Capítulo 8
"Michiru, eres una mujer perfecta" le susurré al oído con la voz ronca enardecida por la pasión, ella me miró y se dejó llevar por el roce de mis manos en su cuerpo y daba pequeños gemidos reprimiendo el deseo que sentía pues jamás había estado con un hombre, y creo que nunca supo que conmigo tampoco lo estuvo.
Toqué su cuerpo con desesperación por encima de su ropa que para esa altura ya me era un estorbo, y comencé a desatar cada uno de los lazos de su precioso vestido de seda egipcia, grande fue mi sorpresa cuando bajo el vestido encontré su cuerpo desnudo, sin esa fastidiosa prenda muy común en las mujeres francesas por lo que mi excitación me llevó al cielo al verla así, desnuda, perfecta antes mis ojos se veía tan frágil y tan dócil, con cuidado la tomé entre mis brazos para depositarla en mi cama, me despojé de mi ropa y me subí sobre ella con tal delicadeza que si hubiese estado dormida jamás hubiera notado mi presencia, comencé a repartir mil besos en su cuerpo comenzando por su delicioso y seductor cuello, bajando por sus pechos saboreándolos con detenimiento, memorizando cada rincón de su escultural cuerpo, seguí bajando dejando mis huellas en su piel hasta que llegué a su vientre y me perdí en su calidez, mientras besaba con pasión su cintura y su vientre mis manos recorrían su húmeda intimidad, ella se sonrojaba con cada caricia mía, temblaba ante mí, era completamente mía, al comprobar que estaba lista para recibirme en ella con suma delicadeza separe sus piernas, la miré a los ojos y busqué sus labios con desesperación esperando que la pequeña tensión que sentí en sus muslos desapareciera por completo, y luego….luego la gocé como jamás había gozado a una mortal, la penetré con mucha delicadeza al principio, abriéndome paso en su cuerpo con cada centímetro que recorría dentro de él, veía como su rostro cambiaba de expresión, de temor a esa primera vez a la placentera pasión que yo le estaba entregando, sólo eso esperé, sólo me hacía falta un gesto de satisfacción en ella para introducirme completamente y envestirla con todas mis fuerzas, debo reconocer que ella no lo hizo nada mal, cada vez que sentía cómo la hacía mía, mordía ligeramente mi hombro haciéndome explotar de pasión con cada mordisco y cada vez quería complacerla más por lo que sin darme cuenta, era tanta la pasión que aquella mujer me proporcionaba que comenzamos a elevarnos en el aire, y no fue hasta que mi espalda chocó con el techo de mi habitación cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo y en un brusco movimiento nos volvimos a volcar en la cama, ella abrió los ojos y me preguntó qué había pasado, porqué de repente sintió que levitaba…yo sólo la miré y seguí con el trabajo que aún no concluía, y cada vez con más fuerza hasta que ella sólo comenzó a gemir y gemir con más lujuria ahogando mis oídos en aquella excitada y melodiosa voz que me volvía loco, de pronto no resistí la presión que sentía dentro de ella y ambos acabamos sincronizados en la misma armonía, mi cuerpo cayó al lado del suyo impregnado con gotas de sudor y su aroma a mar, tan refrescante como las olas del inmenso océano, de pronto ella me miró dulcemente y acarició mi pálido rostro y me besó, no fue un beso de pasión como los que antes había dado, no, este era un beso diferente, sabía a dulzor, a inocencia…jamás me habían besado así.
Luego de aquella noche nos seguimos frecuentando por algún tiempo en mi alcoba hasta que ella tuvo que marcharse con su padre, debía casarse con el inglés, que imbécil más afortunado, él la tendría para siempre en sus brazos, pero bueno yo la disfrute por primera vez además, ella logrará satisfacer muy bien al tal Haruka realmente se convirtió en una excelente amante…
Toda la aristocracia en Rusia nos conocía, nosotros nos presentábamos como los Duques de Francia, el Duque Kou de Valois y el Duque Shields de Orleans, que idiotas son los aristócratas, toda su vida tratando de mantener el linaje y a los ineptos alejados de sus princesitas y no sabían de quienes realmente las tenían que cuidar, las llevaban directamente a la boca del lobo presentándolas a nosotros como sus radiantes hijitas que esperaban ser desposadas por un cortés hombre de la nobleza como nosotros y bla bla bla, capaces de procrear hijos a la altura de un rey y bla bla blay quien sabe cuántas idioteces más, nosotros lo único que buscábamos era "complacerlas" y muy bien que se la pasaron las niñas de papá. Seiya era un casanova reconocido en Moscú, jamás ocultó su afecto hacia las mujeres, lo que lo hacía blanco fácil de malos comentarios, cosa que a él le agradaba de sobremanera pues siempre me dijo que si los nobles hablaban de él era porque les gustaba gastar tiempo, saliva y cerebro pensando en lo que dirían de él, no había duda, a Seiya le encantaba estar en la boca de todos, y en la cama de muchas como decía el refrán. Yo por mi parte era algo más discreto, no vanagloriaba mis conquistas aunque fueron muchas, nunca me gustó alardear pero me agradaba la forma de ser de Seiya, era un vampiro único para la época. A veces me pregunto cómo hubiese reaccionado a esta época tan propia de él, me hubiese encantado verlo embriagándose en los bares y yendo a los conciertos de Rock…pero eso no podrá ser jamás.
