Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
De mal en peor
(From bad to worse)
Un fic de DarkeAngelus
Traducción por Apolonia
De mal en peor...
Capítulo Nueve - Destino de Premonición
Flotando a diez kilómetros por encima de la tierra y envuelto de los ojos mortales, se encuentra una estructura alienígena inmensa, sus orígenes desconocidos. La elipse parcial de su forma y la insinuación de topiaria en su superficie da la impresión deliberada de tranquilidad sin amenazas que esos raros y pocos escogidos ponen sus ojos en ella. Hay una gran sabiduría que se encuentra aquí, y verdadero conocimiento. Ubicado en el palacio de alabastro hay un repositorio de cámaras donde las líneas de tiempo se cruzan, donde las barreras dimensionales refriegan en las costuras y en donde se revelan las pesadillas y los sueños.
No es un lugar de riesgo para aquellos que no tienen el ki para soportar las profundidades de lo divino de su arrugado anfitrión. El poderoso ocupante ha sido llamado muchas cosas en el transcurso de su vida útil extendida; Dios, siendo la más común. Su provincia es mucho más humillante que tal llamada auspiciosa sugeriría. Él no era omnipotente. De hecho su estructura de edad estaba inclinada por el peso de los siglos y sabía que no iba a vivir para ver otro. Una criatura intuitiva y poderosa que no era omnipresente también. Su posición en la vida era sorprendentemente simple. Era el guardián de los deseos, el guardián de los sueños...
Era Kami; El verdadero origen de las místicas Esferas del Dragón.
Piccolo no quería venir aquí. Le preocupaba más allá de las palabras ver el Mirador y ser recordado como la vista de él se relacionaba con él personalmente. Lamentablemente, rechazar las órdenes del anciano Namek era prácticamente imposible ya que eran uno en el mismo ser. Por todos los intentos y propósitos, Kami era el equivalente paterno de un padre para Piccolo. Como su amistad con Gohan y su mayor tolerancia con los guerreros Z, alguna parte del Namek más joven quería la aprobación del anciano porque había sido despreciado durante demasiado tiempo. A pesar de sí mismo, quería hacer lo correcto. Al escuchar a Kami y traer a Vegeta, se estaba dirigiendo en la dirección correcta hacia la redención.
Vegeta estaba mostrando signos de volver y Piccolo sin miramientos lo dejó en la escalinata del palacio mientras iba a buscar al sabio patriarca. Tuvo que quejarse en voz baja que el bastardo tuvo la previsión de darle órdenes pero no el ingenio para encontrarse con él personalmente. Miró a las puertas del palacio pero no tuvo el coraje de sólo entrar descaradamente en la inmensa estructura. Se fue hacia la parte posterior del palacio llamado al Namek mayor con la voz y la mente.
Piccolo lo encontró mientras salía de su pequeño jardín y paseó nerviosamente al lado de él como mientras el Anciano se abría en su paso muy lento hacia el frente del edificio. Cuando Kami dio vuelta a la esquina, vio a Vegeta sentado y limpiándose la sangre de su rostro maltratado con la manga de la chaqueta. Le frunció el ceño a Piccolo de desaprobación. "No me dijiste que tenía que pegarle hasta la sumisión para traerlo aquí."
Piccolo se encogió de hombros. "Funcionó, ¿no?"
El mayor Namek sacudió la cabeza en señal de desagrado por las acciones del otro alienígena. "Has hecho lo suficiente. Quédate aquí," le gritó, y se acercó a donde estaba sentado el Saiyajin.
"Vegeta," Kami saludó cordialmente.
Los oscuros ojos de Vegeta se redujeron en agitación antes de que él deliberadamente escupiera un buche de sangre en el piso de mármol pulido del Mirador. En el fondo Piccolo hizo un chillido ahogado ante la beligerancia del Saiyajin pero Kami sólo observó el acto con indiferencia velada, negándose a ser hostigado por esas tácticas evidentes.
"Camina conmigo," dijo el Anciano.
"Pídemelo bien," Vegeta gruñó en respuesta.
