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Pero miren que tenemos aqui... siii es un capitulo si ya se que 2 semanas sin actualizar pero es mejor para ustedes ya que semana santa significa tiempo para editar (siii editar no dire que escribir por que nada es mio... saben eso es taaan triste...)
bueno los hice esperar mucho como para medio leer lo que escribo aqui asi que espero que disfruten el capi...
repito... los personajes son de Masashi Kishimoto...repito... la historia es de Lisa Kleypas... repito(ejejje es que hoy vi a cosmo ejejeje)
=TTwTT= =ºwº= =*w*= =~w~= =^w^= =ow0= =QwQ==UwU= =¬w¬= =w= =*¬*= =()w()= =ºwº= =´w´=
Capitulo 9
La oportuna llegada de Sasuke permitió que Naruto se recobrara de la impresión. Sentado en el baño, con el corazón golpeando con fuerza, dejó que el lacayo le afeitara. Pedo el Grande se paseaba por la habitación absorto en su apasionado monólogo.
Naruto estaba aterrado y fascinado al mismo tiempo por la presencia del zar, siempre había sido un admirador de sus éxitos. Pedro el Grande fue el fundador de la marina rusa y quien llevó a su país a la victoria al cabo de veinte años de guerra contra los suecos. También se debía a el la fundación de San Petersburgo. Todas esas cosas necesitaron inteligencia y crueldad, características en las que ese hombre sobresalía con creces.
El zar habló largo y tendido sobre la guerra. -Los muy cabezotas quieren atravesar Polonia pero ni siquiera pueden alimentar a sus tropas-dijo refiriéndose a los suecos-Ni siquiera les va a dar tiempo. El invierno les cogerá por sorpresa.
-Seguramente se dirigirán al noreste-comentó Naruto echando mano de sus recuerdos de historia-Intentaran sorprender vuestras defensas en Varsovia antes de dirigirse hacia Lituania.
Su voz se vio momentáneamente ahogada por la toalla caliente que Sasuke le puso en la cara.
-Nunca atravesarán los pantanos ni los ríos-contestó Pedro el Grande, hosco-Pero si lo consiguieran nosotros les detendríamos en Grodno.
Naruto encogió los hombros. -Eso solo Dios y el zar lo saben-dijo citando un viejo proverbio ruso.
El monarca esbozó una sonrisa. -Te he echado de menos, Naruto. Espero verte a menudo mientras esté en Moscú. Hacía dos años que no me quedaba en la capital. Tengo trabajo suficiente como para mantenerme ocupado hasta Navidad. Desgraciadamente Menchikov tiene que reunirse con sus tropas en Polonia.
-Es una lástima-replicó Naruto levantándose mientras Sasuke le tendía una bata.
Pedro el Grande estalló en carcajadas como si el príncipe acabara de hacer un chiste.
-No es necesario que finjas, Naruto. Todo el mundo sabe que os odiáis, pero hay que saber olvidar el odio al menos por una noche. Menchikov ha hecho mucho por nuestro país y hay que respetarle por sus victorias.
Naruto se limitó a agachar la cabeza. -Además-continuó el zar-los dos tenéis mucho en común. Ambos sois ambiciosos e inteligentes y los dos deseáis que la antigua Rusia se convierta en algo similar al resto de los países occidentales. De acuerdo, Aliocha no tiene ni tu apuesto físico ni tu clase, pero tiene cualidades.
-Sobretodo cuando se trata de enriquecerse-comentó Naruto con acidez, recordando la reputación de estafador y aprovechado de Menchicov.
Al oír esa imprudencia, Sasuke contuvo el aliento. Pedro el Grande pareció contrariado pero después se echó a reír.
-Aliocha tiene defectos, desde luego, pero me ha prestado grandes servicios. En cuanto a ti, mi querido amigo, ¿Cómo marchan los negocios con los comerciantes de Moscú? ¿Les has convencido para que se unieran como hacen los ingleses y los holandeses?
Naruto dudó mientras buscaba una respuesta convincente. -Me temo que harán lo que se les antoje-contestó mirando al zar directamente a los ojos. Pedro masculló su desaprobación pero no evidenció ninguna sorpresa.
