¡Holaaaa! Me tardé un poco, pero al final siempre vuelvo, ya saben.
En fin, la verdad es que no tengo mucho que decir, así que sólo disfruten la historia, veré si puedo traerles el siguiente capítulo a más tardar el fin de semana (Esta vez es en serio, ya está hecho, nada más falta editarlo), entonces, nos leemos pronto, personas.
A partir de ahora las cosas sólo pueden mejorar, ¿o no?
«¿Cómo está tu papá?».
«No lo sé, nos sacó de la habitación»
«Y tú sin querer reconciliarte con él».
Dejó el teléfono a un lado. No necesitaba que le recordaran algo que ya sabía, aunque agradecía que se preocupara por su situación en estos momentos. A estas alturas, era el único amigo que tenía, y también el único que necesitaba.
El doctor apareció por el pasillo diciéndole algo a la enfermera, Anna todavía no volvía de modo que tendría que ser ella sola quien recibiera las noticias.
Volteo a verla y ella se levantó como resorte, no mentiría diciendo que no le asustaba escucharlo, pero tendría que hacerlo.
— ¿Cómo está papá? —preguntó.
Sintió la palabra ajena a su boca, un sabor amargo recorrió su garganta apenas la hubo pronunciado, llevaba años sin decir eso con cariño o empatía siquiera. A pesar de que lo dijo sin pensar, ahora le daba vueltas en la mente preguntándose si esta era la única manera de que fuera amorosa, cuando sus seres queridos estaban al borde de la muerte.
—Sí. Deberías hablar con él.
—Yo… Preferiría que usted me explicara.
—Quiere verte, Elsa —le dijo dedicándole una sonrisa muy superficial, sus labios apenas se habían curvado.
No tuvo más remedio que asentir y dirigirse de nuevo a la habitación donde se encontraba Agnarr. Lo encontró recargado en la cabecera de la camilla viendo a la nada, incluso ahí parecía estar sano, seguía sin entender las posibilidades de que algo como un ataque le sucedieran a él.
— ¿Querías verme?
—Elsa —exclamó sonriendo y palmeando un lado de su camilla —. Siéntate a mi lado.
Ella no quiso llevarle la contra ahora y se acercó sentándose a una distancia prudente.
— ¿Qué te dijo el médico?
—Nada importante, pero quería explicártelo a ti ya que tienes un conocimiento un poco mayor sobre estas cosas.
Asintió dándole a entender que continuara.
—Tienen que ponerme un Bypass...
— ¿Qué? —Lo interrumpió —. Dijiste que estabas bien. ¡Eso no es estar bien, papá!
Él sonrió en lugar de ofenderse por la interrupción de su hija.
—Hace mucho que no me llamabas así.
Elsa enrojeció sin decir nada por un segundo. Se levantó y lo miró desde lejos con los brazos cruzados y esa mirada desafiante que usaba cada que algo no le gustaba.
—Y ahora corres el peligro de no volverlo a escuchar —se quejó.
—Es una cirugía sin riesgos, pequeña. Tengo a los mejores, confío en ellos, sin contar que la pondrán por la ingle, el peligro llega a ser mínimo.
Elsa suspiró, conocía bien el procedimiento. Lo leyó en uno de esos tantos libros de medicina que su padre guardaba en la oficina de su casa; no consistía en otra cosa más que hacer un injerto en la vena obstruida para que la sangre tuviera otro lugar por donde pasar.
Se oía sencillo, pero tampoco podía fiarse de que todo iba a salir bien, le asustaba que no fuera así, aunque no lo diría, seguro que su padre también temía, pero estaba en sus genes mentirles a otros para no preocuparlos.
— ¿Cuándo?
—Hoy.
Eso sólo eran peores noticias, si no fuera tan grave no se darían tanta prisa, pero por otro lado quizá se debiera a que era el director y podía ponerse por delante de todos.
Tocaron la puerta y Elsa dejó de mirarlo para abrir, se trataba de Anna, tenía una expresión preocupada en el rostro, parecía querer saltarle encima a su padre esperando que con eso todo estuviera bien.
— ¿Cómo te sientes?
—Estoy bien, Anna.
Erick entró interrumpiendo la escena familiar. Venía acompañado de un camillero alto y delgado que esperaba tras él.
—Ya es hora.
— ¿Hora de qué? ¿Qué pasa, papá?
Elsa la tomó del brazo haciéndola a un lado para dejarle libre el paso a la camilla que el chico no dudó en tomar y comenzar a moverla rumbo a la sala de operaciones.
