Capítulo 9.
La muerte de Canuto.
Snape cerró la puerta. "Tienen a Canuto donde la guardan". Las palabras de Potter aún le resonaban en los oídos cuando, a toda velocidad por el pasillo empedrado, decidió poner en riesgo su discreción, y con ello su vida, saliendo de la escuela que dominaba una Dolores Umbridge de hierro para intentar salvar la vida a una de las personas que más odiaba en el mundo.
Aunque Dumbledore no estuviese en Hogwarts, la escuela seguía teniendo control sobre las apariciones que se daban en los terrenos y edificios, y si Snape intentaba salir por la puerta o usar alguna de las chimeneas seguro que la Suma Inquisidora lo sabría de inmediato. Así que tomó la decisión de darle aún más ironía a la situación y pensó que el destino debía considerar que aún no había recibido suficiente castigo porque aún seguía riéndose de él.
-Inmovilus.
Al menos, pensó, si le salvaba la vida a ese desgraciado de Black se lo estaría restregando durante el tiempo que ambos viviesen. Aunque al ritmo que iban ambos, dudaba que fuese mucho. Cuando llegó a la zona en la que tenía que agacharse, pensó que a lo mejor no merecía la pena el esfuerzo ni por reírse de Black. Unos metros más adelante, la Casa de los Gritos le recibió con el mismo polvo y mugre que el día que el mismo Black hizo que perdiese su Orden de Merlín.
-Y ahora, a Grimmaud Place. Esperemos que no haya nadie vigilando.
Snape se apareció en el mismísimo rellano del cuartel general de la Orden del Fénix y en un único movimiento que no tomó más de un segundo ya estaba en el interior de la casa. Si algún mortífago estaba fuera vigilando no habría visto más que una sombra imposible de identificar, o eso era al menos lo que esperaba Snape.
Una cabeza asomó al final del pasillo, y Snape pensó al momento que no había merecido la pena en absoluto el riesgo. Sirius Black, con su traje morado y su pelo de capullo, le miraba desde la puerta de la cocina con la misma expresión de desprecio absoluto que Severus sabía el devolvía desde la entrada. Sólo el cuadro de Walburga Black y su gusto por gritar como una banshee afónica impedía que ya se estuviesen lanzando pullas a media voz.
Snape cruzó hasta la cocina y entró por la puerta que sostenía el causante de muchas de sus humillaciones de la infancia.
-Veo que no te hace falta invitación.
-Si tú me hubieses invitado no habría venido.
-Sigue siendo mi casa, Quejicus.
-No lo olvido, es lo único útil que has podido hacer por la Orden y te encargas de que nadie lo olvide. Lupin, que estaba en la mesa tomando un café, suspiró cansado ante la escena.
-Supongo que habrás venido a por un poco de champú, parece que se te ha acabado.
-No lo buscaría aquí, teniendo en cuenta que sólo puedes salir como un chucho el que tú tienes será contra las pulgas.
-¿Si saco mi varita para matarte te sacarás la tuya del culo para defenderte?
-Ya está, por Dios. Ya os habéis comportado como niños un rato, ¿podemos ser ahora adultos y aclarar qué haces aquí, Severus?
-¿Has visto a Snape alguna vez siendo un adulto?
Snape se sentó en una de las sillas, más que por el hecho de que fuese a quedarse era por el simple motivo de que sabía que cada segundo que pasaba en esa casa era una molestia para Sirius, por lo que estaba decidido a alargarle un poco el mal sabor de boca.
-En verdad, -dijo mirando a Lupin e ignorando completamente a Black durante su discurso- ya he terminado con lo que venía a hacer.
-¿Me echabas de menos?
-Claro, Black, no puedo vivir sin ti.
-Explícate Severus, por favor.
-Harry me dijo que tenían a Black preso en el Departamento de Misterios. Tuve que venir a comprobarlo, ahora le podré echar la bronca por haber sido un idiota incapaz de usar la oclumancia. De todas formas, Black, no quiero tener que hacer una misión de rescate por ti, así que por si fuese un esbozo de un plan de Voldemort intenta no salir mucho de casa. Ah bueno...
Lupin, debido a la costumbre, estaba ya de pie entre ellos cuando ambos terminaron de sacar sus varitas para apuntarse directamente.
-Vamos a calmarnos. Ya.
-Como me entere de que tratas mal a Harry...
