La trama es mía. Crepúsculo de Stephenie Meyer.

Gracias por leer.


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9. Los que no iremos al cielo

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¿Isabella?lentamente me volteé para mirar a Edward. Reconocía su voz y el suave sonido de sus pasos al caminar, era él. Una sonrisa se instaló automáticamente en mi rostro, pero que fue disminuyendo poco a poco al notar que él no me respondía con la misma emoción.

¿Pasa algo, Edward?murmuré extrañada. Su rostro ahora volvía a ser dulce como antes y ahora estiraba un brazo hacia mí, el cual tomé sin dudar.

Fui rodeada por sus brazos fuertes y de un momento a otro ya no estábamos en la negrura que era la habitación al principio, ahora estábamos en los grandes campos que estaban tras su casa en Ribeauvillé.

Quiero mostrarte algo, pequeñasusurró en mi oído. Sentí como me tomaba por los codos y luego pasaba un objeto frío y de algún metal por mis manos. Di un pequeño salto cuando me di cuenta de que era un revólver.

Edward… yo no…intenté soltarme por lo cruda que era esta posición que me recordaba en todo momento a mi madre.

Tranquilasusurró—. Yo te sostendré, porque eres tan pequeña que puedes salir proyectada hacia atrás, no hay nada que temera pesar de todo, la suave cadencia de su voz no me tranquilizó—. Mira el blanco, Isabella, justo ahí debes disparar antes había cerrado suavemente mis ojos por lo que tuve que abrirlos para ver lo que Edward me indicaba… y la escena se repetía, ahí estaba mi madre—. Mira el blanco, Isabella, no te desconcentresme regañó suavemente—. Ya has hecho esto antes, no hay nada que temer.

Me desperté sobresaltada y sudando, agradecida porque era un día soleado y esa no fue nada más que una de las tantas pesadillas que tuve en la noche. Giré hacia el lado derecho extrañada por no tener un brazo fuerte y cálido en mi cintura, consolándome como lo hizo toda la noche cuando lloré después del mal sueño que el mismo protagonizaba, y me encontré con un vacío y con las sábanas heladas indicando que hace mucho que no estaba ahí.

Cuando me levanté, me percaté que había una bandeja con desayuno en el mueble que estaba a los pies de la cama, y tomando el jugo de naranja me encaminé a correr las cortinas para permitir la entrada del viento y del sol.

Miré hacia abajo por el balcón y vi a mi hermano riendo mientras tenía una manguera en sus manos y con ella regaba unos árboles, y por su parte Amelie parecía señalarle con su pequeño dedo algo a Edward, haciendo que él la tomara de la cintura y la elevara para que ella alcanzara la flor que quería de un árbol. A continuación la bajó y acarició tiernamente su cabello.

Suspiré.

Si él había matado a mi madre, ¿por qué se comportaba de esta forma ahora? Eso me hizo dar cuenta de que yo realmente estaba cegada y no estaba viendo que mi madre no era quizás la única persona a la que él había matado, y tampoco sería la última.

La remisión de Edward, o su perdón, realmente no dependía de mi sino de él, aunque pareciera que Edward no ve las cosas de la misma manera que el resto de las personas, o quizás está acostumbrado ya a matar, la cosa es que él no se ha puesto a pensar en cuando daño causa asesinando, aunque sea a personas malas, y aunque sea por encargo.

Yo hasta ahora me doy cuenta y es por la gran posibilidad de que él sea el asesino de mi madre, pero él es tan protector y me mira de una manera que me esponja los huesos y me hace pensar que debo perdonarlo, pero justo cuando pienso eso aparece el dolor en mi pecho y la imagen de mi madre sangrando, los fuertes brazos iguales a mi sueño sosteniéndome y yo cometiendo lo que nunca me perdonaré, porque no luché lo suficiente. Yo no conozco la remisión, y tampoco Edward… entonces no soy quién para pedírsela.

