N/A. Bueeeenas :D ¿Qué tal la semana? ¿Bien? ¡Espero que sí!
Por fin llegamos a la esperada "cita" de Draco y Hermione. Esto se va a poner muy pero que muy tenso, yo voy avisando... Confío en que vengáis preparados para una buena dosis de sarcasmo, discusiones, un Draco cabrón y una Hermione imparable. Tendremos también la escena clave de Theo que tanto habéis pedido. ¡Allá vamos! Nos vemos al final del capítulo ;) Fin de la N/A.
Malfoy llegó cinco minutos tarde. Lo suficiente como para hacerse esperar —y ser así el centro de atención, cómo no—, pero no tanto como para que Hermione hiciera algo más que mirarle fríamente cuando al fin apareció en el lugar en el que la había citado.
—Buenas tardes —saludó ella con algo de sorna, pero Malfoy no respondió. En su lugar, se detuvo abruptamente ante ella mirándola de arriba abajo con una expresión a caballo entre la sorpresa y el desagrado.
—¿Qué cojones llevas puesto, Granger? —escupió. Hermione bajó la vista y verificó que su ropa no tenía nada de extraño. Jersey de punto, vaqueros, botas. Volvió a levantar la mirada y se fijó en que Malfoy vestía ropa oscura de mago. Su única concesión al mundo muggle había sido optar por no llevar capa o túnica.
—Ropa, Malfoy. Es eso que se pone la gente para evitar la indecorosa elección de salir desnudo a la calle. ¿Se puede saber qué le pasa?
—¿Que qué le pasa? ¡Es muggle! ¿Por qué demonios insistes en llevar ropa muggle incluso cuando tú misma protestas si decimos que no eres una bruja? ¡Vamos a una jodida cafetería mágica!
Hermione alzó una ceja.
—En primer lugar, Malfoy, que defienda que soy una bruja —porque claramente lo soy— no está en absoluto reñido con que provenga de una familia muggle y haya crecido, por tanto, en esa cultura. En segundo lugar, me vestiré como me venga en gana. Y en tercer lugar, yo no sabía si íbamos a ir a un lugar mágico o no. Ante la duda, la ropa muggle es la mejor opción. Ningún mago se sorprende al ver a alguien vestido así, mientras que a los muggles les puede dar un ataque si se encuentran por ahí con gente con túnicas, capas y sombreros puntiagudos.
Malfoy la miró con la boca abierta durante unos instantes antes de dignarse a contestar con su tono más desdeñoso.
—¿Cómo cojones pensaste que existía la más mínima posibilidad de que fuera a llevarte a una cafetería muggle?
—Tienes razón, fallo mío. Olvidaba que eres un maldito elitista. Y un racista también.
—Esto no tiene nada que ver con las razas, Granger. Aunque me gusta que uses la palabra elitista. La élite, precisamente. Eso es lo que somos los sangre limpia —dijo él, estirándose con petulancia. Sin embargo, había algo distinto en su tono de voz. Una especie de burla sorda, como una provocación. Algo que sugería que Malfoy buscaba más molestar a Granger que exponer sus principios a los cuatro vientos.
Hermione bufó, poniendo los ojos en blanco y sin caer en la trampa.
—La élite. Claro. Disculpa que no me arrodille ante ti, pero acabo de lavar los pantalones.
—No pasa nada —respondió Malfoy alegremente—. La intención es lo que cuenta. Y ahora… ¿nos vamos? Cuanto antes acabemos con esto…
—… tanto mejor —acabó Hermione por él, siguiéndolo. Caminaron el uno al lado del otro, en silencio. Era una situación extraña y nueva para ambos, esa de andar juntos hacia un mismo destino.
Era una situación peligrosa.
Draco la llevó a una cafetería situada al otro lado de la manzana, en una callejuela estrecha y vacía. El lugar parecía abandonado, pero tras asegurarse de que nadie les veía, Malfoy golpeó siete veces seguidas sobre la puerta y susurró "Zumo de mandrágora". Seguidamente entró, precediendo a una curiosa Hermione.
