Disclaimer: La mayoría de los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, sólo aquellos fuera de la saga y la trama son de mi completa autoría.
CHAPTER 8
Estacioné mi coche justo detrás del de Jasper, me apresuré a bajar y por un momento me quedé embobada observando la casa frente a mí, era de dos plantas al puro estilo colonial, paredes pintadas en colores claros, techos en tono chocolate oscuro, casi negro, y a simple vista se veía espaciosa. La voz de Jasper me sacó de mi letargo y lo seguí. Todo dentro de la casa estaba en completo silencio así que deduje no había nadie, tal vez Charlotte estaba en su trabajo al igual que su esposo, si es que estaba casada.
Seguí a Jasper hasta la sala y me senté en el sofá frente a él, de pronto, unos apresurados y ligeros pasos resonaron en el piso de arriba y un par de minutos después, una niña de no más de cinco o seis años entraba a la sala y se lanzaba sobre Jasper.
—¡Jazzy, que bueno que llegaste! Mami no fue a trabajar y tiene todo el día encerrada en la cocina horneando panecillos y galletas. ¿Vas a jugar conmigo, verdad? —hizo un adorable pucherito y Jasper suspiró con pesadez, sin duda alguna esa niña lo tenía bien sujeto a su dedo meñique.
—Ahora no puedo, princesa —los ojos de la niña se volvieron cristalinos y antes de que se soltara a llorar, Jasper la alzó sentándola en su regazo—. Te prometo que después jugaré contigo todo lo que quieras, pero ahora tengo que hablar con Bella.
—Hola linda —saludé a la pequeña cuando clavó sus curiosos ojos en mí.
—¿Ella es tu novia? ¿Qué pasó con María? —preguntó frunciendo el ceño causando las risas de Jasper.
—No, ella no es mi novia. Es mi hermana, Isabella Swan.
—Jazzy, pero yo no sabía que tú tuvieras hermanos... y no entiendo, ¿cuál es su nombre? ¿Bella o Isabella? —cruzó sus brazos e hizo un gracioso mohín.
—Me llamo Isabella, pero mis amigos y familia me llaman Bella —de un salto la niña se bajó del regazo de Jasper y se sentó a mi lado.
—¿Y yo puedo llamarte Bella? —asentí con una sonrisa que ella me regresó, dejándome ver que le faltaban un par de sus dientes frontales—. Mucho gusto Bella, yo me llamo Alia y tengo seis años.
—El gusto es todo mío, Alia —respondí estrechando la pequeña mano que me tendía.
Alia era un niña hermosa y encantadora, sus ojos color miel brillaban con esa curiosidad característica en todo niño, su cabello color rubio oscuro estaba atado en dos coletas con listones color verde agua, los cuales hacían juego con su bonito vestido.
—Pequeña pinocho, tienes cinco años y no seis —la corrigió Jasper ganándose una mirada de enfado.
—Cumpliré seis en una semana —replicó sacándole la lengua y no pude evitar reírme con ganas—. Mi mami me hará una fiesta, ¿vendrás Bella?
—Pues... si mi invitas, claro que sí, vendré —Alia bajó del sofá y se fue corriendo, dejándome bastante confundida por su reacción.
—Alia es la hija menor de tía Charlotte; Adam, el mayor, se mudó a Nueva York este año, estudia leyes en Columbia —Jasper movía su pie de forma nerviosa, en más de una ocasión tuve que hacer uso de todo mi autocontrol para no pegarle una buena patada. Digamos que el constante e irritante golpeteo de su pie contra el suelo me estaba poniendo los nervios de punta—. No te cayó muy bien la noticia de que somos hermanos, ¿cierto?
—Bueno, admito que no me puse a saltar de alegría precisamente, sino todo lo contrario. Entré en un largo periodo de shock y negación, pero ahora que he digerido la noticia yo... me he dado cuenta de que tal vez no sea tan malo como creí.
—Bella, yo realmente quiero acercarme a ustedes, me gustaría que recuperáramos el tiempo que nos fue robado y que lleguemos a tener una buena relación —un nudo se formó en mi garganta al ver la tristeza que sus ojos reflejaban.
—Yo también lo quiero Jasper —murmuré con total sinceridad—. Y estoy segura de que Rosalie también lo hará, claro, cuando se entere.
—¿No se lo has dicho?
