Disclaimer:Los personajes de Twilight son propiedad de Stephanie Meyer, yo solo los ocupo para jugar un poco con ellos, esperando que les guste. La historia es de Sharon Kendrick.

Capítulo 8

- ¿Ninguna llamada?

El abogado negó con la cabeza.

-No, signore.

-¿La ha telefoneado, como le dije?

-He intentado hablar con la signorina Swan en cuatro ocasiones, pero siempre se ha negado a aceptar mi llamada.

Edward soltó un improperio y se dio la vuelta para mirar por la ventana. Por primera vez se sentía perplejo. Había asumido con naturalidad que las protestas de Bella habían sido falsas, y que su afirmación de que no quería volver a verlo había sido sólo un desafío de una mujer que no quería decir eso, sino que estaba jugando de manera inteligente. No estaba seguro de qué era lo que Bella quería, si a él, su dinero o las dos cosas, pero lo iba a descubrir pronto.

Sin embargo, parecía que ella había cortado cualquier tipo de contacto.

Siguió mirando por la ventana mientras el sol de mediodía iluminaba los tejados de Roma, y el corazón le dio un vuelco. A menos que... A menos que hubiera una buena razón para que ella no se hubiera puesto en contacto con él.

¿Y si ya no había ninguna razón para que ella lo hiciera? ¿Y si ya no estaba embarazada?

Durante un momento Edward se sintió mareado.

-¿Signor Cullen? -Edward se dio la vuelta y se sorprendió al ver la preocupación en el rostro de su abogado-. ¿Se siente mal, signore?

-No, amigo mío. Estoy bien -dijo con gravedad. Era hora de hacerse cargo del asunto, algo que debería haber hecho semanas atrás.

Bella se despidió alegremente del equipo, pero su sonrisa se desvaneció en cuanto se dio la vuelta. Era muy difícil fingir que no pasaba nada, y no sabía cuánto tiempo sería capaz de seguir así. Más tarde o más temprano tendría que decírselo a Clare, la editora, y era mejor que fuera pronto, antes de que alguien se diera cuenta.

Esa mañana había tenido que abandonar el plató dos veces, intentando no salir corriendo al baño. Se había mirado al espejo temblando, antes de aplicarse algo de colorete, deseando que su aspecto fuera medianamente decente. No iba a durar mucho como presentadora si se pasaba el día vomitando.

Pero aunque las náuseas pasaran, como le había dicho el médico, seguía estando embarazada. Tenía que hablar con Clare.

Salió al exterior, agradecida al sentir el frío después del ambiente agobiante del estudio, y cuando miró alrededor buscando el coche, el corazón le dio un vuelco. Había un hombre apoyado en un coche plateado. Estaba vestido de negro, de manera que su cabello y sus ojos parecían la noche. Durante un momento Bella pensó en salir corriendo hacia el estudio, pero sabía que no podía hacerlo. Tenía que enfrentarse a él.

Él la estudió obsesivamente, buscando alguna señal. Cualquier señal. Pero el abrigo grueso que ella llevaba la envolvía completamente y él sólo pudo ver la palidez de su rostro y unos ojos cafés que lo miraban con recelo. Se acercó a ella.

-Hola, Bella.

-No quiero hablar contigo -miró alrededor desesperadamente buscando su coche.

¿Dónde estaba el conductor? Nunca llegaba tarde.

-Creo que tenemos que hablar -dijo él con firmeza. La última vez ella lo había pillado con la guardia baja, pero Edward siempre conseguía lo que se proponía.

Bella se giró hacia él, pero no estaba preparada para el efecto que tenía en ella. El corazón parecía salírsele del pecho, las piernas empezaron a fallarle. Debería sentir desprecio hacia él, lo mismo que Edward sentía por ella pero, ¿por qué no era tan fácil?

¿Por qué se sentía atraída hacia él? Se dijo que era algo puramente físico.

-Creo que no me entiendes, Edward. El chófer llegará enseguida, subiré al coche y me iré a casa. Sola.

-Me temo que estás equivocada.