Y en cuanto la puerta se hubo cerrado a sus espaldas, el local oscuro y lleno de polvo cambió por completo, transformándose en una inmensa cafetería de colores claros con el techo sorprendentemente alto.
Había bastantes magos y brujas dentro, pero el increíble tamaño del lugar permitía que todavía quedaran muchos sitios libres. Sin pensárselo demasiado, Hermione se dirigió a la mesa más cercana, pero Draco la detuvo con un siseo indignado.
—¿Qué haces?
—¿Cómo que qué hago? Sentarme, ¿no lo ves?
—Ahí no —negó él con vehemencia—. Está en el puñetero centro. ¿Es que quieres que todo el mundo nos mire?
Hermione alzó una ceja cruzándose de brazos.
—Creía que llamar la atención era uno de tus pasatiempos preferidos.
—No cuando voy contigo. Solo me faltaba que la gente pensara que somos amigos o algo así. Tengo una reputación que mantener, ¿sabes? —dijo él, alejándose hacia una mesa más apartada.
—Por supuesto —resopló Hermione poniendo los ojos en blanco antes de seguirlo.
Se sentó frente a él y lo miró fijamente. Draco tenía el pelo revuelto y los pómulos muy marcados debido a una delgadez extrema que superaba incluso a la de su adolescencia. Bajo sus ojos grises destacaban unas ojeras terribles y oscuras.
Parecía verdaderamente enfermo.
—Vas a desgastarme de tanto mirarme, Granger —comentó él con sorna. Hermione alzó la barbilla con un cierto punto de indignación.
—¿Desgastarte? ¿Y dejarte más hecho polvo de lo que ya estás?
—Yo no estoy hecho polvo. ¿De dónde coño has sacado eso? —gruñó él frunciendo el ceño.
—Oh, perdona, ¿parecer un esqueleto viviente es algún tipo de moda entre los sangre limpia? E imagino que al IMEM vas porque en realidad eres gay y Tylor es tu novio…
La camarera, una bruja pelirroja bastante jovencita, llegó justo cuando la mandíbula de Draco se descolgó hacia abajo con incredulidad.
—¿Qué desean tomar?
—¡No soy gay!
La muchacha se volvió hacia Draco con expresión perpleja mientras Hermione se esforzaba por contener una carcajada y él enrojecía de pura rabia.
—¿Disculpe? —preguntó la camarera, pestañeando.
—Que para mí un té. De menta, a poder ser —siseó Draco entre dientes sin dejar de mirar con odio a Hermione.
—Un batido de vainilla para mí, por favor —pidió ella, sin poder ya aguantarse la risa.
La bruja pelirroja tomó nota del pedido y se apresuró a alejarse tan rápido como le fue posible de la extraña pareja.
—¿Un batido? ¿Qué tienes, cinco años?
Hermione dejó de reír para mirar a Draco fijamente, arrugando la nariz.
—¿Y a ti qué te pasa? Primero mi ropa, después mi elección de mesa y ahora lo que pido para beber. ¿Tienes alguna otra queja?
—A decir verdad, sí. ¿Es que en veinte años de vida no has sido capaz de encontrar algún hechizo o poción con el que arreglar ese nido de zarigüeyas al que llamas pelo?
—Bueno, tú no has conseguido madurar ni una pizca en el mismo espacio de tiempo, y mira que eso es algo que todos los críos hacen con un mínimo de éxito llegados a cierta edad.
La camarera regresó para dejar el té y el batido ante Draco y Hermione en ese preciso momento. Los dos jóvenes se miraban fijamente, tensos y molestos, así que la chica volvió a marcharse a la velocidad del viento.
Draco tomó su taza, clavando en Hermione sus ojos llenos de desprecio.
—Espero que te hayas acordado de traer el archivo.
Ella bufó.
—Por supuesto que sí.