"Vegeta-" Piccolo se tensó con indignación hasta que Kami levantó una calmada mano en su dirección. Él sonrió gratamente cuando volvió a mirar a Vegeta y realmente hizo una leve reverencia respetuosa.
"Por favor, joven príncipe."
Era lo correcto de decir. Poniéndose de pie, el Saiyajin obedientemente fue a su lado y se permitió ser llevado a una caminata sin rumbo por los terrenos dispersos. Al principio sólo había silencio entre la pareja de alienígenas. Sopesando sus palabras cuidadosamente antes de hablar, Kami miró mientras Vegeta lanzaba una mirada alrededor de su entorno, observando y catalogando todo lo que veía para referencia futura. Era la quietud de su calmada meditación que le incitó a Kami a preguntar, "Tu infancia no fue la de un joven Saiyajin típico, ¿verdad, Vegeta?"
Vegeta giró su cabeza con rapidez. "¿Qué tiene que ver mi infancia con todo esto?"
"Por favor. Compláceme."
Rugiendo, admitió, "Yo fui el primogénito Príncipe de la Casa de Vegeta de los Reyes Saiyajin de Élite. Al serlo, mi educación fue diferente a la de un Saiyajin de casta inferior."
"¿De qué manera?"
"¿Qué es todo esto?"
"Sólo soy curioso. Cuéntame más."
"Yo estaba siendo preparado para el trono," Vegeta dijo finalmente después de una larga pausa. "Yo tenía prohibido asociarme con personas de mi edad que más tarde se convertirían en guerreros. Podía luchar con los mejores de ellos pero tenía que aprender las cosas que un plebeyo no necesitaba."
"¿Como qué, por ejemplo?" Kami preguntó con curiosidad.
"Realmente estás empujando," le dijo el Saiyajin amenazante. Recibió sólo esa desarmadora, benévola sonrisa la respuesta. "Cuando no estaba entrenando para luchar y controlar mi poder, tenía que estudiar asignaturas inútiles como matemática, historia, filosofía..." Dio una irritada sacudida a su cabeza. "Cuando tenía ocho años me aburría completamente."
"Entonces fuiste enviado a Freezer a cambio de tu mundo. Hiciste todo lo que la criatura te dijo que aunque él mató a tu padre y destruyó a tu planeta de todos modos," Kami dijo en un tono triste de voz. "Nunca estuvo la intención de que te convirtieras en un soldado, Vegeta, pero el destino te dio un golpe muy cruel."
"No me digas," replicó con acritud de acuerdo.
"Dime," el Anciano continuó con esa calma exasperante en su manera. "¿Continuaste tus estudios mientras estabas bajo el mando de Freezer?"
"Tenía una obligación de honrar a mi padre y mi patrimonio."
"Así que la respuesta es; sí."
A Regañadientes, Vegeta asintió. "Te lo preguntaré una última vez... ¿Qué diablos es esto?" Su paciencia se estaba agotando con cada pregunta de sondeo y ambos lo sabían.
"Tienes un carácter sorprendentemente reflexivo y profundo," Kami concluyó después de un largo silencio, en meditación. "Es evidente en su forma y expresión y claramente un resultado de tu educación única. Cualquier otro Saiyajin, excepto Goku por supuesto, me hubiera atacado ahora."
"Aún no me he decidido en contra de eso, viejo," el Saiyajin le aseguró en un tono peligroso de voz.
La sonrisa de Kami se ensanchó a pesar de las duras palabras. "Tengo algo muy especial que mostrarte."
"Oh que bueno," Vegeta murmuró entre dientes pero siguió al Anciano Namek de todos modos.
Parpadeando en incredulidad, Piccolo observó a la extraña pareja entrar en el palacio inmaculado, Kami realmente a un paso al costado para dejar al pequeño Saiyajin entrar primero. Era un privilegio que nunca se le había ofrecido y, tal vez por primera vez en su vida, el joven Namek había tenido que lidiar con el sentimiento amargo de los celos.