Increíblemente ahora que lo veo mientras corta rosas rojas del jardín, le saca las espinas y se las pone a Amelie en sus manos o en su cabello, pienso que sus ojos verdes no tienen porqué verse tristes, ni tampoco oscuros con odio. Edward es una máquina inducida por Charlie Swan, y ah… todo nuevamente recae en Charlie Swan, porque el pudrió a Edward que debería haber sido un chico dulce sin demonios, pudrió a mi cardiólogo francés.

Ayer por la noche, antes de dormirme y tener todas esas pesadillas, Edward me preguntó si me pasaba algo, pero obviamente negué y eso le bastó para abrazarme y susurrarme cosas incomprensibles contra mi cabello, lo único que le entendí es que me iba a proteger toda la noche. Le creí porque desde que estábamos juntos me había salvado tantas veces, sin medir consecuencias, que ahora no tenía por qué dudar. Desde el primer día se arriesgó cuando me dirigía a la librería de Alice, y ahora yo no sé qué hacer con eso.

Finalmente, vuelvo a suspirar y frunzo el ceño al ver que él ya no está en el jardín y que mis hermanos siguen jugando con un pequeño balón de fútbol y me doy cuenta que entre la remisión y la redención, me quedo con la última porque es el acto más puro que viene desde dentro de mí, porque yo puedo liberar de la culpa a Edward. Él carga bajo sus hombros el hecho de que separó a una niña de su madre, ¿podría yo llenarlo de más culpa diciéndole cuánto daño a mis hermanos y a mí? Eso no me serviría de nada, son palabras y no hechos, no suman en absoluto en una venganza. Con simples recriminaciones nadie se muere.

Decido entonces, justo cuando él pone sus brazos en mi cintura y sus labios en mi nuca, que aunque me duela pensar que el me hizo tanto daño, aunque mi mente quiera venganza y aunque una parte de mi quiera irse lejos, que dejaré las cosas así, porque más me duele separarme de él y por otra parte quitarle lo único real que han tenido en este tiempo Allan y Amelie.

— Te quiero, Bella— susurra con voz ahogada contra mi cabello y se aferra más a mí. Quizás eso por ahora es suficiente.

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Ya en la noche entré a la terraza de la casa y me encontré con una pequeña mesa adornada y servida para una cena. Enarqué una ceja, pero obtuve una respuesta implícita cuando sentí un par de brazos rodearme por la cintura, ¿por qué de repente se le hace la costumbre de rodearme por detrás? El no sabe que tengo una sensación agridulce con eso, porque por un lado me encanta sentir su aroma masculino y su calidez en mi espalda, y por el otro, recuerdo cosas en las que en estos días he pensado mucho.

— ¿Te gusta? — murmuró con su dulce boca en mi cuello.

— Es perfecto— dije con sinceridad—, ¿y que pasa con los niños?

— Ya se durmieron, se agotaron con tanto juego de hoy—me tomó de la mano y me llevó hacia la mesa.

— ¿Qué pasa? — dije al ver que aún tenía una sonrisa en su rostro.

— Nada, es sólo…— sus mejillas se colorearon alertándome— Cuando dices "los niños", pareciera que realmente somos una familia, los cuatro.

Bajé mi mirada como si estuviera avergonzada, pero realmente estaba pensando si seríamos la misma familia cuando tuviera la certeza de que él y Emmett habían matado a mi madre.

— Lo somos— o lo seríamos cuando supiera la verdad.

Comimos en silencio los pequeños trozos cortados de la extraña tarta que el había cocinado, se comía con la mano y era muy deliciosa, pero de nombre extraño; Flammkuchen, me recordó su nombre él después.

Lo miré a los ojos mientras él se limpiaba los dedos con su servilleta y tomaba la copa de vino para saborearlo suavemente sin quitarme su verde mirada.

Y soy tan tonta que me vuelvo a hacer las mismas preguntas de siempre: ¿Cómo mi Edward podría haber hecho algo tan horroroso como matar a mi madre?, ¿Por qué?

