La declaración obligada :P Los personajes pertenecen a Sthepanie Meyer y la increíble historia es de Drotuno, yo solo soy la traductora.

De nuevo me acompaña mi Beta y amiga Erica Castelo, y por ello gracias a ella también.


CAPÍTULO 9

BELLA

"¡Golpéame!", dijo Kurt. Su sonrisa era contagiosa.

Resoplé una incrédula carcajada, sacudiendo mi cabeza, y levanté mis dos manos. "¿Estás seguro?" Le pregunté, levantándole una ceja.

"¡Sí, date prisa!" Siseó, mirando hacia atrás a la habitación, y luego de vuelta hacia mí. "Hazlo con ganas, y luego vamos a pretender que te atrape afuera, ¿de acuerdo?"

Le di una advertencia con mis ojos antes de golpearlo. Me aseguré de golpear el lugar junto a su ceja, provocando que la piel se abriera y sangrara.

"Mierda," siseó, doblándose. Cuando se enderezó de nuevo, se miró en el espejo del baño y el jodido sonrió. "Perfecto. Vamos."

Agarró mi muñeca y tiró de mí para que saliera detrás de él, abriendo sin hacer ruido la puerta de la habitación del motel que conducía al estacionamiento. Me apresuró hacia el fondo de la propiedad, y luego me dio la vuelta. Mis pies descalzos golpeaban sobre el pavimento, y ese era el único sonido que podía escucharse en la oscuridad.

"Ahora, lucha contra mí… y haz mucho ruido," dijo con un resoplido.

Lo detuve, solo por un momento. "¿Por qué estás haciendo esto?" Le pregunté, y sorprendentemente, me miró a los ojos.

"Los adultos pueden joder unos con otros todo lo que quieran, pero me encabroné cuando Rusty y Kenny se presentaron con esas bebés," gruñó, rodando los ojos. "Tengo una hermanita. No me gustaría esa mierda si fuera ella, ¿sabes?"

"Bethy dijo que fuiste amable con ella," le dije.

Sonrió, me di cuenta que con cariño, y dijo, "Ella es algo especial. Una cosita valiente. No dejó que nadie la tocara sin permiso, y aun así, fue limitado—cargarla, meterla en un coche. Seguía recordándome que no hablara con la boca llena," se rio entre dientes. "La otra estaba muerta de miedo. Esa mierda no está bien." Hizo una pausa y suspiró. "Además, odio a Lilith… y al doctor… a la mierda con eso. Walter es solo un pendejo. Te dejaría ir, pero matarían a mi mamá y a mi hermanita. Sin que yo esté allí, no tienen protección. Vi a la gente que está trabajando contigo. No puedo esperar a que los eliminen por lo que hicieron—a mí, a ti, a mi papá."

Observé su rostro por un momento, y luego asentí. "Está bien… vamos a hacerlo."

Me dio la vuelta y agarró mi cabello. "Adelante," susurró.

"¡Quítame las putas manos de encima!" Grité, llevando mis manos hacia atrás y simulando tratar de soltarme. "¡Suéltame!"

"Tal vez si no te hubieras escapado, perra," respondió gritando.

De pronto, dos puertas de las habitaciones del motel se abrieron de golpe.

"¿Qué demonios estás haciendo?" Siseó Walter, mirando a un extremo del motel y luego al otro. "¿Qué demonios pasó?"

"La perra se me escapó, Walt. Maldita sea. ¿Qué demonios parece?" Respondió Kurt con brusquedad. "Liberó a esas niñas. Apenas logré capturarla a ella. ¡Ve lo que me hizo en el ojo, hombre!"

"¡Rusty!" Gritó Walter, y un hombre de apariencia descuidada y bastante maloliente se presentó. "Ve a seguir a esas niñas—no pueden estar lejos—y luego síguenos a la montaña." Señaló con un dedo a Kurt. "Ve por su mierda y métela a la puta van. Átala si tienes que hacerlo, y si te da más mierda, amordázala. Es hora de irnos."

"¿Vas a darme mierda?" Me preguntó Kurt, apenas manteniendo su sonrisa a raya una vez que Walter entró de nuevo furioso a la habitación.

"¿Vas a devolverme mis putos zapatos?" Le respondí con una pregunta real, pero aunada con un tono venenoso.

"Ya veremos," susurró, llevándome a la habitación. "Agarra tus cosas."

Agarré mi chaqueta y seguí a Kurt de nuevo fuera hacia la van mientras él sostenía mi arma. En segundos, Kenny, Lilith y Walter se metieron junto conmigo. Nos alejamos en el coche sin ninguna luz encendida, y juré que escuché dos disparos detrás de mí. Dándome la vuelta para mirar por la ventana trasera, apenas pude distinguir dos juegos de faros a mitad de la calle.

"¿Crees que lo lograron?" Susurró Kurt desde el asiento junto a mí.

"Si lo hicieron, entonces tu amigo Rusty no," respondí entre mi aliento, mirándolo cuando sonrió satisfecho. Lo bueno era que estábamos mirando hacia el lado contrario.

"Bien," dijo con un suspiro y un gesto de su cabeza. "La siguiente parte será… desagradable, Bella. Haré lo mejor que pueda para protegerte," me dijo, aprovechando que Kenny había encendido la radio.

Asentí, pasando saliva espesa. "Está bien" No había más que decir que eso. Ahora estaba sola, y una vez más… era prisionera de alguien.

~oOo~

EDWARD

No creo que alguna vez haya estado más agradecido por Esme como lo estaba cuando aterrizamos el helicóptero en casa. Sam había optado por conducir la SUV de vuelta, por lo que no llegaría en varias horas. Sin embargo, Mickey y Alec viajaron conmigo, cuidando de las niñas mientras nos llevaba a casa. Había sido un vuelo tranquilo, porque las dos niñas estuvieron dormidas casi todo el tiempo, y Alec y Mickey no querían despertarlas.

Benny y Wes llevaron a Abby de inmediato con su madre, a pesar de que eran las primeras horas de la mañana. No tenía puta idea de qué historia iban a contarle a la señora Carmichael, pero lo más seguro es que no importaba. La mujer tenía a su pequeña de vuelta.

Esme tomó a una callada y agotada Bethy de mis brazos, diciendo que un baño y algo de ropa limpia le haría mucho bien. "Incluso, tal vez algo para desayunar, ¿eh?" Le preguntó mientras Bethy descansaba su cabeza en el hombro de Esme.

Bethy levantó su cabeza y me miró. "Panqueques, p-papi," murmuró.

"¿Sí?" Me reí entre dientes, simplemente feliz de ver que ya no estaba llorando. "Creo que podemos hacer algo al respecto, pequeña dulzura," le dije, besando su sien y susurrándole un gracias a Esme. "Ve a tomar un baño y ven a verme para un montón de panqueques, bebé."

"Está bien, papi," dijo con un suspiro, aferrándose a su abuela mientras caminaban por el pasillo.

Para cuando Esme la tenía en un baño caliente llenó hasta el borde con juguetes y burbujas, los ánimos de Bethy comenzaron a elevarse. Parloteó sobre donas y caricaturas, pero cuando mencionó a Kurt, mi papá y yo nos quedamos inmóviles en la sala.

"Kurt fue amable," dijo feliz, y podía escucharla chapoteando en la bañera.

