Capitulo 9

De como existe el hilo rojo del destino.

El sol ya estaba en lo alto. El mundo giraba más rápido de la cuenta, y Mr de Beaumont notó que sus alumnos llegaron no solo empapados en la madrugada… sino que la lluvia no les había quitado para nada el olor a vino barato ni siquiera atenuado el dolor de cabeza.

-Imperdonable. A estas alturas me convertirán en su nana alcahueta.

-Vamos, niña. Levántate y bebe jugo de naranja.

-El dolor es insoportable. Ay ay ay… era esa comida, Charles. Te lo juro que la comida estaba pasada y me hizo esto.

-Si claro. Fingiré que dices la verdad y demandamos los daños causados al que te haya servido esa comida.

-No me crees ni un poquito, verdad?

- A ver, déjame adivinar. Fueron a algún único lugar abierto en Paris, con aspecto de mala muerte… y que les vendía los mejores vinos de toda Europa.

-Si. ¿Por qué me siento mal al responderte con la verdad?

-Pues porque los mejores vinos no te dan semejante resaca al día siguiente, porque una taberna de medio pelo de dónde sacaría fondos para costear en su cava los mejores vinos?, porque los mejores lugares sí cerraron para ir a la boda del Delfín… por favor, quieres que siga? Qué creyeron que estaban haciendo? Y si les pasaba algo? Por qué presiento que cierto joven pavo real quiso desplegar sus plumas para dejarte impresionada?

Oscar se bebía el jugo de forma tranquila.

-La próxima vez, enciérrense en la biblioteca a beber los vinos de la cava del General! Así al menos garantizan vuestra salud!

-o-

Todavia con algunos malestares, André y Oscar cabalgaron hasta llegar a los portones del Palacio de Versalles.

Una vez ahí, era nada más apearse y llegar al salón principal, donde se percibía el sonido sordo de los rumores y cuchicheos de algunas mujeres reunidas en pequeños grupos. Oscar tenía esa sonrisa de lado que indicaba algún tipo de suspicacia sobre ese recibimiento.

André en cambio, iba como absorbido en sus pensamientos. No prestaba atención en absoluto, ni siquiera, cuando fue interrumpido por una de aquellas damas, que desde un vestido vaporoso y un abanico lleno de plumas, lo interceptó con pequeños corazones en los ojos:

-Buenos días, Comandante Jarjayes. Siempre tan apuesto y valiente. Se dice que habéis sido el héroe del Rin al salvar a su Majestad, la Princesa Antonieta. Podríais decir a cuantos traidores habéis matado?

-Buenos días, Madame. Con permiso. -André realmente se sentía halagado y hubiera querido ser más galante con ellas, pero la resaca de la noche anterior hacia que los perfumes fuertes de esas damas, revuelvan su estómago más de lo que ya estaba.

-Os gustaría acompañarnos en esta velada? Sería un placer compartir unos momentos de charla con vos.

-Os agradezco la gentileza, sin embargo, como sabéis, debo atender la seguridad del Delfín y su esposa.

-Siempre tan serio, aún siendo tan joven. Si fuerais un poco mayor, no os dejaría en paz!

-Con permiso.

Oscar notó que el circulo alrededor de esta noble mujer de mediana edad, se volvía a cerrar con otras de sus similares características, y los cuchicheos nuevamente comenzaron.

-Uy! Héroe del Rin… ¿realmente mataste a alguno? -Dijo ella con sarcasmo.

De pronto, notaron unas carcajadas provenientes de un salón contiguo.

Era la famosa Madame Du Barry, la nueva favorita del "Bien Amado" Luis XV.

Hacía justo un año que fuera introducida a la Corte de Versalles, con lo que, desde ese momento, sentíase la reina sin titulo pero con corte. En el Palacio nada más era necesario ganarse su amistad para obtener un cargo o un privilegio económico. Claro, al no ser aprobada su relación por las hermanas del soberano, ella necesitaba rodearse de aduladores comprados con el sonido metálico de las monedas de oro.

-Su Alteza Real, el Príncipe Luis Augusto y su consorte, la Princesa María Antonieta! - Había anunciado uno de los ayudantes de Lady Noailles.

