Polera: se le llama a la remera que tiene cuello alto y por lo general mangas largas y puede ser de cualquier material.
Cartera: bolso en que las mujeres llevan efectos personales.
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La primera ronda de ese día estaba a cargo de Robin y Tinkerbell, el dúo debía recorrer una porción del límite este del bosque y reportar cualquier anomalía. En un punto ya determinado se juntarían con David y Ruby para hacer el cambio antes de que anocheciera. La idea era ir peinando el lugar por zonas hasta encontrar a la persona o cosa que había atacado a Gruñón y que seguramente había causado la descompensación climática. Porque sería demasiada coincidencia que justo que una persona era atacada con hielo, si es que se podía confiar en lo relatado por Leroy, se desataba una terrible ola de frío, hielo y nieve en todo el pueblo.
Por lo pronto, la mañana venía desarrollandose de forma tranquila, así que Robin y Tinker sin dejar de observar todo a su alrededor mantenían una charla animada sobre sus experiencias con la naturaleza. Tink le contó las cosas que aprendió después de pasar años en la selva de Neverland y Robin lo que aprendió por su estadía tanto en el Bosque de Sherwood como en el Bosque Encantado.
El hada sentía una gran curiosidad por el hombre que creía era el alma gemela de Regina y no sabía muy bien cómo sacar el tema. No es que ella fuera a insistir con la cuestión, lamentablemente la idiota de la salvadora había traído de regreso a la mujer de Robin, así que ya no tenía sentido seguir empujando a Regina hacia el hombre. Si Tinker era sincera consigo misma, debía admitir que se sentía bastante culpable por la situación en la que se encontraba su amiga, después de todo ella prácticamente había acosado a la mujer para que se arrojara a los brazos de Robin.
Otra cosa que rondaba la cabeza de la rubia desde que había encontrado a Emma y a Regina cogiendo, era saber que tan casual había sido la aparición de Marian en Storybrooke. ¿Sería posible que la salvadora estuviera interesada en Regina y cuando se encontró con la mujer de su rival decidiera traerla para liberarse el camino? ¿O sería verdad que sólo había sido idiotez pura sumado a su complejo de héroe?
A la mierda con la discreción. "¿Hablaste con tu mujer sobre Regina?"
Robin se sobresaltó y tropezó con sus propios pies. "¿Qué?" Balbuceó.
"Que si ya hablaste con tu mujer sobre Regina." La rubia lo miró de reojo. "Por más que te resulte difícil no podés dejar pasar mucho tiempo, este es un pueblo chico y alguien le va a hacer algún comentario, que puede no sea bien intencionado. ¿No te parece que lo mejor sería que se entere por vos?"
"No pensaba ocultarselo… es que recién llegó y… estuvimos centrados en otras cosas." Tartamudeó Robin, quien dejó de mirar al frente para clavar la vista en Tinkerbell. "¿Por qué tanto interés?"
Tinker se encogió de hombros. "Me siento culpable." Ante la expresión confusa del hombre aclaró. "¿No sé si Regina te contó que fui yo quien la guió hacia vos en el Bosque Encantado?" Robin asintió. "Cuando ella se negó a entrar a la posada tuvimos una discusión que llevó a que nos distanciáramos, mucho después cuando volvimos a encontrarnos la llamé egoísta por haberte arruinado la vida… y cuando te vi acá, prácticamente la volví loca para que iniciara un contacto, digamos. Así que me siento responsable de que todo terminara de esta forma."
Robin continuó caminando en silencio. "¿Amás a tu esposa?" Le espetó el hada.
"Con toda mi alma." Locksley se frenó y clavó la mirada en Tinker. "Marian es el amor de mi vida." Comenzó a caminar nuevamente. "Siento un gran aprecio por Regina y lamento la situación en la que nos encontramos ahora, pero… mi mujer lo es todo para mí, cuando la perdí casi enloquezco de dolor y de culpa, si no fuera porque tenía a Roland probablemente no hubiera sobrevivido. Sin ella no estaba completo. Regina es una mujer hermosa, amorosa e inteligente, no va a tener ningún inconveniente en encontrar a alguien más."
