Trabajos+trabajos+apuntes=actualizar tarde. But... here I am!

Último capítulo, ya sí que sí, en forma de epílogo. Que nos mola mucho eso de hacer epílogos para ver a los pichones juntos y esas cosas. Muy tierno todo, muy cuco.

Enjoy!


Cinco años después.

Pocos recuerdos del secuestro quedaban ya en la mente de Clarice. Las ganas por dejar todo eso atrás la hicieron mostrarse sumamente cooperativa durante la terapia que Hannibal la ofreció. Su cuerpo, al igual que su mente, había sanado por completo y tan solo su dedo meñique mostraba el horror que había vivido.

Su nombre, junto con el de Hannibal Lecter y Ardelia Mapp, volvió a estar en boca de todo el mundo durante un tiempo. De la noche a la mañana, su amiga y ella habían pasado de ser dos extraordinarias y valoradas agentes del FBI a convertirse en las infames cómplices de un asesino psicópata; pero poco las importaba ya.

Se mantuvieron escondidos durante varios meses y por fin consiguieron salir del país antes de la llegada del nuevo año. Ardelia mostró su interés por iniciar una nueva vida en Francia y siguiendo el consejo de Hannibal, separó su camino del de la pareja y se dirigió a París. Hannibal prometió a Clarice el mundo entero y tras pasar un año entero recorriéndole, terminaron instalándose en Florencia.

Clarice había pensado que tardía en acostumbrarse a la rutina de su nueva vida; pero para su sorpresa, estar junto a Hannibal era más fácil de lo que podía imaginar. Él la enseñó a apreciar cada instante, a valorar cada momento vivido y a no dejar nunca de aprender cosas nuevas. Gracias a Hannibal descubrió su buen oído con la música, su tacto en la cocina y su elegancia innata.

— ¿Vendrá Ardelia el próximo fin de semana? —se encontraba sentada en el alfeizar de la ventana de su dormitorio, viendo caer la copiosa lluvia otoñal sobre las oscuras calles florentinas—. ¿Clarice? —ella sonrió.

— ¿Si, mi amor? —Hannibal se sentó tras ella y la abrazó.

—Te ha vuelto a hipnotizar —susurró en su oído. Ella asintió suavemente y sonriendo, él besó su cuello—. Te preguntaba por Ardelia y si vendrá el fin de semana.

—Si, vendrá. Está emocionada por presentarnos a su misteriosa Aimèe.

—Desde luego ha sabido disfrutar de Francia —rio Hannibal recordando la amplia y curiosa lista de nombres que habían pasado por la vida de Ardelia.

—Parece que esta vez es muy en serio.

— ¿Ese "muy en serio" no era un tal Raoul? —Hannibal se llevó la mano a la barbilla y miró al techo con gesto pensativo—. ¿O era una tal Edith? ¡No! —dijo chasqueando los dedos—. ¡Fue Armand!

—Cállate —Clarice le dio un codazo en las costillas mientras se echaba a reí—. A mí me parece perfecto que disfrute de la vida.

—Te parece perfecto, ¿uhm? —Clarice asintió—. ¿Envidia, quizás? ¿Fantasea mi chica con conquistar Florencia? —ella se giró y le miró con severidad.

—Sabes de sobra que eso no es cierto, Hannibal—dijo en tono cortante.

—Era una broma, mi amor —Clarice se volvió enfurruñada y él hizo todo lo posible por besarla—. Clariiiice…

—No me gustan esas bromas.

—Disculpa, querida. No lo haré más, ¿de acuerdo?

—Si lo haces, ten por seguro que me iré a conquistar Florencia —amenazó ella resistiéndose entre risas a los besos de Hannibal.

— ¿Y qué sería entonces de nosotros? ¿Uhm? —preguntó rozando el cuello de Clarice con sus labios mientras acariciaba con suavidad su abdomen.

—No busques problemas, Lecter —se burló ella.

— Por cierto —dijo él separando repentinamente los labios de su cuello—. ¿A qué no sabes quién ya NO es uno de los diez más buscados del FBI? —los ojos de Clarice se abrieron de golpe y se incorporó de un salto.

—¡¿En serio? —Hannibal caminó hasta el centro del dormitorio e hizo una teatral reverencia.

—Debo añadir que es tono un honor para mí que mi nombre aparezca junto al de mi mujer, y el de su mejor amiga, en la lista de delincuentes comunes.

—¡Hannibal! —chilló lanzándose a su cuello con tanta fuerza que hizo que los dos cayeran sobre la cama—. Es una de las mejores cosas que podía escuchar.

—Yo no estaré tranquilo hasta que tu nombre sea desvinculado del mío —Clarice le miró extrañada tumbándose a su lado y quedando frente a frente.

—Un poco difícil a estas alturas, ¿no crees? Además, en esa lista figuro como Clarice Starling y te recuerdo que hace un tiempo que dejé de tener es nombre.

—Seguro que a Jackie Boy le habría hecho mucha ilusión tener que cambiar el Starling por el Lecter —el dejó escapar una ligera carcajada; pero el rostro de Clarice se oscureció. Conocía el destino que había corrido su ex superior a manos de su propio marido y aunque ese hecho no la incomodaba, seguía pensando en él a menudo.

—Confiaba en él, Hannibal y aun no sé cómo pudo hacerlo…

—Maquiavelo dijo que el fin justifica los medios, Clarice, y me temo que Crawford lo puso a prueba —ella no quiso responder. Desde que había iniciado sus estudios para agente del FBI, había considerado a Jack Crawford como un hombre íntegro, un modelo a seguir. Que la hubiera usado de aquella manera era lo último que podía esperarse—. Se arriesgo demasiado, mi amor.

Hannibal miró el rostro de Clarice mientras ella entraba en su propio Palacio de la Memoria. Vio la tristeza en sus ojos, el dolor provocado por la decepción. Acarició sus labios con el dedo pulgar y ella reaccionó sonriendo.

—Que le jodan —susurró contra el dedo de Hannibal. No cambiaría mi vida por nada. Se abrazó a su pareja y dejó que todos esos pensamientos se alejaran de su vida para siempre.

El concepto de familia la había sido arrebatado siendo muy pequeña y poco a poco lo fue olvidando. Hannibal la había devuelto mucho más de lo que él creía. Para Clarice, no existía más lugar en el mundo que estar entre los brazos de su marido. Su familia.


Y, por fin, puedo dar carpetazo al fic, que, ¿para qué negarlo? me ha gustado escribir... sangre, sangre y mucha tortura (tortura para mí escribir tanto azúcar en el epílogo, pero no me quejo, que me he divertido buscando esa faceta a los personajes)

MP-RW y... gracias por soportarme, supongo.

TA TA. Z