-Perro ladrador..
-He dicho que ya. Severus ¿es seguro que estés aquí? - Snape se relajo y bajo la varita.
-No. Así que me voy ya, Umbridge me estará buscando. Está un poco nerviosa últimamente.
Sin dar tiempo a que Sirius buscase otra respuesta, Snape le dio la espalda y se marchó apresurado de la cocina. Cuando estaba cerrando la puerta de la calle, en un rincón, vio a Kreacher y sin saber bien por qué notó un escalofrío.
Por si había alguien vigilando se apareció de nuevo al instante, y se tuvo que olvidar de la sensación que había sentido para centrarse en regresar cuanto antes al castillo.
Tras pasar por debajo de las raices del sauce boxeador y cruzar los jardines, Snape iba a por uno de los pasillos cuando le llamaron desde atrás.
-¡Profesor Snape!
Al darse la vuelta, Snape sintió como un jarro de agua helada le caía por encima. Draco Malfoy, que cuando Snape se había ido era uno de los encargados de vigilar a Potter y su pandilla, se acercaba hacia él sangrando por la nariz. Los que le acompañaban no tenían mucho mejor aspecto, y no había ni rastro de los autodenominados "miembros del Ejército de Dumbledore".
-¿Qué ha pasado, Draco?
-Ese maldito de Potter y la sangre sucia de Granger se fueron con la profesora Umbridge hace rato y no ha vuelto ninguno. Los otros nos la jugaron con unas pastillas de los Weasley y tampoco aparecen por ningún lado.
Snape notó como la piel se le quedaba aún más blanca de lo normal. No podía ser que ellos hubiesen salido en busca de Black, aunque siendo Potter de quien hablaban todo era posible.
-¿Hace cuánto de eso?
-Poco después de irse usted.
-Vayan inmediatamente a buscarlos por todo el castillo.
En cuanto los alumnos siguieron su camino, Snape se marchó directo al despacho de Umbridge. Ya le daba igual si la cara de sapo le encontraba, esto pasaba a ser más importante que Black. En cuanto llegó frente a la chimenea, lanzó los polvos flu y metió la cabeza a la vez que daba las indicaciones necesarias. Un momento después, veía la sala de estar de Grimmaud Place.
-¡Black! ¡Lupin!
El primero en aparecer, sin embargo, fue Kreacher. El elfo doméstico le miró en una especie de debate interno sobre lo que debía hacer. Por si acaso, Snape se aseguró de dejárselo claro desde el inicio.
-Ve a buscar a Sirius Black. De inmediato.
Kreacher aceptó a regañadientes, aunque eso no significó que fuese deprisa. Tras lo que le pareció una eternidad, Snape vio aparecer a Black y Lupin que le miraron con clara sorpresa.
-¿Qué pasa Severus? No...
-Calla Black. Es importante. Creo que el idiota de tu ahijado se ha ido a Londres para intentar salvarte con un grupo de sus amigos.
La cara de Black fue un auténtico espejo de su alma en ese momento.
-Pero...
-Es una locura, pero sabemos que el niño no ha salido precisamente a su madre. Sabéis que Dumbledore me pidió que le enseñase oclumancia para evitar que Voldemort se enterase de la conexión que hay entre sus mentes. ¿Y si lo ha hecho y es una trampa?
-Tenemos que ir.
-Sí.
-No.
La respuesta de Lupin dejó a todos en silencio.
-Es decir, nosotros iremos y llevaremos a la Orden. Tú no debes ir, Severus. Si es una trampa habrá mortífagos y contigo sería un problema.
-¿Y qué pretendes que haga, Lupin?
- Necesitamos a Dumbledore. ¿Sabes dónde está? Snape asintió.
- Buscando a Horace Slughorn.
Lupin ocultó su sorpresa
-Encárgate de que sepa lo que pasa.
Snape se retiró de las llamas y conjuró un patronus. La cierva atravesó el muro y se dirigió hacia el sur a gran velocidad.
Varias horas más tarde, Dumbledore atravesó las puertas del despacho de Snape y le miró desde esos ojos azules tan suyos.
-La buena noticia es que ahora nadie podrá negar el regreso de Voldemort. La mala, es que Sirius ha muerto.
Snape cerró los ojos. Tantas emociones se juntaban en su interior que no sabía muy bien cuál era mayor en ese momento.