— ¿A dónde lo llevan, Elsa? —preguntó desesperada.
—Será algo rápido, cariño.
—Papá… —lo llamó Elsa. La camilla se detuvo un segundo mientras Agnarr la miraba —. Vayamos al club cuando salgas de aquí.
Sonrió, la primera sonrisa genuina que se dedicaban ambos desde hace varios años. Él asintió y terminaron por irse con ellas detrás quedándose en la sala de espera.
Rapunzel seguía ahí y Anna se sentó a su lado mientras esta trataba de consolarla abrazándola y susurrando cosas a su oído que hacían reír a la pelirroja de vez en cuando.
Elsa no dejaba de pensar en la posibilidad de que su padre no saliera de ese quirófano, se sorprendía de que el miedo y el arrepentimiento fueran más fuertes que la gratitud y el amor. En todo ese tiempo no se ocupó en imaginar una vida sin Agnarr, y ahora estaba ahí con el corazón al borde. Su empresa, su casa, su familia, todo lo que podría dejar atrás a medias era terrible.
Se acomodaba una y otra vez en el sillón donde permanecía sentada, viendo ir y venir a las enfermeras y médicos. Más de uno bajó su cabeza al verla, como si no quisieran enfrentar la pena en sus ojos por lo que estaba pasando con el director. Los odió por cobardes.
En un momento durante la espera Rapunzel se levantó y salió a contestar su celular dejándolas solas.
—Parece que son muy cercanas —le dijo la rubia platinada.
El comentario pareció sorprender Anna que no se esperaba una charla espontánea por parte de su hermanastra.
—No tanto en realidad, pero Rapunzel me ha demostrado ser una excelente amiga. Incluso sigue aquí en lugar de volver al paseo.
Elsa no respondió, sino que revisó su celular, tenía otro mensaje de Hans: «¿Cómo va todo, Els?».
El suspiró de Anna la hizo voltear a media respuesta.
— ¿Era verdad lo que le dijiste a papá?
—Sí.
—Imagino que querrás ir sólo con él —comentó esperanzada de que lo negara, aunque no se hacía muchas ilusiones al respecto.
—Imaginas bien.
Bajó la vista. Debía haberlo sabido, ella jamás pasaría tiempo a su lado por voluntad propia.
Rapunzel venía de vuelta por el pasillo, todavía unos cuantos pasos lejos de su posición, los suficientes como para no escuchar lo que dijo la platinada después.
—Pero no me molestaría del todo si también vas.
Anna trataba inútilmente de ocultar una sonrisa cuando su amiga se sentó a su lado. Si se dio cuenta, no dijo nada al respecto, tampoco es que hubiera algo que decir.
—Eran Jane y Belle. Te mandan buenos deseos.
—Se los agradezco mucho.
El tiempo transcurrió verdaderamente lento para Elsa, a fin de cuentas, todo lo que tenía para entretenerse era su teléfono al que Hans enviaba textos cada cierto tiempo para molestarla.
Tenía que soportar verlas a ellas con esa intimidad compartida, esa que ella no tenía con nadie, quizá la tuvo con Kristoff en algún momento, pero fue hace tanto que a estas alturas apenas y le dirigía la palabra. Sentía algo de celos de su amistad, aunque eso no significa que quisiera ser mejor amiga de la pecosa, que al parecer era la única a la que le interesaba acercarse a ese hielo que tenía por corazón, según las habladurías de la gente en el instituto.
—Anna, Elsa —las llamó el médico.
Ambas acudieron rápidamente a su encuentro, Rapunzel se quedó de pie en su sitio, esperando.
— ¿Cómo está papá? —preguntó la pelirroja.
—Todo salió bien, está en su habitación, descansando.
Las dos sonrieron y soltaron el aire que estuvieron conteniendo desde que escucharon sus nombres. Anna, sin poder evitarlo, abrazó a Erick y de paso a Elsa también. Sólo él respondió a su gesto de igual modo.
— ¿Cuándo podremos verlo?
—A decir verdad, me gustaría que estuviera alguna de ustedes con él cuando despierte.
Ellas se miraron sin saber bien qué decir, Anna quiso ofrecerse enseguida, pero con el repentino acercamiento que estaba demostrando Elsa pensó que quizá querría ser ella quien estuviera ahí y era justo después de tanto tiempo teniéndole rencor.
—Que sea Elsa quien esté ahí, yo esperaré a que despierte.
—Pero…
—Ve.