Ella lo miró sin comprender.

-Tu chófer se ha ido. Le dije que se marchara.

-¿Le dijiste que se marchara? -repitió con incredulidad.

Edward señaló el coche largo y plateado.

-Tengo un coche y te llevaré donde tú quieras, pero quiero hablar contigo y lo voy a hacer. Me lo debes.

-No te debo nada después de las cosas despreciables de las que me acusaste.

Edward asintió con la cabeza y suspiró.

-No tenía derecho a acusarte de esa manera, pero estaba...

Ella lo miró con curiosidad.

-¿Qué?

-Me sentía como si mi propio mundo se hubiera derrumbado.

-Así que no te atrae la idea de ser padre -dijo con ligereza, porque solamente así podía ocultar su dolor-. Entonces no hay nada más que decir, ¿no crees?

-¿Me estás diciendo que no hay bebé?

A Bella le llevó un par de segundos darse cuenta del significado de sus palabras, pero cuando lo hizo se sintió como si le hubieran dado un martillazo. ¿Acaso Edward pensaba...? ¿Era posible que pensara que...?

-Por Dios, Edward. La opinión que tienes de mí ya no podría caer más bajo.

-¿Y qué se supone que tengo que pensar cuando has rechazado todas mis llamadas?

-Las llamadas de tu abogado -corrigió ella-. No son negocios lo que quiero hacer, por eso no las he aceptado.

-¿Entonces?

-Sí, todavía hay un bebé -dijo lentamente-. Pero no tienes que preocuparte por nada. Es mi bebé y no tendrá nada que ver contigo.

-Sube al coche.

-No.

-Por favor.

Su voz era suave y tranquila y Bella se sintió débil, después de las emociones que su presencia le había provocado.

-Maldito seas -dijo instintivamente, pero no se alejó.

Edward abrió la puerta del copiloto, pero ella se liberó de su brazo cuando intentó ayudarla a sentarse.

-¡No soy una inválida! ¡Estoy embarazada! -temiendo que alguien del equipo la hubiera oído, miró alrededor con ansiedad, pero no había nadie.

Edward se dio cuenta de su reacción. Nadie lo sabía, eso era claro. ¿Por qué Bella estaba ocultando su embarazo? Arrancó el coche.

-¿Adónde quieres ir?

-A casa -se reclinó en el asiento y cerró los ojos, temiendo que Edward la volviera a acusar y sermonear, pero no lo hizo. La calidez y el movimiento del coche la arrullaron, y se dio cuenta de lo cansada que estaba.

Él le echó un vistazo y observó que respiraba más profundamente. Se había dormido. Sus manos se relajaron alrededor del volante.

El abrigo de Bella se había abierto, dejando al descubierto sus muslos, y Edward sintió una oleada de excitación. ¡Maldita fuera! ¡Maldita fuera ella y su sensualidad! Se obligó a concentrarse en la carretera.

El coche se detuvo y Bella abrió los ojos desconcertada. Estaba en su casa, con Edward en el asiento del conductor. Buscó el tirador de la puerta.

-Gracias por traerme.

-Voy a entrar-. Dijo con determinación y ella supo que había perdido la batalla oiría lo que tuviera que decir y después él se marcharía

- No, tú... -pero Edward había hablado la batalla.

La casa estaba fría. Bella se quitó el abrigo y no protestó cuando él lo tomó de sus manos y lo colgó. Ella se estremeció.

-Voy a encender la chimenea.

-Deja que lo haga yo

-¿Sabes cómo hacerlo? -preguntó enarcando las cejas.

Él se rió.

-Claro que sí. Hay muchas cosas que, no sabes de mí, cara. Voy a preparar te.

Cualquier cosa para alejarse –

Cuando regresó con la bandeja vio que Edward había conseguido encender el fuego.

Dejó la bandeja en una mesita y lo miró.

-No me di cuenta de que hubiera una chimenea en tu lujoso apartamento

-No -contestó mientras arrojaba el último leño

Pero teníamos una casa en el campo donde solíamos ir de vacaciones cuando yo era pequeño. Allí aprendí a hacerlo.

