Había sido un largo rato de silencio en el que todos, sin saberlo, pensaban más o menos lo mismo. Fue Alfred el primero en volver a la realidad.

-Bueno… ¿qué hacemos ahora? ¿Llamamos a la policía?

-¡Oh sí, claro! –espetó Arthur. –Llamémoslos y hagamos que lleguen aquí con su montón de patrullas a cerrar el manicomio. Será una locura.

-Hay un asesino allá abajo, Arthur, ¿de veras piensas dejarlo ir?

-No irá a ningún lado. –musitó a sus espaldas Iván, que aún sujetaba a María como si la vida se le fuera en ello. Los otros dos le miraron con una mezcla de confianza y de horror.

-Bien… bien… yo creo que lo primero… -había vuelto a decir Arthur hasta que el chillido de terror de Feliciano los distrajo.

-¡Hay… hay sangre por todo el piso!

En tropel, los cuatro salieron de la celda y vieron que el muchachito decía la verdad. Un camino sanguinolento corría desde la entrada hasta las escaleras, apenas perceptible pero visible. Feliciano temblaba con un dejo de asco mientras intentaba limpiarse la sangre de la mano en sus ropas.

-Debe ser por lo que hizo Iván. –confirmó Arthur. Sus ojos siguieron silenciosos la sangre hasta donde concluía el pasillo y luego, con más firmeza, preguntó: -¿Piensan quedarse aquí o van a acompañarme?

-¿Acompañarte a dónde? –inquirió Alfred, aunque ya conocía la respuesta de antemano.

-Abajo. Hay que encontrarlo antes de que haga… alguna otra cosa.

-No creo que sea buena idea.

-¿Y llamar a la policía lo es?

-¡Es mejor que nada, no sabemos si está armado o no!

-¿Y eso qué importa? ¡Si no nos apresuramos vamos a…!

-Fratello… -musitó Feliciano, ajeno a la discusión de los dos doctores. Sin prestarles atención, echó a andar tan tranquilo como si nada escaleras abajo.

-¡Feliciano! –le llamó María, soltándose de Iván y corriendo tras él. Iván, rápidamente, la siguió.

-¡… todo lo que dices piensas que es correcto!

-¡Sólo trato de ayudar, bloody…!

-¡Oigan, ustedes dos!... –pero ya era muy tarde, la figura alta de Iván se había perdido escaleras abajo. -¡Perfecto, se escaparon!

-¡No vayas a echarme la culpa a mí! –protestó Arthur antes de salir corriendo tras los fugitivos. Alfred le seguía; pasaron rápidamente las escaleras de los dos pisos siguientes, mirando de soslayo la línea sangrante que descendía con ellos, de manera irregular, hasta el último tramo. Parecía que la sombra tenía dificultades para andar porque la línea se mostraba en ocasiones demasiado gruesa, como si hubiera detenido su marcha en algún momento, o zigzagueaba sin ton ni son, como si tambaleara. Pero cuando llegaron a la recepción las tres figuras habían entrado rápidamente por la puerta de la sala y los pensamientos respecto a lo que se ocultaba en el sótano se esfumó de la mente de los dos doctores, que entraron tras ellos.

-Maldita sea, tomaré unas vacaciones cuando terminemos aquí…

-¡Arthur…!

-¿Qué?

Feliciano estaba encaramado en el mismo sitio donde Alfred lo encontrara días atrás, sonriendo esperanzado; a su lado, algo apartados, se encontraban Iván y María, ésta última sonriendo y murmurando algo que ni Arthur ni Alfred alcanzaban a escuchar, pero fuera lo que fuera, el muchachito contestó con gran entusiasmo.

-Sí, quisiera abrirla para dejarlo entrar.

-¿Iván puede ayudar? –preguntó María, volviéndose al aludido que sonrió complacido y, cruzando a dos zancadas delante de ellos, se puso frente a la ventana y levantó su grifo.

-¿Pero qué piensan hacer? –gritó Arthur. -¡Alto, alto!