María había ingresado al lado de su marido, y la gente quedó obnubilada por su belleza y gracia. Todos voltearon a verla, incluyendo a la Condesa Du Barry, quien clavó sus pupilas en la sofisticación y elegancia de una niña de 14 años, aún en un vestido más sencillo que el que ella llevaba puesto.

André y Oscar hicieron una reverencia al ver pasar a la pareja. Antonieta se detuvo al verlos.andante Jarjayes, Oscar, qué placer teneros en este baile

-Princesa, me complace darme cuenta que os encontráis bien -Saludó André.

-Os gustó el regalo que os envíe por mi boda?

-Eh… uh… -André se llevó un dedo en la boca. No sabia qué decirle.

-Oh, Su Majestad ha sido muy generosa con vuestro obsequio- Oscar observó inmediatamente al notar que André no podía hablar.

Antonieta sonrió detrás de su abanico y se retiró a ocupar su lugar al lado de su esposo. Sabia que comenzaba a causar ese efecto de parálisis en los nobles de Versalles, pero André era quien le parecía más simpático y transparente. Para ella era un poco afín a su misma situación: todavia era un niño, vestido de uniforme militar, pretendiendo ser un militar por el rango que le habían otorgado.

Oscar era, al contrario de su amo, otro niño vestido como mayor, pero de mirada mas madura y suspicaz. Tenia gracia pero su habilidad manejando las situaciones en que André quedaba estancado, era lo que complementaba a sus ojos azules impetuosos.

Ni bien la princesa ocupó su lugar, el maestro de la orquesta guió a los músicos a interpretar un minué. Esto fue como poner hormigas en los zapatos de la princesa.

-Esposo mío, podemos bailar?

-Oh Princesa, yo, yo, prefiero no hacerlo, la verdad es que no sé bailar. Bailad Vos, no me molesta en absoluto. -Dijo Luis Augusto un poco meditabundo e intimidado ante la perspectiva de hacer el ridículo frente a la Gracia encarnada que tenia por esposa.

A ella se le ocurrió la magnifica idea de bailar con un par de chicos de su edad y fue de nuevo ante André y Oscar.

- André, quisierais bailar conmigo?

-Su Majestad… yo… sería un honor, pero es que… -Y ahí estaba de nuevo, esa maldita manía de quedarse tartamudeando. Oscar puso los ojos en blanco y pidió al Cielo que le beneficiara con más paciencia.

-Su Majestad -intervino Oscar – El Conde Jarjayes está un poco desconcentrado, debido a que está aquí para cuidar de la seguridad de la familia real.

Ni bien terminó de decir esa frase y se escucharon las carcajadas estruendosas del grupo de Madame Du Barry que provenían del salón contiguo y quienes se preparaban para ingresar al baile. La misma fijó sus ojos en la Princesa intimidándola y sin pudor alguno por su presencia real, continuó con las risas estridentes.

-Oscar, podéis decirme quien es esa mujer que me mira con tanta insistencia?

-Es Madame Du Barry. Creo que es una dama con quien Su Majestad debería relacionarse.

María Antonieta comenzó a notar el descaro de aquella mujer y lamentó que aunque reconoció lo bella que era, se comportaba como si fuera superior a una Princesa de Francia, como si fuera la misma reina. Finalmente, decidió retirarse y dejar plantados a todos los nobles que estaban disfrutando de la velada y esperaban una palabra cordial de parte de ella.

Esa era la reacción que estaban esperando las "Tantes", hijas del Rey y obviamente tias de su esposo. Las mismas acompañaron a sus aposentos a la joven princesa y ese fue el comienzo de uno de los episodios de chismes en los que se vio envuelta la delfina.

-Como habéis notado, Su Majestad, es una vergüenza que una mujer así permanezca en la Corte.

- De qué clase de mujer estais hablando, Tía?

-Es que nadie os ha puesto al corriente? Esa mujer es una de las tantas cortesanas del Rey. Ahora es una de sus favoritas. -Dijo una.

-Ah, al menos la Pompadour tenía cerebro -Dijo otra.

-El Rey tiene amantes?