A Bella le resultó difícil imaginar que ese hombre arrogante hubiera sido un niño.

¿Tendría ella un niño? Y si así fuera, ¿se parecería a Edward? Sería un constante recordatorio de su pasión y locura.

Edward se acercó a la bandeja y sirvió dos tazas de té. Bella estaba tan cansada, que lo dejó hacer. Pero era peligroso ser pasiva. Le había dicho claramente lo que pensaba de ella y Bella no podía, ni debía, olvidarlo.

-Será mejor que me digas lo que tengas que decirme y que después te vayas.

Estoy cansada.

Sí, Edward podía verlo. Bella tenía ojeras que lo demostraban.

-¿Duermes bien?

-A ratos. Y, por supuesto, tengo que levantarme muy pronto.

-No te has puesto en contacto con mi abogado -dijo lentamente.

-¿De verdad esperabas que lo hiciera?

¿Qué diría ella si le respondía que sí? La riqueza de Edward lo hacía diferente de los demás, y seguramente habría visto normal que ella quisiera sacar provecho de ella.

-Sí -dijo sencillamente.

-Bueno, pues quédate tranquilo. No lo hice y no pienso hacerlo. Tu dinero está a salvo. ¿Hay algo más?

Bella se estaba volviendo fría y distante, como si tuviera hielo en las venas en vez de sangre. ¿Sería eso bueno para el bebé?

-Quiero que tengas todo lo que necesitas, Bella.

-¡Pero si ya lo tengo! Tengo una casa y un trabajo, un buen trabajo.

Edward recordó que ella había sentido miedo en el aparcamiento, preocupada de que alguien la hubiera oído.

-Pero, ¿por cuánto tiempo?

-¿Cómo dices?

-¿Les has dicho que estás embarazada?

-Eso no es asunto tuyo.

-Creo que sí. Puede que no te contraten si estás embarazada.

Elle dejó escapar una risita.

-Hay leyes que regulan ese tipo de discriminación. Así que no te preocupes por mí.

Eso no era lo que Edward había esperado. Había esperado algo de... ¿qué? ¿Gratitud? Que durante las últimas semanas Bella se hubiera tranquilizado-. Entrado en razón. Tenía que darse cuenta de que su dinero podía ayudarla a ser madre.

-No quiero que luches por el dinero... no cuando yo tengo suficiente, más que suficiente.

-Pero no voy a tener que hacerlo. Me las arreglaré.

-¡No quiero que te las arregles, quiero que estés cómoda!

-¡Lo que tú quieres no es lo que realmente cuenta, Edward!

-Pero también es mi bebé -apuntó.

-¿Sí? -preguntó fingiendo sorpresa-. ¿Ya no niegas la paternidad? ¿Qué ha pasado? ¿Ordenaste que alguien me hiciera una prueba de ADN mientras estaba dormida?

-¡Bella! Déjame ayudarte -dijo repentinamente, Bella todavía se sentía dolida por las cosas que le había dicho, y no podía imaginar un día en el que no se sintiera así.

-Crees que lo puedes comprar todo con tu dinero, ¿verdad?

Sus ojos verdes brillaron.

-¿Me vas a privar de mi hijo, Bella?

Esa pregunta atravesó todas las defensas de Bella.

Hasta ese momento había pensado en el bebé casi como un concepto abstracto, como si no hubiera sido real y, aunque lo hubiera sido, como algo que no tenía nada que ver con Edward. Pero había sido una ingenua al decirle que estaba implicado, y alguien como Edward no se tomaría esa implicación a la ligera.

Debería haberlo mantenido en secreto. Edward había querido que su aventura fuera temporal, no era del tipo de hombres que sientan la cabeza. Su relación habría durado unas cuantas semanas más, tal vez meses, y después él se habría dedicado a otra conquista.

Pero, ¿realmente podría habérselo ocultado? ¿No tenía Edward derecho a saberlo?

-¿Qué es lo que quieres? -preguntó Bella con cautela.

