One More Time.

¿Qué tan difícil es el querer intentar, otra vez, el cubrir las tristezas de un amor pasado con uno nuevo? ¿No es eso lo que normalmente las despechadas, ejem, hacemos?

Quizá no todas, pero la mayoría sufre un par de días; al siguiente, saca dinero del cajero automático y; al cuarto, ya está a punto de perder la conciencia en un bar nudista para mujeres mientras un super sexy tipo se restriega contra ella en tanga. En serio, y no sólo soy yo la que lo digo, la mejor manera de sacar una espinilla que estuvo allí por días es usando las banditas pegajosas que sirven una sola vez.

Y funcionan. Incluso Pilika, que era una fan acérrima de ellas, las usaba cada viernes de cada semana.

-¡Auch! ¡Ah! Demonios… ¡estúpidas banditas!-

Y hoy no era la excepción salvo por que hoy no era Viernes, sino Sábado. Pero, ¿cuál era el problema con retrasarse un día? Pilika era una desordenada innata, no había nada de malo en que posponer el día en que limpia su cutis o en el que trataba de enumerar sus calcetines sin par, era igual.

Entonces, arrojó la caja nueva de las banditas al suelo y visualizó la ventana abierta.

-¡Hermano, ven aquí!- Exclamó con fuerza asomándose desde la ventana de su habitación. Su rostro se mostraba algo rojo en el puente de la nariz y sus ojos lagrimeaban un poco, sin embargo, Horo no le respondía. -¡HERMANO!- Lloriqueó aún más fuerte. Entonces, apareció antes de que se le ocurriera golpear el marco.

Horokeu Usui, hermano mayor de la joven peliazul, se mostró debajo de la ventana abierta y elevó la mirada, frunciendo su expresión a causa de la fuerte resolana de la mañana.

-¡Estoy ocupado, Pilika! ¿Qué quieres?-

-¡Necesito que vengas, ahora!- Sorbió un poco por la nariz. Esta vez, las lúgubres banditas habían hecho un trabajo magnífico. -¡Por favor, te necesito aquí, conmigo!-

-¿Qué? ¿Qué te pasa, eh?- Pilika gruñó, su hermano la escuchó. -¡Es que estoy limpiando la cocina con Ren, hermana!- Le grito blandiendo su siempre eficiente trapeador, además de usar un delantal de lo más ridículo…y rosa.

-¿Con Ren?- Este asintió sin dejar de mostrar su expresión arrugada por el sol. -¡AH, CLARO! ¡Como no soy Ren y no tengo su linda cara ni su apetecible trasero al que te la pasas follando me puedo ir yendo carajo, ¿no?! ¡ARG!- Exclamó fuera de sí para después cerrar la ventana con fuerza.

Bueno. u.u

Ventana rota número 3. Anna los mataría si se enteraba y mucho más si sabía que ÉL tenía algo que ver.

-Oh, por Dios.- Expresión horror. -¡Oh, por Dios!- Y Horo ya había olvidado la resolana, ahora no podía cerrar la boca ni bajar la mirada.

-¿Qué sucedió?- Ren había salido de inmediato por el patio de la cocina al escuchar el estruendo. Observó algunos pedazos del vidrio cerca de los pies de su novio, quien parecía perdido en otra dimensión. -¡Horo!- Lo llamó jalándolo del brazo. –Cuidado con ese…-

-¡Si, ya lo vi!-

-¿Qué te pasa, eh?- Preguntó ante el ataque. Horo lo observó por un segundo, serio, sin gracia alguna. -¿Y bien?-

-Creo que Pilika está, completamente, loca, ¡ahora si de verdad!- Anunció con reticencia, con miedo y dolor en los ojos. Ren elevó una ceja. -¡Mira lo que hizo con la ventana! ¡Anna se morirá!-

-En realidad, tú…-

-Si, ya sé que todo lo que se rompe aquí es MI culpa ¬¬.-

-Es bueno que lo sepas.-

Horo puso cara de desesperación mientras Ren recogía algunos pedazos del suelo. Horo se acercó a ayudar.