-Es una vergüenza, pero sí. Públicamente las beneficia y las introduce en el Palacio para que hagan y deshagan la política y las buenas costumbres de la corte.

-¡Una favorita del Rey! -Dijo María Antonieta, deduciendo la situación. – A esta clase de mujeres mi madre las azotaba y enviaba a un convento a reformarse.

-No os preocupéis querida María Antonieta. Vos sois en este momento la dama de mas alta alcurnia en toda Francia. Por más que ella sea muy hermosa y tenga al Rey a su capricho y antojo en este momento, no podrá llegar más lejos debido a que pronto Vos seréis la reina de Francia.

-¡Ignoradla! ¡Ignoradla tanto como podáis!

Durante varios meses las rencillas entre las dos damas mas importantes de Versalles tuvo en vilo a toda la Corte, era un rumor que se propagaba en todo Paris, y que llegaba hasta Austria.

Hubieron de intervenir el Rey Luis XV, la Emperatriz María Teresa, el Primer Ministro austriaco, y el Conde de Mercy, diplomático enviado por la emperatriz para guiar en sus decisiones a la Princesa.

La belleza de María Antonieta iba progresando con los pocos años trascurridos desde que pisara el Palacio, sumando los modales y maneras que iba aprendiendo en forma diaria bajo la estricta supervisión de Lady Noailles y del mismo Mercy.

Sin embargo, nunca hubo forma que ese matrimonio se consumara. Luis encontraba cualquier excusa o pasatiempo con tal de no enfrentar su timidez y la inseguridad de su propio cuerpo en la intimidad, especialmente desde que le diagnosticaron una dolencia en su zona intima, que lejos de causarle placer, solo le causaba dolor.

Su esposa, una niña que aburrida, encontraba diversión en jugar con sus cuñados que tenían una edad similar y no les pesaban las obligaciones que lo agobiaban como heredero al trono francés.

Las intrigas y especulaciones sobre la supuesta reina virgen de Versalles comenzaban a generar aún mas rumores sobre el séquito que la rodeaba. Prefería compañía de mujeres jóvenes y caballeros galantes. No era raro que entre esas personas hubieran momentos que sobrepasaban las escenas de solo besos y caricias. Más de alguna pareja se retiraba a algún rincón de los jardines a hacer más concreto el juego de encontrar el tesoro o de atrapar al conejo. Para sorpresa de André y Oscar, la mismísima Princesa solía jugar ese tipo de "juegos" entre los arbustos.

-Como caballeros, nunca podremos contar estas cosas -Dijo Oscar a André una de esas veces que habian quedado sentados en la hierba al lado de un gran manzano mientras Antonieta alegre había levantado sus faldas y se había lanzado a correr como cualquier muchacha pueblerina detrás del siervo de uno de los Condes, que justo iba con el torso descubierto, cual fauno perdiéndose entre los bosquecillos del Palacio.

-Me siento mal. Mi Señor el Príncipe no merece que estos "jueguitos" prosperen, de parte de ella.

- Y crees que él no lo sabe?

André suspiró. -como no, si todo el reino ha comenzado a hablar de eso. Me pregunto si ella dimensionará lo que está haciendo.

-Por las "dimensiones" de aquel muchacho, creo que ella sabe donde se está metiendo.

- Y qué piensas de lo que ves? -Dijo André señalando hacia otro par que estaba comenzando el "procedimiento" a una distancia cercana a ellos.

-Que me parecen solamente ganado apareándose. No me apetece ni mirarlos. -Oscar tenía la cabeza vuelta hacia el lado contrario de donde provenían risitas y jadeos. - Si eres un caballero, no deberías hacerlo tú tampoco.

-¿Acaso estás celosa?

-No. Sólo me parece que está mal observar lo que ellos hacen.

-Pero, supongo que es hasta natural que en la juventus un hombre y una mujer hagan este tipo de juegos cuando se aman.

-Acaso ves amor ahí? Ves, hay que ser mas consecuente con los valores de uno mismo.

-Ahhhh. Es que tú eres toda una Oda a los Principios! -Dijo André en una carcajada para fastidiarla.