"¿A qué te refieres, cariño?" Con voz baja, Esme la instó a hablar, aunque a este punto, apostaría a que estaba totalmente en modalidad de médico.

"No dejaba que el hombre malo nos gritara o nos quitara nuestra comida," le dijo. "Nos dejaba ver todas las caricaturas que queríamos."

"¿Y quién es el hombre malo, Bethy?"

"Kenny. No me gustaba. Hacía que Abby llorara y nos apuntaba con un arma como la de papi."

"Voy a matar a ese hijo de puta," murmuré, sacudiendo la cabeza. Mis manos en puños a mis costados al mismo tiempo que mi temperamento prácticamente me hacía temblar.

Mi papá sonrío, colocando una mano en mi hombro. "Relájate. Cuando Benny regrese, hablaremos sobre esa cabaña en la montaña."

"¿Qué me dices de la señora?" Continuó Esme.

"Tampoco era amable, pero no se quedó en la habitación con nosotas. No creo que le gusten las niñas," susurró Bethy con complicidad.

"¿Y qué pasó cuando viste a mami?"

"Mami me despertó," dijo Bethy, y su actitud cambió a estar realmente emocionada. "La besé en sus moretones."

"¿Qué moretones?" Dije en voz baja al mismo tiempo que Esme le preguntó lo mismo, y comencé a pasearme desde la sala hasta el final del pasillo.

"Estaban en su mejilla," respondió Bethy. "Luego despertó a Abby. Nos puso las sudaderas, y… ¡Oh!" Jadeó. "¡Mami le mandó a papi una nota de amor! ¡P-Papi!"

"Oh mierda," gemí, mirando a mi padre antes de caminar hacia el baño. "¿Dónde, pequeña dulzura?"

"En mi bolsillo de enfrente," me dijo, señalando hacia el montón de ropa sucia en piso junto a Esme. Mi pequeña estaba casi toda cubierta de espuma, y también lo estaba Esme. "Se me olvidó, p-papi."

Busqué entre sus ropas, encontrando el pedazo de papel doblado todo arrugado y metido en una esquina del bolsillo de su sudadera. Lo saqué, reconociendo la letra clara de mi esposa.

"Está bien, bebé," le dije, agachándome para besar su nariz—el único lugar donde no tenía espuma. "Te faltó aquí," me reí entre dientes, cogiendo un puño de burbujas y dejándolas caer en su nariz y la parte superior de su cabeza.

"¡Papi!" Chilló con una adorable risita.

Apenas pude esquivar lo que salpicó cuando dejé el baño. Abrí la nota y comencé a leerla, mientras mi padre leía conmigo por encima de mi hombro.

Edward,

Te envío a las niñas. No pude sacarlas y salir yo con ellas. Lo siento... no tuve elección. Muy probablemente me trasladen mañana, pero me quitaron las botas, así que todavía no puedo activar el otro chip.

Van a pedir el doble de la cantidad y te llamarán a ti o a Carlisle. Trata de no ceder. Intenta no darles ninguna indicación de la información que tenemos de ellos.

Cariño, no sé cómo va a ser ese lugar, pero por favor ten presente que puedo resistir tanto como sea necesario para que vengas por mí. Te amo tanto. Ten cuidado.

Bella

"Maldita sea," dijo mi padre con un suspiro, sacudiendo su cabeza y dándole un apretón a mi hombro. "No te preocupes por el dinero, hijo. Me haré cargo de eso," me dijo, asegurándose de que estaba escuchando. "La recuperaremos."

"Lo sé," suspiré con puros nervios y preocupación. Pasé una mano por mi cabello, sosteniendo la nota. "Suena… bajo control," le dije. "Como si estuviera bien. Me está tranquilizando."

"Estoy seguro de que lo está," concordó, "porque sabe cuál es tu miedo en lo que se refiere a esto. El hecho de que no tenga acceso a ese chip me preocupa, pero lo que dice sobre no revelar nada a Walter me hace pensar que él no tiene idea de lo que sabemos."

"No la tienen," gruñí, mirándolo. "Este tipo, Rusty, estaba totalmente sorprendido de que supiera quién era y hacia dónde se dirigía Walter." Pausé por un momento, echándole otro vistazo a la carta de Bella. "Tal vez Benny tiene razón," le dije encogiéndome de hombros. "No tienen idea de lo que les espera, porque nuestras… identidades no son completamente factuales."

Mi padre sonrió, y la sonrisa era malvada, irónica y totalmente petulante. No pude evitar reírme de él.

"Oh hijo, eso espero," soltó una risita, mirando por encima de mi hombro mientras leíamos la carta una vez más. "Nunca volverán a subestimar a nadie. No que vayan a sobrevivir a esto…"

Cuando terminamos, una Bethy completamente limpia y en pijamas de un vivo color púrpura entró corriendo a la sala. Su cabello todavía húmedo, pero al menos cepillado, y su piel prácticamente brillaba.

"Panqueques," me ordenó, envolviendo mi pierna con sus brazos.

"Sí, señorita," le dije, guardando en mi bolsillo la nota de Bella. "¿De arándano o con chispas de chocolate?" Le pregunté, caminando con ella aferrada a mi pierna.

"¡Alán—danos!"

~oOo~

BELLA

Fue un largo y agonizante viaje hacia la montaña, pero justo cuando nos acercábamos a la cima, las cosas se pusieron interesantes. El camino estaba polvoso y lleno de baches. Era tortuoso y sinuoso, pero también estaba protegido en la mera cima. Dos pesadas rejas metálicas se encontraban en medio del camino, encadenadas y aseguradas con un candado. Dos hombres hacían guardia a cada lado, con armas automáticas colgando de sus hombros.

Pero parecían… amateurs. Parecían criminales y rufianes—Jasper los llamaría pueblerinos. O tal vez era porque estaba acostumbrada a soldados profesionales, duros como una roca, disciplinados y cautelosos. Estaba acostumbrada a posturas perfectas, miradas aceradas y expresiones que gritaban no jodas conmigo. Estaba acostumbrada a reales atuendos militares, no a camisas a cuadros, camisetas sucias y jeans viejos y andrajosos. Sonreí para mis adentros, sacudiendo mi cabeza, porque echaba de menos a mi esposo, y a mi familia y equipo, pero casi podía ver sus rostros si veían este lugar.

A pesar del hecho que estaba cautiva, no estaba tan nerviosa como esperaba estar. Walter no estaba motivado por dominación sexual como lo estaba Miller. No era un sádico. Era un pendejo que estaba hambriento de dinero. Podía soportar estar encerrada, y me consolaba el hecho de que este tipo no había mostrado ninguna puta inclinación a tocarme. Podía sobrevivir a todo menos eso.

Se abrieron las rejas e hicieron un gesto con su mano para que pasáramos. El camino cruzaba por un grupo de árboles, y luego salimos hacia un pedazo de propiedad realmente grande. Alice nos había mostrado las imágenes, pero no mostraba el tamaño real del lugar hasta que realmente estabas allí. Había una casa extremadamente grande de tres plantas que era el punto focal en todo, pero dispersas en todo el terreno había construcciones con apariencia de pequeñas chozas. Parecían tener el tamaño de una habitación de hotel regular, con un pequeño porche incluido. Desde donde estaba sentada en la parte de atrás de la van, había unas veinticinco de ellas distribuidas. A mi derecha, a lo lejos, estaba un edificio que lucía como si alguna vez hubiera sido un potrero. Era rojo con ribetes blancos, y las puertas principales estaban abiertas. Podía notar que este lugar fue un hogar una vez—o al menos un hogar para vacacionar—pero ahora, era un complejo.

