Antes de nada, lamento el retraso, se nota que a partir de aqui empieza el grueso de las ideas que tenía para esta historia... y nunca se me ha dado muy bien el reflejar lo que tengo en mente con lo que mis dedos se empeñan en escribir, je. Evidentemente, también a partir de aqui seguro que empiezan mis fallos más garrafales con respecto a la mitología de la serie, por lo que espero que no os moleste demasiado, y que, sobretodo, me aviséis con lo que veáis más "asín". Os lo agradecería "muy mucho" :)

No sé si os lo había comentado antes, pero, aunque reconozco que no es el primer fic que escribo (soy una xfila declarada, jeje), sí es el primero de este mundillo de Vampire Diaries... Y sí es el más largo con enoooooorme diferencia de todos los que llevo hechos. Así que de nuevo perdón por la longitud del mismo, espero no cansaros demasiado,je. Y prepararos para la historia de Lillian: es la paranoia más grande que hayáis podido leer, JAJAJAAJAJA! ;) Saludos a todos, y gracias por estar ahí!

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX XXXXXXXXXX

Apenas puede creerse lo que está pensando, pero es cierto. Stefan Salvatore, tras todo lo vivido (y sacrificado) en estos cuatro años... Está empezando a abandonar la partida.

El recuerdo de esa misma mañana lo atosiga: Elena entrando en su habitación (la habitación que comparten desde la conversión de ella) con su rostro cetrino, su negativa a hablar de lo sucedido, más allá de unas "desavenencias, nada serio, te lo prometo. Ya sabes cómo es Damon". Tras haberle exigido la noche previa que sería ella, ella, la que se quedaría con su dormido hermano mayor. No él, sino ella. Juntos. En el mismo cuarto, en la misma cama.

¿Y qué hizo él? Lo mismo que hizo la noche anterior: nada. Absolutamente nada. No dijo nada, no intentó nada; tan sólo asintió, le dio un abrazo, le dijo que la quería, esperó a que se duchara (oyendo murmullos de Damon hablándole de nuevo al vacío por el pasillo), y la llevó minutos después al motel donde la esperaba Caroline.

El "juego" entre hermanos por la chica sigue en pie, y se ve echándose a un lado estrepitosamente... por propia decisión. Con Damon aparentemente perdiendo la cabeza, y con él mismo haciendo algo parecido... "por amor al arte", que diría su hermano.

La culpa de sus pensamientos imprevistos la tiene Katherine, se defiende a sí mismo. La maldita llamada telefónica que la vampiro le hizo justo antes de entrar en la tienda. Preguntando por Damon, claro. Por sus extrañas alucinaciones. Por si el propio Stefan necesitaba ayuda. Y sin que ése fuera el verdadero motivo de su llamada, por supuesto. Para nada. Si de algo está seguro con respecto a Katherine, es que ésta nunca muestra sus verdaderos propósitos. Pero si algo sabe también Stefan, es cómo torearla en condiciones: cual caballero, espada en alza, sorteando al dragón de turno del castillo.

Pero claro, una cosa es esquivarla, y otra no oírla. Como cuando preguntó inocentemente por Elena y Damon. No por Elena por separado, no. Por los dos juntos. Y, al responderle él que porqué se interesaba tanto por todos ellos, que porqué no los dejaba en paz a los tres, ella tan solo se rió. Cual chiste infantilmente emponzoñado.

- ¿Cuándo te darás cuenta de mi verdadero interés, Stefan?

- No quiero saberlo.

- Claro, cariño. Pero lo harás. Acabarás viéndolo... aunque te costará hacerlo, como siempre. ¿Y sabes por qué? Porque, pase el tiempo que pase, sigues sin aprender de verdad el principal y auténtico axioma en el mundo. Lo único que nos mueve a todos por igual, incluido Damon... y a tí.

- ¿Qué es...?

- Que siempre se quiere lo que no se puede tener.

Y dicho lo cual, la vampiro le había colgado. Riéndose. Dejándolo pensativo, maldita sea.