-Sí! Lo soy! Y tú también deberías ser más leal a los valores que te enseñaron en tu casa. Tu madre especialmente se llevaría una decepción si te escuchara. Y yo también.

Las posibles ideas y frases que quedaron atragantadas en la boca de André, se esfumaron de golpe con semejantes declaraciones de Oscar.

-o-

A pedido de la Princesa, muchas veces André y Oscar tenían que extender sus turnos para complacerla; y finalmente, solían acompañarla hasta el ocaso, cuándo en una oportunidad en que todos estaban esforzándose en encontrar aquellos "tesoros entre los arbustos" , los tres charlaban de sus expectativas como jóvenes, criticaban a la Corte y ponían al corriente a María Antonieta sobre la historia y tradiciones francesas. Era ya una costumbre sentarse a la sombra de los arbustos para sentirse mas cómodos.

Después de ponerse de acuerdo y con el consentimiento del General, decidieron contar la verdad a la princesa sobre la verdadera naturaleza de Oscar. Ella ya no soportaba sostener la mirada de Antonieta. En alguna parte de su corazón, la delfina intuía la verdad y eso la atormentaba sobremanera, a pesar de tener sus momentos de diversión, también dedicaba tiempo a reflexionar y conversar de temas mas importantes con Oscar.

-Su Alteza, quisiera haceros una confesión y espero sepáis perdonar mi atraso para haceros saber recién ahora.

-Me intrigáis Oscar. André,¿ de qué se trata? -Los ojos de la princesa se detuvieron en un gesto de diversión y curiosidad.

-Sé que han pasado varios años desde que nos conocimos en aquella misión cuando cruzasteis el Rin, sin embargo, no quiero traicionar vuestra confianza y amabilidad al comportaros de manera tan cercana con el Comandante André y conmigo., y he decidido haceros saber un secreto que en Versalles sólo el Rey y el General Bouille conocen.

-Es algo que me debe preocupar? Lo decís con tanto misterio, Oscar.

-Principalmente, os pido que comprendáis que todos nos vimos obligados a mantener este secreto en estricta atención a vuestra seguridad. -Intervino André, obsequiando a Antonieta una lila que estiró de un arbusto.

Oscar fue sorprendida por la repentina locuacidad de su amigo. Por un momento perdió su concentración mirando la determinación con que mencionaba esas palabras… mientras observaba como las delicadas manos tomaban el pequeño obsequio.

-La verdad, es que nací mujer, Su Majestad.

Antonieta abrió sorprendida los ojos, sin embargo miró con ternura a Oscar que mantenía las pestañas bajas.

-Mujer? Y por qué te llamas como hombre y por qué vistes como tal?

-Es una larga historia. No tengo intenciones oscuras que no correspondan a mi propio genero. No soy ninguna pervertida.

-Debes sentirte mucho más cómoda que yo usando esos pantalones, mientras a mi me toca usar siete capas de ropas más un armatoste como miriñaque – dijo María Antonieta dando una pequeña risita.

Oscar sonrió ante esa comparación. -Entonces no estáis molesta Majestad?

-Un poco. Porque perdí a un lindo joven para mirar… (me conformaré con mirar a André) -Dijo tapándose la boca con un abanico – Pero en cambio, sé que estoy ganando una amiga!

-Mi amistad ya la tenéis desde hace años.

-Si, pero ahora puedo preguntarte cosas de "chicas" que sólo ocurren a las "Chicas". Tú me entiendes!

Desde ese momento, Oscar a pesar de su origen, mientras André asistiera a reuniones relacionadas a la Guardia Real o tenga que atender las salidas de caza del Príncipe, o bien, tenga que velar por la seguridad del mismo cuando a altas horas de la noche, Luis estuviera inmerso en su pasatiempo favorito: la cerrajeria.

Al principio, Oscar se sintió muy honrada, y la familia Jarjayes ni se hable. El único que sentía que no estaba bien algo era Charles.