—No, quise hablar contigo ante de involucrarla en esto —asintió pensativo y suspiró; por varios minutos permanecimos en silencio, pero me moría por hacerle una pregunta en especifico y no pude retenerla por más tiempo—. Tú... ¿Pudiste conocer a papá?
—Sí, mi mamá y él pasaron un par de semanas conmigo. Tres días después de que regresaron ellos... murieron en aquel accidente. —¿Marina iba con papá en el coche el día del accidente? ¡Por Dios! ¿Cuántas cosas más quedaban por salir a la luz? A pesar de que quería preguntarle qué sabía él sobre el accidente, logré contenerme; no era el momento adecuado para tocar ese tema en especial.
—Ahora comprendo el por qué papá se veía tan feliz esos últimos días, nunca lo había visto sonreír así —murmuré.
¿Y cómo no iba ha estarlo? Había regresado a su vida la mujer que siempre amó y con la cual tenía un hijo. Me pregunto si es que en algún momento llegó a despreciarnos a Rosalie y a mí cuando se enteró de lo que hizo mamá, después de todo, eramos hijas de la mujer que por ambición destruyó su felicidad a lado de Marina y, aún sin saberlo, de Jasper.
—Él las amaba, nunca dudes del amor que nuestro padre les tenía a Rosalie y a ti —no sentí en qué momento Jasper se sentó a mi lado y tomó mis manos entre las suyas—. Las amaba muchísimo y eran su mayor orgullo, bastaba con escucharlo hablar de ustedes para saberlo —una lágrima rodó por mi mejilla y Jasper me abrazó, abrazo que no dude en devolver.
—Tenía razones... de sobra... para odiarnos —murmuré entre ahogados sollozos, me soltó de su abrazo y con sus pulgares limpió mis lágrimas.
—No Bella, él no tenía ninguna razón para odiarlas, ustedes no tienen culpa alguna de lo que hizo Renée.
—Bella aquí te... ¿Por qué lloras? —preguntó Alia que recién entraba a la sala seguida de Charlotte.
—No es nada —respondí con un intento de sonrisa y la niña se subió al regazo de Jasper.
—Toma, es la inviracion para mi cumpleaños —tomé la pequeña tarjeta con dibujos de princesas que me tendía.
—Se dice invitación, cariño —le corrigió Charlotte, sus mejillas se colorearon de un suave color escarlata y sonrió avergonzada—. Les trajimos café y panecillos de arándanos, que no es porque yo los haya hecho, pero están deliciosos. Vamos Alia, dejemos a Jasper y Bella para que sigan charlando.
—Sip, adiós y nos vemos en mi fiesta Bella —asentí y se bajó del regazo de Jasper, dudó un momento pero al final se acercó a mí y me abrazó antes de irse detrás de su mamá.
—Es una niña encantadora, y según he podido notar, te tiene bien sujeto a su dedo meñique.
—Sí, ese pequeño diablillo tiene algo que te hace quererla nada más verla.
—Cuéntame sobre ti, Jasper. Me gustaría saber más de mi hermano, que únicamente su nombre —le pedí. Tomé uno de los panecillos que se veían deliciosos y le di un buen mordisco, no había comido nada desde ayer y mi estomago estaba comenzando a protestar.
—Tengo veinticinco años, nací en Seattle y he vivido ahí toda mi vida, soy arquitecto y trabajo en una de las constructoras más reconocida del país. Estoy felizmente casado desde hace dos años con una mujer maravillosa, su nombre es María —y enamorado de ella como un idiota, esa sonrisa tonta en su rostro lo delataba.
—¿Tu esposa no vino contigo?
—No, es maestra de preescolar y no pudo conseguir quien la reemplazara para poder acompañarme; aunque se muere de ganas por conocerlas. Estará aquí la próxima semana.
—Vaya, hasta antes de ayer no sabía que tenía un hermano, y ahora hasta una cuñada tengo —comenté y ambos reímos.
Su sonrisa se apagó y suspiró con pesadez.
—Bella, papá no quería que ustedes siguieran junto a Renée, por eso tenía planeado mudarse a Seattle cuando se divorciara y llevarlas a vivir con él y mi mamá. Sé por mi tía que Rosalie ya no vive con ella, pero quisiera que tú te mudaras con María y conmigo.
—Jasper, no puedo simplemente irme. Hay cosas que me atan aquí, están mis amigos, Rosalie y... mi novio, Edward —ante la mención de la palabra novio, se tensó tanto como la cuerda de un violín y esa mirada furiosa que vi días antes en la universidad, el día que Edward fue a buscarme, salió a flote; lo que me faltaba, un hermano mayor celoso.