Por unos instantes, su mente le lleva atrás en el tiempo. Cuando conoció a Katherine Pierce, aquella "pobre muchacha" con tan mala fortuna en la vida. Cuando la vio sonreír, cuando le declaró su absoluto amor hacia ella. Cuando la besó por primera vez, y pudo sentir que la "joven" aceptaba sus labios. Cuando comprendió que estaba total y absolutamente enamorado, aun presintiendo que la historia no tendría un final feliz, que su hermano y él nunca volverían a estar como antaño.

¿Y por qué lo hizo? ¿Qué lo empujó a desarrollar esos sentimientos por la que creía humana como él? ¿Fue su mirada, su pelo, su cuerpo... O quizás todo ello se juntó a su supuesta situación? ¿A su necesidad de protección?

¿Cuándo dejó de sentir aquello por Katherine?

La respuesta le asusta más de lo que puede admitirse a sí mismo: cuando descubrió su vampirismo. Cuando comprendió que todo había sido un error, una mentira, una maquinación para hacerles daño a Damon y a él.

Cuando resultó que ella no lo necesitaba en absoluto, sino que no era más que un juguete en su colección.

El lugar donde aparcó el coche parece más lejano que nunca, mientras camina con pasos enlentecidos por sus propios pensamientos.

Elena ya no es débil. En un tiempo, cuando consiga acostumbrarse a su nueva naturaleza, no volverá a necesitar a nadie para que la cuide, para que la proteja de todo mal. Ella será su propia guardiana, nadie podrá siquiera acercársele por la espalda sin enterarse. No requerirá brazos fuertes para sostenerla, porque, si bien siempre fue la más fuerte de todos ellos mentalmente, ahora también lo será físicamente.

No lo necesitará a él.

No, no. Elena no es Katherine, ni por asomo. Y él no hará lo mismo.

Un momento... ¿es eso? ¿Se está rindiendo por no ser ella la humana que era no hace ni diez días? La sola idea le asquea tanto que se siente a punto de vomitar. Después de todo lo que han pasado juntos, después de tantos sufrimientos, se niega a repetir ese patrón de comportamiento.

No lo hará. Peleará contra todo lo que haya que pelear por ser feliz con la mujer de su vida. Contra viento y marea, contra la situación y lo que conlleve.

Y si hiciera falta, contra su propio hermano.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

Aceptar... o no.

Algo sencillo: sí o no. Blanco o negro. Alucinación o realidad.

Oh, qué diantre: la curiosidad le está matando (casi puede oír el tintineo del sarcasmo en su propia cabeza), lleva matándole desde que la viera por primera vez en esa cámara, enterrada (hoy estás fino, colega) en su submundo particular.

- De acuerdo, acepto-los hombros de ella se destensan, y casi le parece atisbar una media sonrisa satisfecha-. Pero empiezo yo esto: dime qué eres.

Lillian avanza unos pasos, y su mirada se detiene unos instantes en una de las estanterías. Nerviosa. Con los brazos cruzados sobre el pecho, las manos prietas. Durante unas décimas de segundo, Damon casi podría asegurar que el tiempo se detiene, que su cuerpo deja de ser tan sustancial y su conciencia se difumina entre las cuatro paredes, deslizándose con sigilo voluptuoso, enroscándose en cada recoveco de la cámara. Como si estuviera en todas y cada una de las trazas del aire, como si no fuera nada más que alocada brisa en medio de un cuarto sin ventanas ni puertas... Pero no es otra cosa que una ilusión, se recuerda. Una suave y confortable ilusión, que casi parecería calentarle unos huesos que hace mucho dejaron de ser cálidos.

- Tienes que entender una cosa, Damon: no has sabido de nuestra existencia hasta ahora por una sencilla razón: nuestra cautela. Si las Mayores se enterasen de que estamos siquiera hablando, fuera de lo que fuera, yo...- el suspiro parece terminar la frase por ella-. Digamos que es complicado, mi mundo en general es muy complicado. Pero intentaré... intentaré simplificarlo lo máximo posible, ¿de acuerdo?