Creo que de todos mis amoríos, a la que más recuerdo fue a aquella mujer que quizás realmente me amó, aunque jamás supo quién era yo ni de dónde provenía, nunca pidió ninguna explicación a los sucesos extraños que me rodeaban, sólo le complacía besarme y que la hiciera mía una y otra vez, Michiru es mi recuerdo más preciado en estos momentos, aunque nunca supe amarla como ella se merecía, tal vez si la hubiese amado habría tenido el coraje de convertirla, pero ella se merecía algo mejor que la vida eterna, y como soy demasiado egoísta para compartir mi vida con alguien más, decidí que lo mejor era que se fuera con su inglés a vivir la vida para la que fue criada. Ese es mi defecto, nunca ame tanto a nadie como para dejar que me acompañara por el resto de la eternidad, siempre preferí mi soledad y esta maldita vida de penumbra.
-¿En qué piensas?- me dijo Seiya al entrar en el despacho
-En nada-le respondía sin mirarlo
-Y tú crees que soy estúpido? Darien, somos amigos o no? Y si no me quieres decir por las buenas, entonces me enteraré por las malas.
Seiya era un tipo muy persistente, siempre obtenía lo que quería, y sabía que leería mis pensamientos por lo que no hice ni el menor esfuerzo en bloquearlos
-mmm, ya veo, aún te sientes solo…pero tranquilo, la vida de los no muertos es así, discreta, es normal que estemos solos.
-Citas la filosofía de Setsuna? Vaya que discreta es tu vida y que solo estás!
-Jajajaja ves? Eso quería conseguir, algo de sarcasmo! En ti es muy bueno, logra que te animes. Ahora salgamos a divertirnos, que la noche es el mejor momento para hacerlo, y olvida la soledad, mete a tu cama a alguna doncella y olvida todo, no puedes pasarte la eternidad aquí.
-Lo sé, ya sabes que me encantan las placenteras compañías pero es que de alguna manera aunque me sienta sólo, creo que la soledad es mi mejor compañía.
-Eres un egoísta que sólo piensas en ti, prefieres mil veces estar solo que brindarle tu compañía a alguien más, pero ya llegara aquella persona que te saque del vacío lugar en el que estás.
-Soy un vampiro no lo recuerdas? Estoy vacío.
-Pero qué testarudo eres! A veces quisiera degollarte! Pero bueno, si ya no hay remedio para lo que sientes, mejor levántate de ahí que necesito que me acompañes a palacio.
-Y qué demonios quieres hacer conmigo en el palacio?
-Ya sabes que al Zar no le agrada mucho mi presencia por las cosas que se dicen de mí, muy ciertas por lo demás, pero como tú le caes en gracia porque no tiene la más remota idea de que eres igual o más de retorcido que yo, si me acompañas entonces me dejará asistir al gran baile contigo y así poder acercarme a la princesa Rei.
-Con que te gusta la princesa…el Zar mandará a ejecutarte si sabe que hablaste con ella, y ¿cómo le vamos a explicar después de la ejecución que sigues con vida?
-Mmmm muy buen punto su Excelencia…ves? Te necesito para ordenar mis ideas.
-Siempre me has necesitado, si no, jamás me hubieras buscado en Alemania.
-Ya, deja de glorificarte por ser tan astuto, ya sé que te necesito, soy demasiado impulsivo para vivir en un lugar como Moscú, por lo que tú eres mi conexión a tierra.