Es horroroso porque me hiere a mí, pero no lo sería si fuera algo que le pasa a otra persona, eso es egoísmo. Edward ha hecho cosas peores y a mí me preocupa y me duele esto sólo porque me afecta y no concibo el hecho de que Edward me dañe, no si yo lo quiero de verdad. Es entendible, pero también me debería preocupar que mis hermanos estén con alguien que ha matado muchas más veces, me dije a mi misma.

Tenía que terminar con eso ahora, pero era muy difícil, por lo que tomé un sorbo de vino y me preparé mentalmente.

— ¿Edward? — el alzó sus ojos y espero a que hablara— ¿Alguna vez supiste quien era esa niña a la que separaron de su madre? — mi pregunta lo tomó por sorpresa.

— ¿Por qué lo preguntas? — frunció el ceño.

— Porque he pensado en eso, y digamos que yo viví algo parecido— murmuré mirando hacia otro lado—, necesito saberlo para estar un poco más en calma.

— No, nunca lo supimos—ahora me miraba con mayor interés—. Generalmente, uno solo acata y no se detiene a pensar en la familia o en quién es esa persona, porque de lo contrario uno no podría con la conciencia. Siempre que te enfrentes a alguien, Bella, no pienses en quién está detrás porque eso te vuelve débil— pensé en sus palabras y asentí—, ¿alguna otra pregunta?

— ¿Tu y Emmett mataron a la madre de esa niña? — pregunté suavemente.

— No— dijo tajante—. Por lo que recuerdo, esa mujer fue muy colaboradora. Nosotros casi la "ayudamos" a cubrir lo que ella quería hacer, ella lo sabía perfectamente, ella conocía a Charlie— deslizó su mano por la mesa y me la tomó—. Y para que estés más tranquila, tampoco le hicimos daño a la niña, pero lo que le duele a Emmett es que prácticamente la arrancamos de los brazos de una mujer que no la quería y que iba a abandonarla de todas formas, y que finalmente era su madre.

Mi corazón se alivió al darme cuenta de que ese no era el caso mío y de mi madre. Me paré de la mesa y me fui a sentar en sus piernas porque necesitaba de él. Ahora que sabía la verdad no lo iba a abandonar ni a planear la forma de destruirlo que tenía compuesta un poco en mi mente.

— Te quiero tanto, Edward— susurré en su oído mientras lo abrazaba.

— Tú no tienes idea de cuánto puedo llegar a quererte yo, Isabella— me respondió acariciando mi espalda—. Pídeme lo que quieras y siempre lo tendrás, cariño— puse mi cabeza en su hombro y comencé a pensar en que sería de mí si Edward me dejaba. Él es mi puerto seguro, y mucho más ahora que se que él no tiene nada que ver con mi madre, a él yo no lo puedo dejar por nada del mundo.

— ¿Me podrías escuchar? — levantó mi mentón y me miró con el ceño fruncido.

— Siempre— y me abrazó.

— Cuando yo tenía quince años, mataron a mi madre y yo lo vi— comencé y sentí como él se tensaba—, me obligaron a pararme en frente de ella y a dispararle; ellos me tomaron de los brazos, me drogaron y luego desaparecieron, no sirvió de nada que luchara o que después dijera que yo no había sido, nadie me creyó. Desde ese día me alejaron de mis hermanos y después de que cumplí dieciocho no pude tenerlos conmigo porque yo debería estar en la cárcel, sólo que me escapé de Forks. Me drogué mucho, estuve perdida por demasiado tiempo buscando venganza, y lo sigo haciendo, pero ahora más que eso, te tengo a ti y vengarme de alguien no es toda mi prioridad si también mis hermanos son felices.

— ¿Sabes quién te hizo eso? — me dijo con voz contenida.

— Claro, pero prefiero mantenerlo así. Tenemos demasiados problemas para agregar uno más—suspiré—. Pensé que sería más difícil decírtelo, porque hasta hace poco tiempo me dolía mucho, pero no he soltado ni una lágrima gracias a ti, ¿puedo aún así pedirte algo?

— Por supuesto— juró. Me recargué como gato y pasé mi rostro por su cuello lentamente.

— No me dejes nunca, Edward— mi rostro estaba caliente por la vergüenza—, no quiero estar nunca sin ti.