Por primera vez en mucho tiempo, Damon calla, mientras sus ojos permanecen fijos en la mujer. Absorbiendo el mismo aire que ella parece respirar, aun a sabiendas que Lillian no está allí realmente, no en ese cuarto, no con él. Y el silencio del vampiro parece darle más ánimos a ella, ya que prosigue con voz tenue:

- Mi estirpe es muy antigua. Por si te preguntas, el no-muer... el vampiro que más años pueda tener de todos vosotros no llegaría siquiera a la comparación de un bebé humano con una de mis Mayores. Es cierto que no somos las primeras, pero puedo asegurarte que distamos mucho de ser las últimas en aparecer por aquí. Y el llevar tantísimos años en la Tierra nos ha dado muchos nombres; algunos nos gustan más, otros menos.

"Como es de esperar, siempre se te recuerda más por aquellos actos negativos o humillantes que hayas podido hacer en tu existencia, antes que por los buenos o necesarios. En todas las razas sucede lo mismo, incluida la humana. Y el nombre por el que más se nos puede recordar, un nombre que se interpreta más típico de leyendas y misticismos, es el nombre que más aborrecemos por toda la maldad que parece llevar impreso, por todas las atrocidades que se cometieron bajo el mismo. Por favor, no me pidas que te lo de, al menos no por ahora. Ni siquiera nos permiten murmurarlo entre nosotras. Pero sí puedo darte aquél por el que nos identificamos todas: el de mantenedoras".

- ¿Mantenedoras? ¿Mantenedoras de qué?

- Del Equilibrio. Somos las guardianas del Equilibrio.

- No entiendo. ¿Qué equilibrio?

La sonrisa de ella se hace tibia entre sus labios, y Damon comprende, por primera vez en su existencia, que está total y absolutamente impresionado por lo que está oyendo. Y no le gusta eso, no le gusta la sensación de agradable dicotomía, el no querer y también ansiar escuchar por encima de todas las cosas; porque pierde entonces la atención sobre su alrededor, pierde... pierde su propia autonomía. Pierde su fortaleza. Su independencia.

No le gusta, pero sigue escuchando. Y sigue escuchando con demasiada curiosidad, más de la que ha podido mostrar en muchos años de su existencia como vampiro.

- No un equilibrio cualquiera, sino "el Equilibrio". Es... cómo explicarlo... digamos que el Equilibrio se compone de muchas fuerzas, de muchas... muchas... muchas "energías". Aquello que consideramos como el Bien y el Mal, el Alma y la Conciencia, la Intención y la Desidia,... Demasiados apelativos a considerar, demasiado... - eleva sus brazos abriéndolos al aire e intentando abarcar algo excesivamente grande-. Imagínate un campo de fútbol, ¿de acuerdo? Un campo que se compusiera de miles y miles de campos integrados en él. ¿Lo tienes?- él asiente suavemente, y ella sonríe-. Pues ahora intenta pensar en cada brizna de césped que compondría ese enorme campo resultante. Cada una de ellas es una parte elemental del Equilibrio, una parte que ha de ser continuamente controlada para no desecarse o humedecerse demasiado. Nosotras colocamos cada rincón, cada minúsculo grano de tierra que pudiera haber en ese campo en una balanza, y actuamos sobre ello para devolverle el estado único y correcto en el que debe estar.

Absurdo. Todo absurdo. Hazla callar de una jodida vez, y lárgate de allí, mentecato.

- ¿Y cómo sabéis cuál es ese estado? ¿Qué "balanza" utilizáis?

- ¿Qué usamos? A nosotras mismas. Nosotras somos la balanza. Se tarda años en aprender a controlarlo todo, pero es así. Observamos, decidimos y actuamos.

Damon entrecierra los ojos, pensativo.

- Si éso fuera cierto... ¿qué clase de objetividad tendríais? No parece muy... razonable.

- Cierto, muy cierto. Y motivo de discusiones entre hermanas. Algunas opinan que, como todas coincidimos en esos criterios siempre, debe ser automáticamente sinónimo de que es lo correcto. Y otras... otras piensan que, dada nuestra costumbre de permanecer muy cercanas las unas a las otras, en cierto modo "contagiamos" esa direccionalidad en el control- y es decir aquello, y el vampiro, ilógicamente, comprende que quien tiene en frente pertenece a ese segundo bando. ¿Y por qué lo sabe? ¿Por qué está seguro de ello? ¿Qué diantre le está pasando? - Sea como sea, el caso es que nos toca mantener el Equilibrio.