-Debes admitir que sin mí no llegarías a ningún lado, si fuera por ti ya hubiesen descubierto hace bastantes años que no eres humano, deberás controlarte, no soy tu guardián protector Seiya
-Ya, basta! Me acompañarás o no?
-Primero pensaremos en algo para que el Zar no te encuentre con la caprichosa de su hijita para así después no dar explicaciones del porqué no te moriste.
-Yo había pensado que si en el baile tú lo distraes con tus eruditos comentarios y yo con mis muy poco ortodoxos métodos me la llevo de ahí y la traigo hasta acá.
-Seiya acaso has perdido la razón? Si alguien te ve trayendo a la princesa hasta aquí nos decapitan a los dos! Y no sabremos cómo explicar por qué seguimos vivos, y todos nos perseguirán y tendremos que huir, los humanos ya saben muy bien cómo asesinar a los vampiros.
-Mmmmmm, pero yo soy muy discreto, nadie me verá entrar con ella aquí, y poco me importa si nos persiguen, los matamos a todos y ya.
-Claro..., y cómo vas a hacer que la princesita quiera irse contigo señor discreción?
-Eee…ya sabes, ella no se me resistirá.
-Creo que es la locura más grande que me has dicho, pero sé que conmigo o sin mí lo harás, y conmigo tienes por lo menos la posibilidad de salir vivo, en sentido figurado claro está.
-Entonces me acompañas?
-No muy convencido, pero está bien.
Y así nos arreglamos para ir al palacio, vestidos con nuestros trajes de fiesta. En la entrada estaba la guardia del Zar dejando entrar sólo a los nobles, entramos sin ninguna objeción pero sería una vez dentro cuando se nos presentarían los obstáculos, y el primero de ellos se dirigía hacia nosotros directamente
-Su Excelencia, es un gusto que visite el palacio, aunque no puedo decir lo mismo de su acompañante. (Miró despectivamente a Seiya).
-Zar, su Excelencia de Valois es víctima de las habladurías, no se deje llevar por las inhóspitas palabras de algunas lenguas envidiosas.
-Eso ya lo comprobaremos…
En ese momento la princesa Rei se acercaba hacia nosotros y saludó con una reverencia.
-Nos honra con su presencia princesa- le dije inclinándome en señal de respeto
Seiya no dijo nada, estaba embobado ante la belleza de la princesa, pero le dije ciertas palabras sutiles mentalmente que lo hicieron reaccionar.
-Verdaderamente me siento honrado al estar ante una mujer tan bella majestad- dijo al fin Seiya inclinándose sin dejar de mirarla a los ojos, pero el Zar no lo había notado
-Deben saber que he venido a conocer a los tan afamados Duques de Francia - dijo sin reparo alguno ante la presencia de su padre, bien era sabido de la rebeldía de aquella criatura.
-Princesa, tú no tienes que conocer a ningún hombre sin que yo te lo ordene, ahora vete a tus aposentos que esta fiesta no es digna de ti.
-Padre, acaso no eres tú el que realizó esta fiesta con motivo de conseguir al mejor hombre para que me despose? Y si es así, no debo ser yo quien lo conozca primero?
-Ese arreglo es algo que no te incumbe, tú sólo te casarás porque yo lo ordene, ahora vete.
La princesa furiosa subió las interminables escaleras del palacio y se fue a sus aposentos.
Con Seiya estábamos estupefactos ante la actitud de la princesa, yo en especial, porque creía que sólo era una niña caprichosa sin méritos, pero no había duda, era una mujer con un fuerte carácter digno de un rey.
-Perdonen la imprudencia de mi hija, es que siempre suele hacer lo que se le dicte su mente.
-No se disculpe Su Alteza, las muchachas de hoy en día así son- le dije tratando de apaciguar su ira, mientras le decía mentalmente a Seiya que desapareciera del lugar y aprovechara de ir a la habitación de la princesa que estaba sola.
-Con su permiso majestad me retiro- dijo inclinándose Seiya hacia el Zar.
-Puedes retirarte- le dijo secamente el Zar, con una mirada de indignación y desprecio.
Mientras yo me quedé hablando con el Zar, Seiya fue cautelosamente a los aposentos de la princesa Rei; no sé cuánto tiempo pasó hasta que dejé de sentir sus presencias en el palacio, y me sentí más aliviado, después de eso me retiré de la fiesta y no me dirigí a nuestra mansión, no necesitaba ser testigo de la lujuria que esas dos almas desbordarían, aunque eso no era del todo cierto pues Seiya siendo vampiro era muy poco probable que tuviese un alma.