—Supongo es el chico que fue hace un par de días a la universidad por ti ¿cierto? —gruñó con la mandíbula tensa y asentí—. ¿No es demasiado mayor para ti?
—No mucho, es solamente cuatro años mayor que yo.
—Bien, no puedo obligarte a que vayas a Seattle conmigo, pero quiero conocer a Edward y también a Emmett, además que me prometas algo —asentí para que continuara—. Prométeme que vas a tener mucho cuidado con Renée, no confíes en ella por muy tu mamá que sea; y si necesitas algo, lo que sea, no dudaras en avisarme.
—Lo prometo —lo hice sólo para que se quedara tranquilo, después de todo, nunca he tenido la intención de convertirme en un títere bajo el control de Renée Swan, mucho menos ahora que sabía la clase de... persona que ella era.
Después de eso el tiempo se nos fue como agua entre los dedos, y yo tenía que ir a hablar con Rosalie y Edward, así que ya era hora de marcharme. Jasper me acompañó hasta mi coche, durante el trayecto nos pusimos de acuerdo para reunirnos mañana con Rosalie e intercambiamos números de celular.
—Tengo una duda Jasper, ¿cómo es que mi mamá no relacionó a tu tía Charlotte con Marina?
—Mi tía usa el apellido de Peter, su esposo; así que ella la conoce como Charlotte Karlberg —claro, eso lo explicaba todo.
Me despedí de Jasper y, después de escuchar sus recomendaciones: no conduzcas a alta velocidad y usa el cinturón de seguridad, me subí a mi coche y me marché.
Tardé tres cuartos de hora en llegar a mi destino, mientras subía las escaleras hasta el quinto piso estuve pensando en cómo iba a decirle a Rosalie que teníamos un hermano; mi hermana tiene un carácter demasiado volátil y no es nada fácil adivinar cuál sería su reacción al enterarse. Bien podía ponerse a saltar de alegría, o enfadarse a tal punto de querer exterminar a la raza humana de la faz de la tierra.
Llegué frente a la puerta del departamento y, armándome de valor, golpeé con mis nudillos un par de veces. Fue Alice quien me abrió, suspiró con alivio al verme y se hizo a un lado para que entrara.
—Al fin llegas, Rosalie y Edward estaban a punto de volvernos locos a Emmett y a mí.
—Lo lamento, pero realmente tenía un pendiente que aclarar antes de hablar con ellos.
—Rose está en su habitación y Edward salió con Emmett. En realidad, Emm tuvo que sacarlo arrastras antes de que hiciera una sanja en medio de nuestra sala, no dejaba de caminar como león enjaulado de un lado a otro —negó divertida, de seguro recordando la escena—. En fin, ya sabes cuál es la habitación de Rose.
Asentí, me dio una sonrisa de apoyo y murmuró un: suerte, antes de dar media vuelta y perderse rumbo a la cocina, sin duda alguna iba a necesitar mucho más que sólo suerte; respiré profundo un par de veces para calmar mis nervios y caminé directo al campo de batalla.
—Rose, ¿puedo pasar? —dije lo bastante fuerte para que me escuchara. Escuché ruido dentro de la habitación y, un par de minutos después, la puerta se abrió de golpe dejándome ver a una Rosalie para nada contenta.
—Espero que tengas una muy buena explicación —se hizo a un lado y entré, caminé hasta la cama y me senté en el borde.
Rose se apoyó en el marco de la puerta y cruzó los brazos esperando a que comenzara a hablar. Bien, pues al mal paso darle prisa, para qué seguir retrasando lo inevitable.
Comencé mi relato y ella me escuchaba con fingida calma y sin interrumpirme, frunciendo el ceño de vez en cuando; todo iba de las mil maravillas hasta que mencioné la palabra hermano, en ese momento Rosalie dejó de respirar y se puso tan pálida como un muerto, con pasos tambaleantes caminó hasta la cama y se sentó a mi lado.
—¿Un hermano? —murmuró con la mirada perdida en la nada.
—Sí, su nombre es Jasper, tiene veinticinco años y es realmente agradable. Si te parece bien, he quedado con él mañana para que lo conozcas —asintió de forma mecánica, aunque no estaba muy segura de que me hubiese escuchado en realidad.