"¡Vamos!" Gruñó Walter, ondeando su arma frente a mí cuando salió de la van.

Asentí y salí de la parte trasera de la van, siseando cuando mis pies descalzos tocaron la roca fría. "Joder, está helando aquí. ¿Podrían al menos darme mis zapatos?" Le pregunté, incapaz de ocultar mi desdén.

"Ya veremos," me dijo con una irritante sonrisa que me hubiera gustado borrársela de una puta vez con una bofetada.

"Bien, idiota. Espera, entonces. Cuando muera de neumonía, no habrá nada de dinero que recibir," suspiré dramáticamente, rodándole los ojos.

"Sí, pero tal vez un poco de sufrimiento va a deshacerse de esa mimada niña rica que hay en ti," añadió Lilith con una carcajada.

"Perra, te puedo enseñar lo mimada que soy…" Gruñí, dando un paso hacia ella, pero Kenny y Walter me detuvieron. Lo satisfactorio fue ver cómo daba ese temeroso paso hacia atrás. Esposada o no, podía añadir otro moretón a su cara. Y lo sabía. "Nunca he sido mimada," le dije con brusquedad. La señalé. "Lilith, un día, no tendrás a estos tipos para protegerte…" Le advertí con una ceja levantada.

Escuché a Kurt soltar una risita por lo bajo, pero no dijo nada. En realidad no podía decir nada porque tenía que seguir su papel, al menos para proteger a su madre y hermana. Comprendí a lo que se refería cuando dijo que no podía dejarme ir. Walter podría ordenar un golpe en su familia, sobre todo con todos los hombres que tenía bajo su mando. Y ahora que el padre de Kurt estaba bajo arresto, no habría nada que Kurt pudiera hacer. No habría forma de que llegara a su madre y hermana lo suficientemente rápido.

"¡Vamos!" Dijo Walter, perdiendo la paciencia con la entera situación. Agarró mi brazo con brusquedad, empujándome para que empezara a caminar. "Kenny," gruñó, "muéstrale a Isabella donde va a quedarse."

"Con mucho gusto," se rio Kenny, sujetando mi hombro y dirigiéndome hacia un costado del granero. "Vas a amar esto," soltó un resoplido, y podía ver hacia donde me conducía.

Parecía un refugio contra tormentas, o un refugio antibombas de los cincuentas. Escalones conducía a lo que una vez era una puerta y ahora era una reja con barras de acero. Era una maldita celda subterránea. Recordaba un tiempo cuando ni siquiera podía acercarme a un sótano o nada subterráneo—gracias a Miller—pero con el tiempo superé ese último miedo justo antes de que naciera Bethy.

Kenny le quitó el candado a la reja y me metió de un empujón. "¡Tú, pendejo! ¡Te traje compañía!" Gritó hacia la oscuridad de la celda. Encendió una luz tenue, llevando una sonrisa de idiota. "¡Hey… Humpty Dumpty (1)!"

Dentro había tres celdas más, todas rodeadas de barras de acero. Eran apenas lo suficientemente grandes para los catres, los inodoros y las piletas que los llenaban. De hecho, se parecía a la cárcel de una película del viejo oeste, donde el borracho del pueblo iba a dormir la mona por la noche.

Alcancé a ver movimiento bajo la tenue luz proporcionada por un simple foco de bajo voltaje que colgaba del techo. Cuando Kenny me metió en la celda en el extremo izquierdo, miré hacia a la que estaba en el extremo derecho y suspiré.

Christopher Douglas—el conductor ebrio que había matado a los Greene y a la hija de Lilith, Ashley—estaba mirando, con el rostro cenizo y nervioso.

Sacudí mi cabeza al mismo tiempo que Kenny azotaba la puerta y cerraba mi celda con llave. No tenía sentido por qué estaba él aquí, a menos que Lilith realmente buscara venganza. Había desechado esa teoría cuando nos enteramos de la parte de Walter en esto. Christopher no tenía dinero que yo supiera. De hecho, sus antecedentes criminales le estaba haciendo difícil el que encontrara trabajo—sin mencionar que seguía siendo un alcohólico.

Miré de nuevo a Kenny, que me miraba fijamente. Podía recordar claramente la aversión inmediata de mi hija hacia él, y por solo un momento, vi lo que ella vio: ausencia de compasión, una sonrisa malvada, y el gusto por ver el miedo en otros.

"¿Qué?" Le dije con desdén.

"Parece que conoces al rechoncho ese de allá," me dijo, inclinando su cabeza hacia mí.

"Así es," le dije con un resoplido, rodando los ojos. "Christopher Douglas de Seattle," comencé a decir, mirando a un Kenny bastante sorprendido, y a un más sorprendido Christopher. "Treinta dos años. Un metro setenta y siente. Ciento veinticinco kilos… más o menos. Arrestado hace unos años por conducir ebrio y homicidio vehicular imprudencial. Mató a una familia de tres y al conductor de un semirremolque. Actualmente vive con su madre y trabaja medio tiempo en un restaurante de comida rápida. Desapareció hace como dos semanas, pero supongo que lo encontramos…"

Kenny bufó una carcajada. "Supongo que sí." Caminó hacia la celda de Christopher e hizo repiquetear la puerta. "Suena como que te odia tanto como Lilith, Gordo. No eres precisamente popular entre las damas, ¿verdad, amigo?"

"Déjame en paz, Kenny," se quejó Christopher, sentándose en su catre, el que chirrió un poco bajo su peso.

Kenny se rio, su cabeza cayendo hacia atrás mientras nos dejaba, cerrando con llave la reja principal cuando salía. Escuché sus pasos ascendiendo, solo para desvanecerse una vez que pisó la hierba. Afortunadamente, dejó la luz prendida.

"¿Te conozco?" Me preguntó Christopher, poniéndose de pie y caminando hacia un costado de su celda. Sujetó los barrotes mientras miraba a través de la celda vacía entre nosotros.

"Sí, probablemente sí," le dije con un suspiro, mirándolo. "Tú mataste a mis amigos."

~oOo~

EDWARD

"¿Quiénes son los bebés, papi?" Me preguntó Bethy mientras la cargaba por la casa. Estaba señalando el grupo de fotos en la pared de nuestra sala.

Solo necesitaba el contacto con ella. Había estado lejos mucho tiempo, y olía a dulce y limpio. Ella parecía en realidad solo querer hablar conmigo, así que le di el gusto, y ayudaba que se parecía tanto a Bella cuando inclinaba su curiosa cabeza hacia mí que era reconfortante. Después de que ella tomara una rápida siesta y yo me sentara con Eleazar y mi padre a hablar sobre los pasos a seguir, no había podido bajarla.

"Sabes quienes son," me reí entre dientes, besando su sien mientras se aferraba a mis hombros. "Dime."

"¡Son mami y tú!" Soltó unas risitas, mirando todavía a la foto que Charlie le había dejado a Bella en un álbum. Nos mostraba a los dos el día que Bella nació, acurrucados juntos en la misma cuna. Nuestros padres de pie orgullos alrededor de nosotros.

"Esa es mi niña," canturreé, besando de nuevo su sien. Estaba tratando de encontrar el valor de dejarla con Esme, porque necesitaban que hiciera un vuelo de reconocimiento en el helicóptero.