Elsa sonrió y asintió. Siguió al doctor hasta la habitación, apenas hubo entrado él desapareció. Se sentó en una silla al lado de la cama viendo dormir a su padre, parecía tan tranquilo que trató de hacer el menor ruido posible, se alegraba de que todo hubiera salido bien, sus manos dejaron de temblar como hace unas horas y ya no sentía esa inquietud oprimiendo su pecho.
«Todo está bien ahora» le dijo Elsa a Hans en su mensaje. La respuesta llegó casi de inmediato.
«No desperdicies esta oportunidad».
Tenía sentido, después de todo por poco pierde a su padre.
Estuvo ahí pensando en todo lo que pasaría de ahora en adelante. Con esto ya no le quedaba el más mínimo rencor hacia Agnarr, pero faltaba una pieza suelta sobre el tema familiar. Su madre. ¿Debería también darle una oportunidad de regresar a su vida? ¿Debía esperar? ¿La dejaría irse así nada más? Si le ocurría algo similar, ¿pensaría igual sobre ella?
Prefería no comprobarlo. Pudo notar que la seguía queriendo, por supuesto que era así, se trataba de su madre, estuviera o no con ella siempre lo sería. Si dejaba que el tiempo pasara podía perderla y no le gustaría haberle negado la oportunidad de redimirse por sus acciones o al menos de explicarse.
Sí, eso iba hacer. La escucharía, pero si sus palabras no la convencían entonces la volvería a sacar.
Entró al baño, llevaba sin ir desde que volvieron de Playa Ancha y de eso iban ya unas ocho horas. Había oscurecido, aunque ahí dentro eso se notaba sólo por la ventana que se encontraba a un lado de la cama de su padre.
Se lavó la cara dejando que el agua fría calmara su inseguridad. Le daba miedo efectuar la llamada que la acercaría a su madre de nuevo. Pero tenía tiempo para pensar en ello, por ahora lo importante era esperar a que su papá despertara.
Se miró en el espejo una última vez suspirando.
—Cálmate, tenemos otras prioridades ahora.
Salió a donde descansaba su padre, se removía entre las sabanas. Lo vio levantar la cabeza y se acercó para escuchar lo que trataba de decir.
— ¿Y mi pollo?
Frunció el ceño, era evidente que seguía bajo los efectos de la anestesia, lo vio quedarse dormido otra vez.
Fue así unas tres veces más hasta que al fin despertó en un estado de consciencia normal. Se acomodó en el respaldo y le sonrió.
—Hola, hija.
—Hola, papá —respondió ella del mismo modo.
—Te dije que todo saldría bien.
—Ahora voy a tener que ir con ustedes al club. De haber sabido no prometo nada.
Agnarr soltó una carcajada, sabía por su expresión que estaba bromeando, le gustaba la idea de ellos dos hablando así, reparando ese vínculo roto hace tanto tiempo por culpa de su ineptitud. Y su hija lo perdonaba después de padecer un infarto. Bonito par.
—Eres mi orgullo, Elsa. Tú y Anna son especiales a su manera.
—No necesitas decir nada ahora. Descansa.
— ¿Por qué no le hablas a Anna?
Elsa asintió y fue a buscar a su hermanastra.
Pasaron el resto de la estadía en el hospital en el cuarto de su padre por lo que Rapunzel terminó yéndose a casa, no sin antes decirle a la pecosa que le avisara cómo iban las cosas.
No se separaron de él en ningún momento, y poco tiempo después lo dieron de alta, al llegar los sirvientes los recibieron con efusividad, dándole a comer su plato favorito, cuidando todas las cosas que le tenían prohibidas por el momento.
Estuvo en cama todo el tiempo. A pesar de ser médico y saber que debía guardar reposo le gustaba levantarse un rato, siendo regañado de inmediato por cualquier persona que lo alcanzara a ver.
El lunes las chicas reanudaron sus actividades escolares no sin antes encargar a Gerda que lo mantuviera vigilado, cosa que ella prometió hacer sin necesidad de que se lo dijeran.
Elsa seguía dándole vueltas al asunto de su madre, no se percató de que Ariel la esperaba a un lado del edificio hasta que escuchó que la llamaban.
Se tensó. Olvidó por completo que tenía una conversación pendiente con la pelirroja. No quería herirla, pero lo mejor era ser clara desde el principio, de modo que se acercó y caminaron sin decir palabra hasta una parte alejada del resto, donde los algunos árboles las ocultaban de la vista de la multitud.