"Lo que está más allá de esta puerta es una sala muy especial," Kami le dijo cuando habían llegado al final de uno de los aparentemente infinitos números de pasillos tergiversados. Habían tomado tantos giros diferentes en tantos pasillos idénticos que Vegeta esperaba que el anciano Namek no se equivocara o nunca encontraría su camino al exterior. "No invitaría a cualquier otro Saiyajin aquí, Vegeta. Reconozco un rasgo raro en ti y creo que sólo tu puedes comprender lo que voy a mostrarte que ningún otro de tus hermanos, si estuvieran vivos, lo entendería. Dudo incluso que Goku pudiera comprender lo que está más allá de esta puerta."
"Hay una sorpresa," dijo Vegeta sin sorpresa. "¿Vamos a quedarnos aquí y admirar la maldita puerta o realmente la vas a abrir?"
Inclinando su cabeza, Kami cerró sus artríticos dedos alrededor del pomo de la puerta y cuidadosamente la abrió. "Entra a voluntad, joven príncipe," dijo en tono afable.
Lanzándole una mirada desconfiada, Vegeta caminó adentro de la habitación a oscuras un par de pies y luego se detuvo mientras consideraba su entorno. Subiendo al lado de él, Kami preguntó, "¿Qué te parece?"
"Es una sala de casa de la risa de espejos. Gran cosa," replicó el Saiyajin, claramente no impresionado. Todo a su alrededor y tan lejos en la habitación que sus ojos penetrantes podían ver eran espejos de todas las formas y tamaños que lo miraban. El aire era rancio y añejo, oliendo a polvo antiguo y metal empañado. Nadie había estado en esta habitación por un tiempo muy largo, Vegeta supuso. La tensión salió de su forma compacta ante la desolada vista del vaso vacío y su desesperación regresó. Le molestaba este desvío de enigmas que le impedía su tarea; tenía esferas del dragón por cazar y un deseo de morir que pedir. No encontraría nada aquí y se volteó para irse.
"Espera un momento, Vegeta," dijo el Anciano con paciencia. Puso una mano firme en el brazo de Vegeta que contenía una cantidad sorprendente de fuerza. "Por favor mira a tu alrededor antes de reanudar tu búsqueda."
Vegeta se soltó del agarre del alienígena con una expresión de disgusto, observando cómo el Anciano se había movido hábilmente entre él y la puerta. Se debatió un ataque y decidió alimentar a la vieja cabra senil en su lugar y se acercó aún más a la habitación, murmurando para sí mismo. No le llevó mucho tiempo antes de que se diera cuenta de que su presencia no se refleja en cualquiera de las superficies lisas. Yendo a uno que era más alto que él, Vegeta miró por un momento y vacilante tocó la superficie polvorienta. Una imagen apareció y saltó hacia atrás en alarma, mirando mientras la forma adquiría una forma más perceptible.
"¿Lo reconcoes, Vegeta?" Kami preguntó en voz baja.
"Es mi padre," respondió, pero estaba frunciendo el ceño a la imagen de una manera reflexiva.
"Mira más de cerca," el Anciano solicitó.
Al examinar a la imagen ante él, Vegeta se cruzó de brazos y observó que la persona en el otro lado de la superficie lisa hizo exactamente lo mismo. El alto Saiyajin estaba vestido en el traje de batalla real digno de la Realeza pero el estilo era diferente, viéndose racionalizado y muy moderno. En el lado izquierdo de la coraza del hombre estaba el escudo Real de la Casa de Vegeta.
Al acercarse, Vegeta examinó la cara del Saiyajin de manera completa y, más importante aún, sus ojos. "Soy yo," concluyó, dando un paso atrás. Inclinó la cabeza hacia un lado y su homólogo imitó el gesto, parpadeando cuando lo hacía. "Yo, como Rey."
"Bienvenido a la Sala de lo Que Fue, lo Que Será y lo Que Debería Haber Sido," dijo Kami por detrás. "En una línea de tiempo perfecta, sin fracturas, éste serías tú; Hoy en día."
"Soy... más alto..." Vegeta observó con disgusto. Su supuesta semejanza sobresalía un pie completo y medio por encima de él y encontró eso un poco más desconcertante. "¿Por qué debería ser más alto?"