-¡¿Cómo puedes decir eso, Ren?! ¡No me ayudas en nada!- El aludido no le hizo ni caso. -¡Y ahora Pilika ya pasó el límite de la cordura!-

-Que en su caso, es la locura moderada.- Comentó con un poco de burla, lo cual no le causó molestia al familiar de la misma, sino una mayor frustración. –Es normal que actúe como una desquiciada, acaba de romper con su novio.-

-Entonces, ¿es normal que me maltrate y rompa cosas solo porque la dejaron?- Soltó una risa con altas notas de ironía. -¡Por favor…!-

-La respuesta a tu pregunta es si, cabezota, te maltrata porque la dejaron.-

-¡NO ME DEJARON!-

Ambos se detuvieron en su labor de limpiar los rastros que la escena de histeria de Pilika Usui había dejado. Sin embargo, no le había bastado con intimidar a la bandada de pajarillos en el árbol de casa y a su hermano desde el segundo piso, no. Ahora llegaba con la artillería pesada a desquitarse, ¡con todo!, sobre el pobre e indefenso Ren Tao, quien parecía muy calmado.

Horo solo se escondía detrás de él, por si acaso.

La niña vestida con una faldita muy corta y una blusa blanca se adentró en el jardín y se acercó a ambos chicos. Ren la miraba esperando alguna reacción típica. Pero sólo se acercaba con un paño mojado sobre el rostro.

-¡No me dejaron, ¿entendieron?! ¡¿ENTENDIERON?!-

Ambos tragaron saliva. Pilika alejó el paño de su rostro. Sus labios empezaron a formar expresiones de rabia, tristeza, todo mezclado mientras sus ojos se aguaban y empezaban a empañar, ahora, su blanco rostro con sus gruesas lágrimas. Su hermano no pudo evitar acercarse a ella de inmediato, debía reconfortarla.

-Pilikita.- La llamó con inmensa dulzura. Extendió sus brazos. –No llores, ya verás que—

-¡QUÍTATE!- Le apestó con fuerza.

Lo hizo a un lado y se coló con rapidez, como si fuera una rata en un laberinto, para aferrarse al delgado cuerpo de Ren. Este se tambaleó un poco por la fuerza impuesta.

-Oye, ¿qué…?-

–Ay, Rency, tu si me comprendes, ¿verdad? Tu si sabes por lo que estoy pasando, ¿verdad? ¿Verdad que sí?- Exclamaba con algo de desesperación, fuera de su mundo común y corriente, quizá empezando a pensar que actuar como una pobre mujerzuela abandonada frente a cualquiera era normal. Ren dirigió sus ojos, en silencio, hasta los azules que tenía frente a él: oscurecidos, no brillantes como siempre. Vio una determinación algo demencial.

Tragó saliva. Sus cabellos empezaban a ser manipulados con gracia y lo apretaban y…

Y, a continuación, un profuso llanto que empezaría a mezclarse con su camiseta en cualquier momento. La pequeña seguía apretando su cintura con mucha fuerza, rozando la piel que estaba expuesta, haciendo que el chico empezara a perder la sensibilidad en esa zona. Empezaba a doler.

-Ya. Pilika, a ver...- Imposible el alejarla. -¡Ayúdame, bestia!- Le gritó al peliazul, quien permanecía a un lado de ellos, sin moverse, sólo observando la escena. Ren parecía desesperado y Pilika parecía muy a gusto con su nuevo plushy. –¡Piliiika!-

-¡Ren, no me dejes!- Apretón. -Por favor, por favor, por favor. No lo hagas como lo hizo Tashi, ¡por favor!- Habló en su defensa, a favor que sus brazos permanecieran apretando su cálido cuerpo, de ahora en más. Aquello era lo que necesitaba ahora: calidez, compresión, cariño y masa que apretar.

A.K.A.: Necesitaba un hombre.

Y, entonces, Horokeu Usui decidió hacer valer sus derechos como dueño de ese hombre.

-¡Pilika, ya!- Horo Horo si que luchaba porque la niña lo soltara, pero esta permanecía terca y plantada a su decisión: nadie la alejaría de Ren, ¡nadie! Sus manos se incrustaron como pudieron en la tela de la camiseta que sostenía y una de sus piernas se introdujo entre las de Ren.

Este inspiró un poco de aire para tranquilizarse.

-¡NO!- Gritó con fuerza. Horo se alejó un poco. -No, no lo dejaré, ¡es mío!-

-o.o.o.o.o.o-

-Esto.no.puede.estar.pasándome.-

-No hables así, pareces un mocoso afásico.-

-No me jodas, Hao.-

-¡Oye, yo sólo trato de animarte!- Horo lo vio con algo de desconfianza. –En serio, no creo que debas preocuparte.-

-¿De verdad lo crees?-

-Aja, de verdad lo creo.-

Hao engulló una tercera galleta de la jarra que yacía en la loza de la cocina. Eran deliciosas si las hacía Tamao, esa muchachita tenía un don y no eran precisamente sus lindos pechos.