Demasiado tarde llegó su advertencia, porque Iván estrelló con todas sus fuerzas la improvisada arma y el vidrio salió volando en pequeños fragmentos. Feliciano sin resistirse más se apoyó en la ventana y llamó a voces animadamente:

-¡Fratello… fratello!

-Me da algo de lástima. –susurró Alfred mientras Arthur enrojecía.

-¡A mí me daría más lástima si no hubieran roto el maldito vidrio!

-¡Ve~ fratello…! –seguía llamando, agitando una mano como si enviara señales a alguien desde la oscuridad. Alfred estaba algo conmocionado, sentía pena de ver la felicidad que embargaba al jovencito a sabiendas de que sólo eran alucinaciones suyas, y de que realmente, del otro lado, nadie lo esperaba, a excepción de un recuerdo.

O eso parecía hasta que vieron un fardo de tamaño irregular apeándose de la ventana y gruñendo en voz baja algo incomprensible. Entonces, lo increíble sucedió: Feliciano abrió los ojos, un par de espléndidos y dulces ojos color miel iluminados por la luz del exterior, y luego de eso se abalanzó sobre el fardo hablando rápidamente en italiano antes de que una voz desconocida y malhumorada dijera:

-¡B… Basta… hermano idiota… quítate, maldición!

-¡Ve~ Lovino, viniste!

-¡Te tardaste mucho, ya pensaba irme! –siguió diciendo la figura mientras se ponía dificultosamente de pie. La impresión de todos fue palpable; aquél era un muchacho bastante parecido a Feliciano, casi tanto que parecían mellizos a excepción del color de sus ojos y cabello, mucho más oscuros que el del jovencito, y que vestía ropas algo andrajosas. Alfred palideció pero Arthur, a su lado, se puso de un feo color verde y empezó a gimotear:

-A… Alfred… por favor, dime que tú lo ves también…

-Sí… lo veo… ¡lo veo!

Feliciano, sonriente como siempre, se volvió a los reunidos sujetando al desconocido de un hombro y anunció:

-Este es mi hermano Lovino.

María e Iván parecieron tomarse la noticia con calma; Arthur y Alfred, en cambio, seguían helados viendo a la figura alta y esbelta al lado de Feliciano, como si todavía pensaran que se trataba de una alucinación.

-Imposible… ¡tu hermano murió! –espetó Arthur mirando con ojos febriles al jovencito.

-Sí, eso pensaron todos. Pero como les expliqué… -comenzó Feliciano antes de que un nuevo zumbido, seguido de la conocida oscuridad los cubriera por completo. Fue un poco desconcertante oír dos chillidos de horror en lugar del chillido solitario habitual.

-Sigue abajo… quiere decir que se ha cansado y no puede escapar. –murmuró Alfred. –Arthur…

-Ya te dije que no pienso llamar a la policía.

-Pero esto es grave.

-Lo grave será cuando vengan y resulte que tenemos muertos vivientes, locas temporales y un chiflado suelto que…

-¿María? –dijo de pronto la voz de Iván. Acababa de perder su preciosa carga que hasta ese momento había permanecido de pie a su lado. -¡María!

Una sombra cruzó delante de ellos, abriendo y cerrando la puerta de golpe. No fue necesario averiguar quién era.

-¡María, vuelve aquí! –ordenaron a la vez los dos doctores.

-Bueno… sabíamos que eso no iba a resultar, ¿verdad? –agregó Alfred.

-¡Idiota! ¡Ha ido directo a la trampa!

-No… vamos a dejarla ahí, ¿o sí?

-Niet… -escucharon un chasquido, Iván acababa de golpear el suelo con su grifo. –Buscaré a María… y si la sombra mala vuelve a querer hacerle daño…

-¿Y sabes andar allá abajo, en la oscuridad? –le replicó Arthur de mal talante. -¡Espera! Feliciano, sería mejor que nos conduzcas…

-¡Pero nunca he estado en el sótano! –sollozó. -¡No puedo ver un lugar en donde no he estado antes!