Por fin, el Namek le dijo en tono pesaroso, "Tu odio por Freezer y tu dolor por la pérdida de tu mundo atrofiaron tu crecimiento durante tus años de formación. ¿No te... acuerdas?"
"Yo no-" Vegeta abrió la boca para responder cuando el espejo a su izquierda ondeaban en la concordia a sus pensamientos. Se vio como un niño pequeño, probablemente no más de once o doce años, practicando con fiereza. Nappa estaba a su lado, moviendo los labios en silencio pero los recuerdos de Vegeta llenaron ese vacío y sabía exactamente lo que su ex guardaespaldas estaba diciendo. El Saiyajin mayor le estaba implorando comer pero él no tenía hambre, centrando toda su voluntad en su entrenamiento a la espera del día en que fuera a vengarse de Freezer por lo había hecho con él y su pueblo. Un joven Saiyajin entrando en la pubertad requiere una cantidad colosal de alimentos para mantener su ki y cuerpo en crecimiento. Durante esos años terribles, Vegeta tal vez había consumido una cuarta parte de lo que su hambriento cuerpo requería y para el momento en que finalmente salió de su pena el daño a su sistema había sido irreparable. No había crecido mucho más y había tomado mucho tiempo para que sus músculos se llenaran a pesar de su duro entrenamiento. No por primera vez, Vegeta estaba pensando que todo el entrenamiento había sido una absoluta pérdida de tiempo y esfuerzo y su rostro se ensombreció ante la idea. En respuesta a sus repentinas cavilaciones, la imagen en el espejo se perdió en un negro ominoso.
Kami contuvo la respiración mientras esperaba la pataleta inevitable del Saiyajin que destruiría esta delicada sala y sus tesoros irreemplazables. En su lugar, Vegeta respiró hondo y se alejó del espejo mientras volvía a su inspección. Había hecho las paces con su ser de gran tamaño y aprendió a usarlo para su ventaja. Era increíble cuantos mundos asociaban tamaño pequeño con debilidad. De hecho, Radditz y Nappa solían hacer apuestas sobre cuánto iba a aguantar los chistes de cortos antes de que finalmente aniquilara a la población. Una sonrisa cruzó su rostro ante el pensamiento de sus dos cohortes y vaciló en su curso mientras el espejo más cercano a él vino a la vida.
Él, Nappa y Radditz estaban inspeccionando un reciente acto de destrucción, de pie en los restos dispersos de las personas y todos los desechos reducidos a una masa carbonizada no identificables. Radditz estaba rebuznando de risa por algo que Nappa había dicho y le dio al Vegeta en el espejo una palmada en la espalda que le hizo tropezar hacia adelante a varios pasos. Él regresó y golpeó al guerrero de cabello enmarañado directamente en la entrepierna tan duro como pudo luego él y Nappa estaban de pie sobre el gigante retorcido riendo tan duro que apenas podía mantenerse de pie.
Los buenos tiempos... Vegeta pensó con tristeza y bajó los ojos. Radditz fue muerto a manos de Piccolo, Nappa por las suyas. Él era el único que quedaba ahora, Kakarotto ni siquiera contaba; Super Saiyajin o no. El joven hombre estaba demasiado dañado por este miserable mundo para ser salvado. Era un Saiyajin sólo por derecho de nacimiento. Eso no dejaba a nadie para Vegeta a quien recurrir. Al menos en el Infierno se reuniría con sus amigos y enemigos por igual y quería mucho esa compañía, demasiado.
Como si capturando el pensamiento callejero, Kami comentó suavemente, "Piccolo me informó de tu anterior angustia. Pensaste que ser deseado de vuelta con los demás fue un error."
"¿No lo fue?" preguntó con voz sorda.
"Mira arriba, Vegeta."
"Mierda. Me voy a latigar la cervical en esta estúpida sala," farfulló pero hizo lo que se le había dicho. Justo encima de él había una línea blanca que se extendía sobre un corte vertical hacia el centro de la habitación.