— Siempre estaremos juntos— me prometió—, y si alguna vez pasa algo y nos tenemos que separar, no te preocupes porque siempre encontraré la forma de irte a buscar y volver a ti.

Asentí luchando contra el nudo de mi garganta. Mierda, estaba tan sensible y tan propensa a pensar cosas sin sentido, ¿por qué ahora se me vienen pensamientos sobre que estaremos separados en algún momento? No quiero que Charlie Swan nos encuentre, no quiero volver a verlo porque eso significa que Edward puede morir, y prefiero renunciar a mi venganza y todo lo que he construido a cambio de eso.

Decidí que era mejor no pensar en esas cosas y comencé a besar suavemente su cuello. Quizás vio lo que quería en mis ojos nublados por el deseo y la necesidad, porque me tomó de la mano y me llevó hacia la habitación.

Edward me abrazó enterrando su rostro en mis pechos cuando terminamos y sentí como me acariciaba el estómago bajo el pijama. Solté unas risitas tontas y estaba preparada para lanzarme nuevamente contra él, cuando un pequeño golpe en la puerta nos hizo separarnos. Reí al ver como Edward corría a ponerse el bóxer que estaba tirado por el piso y su camiseta de dormir, mientras yo tomaba mi camisón y lo pasaba por mis brazos y mi cuerpo.

— Adelante…— dijo con voz suave. Por la puerta se asomó la pequeña cabeza temerosa de Allan.

— ¿Pasa algo? —dije levantándome inmediatamente y poniéndome mi bata.

— Amelie está vomitando en el baño— me susurró con su ceño fruncido y preocupado.

Eso bastó para que toda la casa se pusiera nuevamente en pie. Me calcé unas zapatillas cualquieras, unos jeans y una camiseta de Edward que encontré en el suelo, alisté a Allan ya que él no quería separarse de su hermana y envolví a Amelie, que estaba tiritando, en una manta.

— Ya pasará, mi amor— suavemente le dije intentando que se calmara y tomándola en brazos. Otras manos fuertes aparecieron y tomaron el pequeño bulto que era mi hermana.

— Pásamela— me dijo Edward al ver que aún intentaba sostenerla y no dejar que el la tomara—, te pesará mucho.

— Edward, vuelve a acostarte— le aconsejé cuando el ya tenía a mi hermana en sus brazos y bajaba las escaleras—. Dile a alguien que nos lleve al hospital más cercano.

— No te dejaré sola— algo cálido se alojó en mi pecho.

Nos subimos al coche y Edward aceleró hacia algún hospital que él conocía mientras yo me perdía en mis pensamientos, pero me mantenía en la realidad gracias a su mano que sostenía la mía.

Estuvimos cerca de dos horas en este hospital. Yo estaba completamente frustrada porque no entendía nada de lo que las enfermeras y doctores decían, además Allan estaba durmiendo incómodamente recostado en los asientos y con su cabeza apoyada en mi regazo.

Edward debió notar mi nerviosismo ya que comenzó a dejar suaves besos por mi cabello, mejillas y cuello mientras decía palabras que tampoco podía entender.

— Relájate, bebé—sentí que susurró en mi oído e inconscientemente incliné mi cabeza más hacia él—. Amelie estará bien, ella es una niña fuerte— suspiré y asentí recargándome contra su hombro.

Mis párpados comenzaron a pesar tanto que no supe en el momento en que me dormí ya que desperté recordando en un segundo en donde estaba, con una manta que me cubría a mí y a mi hermano, y unos enormes guantes negros de cuero en mis manos. Fruncí el ceño y comencé a buscar con mi mirada a Edward quien hablaba con un médico.

— ¿Cómo estás? — me preguntó en cuanto llegó. Sonreí un poco y le mostré los guates enarcando una ceja.

— Tenías las manos frías— dijo simplemente y luego suspiró—. Estaba hablando con el doctor de Amelie y me dijo que sólo se trata de una infección estomacal, pero que debe quedarse toda la noche en observación porque se estaba deshidratando, ¿por qué no vas a casa y yo me quedo aquí con ella? — me pidió. Acaricié su rostro y negué.