Alice había estudiado las imágenes de satélite hasta que dijo que se iba a quedar ciega, pero quería tomas con acercamientos, térmicas y una foto completa de lo que teníamos que enfrentar. Benny y Wes no habían regresado de su viaje a casa de la señora Carmichael, así que no estábamos seguros a qué atenernos con ellos. Sin embargo, mi padre y Eleazar no estaban en verdad esperando. Querían iniciar un plan, y pronto. Mi padre estaba incluso considerando llamar a algunos viejos amigos para que nos ayudaran. Pero necesitaban fotos detalladas para poder hacer algo.

"Y esa eres tú y mami," me dijo, señalando a mi madre y la de Bella sentadas en los escalones principales de la tía Kate. Estaba señalando específicamente a las pancitas bastante grandes.

Me reí otra vez. "Sí, señorita," le dije, incapaz de no sonreír, porque esas fotos significaban todo para mí y Bella.

Bethy observó una foto de nuestra boda, la panza de mi esposa enorme con Bethy. "Esa soy yo," susurró, volviéndose para mirarme.

"Oh sí," le dije con una sonrisa. "Hiciste que a mami se le antojaran de tacos y bananas —la cosa más extraña que jamás he visto comer a alguien al mismo tiempo, y he visto a hombres comer escorpiones en el desierto."

"¡Puaj!" Se rio, su pequeña nariz arrugándose de una forma tan adorable que no pude evitar frotar la mía contra la de ella. "¡No se pupone que comas bichos!"

Solté una carcajada y me encogí de hombros. "No lo hice. Pero dicen que los escorpiones saben como a cacahuates."

"G-Guácala," bufó, levantando la mano para tocar la foto.

"Pequeña dulzura, tengo que trabajar," le dije en voz baja. "Necesito que te quedes con Nanny."

"No, no," me replicó, negando. "¡No, p-papi! ¡Voy cotigo!"

"No tardaré mucho… solo unas cuantas horas," le dije, pero nunca debía haber intentado razonar con una niña de tres años.

"No, p-por favor, p-papi," me rogó, agarrando ambos lados de mi rostro al mismo tiempo que gruesas lágrimas llenaban sus ojos. "¡Me vas a dejar, como mami!"

Suspiré, llevándola hacia el sofá y sentándome con ella en mi regazo. "Elizabeth Renee, escúchame. Tu mami no te dejó, bebé. Se la llevaron. Ella no te dejaría en un millón de años, ni por todo el dinero del mundo. ¿Me entiendes?" Verifiqué, y asintió. "Te ama más que nada."

"¿P-Por favor?" Me rogó de nuevo, acercándose a mí en mi regazo. "Me portaré bien. Lo prometo. ¡Mami me dijo que te ayudara!"

Escuché risitas desde la puerta, y levanté la vista para ver a mi padre y a Esme mirándonos. Alec estaba apoyando contra la pared en el fondo, porque se suponía que volaría conmigo. Fueron esos enormes y tristes ojos verdes, mirando a través de unas verdaderamente largas pestañas oscuras, los que me mataron. Fue la leve inclinación de su cabeza, pero más que nada, como se aferraba firmemente a mi camiseta lo que finalmente me hizo ceder.

"¡No sin una chaqueta, pequeña dulzura!" Suspiré derrotado, porque joder, simplemente no podía decirle que no. "Pero escúchame," le dije antes de que se bajara de mi regazo. "Habrá un punto donde no podrás ir, bebé. Y necesito que seas fuerte para eso, ¿está bien?"

Asintió, besando mi mejilla, murmurando, "¡Ch-Chaqueta!"

Se escabulló por el pasillo y yo me incliné hacia adelante, descansando los codos sobre mis rodillas. "Mierda," siseé bajito, sacudiendo mi cabeza.

Esme se sentó junto a mí, poniendo un reconfortante brazo alrededor de mis hombros. "Estás haciendo lo mejor que puedes, cariño," me tranquilizó. "Es seguro para que ella vaya, ¿verdad?"

"Sí," dije con un suspiro, mirándola y asintiendo. "Vamos a estar muy alto, por lo que nadie podrá vernos bien. Una pasada justo antes del anochecer, y otro después de que oscurezca. Volveremos pronto."

"Bueno, llévala, hijo," me instó mi padre, con una sonrisa comprensiva. "Es obvio que te necesita."

"A manejado esto extraordinariamente bien, Edward," dijo Esme en voz baja. "Hasta ahora… no tuvo pesadillas durante su siesta, no ha arremetido contra nadie… solo ha estado…"

"Muy pegada," terminé por ella, mirando mis manos. "Me preocuparé por eso cuando tenga que dejarla para esta… siguiente fase." Levanté la vista hacia mi padre, y luego a Esme.

"En serio estás subestimando mi magia de abuela," bufó Esme, rodando los ojos. "Puedo manejarlo, hijo."

Mi papá y yo nos reímos, y levanté mis manos en señal de rendición. "Está bien, está bien," me reí entre dientes, abriendo mis brazos cuando Bethy volvió a entrar en la sala. "¿Lista, pequeña dulzura?"

"Sip," dijo entusiasmada, girándose hacia la mesita de café y cogiendo mi gorra de béisbol. Levantó sus brazos y la puso en mi cabeza hacia atrás, como siempre la usaba cuando volaba. "Ahora la mía, p-papi," me ordenó.

Dios, era tan linda. Me dio su pequeña gorra rosada y una sudadera. Llevaba su cabello medio recogido, jeans, y una camiseta con camuflaje color rosa. Por mucho que Bella trataba de vestirla de forma femenina, a veces, era todo un marimacho.

"¡Brazos arriba!" Le ordené, y sus pequeños brazos se levantaron en el aire. Metí la pequeñísima sudadera Air Force color gris por su cabeza, sacando su largo cabello y acomodando la capucha. "¿Meto la colita por la gorra?" Le pregunté, pero sacudió su cabeza diciendo que no.

Si alguien me hubiera dicho hace cinco años que mi vida giraría en torno a dos hermosas morenas, colas de caballo, y camuflaje color rosa, me hubiera reído con ganas y muy probablemente maldecido sus traseros, pero que me jodan, si no era la verdad. También amaba esa mierda. Siempre había visualizado un hijo, pero Bethy era más de lo que alguna vez había soñado, así que vengan las faldas y mallas, colas de caballo y cositas para el cabello. Podía vivir con muñecas y jugar a maquillarse, porque ella era el mejor logro que jamás había tenido, y tan solo mirarla me hacía extrañar a mi esposa con un anhelo que todo lo consumía.

"Nop, como la tuya," me dijo poniendo los ojos en blanco, y juro por dios, se veía idéntica a Bella cuando me acusaba de ser un idiota.

Sus abuelos lo vieron al instante, tratando con todas sus fuerzas de no soltar una carcajada.

Sonreí, poniendo su gorra hacia atrás y cargándola en mis brazos. "Dale un beso a Poppy y Nanny, porque ya nos vamos, ¿está bien?"

Se estiró, abrazando y besando a los dos. "Los amo," canturreó con dulzura.

"Bambina," dijo Alec con una risita, sacudiendo su cabeza con lo que acababa de presenciar. "Ven conmigo mientras tu papá prepara el helicóptero. Te pondré el cinturón."