"Esa línea representa el curso de tu vida," le dijo Kami, acercándose. Una garra tocó esa cinta de luz y de repente una segunda línea se separó de la original y se transforma en una línea rojo sangre, corriendo a su lado. "La línea roja es el resultado de tu participación con Freezer."
"No voluntariamente," le dijo el Saiyajin amargamente.
"Si lo hubiera sido, hubiera seguido siendo un camino en lugar de dos," Kami le aseguró. "En el momento en que fuiste entregado a Freezer, el curso de tu destino fue alterado, corriendo al mismo tiempo esperando la oportunidad para reunirse con el original."
Caminando por debajo de ella, Vegeta siguió la línea hasta que llegó a un final abrupto. "¿Qué le pasó?"
Su voz casi un susurro, el Namek dijo, "Allí es donde moriste a manos de Freezer."
El rostro de Vegeta se apretó ante el recordatorio. Junto a él, un espejo onduló de color y se encontró atestiguando su lecho de muerte confesionario a Goku, hablando con la boca llena de sangre, sus ojos llenos de lágrimas de remordimiento. Se alejó de la terrible escena con un silbido lívido, cerrando sus ojos y deseando que la imagen se fuera. Todavía se despertaba algunas mañanas pensando que era sofocante mientras arañaba su salida de una tumba llena de tierra suelta. No había un día que pasara cuando no se detenía en la tortura que Freezer lo había sometido durante esos momentos finales en Namek; cien golpes en la espalda en un abrir y cerrar de ojos, su columna vertebral hecha añicos como cristal, los órganos internos rotos. El tirano le había hecho un servicio de tiro que le atravesó el corazón y aceleró su muerte lenta y segura. ¡¿Por qué no podían haberlo dejado de esa manera, carajo?
"El deseo que te resucitó de vuelta con los otros fue deliberado en su redacción. No había ningún error. Se tenía la intención de que vuelvas."
"¿Por qué?" No parecía aliviado por la noticia, todo lo contrario.
"Hay varias razones," dijo Kami mientras se acercaba y tocaba la punta de la línea roja. En ese punto exacto debajo de ella, la cinta original blanca reanudaba su curso mientras se partía en más de dos docenas de diferentes líneas de colores que corría junto a la original.
"Wow," Vegeta confesó en voz baja.
Traduciendo lo que estaba por encima de ellos, Kami explicó, "Una vez que te desearon de vuelta, tu destino reanudó su curso predestinado. No sólo eso sino que ahora está directamente entrelazado en la vida de aquellos con los que estás asociado en este mundo."
"Kakarotto..."
"La línea verde representa a Goku, sí. Él está aquí. Tanto como Piccolo, Krillin, Gohan, Yamcha, Tien... La línea naranja es Bulma Briefs."
Vegeta tragó audiblemente ante la mención del nombre de la mujer y sus pensamientos errantes fueron traicionados por el espejo al lado de ellos. Ambos alienígenas fueron testigos de su tierno beso con ella en el departamento de redacción. "¡Basta ya!" Vegeta gritó al espejo y la escena se desvaneció casi tan rápidamente como apareció.
Kami observó su angustia con diversión. "Te preocupas por esta mujer. Es la única línea entre toda la colección que es la más cercana a la tuya."
"Varias razones por las que fui deseado de vuelta," Vegeta le recordó en un intento desesperado por cambiar de tema. "¿Cuál es la otra?"
"Por supuesto. Aquí está lo que hubiera sucedido si hubieras sido excluido del deseo y te hubieras quedado muerto." Kami dolorosamente se estiró de nuevo y esta vez por su contacto, la línea personal de Vegeta terminó al lado de la roja cuando Freezer lo había matado. El resto seguía corriendo por el techo pero su longitud se había acortado drásticamente. Todas terminaban en el mismo punto.
"Todos ellos... ¿murieron?"
"Ellos. La Tierra. Toda la vida como la conocemos. Fallecida."
Mirando al Anciano Namek en confusión, Vegeta se movió hacia atrás al inicio de su línea de vida original y contó sus pasos con cuidado hasta llegó al final. Kami lo observaba con interés mientras realizaba algunos cálculos mentales rápidos y finalmente dijo, "Tres años a partir de ahora. Estás hablando de la llegada de los androides que el mocoso de cabello púrpura nos advirtió."