Se inclinó para abrir la mochila que se había traído consigo y sacó de ella la carpeta azul que pertenecía a Malfoy. Él alargó una mano para cogerla, pero Hermione la apartó de su radio de alcance mirándolo con suspicacia.
—¿Y la mía, Malfoy?
Draco gruñó por lo bajo, rebuscó en los bolsillos de su túnica y sacó una carpeta exactamente idéntica, solo que minúscula. Un toque de varita y el archivo recuperó su tamaño original.
Ambos intercambiaron los historiales con cierta ansiedad, y de pronto Malfoy tuvo un terrible presentimiento.
—No se te habrá ocurrido leerlo, ¿verdad? —preguntó con alarma y tono amenazante. Hermione alzó la cabeza, tremendamente indignada.
—¡Por supuesto que no! ¿Quién te crees que soy? ¡La cerré en cuanto vi que estaba a tu nombre!
—Claro. Olvidaba que hablo con la santurrona más grande de la historia —canturreó Malfoy con malicia, tratando de esconder su alivio. Pero fue entonces el turno de Hermione de dudar.
—¿Y tú? ¿Has leído el mío?
Draco bufó.
—Como si me interesara.
—Malfoy…
—Que no lo he leído, Granger, joder. Ni siquiera me di cuenta de que te habías llevado el mío hasta que me llegó tu estúpida lechuza.
Hermione relajó el rostro, claramente reconfortada, y volvió a inclinarse para guardar su carpeta en su mochila bajo la atenta mirada de Malfoy, que se removió en su asiento.
Había mentido, claro.
Apenas había llegado a casa había abierto su carpeta, sintiéndose terriblemente confundido al encontrarse con la fotografía de una mujer pálida, morena y de ojos verdes. Había estado a punto de cerrar el archivo y regresar al IMEM para hacerles saber lo que pensaba de los incompetentes que no sabían ni entregar correctamente unos puñeteros historiales cuando había leído el nombre de la mujer.
Jean Claire Granger.
¿Cómo habría podido resistirse? Por supuesto que lo había leído. Varias veces, además. Casi se atrevería a decir que se lo sabía de memoria.
En un principio había pensado en restregárselo por la cara a Hermione. En reírse de ella. La bruja perfecta, ¿eh, Granger? La admirable estudiante que nunca se equivocó en clase… y para un hechizo verdaderamente importante que tienes que hacer, fallas estrepitosamente. ¿Qué se siente sabiendo que eres la única culpable de lo que le ocurrió a tu madre?
Oh, sí. Había estado a punto. Pero después había alzado la mirada y se había visto reflejado en el espejo que colgaba sobre la cómoda de su cuarto. Había contemplado su aspecto cansado, enfermizo. Había recordado el tacto frío de las mejillas inertes de su madre. Había pensado en todo lo que daría por volver atrás y no salir de casa esa tarde. Por estar ahí para ella. Por salvarla.
Por no sentirse responsable de haberla perdido.
Y finalmente había vuelto a guardar el archivo en la carpeta azul, decidiendo que guardaría silencio.
En ese momento, Hermione se incorporó de nuevo, totalmente ajena a los oscuros pensamientos de Draco. Cogió su batido y dio un largo trago. Cuando apartó el vaso, un rastro suave y cremoso, como un bigote de vainilla, le cubría el labio superior.
Malfoy sintió un estremecimiento al mirarla así, con un brillo especial en las pupilas, como si el mero hecho de tomar un batido la hiciera feliz. Como una niña con la boca manchada de dulce.
Una travesura de vainilla justo sobre sus labios.
—Por Circe bendito, Granger, límpiate —masculló. Ella cogió una servilleta, ni remotamente avergonzada, y Draco apartó la mirada de su boca con brusquedad. Se sentía molesto. Incómodo. Y no saber por qué solo acrecentaba ese sentimiento.
—¿No te han dicho nunca que de tanto fruncir el ceño te saldrán arrugas? —preguntó ella. Sonreía, pero esa sonrisa no le llegaba a los ojos. Quizás cualquier otro habría pasado por alto ese detalle, pero no Draco. No, él sabía perfectamente lo que era sostener una máscara para evitar las preguntas y las miradas de compasión.