Estuvimos sumergidas en un silencio sepulcral por largos minutos, sabía por experiencia propia que una noticia así no era algo fácil de asimilar, por lo que dejé que lo hiciera a su ritmo y sin presiones. De pronto, pude escuchar las voces de Edward y Emmett que al parecer discutían, Rose se puso en pie de un salto y salió corriendo de la habitación.
Sinceramente no me esperaba la escena que me encontré en la sala, mi hermana estaba colgada como un Koala de Emmett y no dejaba de chillar con entusiasmo: ¡tengo un hermano! Puedes creerlo amor. Me pregunto si es qué la noticia la afectó a tal grado de perder la razón.
—¿Qué le pasa a Rosalie? —preguntó Edward.
—Pasa, que ella tomó mucho mejor que yo la noticia de que tenemos un hermano mayor —Edward frunció el ceño con confusión.
Resoplé exasperada, no me gustaba para nada la idea de tener que contar de nuevo todo, así que resumí los hechos lo más que pude.
—¿Sigues molesto conmigo? —pregunté una vez terminé de contarle sobre Jasper.
—No estaba molesto, estaba preocupado y el que no dijeras nada sobre lo que había pasado... ¿Sabes? Me estaba volviendo loco, cada una de mis conclusiones era peor que la anterior —me abrazó con fuerza y apoyé mi cabeza en su pecho, cerré los ojos y casi ronroneé al sentir la suave caricia de sus dedos en mi espalda—. ¿Estás bien con eso?
—Sí, ahora sí. Por cierto, Jasper quiere conocerte y también a Emmett, estoy segura de que mantendrá una interesante charla de hermano mayor con ustedes y los amenazará con... cortar cierta parte de su anatomía, si nos hacen sufrir a Rosalie y a mí —acunó mi rostro entre sus manos con suavidad, levantándolo hasta clavar sus ojos en los míos.
—No tiene de que preocuparse, yo nunca te haría daño, no de manera intencional —murmuró rozando mis labios con los suyos; me pregunto, si las mariposas que revoloteaban en mi estomago cada que estaba cerca de Edward, llegarían a desaparecer algún día.
—Lo sé —dije y terminé con la distancia que separaba nuestros labios, uniéndolos en un beso lleno de ternura.
Esa noche cuando volví a casa mamá me estaba esperando, nada más cruzar la puerta principal se acercó a grandes zancadas y furiosa me sujetó con fuerza por el brazo, con un movimiento brusco me solté de su agarre y su furia aumento considerablemente.
—¿Dónde diablos estabas? —no contesté a su pregunta y pasé a su lado, dirigiéndome rumbo a las escaleras, subí un par de peldaños pero la furiosa voz de Renée Swan me hizo detener—. ¡Contéstame Isabella!
—No tengo por qué darte explicaciones sobre lo que hago o dejo de hacer.
—Soy tu madre, me debes respeto y...
—¿Respeto? —la interrumpí—. ¿Crees tener la calidad moral para exigir respeto? Pues déjame decirte una cosa madre, una persona como tú, que es capaz de engañar y dañar a quienes se interponen en su camino, soló para conseguir una cuenta bancaria no merece na... —su mano impactó con fuerza contra mi mejilla haciéndome callar.
—No sé de qué estés hablando, Isabella, pero no voy a permitir que me insultes —cerré las manos en apretados puños, tanto que mis uñas lastimaban la piel de mis palmas, esa era la primera y última vez que me ponía una mano encima, eso podía jurarlo.
—Sin duda tienes problemas de memoria, pero tal vez el nombre de Marina te haga recordar algo —sus ojos se abrieron con sorpresa y puedo afirmar, sin miedo a equivocarme, que por una fracción de segundo vi pánico reflejado en ellos.
—¿Qué sabes tú sobre ella? —preguntó y la mascara de frialdad volvió a su rostro.
—Oh nada en realidad, ¿debería saber algo? —apretó la mandíbula con fuerza, tanto, que hasta pude escucharla crujir.
—No quieras jugar conmigo Isabella, no te conviene jugar conmigo —sin esperar a que dijera algo más, me apresuré a subir las escaleras y llegar a mí habitación. Apoyé la espalda en la puerta y respiré profundo tratando de calmar los acelerados latidos de mi corazón; no iba a negar que un escalofrío recorrió mi cuerpo entero ante sus palabras, frías y silbantes como un siniestro siseo
Los días comenzaron a pasar, Rosalie y yo estábamos preocupadas por Jasper, el cual no apreció el día de nuestra cita y ni a sus clases en la universidad, lo buscamos en casa de Charlotte pero no encontramos a nadie; una de las ayudantes de Charlotte en la estética nos dijo que ella había tenido que dejar la ciudad debido a una emergencia familiar, esa información solamente nos sirvió para que nuestra preocupación aumentara.