Kami tuvo que traicionar una sonrisa ante el ingenio del Saiyajin. Se congratuló por su decisión inicial de permitir a Vegeta en esta cámara frágil no hubiera sido en vano después de todo. Capaz de controlar sus pensamientos con impresionante auto-control, Vegeta también estaba desconcertante ante la Rejilla de Destino con muy poca asistencia. "Muy bien. Sí, la amenaza androide es el catalizador que provoca la destrucción de la Tierra."
"¿Y que me quede causa que eso suceda? Huh. Siempre pensé que sería a la inversa," comentó Vegeta. En realidad parecía divertido por todo el asunto. "¿Mi presencia en realidad va a cambiar la forma en que todo salga?"
"Directa o indirectamente, sí," Kami suspiró. Por encima de ellos las líneas se desvanecieron mientras el esfuerzo de las reservas del Anciano lo obligaron a dejarla caer. "No puedo decir con seguridad. El futuro es como el reflejo de un espejo; puede verse claramente o distorsionado, incluso roto. Y a veces, es muy raro, pero a veces la imagen se convertirá en sí misma, fracturándose bajo el estrés y creando un camino alternativo-"
"-una paradoja", Vegeta intervino. "Estamos hablando de la creación de una dimensión paralela."
"Precisamente," Kami dijo con los ojos muy abiertos en shock.
Capturando la mirada, Vegeta se burló de él. "¿Por qué todos me dan esa maldita irritante mirada de sorpresa cuando digo o hago algo racional? No soy una masa de guerra bárbara en balanceo, sabes."
"Lo siento mucho, Vegeta. No quería insultar," el Anciano le dijo sinceramente.
Vegeta agitó su disculpa lejos. Estaba mirando al techo de nuevo y se dirigió a una corta distancia, su rostro se iluminó con preocupación. "Terminaba por aquí..."
La alarma se instaló en la boca del estómago de Kami cuando se dio cuenta de lo que el Saiyajin estaba en proceso de hacer. "Creo que terminamos aquí-"
"-Aún no terminamos." Vegeta siguió sus pasos en el suelo polvoriento de nuevo a donde su línea originalmente había comenzado y rastreó sus pasos, caminando cerca del nervioso Namek hasta que llegó a otra parada brusca. "Las líneas de los demás han seguido pero la mía terminó por aquí," reflexionó Vegeta. Echó a Kami una cubierto mirada y el viejo Namek sintió su cuerpo enfriarse en la variedad de emociones visibles en los ojos del pequeño Saiyajin, ninguna de ellos buena. En un tono frío, dijo, "Ocho años a partir de ahora, tal vez diez. Voy a morir otra vez de todos modos, ¿no?"
Muy deliberadamente, el viejo Namek sólo pudo decir, "El futuro no está escrito en piedra, Vegeta. Y-yo no puedo decir de forma segura de uno u otro. Yo-"
Haciendo caso omiso de él, Vegeta estaba mirando al espejo más cercano con sólo una intensa concentración en sus ojos oscuros. Como si a través de una niebla una aparición se hizo presente ante él y alcanzó a ver un vago vistazo de sí mismo; maltratado y con sangre, sus ropas desgarradas. Había un extraño diseño grabado en su frente-
-Tenía el cabello rubio.
"¡¿Qué DIABLOS?" Vegeta ladró en shock, observando impotente como la vaga imagen se disipaba como humo. ¡Había sido un Super Saiyajin! Con un grito de rabia llevó sus dos puños hacia abajo al cristal cuando el reflejo se negó a volver a aparecer.
Kami había visto la escena en incredulidad, incapaz de reprimir un escalofrío. De alguna manera, Vegeta había querido que una visión futura de sí mismo apareciera. Era una habilidad que ni siquiera el Namek podía jactarse que había experimentado muy a menudo y el Saiyajin lo había hecho sin ningún esfuerzo. "Vegeta-"
"¡Maldita sea, ¡VUELVE!"