En el fondo, ella también sufría. Porque también era responsable de haber perdido a alguien a quien solo trataba de proteger.
De una forma egoísta, de una forma estúpida, pero así había sido. Ambos se habían equivocado.
Y ahora, los dos estaban perdidos.
Draco carraspeó.
—Un rostro tan hermoso como el mío sería atractivo hasta con arrugas.
—Claro, Malfoy, lo que tú digas.
—Además, no acepto consejos de belleza de alguien como tú.
—Dice mucho de ti que te preocupes tanto por tu aspecto físico.
—No lo hago. No me hace falta.
—En realidad, sí te hace falta. Para algo bueno que tienes, sería una lástima que se echara a perder.
—No como tú, Granger, que al menos puedes decir que eres lista. Una pena que la mente vaya deteriorándose con los años.
—Afortunadamente, ese deterioro tarda en llegar. No quiero ni imaginarme cómo serás tú cuando vayas a peor.
Ambos hicieron una pausa para beber. Discutían por discutir. Calmadamente. Entregadamente. Por el mero placer de comprobar quién era más rápido. Quién más original. Quién más hiriente.
Era extrañamente divertido.
Era peligrosamente estimulante.
—Y Granger.
—Qué.
—No soy gay.
—Lo saben.
—Claro que no, Theo, no seas tonto. Es imposible que lo sepan. Solo tienen alguna que otra pista.
Sentados en el sofá del salón, en el apartamento de él. Daphne y Theo. Los dos. Solos.
—Fue por ese impertinente de Blaise. No sabe tener la boca cerrada ni respetar la intimidad ajena. De hecho, dudo que sepa lo que significa la palabra "intimidad" o "ajeno".
Daphne sonrió. Cuando Theo se ponía nervioso movía las manos sin parar, gesticulando repetitivamente. Era un espectáculo ciertamente gracioso.
—No creo que le hagan mucho caso. Es Blaise. Siempre ha tenido una imaginación desbordante.
—Esto es diferente, Daphne. Nos van a pillar.
—De verdad que me parece poco probable, Theo.
—Es Draco lo que me preocupa. Sabes cómo es. No deja escapar ni un detalle. Es mucho más listo que Pansy y Blaise. No le llevará ni una semana darse cuenta. Y cuando se entere, ¿qué haremos? Es más, estoy seguro de que ya lo sospecha.
Ella suspiró y lo miró fijamente. Theo tenía el pelo revuelto y su mirada, de ese azul intenso que siempre parecía un mar en calma, se clavaba en ese momento más allá de la ventana con la potencia de un océano embravecido. Daphne alargó una mano y la colocó sobre la muñeca derecha de Theo, que se volvió hacia ella con la expresión atravesada por un rictus de dolor.
—¿Y qué hay de malo en que lo sepan? —preguntó ella con suavidad—. A mí no me importaría contárselo. Blaise y Pansy están juntos, y ni nosotros ni Draco montamos ningún drama por ello, ¿verdad? ¿Por qué con esto iba a ser diferente?
Theo suspiró, bajando la cabeza. El flequillo oscuro calló hacia delante cubriéndole los ojos.
—No lo sé. Supongo que nada. Igual todo. Tú sabes cuál es el problema. Y tal vez antes habría sido más fácil, pero ahora… Draco me mataría. Nos mataría a los dos.
—No me digas que le tienes miedo a Draco.
Theo arrugó la nariz.
—Por supuesto que no. Pero tampoco quiero que se enfade o se sienta traicionado.
—No tiene ninguna razón para hacerlo.
—Pero lo hará. Sabes cómo es.
—Siempre puedo decírselo yo si a ti te cuesta demasiado —propuso Daphne, medio en broma medio en serio, y Theo hizo una mueca.
—Lo que me faltaba. Para que entonces te mate a ti. ¿Y qué haría yo luego, eh?