"Soy el copiloto de p-papi," dijo con autoridad y un pulgar apuntando a su pecho al mismo tiempo que iba con él voluntariamente.

Mi papá se rio, sacudiendo su cabeza. "Copiloto, asistente de chef, aprendiz de carpintero… la lista es interminable," murmuró con ironía.

Le sonreí y me encogí de hombros. Era cierto. No había muchas cosas que yo hiciera en las que Bethy solo… me ayudara. Simplemente amaba estar conmigo y Bella, sin importar lo que hacíamos. Podía jugar calladita con sus muñecas o hacer dibujos mientras su madre trabajaba en la computadora, o me traía lo que sea que le pidiera si estaba en mi carpintería o cocinando, por lo que le permitíamos simplemente pasar tiempo con nosotros. Pero volar conmigo era una de sus cosas favoritas, porque la había llevado conmigo desde que podía recordar.

"Sí, sí," se rio Alec cuando se fue con él. "Como si no lo supiera. Pronto vas a ser tú la que vueles, recuerda lo que te digo," le dijo cuando salían a través de la mosquitera.

Mickey y Emmett, podría decir que las únicas dos personas a las que les confiaría mis revisiones antes del vuelo y la carga de combustible, estaban terminando cuando salimos, pero fue Rose en la que mis ojos se posaron cuando salió de la oficina de Gravity con Caleb en sus brazos. Se veía cansada, pero determinada.

"Tenemos un problema," me dijo, su rostro ilegible mientras me miraba, y luego a mi padre. "Wes y Benny acaban de llamar. No han podido conseguir ninguna autorización para entrar en el complejo de Walter. La forma en que conseguimos la información no es precisamente legal. A pesar de que Benny lo llamó una amenaza anónima para Ruiz, la información relacionada con el complejo de Walter fue conseguida ilegalmente. Wes no tenía razón para hablar con Walter padre, así que no pueden recibir una orden judicial."

"Pero ellos tienen a mi esposa," gruñí por lo bajo, sin querer que Bethy me escuchara.

"No importa," gruñó mi padre. "Vamos a ir sin ellos."

"Eso fue lo que dijo Eleazar," respondió Rose con un gesto de su cabeza. "Justo ahora, está al teléfono con su oficina… así que veremos…" Me miró, sus ojos un poco tristes. "Alice dice que puedes irte. La cámara está calibrada, y tu radio está fija en algún canal oculto. Encriptado, si no me equivoco, porque no quiere tomar ningún riesgo."

"Gracias, Rose," le dije, abriendo la puerta de la cabina y viendo a Emmett subir.

"¿Qué?" Me preguntó, sus ojos serios. "Joder, voy a ir contigo. Necesito ver esta mierda en persona."

"Lenguaje," siseó Rose, sus ojos moviéndose rápidamente hacia Bethy, que afortunadamente estaba absorta con su tío Alec al otro lado del helicóptero.

"Lo siento. Pagaré en el frasco de las groserías," dijo con un suspiro, viéndose avergonzado, y me reí de él. "Pero en serio. Quiero ir."

"Entonces vamos," le dije, haciendo un gesto con mi mano para que subiera. "Cierra la puerta y ponte el cinturón."

Sabía que Emmett se iba a poner ansioso. Ha sido así desde que lo conocí en Afganistán. Todo lo que teníamos que hacer era decirle quien era el enemigo, poner un arma en sus manos, y señalarle la puta dirección correcta. Era un soldado fuerte, noble y peleador, pero prefería entrar con las armas por delante que planear. Lo entendía, pero esta vez yo prefería un plan al que apegarme. Al menos si iba, sentiría que estaba haciendo algo.

Me subí al asiento del piloto, poniéndome mis auriculares. Estiré mi mano y abrí una puerta donde estaban guardados los auriculares de Bethy. Dónde había encontrado Bella unos pequeños, jamás lo sabría, pero al menos no se tragaban toda su cabeza como lo harían unos normales. Y eran, por supuesto, rosados.

Una vez que Alec y Emmett se pusieron sus cinturones de seguridad y cerraron las puertas, dije adiós a todos con la mano y anuncié mi vuelo. Era un simple "viaje turístico", en lo que a mi manifiesto se refería. Activando interruptores y revisando calibradores, lo encendí.

Me volví hacia Bethy, que estaba jugando con los cordeles de su sudadera. "¿Lista, pequeña dulzura?" Le pregunté por sus auriculares.

Asintió, sus piecitos pateando un poco.

"Buena niña," le dije, y me elevé de mi patio lentamente.

~oOo~

BELLA

Las celdas estaban frías y húmedas, y mis pies empezaban a dolerme por el fío conforme la noche iba cayendo sobre nosotros. Los envolví con mi chaqueta mientras yacía en mi catre, mirando a mi vecino. Christopher se había quedado dormido después de que se dio cuenta de quién era yo. Balbuceó una disculpa avergonzada por lo que le había hecho a los Greene y al conductor del semirremolque, y luego se quedó en silencio. Supuse que su culpa era más de lo que podía soportar, porque lucía como si reviviera esa mierda todos los putos días.

Había una parte de mí que todavía lo odiaba por ello, pero había pasado mucho tiempo y probablemente lo había dejado pasar mucho antes de que me diera cuenta. Además, teníamos mayores problemas que mis sentimientos por algo que había pasado hace varios años.

Los grillos cantaban con fuerza a través de reja principal cerrada con llave en la cima de las escaleras. Había pasado unas cuantas horas jodidamente largas, y mi corta siesta había estado llena de sueños tanto aterradores como eróticos. Soñé con calabozos, con hombres sádicos que no podían estar con las manos quietas, y soñé con besos lentos y prolongados y murmullos de cosas sucias que provenían de una voz aterciopelada. Sueños con fuertes brazos y manos callosas que me tocaban me habían despertado con una necesidad por Edward tan grande, que me había hecho llorar. Quería su calidez rodeándome, y quería inhalar ese perfecto aroma suyo—fresca madera cortada y jabón. Necesitaba que me dijera que estaba allí, que nunca permitiría que alguien me tocara de nuevo.

Walter bajó corriendo las escaleras, un preocupado Kurt siguiéndolo. No vi a Lilith, pero vi a Kenny entrar con bolsas de comida rápida, arrojando una a través de las barras de Christopher de manera que aterrizó en su gran panza, lo que lo despertó al instante, antes de arrojarme una bolsa mí.

Por la expresión en el rostro de Walter, estaba muy segura que Rusty no había llegado con las niñas. Mantuve mi rostro ilegible cuando levanté la vista hacia él desde mi cena.

"¿Ocurre algo?" Le pregunté, y Kurt sonrió ligeramente, sacudiendo su cabeza.

"¿Cómo lo hiciste?" Dijo furioso, su temperamento muy apenas bajo control. "¿Cómo conseguiste que escaparan esas niñas?"

"No tengo idea de qué estás hablando," murmuré con un bocado de sándwich en mi boca. Me encogí de hombros y me le quedé mirando inocentemente.

Fue Kenny el que se movió primero, estrellando sus manos contra las barras de mi celda. "Joder, Rusty está muerto, perra."

"¿Oh?" Bufé con falsa sorpresa con otro bocado. "Lo siento. ¿Suicidio?"

Kurt tuvo que frotar su rostro a fin de ocultar su sonrisa.