"¡VEGETA!" Kami gritó. De repente quería con muchas ganas estar fuera de esta sala. "Es hora de irnos."
Girando a él con dientes apretados, la indignación era evidente en el rostro del Saiyajin cuando exigió, "¡¿Qué demonios fue eso? ¡LLÁMALO DE NUEVO!"
"No puedo," Kami dijo con voz cansada. Se dirigió a la puerta y esperó, apoyándose en su bastón. Tratando de no mostrar su impaciencia cuando Vegeta no mostraba ningún signo de cooperación con su solicitud, el Namek le gritó, "Has encontrado la verdad a su consulta con una profundidad que ningún otro hombre nunca lo entendería. ¿No es suficiente por un día?"
Mirando fijamente en el espejo, Vegeta no le hizo caso mientras quería que la aparición espectral de volviera, todo su cuerpo temblando por el esfuerzo. No vio nada, no tanto como un murmullo lejano. Su concentración se había destrozado en el instante en que había visto su cabello en esas puntas rubias. Aún estaba demasiado conmocionado para organizar cualquier conexión mental que era lo que originalmente había convocado la visión. Con un dedo errante acariciaba el vidrio en un gesto que era casi una caricia. "Yo... yo era un Super-Saiyajin." Tuvo que decir las palabras en voz alta para creerlas. "Ese-ese era realmente yo..."
"Vegeta."
Gruñó ante la voz suave y la resintió por entrometerse en sus pensamientos. Mirando de nuevo al Anciano, volvió a mirar al espejo antes de alejarse de mala gana y unirse al aliviado Namek en el pasillo.
Él se estremeció visiblemente cuando la puerta se cerró detrás de él por su cuenta.
Utilizando su bastón como apoyo, Kami se tomó su tiempo mientras la pareja volvía sobre sus pasos hacia atrás hacia la entrada del palacio. Hizo numerosos intentos de conversación con Vegeta para sacar al alienígena más bajo fuera de su caparazón y evaluar su estado de ánimo. La Sala de lo Que Fue, lo Que Será y lo Que Debió Haber Sido era inquietante incluso para uno tan viejo y experimentado como él pero no podía ni siquiera empezar a comprender la reacción de tales revelaciones personales a un no iniciado. A pesar de sus esfuerzos, Vegeta se había quedado completamente en silencio y no dijo absolutamente nada. Con su gran sensibilidad y perspicacia, Kami casi pudo escuchar la mente del Saiyajin mientras sus pensamientos se juntaban a un ritmo incesante. Era obvio por su manera tensa que el breve momento de civilidad había terminado entre ellos. A regañadientes el viejo Namek se quedó en un silencio pensativo.
Cuando doblaron la última curva y las puertas del palacio entraron en la vista Vegeta aceleró su paso, casi trotando en su prisa por estar fuera del edificio.
Quedando atrás, Kami le gritó; "Piensa sobre estos asuntos con cuidado, joven príncipe. No hagas nada apresurado. ¡Recuerde que este mundo te necesita!"
La única respuesta que recibió fue una explosión de ki que a las puertas delanteras para abrirlas. Sin dudarlo Vegeta se enfundó a sí mismo en su aura azul de energía y salió disparado de la entrada del palacio, casi volando sobre Piccolo que había estado suspendido con inquietud afuera de las puertas.
"¡Vegeta!" gritó pero el Saiyajin ya estaba fuera del alcance de escuchar. Con enorme velocidad hizo un arco agraciado mientras al lado del planeta y desaparecía más allá del horizonte del Mirador.
Basándose en gran medida en su bastón, Kami lentamente se acercó a su joven duplicado, sus arrugadas facciones esmeralda no traicionaron ninguna emoción.
"¿Debo ir tras él?" Piccolo preguntó, pensando qué podía hacer al temerario Saiyajin huir de los locales tan rápidamente como lo había hecho.
"No."
La pareja miró vio la estela azul de la energía que quedaba después de la dispersión de Vegeta con el viento y se disipaba hasta que el cielo estaba claro una vez más. Finalmente Piccolo se volteó para evaluar el rostro del otro hombre y, al no obtener respuesta, dijo, "¿Y bien? ¿Cómo fueron las cosas?"