Daphne rio con la musicalidad y la delicadeza de una canción y Theo levantó al fin la mirada. Ella era preciosa. Sutil. Etérea. Imposible.
Exactamente igual que una estrella.
—No le metas prisa al tiempo, Theodore Nott. Las cosas llegarán a su debido momento. Y entonces podremos enfrentarnos a ellas. Juntos. ¿Vale?
Theo era conocido entre sus amigos por ser el menos dado a cualquier tipo de demostración afectiva que implicara contacto físico. Pero fue él quien inició el intenso abrazo que atrapó a Daphne casi por sorpresa.
Porque Theo se lo había preguntado totalmente en serio. Y, para demostrarlo, lo repitió una vez más.
—¿Qué haría yo sin ti?
Se habían entretenido mucho, muchísimo más de la cuenta. De hecho, habían estado casi dos horas allí sentados, hablando. Discutiendo. De tonterías, claro, pero discutiendo.
—¿Sigue Potter teniendo complejo de mártir y Weasley siendo su perrito faldero?
—¿Sigue Parkinson con su cara de perro y Zabini siendo víctima de la incontinencia verbal?
Draco se había pedido un segundo y un tercer té de menta para finalmente beberse una copa de whisky de fuego, mientras que Hermione se había limitado a ir variando el sabor de sus batidos. La gente a su alrededor iba cambiando. Algunos llegaban, otros se marchaban. Y ellos seguían ahí.
—¿Sabes? Siempre he pensado que era cuestión de tiempo que alguien se diera cuenta de que necesitabas ayuda psicológica, Malfoy.
—No es de extrañar. Mentes tan brillantes como la mía tienen que hacer verdaderos malabarismos para mantenerse perfectas y sanas.
Era una situación extraña. Estaban molestos. Incómodos. Fuera de lugar. Dos enemigos por naturaleza que siempre se habían detestado compartiendo una minúscula mesita redonda en una cafetería mágica. Metiéndose el uno con el otro con esa dinámica que habían iniciado en Hogwarts y que mentirían si dijeran que no habían echado de menos.
—Admítelo, Granger. Me odias porque sabes que soy superior.
—Vaya, me has pillado. ¡Y yo que pensaba que mi justificación de que se debía a que eres un capullo ególatra era perfectamente creíble! De todas formas, Malfoy, no te odio.
—¿Ah, no?
—No. Para eso tendrías que importarme un poquito más.
Era violento pero calmado. Doloroso pero tranquilizante. Era algo a lo que estaban acostumbrados, algo que sabían hacer, un juego para el que ellos habían inventado las normas. Y sí, era raro e insólito, pero hacía tiempo que Draco y Hermione no se sentían tan vivos.
Porque seguían detestándose. Y se insultaban. Y ponían sobre la mesa toda su artillería, todo su ingenio, todo su sarcasmo. Discutían sobre política, sobre el sistema educativo, sobre los juicios de los mortífagos. Sobre magia negra y sobre magia blanca. Sobre lo que fuera. Ahí, el uno en frente del otro, ligeramente inclinados, muy sutilmente embriagados por la nostalgia. Como cuando aún eran jóvenes estudiantes de Hogwarts que no conocían la muerte ni sabían nada de pérdidas.
Y sí. Definitivamente seguían detestándose. Pero ninguno de los dos parecía tener intención de marcharse pronto.
Entonces, Hermione había mirado el reloj y se había levantado de golpe con un brinco.
—¡Merlín, son casi las siete! Tengo que irme, Malfoy.
Repentinamente consciente de que había estado sentado dos horas con Granger de forma considerablemente voluntaria, Draco se puso en pie también a la velocidad del rayo.
—Al fin. Creí que nunca me libraría de ti.
—Nos vemos todos los domingos en el IMEM, Malfoy. Difícilmente podrás librarte de mí tan pronto.
—Por desgracia… ¿Se puede saber a dónde vas con tanta prisa? —preguntó al verla coger su mochila a toda velocidad.