—Veras —empezó Ariel —. Este fin de semana ya no volviste a la playa. Al principio estaba muy aliviada porque tenía miedo de tu reacción y pensé que esconderme de ti sería lo mejor, pero mi amiga me convenció de que al menos hablara contigo y que intentara acercarme a ti, ahora que ya sabías mis verdaderos sentimientos.
Notó como jugueteaba con sus manos de manera nerviosa. Sentía mucho herirla de esta forma, pero no quería que el problema empeorara.
—Ariel, no lo intentes. A decir verdad, no quiero que te vuelvas acercar a mí —dijo —. Yo no soy… Ese tipo de persona.
La chica trataba de contener las lágrimas, quizá no tanto por el rechazo porque ya lo esperaba, pero la forma en la que lo dijo la lastimó, tanto que sintió la necesidad de hacer lo mismo.
—Ahora entiendo por qué nadie se te acerca. De verdad tienes corazón de hielo.
Vio caer una lágrima de sus ojos antes de que pasara a su lado, empujándola con el hombro. Estaba herida y quería salir de ahí lo más rápido posible, lo entendía.
No se molestó con ella, tan sólo se dirigió al aula donde estaba a punto de empezar su primera clase con un maestro que no aceptaba retrasos, llegó por poco y tomó asiento notando que Ariel no estaba en clase, y su amiga la miraba como si quisiera matarla. Decidió no darle importancia, tenía demasiados líos como para meterse en uno más.
Esperó con ansias que llegara la hora de nadar, todo el día tamborileaba el lápiz en el banco esperando impaciente. Siempre prestando atención, por supuesto, pero apenas escuchó el timbre salió casi volando, fue la primera en aparecer en el club y se vistió con euforia apenas contenida, algo inusual en ella, sin embargo, después de tantas cosas procesándose en su mente, sólo quería acallar todo estando bajo el agua.
Una vez que tocaron el silbato y saltó al agua todo desapareció, sólo existía ella nadando a una meta en específico tan veloz que fue imposible seguirle el paso. Sus compañeras quedaron atrás desde el principio y no hubo modo en que se recuperaran, Elsa había llegado primero de nuevo, rompiendo por pocos segundos su récord anterior.
A veces los problemas no eran más que estimuladores para sus prácticas.
Salió del agua recuperando la respiración y quitándose el gorro y los goggles, sabía que era su última vuelta por hoy, no loa iba a necesitar ya.
—Ve a casa, Mars. Cuando tengas ganas de esforzarte, te espero aquí.
El entrenador reñía con Ariel, al parecer la chica era todo lo contrario a ella, se había retrasado a tal punto de ni siquiera alcanzar el tiempo mínimo en el que debían dar la vuelta. La compadecía, después de todo probablemente fuera su culpa, pero si no podía arreglar sola sus problemas eso era asunto suyo.
Vio a su hermanastra acercarse con la cámara e incluso fue consciente de un par de disparos que dio antes de llegar.
—Hola, Elsa. ¡Has estado fantástica!
—Sólo fue un entrenamiento más —respondió con modestia.
No lo decía de forma altanera como quien sabe que es bueno y aun así lo niega, ella sabía que en las nacionales se enfrentarían a un nivel completamente diferente, los podrían hacer polvo si no se preparaban bien, por eso el entrenador estaba siendo tan exigente en los últimos meses.
—Seguro que ganaran en la competencia —dijo siguiéndola a los vestidores.
Las prácticas habían concluido, pero Elsa siempre era la primera en retirarse y vestirse, para cuando las demás entraban ella ya debía salir.
—Eso si todas mejoran en el último mes que nos queda.
— ¿No confías en tu equipo? —preguntó en un susurro esperando que las compañeras de Elsa no se sintieran ofendidas con su posible respuesta.
—No confío en nadie, Anna —dijo deteniéndose en la puerta —. Si me permites, quiero privacidad mientras me cambio.
Esa noche en casa fue la primera vez en años que cenaban los tres juntos, Agnarr encabezando la mesa y sus hijas a los lados. No podía ser más feliz, le agradecía un poco a su infarto por suceder, al menos había logrado algo que él no pudo conseguir en mucho tiempo; reunir a su familia.
Gerda también parecía alegre por la escena, lo demostró cuando sirvió la comida, la sonrisa que formó al ver a su niña ahí la delató.
— ¿Cómo van las cosas en la escuela?
—Fantástico, papá. Yo tomé muchas fotos hoy y las clases pasaron volando.