-Tendrás que hacerlo.

-¡Pero tengo mucho miedo!

Alfred, harto de sus pleitos, echó a correr a la puerta y salió, haciendo caso omiso del grito de advertencia de Arthur. Se precipitó a tientas por el pasillo, buscando la puerta que conducía al sótano y penetró en su interior, haciendo de tripas corazón y con las rodillas temblándole. Ya era malo enfrentarse a algo peligroso sin ayuda, pero algo que ni siquiera podía ver y que (por lo visto) conocía mejor el terreno lo aterrorizaba. Pero no, no podía dejarse dominar por el pánico, no ahora que estaba tan cerca.

El sótano se componía de una especie de laberinto de tubos que cubrían el techo, pero también en la estructura de sus pasillos lo era. Doblar cada esquina introducía al caminante a un lugar desconocido y hasta peligroso, porque al convivir juntos los conductores de agua y energía eléctrica se corría un riesgo de chocar contra alguno de los tubos dañados. Ése era otro secreto a voces en el hospital: entre más al centro del sótano fuera uno, más cerca estaba de los tubos de mayor antigüedad, cuyo abandono los volvió parcialmente peligrosos para cualquiera que se acercara. Un solo error bastaba para provocar un accidente, tal y como el del tubo de gas en el cuarto piso.

Dispuesto a no pensar eso, Alfred avanzó, tropezando, chocando contra todo, oyendo un molesto estertor que era la energía en reposo dentro de los depósitos, pero ahora le parecía el lento respirar de una bestia adormilada que esperaba, paciente, a que cayera en su trampa. Dos veces dio vuelta y se dio en la cara con un muro sólido, ése era el problema de avanzar casi a ciegas. Con algo de suerte, María habría chocado del mismo modo, haciendo que su marcha se frenara.

Dobló por otro pasillo que olía a humedad y a encierro. Estaba cada vez más cerca del centro del sótano y ni siquiera estaba seguro de que María estuviera ahí… aunque de la sombra, había posibilidades de que también estuviera cerca, más de lo que quería.

-No pienses en ello. –se dijo en voz alta antes de continuar, frenando de repente su marcha y volviéndose hacia atrás. -¡¿Quién anda ahí?!

Acababa de oír una especie de correteo justo tras él. Eran pasos humanos, eso era seguro, porque eran demasiado pesados para pertenecer a alguna rata extraviada; por varios segundos permaneció en su sitio, apenas osando respirar y buscando con sus cuatro sentidos alguna presencia extraña. Ésta, sin embargo, nunca llegó. Continuó con su camino, cada vez más apresurado, importándole poco los roces y los golpes que se daba, buscando.

Y entonces, oyó el correteo de nuevo, junto a él.

-¡¿Quién eres?! –exclamó a la nada. Le incomodaba el intruso, quería que se largara… quería salirse de ése infierno lo más pronto posible. Aumentó su marcha, casi corría, resbalaba, se golpeaba, escuchaba el correteo como si el desconocido anduviera junto a él. Dobló en una esquina y el olor a algo podrido le inundó las narices, y entonces…

-¡AY!

-¡¿Qué?!

Un fardo pequeño y tembloroso cayó junto a él.

-¿D… doctor Jones?

-¿María? –palpó en la oscuridad y se encontró con los brazos de la joven, que se puso de pie y se estrechó contra él. Parecía estar a salvo. –María, vámonos, no hay que quedarnos aquí…

-Usted también lo escuchó, ¿verdad?

-¿Escuchar qué?

-Ésos pasos… Yo los seguí porque estaban muy cerca pero nunca logré encontrar nada. Ésos pasos… y ése llanto…

Alfred tragó saliva con dificultad.

-María… mejor vámonos, nos están esperando arriba, déjalo de una buena vez.

Tomándose de las manos, los dos echaron a andar buscando cómo salir del oscuro nido putrefacto. En ése momento, algo sucedió. Alfred se vio impulsado hacia adelante, dándose de lleno contra un tubo mal forrado de yeso, y mientras tanto un chillido a sus espaldas le indicó que a la joven le había pasado algo.

