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Disclaimer:

Prince Of Tennis no me pertenece.


El Contrato

Capítulo IX

Seúl era simplemente hermosa en todo el sentido de la palabra - Vas a resfritarte si te quedas más tiempo del necesario allí - señalo Seiichi llamando su atención, eran exactamente las dos de la tarde del primer día que pasaría sin Sanada a su lado, en cuanto había llegado al aeropuerto con tan solo enseñar su identificación le consiguieron dos boletos en primera clase con rumbo a su destino, era la primera ocasión en la que agradecía ser esposada del pelinegro por mucho que este le hubiera hecho daño al acostarse con alguien que claramente no era ella sino... la tal Alexandra.

- El clima esta cálido, no me resfriare - le contesto con una dulce sonrisa y este solo se encogio de hombros como diciendole "cuando suceda te diré que te lo dije" pero dudaba que se fuera a enfermar, la ducha de la noche anterior no le había hecho efecto así que suponía que no lo haría ya, le había explicado más o menos a Seiichi que había sucedido entre ambos, sin entrar en demasiados detalles porque lo que menos deseaba era una pelea entre ambos, eso no le apetecía en lo absoluto aunque ella quería golpearlo con toda su fuerza.

Los periodistas lo habían estado esperando afuera del aeropuerto, claro que habían pedido explicaciones de porque no llegaba con su esposo si eran recién casados, con una maravillosa sonrisa simplemente había contestado que Geinichirou tenía asuntos pendientes en su empresa y como el buen esposo que era se había encargado de que se divirtiera un poco en Seúl en compañía de su amigo Seiichi quien había agregado que era para proteger el tesoro más valioso del pelinegro, eso era una mentira del tamaño de la luna pero no pensaba decir nada, al menos no de momento.

- Vamos de compras Seiichi - le comento de la nada, nunca, absolutamente nunca esas palabras hubieran salido de sus labios pero allí estaba, pidiendole a su amigo que fueran a los famosos distritos comerciales de Seúl que era considera una capital de la moda así que quería divertirse un tiempo y olvidarse de todo lo que estaba sucediendo - Lo siento, verás... me tengo que ir hoy de regreso a Japón, después de todo sabes que manejo la empresa de Sanada y con la llegada de su matrimonio tengo que hacerme cargo de todo lo que saldrá relacionado con esto - señalo y ella lo miro como si le hubiera dicho algo que de verdad odiaba pero solo sonrió, él no tenía la culpa de nada de lo que estaba pasando.

- No te preocupes, gracias por estar aquí conmigo - agradecio abrazandolo con cuidado mientras este solo le sonreía con calma pero entonces un carraspeo los hizo separarse, ladeo el rostro y el alma se le fue a los pies... Sanada estaba recargado en el marco de la puerta con los brazos cruzados, una ceja encarnada y una mueca de enfado en su rostro y Dios el traje negro que usaba solo la hacía sentirse miserable porque ese hombre le gustaba demasiado y ella simplemente no podía permitirse aquel sentimiento.


- Nos veremos después de su luna de miel - escucho decir a Seiichi que salio de la habitación dejandolos solos, miro a Sakuno que estaba mirandolo directamente cuanto antes hubiera bajado la mirada, había hablado con la casamentera haciendole algunas preguntas sobre su personalidad y esta solo se había reído de su desgracia "Apuesto todo lo que poseo ha que ha mostrado su personalidad agresiva" le había dicho esta mientras se reía de él, en su cara porque la había citado para hablar de ello y eso simplemente logro sacarlo de sus casillas aunque por supuesto que no lo había aparentado en lo absoluto.

- Te dije dos días - hablo ella rompiendo el hielo y él solo sonrió, no, no era una disculpa sino algo que lo tenía sin cuidado, había hablado con Alexandra diciendole que lo mejor era no verse durante un buen tiempo, por supuesto que no le había dicho del contrato, por mucho que la amará lo mejor era desconfiar un poquito de ella, sirvio de mucha ayuda que en sí la pelinegra estuviera demasiado avergonzada por lo sucedido como para no dar demasiadas explicaciones, en cuanto al asunto con Sakuno sabía que era harina de otro costal.