"No, no fue un maldito suicidio," dijo Walter con un gesto de desdén por detrás Kenny que seguía jadeando. "¡Encontraron su coche ensartado en un árbol!"

"¿Estaba conduciendo ebrio?" Le pregunté, echando un vistazo rápido hacia Christopher, que resopló bajito, mientras observaba todo con gran atención. Tanto Kenny como Walter negaron. "Supongo que las niñas no estaban en el coche," les dije, sin siquiera molestarme en darles mi completa atención.

"No, estaba solo," respondió Walter. "Dime cómo lo hiciste."

"Ustedes dejaron que se escaparan," los acusé, señalándolos con un papa frita. "Demonios, puede que sigan vagando en el bosque."

"Oh no," se rio Walter, señalándome con su dedo. "No soy un maldito estúpido… sé a ciencia cierta que no liberarías a dos niñas de tres años solas en el bosque. De ninguna jodida manera. Te ibas a encontrar con alguien."

"¿Cómo iba a encontrarme con alguien, Walter?" Dije con un suspiro, rodándole los ojos. "Nadie sabía a dónde me llevaste. Nadie nos siguió. Eso dijiste tú mismo."

"¿Quiénes eran esa gente en la estación, Isabella?" Gritó.

"Amigos… familia… FBI…" Tomé otro bocado, mirándolos a todos, pero mi mirada se posó en bastante frustrado Walter. "¿Ya pediste el dinero? Tengo curiosidad de saber qué te dijeron."

"Es gracioso que preguntes," me dijo, sacando su teléfono. "Estaba a punto de hacer la llamada. ¿Quieres escuchar?"

"Claro," balbuceé con el último bocado de sándwich en mi boca. "Diles hola por mí."

Mi indiferencia estaba matando a Kenny. De hecho, Walter lo detuvo de abrir la puerta de mi celda.

"¿Qué pasa, Kenny? ¿Extrañas a tu… compañero de celda?" Dije con desprecio al mismo tiempo que me soltaba una sarta de groserías.

Todos se congelaron como ciervos frente a los faros de un coche mientras me miraban. Kurt mordió el interior de su mejilla mientras se apoyaba contra la pared detrás de Kenny y Walter, quienes tenían la boca abierta como peces fuera del agua.

"Para que lo sepas, puedes culpar a Lilith," dije con un suspiro, subiendo un poco más a mi catre para poder recostarme contra la pared, cruzando una pierna sobre la otra. "Presentarse en la boda fue un gran error. Grande. Soy una investigadora privada, así que investigué a todos los que conoce."

"Está mintiendo," gritó Kenny, volviéndose hacia Walter. "Hay más que eso detrás. Rusty no se estrelló contra un árbol por accidente… ¡Te lo digo, Walt!"

"¡Cierra la boca!" Walter le dijo con brusquedad. "Estoy llamando ahora."

No estaba segura a quién estaba llamando, si a Carlisle o a Edward, pero esperaba que le siguieran la corriente, que Bethy le hubiera entregado mi nota a su padre. Walter puso el teléfono en alta voz, y todos contuvimos el aliento mientras sonaba.

"Cullen," espetó Edward al teléfono, y no pude evitar sonreír, porque se escuchaba hermoso y frustrado, cansado y enojado—todas las cosas que eran el epítome de sexy para mí. Y todas se manifestaron por el teléfono con una sola palabra. Casi me desvanecí al escuchar a mi esposo.

"¡Hey, bebé!" Lo llamé, con una sonrisa de diez kilómetros de ancho, porque encabronaba a Walter a rabiar.

"Cállala," gruñó, y Kenny entró en acción, abriendo mi celda y levantándome de un tirón para poner una mano en mi boca.

"¿Bella?"

"Bueno, ya tienes tu prueba de vida, pendejo," dijo en el teléfono. "Ella la jodió, Cullen," le dijo. "Se suponía que fuera sola."

"Y se suponía que tú traerías a esas niñas," replicó Edward, "pero… no lo hiciste." Dijo las tres últimas palabras cantaditas en suspiro, y en ese momento, supe que había recibido mi nota. Estaba jugando totalmente con estos tipos.

"Supongo que ahora las tienes," gruñó Walter, rodando los ojos.

"Oh, por supuesto que sí," dijo mi esposo, "y tengo un mensaje para Kenny."

"¿Y cuál es, hijo de puta?" Gritó Kenny, como si su voz no se oyera, como si estuviéramos hablando con dos pequeñas latas y un puto pedazo de hilo. Mi oído zumbó ya que hizo esa mierda justo en mi cabeza. Idiota.

"Yo, personalmente, me aseguraré de que mueras," dijo Edward, su voz amenazadora, y sabía que decía en serio cada palabra. "Rusty lloró como una perra cuando acabé con él."

"¿Quién demonios eres tú?" Le preguntó Walter, sacudiendo su cabeza.

"Alguien a quien nunca deberías haber jodido," respondió. "Ahora, dame tus demandas por el regreso de mi esposa, y lo pensaré."

¡Buen chico! Mentalmente lancé un puño al aire, porque eso era exactamente lo que quería que hiciera. Walter pensaba que tenía el control, pensaba que estaba rodeado de protección, pero no conocía la protección. Y que me jodan si sabía algo de control.

"Veinte millones," demandó Walter, viéndose un poco nervioso, pero mantuvo su compostura. "Veinte millones, y la recuperarás."

Edward resolló por el teléfono, como si lo estuviera pensando. "Ya veremos… pero que sepas esto… Si un cabello de su cabeza está fuera de lugar, si tiene un solo moretón, si tiene un puto corte por papel, me aseguraré de que sufras, hijo de puta. Esa mierda será prolongada, lenta y muy, pero muy dolorosa. Y hablo en serio."

Casi me desvanecí de nuevo y solté una risita detrás de la mano de Kenny, porque ya tenía un moretón, y la mirada asustada de Walter a mi rostro lo demostraba.

"Llámame en veinticuatro horas con la hora y el lugar, y tendrás tu respuesta," ordenó Edward por el altavoz. "Y un día, Bella... lo haré de nuevo. Lo hice cuando nos conocimos, y haré esa mierda de nuevo. Adviérteles si quieres, dulzura. Joder, no importa." Dicho eso, terminó la llamada.

Kenny me soltó, y me senté en mi catre mientras él dejaba la celda y me volvía a encerrar.

"¿Qué demonios significa eso?" Me preguntó Walter, y lo miré.

Sabía exactamente lo que significaba. Edward me acababa de decir que venía por mí, que me salvaría. De nuevo. Iba a venir en un día, y estaba muy segura que iba a traer a todos los demonios del infierno con él. Pero encima de eso, me dio autorización para decirle a Walter lo que estaba a punto de pasar.

Me encogí de hombros, recostándome otra vez contra la pared. "Algo críptico para mí," mentí fácilmente, porque no quería decirle todavía.

Walter se me quedó mirando por un momento, pero no aparté la mirada de él. Se volvió hacia Kurt. "Devuélvele sus zapatos," le ordenó, y luego dejó el lugar.

Kurt asintió, pero esperó hasta que Kenny y Walter estuvieran lo suficientemente lejos antes de hablar. "Voy a traerte tus botas, pero dame unos minutos. Están en la casa principal."

"Está bien," dije con un suspiro, cerrando mis ojos por un momento.

"¿Quién es tu esposo?" Me preguntó Kurt, inclinando su cabeza hacia mí.