—Yo me preparo para las nacionales.
— ¡Y rompió su récord! —exclamó la más pequeña.
Agnarr asintió sorprendido.
—Eso es increíble, Elsa. No cabe duda de que ganarás en la competencia.
—Probablemente venza en estilo libre, pero dudo que ganemos en relevos.
—Debes tener más fe en tu equipo —respondió el hombre llevándose un gran trozo de comida a la boca.
—Es lo que yo le dije.
Elsa bufó, no creía que ellos merecieran su confianza, después de todo no demostraban sus habilidades como era debido, pero prefirió no decir nada para no amargar el momento.
— ¿Qué les parece si mañana nos vamos al club?
—Todavía no debes salir —dijo la rubia tajante.
—Elsa tiene razón, papá.
— ¡Ah! ¿Quién es el padre aquí? Yo digo que vayamos mañana. No se preocupen por mí, yo voy a estar bien.
—No.
—Kai nos llevará, no voy a conducir.
En este instante daba la impresión de que los papeles se habían cruzado, Anna reía viendo como su padre trataba de convencer a su hija de que lo dejara salir de casa y se divirtieran juntos.
—Lo prometiste.
— ¡Bien! Pero Kai nos llevara y no te moverás del lugar donde nos instalemos.
—Trato hecho —Sonrió.
Así fue como a la mañana siguiente irían al club una vez que terminaran sus clases. Anna se la pasó ansiosa, en cambio Elsa estaba tranquila, seguía pensando que no era buen momento para ir, pero su papá era muy insistente cuando se lo proponía y estaba claro que no quería pasar más días encerrado en casa.
Ese día Anna no vio a Rapunzel ni a Kristoff, pero les mandó un mensaje a ambos para avisar que no podrían reunirse, tampoco usó mucho su cámara porque su cabeza estaba en otra parte, totalmente abstraída en lo que haría al salir.
Kai pasó puntual por las chicas, cuando entraron su padre ya iba dentro y les sonrió. Al parecer se encargó el mismo de poner en la maleta lo que usarían. No le gustaba mucho la idea de padre rebuscando en sus cajones, pero no dijo nada.
— ¿Ya has aprendido a nadar, Anna? —preguntó su padre.
La más pequeña sonrió nerviosamente recordando aquel día en que fue a nadar con Elsa a mitad de la noche y esta logró hacerla flotar, pero después de eso no habían vuelto hacerlo, de manera que no lo dominaba.
—No realmente, sólo floto.
—Bueno, ese es el primer paso.
Elsa permaneció callada a menos de que se le preguntara algo directamente a ella, no tenía muchas ganas de hablar, ese día tantas cosas daban vuelta en su mente que no le era posible enfocarse en una sola. No tardaron mucho en llegar y ella fue directo al agua mientras Agnarr y Anna se acomodaban en una de las mesas a la orilla de esta. Pidieron algo de comer y esperaron viendo la gracia que tenía la hermana mayor al nadar.
Su padre estaba verdaderamente orgulloso de ella, la manera en la que se cuidaba por sí misma y como ignoraba o enfrentaba a todo aquel que la molestara, eso era algo que un líder sabría hacer, por eso deseaba que fuera la siguiente en la línea de mando del hospital. Esperaba poder convencerla de que se interesara de nuevo.
—Elsa es muy buena en todo lo que hace, ¿no es cierto? —comentó Anna.
Agnarr miró su plato que un camarero acababa de dejar frente a él y sonrió salivando por lo apetecible que se veía.
—Sí, ella suele querer ser la mejor en todo lo que se le cruce en el camino —dijo enroscando una tira de espagueti en el tenedor —. Aunque me cueste admitirlo, es igual que su madre. No se detiene ante nada.
Anna dejó de mirar a su hermanastra para ver su plato y luego cambiar la atención a su padre que comía copiosamente.
— ¿Realmente es tan asombrosa su madre?
Él la miró arrepentido por haber tocado el tema, no le gustaba mucho hablar de Iduna. El amor que le tuvo en algún momento fue desapareciendo cuando dejó a su hija sola, sin una sola visita ni al mes ni al año, eso destruyó el afecto que le había tenido porque el hecho de enamorarse de alguien más era algo comprensible, a él también le sucedió, pero no puedes abandonar a una personita que confía en ti.
—Lo era —dijo, sin embargo, recordando que cuando la conoció, lo que más le gustaba era su temple y esa forma que tenía de encarar a todo el mundo, como si estuviera en guerra con cualquier ser vivo.