-Las cosas siempre suceden del mismo modo con el pueblo ruso. Bien, prepárate para asumir tus nuevas funciones Naruto. Desde este momento deseo que controles el comercio y las finanzas de la ciudad. Serás el consejero del gobernador quien parece no entender nada de lo que ocurre en el oeste.
-Pero, yo...-empezó Naruto sin poder imaginarse a si mismo capaz de asumir tales responsabilidades.
-Si, sé que me estás agradecido-cortó el zar dirigiéndose hacia la puerta- Tengo que ir a inspeccionar las nuevas fortificaciones de la ciudad. Volveré a pasar mas tarde para pasar un tiempo en tu casa. Parece ser que has restaurado el teatro y tengo ganas de verlo.
En cuanto el zar se marchó, Naruto sacudió la cabeza con desesperación. -Me he vuelto loco-murmuró para si mismo.
Sasuke le hizo una seña para que fuera a vestirse en la habitación de al lado.
-Voy a ayudarle a vestirse, Vuestra Alteza, luego me encargaré de organizar la cena. No podemos perder tiempo.
Dejó que se hiciera el silencio antes de continuar: -Vuestra Alteza, debería intentar ser un poco más diplomático con el zar.
Menchicov seguramente ha estado conspirando contra usted, como de costumbre. Solo de usted depende seguir gozando del favor del zar.
-Por supuesto-contestó Naruto comprobando que el gobierno no había cambiado en mas de un siglo-Se supone que debo lamer una de las botas del zar mientras Menchikov lame la otra.
A Sasuke le sorprendió esa observación pero no hizo ningún comentario.
La residencia hervía en una actividad febril mientras los criados preparaban varios dormitorios por si el soberano y su séquito decidían quedarse a pasar la noche. La compañía de teatro personal del príncipe fue convocada y se encargó al cocinero que preparara un gigantesco banquete. Sasuke corría de un lado a otro de la casa impartiendo órdenes a todos el mundo.
Una vez solo, Naruto se dedicó a verificar el estado del patrimonio de los Angelovski; se sorprendió al ver la poca cantidad de títulos de propiedad que había. La fortuna de la familia todavía era modesta comparada con lo que iba a ser en el futuro.
-¿Naruto?-se oyó la voz de Hinalia detrás de la puerta de la biblioteca. El miró a su mujer.
-¿Qué deseas?
-Sasuke dice que el zar comerá con nosotros esta noche-explicó ella entrando con timidez-¿Debería yo estar presente también?
-Por supuesto-dijo el cerrando el libro de contabilidad-La mujeres occidentales siempre comen con sus maridos.
-¿Si?-dijo ella frunciendo el ceño-Pero yo...no tengo nada que ponerme aparte de este vestido.
-Será suficiente. -Pero está pasado de moda. -Encargaremos vestidos nuevos para ti después. Mientras tanto tendrás que conformarte con ese. -Si, Naruto.
El miró detenidamente su rostro que parecía estar pálido. -Acércate-le ordenó.
Ella obedeció indecisa. Naruto se levantó para mirarla con atención. Una espesa capa de polvo le cubría las mejillas. Le pasó un dedo y dejó una visible huella en la piel.
-Me lo aconsejó la esposa del príncipe Golorkov-se justificó Hinalia-Todas las damas de la corte se ponen polvos. Es para tapar los granos.
-¿Granos? ¿Te refieres a esto?-dijo señalando las pecas que cubrían sus mejillas. Pues a mi me gustan, no vuelvas a intentar esconderlas.
Ella le miró con escepticismo. -A nadie le gustan ni siquiera a mi. -A mi si-aseguró el con una sonrisa. -¿Puedo quedarme contigo un ratito?-preguntó ella impulsivamente-Todos están muy ocupados y yo no tengo nada que hacer. Naruto comprendió que ella se sentía tan prisionera como el en la enorme mansión. -¿Te gustaría dar un paseo por la ciudad? Estaba pensando en ir a Kitaigorod. Los ojos de Hinalia empezaron a brillar en cuanto oyó el nombre del famoso mercado cercano al Kremlin. -Nunca he estado en el-declaró. -Entonces ve a buscar la capa rápidamente. Y lávate la cara-añadió el divertido al ver el entusiasmo de ella. Naruto dio algunas órdenes a los criados y Hinalia, abrigada con un montón de chales, se lo encontró en la entrada. -¿No tienes una capa querida?-preguntó el enrollando un chal alrededor de su cuello.