-¡María!

-¡NO! ¡SUÉLTAME!

Hubo un callado forcejeo y luego, sólo un prolongado y pesado respirar. Alfred trataba en vano de enfocar la mirada, estaba harto de la maldita penumbra.

-¡¿Quién eres?! –gruñó, fingiendo más valor del que sentía. –Más te vale que te muestres o si no…

Hubo un amago de risa, pero no estaba seguro porque aquél sonido tan débil no podía ser una risa de verdad. María gemía pero tampoco se escuchaba muy claro, era como si los sonidos le llegaran de una muy buena distancia.

En ese momento, hubo un zumbido, y las luces más alejadas aparecieron. Por fin Alfred logró ver el lugar en el que estaba, y poco le faltó para vomitar; una especie de nido se extendía de punta a punta en un estrecho espacio de unos cuatro metros cuadrados, todo formado con los restos retorcidos de tubos que corrían sobre su cabeza; agua estancada goteaba y dañaba el yeso, y en el suelo, a su alrededor, había pedazos podridos de comida, almacenados ahí por quién sabe cuánto tiempo.

-¡María! –susurró entonces al ver no muy lejos de él a la joven. Por fin entendió porqué no se movía; algo la tenía sujeta de los brazos y del cuello con tanta fuerza que temía que fuera a rompérselos, pero en cuanto al captor seguía sin poder verlo. Permanecía oculto en la parte del nido donde no caía ninguna luz.

-¡¿Quién eres?! –preguntó de nuevo, cada vez más desesperado. La extraña risita volvió a sonar y luego una voz increíblemente dulce respondió:

-No me extraña que no lo sepas. Nadie, en todos estos años, se ha acordado de mí…

El extraño inclinó su rostro hacia adelante. Era lo más bizarro que Alfred hubiese podido imaginar. Se trataba, a todas luces, de un joven, quizá apenas un par de años menor que él mismo, de cabello revuelto, sucio y rubio, con unos ojos grandes y hundidos del mismo color violáceo que los de Iván, sólo que, en comparación, éstos últimos reflejaban más humanidad. Las cuencas del jovencito parecían estar carentes de toda luz y sombra. Vestía con ropas ajadas y sucias, pero que a todas luces eran de alguien de mayor estatura porque colgaban sin remedio por todas partes, y cuando Alfred se detuvo en una de las costuras de la camisa se dio cuenta que era el uniforme de un enfermero, bordado con las siglas G.B en el pecho.

-Tú… así que tú eres el que provocó todo esto.

El muchacho asintió, aparentemente muy orgulloso de sí mismo.

-Me imagino –continuó. –que ahora querrás saber porqué. Los doctores siempre preguntan el porqué de todo en lugar de averiguarlo por sí mismos. Son un poco tontos, ¿verdad? Igual de tontos que los que me trajeron aquí porque pensaban que tenía autismo. No era autismo, sólo no me era fácil hablar con los demás. A mí… nunca me ha gustado estar entre la gente, ellos son tan extraños y tan diferentes de mí que los aborrezco, así que nunca hablaba frente a los demás, nunca me dignaba a mirarlos… pero eso cambia con el tiempo y cuando empiezas a sentirte solo lamentas haber sido malo con los demás. Y eso pasó conmigo.

María hizo un intento por moverse, pero el muchacho la retuvo apretando la llave que le hacía en el cuello.

-¿Cómo… cómo te llamas? –preguntó Alfred en un intento por distraerlo.

-Matthew. Matthew Williams.

-No recuerdo haber visto tu nombre en los archivos.