— Gracias— me acerqué y lo besé suavemente—, pero debo estar con ella. — asintió y pasó una mano por mi hombro y me di cuenta de que ahora él parecía estar nervioso— ¿Pasa algo? — le pregunté.

— Si— torció un poco su boca—. Tus hermanos no están en el servicio de salud y eso es un poco extraño acá, pero como veníamos de urgencia creo que aún no se dan cuenta.

— ¿Qué pasará entonces? — dije frunciendo el ceño.

— El tipo que me ayuda en todas estas cosas y que hizo nuestras identificaciones está aquí en Francia por algunos días, así que vendrá aquí a hacerlo— miró su reloj—. Debería estar en veinte minutos más acá.

Estuvimos abrazados sin hablar hasta que casi diez minutos después recibió una llamada del hombre al cual esperaba, me excusé diciendo que iría a la cafetería a comprar algo por si Allan se despertaba con hambre, y caminé lentamente por el pasillo.

Cuando levanté mi mirada, me quedé atrapada en los ojos negros y extraños de un hombre que miraba fijamente hacia mis espaldas, o sea, hacia donde Edward estaba sentado junto a mi hermano. Volteé mi rostro para verificar si el sujeto efectivamente miraba a mi novio y me di cuenta de que era así. El hombre de los ojos negros alternó su mirada hacia mí y cuando se percató de que yo me había reparado en su presencia, dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la salida del hospital.

Mis pies tomaron voluntad propia y comenzaron a seguirlo mientras en mi mente sentía fluir todas las ideas y posibilidades sobre que hacer.

Después del beso, indudablemente me perdí en sus ojos verdes entreabiertos, en la mano que empuñaba mi cabello y en su cuerpo fuerte presionado con el mío. Esa calidez que emanaba el sujeto que me acababa de salvar era increíble, y en mi mente tuve la certeza de que quizás esa calidez vendría sólo de él y no la sentiría con nadie más. El era mi protector en este momento.

Edward Masen, mi nombre es Edward Masen — dijo dejando el último roce antes de separarse definitivamente.

En viento frío de la noche en Ribeauvillé azotó mi rostro cuando salí del hospital siguiendo a ese hombre extraño. En mi mente algo me decía que esto era muy estúpido, que diera media vuelta y le avisara a Edward, pero yo sabía que no había tiempo porque en cuanto me fuera aquel sujeto iba a tener mucha ventaja para avisar sobre nuestro paradero, además, ¿merecía la pena exponer nuevamente a Edward?

Te aseguro que con el no sientes lo mismo que cuando estás conmigo— sus manos abandonaron mis hombros y comenzaron a recorrer un camino hacia mis piernas, levantándome sin aviso mi vestido y exponiéndome ya que sólo llevaba mis bragas. No pude evitar gemir cuando con suavidad me tocó los muslos—, porque yo te quiero y el no siente nada, nunca sentirá algo que se compare con esto.

El contraste de aquella noche en que James nos sorprendió besándonos afuera de mi departamento era enorme. La dulzura de sus palabras mezcladas con la ira y la pasión por creer que yo sentía algo por James cuando en realidad sentía todo por él, por Edward, y luego la agonía al recibir su llamada de auxilio, porque él una vez más y sin pensar me había salvado y esta vez matando al que era su camarada y quizás amigo. Ahora lo entendía todo y las lágrimas querían salir de mis ojos, pero yo era más fuerte que eso, por Edward y por mis hermanos sería más fuerte, y mis piernas y todo el resto de mi cuerpo ahora tenían la fuerza suficiente para seguir a ese hombre.

Tú… has roto varias reglas — suspiré. Edward me tomó de las manos y me hizo mirarlo.