-No. Pero estoy bastante abrigada. No soy friolera. -Añadiremos una capa a la lista de las cosas que necesitas. -Lo siento-murmuró ella-No tengo ni dote ni ajuar. He venido con las manos vacías. -No digas eso-contestó el suavemente mirando directamente sus grandes ojos. Sin pensar, Naruto acarició con el dorso de su mano la fina piel del cuello de ella y el leve contacto le hizo estremecer. Deseó poder subir con ella al dormitorio, desnudarla y abrazarla. Notaba como la sangre le hervía en las venas pero, a pesar de sus deseos, no podía poseerla; no podía correr el riesgo de tener un hijo, de lo contrario el terrible destino de los Angelovski volvería a suceder.
-Ven-dijo guiándola hasta el trineo. Vamos a visitar Moscú. Hinalia tuvo un segundo de duda y luego aceptó compartir la piel que estaba en las rodillas de Naruto. Pegados uno al otro y calientes, atravesaron la ciudad en dirección al Kremlin. A Naruto le impresionó el aspecto de la fortaleza. La campana mas grande del mundo todavía no había sido fundida. Unos enormes iconos colgaban de las rejas invocando la protección de Dios.
-Es fascinante-dijo Hinalia siguiendo la mirada de su marido-Cuando una piensa en lo que sucede detrás de esas paredes...-Su mirada se endureció- El zar y sus cortesanos están ahí dentro protegidos y decidiendo la suerte de los que están fuera. Si Pedro el Grande desea la guerra, miles de hombres morirán por el. Pedro quiere edificar una ciudad al lado del Báltico y los hombres como mi tío y mi hermano son enviados a hacer trabajos forzados. Muchas vidas han sido sacrificadas por los deseos del zar. Los miembros de mi familia también morirán.
-¿Estás segura?
-San Petersburgo es un lugar muy peligroso. Hay accidentes, enfermedades e incluso animales salvajes. El zar se equivocó al mandarles allí en contra de su voluntad.
Hinalia guardó silenció y esperó la reacción de el. -Lo que acabas de decir roza la traición-dijo suavemente Naruto. -Lo siento. -No lo hagas. Puedes decirme lo que quieras mientras nadie mas te oiga. A la gente la detienen y la ejecutan por menos. -Si, lo sé-contestó ella mirándole con curiosidad-¿No vas a castigarme por haber criticado al zar? Naruto emitió una exclamación llena de ironía al pensar en todo lo que había soportado el a manos del gobernador imperial. -¡Desde luego que no! Todo el mundo tiene derecho a tener su propia opinión.
-Eres un hombre muy extraño-murmuró Hinalia con una sonrisa pensativa- Nunca había oído a nadie hablar así.
El trineo se detuvo cerca del mercado y ellos se bajaron de el ante las miradas curiosas de la gente.
-¡Cuidado!-murmuró el evitando que ella se resbalara en el suelo helado- No te hagas daño.
-Gracias-dijo ella sin aliento-¡Hay muchas cosas que ver! Naruto conservó una mano en la espalda de ella mientras se paseaban por las calles llenas de variados tenderetes. Los vendedores intentaban atraer su atención alabando la calidad de sus productos. -Mis botas de cuero son hermosas, vengan a ver mis pieles.
Otros llevaban bandejas cargadas de comida, de pequeñas botellas de alcohol de miel, de pirojki rellenos de repollo y arroz, de pescado ahumado y, a veces, de frutas.
También había puestos de artistas: joyeros, sastres, artesanos transformando tallando piedras preciosas... Otros vendían caviar, especias o espesas pieles. Aparte de los vendedores de té chinos, muy pocos comercios pertenecían a extranjeros. Las cosas iban a cambiar mucho en el siglo venidero.