—Pues al Instituto, Malfoy. Ya sabes, a las siete es la hora de visitas.
—Ah, claro, tu madre.
Fue un segundo. Menos, incluso. Una milésima. Suficiente para que Draco deseara matarse con todas sus fuerzas.
—¡Lo sabía! —gritó Hermione, señalándolo con un dedo acusador—. ¡Sabía que lo habías leído!
—Granger, por Circe, baja la voz —masculló Malfoy, dolorosamente consciente de cómo todo el mundo estaba pendiente de ellos. Había caído en la trampa de Granger, y eso había sido un golpe demasiado certero directo a su orgullo. Idiota. ¿Cómo podía haberse delatado así?
—¿Que baje la voz? ¿Por qué, es que no quieres que se sepa que eres un estúpido arrogante y mentiroso sin ningún tipo de respeto por nada? ¡Sorpresa, Malfoy! ¡Todos lo saben ya!
Ella estaba visiblemente enfadada. Apretaba los puños con fuerza y miraba a Draco como si quisiera empequeñecerlo y pisotearlo repetidamente. La camarera pelirroja se había detenido a unos metros de ellos, contemplándolos con los ojos muy abiertos. Y como ella, muchos otros clientes.
—Joder. —Draco dejó un puñado de monedas sobre la mesa como pago para la última consumición de ambos, cogió a Hermione por el brazo y la arrastró fuera de la cafetería. Ella no dejó de patalear, protestar e insultarlo en ningún momento, mientras todos los que se encontraban en el interior del local los seguían con la mirada.
Una vez en la calle, Draco la soltó como si quemara y la miró largamente. Hermione tenía las mejillas rojas por la rabia y los ojos llenos de frustración. Parecía una especie de gata enfadada, con el pelaje erizado y las uñas bien afiladas, preparada para saltar sobre su yugular en cualquier momento.
—¿Has acabado ya de insultarme?
—¿Acabado? ¡No he hecho más que empezar!
Él bufó con impaciencia, cruzándose de brazos.
—Marcarte un farol para engañarme ha sido un truco extraordinariamente bajo para venir de ti, ¿no crees?
—¡No te atrevas a darle la vuelta al asunto, Malfoy! Eres lo más rastrero que hay en este mundo. ¡No tenías ningún derecho!
—Pues no haberte dejado el archivo en el despacho de Tylor —respondió él encogiéndose de hombros. Nunca había tenido demasiada paciencia y los gritos de Hermione empezaban a sacarlo de sus casillas.
—Oh, claro, ahora resulta que la culpa de que seas un sinvergüenza es mía. ¡Y encima me mentiste!
—Vamos, Granger, como si tú no hubieras leído también mi archivo.
Hermione soltó una exclamación ahogada. Parecía perdida a medio camino entre la ira, la indignación y el dolor. Cuando la miró, Draco entendió que en cualquier otra ocasión nada de aquello le habría importado tanto. Pero Hermione estaba sobrecargada. Saturada después de tanto sufrimiento. Y había bastado ese insignificante error de Draco para que ella pudiera tener un escape de rabia con un mínimo de justificación.
Cualquier cosa la habría hecho saltar ese día.
—¡Ya te dije que no! Ni se me ocurriría hacer algo así, Malfoy, porque al contrario que tú, yo sí sé lo que es respetar la privacidad de los demás. ¡Me da igual si vas al IMEM para superar tus meses como mortífago…!
—No voy al IMEM por eso.
—¡… o si es para aprender a dormir en la misma cama que tu desmesurado ego…!
—Joder, Granger, ¡cállate de una vez!
—¡… o porque eres un maldito sociópata…!
—¡He dicho que cierres la puta boca, Granger!
—¡… o para superar el trauma que tuvo que ser para ti haber crecido con una familia insufriblemente intolerante que te consentía todos tus caprichos para compensar el hecho de que no te querían…!
—¡Estoy allí porque no he superado la muerte de mi madre, joder!
