentir todo su apoyo. La pareja por un momento se olvidó de la tristeza ante la reacción del padre de Fujii, pero Youhei pensaba que con el tiempo eso cambiaría. Con respecto a sus padres, supuso que la semana siguiente los enteraría. No creía que con ellos pudiera existir problema, puesto que él era independiente y su familia sospechaba que se casaría con Fujii al terminar la universidad.

Cerca de las nueve de la noche, Haruko anunció que era hora de volver a casa porque al día siguiente tenía clase a primera hora. Hanamichi, como todo un caballero, se ofreció a acompañarla. Ella aceptó pensando que era una buena oportunidad para acordar la asistencia a la reunión.

—Volveré pronto —anunció el pelirrojo a la pareja—. Si se van a dormir no aseguren la puerta.

—Claro, Hanamichi —dijo Youhei—. Hasta mañana, Haruko.

—Vayan con cuidado —recomendó Fujii—. Gracias por todo esto, a ambos.

—No se preocupen —sonrió Haruko—. Todo saldrá bien.

Ambos muchachos salieron del departamento y bajaron las escaleras del edificio. Cuando salieron a la calle Haruko inició la conversación.

—Menos mal que viven en el segundo piso.

—¿Por qué? —el pelirrojo no entendió.

—Pues porque es sólo una escalera —respondió la castaña—. ¿Te imaginas si Fujii tuviera que subir más de un piso cuando tenga seis meses de embarazo?

—Tienes razón.

Se quedaron en silencio en tanto seguían caminando. Haruko se preguntaba por qué Hanamichi no tocaba el tema de la reunión. Él no solía ser de las personas que dejaban todo para el final, y a esas alturas faltaban sólo dos días para el evento.

Cuando faltaban unas pocas calles para llegar al hogar de Haruko, fue ella quien se detuvo y planteó el punto.

—Oye, Hanamichi.

—¿Si? —el pelirrojo se detuvo y quedó frente a ella.

—Me parece extraño que aún no me hayas invitado a la reunión del viernes.

—¿De qué hablas?

—Pues… Yo desde el principio di por hecho que asistiríamos juntos, pero creo que sería cortés que me hicieras la invitación en forma.

El pelirrojo se sintió un poco avergonzado de repente: él también había pensado desde el principio que serían pareja, pero nunca consideró que Haruko pudo haberlo percibido así también. Y mucho menos consideró importante notificarle del interés que tenía en Michiko.

—Haruko…

La castaña lo miró con una sonrisa. Pero la mirada del pelirrojo le indicaba que había algo malo en esa conversación.

—¿Qué pasa, Hanamichi?

—Verás… —se sentía raro estar a punto de decirle aquello a Haruko. Nunca había considerado difícil decirle cualquier cosa a la muchacha: ella era su mejor amiga. Pero por un tiempo olvidó que, antes de ser su mejor amiga, había sido su novia. En ese momento comprendía que algunas cosas iban a ser difíciles entre ellos— Yo invité a una chica. Me gustaría salir con ella, y la reunión es una buena oportunidad…

—Oh, entiendo, Hanamichi.

La misma Haruko fue quien recomenzó la caminata. Se sentía extraño ese momento. Cuando ella le dijo a Hanamichi que quería que fueran amigos nunca consideró que el trato entre ellos se volvería tan íntimo que en algún punto estarían acostumbrados uno al otro. No compartían besos, caricias, abrazos ni ese tipo de contacto, pero algunas conductas no habían cambiado entre los dos. El dar por hecho que asistían juntos a todos lados era una de esas conductas.

—Esto es extraño —dijo Haruko cuando se detuvieron frente al jardín de su casa—. Es la primera vez que me cuentas que saldrás con una chica.

—Es la primera vez que saldré con una chica que no seas tú, Haruko.

Se quedaron en silencio.

—Pues… Me da gusto que una chica te interese, Hanamichi. Creo que ella será afortunada si logra tener una relación contigo.

La sonrisa de Haruko fue muy sincera. Hanamichi la abrazó con fuerza, sintiéndose más seguro que nunca de que hacía lo correcto.

Hanamichi se marchó silbando una tonadita alegre. Haruko entró a la casa y saludó a su familia. Después subió a su habitación y sintió unos inmensos deseos de llorar.

Entre lágrimas tranquilas, decidió que al día siguiente invitaría a Yukatori a la reunión.

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Serían cerca de las once de la noche cuando Kaede Rukawa escuchó que alguien llamaba a la puerta de su habitación. Sabía de quién se trataba, pero supuso que si no contestaba Keichi pensaba que ya estaba dormido y se marcharía a su propia habitación.

—Kede… —escuchó que el muchacho de nuevo tocaba la puerta.

Y otra vez no quiso contestar. Ya se fastidiaría de ser ignorado.

—Ya sé que ni estás dormido, Kaede… Ábreme.

Rukawa bufó: Keichi ya había aprendido a conocerlo. Y eso a veces lo asustaba.

—¿Qué quieres? —gruñó al tiempo que abría la puerta.

—¿Puedo dormir en tu habitación? En la mía se escuchan ruidos extraños.

Kaede lo miró con mucha frialdad, pero luego se hizo a un lado permitiéndole entrar.

—Pero no dormirás en mi cama —advirtió.

—No te preocupes: traigo mis cosas —sonrió el castaño, mostrando su almohada y sábanas.

Los dos muchachos se acomodaron y Rukawa apagó la luz. Refunfuñó algo mientras se metía a su cama, y luego sólo se pudo escuchar una frase: menos mal que pronto volveremos a Estados Unidos.

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Notas de la autora:

Por fin he vuelto a las andadas, y con un capítulo más largo que de costumbre. Ya sé que algunas personas estarán pensando: ¿cuándo demonios va a entrar en acción Rukawa? Pues déjenme decirles que la espera valdrá la pena, porque lo veremos activo a partir del capítulo 10 (o sea el siguiente). También les adelanto que próximamente habrá una escena romanticona entre Hanamichi y Michiko. Y creo que ahora sí podremos dejar tranquilos a Youhei y a Fujii, que al fin ya tuvieron mucha participación.

Pues ojalá me dejen reviews, y aviso que ya estoy trabajando en el capítulo que sigue.