"No estoy seguro," fue la respuesta enigmática.
"¿Qué le dijiste?"
"Muchas cosas."
Sus cejas pesadas se juntaron en disgusto, Piccolo se dio cuenta, "No vas a decirme nada, ¿verdad?"
"No."
Piccolo se golpeó las manos a los lados en frustración y con rabia se alejó a una corta distancia. Él nunca se llevó bien con el superior alienígena en el mejor de los casos y en general se salía de su camino para evitarlo. La principal razón de eso era porque sabía que él era sólo una parte que había sido desechada como si fuera considerada como indeseable; tanto como una verruga o un hervor. Antes, hace tan poco como hace dos años, nunca le había importado un comino lo que la gente había pensado de él hasta que habían secuestrado a Gohan para entrenarlo. Maldita sea si el pequeño polluelo no se había infiltrado molestando a su corazón oscuro en unos pocos meses. Después de que se hubiera enterado de la brutal verdad de su origen celestial por Vegeta, de todas las personas. En todo eso había sido toda una revelación para él. Saber que había sido mirado con esa condena absoluta de este tipo por su creador ahora presa en su nueva conciencia desarrollada. Sin embargo, era algo reconfortante de alguna manera ahora tener un parentesco con este ser benévolo que podía ofrecerle cierta orientación y apoyo cuando lo necesitaba sin preguntas. Era un empate para su patrimonio alienígena y su gente a la que podía esperar.
De pronto se detuvo repentinamente y su aliento salía de él como si hubiera sido perforado. Todos esos pensamientos aliviados llevaban una amarga realidad que sólo se estaba haciendo más evidente para él. Todas esas cosas, muy pocas si fueran...
Era más de lo que Vegeta tenía.
"¿Todo va a estar bien ahora?" se atrevió a preguntar.
Por primera vez, el porte amable de Kami se desvaneció, dando un vistazo de verdadera preocupación del alienígena y preocupación. "...Sólo espero."
Piccolo, siempre el pesimista no le gustó el sonido de eso ni un poco. "¿Qué pasa con las esferas del dragón? ¿Qué hacemos si sigue en busca de ellas?"
Sin palabras, su rostro tenso nunca cambió, Kami se movió a los muchos pliegues de su túnica muchos y se acercó con un objeto circular cerrado en una mano nudosa.
Piccolo miró el radar del dragón en completa sorpresa. "¿Sólo te lo dio?"
"No."
Cuando una respuesta más elaborada no era inminente, el joven Namek miró al Viejo con astucia y luego lanzó una carcajada. "¡Por qué carterista viejo astuto! Nunca te hubiera pensado capaz de tal acto."
Traicionando una leve sonrisa, Kami devolvió el objeto a un bolsillo oculto y siguió mirando hacia el cielo azul brillante. "Por supuesto que no," dijo al fin. "Después de todo, sólo te pasé mis atributos más indeseables hacia ti. La sabiduría no era uno de ellos."
Gruñendo en la deliberada lengüeta, Piccolo decidió que su presencia ya no era bienvenida y decidió despedirse del Namek en regodeo. Despegó en el aire y se lanzó en un curso rápido de vuelta a la casa de los Son.
Kami le vio irse y se quedó en su lugar. En poco tiempo, Mr. Popo apareció de una de las salas del palacio engañosamente grande. Sin mediar palabra, tomó su lugar junto a su gran amigo y mentor, su complacido oscuro rostro nunca cambiando mientras esperaba que el anciano Namek hablara primero.
Después de un tiempo muy largo, Kami lanzó un suspiro que parecía venir de la bodega de su alma. Se giró a su querido compañero y confesó en un tono cansado, "Estos jóvenes van a ser mi muerte."
Capítulo diez: ¿Cómo va a reaccionar Vegeta a las revelaciones que Kami le ha mostrado? ¿Intentará continuar su búsqueda de las esferas del dragón o aceptará lo que ha aprendido? Las cosas no pintan bien para el mercurial Saiyajin...