-Eso es porque no existe. Mis padres vinieron a traerme aquí para que me examinaran pero… -hubo un amago de risita en sus labios. –se les olvidó sacarme. Como yo no tenía nada no podía ser un paciente, y entonces no me abrieron ningún archivo pero yo seguía aquí, solo, sobreviviendo de milagro. Como nadie parecía notarme me escondí en una de las habitaciones de los niños, y les robaba la comida para no morirme de hambre. Me daba risa ver cómo las enfermeras los regañaban porque pensaban que tiraban la comida… Y luego, me acostumbré a rondar por ahí, mi habitación nunca la cerraban y yo podía vagar tranquilo, en la noche… así di con este lugar. –sus ojos abarcaron el nido de tubos y sonrió. –Yo jugaba aquí. Solo. Aprendí a trepar los tubos y a moverme muy rápido entre éstos. Y luego… luego pasó el accidente.

Alfred no osaba ni parpadear, tan absorto estaba en el morboso relato del muchacho.

-¿Sacaron a todos? No. Se olvidaron de mí otra vez. ¡Otra vez! Vi cómo el enfermero les decía que no había peligro, que todos estaban a salvo… y yo estaba tras él, vadeando solo los escombros que llovían a mi alrededor… ¿Todos? No. Faltaba yo. Y para que no se le olvidara me subí a él y lo llevé arrastrando adentro.

Alfred recordó de pronto lo del supuesto homicidio de Iván. Dijeron que él había empujado a Gilbert al interior casi calcinado del cuarto piso… ahora, comprendía el error en esa historia.

-Y entonces me miró y me preguntó "¿quién eres?" y le contesté. Y para que no lo olvidara lo maté. Lo asfixié con una de las almohadas que quedaban. Luego me di cuenta que perdí mucho tiempo y que ahora estaba encerrado, porque aunque todo se cayó quedaron huecos, huecos como los que hacen los tubos aquí. Por eso logré escapar.

-Sí… -jadeó el doctor con la boca seca. –Pero… aún así… ¿cómo saliste?

-Fue fácil, porque cuando clausuraron la pared dejaron un hueco por el que atravesaba el tubo de gas que se rompió. Me costó trabajo removerlo pero lo hice, y entonces tuve una puerta de entrada y salida para seguir viviendo.

-¿Porqué no saliste y pediste ayuda?

-¡Porque no soporto a nadie de los que están aquí! –por vez primera Matthew había abandonado su voz dulzona. –Comencé a conocerlos a todos y a saber cómo eran, algunos me gustaban, otros no… Francis me gustaba. –añadió, y un tenue rubor apareció en sus marchitas mejillas. –Era tan atento y cariñoso con todos… y yo quería que lo fuera conmigo, seguro no me lo negaría. Pero no sabía cómo acercarme hasta el día en que al niño ciego se le cayó su horquilla… ¿cómo se llama… Feliciano? Bien, la tomé y supe que podía abrir todas las puertas que quería… pero se me ocurrió abrir una.

-La de Braginski.

-Sí. Y también la de ella porque… bueno… aún no la conocía mucho y tenía curiosidad. –agregó agitando un poco a María. –Ninguno de los dos me vio, eso me puso muy triste… hasta que vi a ese hombre alto que se llamaba igual que el enfermero idiota que por poco me mata. Entonces supe qué era lo que tenía que hacer.

Alfred ya conocía ésa parte de la historia, o por lo menos podía visualizar con claridad la escena.

-Lo hiciste… para que los inculparan…

-No lo planeaba, pero funcionó. –repuso Matthew asintiendo lentamente. –Aquél hombre me vio y me preguntó… "¿Quién eres?"… Quién soy… le enseñé cómo no olvidar quién era también. Luego no quise salir hasta que recordé que aún tenía la horquilla. Podía abrir la puerta que yo quisiera… y recordé a Francis. Decidí que lo visitaría, él era bueno y cariñoso, seguramente me aceptaría… pero luego me percaté que se había escapado para verse con ésta. –añadió molesto, zarandeando a María que apenas y prorrumpió en un quejido de dolor. –Entonces dejó de gustarme. ¿Porqué iría a buscarla a ella? ¡¿Porqué tenía que hacerlo?!