Todas las he roto por ti— susurró—. Te deseé a ti, la mujer de James, desde el primer día que entraste por la puerta de la mansión de Charlie; traicioné a toda mi familia y obviamente no les he dicho toda la verdad sobre algunas cosas, y ahora… y ahora te he contado todo sobre mi, lo que tú nunca debías de saber…

El sujeto que nos había estado espiando dobló en un callejón y me preparé para enfrentarlo. Sabía que él estaba al tanto de que alguien lo seguía así que tendría que usar todo mi poder de convencimiento para que no me matara al segundo, porque después de todo, ¿por qué yo no me podía sacrificar por Edward? Si él lo hizo por mí y gracias a eso ahora estábamos siendo rastreados.

Esa determinación de que nadie debe meterse en tu camino y en el de quien tú amas. Eres protectora, yo también lo soy.

Si, Edward, contigo y con mis hermanos siempre seré protectora.

Pero el mató a tu madre… murmuró mi mente. Yo sabía que eso no era verdad, Edward me lo había confirmado y yo confiaba en él.

¿Segura que no es verdad? Yo cumplo mis promesas, yo amo a Edward, confío en Edward.

Sé qué crees eso, y por lo mismo también te protegeré a ti y no dejaré que nadie te haga nada. Es una promesa— me aparté un poco y lo miré a los ojos—, porque yo te… eres muy importante para mí.

Yo lo prometí y lo iba a hacer. Maldije cuando me di cuenta de que en ese momento tuve la oportunidad para decirle que lo amaba y no lo hice.

Entré al callejón y me enfrenté al hombre de piel morena que me miraba con una sonrisa ladeada y recostado en contra el muro. Avancé hacia él con seguridad y me paré a sólo dos pasos de distancia.

— Qué extraño— murmuró con voz ronca—. Me mandaron a vigilar a Masen, pero nunca creí que su puta vendría hasta mí.

Sonreí a medias y di otro paso, quedando muy juntos y pudiendo sentir su putrefacto olor. Arrugué mi nariz y posé mis manos en las solapas de su chaqueta.

— Masen no tiene ninguna puta— me acerqué a su oreja y murmuré suavemente—, Masen tiene a una mujer, que es muy distinto —sonreí y sentí como mis palabras suaves y mi cercanía estaban teniendo efecto en él, e hice lo mismo que hacía con John cuando era joven y quería robar sus drogas: meter las manos en sus bolsillos mientras lo besaba.

Rocé mi boca suavemente con su mejilla porque yo ni muerta me iba a acercar a la boca de este animal y supe que ganaría cuando él puso las manos débilmente en mi cintura. No era más que un hombre de casi sesenta años que posiblemente hace mucho tiempo que no tenía una acción como esta, quizás estaba a punto de correrse, pero yo debía soportar todo esto por Edward, que ahora era parte de mi familia.

El hombre no se percató cuando metí las manos a los bolsillos de su chaqueta encontrando su celular el cual rápidamente dejé en el bolsillo de mi abrigo, pero eso no era lo importante ya que lo esencial era zanjar esto ahora mismo. Con atrevimiento metí las manos al bolsillo de su pantalón, cosa que hizo que el jadeara y yo sonriera pero por cosas distintas.

La cortapluma que aferré a mi mano fue la que provocó mi sonrisa y la que provocó un pequeño grito en el cuando la clavé directamente en su estómago. Me miró con odio y trató de llegar a mí, pero su debilidad y un puntapié de mi parte no se lo permitió. Yo sabía que con eso él no moriría, así que por un minuto no me preocupé si mi ropa se manchaba un poco más.

Luché contra el grito de horror cuando vi el cuerpo inerte y pesado del hombre caer contra el piso de concreto y miré mis manos que debían estar llenas de sangre, pero con lo que me encontré, fue con dos cosas negras ensangrentadas, que temblaban y que sostenían una cortapluma, esas dos cosas negras eran las guantes de Edward que cubrían mis manos y que yo no me había dado cuenta de que aún llevaba.

Hecha una bala caminé nuevamente hacia el hospital y entré al baño donde inmediatamente eché a correr el agua de la llave del lavabo y comencé a lavar los guantes de Edward junto con la cortapluma. Era plateada, delgada y había sido mortal hasta hace unos cuantos segundos, pero mucho más que eso, tenía las letras C.S. grabadas.