Bueno, también los tenía, pero él solo se fijaba en los méritos comunes.

Por su parte, Horo Horo no lograba que aquel asunto dejara su mente en paz. Desde hace unas horas, todo lo que pasaba por su cabeza relacionaba a su amante con su hermana, ¡todo! incluso si pensaba en que tenía que tender la ropa. Claro, su sucia mente los imaginaba sin ropa, la cual estaría lavando con sus propias manos de chico engañado.

Se sentía tan mal que decidió caer y lamentarse sobre la mesa de la cocina. Hao rodó los ojos al ver como el ainu se revolcaba con su sufrimiento entre la inmundicia que representaba la mesa que olvido recoger.

-Ya, hombre.- Se acercó y le regaló un par de palmaditas. Cortesía. –Ya se aburrirá.- Pausa para ver hacia el pasillo. Parpadeos. -¡¿Qué estás haciendo?! ¡MOCOSA DEL INFIER--!- Grito Ahogado. Pose de indignación.

Horo parpadeó, estupidizado, pero emocionado: era la primera vez que veía a Haito Asakura, tío egocéntrico por excelencia, actuar como chiquilla humillada. No pudo evitar reír al verlo arrojar el pedazo de galletita que le quedaba al piso, con rabia, mientras se acercaba con rapidez al dúo protagonizado por Lyserg y su hermana.

Lo que siguió si pudo haber sido grabado para transmitirlo por el canal nacional. En serio. Nunca pensó que su hermana, además de explotarlo y matarlo en vida en los entrenamientos, haya aprendido algunas volteretas y golpes dignos del mejor boxeador del momento. Ahora Hao era víctima de sus '¡Kya!' y '¡Jaia!' malvados y sus cabellos sufrían jalones inimaginables. ¡Parecía una pelea de gatas! xD

Horo Horo Usui reía como nadie en casa. Era un espectáculo magnífico, para aquella mañana aburrida y algo deprimente, el ver un seudo-ring armado en medio del pasillo de la cocina por su hermana loca como consecuencia del efecto post-rompimiento. Y Lyserg parecía un muy pobre y asustado árbitro.

-¡TIEMPO!-

¿Tiempo? ¡Nooo! uOù

Horo se calló de inmediato y se acercó a ayudar a su amigo inglés. Respiraba agitadamente y trataba, por todos los medios, de sostener sus pantalones rotos.

-¡Dije, tiempo, demonios! ¡Cálmense ya!- Gritó por segunda vez, dejando que el chico del norte lo sostuviera del brazo. Tomó una gran bocanada de aire al tiempo que ambos contrincantes se separaban y arreglaban su indumentaria. –Si, eso es todo.-

-Todo para ti.- Comentó Horokeu al verlo. Parecía que se caería.

-¡No! ¡Aún no hemos terminado, Ly, amor!- Todas las miradas se centraron en la desequilibrada. -¡Ven aquí, dame otro beso!- Exclamó, con ganas y deseo, siendo detenida de inmediato por Hao.

-¡Sobre mi cadáver, mocosa!- Espetó este, empujándola lejos, llegando a la escalera de madera. Esta lo empujó con fuerza.

Puerta del comedor: rota.

-Ay, no.-

-¡Tú no te metas, idiota!- Y giró para subir escaleras arriba. -¡Eso pasa porque no le das lo que se merece, marica de quinta!- Portazo.

Silencio inmediato.

Silencio incómodo.

Silencio tenso.

…Y Hao resurgía para demostrar que NADIE, pero NADIE, vive después de burlarse de su inclinación sexual, con la cual tuvo que lidiar unos minutos antes de arrojarse contra el pobre de Lyserg un martes por la tarde.

-…la mato.- Rugido. -¡YO LA MATO!-

Pero Lyserg lo sostuvo antes de que intentara llegar y arrancarle la cabeza a Pilika con los dientes.