Fue como un rayo partiendo el aire en dos. Como si algo les hubiera robado el aliento a ambos desde los mismísimos pulmones. Y de pronto, ya no les quedaban ganas de gritarse. No había rabia ni ira ni odio.
Solo quedaba el dolor.
Solo quedaban ellos dos, en una callejuela apartada, respirando irregularmente. Mirándose fijamente. Temblando. Sufriendo.
Culpables y perdidos.
Solo quedaron ellos.
N/A. Vaya, la que se ha montado... Si es que Draco es muy listo, pero Hermione lo es aún más. Lo ha pillado y no le ha hecho ninguna gracia. Además, ambos saben ya por qué están en el IMEM. Y por otra parte, Theo está en problemas. Pobrecillo, todo estresado. Suerte que es Daphne quien está ahí para apoyarlo. Es evidente ya cuál es la situación, ¿pero por qué creéis que eso molestará a Draco? Os confieso una cosa: hay algo sobre Theo que no sabéis.
Me veo en la obligación de volver a poner las Teorías de Tylor, porque han pasado de ser nueve a ser diez. Y la décima (obra, cómo no, de MrsDarfoy) era digna de mención xD
1. Tylor va a tirarse (o intentarlo) a Daphne.
2. Tylor va a tirarse (o intentarlo) a Pansy.
3. Tylor va a tirarse (o intentarlo) a Hermione.
4. Tylor es gay y está con Theo.
5. Tylor va a formar un triángulo amoroso con Draco y Hermione.
6. Tylor va a hacer de celestina entre Draco y Hermione.
7. Tylor es uno de los asesinos de Narcissa Malfoy.
8. Tylor es el hermanastro perdido de Theo.
9. Tylor no es nadie.
10. Tylor es en realidad el propio Voldemort, o algún familiar suyo, y de ahí sus extraños ojos y su comportamiento encantador.
Gente, tengo que decirlo: estáis fatal de la cabeza xD Pero en fin, no pasa nada. Me encantan vuestros desvaríos.
AVISO IMPORTANTE. Este fic es mío, y ya tengo toda la trama montada en mi cabeza. En principio, no la cambiaré por ningún motivo, que para algo lo he ideado yo. Pero eso no significa en absoluto que no vaya a tomar en consideración vuestras peticiones y sugerencias. Un ejemplo de esto son Lucius Malfoy y Hugo Granger, a los que solo tenía intención de mencionar de pasada pero que tendrán sus propias escenas en el fic porque así me lo habéis pedido. Así que, si queréis ver a algún personaje en concreto, o una escena desde otra perspectiva, u otra pareja secundaria, podéis decírmelo. No puedo asegurar que vaya a hacerlo, pero si es algo que no desvíe la dirección de la trama, no veo por qué no debería tenerlo en cuenta. Eso sí, recordad que siempre tengo algunos capítulos escritos por adelantado que no suelen admitir modificación, así que cualquier cosa nueva que añada no aparecerá hasta algunas semanas después. Paciencia :)
Pues nada, que ya llevamos 56 Follos, 40 Favs y 74 reviews. Me repito en todos los capítulos, pero es que DE VERDAD que no sabéis lo muchísimo que me emociona esto :3 Si seguimos con una media de 9 reviews por capítulo, quizás en tres semanas lleguemos a los 100. ¡Y sencillamente me parece algo impresionante! Gracias por todo vuestro apoyo, en serio. Significa mucho.
¡Mi especial agradecimiento a los once que comentasteis en el capítulo anterior!
LadyChocolateLover, MrsDarfoy, MaiVegeta, CharMalfoy, Guest anónimo/a, Pauli Jean Malfoy, MARUVTA, Parejachyca, Seremoon, Isabella876 (¡bienvenida!) y susanblack-7. ¡Gracias!
Y, emulando a la genialosa Dryadeh, os voy a chantajear para que me dejéis un review contándome qué os está pareciendo el fic. Así pues, ¡deja un review para que Draco te invite a tomar algo con él a su cafetería mágica preferida!
Un fuerte abrazo,
MA.B