Me miré al espejo y nunca antes había sido consciente de lo fea que era, no en el exterior sino en el interior, en donde nadie me podía ver realmente. Dicen que las criaturas más dañinas y deplorables son hermosas a la luz, pero en la oscuridad se puede ver lo podridas que están, y de eso fui consciente en el callejón sin luz en donde maté a sangre fría a ese hombre, pero en el fondo de mi supe que no me arrepentía si podía proteger a quienes quería de esta forma, y eso me hacía aún más horrible. Supe como se sentía Edward y fui capaz de ponerme en sus zapatos por un minuto.

Sabía que mamá estaría decepcionada de mi y ahora me iría al infierno cuando muriera, no es que antes hubiese tenido la certeza de que iría al cielo, pero era bueno pensar en eso. De todas formas no me importó, porque ya sabía que no era merecedora de ese lugar y tampoco Edward. Nosotros nunca estaríamos en algo parecido al paraíso.

— ¿Edward? — susurré cuando salí del baño y lo encontré con semblante preocupado mirando hacia todos lados.

— ¡Aquí estás! — dijo con alivio. Tomó mi rostro con sus manos y me besó suavemente.

— ¿Pasó algo con Amelie? — inquirí preocupada.

— No, sólo que fui a buscarte a la cafetería y no te encontré, ¿dónde estabas?

— Me sentí mareada y vine a refrescarme. — dije excusándome.

— Si, estás un poco pálida— dijo con el ceño fruncido mientras acariciaba mi mejilla— ¿Quieres que te vea un doctor? — negué y me recargué contra él, luego recordé la cortapluma que estaba guardada en mi bolsillo.

Edward me tomó de la mano y comenzó a caminar conmigo por los pasillos, diciéndome que el hombre con el que se iba a juntar ya había solucionado en problema de Amelie, y que Allan estaba en siendo cuidado por una enfermera que se ofreció al verlo incómodo en los asientos del hospital.

— Espera…— murmuré antes de llegar y miré hacia todos lados. Edward enarcó una ceja y esperó a que hablara—encontré esto cuando salí del pasillo. — le pasé la navaja y el abrió sus ojos como platos.

— ¿Qué…?— la tomó en sus manos y la revisó por todos lados, cerciorándose de lo que estaba viendo.

— ¿Nos tendremos que ir de Francia? — abrió ligeramente su boca, pero no alcanzó a responder ya que una mano se posó en su hombro. Los dos nos dimos vuelta para ver a un hombre de cabello negro y ojos oscuros mirarnos con una sonrisa. Me tensé completamente.

— ¡Edward! —dijo con voz alegre—, así que esta es tu Isabella.

— Claro, claro. — murmuró distraídamente mi novio quien aún no salía de su shock.

— Un gusto, Isabella. —murmuró John con su cínica sonrisa tendiéndome la mano.

— Lo mismo digo— dije dándole una mirada, pero sin tomar su mano, ya que la aferré aún más al pecho de Edward.

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¡Hola! Perdón porque el capítulo no llegó antes, pero son demasiadas cosas, una de ellas que ahora lo terminé aún cuando estoy enferma. Eso no me gusta y no me enorgullece porque siento que no di todo de mi, así que si hay algo malo es entendible y sin ninguna duda lo arreglaré después cuando esté mejor.

Muchas gracias por su apoyo, y perdón por decirles en los reviews que actualizaría el viernes y luego el sábado. No fue intencional.

John estará representado por Sam Riley, el mismo que aparece junto a Kristen en On the Road. A mi me encanta él, así que mmm.

Entre todo este pequeño caos que tengo, estoy feliz porque ya tengo el final de esta historia, sé exactamente que va a suceder. No quiere decir que esté por terminar, pero lo escribiré antes para tenerlo listo.

APARENTEMENTE, Edward no tiene nada que ver con Reneé. No den nada por sentado, pero dejémoslo así ahora.

Nos leemos, perdón por no poder decir algo más.

Un abrazo, las quiero.

Isa :)