Elsa había salido del agua por lo que ya ninguno dijo nada, los tres se dedicaron a comer en silencio, pero no uno incómodo como antes sino relajado, uno en el que no te molestaba participar.
Elsa escurría de pies a cabeza, las gotas de agua se veían bien resbalando por toda su blanca piel y por su cabello platinado que gracias al agua resplandecía con la luz del sol. Su padre le había llevado el traje de bajo de cuerpo completo, nada que ver con lo que llevaba puesto hace unos días en Playa Ancha.
Anna sacó su cámara cuando hubo terminado de comer.
— ¿Nos tomamos una foto?
— ¡Por supuesto! Me encanta que mi hija sea tan buena en eso.
La platinada no estaba muy feliz con la idea, pero tampoco se negó e incluso trató de sonreír a la cámara cuando la pecosa la alzó al aire preparada para dar clic.
Pasaron el día entre comidas, nado y algunos otros deportes que la pelirroja quiso probar y Elsa se vio arrastrada a ellos contra su voluntad pues eran cosas que no podías hacer solo, Agnarr estaba indispuesto, así que no le quedaba más. No lo iba a admitir, pero fue divertido y retador, algo que de verdad logró disfrutar, aunque al final terminara adolorida gracias al fuerte sol que reinaba en esos momentos. Para cuando llegaron a casa la piel le ardía y sabía, por ocasiones anteriores, que esas quemaduras no la dejarían dormir a menos de que untara crema en todas las áreas afectadas.
Eso hacía, sentada en su cama y teniendo el sumo cuidado para no restregarse o se lastimaría más, cuando pensó de nuevo en la tarjeta de su madre resguardada en un cajón de su cómoda, ni siquiera tenía un motivo para guardarla, pero no lo pudo evitar y ahora, después de que ya la casa estaba silenciosa, ya que Anna había terminado tan cansada que se quedó dormida al instante y Agnarr debía estar en cama todavía, la tarjeta parecía retumbar y hacer ruido esperando ser oída.
Sacudió la cabeza negando.
—Te estás volviendo loca, Elsa.
Terminó levantándose y fue hasta ella, sus latidos martilleaban hasta el punto de escucharlos dentro de su cabeza, sus manos temblaban cuando la tomaron junto al teléfono. Volvió a sentarse sobre la cama decidiendo si era un buen momento, después de todo pasaban de las diez de la noche, tal vez ya estuviera dormida, pero si no llamaba ahora, era probable que no lo volviera a intentar nunca más y entonces perdería la oportunidad de escuchar su explicación. Y eso era algo que realmente quería saber.
Marcó el número con rapidez y presionó llamar de inmediato, antes de que tuviera tiempo de arrepentirse. Entre cada timbrazo sentía que el corazón se le aceleraba más, quizás esta vez fuera ella quien tuviera el infarto.
— ¿Hola? —preguntó la voz de su madre al cuarto tono.
Elsa no respondió, debió pensar en lo que diría antes de marcar, pero ahora era demasiado tarde y no sabía bien cómo saludarla, ¿y es que acaso debía hacerlo? ¿Se merecía tan siquiera un saludo? ¿Cómo empezar este tipo de conversaciones que en realidad no quieres hacer?
— ¿Hay alguien ahí? —volvió a preguntar.
—Soy Elsa —decidió decir por fin.
Ahora el silencio fue del otro lado, al parecer la había tomado por sorpresa, quizá nunca pensó que realmente iba a buscarla. Comenzaba a arrepentirse de haberlo hecho.
— ¿De verdad eres tú?
—Por supuesto que sí —Después de un segundo añadió —: Tal vez no debí llamar.
— ¡No! Espera, sólo me sorprendió, pero háblame, ¿llamaste por algo en especial? ¿Te pasó algo?
—Estoy bien, pero tenemos que hablar.
—Entiendo.
Respuestas a los reviews.
miguel-puentedejesus: Me alegra mucho que te siga gustando, espero que las cosas de los siguientes capítulos también te agraden.
Chat'de'Lune: Tranquila, su padre está bien ahora. Y ya pronto se viene lo mejor :D
RuncatRun: Bueno, bueno, no la regañes, este Hans no es tan mala persona como parece. Creo que lo que le pasó a su padre ya le comenzó a descongelar el corazón, maybe. Aww, te prometo que para el próximo capítulo no hay que esperar tanto. ¡Está muy bueno! y no es porque yo lo haya escrito xD