Naruto arrastró a Hinalia hasta un puesto de encajes. Ella se maravilló al ver algunos de una delicadeza extraordinaria. Nauto escogió para ella un velo blanco.
-¿Te gusta?-preguntó tranquilamente. Hinalia asintió con timidez y el entregó una moneda al vendedor.
-¿Es para mi?-exclamó Hinalia radiante.
-Por supuesto-contestó el con una sonrisa. Le quitó de la cabeza el tupido chal y lo reemplazó por el delicado encaje.-¿Para quién pensabas que era?
-Es muy bonito-aprobó la anciana vendedora de manos deformadas-Ese velo parece nieve en sus hermosos cabellos azulados.
-Nunca había tenido anda tan bonito-murmuró Hinalia con incredulidad-Ni siquiera el vestido de novia era mío.
Naruto la llevó después a un puesto de perfumes donde flotaba el aroma del incienso y las esencias. La joven descubrió encantada un surtido de botellitas de colores.
-Me gustaría elegir un perfume para mi esposa-le explicó Naruto al vendedor.
-Es una mujer muy hermosa-contestó este mirándola-Creo que voy a preparar para ella uno con varias fragancias, Vuestra Alteza. A base de rosas, menta y bergamota.
El anciano se ausentó unos minutos y volvió con un frasquito azul. -Su muñeca, por favor.
Hinalia extendió tímidamente el brazo y el hombre puso unas gotas en su blanca piel.
-¡Huele igual que el campo en primavera!-exclamó ella.
-Sabía que le iba a gustar-contestó con orgullo el vendedor-Yo fabrico los perfumes para todas las damas de la corte.
Naruto pagó el frasco y luego se volvió hacia su mujer. -No esperaba que me hicieras regalos-declaró ella-No me los merezco. -Eres mi mujer. Puedes tener todo lo que quieras. -Lo que de verdad deseo es...-empezó ella antes de ruborizarse. -¿si?-dijo Naruto temiendo las palabras que ella iba a decir. -Quiero…- Pero no logró encontrar las palabras.
Naruto se detuvo y la miró a los ojos. Ignoraba porque había querido complacerla haciéndole regalos. Era la única mujer sobre la tierra a la cual no podía poseer.
-Sería mejor que regresáramos-dijo-El zar y su séquito no tardaran.
Naruto se puso un traje muy de moda, un largo manto de terciopelo con las mangas de brocado y unos pantalones a juego. Odiaba los colores chillones y prefería la elegancia sencilla y los tonos oscuros de la época victoriana. Pero Sasuke insistió tanto que el acabó por ceder.
Ataviado con esas ropas ridículas se dirigió a la habitación de Hinalia. Esta estaba sentada delante del tocador de caoba y miraba con asombro la botellita de perfume.
-¡Que elegancia Naruto!-exclamó girándose hacia su marido-Estas magnífico.
El emitió un gruñido. Hinalia iba vestida de rojo con cintas del mismo color en el pelo. Su velo llevaba una diadema de oro. No pudiendo resistir el deseo de tocarla, Naruto hizo ademán de poner bien el rubí de la diadema.
-Es la primera vez que llevo perfume-confesó ella jugueteando nerviosa con el frasco azul-¿Dónde debo ponérmelo?
-La mayoría de la gente se perfuma demasiado; es suficiente con una gotita detrás de las orejas y en las muñecas.
Quitando el tapón se lo puso el mismo con la yema de los dedos. Enseguida un aroma de flores perfumó el ambiente.
-A algunas mujeres les gusta perfumarse los lugares donde el pulso late con mas fuerza...la garganta, la parte de atrás de las rodillas...
-¡Pero nadie va a olerme las piernas!-exclamó Hinalia riendo. La imagen de sus largas piernas aferradas a el le atravesó la mente. Se ahogó en su mirada azul. Si el lo deseaba podía poseerla ahí mismo. La cama estaba solo a unos pasos. Ella leyó claramente el deseo en los ojos de el.
-Naruto ¿quieres...-dijo ruborizándose.
