-Entonces, ¿me estás diciendo que alguien se metió a tu casa anoche?
-Si…- Ayato me tomo de los hombros y dijo serio
-¿Ves porque te dije que era mejor que me quedara en tu casa?- se veía muy preocupado por mí, nunca lo había visto así…
-Ayato yo…- pero me interrumpió
-Además que tú y yo podríamos… ya sabes- dijo burlón con una sonrisa de oreja a oreja, sabiendo a lo que se refería no pude evitar sonrojarme
-¡Ayato!- le reclame enfadada mientras él se reía.
-Lo siento… es que… me encanta hacerte enojar.- suspire cansada, no importa la edad, al parecer Ayato jamás iba a madurar.
-Aunque lo que dije recién…no fue una broma- me miro sonriendo pícaramente, no dije nada, sabía que no tenía caso seguir, pero mi cara seguía como un tomate, seguimos caminando hasta que escuche a alguien pronunciando mi nombre, así levante el rostro.
-¡Subaru-kun! Buenos días- me acerque a saludarlo con una sonrisa, él también me sonrió, sentí la mirada fría de Ayato detrás mía pero no me importo.
-Buenos días- dijo Subaru sonriéndome, pero su sonrisa cambio cuando volteo a ver a Ayato.
-Oh….buenos días Ayato.
-Buenos…días- Ayato se aferra a mí, a cambio Subaru mira a Ayato con una expresión extraña.
Me empiezo a sentir realmente incomoda, empiezo a buscar desesperadamente otro tema para salir del aprieto hasta que me fijo en el brazo de Subaru, tiene algunas heridas.
-¿Qué le paso a tu brazo?- apunto las heridas que Subaru tiene en el brazo.
-Oh… no es nada no te preocupes.
-¿Nada? ¿Estás seguro? ¿No te duele?- toco un poco las heridas a lo que le da un respingo
-¡Ack! N-no para nada, pero mejor no lo toques.- dice quitando mi mano, lo miro extrañada, está actuando muy extraño pero si él no quiere que me meta entonces no lo hare.
-Bueno, miren la hora que es si no nos damos prisa llegaremos tarde- ambos asienten y nos vamos a la escuela.
Las clases esta vez pasaron muy lentas para mí, y yo no podía concéntrame pensando en lo que había pasado aquella noche, el timbre sonó dejándonos salir a comer el almuerzo.
Camine por los pasillos, esperando encontrar aun una mesa libre en el comedor, cuando escuche que una voz me llamaba, era la profesora de artes, venia cargando varias carpetas, estaban a punto de caerse, fui corriendo a ayudarle y me pidió entregarle una de las carpetas al profesor de química, Reiji, ella dijo que probablemente aún se encontraba en el laboratorio, asentí y fui directo al laboratorio.
Toque la puerta, pero nadie contesto, volví a hacerlo por lo menos 3 veces más y al no haber respuesta alguna entre, por lo menos solo dejaría los papeles en el escritorio.
Pero el profesor estaba ahí, concentrado haciendo…la verdad no sé pero el olor que venía de aquel líquido morado me empezaba a marear, el profesor levanto la vista y me vio, quería salir, algo dentro de mí me pedía a gritos que saliera pero el cuerpo no me respondía, él se acercó a mí, con una pequeña botella de aquel liquido extraño en su mano.
-Que conveniente…- sonrió tomándome del mentón y obligándome a beber aquel liquido amargo.
Me negué a tragarlo
-¿Qué espera señorita Komori? Tráguelo…- estuve a punto de escupirlo, pero al notar mis intenciones me tapo la boca con la mano.
-No puedo permitir que haga eso, usted se está comportando de manera muy desobediente, me sorprende de ti…sabes pensé que tu padre te había educado bien, pero al parecer me equivoque… entonces, como tu maestro es mi deber hacerlo, y para empezar debes entender que cuando yo te ordeno algo tú lo cumples…estoy empezando a impacientarme, bien creo que a tener que ser por las malas- tapo mi nariz, no podía respirar y aquel liquido empezaba a quemar mi lengua, la falta de aire y el ardor no me dejaron más opción que beber el líquido, el termino por liberarme.
Empecé a temblar, no podía sostenerme, y termino cayendo de rodillas, Reiji solo se me queda viendo, necesito ayuda, trato de pedirla pero mi voz no sale, empiezo a sentir mucho calor y mi vista se nubla, él se arrodilla frente a mí y me toma del mentón.
Lo miro directo a los ojos… me dan… ganas de besarlo…mi respiración se agita y me acerco a sus labios, lo veo sonreír de lado a lado, y lo beso, me aferro a él, y él me toma… como si estuviera hechizada, no sé lo que estoy haciendo, como si mi mente se hubiera apagado, yo solo me dejo llevar, no sé lo que estoy haciendo ahora mismo pero me siento sucia… ¿me había sentido antes así?
No logro hablar, si hay un mejor ejemplo para describir mi estado ahora es como si fuera una marioneta.
El tormento termina, él se cansa de jugar y me deja tirada en el suelo.
Cuando recobro la conciencia, me arreglo la ropa y voy a clases, obviamente no tenía ningunas ganas de ir, quería llorar, quitarme toda esta suciedad, que aunque sé que por más que talle no se quitara, pero no serviría de nada, solo empeoraría las cosas que me vieran llegar así.
Durante clases Ayato estuvo haciéndome un montón de preguntas, no respondí ninguna, porque sabía que apenas empezara a hablar no sería capaz de contener las lágrimas.
Finalmente las clases terminan y me voy corriendo a casa, aun temblando y mordiéndome con fuerza el labio.
Lo único que me animaba un poco es saber que al llegar estará papá esperándome y podría consolarme entre sus brazos como cuando era pequeña.
Abrí la puerta, desesperada por encontrar un poco de confort, sin embargo las luces de la casa seguían apagadas y la sala estaba vacía.
-Ya llegara, tal vez el viaje se retrasó un poco, o hay algo de tráfico, pero estoy segura que hoy llegara- me dije a mi misma inventándome cualquier pretexto, intentando no llorar.
Me senté en el sillón, miraba el reloj constantemente, la hora que marcaba eran las 8:15 pm, cuando el teléfono sonó.
Me levante corriendo a contestar.
-¿Bu-bueno?
-Ah, Yui, Hija mía, sé que te dije que hoy llegaba pero se me generaron un problemitas sabes, al parecer es un asunto muy grave tal vez tarde unos meses.
-... ¿meses?…
-Sí, pero bueno, yo sé que no tengo nada de qué preocuparme, siempre fuiste una niña muy fuerte e independiente, sé que estarás muy bien, bueno me tengo que ir, aquí ya es muy noche, tú también deberías irte a dormir ya, espero que esto se arregle pronto y poder verte de nuevo, nos vemos pequeña.
-¡NO PORFAVOR ESPERA! Papá…por favor….te necesito- y rompí a llorar, pero la única respuesta que obtuve fue el sonido de la llamada terminada.