Tinker asintió suspirando. ¿Cómo había fallado tanto el polvo de hadas? Porque era más que evidente que Robin Hood y Lady Marian compartían un amor verdadero y, después de la onda que ella y Red sintieron la noche que encontraron juntas a Regina y Emma, era evidente que las mujeres también eran el amor verdadero la una de la otra. ¿Será que cuando Regina huyó de la posada cambió el destino de ambos?
El resto de la tarde transcurrió igual de tranquila, casi sin darse cuenta ya estaban a unos pasos del punto de encuentro, es más, alcanzaron a ver a David y Ruby esperandolos. Cuando estos los vieron comenzaron a acercarse, con tanta mala suerte que David patinó o tropezó con algo y cayó al suelo justo en un lugar con pendiente.
Ruby gritó alarmada al ver que el hombre se dirigía de cabeza a la línea límite del pueblo. "¡David intenta agarrarte a algo, por Dios!" Tanto ella como los otros dos comenzaron a correr hacia él, pero lo cierto era que Robin y Tink estaban demasiado lejos como para llegar a tiempo.
Red usó toda su velocidad para correr y arrojarse hacia el hombre intentando agarrarlo y frenar la caída antes de que cruzara la línea, pero sólo pudo cumplir parte de su cometido. Tomó al príncipe de un pie e intentó aferrar a algo, pero todo era más complicado con el hielo y la nieve. Cuando finalmente se agarró a una raíz ya era demasiado tarde, David tenía medio torso del otro lado de la línea.
"¡Oh Dios mío, David!" Gritó Ruby. Tinker y Hood tiraron de los pies del hombre hasta hacerlo volver al lado correcto y lo ayudaron a levantarse.
"N-no… no lo entiendo." Dijo Charming confundido.
"¡Cómo le explico a Snow!" Ruby estaba horrorizada, Tinker le puso una mano en el hombro para consolarla.
"No va a ser necesario, Red." Aclaró David shockeado. "No perdí la memoria. Sé quién soy, sé que estoy casado con Snow White y que vos sos una mujer loba y que la alcaldesa Regina Mills es la Reina Malvada."
Las tres personas que tenía frente a sí lo miraron boquiabiertos. "No sé cómo, pero ya no hay nada que nos impida salir del pueblo, la barrera se debe haber roto, alguien rompió la maldición… ¿Pero cómo?" Charming se rascó la nuca. "Hay que llamar a Emma y Regina."
El escuchar esos nombres hizo que Ruby y Tink levantaran la vista y se miraran… ¿sería posible…?
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… La rubia la atrajo contra sí. "Sí, estábamos furiosas, pero cuando la furia se me escapa de las manos tiendo a romperle la cara a quien me provoca y vos a incinerarlo. Puede que la rabia haya sido el detonante, pero la atracción siempre estuvo latente entre nosotras." La mujer desplegó una sonrisita sobradora.
"¡Qué ridícula! ¡Yo no siento ningu…!" Emma le cerró la boca con un beso apasionado.
Regina ni siquiera quiso aparentar un forcejeo, en el momento que los labios de Emma tocaron los suyos se fundió contra ella, la rubia deslizó la mano derecha hacia la nuca de la mujer mientras que con el brazo izquierdo le rodeó la cintura para apretarla con fuerza contra sí. El deseo era más intenso que la vez anterior ya que ambas mujeres sentían como si sus emociones se hubieran fundido, todo lo que sentía una se repetía en la otra, era prácticamente insoportable.
Regina deslizó las manos hacia el frente del pantalón de Emma, le desabrochó los botones y con asombrosa facilidad le bajó el jean junto con la ropa interior hasta mitad de muslo, apoyó cada mano en los muslos y comenzó subirlas con suavidad dejando piel de gallina a su paso. Cuando llegó a las caderas, las deslizó hacia el culo de la mujer y le estrujó los cachetes y la apretó más contra su ingle haciendo que un gemido se escapara de los labios de Emma ante el intenso cosquilleo que invadió y mojó su sexo.
