A pies descalzos

Su madre la había encontrado allí, a pie descalzo sobre la fría loza del recibidor con la mirada pérdida, abrazándose a sí misma para soportar el frio que se colaba por la ventana abierta y azotaba su delicado cuerpo bajo la delgada tela del conjunto de dormir, con su lacio cabello celeste todo revuelto como con la almohada aun pegada a la cabeza, pero no le pareció raro, últimamente era común verla así. Perdida.

Lo que Bulma no podía notar, o tal vez si podría si no estuviese tan apurada por las mañanas antes de partir al trabajo, eran las leves ojeras de su hija por no dormir, la irregular forma en la que respiraba de agitación, los labios hinchados de tanto ser besados y mordidos, la manos y el cuerpo tibios de tanto tocar y recorrer otro cuerpo durante las noches.

Y ahí estaba con la tasa de café humeante entre las manos, preguntándole por milésima vez que le pasaba, y recibiendo una y mil veces la misa respuesta.

-Nada mamá.

Un suspiro contenido más de su hija menor y luego desaparecía escaleras arriba. Como pensativa.

Y es que nadie nunca la iba a entender, porque nadie sabía lo que le pasaba, nadie sabía quién se metía por la noches en su pieza y abriéndose paso entre la oscuridad se acomodaba sobre ella en la cama, y la besaba y la tocaba ansioso, deseoso de sentirla suya.

Y ella no era capaz de hacer nada para detenerlo, y tampoco quería hacerlo, por algo dejaba la ventana sin seguro todas las noches, por algo había pedido mudarse a la habitación más lejana de la corporación, por algo lo llamaba con los ojos cerrados cuando ya no daba más de tanto placer.

Porque si él la tocaba, la piel le ardía allí, donde desnuda hacía contacto con la suya, porque si él la besaba… la boca se le deshacía en llamas, porque cuando él se colaba dentro de ella, la realidad se desvanecía en calor. En rojo vivo, de pasión, de sangre, de prohibido, de tentación.

Y eso era lo que más le gustaba, que era prohibido, que ella era su mayor y único pecado. ¡Era la única capaz de aflorar ese tipo de sentimientos de una persona tan buena como él! Solo allí podía ver arder la llama incandescente de la minúscula pizca de maldad que él tenía dentro. Y eso… la volvía loca.

Y entre gemidos y gruñidos ahogados por los feroces besos, lo único que se oía era la eterna promesa de placer que existía entre los dos, y que si había que parar, pararían pero que nadie podría cercenarles jamas los recuerdos, que ningún callejón sería capaz de ocultar entre sus oscuros rincones lo que fueron. Lo que son cuando están juntos.

Y cuando el sol se animaba a asomar sus narices por sobre las colinas, ella le despertaba sacudiéndolo por el hombro.

-Está amaneciendo amor.

Él la miraba con los ojos entrecerrados por el sueño y la pena de tener que alejarse de su calor, de su olor a mujer amada. Y antes de marcharse a caer rendido sobre su propia cama en su propia casa, nuevamente le hacía el amor.

Un beso y ayudarle a vestirse era lo único que faltaban para partir.

Y ella se levantaba, con el bretel colgando suelto del hombro, a pies descalzos para sentir lo gélido del piso, porque cuando él se iba se sentía fría, aunque el cuerpo aun le ardiera en caricias recientemente hechas y recibidas.

Y por las mañanas temía que los descubrieran, porque si lo hacían, lo arrancarían de su lado, se lo arrebatarían de los brazos y se convertirían en el triste recuerdo de que lo no pudo ser pero debió serlo, solo les quedaría la triste mirada cabizbaja cuando se cruzasen bajo la permanente atención de todos. Por eso se apresuraba a tapaba su boca por las mañanas cuando el nombre de su amado se le escapaba de entre los labios en forma de susurro: Goten.


Lo sé más cortito de lo usual pero en fin... me parece justo :) espero poder actualizar luego! la universidad me tiene tapada en cosas! asique deseenme suerte para econtrar un momento y poder escribir! LES MANDO UN GRAN BESOTE, gracias por los comentarios que me llenan el corazón de amor... GRACIAS