-No-cortó el. Se dirigió hacia la puerta y se detuvo bajo el marco de la misma diciéndole sin mirarla: -Deberías darte prisa; te guste o no esta noche eres la anfitriona del zar. Y sería mejor que lo hicieras bien, de lo contrario los dos lo pagaremos muy caro.
Un grupo de actores interpretó una obra de Molière en el teatro privado de los Angelovski, en el cual se apiñaban, alrededor del zar una treintena de invitados. El lugar era pequeño pero lujoso y de sus paredes colgaban los retratos de los antepasados de los Angelovski. Con Menchikov a un lado y Naruto al otro, el zar se reía de buena gana de los diálogos de los actores.
Naruto notaba la tensión de su esposa que estaba sentada a su lado. Estaba paralizada por el miedo y de vez en cuando miraba al zar.
Al acabar la representación, los invitados se dirigieron al comedor, donde el zar se volvió a ver rodeado por sus favoritos. Hinalia estaba sentada un poco mas lejos, perdida entre todas esas damas elegantes. Se sirvieron exquisitos platos, pescado y ciervo asado, y el vino corrió a raudales servido en copas de cristal.
Naruto se mostró poco locuaz y prefirió observar al zar y a Menchikov. Pocas veces había odiado a alguien nada mas conocerle pero Alexandre Danilovitch Menchikov, recientemente nombrado príncipe de Izhora, era uno de ellos. Además el odio era recíproco.
Alto, frío y delgado, Menchikov de se separaba en ningún momento del zar intentando anticiparse al menor de sus deseos. Tenía unos extraños ojos de color turquesa intensos y calculadores y una boca pequeña y de labios muy finos tapada por un bigote idéntico al que llevaba Pedro el Grande. Los dos hombres parecían estar unidos por una sincera amistad que Menchikov cultivaba con eficacia sintiéndose amenazado por cualquiera que fuera susceptible de ganarse la simpatía del soberano.
-Es admirable seguir siendo fiel a la tradición Angelovski de casarse con una campesina-le dijo a Naruto con tono meloso-Son buenas reproductoras pero es un gran trabajo educarlas.
-¡Aliocha!-le regañó Pedro el Grande.
-Haces muy bien en casarte sin amor-continuó Menchikov sin preocuparse por la advertencia del zar-Nada debe ser mas importante que la dedicación de un hombre hacia Rusia y su zar, y menos aún el amor de una mujer. Las mujeres son demasiado exigentes, lo quieren todo. Hay que tener un cierto sentido de la prioridad.
-Yo sé cuales son mis prioridades-le aseguró Naruto con tranquilidad y mirándole con dureza.
Al darse cuenta de la pena de Hinalia ante las palabras de Menchikov, se volvió hacia ella. -Hinalia, tienes que saber hasta donde puede llegar tu ascenso en la sociedad, quierida. Antes de que le nombraran príncipe de Rusia, nuestro amigo Menchikov vendía pan en un mercado de Moscú.
Menchikov se sobresaltó, herido en lo más profundo. -Tu te lo has buscado Aliocha-dijo Pedro el Grande riendo-Deberías saber que no hay que provocar a Naruto. Es como un tigre dormitando. -No todos podemos ser aristócratas de nacimiento como los Angelovski- masculló Menchikov-Rusia tiene suerte de que el zar se ocupe de recompensar a un hombre por sus logros y no por sus orígenes. -Yo espero de mi pueblo que me sea leal y que me obedezca-contestó el zar-De ese modo un campesino puede demostrar ser mas noble que un
príncipe-se volvió hacia Hinalia-¿Cómo se llama tu pueblo niña? Era una pregunta sin importancia y sin embargo tuvo un efecto sorprendente en ella. Se puso muy pálida y su silencio se prolongó de manera insoportable. -Yo...-balbuceó con una voz casi inaudible-Preobrazhenskoe.
El zar se quedó inmóvil y un espasmo le hizo temblar la mejilla izquierda.