Sonreí, todavía sin abrir los ojos. Tomé una respiración profunda, permitiéndome relajarme, al menos por unos segundos. "Él es… mi héroe."

~oOo~

EDWARD

Puse el teléfono sobre la mesa de conferencias en la oficina de Gravity, apoyando mis brazos en ella. Escuchar la voz de Bella casi me destrozó. Tenía que canalizar toda mi ira, toda mi frustración hacia el hombre que tenía su vida en sus manos. Hablaba en serio cuando le dije que iba a ir por ella, me importaba una mierda si decidía decirles. Joder, nada podría detenerme.

"¿Veinte millones?" Preguntó Makenna a nadie en particular. "Maldición."

"No verá un centavo," le respondió mi padre, colocando una mano sobre mi hombro cuando agaché mi cabeza. "Se escuchaba bien, hijo," me tranquilizó con voz suave. "Mañana en la noche," me dijo, volviéndose hacia la maldita habitación llena de gente. "Para cuando este cabrón llame de nuevo, estaremos en su puerta."

"No puedo ayudarte… legalmente, está vez," dijo Benny, su voz sonando nerviosa. "Alguien más se apoderó del caso, y no sé quién…"

"Yo," admitió Eleazar cuando entró desde la sala de computadoras, dejando caer un archivo sobre la mesa. "Este es ahora un caso de Seguridad Nacional," dijo, con una sonrisa irónica extendiéndose en sus rasgos. "Ahora es mi caso, mi problema, mi misión."

Me enderecé y me recargué en la mesa, mis brazos cruzados sobre mi pecho. "Aun así voy a ir," le dije, señalándolo con mi dedo.

"Todos vamos a ir," se rio Eleazar. "Demonios, los necesito a todos. Y unos más…" Dijo con un suspiro, mirando a mi padre. "Llámalos, Carlisle. Yo mismo llamé a algunos hombres retirados."

"Ya lo hice," respondió mi padre. "Estarán aquí por la mañana. Lo que me gustaría revisar es lo que acaba de traer Edward."

"¡Estoy en ello, estoy en ello, estoy en ello!" Suspiró Alice exasperada. "Dios, denme un segundo. ¡He estado imprimiendo desde que venía de regreso!"

Todos nos reímos de ella, porque salió con una gran pila de fotos en sus brazos, dejándolas caer frente a ella sobre la mesa de conferencias. Todos nos reunimos en torno a ella de manera que pudiéramos verlas cuando las extendió para nosotros.

"Está bien, primero," comenzó a decir Alice, exponiendo una sección de toda la propiedad en orden. "Con esto es con lo que estamos lidiando," nos dijo, señalando una vista aérea de la montaña en sí, incluyendo los bosques, un pequeño arroyo y el camino serpenteante que subía por un costado. "Este," bufó, quitando la foto, solo para remplazarla con varias fotos que, cuando se colocaban juntas, no solo abarcaba toda la mesa, sino que mostraba todo el complejo en alta definición y a color. "Este es el complejo de Walter. Como pueden ver, alguna vez fue una casa vacacional para sus abuelos. Las construcciones más pequeñas han sido añadidas recientemente en la propiedad, pero las construcciones originales todavía están en pie—la casa principal, los establos, y curiosamente… un refugio antibombas."

"¿Qué?" Gruñí, mirándola.

"Sí, también pensé eso," gimió, su rostro lleno de una combinación de tristeza e ira con la sola idea de que Bella pudiera estar de nuevo bajo el suelo.

"Realmente es un refugio antibombas. Los abuelos fueron un producto de la amenaza de la guerra fría, por lo que instalaron un refugio subterráneo. Está en los planos originales."

"¿Puedes saber si Bella está allí, Alice?" Preguntó Jasper, señalando hacia la estructura no muy lejos del granero.

"No," dijo con firmeza y negando. "No puedo, pero te mostraré porqué."

Makenna unió con cinta la vista en conjunto del complejo, pegándolo en un espacio abierto en la pared mientras Alice extendía otra vista. Eran las tomas térmicas.

"Estas muestran cada cuerpo caliente en la propiedad. Cuento unos treinta y dos, más o menos, pero no estoy lejos," dijo, haciendo un gesto hacia la casa. "Hay actividad en la casa, el granero, las pequeñas casitas de campo o chozas, y en los campos. ¿Pero ven esto?" Preguntó, mirándonos a mi papá y a mí, y asentimos a lo que su dedo estaba señalando. "Cuando volaste por encima, vi actividad aquí. Gente entraba y salía, pero no puedo verlos cuando están adentro."

"¿Está revestido de plomo?" Preguntó Eleazar, agachándose para mirar la foto de cerca.

"Tendría sentido," habló Emmett. "Algunos de esos viejos refugios antibombas fueron construidos así, porque en ese entonces, la gente creía que el plomo te protegía de la radiación, sin tomar en cuenta que la explosión termonuclear te golpea tan rápido y con tanto calor que eres cenizas antes de parpadear," dijo con ironía, rodando los ojos. "Es costoso como el demonio hacerlo, pero tal parece que el abuelo podía costearlo."

"Espero que no," gimió Alice, sacudiendo su cabeza, "porque si Bella activa el último chip GPS, no tengo idea si trasmitirá o no a través del plomo."

Makenna unió con cita también ese juego de fotos, poniéndolo en la pared junto a las otras de manera que Alice pudiera sacar unas fotos más.

"Por último, algunos acercamientos. Chicos, les encantará esto," nos dijo, rodando los ojos. "Tienen armas ocultas por todo el lugar. Alguien entre ellos solía ser militar, porque tienen una vieja metralleta allí," nos dijo, señalando justo en frente de la casa principal. "Tienen alambre con cuchillas alrededor de toda la propiedad, y tienen un almacén con un montón de mierda dentro del granero," nos dijo, mirándome. "Volaste bien por encima, así que pude hacer un acercamiento más allá de las puertas del granero abiertas. Tenían de todo… granadas, lanzagranadas de mano antitanque, armas automáticas, y un montón de putas municiones."

"Creía que estos tipos no eran violentos," dijo Mickey con un bufido al mismo tiempo que se acercaba a la toma del granero. "Pensé que solo eran un grupo de gentuza."

"Se están abasteciendo para algo," murmuró Benny, frotándose la barbilla.

"Sí, ¿pero qué?" Preguntó Eleazar a nadie en particular. "No tienen una misión, por lo que pude ver hasta ahora."

"Tal vez son de esos tipos que se preparan para la supervivencia," sugirió Jasper. "Ya saben… de ese tipo de mierda de un chico de campo puede sobrevivir. Sembrar tu propia comida, vivir a tu manera, sin necesidad del gobierno o de la policía, o incluso la sociedad."

"Eso parecen," dije con un suspiro, cogiendo una foto de puerta principal protegida. "No parecen precisamente… organizados."

"Tal vez no," reflexionó Eleazar, mirando hacia las fotos en la pared, y luego, otra vez a las que estaban sobre la mesa, "pero no les daremos tiempo para que averigüen que tan organizados pueden ser." Me miró. "Ed, estamos hablando de Bella, así que necesitamos decidir exactamente cómo quieres entrar."

"No quiero llegar volando," le dije, sacudiendo mi cabeza y arrojando las fotos en mi mano sobre la mesa. "Van a oír que nos acercamos, y no quiero eso."

