Recuerdos: (séptima parte III) Amigas.

"Si lograr el cariño de Inuyasha fue un martirio (y siendo solo mitad demonio). ¿Qué podría depararle el destino a esta niña, al lado de un demonio puro como Sesshomaru, con título de nobleza, orgulloso, arrogante, frío como el hielo y además de todo nada amante de los humanos? ¡Por kami!. Pensó,al imaginar lo que tendría que soportar esa pobre criatura, cuando, en algún momento, se diera cuenta de su amor por ese príncipe de hielo."

Mantuvo en sus brazos a Rin, hasta que ésta, de tanto llorar, quedó dormida; luego, con mucho esfuerzo, la acostó en el futón. La fiebre había vuelto.

Incapaz de dormir debido a los recientes acontecimientos, pasó el resto de la noche cuidándola, sopesando la situación, tratando de digerir lo que había descubierto; buscando la mejor forma de ayudar a esa muchacha; siendo testigo, de paso, de cómo hasta en la inconsciencia ella lo llamaba, suplicaba por su regreso.

Lágrimas de tristeza cruzaron sus mejillas, sintiéndose impotente. De pronto, una duda asaltó su mente: ¿Cómo reaccionaría él, al darse cuenta?¡Kami Sama, no!,-pensó, asustada-¿Qué haría con ella?

Rápidamente su cerebro se puso en marcha: varias posibilidades surgieron:¿Sería capaz de lastimarla? ¡No!, no, por supuesto que no. -Se dijo segura- Sesshomaru podría ser lo peor en muchas cosas, pero si no lo hizo en un principio, cuando no significaba tanto para él, menos lo haría ahora, por mucho que llegara a considerar un "atrevimiento" que Rin lo amara. Tal vez solo la alejaría, aunque con ello, de igual forma ella sufriría bastante. En el mejor de los casos, tal vez la mantendría a su lado como su eterna protegida, si eso se pudiera considerar lo mejor, ya que aún así, ella sufriría toda su vida sabiéndose ignorada en su amor, más si él decidiera "emparejarse" con alguna youkai.

En todos los escenarios planteados, Rin, indefectiblemente saldría lastimada. No era su carácter habitual ser pesimista en ninguna ocasión, menos en cuestiones de amor; pero en este caso, era casi imposible no serlo, se trataba de Sesshomaru, el youkai mas orgulloso que conocía; el más arrogante, testaturado, cruel, engreído, frío, mudo, y quién sabe cuántos calificativos más, que ya no se le ocurrieron; pero eso sí, ninguno, deseable a ojos humanos, para describir su persona.

Pobre Rin, que destino tan cruel. -concluyó- No le parecía justo. Kami, ¿por qué?. -Preguntó mirando hacia arriba- ¡Ya ha sufrido demasiado…, demasiado! Dijo, haciendo alusión a las penurias que esa jovencita, tuvo que pasar. Negó con la cabeza- De verdad que, a veces, no entiendo tus designios.

Después de otro rato de sopesar la situación, cayó en cuenta de que le faltaba una variable que considerar, remota tal vez, pero que debía ser tomada en consideración: ¿Y si acaso él, llegara a corresponderle? ¿Podría ser eso posible?

Recordó la reciente plática que sostuvo con Sango, en especial, cuando esta le preguntó: "Oye Kágome. ¿Tú crees que Sesshomaru quiera a Rin?... Él es un demonio puro… y hasta dónde yo sé, sigue detestando a los humanos. Aún y cuando con ella es diferente, ¿qué podría sentir por ella?", así como sus propias palabras al contestarle: "Creo que el corazón de Sesshomaru ha ido cambiando desde que conoció a Rin. Ya no se refiere a los humanos como criaturas repugnantes y esos calificativos que antes usaba; además, recuerdo que durante los viajes en busca de Náraku, liberó el alma de esa chica que se enamoró de él, de nombre Sara; trató de ayudar a Kagura; y, durante la batalla dentro del cuerpo de Náraku, estuvo eliminando los demonios que se acercaban a mí, mientras estuve inconsciente, salvó mi vida…"

¡Es cierto!, -se dijo, limpiándose las lágrimas- ¿Por qué no? Ese orgulloso youkai fue cambiando poco a poco a partir del momento en que conoció a Rin, si algún humano era capaz de lograr la proeza de despertar su frío corazón; de conseguir un cambio radical o al menos trascendental en su actitud, y en su vida misma, era ella, precisamente ella.

¿Por qué no?- volvió a preguntarse, convenciéndose cada vez más. Cabía la posibilidad: Él fue capaz de ir al mismo infierno por ella, por una "humana", anteponiendo su vida a la propia. Quizá y solo quizá, eso significaba que, al igual que Rin, ni él mismo se había dado cuenta de que esos "sentimientos" que en un principio lo impulsaron a conducirse en contra de sus propias "reglas" y devolverle la vida a ella, evolucionaron hasta convertirse en algo más; algo más que un simple instinto de protección; algo más que sólo misericordia, algo más que un simple cariño; algo como …acaso.. ¿amor?.

¡No, no, claro que no!, ¿como? Rin era una niña entonces, él no podía verla de esa forma.-Se auto regañó-.

A estas alturas, kágome, al igual que Rin horas atrás, daba vueltas dentro de la pequeña cabaña sumida en sus pensamientos, tratando de buscar el significado de todo aquello, sentía que algo… algo se le escapaba de la ecuación. Sesshomaru era un demonio puro, y como tal, con instintos Inu muy arraigados, ávido de dominio, y según sabía, lo único que le importaba era el poder, por ello sus interminables viajes en búsqueda de nuevas formas de hacerse más poderoso, para así formar su propio imperio y expandirlo; ¿qué papel o cabida podría tener Rin en todo esto?; No parecía lógico, ella era humana, fuera de su mundo, y no tenía tiempo para esperar a que centrara su atención en otras cosas.

Había llegado a un problema sin salida, estaba al borde de la desesperación cuando, como en respuesta, su mente recordó lo que ésta le contara sobre lo que vio Kohaku en el inframundo cuando murió por segunda vez: Sesshomaru, sosteniéndola en sus brazos, le pedía que despertara, y ante la impotencia de no poderle devolver la vida una vez más con tenseiga, dejó la espada de lado, como abandonándola; luego, en un ademán que no podía significar otra cosa que un llanto, que nunca salió de sus ojos, apoyó su rostro sobre la pequeña cabeza de la niña; tenseiga, reaccionó entonces al cambio en el corazón de su amo; Sesshomaru, tomó la espada, y, como en una especie de tributo a esa pequeña que no podía salvar, purificó a todos los cuerpos del purgatorio, otorgándoles paz.

Paró en seco; y quedó con la mirada fija hacia ninguna parte: como cuando el velo que nubla la vista cae, esa frase resonó en su mente: "ante la impotencia de no poderle devolver la vida una vez más con tenseiga, dejó la espada de lado, como abandonándola.."

¡Si, -gritó, llena de ilusión-, ¡Eso es!

Instantes después, una solitaria y sonriente Kágome daba pequeños saltos de alegría, en plena madrugada, sin poder contener su emoción: había desentrañado el significado de esa simbólica acción.