-Y lo mataste e hiciste que todos pensáramos que fue María. –la compasión de Alfred estaba llegando a su límite. No podía creer que aquél frágil jovencito hubiera matado a sangre fría a tanta gente, y que se limitara a estar ahí gimoteando como si fuera un maldito berrinche. -¿Porqué lo hiciste? ¡Ninguna de ésas personas te había hecho daño!

-¡Era para que se acordaran de mí! ¡Ahora todos van a acordarse de mí, lo quieran o no!

Se escuchó un correteo y casi al punto, una voz exclamó a lo lejos:

-¡Alfred! ¡Alfred! ¿Estás aquí?

-¡Arthur…!

Aparecieron Arthur, seguido por Iván que al ver a Matthew cambió su expresión por una más siniestra, más horripilante que ninguna cara que Alfred hubiera visto nunca. No había asomo de sonrisa en sus labios, sólo un rictus de odio que endurecía sus rasgos y lo hacía más aterrador que nunca.

-Apártense. –musitó Matthew mientras los dos doctores le miraban. –Apártense o le rompo el cuello a la maldita ésta.

-No lo hagas… tú… como te llames… -Arthur alargó una mano, haciendo ademán de querer sujetar a María, pero Matthew tiró de ella apretando más su brazo y haciéndola gemir y retorcerse, intentando en vano liberarse. –No hay que llegar a estos extremos… nosotros vamos a ayudarte y… todo lo que quieras.

-Es mentira. Ustedes no van a ayudarme, ustedes quieren que me vaya de aquí.

-La sombra tiene una pierna herida, ¿Da? –preguntó Iván con su voz dulzona. Hasta ese momento todos se fijaron que de hecho, la pierna derecha de Matthew sobresalía a contraluz en un ángulo extraño. El golpe de Iván seguro había acertado ahí. -¿Quieres que golpee la otra para que quede igual?

-Iván no lo hagas. –ordenó Arthur, estirando una mano hacia él. –Tú, muchachito, deja a la niña en paz, nosotros nos encargaremos de esto.

-No. –replicó, sonriendo tranquilo. –No lo harán. Dejaré que la vean cómo sufre para que siempre recuerden quién soy yo…

Fue un choque repentino. Hubo gritos, jadeos, quejidos de dolor, sonidos metálicos. Todos a una se habían arrojado sobre Matthew y el forcejeo no permitía saber quién era quién. Hubo un golpe sordo y cóncavo y una de las tuberías más viejas se quebró, brotando de ella un chorro de agua que anegó el suelo del nido, luego, otro chillido.

-¡Aaaagh! ¡Imbécil! –Arthur cayó al suelo, temblando desesperadamente y sujetándose una pierna sangrante. Alfred se acercó rápidamente a él y lo tomó en brazos para levantarlo.

-¿Estás bien?

-Sí… ¡ah, Braginski idiota! ¡Creo que me rompió algo!

-¿Y dónde está?

Hubo un chapoteo seguido de un chillido de dolor. Iván, enarbolando su grifo con una mano y sujetando a una casi desmayada María con la otra, acababa de arrojar de una patada a Matthew contra los tubos rotos. El muchacho enfocó dificultosamente sus ojos en los cuatro con la rabia contenida pero no se movió, parecía incapaz de hacerlo.

-La sombra ya no hará nada. Nada. –siseó amenazador, acercando su grifo a la altura del rostro de éste. A sus espaldas, Alfred volvió la cabeza. Acababa de escuchar otro zumbido, pero más cerca que los anteriores.

-¿Se está yendo la luz de nuevo?

-No. –Arthur palideció de golpe. –La corriente…

Vieron las chispas que llovían sobre sus cabezas. Rápidamente todos echaron a correr, Arthur y María socorridos por Iván y Alfred respectivamente; de pronto, éste último frenó su carrera y miró a sus espaldas.

-¡Esperen! ¡Matthew!

-¡¿Quién?!

Alfred soltó a Arthur y se lanzó de vuelta al nido. Lo primero que recibió fue un chispazo que lo dejó ciego varios segundos; luego, un grito en el aire, y después… el cadáver de Matthew, tirado donde quedó luego de la pelea, muerto por la lluvia de chispas que cayeron sobre él.