-No lo sé -dijo, y era la primera vez en toda su vida que hacía esa afirmación. Se sentó en el sofá y estudió a Bella con los ojos entornados-. No me has dicho de cuánto estás.

-Casi cinco meses.

-¡Cinco meses! ¿Ya? -preguntó con cierta inseguridad.

-Sí, ahora está empezándose a notar -lo miró a los ojos y se sintió desesperada, porque su mirada aún la hacía estremecerse. Si al menos se hubiera mantenido alejado, aunque fuera durante algo más de tiempo, se habría vuelto inmune a él. Pero no lo era-. El tiempo vuela cuando lo estás pasando bien -dijo con sarcasmo.

Debía de haberse quedado embarazada la primera vez, antes de Roma, antes de que él viajara a Estados Unidos. Recordó con el corazón encogido que había sido imprudente, que había querido hacer el amor justo después de la primera vez. Y ella lo había detenido.

Edward frunció el ceño. ¿Cómo había pasado tanto tiempo sin que se diera cuenta?

Se había sumergido en el trabajo después de que ella se lo dijera, tal vez para intentar olvidarlo y negarlo. Y había esperado a que ella le pidiera dinero. Reconoció que la había probado, igual que al principio, para ver si lo llamaba. ¿No era esa lo que siempre hacía, tanto en su vida profesional como en la personal? ¿Poner objetivos imposibles y esperar a que los demás fracasaran intentando conseguirlos?

Pero Bella no había fracasado.

-En cualquier caso, si es el dinero lo único que te preocupa, olvídalo, porque estaré bien -dijo Bella sonriendo-. A menos que haya algo más.

Él la miro con incredulidad.

-¿Crees que esto sólo tiene que ver con el dinero? ¿Esperas que me vaya sin mirar atrás y sin preocuparme por mi hijo?

«Mi hijo», Ultimas palabras poderosas y sobrecogedoras. Como Edward.

-No espero nada. Nunca lo hice -añadió Bella deliberadamente, y al menos él tuvo la decencia de estremecerse-. Será mejor que me digas qué es lo que esperas tú. Algún tipo de contacto, supongo.

-¡Contacto!-repitió Edward con furia-. ¡Qué palabra tan horrible!

-Puede que sea horrible, pero el mundo es así.

Edward se levantó, se acercó a ella y se puso de cuclillas a su lado. Si hubiera sido cualquier otra mujer, en cualquier otra situación, la habría abrazado y reconfortado.

Pero la postura fría de Bella le decía que era mejor que no lo hiciera. Edward siempre había sido capaz de seducir a cualquier mujer, de convencerlas para que pensaran como él, pero de pronto se dio cuenta de que Bella no era tan maleable. Sus ojos se posaron en las uñas de los pies, ese día pintadas de color rosa coral, y recordó que la había acusado vergonzosamente.

-Entonces, ¿cómo va a ser? -preguntó Bella-. ¿Cada dos fines de semana y alguno en vacaciones? ¿Unas Navidades sí y otras no? Así es como funciona, ¿no?

-¡No me importa cómo funciona! -le tomó la cara en la palma de la mano y la levantó para que Bella lo mirara. Para su sorpresa, ella no se lo impidió-. Solamente hay una posibilidad sensata -de repente se dio cuenta de que así era como se suponía que tenía que ser. Durante toda su vida había huido del compromiso, pero ya no podía escaparse más-. Te casarás conmigo, Bella.

-¿Casarme contigo? -preguntó con incredulidad.


Hola otra vez yo esperando que le haya gustado el capitulo, se que me pase con un par de horas, pero mejor tarde que nunca no es así.

Agradezco de antemano sus rr, alertas y favoritos de verdad que se me hacen el día.

Tambien les pido una disculpa por volver a poner mal el capitulo como en codigo, pero de verdad que no se que es lo que pasa y nunca antes me habia pasado así que si alguien sabe que es y me puede ayudar se los agradeceria.

Hasta el próximo viernes.

Besos Ana Lau