Sin embargo, pasados algunos meses, la cuestión comenzó a ser tediosa para la pobre, que se levantaba con el alba para acompañar a André y su día pocas veces acababa rozando la media noche, llegando a tener que dormir entre tres a cuatro horas como máximo. Con suerte en su propia cama, ya que muchas veces no le quedaba otra que dormir recostada en un sofá o en el hombro de André cuando ocasionalmente la princesa solicitaba que él también acompañara al séquito del que formaba parte.

Una siesta, ambos estaban reposando hombro con hombro en un sillón aprovechando que Girodelle tomaba la guardia. De pronto, las puerta del salón se abrió e ingresó María Antonieta corriendo apenas en una camisa de dormir y unas enaguas, y se trató de esconder detrás de otro sillón.

-Su Alteza! -Dijeron al unísono Oscar y André incorporándose de inmediato.

-Shhhh… no quiero que me encuentre el Duque de Lauzun. Sentaos!

Oscar y André se miraron sin entender, menos al verla agachada tras la chaise long.

-Sentaos por favor! -Dijo en un susurro y al ver que la obedecieron, un rayo de curiosidad se le atravesó en su real mente. – Ya que sois amigos desde tierna infancia… y siempre estais juntos… me pregunto si tú, André has buscado el tesoro de Oscar tras esas ropas masculinas?

-No! -Interpeló Oscar enfurecida.

-Deberían participar en estos juegos, al menos por diversión, si eres mujer y tu un varón.

Oscar estaba ruborizada en extremo. Los puños cerrados y los labios apretados. A André también se le subieron los colores al rostro, pero por ver a Oscar con la palabra VIRTUD tatuada en la frente. Sabía cómo estaban molestándole esas palabras de la princesa y quería reír de toda la situación.

-Encontré a mi conejita! -Dijo el Duque de Lauzun al ingresar a la habitación.

-Duque! Debeis atrapar a esta conejita! -Gritó Maria Antonieta mientras esquivaba al Duque y salia corriendo de la habitación.

Lauzun al ver a los dos jóvenes en reverencia ante la Princesa que huía, mientras él se disponía a seguirla, les dijo al paso:

-Vosotros siempre tan estrictos y formales. Deberíais jugar un poco. Ya sabéis que en este palacio siempre se aceptó el amor entre sodomitas. Seria divertido veros consumarlo.

Algo explotó en el cerebro de Oscar. Se sentó frustrada y llevó las manos a la cara.

Para André aquello fue divertido, pero entendía los sentimientos de su amiga y se solidarizó con ella.

-Ven, vamos a caminar un poco. -Le extendió su mano - Este ambiente a mí también me asfixia.

-o-

Antonieta fiel a sus caprichos quería tenerlos siempre a su lado. Especialmente a la rareza de Oscar. Se divertía mirando cuando Oscar fingía discutir como hombre frente a otras personas, o cuando se le escapaba algún adjetivo femenino referente a su persona y lo corregía inmediatamente sin que los demás lo notaran… y obviamente haciéndole bromas sobre su notoria virginidad. Oscar sentía que estaba llegando al limite de su paciencia.

-Nos está matando. No podemos sostener este ritmo de vida. Cada vez me siento más cansado.

-Tengo dolores de cabeza constantemente. Necesito dormir, André.

- Con estar en mi cama ya me doy por satisfecho.

-Te das cuenta que es solo por hacer número frente a Du Barry? Que nos usa para competir? No quiero estar en medio de estas dos damas y estoy harta que sea blanco constantes de sus burlas.

André sólo suspiró. – No sé cómo cambiar esta situación ahora mismo. - André comenzó a jugar con el borde de una colcha de color rojo que adornaba el sillón donde estaban sentados.

-Mañana tienes libre, verdad? -Oscar también tomó la colcha y también comenzó a deshilarla.

-Si, se supone.

- Quiero quedarme en la Mansión contigo, quiero cabalgar como antes, quiero dormir y comer comida de mi abuela. Espero que la princesa no pida que le haga compañía. Hace tiempo que me siento un florero a su lado. Solo escucha a quienes les hagan comentarios sobre sus vestidos y peinados, o sobre temas subidos de tono que realmente me fastidian– Iba realizando gestos con las manos para dar énfasis a sus palabras, hasta que en un momento los hilos de la colcha roja se enredaron entre sus dedos.