Naruto se preguntó que significaba eso y luego recordó que ese pueblo había sufrido mucha persecución a causa de los levantamientos de los campesinos. Los rebeldes habían asesinado a gran parte de la familia del zar cuando este era niño y ante sus propios ojos. Como consecuencia de esto las ejecuciones masivas se habían sucedido. Nada podía enfadar más al zar que la mención de ese lugar maldito.
-¿Y toda tu familia es de allí querida?-preguntó Menchikov con un brillo de satisfacción en la mirada.
-Si-murmuró ella bajando los ojos de forma culpable. De repente Naruto recordó retazos de las conversaciones que había tenido con ella. Su familia había caído en desgracia por razones políticas...Debían formar parte de los rebeldes.
-Hablemos de otra cosa-dijo el zar muy serio-¡Comamos!-ordenó mirando con frialdad a Hinalia-No es extraño que estés tan delgada. No tienes ni un solo pedazo de carne en tu plato.
-No...no me gusta-barbotó Hinalia. El zar frunció el ceño.
-¿Cómo? ¿No te gusta la carne? ¡Pequeña idiota! ¡Nadie puede vivir sin comer carne!
Cogió con sus gruesos dedos un muslo de pollo y lo puso en el plato de ella.
-¡Toma! Tu zar te alimenta con sus propias manos. ¡Vamos, come! Hinalia cogió el tenedor temblando bajo las miradas de todos los invitados.
Cortó un trozo y lo miró con asco.
Naruto la comprendía muy bien. Era exactamente como sería en el futuro, con sus gustos y ascos instintivos. Comer carne iba en contra de su naturaleza.
-Creo que voy a mandar a mi desobediente esposa a sus habitaciones-dijo con fuerza-Se quedará sin cenar y reflexionará sobre su estupidez.
-No antes de que se coma ese pollo-decretó el zar. Naruto miró a su mujer que en ese momento estaba masticando el primer trozo. Estaba pálida. -¡Ahora vete!-exclamó sabiendo que ella no podría soportar mas.
Ella le dirigió una mirada llena de agradecimiento y luego se levantó de un salto y huyó del comedor.
Seis horas más tarde Naruto subió las escaleras con paso titubeante. Todo su cuerpo estaba tenso por la furia contenida. Había pasado una noche espantosa. Cuando Hinalia se fue, Pedro el Grande se mostró de un humor de perros. Menchikov no paró de insinuar cosas bajo la mirada a la vez curiosa y molesta de los invitados. Era evidente que Pedro el Grande no apreciaba demasiado a la joven esposa de Naruto. Además este último empezaba a compartir su opinión. Después de vaciar numerosas botellas de vodka, el zar y su sequito se fueron.
¿Por qué había tenido que escoger a una mujer cuya familia había intentado derrocar al zar? Ahora se había convertido en el punto de mira de todas las sospechas. Tendría que redoblar la prudencia.
Naruto entró discretamente en la habitación de su mujer y cerró la puerta. Solo el fuego que crepitaba en la chimenea iluminaba la estancia; apenas podía ver la forma de Hinalia en el borde de la cama. Parecía estar rezando.
-Tengo que hablar contigo-declaró el con un nudo en la garganta a causa de la cólera.
-¡Naruto!-exclamó ella precipitándose hacia el con la cara pálida-Tienes que castigarme. He hecho enfadar al zar y su ira recaerá en ti. Toma, coge el látigo. Tienes que castigarme, te lo ruego. No soporto la idea de haberme comportado tan mal.
-Espera-dijo Naruto sorprendido. Al ver que ella le entregaba el látigo con el mango de plata, le indico que lo soltara. -Tengo que hacerte una preguntas-continuó el. -Toma, cógelo-insistió ella. -¡Maldición, para! No tengo ninguna intención de golpearte.
El tiró el látigo con fuerza y luego se encaró con su mujer cuyas mejillas estaban bañadas en lágrimas. Todo su enfado se desvaneció.
-¡Pero debes pegarme!-murmuró Hinalia. -¡Yo no le debo nada a nadie!
-Por favor... Ella agachó la cabeza con un estremecimiento. Incapaz de contenerse, el la estrechó entre sus brazos. -Dime simplemente la verdad-susurró el con los labios apoyados en el pelo revuelto de ella-¿Tu padre era un rebelde? Ella se deshizo en lágrimas.