Emma imitó a Regina y, sin dejar de besarla, bajó las manos acariciando el cuerpo de la mujer hasta alcanzar el ruedo del vestido, insertó los pulgares dentro y desanduvo el camino llevándose la prenda con ella, se apartó lo justo para poder pasarle el vestido por la cabeza y Regina aprovechó el espacio para sacarle la polera y la remera que llevaba debajo, los labios volvieron a juntarse casi con desesperación voraz.
La Alcaldesa le desabrochó el corpiño y Emma lo revoleó a un costado observando atentamente como la mujer hacía lo propio con el suyo. La rubia se deshizo de la tanga de su compañera y terminó de sacarse el jean y la bombacha, enseguida volvió a apretarse contra ella, le puso la boca en el cuello y comenzó a besarlo y lamerlo. Regina suspiró con fuerza y con las manos en las caderas de Emma comenzó a llevarla lentamente hacia el sofá, cuando la rubia sintió el borde en las piernas se sentó llevándose a Regina con ella. La morocha se sentó a horcajadas de Emma apretándose contra ella, metió los dedos entre los cabellos rubios y le hizo levantar la cabeza para poder besarla en la boca.
Emma deslizó una mano por la cadera de Regina hasta llevarla a la parte baja de la espalda al tiempo que la otra se escurrió hacia la entrepierna. Cuando Regina sintió los dedos de la rubia sobre su clítoris soltó un fuerte gemido y llevó la cabeza de la mujer hacia sus pechos, sin dejar pasar ni un segundo Emma se prendió al pezón más cercano, arrancando un grito de su compañera. Entre la boca y la mano que estaban trabajando su cuerpo Regina se sentía abrumada por el deseo, pero hizo un esfuerzo para controlarse un poco y darle a Emma el mismo placer que ella estaba recibiendo.
Regina desenredó su mano derecha de los cabellos de Emma y la arrastró hacia la entrepierna de la mujer, Emma movió la cola hacia el borde del sofá para hacerle más lugar. Sin juguetear demasiado, Regina le abrió los labios y deslizó dos dedos hacia abajo hasta encontrar la cavidad que latía por ella, acarició la entrada un momento antes de deslizar los dedos hacia adentro con lentitud. "Regina." Suspiró la rubia y, sin esperar más, imitó a su pareja y la penetró con cuidado, ambas mujeres comenzaron a amarse, moviéndose al unísono, casi en perfecta sintonía sintiendo que el placer crecía hasta límites insospechados, haciendo que Regina soltara un quejido intenso y que Emma gimiera sin pudor cuando alcanzaron el orgasmo.
Las mujeres se quedaron con la frente apoyada en el hombro de la otra mientras se les normalizaba la respiración, cuando Regina retiró con suavidad los dedos que aún tenía dentro de Emma, ésta suspiró con pesar ante la pérdida, pero siguió sus pasos y apartó los suyos haciendo que Regina contenga la respiración.
Cuando la Reina se recuperó lo suficiente comenzó a despegarse de Emma, pero esta la retuvo para evitar que se escapara. "Emma…" Le advirtió Regina.
"Emma nada, Regina. No podés seguir queriendo evitar hablar del tema. Regina, yo…" La mujer la cortó antes de que la Sheriff pudiera finalizar la frase.
"No puedo, Emma. Necesito que me des tiempo para acomodar… para pensar con claridad. En este momento no soy capaz de darte ninguna respuesta sobre nada personal, necesito espacio. Yo…"
"¿Tiempo para que puedas levantar tus defensas y darme una patada en el culo? ¿Tiempo para que puedas volver a juntar enojo y me maldigas?"
"¿Qué querés de mí, Emma?" Gritó la mujer exasperada, deshaciéndose del agarre de la rubia y levantándose. "¿Tengo que recordarte que acabo de ser abandonada? Gracias a vos, no nos olvidemos." Espetó Regina con amargura, la mujer hizo un movimiento con la mano y apareció ropa sobre su cuerpo. "¿Qué pretendes de mí? ¿Querés que tenga las cosas claras? ¡Bueno, no las tengo! Todos creen que soy una bruja fría y sin corazón a la que no le importa nada, a la que todo le resbala. ¡Sorpresa, están equivocados! ¡Soy un ser humano como cualquiera al que acaban de traicionar!" Emma se levantó y levantó una mano para tomarla del brazo, pero Regina se apartó.