- ¿Y qué pasaría si no lo hiciérais? Vamos, si lo que me estuvieras contando fuera cierto, claro está...

- Claro está-de nuevo, Lillian sonríe. Y Damon comprende en esa sonrisa que ella sabe que él la cree. La cree sin reservas. Definitivamente, aquella situación le molesta sobremanera-. Si no lo hiciéramos... Todo se descompensaría, las demás Ramas se verían afectadas, y...

- Espera, espera. "Ramas". Cuando me hiciste... cuando me hiciste aquello de... -su cuerpo parece temblar por unos instantes, y se odia por su propia debilidad ante el mero recuerdo- ... bueno, lo que sea que me hiciste, mencionaste algo de eso. Dijiste... dijiste algo...

- Dije que por ser de Ramas distintas, tu organismo no tenía la misma velocidad de sanación que tiendes a experimentar en tu día a día. Y es cierto. Perteneces a la considerada como Rama de la Sangre.

- Vaya, ahí sí que se comieron el tarro para darle nombre, ¿no?- esboza una sonrisilla sardónica, y se muestra aparentemente pensativo-. Espera, espera: ¿tiene algo que ver que nos alimentemos de sangre para llamarla así? ¿No, verdad?

Lillian bufa, con un deje levemente cansino... Y él se encuentra infantilmente victorioso.

- ¿Se supone que eres una especie de graciosillo de turno, o qué? No es sólo porque te...-parece costarle digerir la palabra, como si tuviera un sabor de boca particularmente desagradable-... "alimentes" como dices tú de ella. Toda tu esencia se basa en la sangre.

- Explícate.

- ¿Por qué crees que puedes correr a mayor velocidad que la de un humano? ¿Por qué tienes esa fuerza?

- ¿Porque hago ejercicio duro todos los días?-al ver el rostro de ella, levanta las manos conciliador-. Vale, vale, por la sangre. El tomar un chupito de vez en cuando me hace un Hulk versión 2.0, lo capto.

- Un "chupito"-la cara de la mujer se contrae de puro disgusto-. Ese "chupito", como tú lo llamas, es tu manera que debe tener tu cuerpo de suplir aquello que se tiende a desvanecer del mismo. El beber sangre reinstaura lo que pierdes.

- Hasta ahí llego, fisgona. Reinstauro nutrientes que pierdo y demás gilip...-los ojos de ella se achican, molestos-... tonterías.

- No me llames así. Y no es sólo eso, es mucho más: tu propio Equilibrio interno necesita que lo hagas. Lo cual me lleva por fin a preguntarte ahora yo por algo- su cruce de brazos sobre el pecho indica determinación, y Damon no puede evitar sonreír, mientras se acomoda más en el sofá-. ¿Cómo hacéis lo de la compulsión? Entiendo lo de la fuerza y la velocidad, dado que es vuestro propio cuerpo el que "sufre" los cambios, pero... ¿Cómo conseguís influir en otra persona? ¿Necesitáis... ya sabes... necesitáis...

- ¿Darle un sorbito previo? No. Es.. cómo explicarlo... ¡magia!

Hace un ademán de mover las manos cual hechizo que estuviera realizando, y Lillian suspira:

- Desde que hemos empezado a hablar de verdad, la única que ha sido sincera aparentemente soy yo. Y en eso no consiste un bis a bis, Damon. ¿Te importaría ser un poquito más respetuoso? ¿O es que tu raza no conoce tampoco el respeto?

- Parece que desconoces mucho sobre mi "raza", como tú misma la llamas. Y sí, hay algo llamado "respeto", por supuesto. Supongo, simplemente, que no te has topado con el máximo representante de ella- poco a poco, conciliador, baja los brazos... y sucede algo extraño: se escucha a sí mismo responder unas palabras que no pensó que pudiera decir... y mucho menos sentir-. Lo siento. Tienes razón, y lo lamento. Es que... todo esto es demasiado... extraño. Pero vale, prometí jugar en el juego, y voy a intentarlo, ¿de acuerdo? Lo de la compulsión es... bueno, es dificil de explicar, pero puedo intentarlo. Veamos...

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX XXXXXXXXXXXXXXXX

(Continuará)