-Si-balbuceó entre sollozos-Le colgaron. Mi madre se murió de pena. No podía decírtelo; quería convertirme en tu esposa y si lo hubieras sabido...
-Si lo hubiera sabido no me hubiera casado contigo-concluyó el. -Por favor, castígame. -Pequeña tonta-gruñó el acercándola mas intentando consolarla-¿Cómo has podido pensar ni por un segundo que yo podría golpearte?-dijo acariciándole la espalda-¿Cómo iba yo a ser capaz de hacerte daño con mis propias manos? Aunque quisiera no podría hacerlo.
-¿Por qué soy tu mujer?-preguntó ella con voz temblorosa.
-Porque eres mía. Eres la única mujer que deseo aunque provoques mi caída. Ahora deja de llorar, eso no solucionará nada.
Ella continuó sollozando contra su cuello. -No puedo evitarlo. -Detente-repitió Naruto desesperado.
Apartó suavemente los rizos que le caían sobre la cara y rozó con sus labios las húmedas mejillas. Su sabor salado le mareó, se entretuvo en la comisura de sus labios y luego la besó, primero con suavidad y luego apasionadamente apoderándose de su boca por completo. Ella dejó de llorar inmediatamente y se apretó contra el. Al sentir su cuerpo entregado contra el suyo, a Naruto de inundó una oleada de deseo. Si embargo, con un gemido de frustración, se apartó y se acercó a la chimenea. Miró durante un largo rato las llamas mientras intentaba tranquilizarse.
-No puedo hacerlo-declaró con voz tensa. -¿Por qué no?-preguntó ella incómoda.
Al pensar en lo que podía responderle, Naruto no pudo reprimir una risa amarga. -No lo entenderías ni me creerías. -Quizá si-contestó ella llena de esperanza. -¿Tu crees? ¿Y si te dijera que puedo adivinar el futuro? ¿Y si te dijera que nos volveremos a encontrar dentro de ciento setenta años? -Te creería-afirmó ella después de unos minutos de duda. -Pues bien, esa es la verdad. Sé exactamente lo que nos tiene reservado el futuro. De nuestro matrimonio no saldrá nada bueno. Los Angelovski son una raza corrompida, conozco el dolor y la miseria que van a provocar dentro de unas generaciones y tengo que impedirlo. De nuestra unión no puede haber hijos.
Hinalia le miró asombrada. -Entonces ¿Por qué te casaste conmigo? -No lo sé. Quizá porque me atraes como un imán. -Ese es nuestro destino. -No sé esa es la razón de nuestra unión-masculló el-Pero es algo bueno.
Cogió un atizador y en un gesto de cólera descontrolada, golpeó un leño ardiente.
-Naru, ¿en el futuro, cuando volvamos a encontrarnos, nos amaremos? Al oír ese nombre, el se giró con rapidez.
Hinalia parecía estar a la vez nerviosa y molesta pero sus ojos expresaban una infinita ternura.
-No-contestó el dejando el atizador. En el futuro me odiarás porque te quitaré todo lo que amas, acabaré por convertir tu vida en un sufrimiento eterno.
-No se puede sufrir cuando se ama de verdad, no tengo mucha experiencia pero estoy segura de eso.
-Yo soy incapaz de amar-explicó el con amargura-Siempre lo he sido, y créeme, tampoco soy alguien que merezca que le amen.
-Yo si que podría amarte-insistió ella con los ojos llenos de lágrimas-Ni siquiera tendrías que sentir lo mismo por mi.
-Es imposible. No pudo añadir nada más al ver la expresión de sinceridad de ella. Hinalia se acercó a el y le abrazó, luego se apretó contra el escondiendo la cara en su cuello. -No me importa el futuro-dijo ella-Lo único que importa es que estemos juntos en este momento y que te amo. -No-contestó el en voz baja mientras su corazón latía descontrolado-No tienes ninguna razón para... -No necesito tener ninguna razón. El amor no funciona así.