-¡Es una chica, Hao! ¡Cálmate!-

-¡¿Una chica, Ly?! ¡Es un animal! ¡Está demente!-

-Sólo está alterada, confundida.- Lyserg acarició un poco los mechones de cabellos que caían por el enrojecido rostro del gemelo mayor. Parecía que iba a explotar. –Ven, vamos a sentarnos.-

-'No creo que debas preocuparte'.- Soltó Horokeu en son de gracia, imitándolo literalmente, cuando ambos pasaron por su lado. Hao lo fulminó al instante y de nuevo. –Bien, me callo.-

-Gracias.-

-o.o.o.o.o.o-

-Aún no entiendo como pudo romper mis jeans.-

-Es fuerte.-

-Si, sólo espero no cruzármela hasta que Tamao la haya…-

-Matado.-

-¡No!-

-¡Bueno! Sedado, drogado, matado en vida, ¿qué diferencia hay?- Hao parecía un poco más relajado, sus músculos ya no se mostraban rígidos y su exótico rostro ya podía dibujar, nuevamente, su siempre sensual sonrisa. A Lyserg le gustaba verlo así, PERO quizá debía aceptar que el que lo defendiera lo excitaba un poco.

Tomó su mano por debajo del agua de la poza. El agua estaba calientita y ambos había decidía echar cerrojo.

-A nosotros no nos afecta tanto como a Horo Horo.- Suspiró ante la frase. Su compañero lo vio de reojo antes de acercársele aún más, pasando una de sus manos por encima de su abdomen, terminando por enredarla en su cintura.

-¿Y qué importa?- Sus labios se unieron a la mojada piel del cuello de Lyserg. –Mientras no sea a ti a quién toque, que haga lo que se le venga en gana.-

-o.o.o.o.o.o-

-Oye.-

-¿Qué pasa?-

-En serio, quiero hacerlo pero no puedo.-

Ren se detuvo en su labor de besar el contorno del rostro de su amante al mismo tiempo que lo instaba a levantar las caderas para deshacerse de sus shorts. Trató de observarlo al rostro pero Horokeu solo parecía atento a la inmovilidad y oscuridad que presentaba el techo de la habitación.

Frunció el ceño ante aquel desaire indirecto. Pero no se detuvo.

-Bueno, yo haré que puedas.- Comentó moviendo sus manos, esta vez, dentro de sus ropas. El chico ainu respiró con fuerza. -¿Lo ves? Así funciona…-

-Bien, quítate esto, no, esto también.- Horo Horo conocía de manera perfecta como seguir aquello. Una de sus manos siguió el camino de los botones de la típica camisa china de su novio, mientras que la otra se entretenía masajeando con fuerza y exactitud el trasero del mismo.

Ren ronroneó prolongadamente ante el contacto de las frías manos ajenas sobre su cintura y, ahora, estaban debajo de la camisa que estaba por caer lejos de allí. De verdad que funcionaba tocándolo, masturbándolo y acariciándolo allí cuando no se sentía con ánimos de hacer nada. Ren ya estaba en su punto y no dejaría que sus malos momentos lo arruinaran y lo enviaran al baño durante más de media hora.

-Vamos, tú lo haces mejor…- Risa sobre su oreja.

-No me presiones, chino, sabías que no estaba de humor.-

Gracias, Ren, lo arruinaste.

Otra vez.

-Ya ni siquiera me hablas con esos motes estúpidos.- Ren se incorporó y quedó sentado a horcajadas sobre las caderas del joven del norte. Este lo siguió, quedando sentado muy junto a él. -¿Qué te pasa?- Preguntó.

-Es Pìlika.-

-Ah.- Ahora jugaba con los mechones que caían sobre su frente. Le agradaba jugar con su rostro, de cualquier forma: apretando sus mejillas, delineando su nariz, jalando sus labios...

-Nunca la había vist—

-¡REN! ¡HERMANO!-

-Oh, mierda.-

El niño de China no hizo más que soltar la grosería al tiempo que su cuñada entraba a la habitación sin tocar ni pedir permiso. Odiaba que hiciera eso y ahora se trepaba a la cama que compartían como si se tratara de una vulgar cama elástica.

-Yo me voy, necesito darme un baño de agua fría.-

La niña lo vio acercarse a la puerta de salida.

-¿Necesitas ayuda, Rency?-

-¿Tuya? No gracias, tengo dos manos muy dispuestas a terminar lo que jodiste.-

Portazo limpio.

-o.o.o.o.o.o-

-¿Sigue aquí?- Ren suspiró de manera sonora, hastiado, aburrido. Recurrió a hacer una mini pataleta antes de acercarse a su armario a sacar una muda de ropa. Ya ni siquiera podía pensar en tener la noche pervertida que había estado planeando en el baño, Pilika, la niñita más incomprendida del continente asiático, le había jodido los planes al haberse quedado dormida en su lado de la cama.