Eleazar estudió mi rostro, pero podía ver que estaba considerando esa mierda. Al fin, asintió. "Furtivo. ¿Comando o asalto por tierra (2)?"

Asentí, pasando una mano por mi cabello y acercándome al plano principal en la pared. "Ve lo malditamente cerca que ese refugio antibombas está de todas esas armas, de todas esas municiones en el granero. No puedo arriesgarme a que alguien lo vuele, o que disparen algo. Está demasiado cerca, y podría colapsar si explota con fuerza. No. Prefiero entrar caminando."

"¿Cuántos van a ir con nosotros?" Preguntó Jasper, trazando con su dedo el sinuoso camino hacia la puerta protegida.

"Bueno," suspiró Eleazar, mirando a Benny, "Me gustaría pensar que catorce. Esos somos todos nosotros," dijo, haciendo un gesto con su mano alrededor de la habitación, lo que lo incluía a él, Eric, Felix, Alec, Emmett, Jasper, Mickey, Sam, mi padre, y yo. "Carlisle, conseguiste a dos, ¿sí?"

"Sí," mi papá dijo asintiendo. "Llamé a Ned Cauldwell y a su hermano, Harry."

"¡No jodas!" Le dije, mis cejas levantándose. "No manejan…"

"Una tienda de cacería en West Virginia, sí," respondió mi padre. "Y se ofrecieron a ayudarnos con algunas armas extras y municiones, sin mencionar la camioneta que conducen. Sucede que estaban cerca en Nevada en una exposición de armas. Vienen directamente hacia aquí."

"Joder, genial," dijo Jasper con una sonrisa. "Ned y Harry son formidables."

"Perfecto," susurró Eleazar para sí mismo. "Conseguí a dos agentes retirados… son viejos colegas de la Marina… Spike Devlin y Elam Hart. Los dos son excelentes tiradores y con entrenamiento militar." Se volvió hacia Benny. "Me gustaría que estuvieras en suministro de información con Alice. Ella aquí, y tú con nosotros. ¿Lo harías?"

Benny y Wes ya estaban asintiendo. "Definitivamente, porque Alice y yo podemos equipar a algunos de ustedes con cámaras, para que podamos monitorear su progreso. Con la ayuda de Mack y Rose, deberíamos poder conseguir cualquier cosa que necesiten."

"¡Querido Jesús!" Canturreó Emmett, aplaudiendo una vez. "¡Bueno, pongámonos a trabajar een esta mierda!"

Nos tomó casi tres horas—hasta bien entrada la noche—el poder formar un plan básico. Como a eso de las tres de la mañana, todos empezamos a sentirnos aturdidos por el cansancio, así que Eleazar nos envió a dormir un poco, al menos hasta que los cuatro hombres extras llegaran por la mañana.

Entré en mi casa, quitándome la gorra y arrojándola sobre la mesita de café mientras caía con cansancio en mi sofá. Había una parte de mí que sabía que dormiría mejor en mi cama—curiosamente esa voz sonaba como la de Bella—pero simplemente no podía encontrar en mí el deseo de dormir solo en una cama que compartía con mi esposa. La mera idea hacía que se abriera un hoyo en mi pecho.

Escuché pies arrastrarse por el pasillo, y levanté la vista para ver a Bethy de pie allí con una camiseta demasiado grande que le llegaba a las rodillas, sujetando firmemente al señor Conejo con su brazo. Su cabello estaba suelto y colgaba en enmarañadas ondas sobre sus hombros.

"Niña bonita, ¿qué estás haciendo levantada tan tarde?" Le pregunté en voz baja, abriendo mis brazos cuando corrió hacia mí.

"Extraño a mami," murmuró, subiendo a mi regazo.

Me recosté en el sofá y levanté su rostro de manera que pudiera mirarlo. "Yo también," le susurré, besando su frente. "Pero a ella no le gustaría que estuviéramos tristes, pequeña dulzura."

Me frunció el ceño, levantando su mano para tocar mi rostro. "Nanny dice que vas a ir a encontrarla."

"Voy a intentarlo," le dije, tratando de no prometerle nada, porque estaba haciendo todo lo que podía para no esperar demasiado, mucho menos provocar que lo hiciera mi hija. "De hecho, necesito que seas valiente y te quedes con Nanny mañana."

"Quiero ir contilo, p-papi," me dijo, poniendo a el señor Conejo en mi pecho entre nosotros.

"No puedes, cariño," gemí, tomando su rostro entre mis manos. "Necesito que ayudes aquí."

Sus ojos se abrieron al mismo tiempo que inclinaba su cabeza hacia mí. "¿Con qué?"

"Tienes que hacerle compañía a Nanny, porque Poppy también va a ir," le expliqué. "Así que va a estar preocupada, y tienes que cuidarla. ¿Puedes hacer eso por mí?"

Otra vez frunció el ceño, su pequeña frente arrugándose, pero se le quedó viendo al señor Conejo. Por fin, asintió. "Está bien."

"De acuerdo," suspiré con un gesto de mi cabeza. "Buena niña," la elogié en voz baja, dándole un beso en su naricita. "Deberías estar en la cama."

"No tengo sueño," me dijo, al mismo tiempo que dio un enorme bostezo.

"Mmm, ya veo," solté una risita, estirando mi mano para agarrar el control remoto de la televisión. ¿Quieres quedarte conmigo?"

Asintió con los ojos soñolientos y callada.

"Está bien, pero tienes que acostarte," le dije, dándole la vuelta de manera que quedara frente a la televisión, su cabeza en una almohada junto al brazo del sofá.

"¿Te acuestas conmilo?"

"Claro, cariño," me acosté detrás de ella, y subió mi brazo, justo como lo hacía su madre, poniendo su barbilla sobre mis nudillos, por lo que básicamente estaba acurrucado con ella y el señor Conejo.

Le di un beso en el tope de su cabeza, inhalando profundamente el aroma a limpio de su cabello, mientras cambiaba de canales. Las viejas comedias parecieron captar el interés de ambos, así que le dejé allí con el sonido bajito.

En algún momento, se rodó para quedar frente a mí. "¿Le dirías a mami q-que hice l-lo q-que m-me d-dijo?"

Le sonreí y asentí, porque a pesar de que su pequeño tartamudeo empezaba desaparecer, todavía se manifestaba con fuerza de vez en cuando, igual que el mío.

"Pequeña dulzura, eso va a ser lo primero que le diga."

Se volvió a dar la vuelta, suspirando contenta, y se quedó dormida casi al instante. No tardé mucho en seguirla.


(1) Humpty Dumptyes un personaje en una rima infantil de Mamá Ganso, creado en Inglaterra. Es representado como un huevo antropomórfico opersonificado. Su traducción definitiva puede ser Zanco Panco.

(2) Comando es cuando llegan por aire o mar, implica paracaidismo o bucear. Ataque por tierra es, en este caso, subir caminando la montaña.


Awww se me hace tan tierna Bethy, preocupada porque su mamá sepa que hizo lo que pidió, y que buen papi es nuestro Mercward 3 3 Pues ahora están listos para ir a rescatar a Bella, ¿tendrán éxito? Lo bueno es que hasta ahora, su cautiverio no tiene comparación al que antes experimentó a manos de Miller. Esperemos que siga así. Muchas gracias por leer y sobre todo, muchas gracias por sus reviews, ya saben que sus palabras me animan a seguir. Saludos y nos leemos la próxima semana.