Frente a tanta insistencia, Naruto no encontró modo de defenderse ni pudo huir. Con un gemido se apoderó de su boca mientras la acariciaba con una cierta violencia dibujando sus caderas y sus pechos con las manos. Ella abrió la boca y se frotó suavemente contra el. El la apretó con tanta fuerza que ella hizo una mueca de dolor. Aflojando un poco el abrazo, el apoyó la frente en la de ella jadeando.
-No sé que debo hacer-confesó por primera vez en su vida. -¿Qué quieres decir? -Desearía que no hubiera ni pasado ni futuro, me gustaría poderte decir... -¿Decirme que?
Nicolas retrocedió un poco para ver su rostro radiante. Su corazón saltaba de alegría, cogió su cabeza entre sus manos temblorosas y la miró directamente a los ojos.
-No puedo-articuló a duras penas.
-Deja el futuro donde está. Deja que los demás se hagan cargo de sus responsabilidades. Limítate a hacer que seamos felices.
Naruto movió la cabeza preguntándose si las cosas serían tan sencillas. ¿Y si dejaba el futuro a un lado? Todo volvería a empezar, la violencia de su padre, el asesinato de su hermano, su propia corrupción. ¿Cómo podía amar a Hinalia sabiendo todo lo que iba a suceder? Pero la deseaba mas que a nada, no podía prescindir de ella, el precio que tendría que pagar no importaba; por ella valía la pena cualquier cosa.
De repente se sintió invadido por una especie de tranquilidad. -Creo que ya sé lo que estoy haciendo aquí-declaró con voz ronca-No he venido aquí para modificar la historia de mi familia, sino para estar contigo. Para recordar el tiempo en que podía...sentir esto. -¿Sentir el que?-murmuró ella cogiéndole por las muñecas.
Su mirada se nubló y tragó saliva con esfuerzo. -Yo...te amo-dijo poniendo la boca en la frente de ella.
Nunca había experimentado un sentimiento más puro. -Te amo-repitió.
Continuó repitiendo esa milagrosa frase contra su piel y su pelo. Durante mucho tiempo nada mas existió aparte de ellos dos, luego se dirigieron a la cama.
Sin apresurarse, cada uno de ellos desvistió al otro. Con las yemas de los dedos el dibujó el contorno de sus labios, las aletas de su nariz y sus cejas. Ella le acarició la espalda. El calor del cuerpo de ella parecía penetrar en lo más profundo de su alma.
Sus bocas se unieron mientras el le apartaba con delicadeza los muslos con la rodilla. Acariciando con la palma de su mano sus pechos, sintió como los pezones se endurecían. Hinalia se estremeció y se arqueó para ir a su encuentro. El por fin podía expresar su deseo por el cuerpo de ella, besando cada centímetro de su piel y deteniéndose en los puntos más sensibles. Hinalia agarró su pelo gimiendo de placer; cuando al fin estuvo preparada para recibirle, el se tumbó sobre ella.
Hinalia le rodeó el cuello con los brazos poniendo los labios en su oído. -No sé como darte placer-murmuró-Dime que debo hacer. -Entrégate a mí, eso es lo único que te pido-contestó el besándola.
Cuando ya no pudieron contener mas su deseo, el la poseyó con suavidad a pesar de su grito de dolor.
-Perdóname-dijo jadeando-Perdóname.
-No, no-dijo ella aferrándole con sus piernas, acercándole mas a ella, arqueándose y ofreciéndose a el.
Naruto incrementó el ritmo y se olvidó de todo. Solo existía Hinalia...Hinata...Ella le había hecho olvidar toda su angustia y su odio. Su alma se había liberado y, por primera vez en su vida, supo lo que era la felicidad.
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ya veeeen como es ahora naruto... ahora si ya lo quieren amar?! a que si...!
bueno pues por si no se han dado cuenta he puesto unos numeritos en varios caps ejejeje es otra de mis vagancias y si creen que en mi perfil encontraran algo PAPAZ que no asi que quebrence su linda cabecita para atinarle ejejejeje
hasta el proximo capi
que sera en el fin del mundo ejejeje neee
=^w^=
