Bridgette salió de la casa de Félix con una sonrisa. Su avance con Félix estaba dando sus frutos, dio tres pasos y se acercó al chico que le estaba esperando.

-Lo siento, ya terminé.

Nathaniel alzó la cabeza y le sonrió. Para el pelirrojo, saber la identidad de Agreste provocó en él un cambio radical, saber que le mentía a Bridgette le causó confianza en sí mismo y eso se notaba...

Cuando se decidió a declararse a Bridgette, la ira lo embargó cuando Chat Noir apareció y se la llevó.

Estuvo muy dispuesto a ir por ella, cuando vió a Cleo sentada en la fuente frente al colegio. Pensó seriamente dejarla sola, pero su rostro le hizo quedarse de piedra.

Un enorme moretón en la mejilla que llegaba hasta el ojo brillaba en el rostro de la rubia. E inevitablemente pensó en Bridgette.

Sin pensarlo demasiado, sus piernas se movieron por si solas y cuando se dio cuenta estaba tras la rubia, la cual no había levantado la cabeza.

-Ese es un feo golpe.

Cleo alzó la vista de golpe y Nathaniel fue golpeado por su belleza. Por primera vez.

Los ojos azules brillaban por las lágrimas derramadas, sus mejillas estaban rojas por el constante restregar de sus manos, y la ropa daba a entender que estaba ahí desde hace tiempo.

-¿Qué haces aquí?- la rubia frunció el ceño y se limpió rápidamente la cara.

Nathaniel solo metió las manos en sus bolsillos.

-Oh, ya sabes, no soy de los tipos que les gusta estar en casa. Y por lo que puedo ver a ti tampoco.

-Solo estaba tomando un descanso...

Se levantó rápidamente e intentó ignorar al chico, el cual no se había ido.

Cleo se empezaba a desesperar. ¿Qué no se pensaba ir?

-¿Y qué? ¿No te quieren en tu casa?

-La verdad es que no.

Cleo se calló. Tenía la burla perfecta en la cabeza, pero en ese momento no tenía ganas de ser lo que su madre desearía.

-Vaya... Dios los crea y ellos se juntan.

Nathaniel tomó asiento a su lado. Y Cleo se volvió a sentar.

-¿Quién te hizo ese golpe? -El pelirrojo no podía pensar en que alguien la hubiera golpeado y el alcalde no hubiera hecho nada.

La cara de Cleo se amargó.

-Dime una buena razón para que te lo diga.

-En este momento, estás completamente sola... Pero yo estoy aquí.

La rubia lo miró a los ojos y detectó la sinceridad en esos pozos turquesa.

-Mi madre. Nunca fui, soy ni seré lo que siempre ha deseado. Así que trata de moldearme a su antojo, soy como ella me ha enseñado, y cuando algo no me gusta y le replico, ella me golpea, Papi no dice nada porque ama demasiado a mi madre, pero... Cuando me ve a los ojos, sé que desearía cambiar las cosas.

-¿Y desde cuándo te golpea? -Nathaniel no tenía mucho de conocerla, tal vez un año o dos, pero nunca la había visto de esa manera, Cleo era el epítome de la arrogancia. Siempre sonriendo en su pedestal. Y ahora, se encontraba con una mirada rota y en el barro. Pero eso era algo que Nathaniel solo deseaba ver él. Nadie más tiene el derecho de verla.

-Desde que conocí a Dupain-Cheng, a los 9 años, ese día, madre se comportó más alterada de lo normal, estaba muy irascible. Nunca he sabido por qué.

-Bridgette, eh...

La rubia lo miró de reojo y sonrió levemente.

-Si tanto te gusta, lánzate.

-Como si fuera tan fácil.

-Desde hecho, lo es. Es solo que uno cree que es imposible. Pero debes intentar, sino, la perderás por Félix.

Nathaniel la miró.

-¿Por qué por él?

Cleo bufó de manera divertida.

-Lo conozco desde los 6, sé qué si la pana... Qué si Bridgette continúa, Félix caerá ante ella.