"Robin no te traicionó…"
"¡Vos me traicionaste! ¡Confiaba en vos, Emma!" Gritó Regina al borde de las lágrimas. No podía permitirse llorar delante de ella, tenía que aguantar un poco más. "Por favor, andáte. Necesito que me dejes sola… no puedo soportar que me presiones, de verdad que no."
Haciendo otro movimiento con la mano, vistió a Emma. "Andáte, por favor."
Emma quería discutir, quería negarse, pero ver a esa mujer siempre tan compuesta casi al borde de las lágrimas la hizo suspirar y plegarse a sus deseos, lanzándole una mirada mezcla de anhelo y tristeza dio media vuelta y salió de la oficina.
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Tras releer la misma hoja por media hora sin pasar del primer renglón, Regina decidió darse por vencida, era obvio que no iba a poder trabajar. Tiró la carpeta con furia sobre el escritorio y se recostó sobre el espaldar de la silla, pero cuando los ojos se le fueron hacia el sofá se levantó de un salto, tomó la cartera y su abrigo y salió hecha un huracán.
Como faltaban unas dos horas para que Henry saliera de la escuela, decidió ir a tomar algo de Granny's. Ni siquiera se molestó en ir en auto ya que el restaurante estaba a unas pocas cuadras y no le vendría nada mal caminar para tomar un poco de aire. Y dejar la mente vacía, eso era lo más importante.
Cuando la mujer entró al lugar fue recibida por el llanto estruendoso del bebé Charming, mientras una desesperada Snow White intentaba calmarlo sin conseguirlo. Esa imagen le recordó cómo fue que todos descubrieron que Neal tenía una conexión especial con la Reina.
Regina estaba sentada en uno de los reservados de Granny's esperando a que llegue Robin cuando se abrió la puerta del local y vio ingresar a Snow White con su pequeño Charming en brazos, la criatura gritaba como si la estuvieran matando y la madre estaba al borde de un ataque de nervios.
La Alcaldesa no puedo evitar sentir cierto placer por la situación de la morena, porque, más allá de que su relación con la Princesa estuviera en un buen lugar, no era fácil borrar así como así tantos años de odio.
Pero al ver que pasaba el tiempo y nadie lograba calmar a la criatura la mujer comenzó a alterarse, no soportaba que el bebé estuviera sufriendo. Lo que decidió la balanza a favor a ayudar a Snow fue el recuerdo de la situación casi similar en la que se encontró Regina cuando adoptó a Henry.
Suspirando, la mujer se levantó y se acercó al trío de mujeres que intentaban apaciguar al principito. Ruby y Granny levantaron la vista y le dejaron lugar, Snow le clavó una mirada llorosa mientras le comenzaba a temblar el labio inferior. "¿Me permites?" Inquirió Regina con suavidad, Snow asintió y la Reina alzó a la criatura.
La mujer apoyó a Neal sobre el hombro, le acarició la espalda y comenzó a susurrarle en el oído mientras lo paseaba por el restaurante, en cuestión de minutos la criatura dejó de llorar. Cuando Regina le devolvió el bebé a Snow se hallaba profundamente dormido.
"¿Me parece a mí o alguien está haciendo renegar a mamá?" Preguntó con suavidad acercándose a madre e hijo, el cambio fue instantáneo, cuando Neal escuchó la voz de Regina dejó de llorar y comenzó a agitar los brazos y piernas. En cuanto el bebé pudo ver a la Alcaldesa puso su mejor carita de ternero degollado, con lagrimitas chorreando de sus ojitos y un pucherito tembloroso decorando su labio inferior. La mujer no pudo evitar reír, miró a Snow quien revoleó los ojos y le entregó a su hijo.
Granny y Ruby observaban desde la barra, la abuela meneó la cabeza sonriendo. "Esa criatura va a ser la muerte de su madre, es evidente que adora a Regina."
Con una pícara sonrisa Ruby miró de reojo a su abuela. "Ese puesto lo tiene asegurado Emma, Granny. No hay nada que Jr. pueda hacer para sacarle el lugar a su hermana."