Después de la última charla que tuve con mamá no la había visto mucho, evitaba a toda costa encontrarme con ella, así que todos los días al terminar mis clases en la universidad, pasaba el día en el departamento de Edward o con Ángela, y regresaba a casa por la noche.
Tres semanas después estaba considerando seriamente el ir hasta Seattle y buscar a Jasper, no sabía su dirección pero recorrería el lugar entero de ser necesario para dar con él. Rosalie estaba de acuerdo conmigo, Emmett y Edward trataron de disuadirnos pero al ver que no lograrían nada, aceptaron acompañarnos; estábamos arreglando los últimos detalles para nuestro viaje cuando mi celular comenzó a sonar, al ver el nombre de Jasper en la pantalla suspiré con alivio.
—Jasper, nos tenías preocupadas. ¿Qué pasó? ¿Por qué te fuiste así, tan de repente?
—Lamento haber desaparecido así, sin decir nada, pero yo... —hizo una pausa, y no sé si fue mi imaginación, pero creí escucharlo sollozar.
—¿Qué pasa Jazz? —Rosalie se sentó a mi lado esperando a que le dijera algo.
—Bella, la estoy perdiendo, se consume como una vela al fuego frente a mis ojos y yo no puedo hacer nada para evitarlo —al final su voz se quebró y pude escuchar como golpeaba algo—. María... mi María se está muriendo.
—Yo... lo lamento tanto Jasper —murmuré sin saber qué más decir; alguien llamó a la puerta y Edward fue a abrir—. Rosalie y yo iremos a Seattle, queremos estar contigo.
—No, de hecho le pedí a mi tía que regresara a Los Ángeles, quiero pasar este tiempo con ella y... —suspiró y se quedó en silencio. Me partía el corazón escuchar la tristeza que su voz reflejaba, él no se merecía pasar por algo así—. Me mantendré en contacto contigo, adiós Bella y disculpame con Rosalie por haber faltado a nuestra cita.
—No te preocupes por eso ahora, ella entenderá, adiós y cuídate —Rosalie estaba esperando a que le dijera algo, pero no pude ni abrir la boca pues Edward regresaba y no venía solo—. Charlotte, ¿qué haces aquí?
—Supongo que Jasper ya te llamó —comentó sentándose en el sofá frente a mí y Rosalie, Emmett y Edward se marcharon para darnos privacidad.
—Sí, justo ahora acaba de colgar. ¿Qué es lo que pasa con María?
—Un par de horas después de que dejaras mi casa, le llamaron a Jasper para avisarle que María estaba en el hospital; se puso histérico así que mi esposo y yo lo acompañamos a Seattle —hizo una pausa y antes de continuar respiró profundo—. Los doctores descubrieron que María tiene una severa afección cardíaca.
—¿No hay algún tratamiento que la pueda ayudar? —preguntó Rosalie ganándome la palabra.
—Sí, lo hay, pero desafortunadamente en su estado no pueden administrárselo —Rosalie y yo intercambiamos miradas confundidas, Charlotte al ver nuestra confusión continuó—: María está embarazada.
—Oh mi Dios, pobre Jasper debe estar desecho —murmuró Rosalie.
—Entonces, ¿ambos morirán? —Charlotte suspiró con pesadez.
—Los doctores no dan muchas esperanzas de que se salven; Jasper trató de convencer a María de que abortara, que después podrían tener más hijos, pero ella no quiso... asegura que podrá llevar a buen termino el embarazo y ambos estarán bien.
—Bella, debemos ir a Seattle para estar con él, nos necesita a su lado —negué y le conté lo que me había dicho Jasper minutos antes.
Hasta cierto punto le entendía, él quería pasar solo con María los últimos días o meses que les quedaran juntos, pero no podía evitar pensar en que necesitaba el apoyo de su familia en un momento tan difícil como el que estaba viviendo, así que no debería hacernos a un lado.
Continuará...
¡Hola! Aquí está el nuevo capítulo y espero que les gustara.
Quiero agradecer a quienes agregaron la historia a sus alertas y favoritos, así como también un gran gracias a quienes se toman un minutito de tiempo, para dejarme saber su opinión con un review y alegrarme el día.
¡Nos leemos en el próximo capítulo!