Perdón por no actualizar pronto (joder que casi ha pasado una semana O_O) pero tenía algunas cosillas en mente como dibujillos y otros fanfics que debía atender x3 Por cierto que ando tentada en escribir algo muy MUY lemon (coff coff no pregunten coff) pero tal vez no sea buena idea jajaja. En fin, ahora los comentarios.

RozenSword: Ojojo alguien a quien le gusta el RusMex :D me siento feliz n.n ahora me atrasé con la actualización pero espero que te guste.

Isa-kagamine: Alguien tiene que sufrir, no mucho (hoy preferí concentrarme en otras víctimas) pero habitualmente a ellos dos los fastidio mucho.

OkamiYuki98: Oooow pobre Art, luego luego todos se fueron sobre él xD y pobre Mari (créeme, sentí asco escribiendo lo de su experiencia) pero al menos ya saben que ella no es tan mala, y el osito bipolar tampoco n.n

Wind Und Serebro: Ruxico es amour~

Chiara Polairix Edelstein: Jajaja, entre Lovino y Antonio todos sospecharon (sacando cuentas *w*) pero he aquí por fin la verdad.

Alfie Edelstein: XD Feliks… Es demasiado glamoroso para mancharse las manos de sangre. Cuídate mucho con tu cabeza (eso sonó raro O_o) y descansa n.n

Uhuru-chan: Jajaja xD pobre cosa, se la rompió el osito bipolar defendiendo a María. El RusMex es tiernito a mi parecer, no pude evitar poner una insinuación aquí, y al menos estos dos ya los dejarán en paz con las sospechas.

NymeriaDirewolf: Eres la primera persona que goza con el sufrimiento de Art, todos sienten eso más con el hero (irónicamente). Ese Toño ¬.¬ se lo merecía por simpático. Y Rusia tan lindo como siempre, pero la sombra… bue, aquí lo verás.

Lol07: n.n me alegra que tu alma ya no esté carcomiéndose… tanto (?) A Toño Tomates lo adoro pero bueno, era necesario tener un culpable ;w; pobre María.

It's Easy: Sí pero le costó caro la salvada u_u Jajaja espero que el twist de la historia con la sombra te guste n.n

Sorita Uchiha: Oooooh Alfred, cierto O_O también era buen candidato. ¿Porqué nadie sospechó de él? Prejuicios everywhere… En fin, ahora sabemos quién es la dichosa sombra.

KisaSoren: T-T créeme, fue duro matar a Francis, era de los pocos chistosos en el manicomio. Bueno, espero que te guste este capítulo y muchas gracias por leer y dejar comentario :D siempre se agradece.

Arwen: Lo de María estaba casi regalado desde el comienzo x3 sólo que… describirlo fue un poco cruel ._. Si aún estás de vacaciones te mando un saludo a donde andes n.n y si no, pues aquí está el nuevo capítulo. ¡Saludos!

Sandra DeNite: Alguien que técnicamente salió hasta ahorita n.n juro que a Mattie no me lo saqué de la manga, ya desde el comienzo planeaba que fuera él el asesino. Así que fuiste la que más se acercó entre las sospechas *tira confetis* ¡Felicidades!

Nykemirs: Muchas gracias por tu review y también me alegro que te haya gustado el momentito RusMex. ¡Saludos!

Sakura Hiwatari: Vaya, un review largo n.n No había escuchado de esa película O_O ¿no recuerdas de casualidad cómo se llamaba? Suena interesante. La historia de los Braginski sí fue bastante triste, cuando uno lo piensa y ve el mundo real es… vaya, algo desesperanzador. De nuevo, muchas gracias por tu comentario y espero que te guste este cap n.n

Como adivinarán estamos a punto de terminar el fanfic \(*-*)/ y… por el momento, no tengo ideas para hacer otro de calibre largo :/ denme tiempo y quizá regrese prono con uno un poco menos loco xD en fin, dejen muchos reviews, ¡adiosito!