Nathaniel solo suspiró, es cierto que Félix había estado más ameno con Bridgette, y podía sentir una mirada penetrante cada vez que se acercaba a Bridgette... la actitud de Félix y Chat Noir lo intrigaba, ambos habían reaccionado de manera similar cuando él estaba cerca de la peliazul. Y entonces, su cabeza ideó una teoría. ¿Podría ser que...?

Cleo miraba al pelirrojo, de entre todas las personas que vivían en París, tenía que encontrarla llorando el único que la ponía nerviosa con solo su aroma... Sonrió, si alguien le hubiera dicho que se ganaría una paliza por su madre por anunciarle que amaba a alguien que no era Félix Agreste, se hubiera reído hasta que la mandíbula se le cayera. Ni en sus peores sueños pensó que algo así era posible.

Pero ahí estaba, con el tomate a su lado, y sin embargo, él solo pensaba en Bridgette Dupain-Cheng.

Su sonrisa desapareció, para dejar paso a una profunda tristeza.

¿Por qué siempre ella?

Pero sabía la respuesta, si ella quería tener más que solo lo que su madre quería, debía empezar por ella misma.

Así, hizo un acto de sacrificio.

-Oye, Nathaniel...

El aludido movió la cabeza hacia su dirección, curioso porque le llamó por su nombre, y no por su apodo.

-Debes ser más seguro de ti mismo, ahora lo eres y estás conmigo.

Nathaniel solo la miraba, y entonces, le sonrió abiertamente.

-Eso es por qué tú eres especial.

Cleo estuvo a punto de ruborizarse. A punto. En cambio, le devolvió la sonrisa.

-¿Es eso así? -Acercó su mano a la de él, y la sujetó fuerte. Todo al mismo tiempo que se acercaba a su rostro. -¿Por qué no me demuestras que tan especial soy para ti?

Y para la completa diversión de Cleo, vio como Nathaniel se ponia de todos los colores rojos por haber.

Soltó una carcajada y se abrazó el pecho. Nathaniel seguía rojo, pero ahora la miraba con el ceño fruncido.

-Lo... Lo siento, pero esperaba que me siguieras en juego. Esa es una técnica infalible para que conquistes a Bridgette, que es una despistada de lo peor. Es un consejo, se más natural.

La chica le sonrió y se levantó.

-Bueno, es hora de irme, si me tardo más, Papi es quien la paga. Así que... -ese acercó a Nathaniel y le besó la mejilla- gracias por la compañía.

Se alejó y dejó a Nathaniel solo con sus pensamientos.

Luego de un rato, el pelirrojo se levantó y se fue.

Nathaniel regresó de sus recuerdos cuando la chica a su lado le preguntó por la rubia.

-Perdón, ¿Qué decías?

-Que si pudiste ver a Cleo.

El pelirrojo suspiró.

Luego de la intensidad de la conversación de las dos ojiazules, Cleo echó a correr como alma que lleva el Diablo, y nadie, ni siquiera Sabrina sabían dónde estaba.

-No... Y quería hablar con ella...

La mirada que le lanzó Bridgette lo inquietó.

-¿Qué pasa?

-Nada, es solo que no sabía que te llevarás tan bien con ella.

-Sucedió cuando Chat Noir te secuestró, la encon... - Pero Nathaniel se calló, sentía que esos momentos debían ser solo de ellos.

Al final, porque no encontró a Cleo, decidió seguir su consejo y convenció a Bridgette que la acompañara a dejar los trabajos para el rubiecito.

Pero al estar frente a la casa, no fue capaz de entrar, si entraba buscaría como molestarlo. Y no quería incomodar a Bridgette.

Y ahora estaba de camino a casa, después de dejar a Bridgette en la panadería.

Pasó por el puente cerca de la iglesia de Notre Dame y cual fue su sorpresa al ver a Cleo Bourgeois sentada en la orilla viendo el lago.

Y de nuevo, sus pies se movieron solos.

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¿Qué dijeron? Esta vieja olvidó a Nath…

Deben admitirlo, se ven muy bien juntos todas las parejitas.