-Se quedó dormida y…-

-No importa.- Dijo. Sacó una almohada del armario y desenrolló el futón por allí había, en caso de alguna visita inesperada. Además, sobraba una cama desde que él ahora compartía la suya con Horo Horo.

Bueno, volvería a las andanzas.

-¿Pretendes dormir allí?-

-¿Qué? Esta es mi habitación.-

-Pero hace frío.-

-¿Y lo piensas ahora?- Horo lo miró en silencio. –Quiero quedarme aquí, ¿bien?-

-Conmigo.-

-Si, contigo, idiota.- Dupla de sonrisas. –Nunca pensé en la posibilidad de irme a dormir con Hao.-

-No te dejaría.-

-Ajá.-

-¡En se-!- Y se calló al tiempo al sentir un ligero movimiento a su lado. En realidad, no estaba con las ganas suficientes para aguantar más de las suplicantes y horribles pláticas del corazón de Pilika. Así que moduló su voz. –En serio, tú solo duermes conmigo.-

Ren giró su semblante algo molesto para ver como la mirada de su koi empezaba a tornarse intensa con el pasar de los segundos, con el inmediato pasar de todas aquellas sensaciones que parecía despertarle. Emitió una sonrisita. Horokeu se la devolvió.

-No veo qué es lo que estás esperando.-

Entonces, no pasaron ni dos segundos más antes de que el chico de Hokkaido estuviera envuelto en las sábanas, junto a Ren, quien había improvisado un muy cómodo lugar para pasar la noche, juntos, muy juntos.

-Entonces, ¿podemos hacerlo? ¿Si?- Preguntó con ansias acumuladas, acercándose mucho más, empezado a deslizar sus manos por el abdomen descubierto de Rency, tocando cada uno de esos cuadraditos no muy definidos. Sus labios hicieron el trabajo de un perro lazarillo, guiándolo a ojos cerrados con besos por el fresco cuello de su acompañante.

-No con tu hermana mirando.- Susurró.

-¿Mmm…?-

-Que tu hermana nos está mirando.- Volvió a decir, esta vez un poco más fuerte mientras ostentaba un poco de vergüenza por estar siendo manoseado frente a un par de ojos que, si no se equivocaba, empezaban a hartarse.

-Ya, amor, ¿déjame si?- Y siguió con los juegos, no sin antes colocarse sobre él, removiendo las sábanas y demás. –Sabes como me encanta tocarte, si, lo sabes…-

-¡Y yo no lo sabré!- Exclamó a zapatazo limpio. El pobre chico peliazul terminó rodando unos cuantos metros lejos de su lecho. Ren se levantó al instante.

-Me largo de aquí, que duerman bien.-

-¡¿A dónde vas?!-

-Con Hao.-

Entonces, Pilika se incorporó en su lugar, se bajó de la cama de inmediato y, sin esperar permiso ni nada, se aferró a Ren una vez más.

-Voy contigo.-

-¡¿QUÉ?!- Horo estaba sorprendido.

-¡¿Para qué?!-

La niña sonrió inocentemente mirando a aquel par de chicos estupefactos. Aich, ¿qué no entendían nada? Si, no entendían, ¡no entendía nada!

-Pues…-

-¿Pues qué? ¡Niña, nos enfermas, déjanos en paz!-

Entonces, la linda Pily hizo ojitos de perrito bajo la lluvia, mirando en especial a Tao Ren, quién pretendía escabullirse sin ella del lugar.

¡Y no lo permitiría, no! ¡Después del desplante de Yoh en la cocina y de la amenaza de Anna, ya no podía dejar pasar aquella oportunidad con el único miembro de la casa que la había excitado de sobremanera sin que ella lo exigiera!

Y, claro, sin que él se lo propusiera.

-Pues…-

-¡Habla!-

-¡Ay! Aún no he probado a Hao. u.u-

-…-

-…-

-Ya. Me voy a dormir.- Ren se dio media vuelta y salió del lugar mientras su novio se encargaba de acoger a su hermana entre sus brazos.

-¡Pero sólo es una más, una vez más!-

-¡No!-

-¡Si!-

-¡No, loca!-

-¡Bueno! ¡Pero eso no quiere decir que te probaré!- Y se echó a dormir. Su hermanito rodó los ojos.

-De acuerdo, déjame llorar.-

Fin.