-Ella es una buena persona, está aburrida y sola, y se divierte a su manera. Creo que eres muy intransigente, Oscar.

-Me atoré – dijo ella finalmente extendiéndole ambas manos enredadas en tanto hilo rojo.

André con paciencia miró esas manos y sonrió. -Te ayudo- e introdujo sus dedos para deshacer el enredo… sin embargo la sonrisa también se le borró cuándo terminó con sus dedos igual de atados al hilo rojo como los de Oscar.

-¡Esto es frustrante! -Dijo Oscar vencida.

André miró hacia lq puerta y gritó -Guardia!, venid! -Solo el silencio le respondió. -Muy bien, se los necesita y ellos desaparecen!

Oscar intentaba zafar sin suerte.- No digo que ella sea una mala persona, lo hace todo sin malicia… y tal vez soy la que se está cansando de todo esto. -Dijo para volver al tema principal.

André fiel a su carácter, aprovechó el momento para descontracturar la situación y comenzó a inclinarse sobre ella. Sabía que iba a recibir alguna reprimenda, pero tenerla tan cerca y a su merced, hizo que despertara en él, a ese duende bromista que llevaba dentro.

-¿Sabes que te ves mas hermosa cuando frunces el ceño?

Oscar se ruborizó inmediatamente y comenzó a retroceder sobre su espalda.

-No me salgas con tus bromas. Este maldito hilo está acabando con mi paciencia.

-Oscar, hemos postergado esta conversación hace más de cuatro años. Te has ingeniado todo este tiempo para evitar este momento, con tanta cháchara sobre la virtud e ingenio.

-Y esta no será la excepción. ¡Guardia! -Gritó a ver si la escuchaba el que se suponía debía estar en el pasillo. -Deberás amonestarlo. ¿Cómo se les ocurre dejar desierto el pasillo?

-¿Recuerdas nuestra promesa de hace tiempo ?

-¿En serio quieres hablar de eso en este el momento?

André acercó más el rostro. Oscar tensó todo su cuerpo mientras el acariciaba la mejilla de ella aun con la mano enredada.

-Mañana que estemos libres, quiero retomar aquello.

-Me estás acosando. ¡Basta!

Oscar perdió el equilibrio y cayó de lleno en el sillón. André acompañó la caída quedando justo sobre ella.

-¿Te parece que te acoso?

-Si. Quítate. Me siento acosada. ¡Basta! Deja de jugar.

André sin hacer caso de la orden de Oscar, avanzó y sin más, le plantó un beso en la frente, y quedó en esa posición los segundos exactos para que Oscar aspire el aroma de su cuello, que le pareció embriagador. Sólo se oyó un suspiro de parte de ella.

-En realidad, aprovechando que mañana no habrá mucha gente en la Mansión, pensaba invitarte a la cava… -dijo él incorporándose y estirando a Oscar para que hiciera lo mismo a pesar de tener las manos seriamente atadas y enredadas por ese hilo rojo, cuando oyó en el pasillo unos pasos bien conocidos por él. Ese par de botas rechinando de lustrosas no podían ser confundidas en todo Versalles. André gritó:

-¡Girodelle! Necesitamos ayuda!

Fin del capitulo 9.

Agradezco a quienes me dejan sus comentarios en los reviews y a Dayana que colaboró con algunas ideas.

Dejo en claro que admiro mucho a Maria Antonieta con sus luces y sombras, sin embargo he acudido a hacerla más "divertida" en este fic para dar énfasis a la historia ya de por sí descabellada entre Oscar y André.

Quiero aclarar también sobre Charles, ya que no lo hice en los demás capítulos, Charles-Geneviève-Louis-Auguste-André-Thimothée d'Éon de Beaumont, también conocido como Chevalier d'Éon o Mademoiselle de Beaumont indistintamente, fue un personaje histórico y protagonista del anime que lleva su nombre. Se destacó como espia de Luis XV en la red de inteligencia llamada "Le Secret du Roi". Sin embargo habian otros misterios relacionados a su personalidad, que haré uso en esta historia.

Gracias y hasta el próximo capitulo.