- Me importa poco lo que me hayas dicho, debemos hablar - le sentencio con voz firme viendo como ella hacía una mueca de burla ladeando un poco la cabeza, de verdad que era como ver a otra persona, completamente diferente a la que él había tratado con anterioridad - ¿De qué? ¿De cómo te metiste en las piernas del amor de tu vida? Soy lo suficientemente grande como para saber que no la estabas ayudando porque algo se le había colado en el ojo - arremetio ella con una tranquilidad que a cualquiera otra persona le hubiera exaltado pero él no era cualquier persona después de todo.

Nunca se había imaginado que ella fuera así, que pudiera decir cosas como aquellas, era un tanto... arrebatador - Cuida tu lenguaje - contesto mientras caminaba hasta tomar asiento en uno de los sófas de la habitación, cruzo la pierna mientras pasaba sus dedos por los labios y ella solo se mantuvo firme en la ventana que daba hacía el balcón, recargada en la misma mejor dicho - ¿O qué? - pregunto altaneramente y eso si que logro sacarlo de sus casillas como para levantarse de su asiento, acortar la distancia entre ambos y tomarla con fuerza del mentón.

Paso algo curioso, el brillo amenazador poco a poco se desvanecio y entonces los vio... los ojos llenos de inocencia, ¿qué diablos era aquello? - Oí que deseabas ir de compras con Seiichi, estamos de luna de miel así que... ¿deseas que te haga compañía? - pregunto cambiando el tema, ella se sonrojo mordiendo un poco su labio asintiendo con la cabeza, bien, aquello le estaba dando un poco de miedo pero no pensaba decir nada de nada, en lo absoluto, era mejor que la corriente siguiera con su curso.

- Vamos entonces - tomo su mano con suavidad para avanzar con ella... le daba un poco de miedo pero algo sabía con claridad ella no era bipolar y sabía que si otra situación como la de Alexandra se daba ella iba a sacar las garras de nuevo y por alguna extraña razón deseaba verlo de nuevo.


El auto estaciono delante de un enorme centro comercial, estaban en el área de tiendas para comprar de todo, estaba simplemente maravillada con todo lo que sus ojos estaban viendo, la puerta se abrio y Sanada bajo con ese porte que lo caracterizaba, le extendio la mano que tomo con suavidad y entonces vio a todos los periodistas que estaban esperando por ellos, dio un leve suspiro para entrar, algo que se le hizo curioso era que no había nadie, solo diviso a dos personas, el ajetreo con los periodistas dejo de molestarla cuando las puertas se cerraron.

- Buenas tardes Sanada-sama, tal como ha ordenado la tienda esta solo para usted y para Sakuno-sama - giro la cabeza mirandolo sorprendida, él solo le sorió como si nada lo que le causo un leve temblor en el cuerpo, comenzaron con su caminata siendo seguidos por las dos personas que seguro se encargarían de todo lo que iba a comprar que en esos momentos no deseaba hacerlo porque los instintos de comprar se habían desvanecido un poco - Estare tomando algo en la tienda de abajo, puedes comprar lo que deseés - le señalo este mientras se detenía y la tomaba por el mentón juntando sus labios.

Pensó que iba a ser un beso suave, gentil pero fue todo lo contrario cuando este la beso apasionadamente dejandola sin aire, la solto para besar su frente - P-Por aquí Sakuno-sama - le indico la chica y ella solo la siguio como muerto mientras veía que el pelinegro descendía con porte las escaleras de caracol, sin duda alguna ese centro comercial era muy bueno para tener una arquitectura como aquella pero lo mejor era poner en marcha su plan, o sí porque iba a ser que Sanada Genichirou la deseara como no había deseado a ninguna otra mujer y ahí empezaba su plan.


Miro la hora en su reloj, eran la siete de la noche, había estado un poco menos de cinco horas allí sentado en un cómodo sófa, solo porque Sakuno había estado de arriba para abajo con las dos personas que había solicitado, dio un profundo suspiro, le dolía un poco la cabeza, durante ese tiempo solo había leído el plan de acción para comprar una nueva empresa que estaba a punto de ser sacrificada por sus accionistas pero eso no estaba en sus planes en lo absoluto, deseaba comprarla para sacarle jugo, eso era lo mejor porque necesitaba crecer un poco más y enseñarle a su tío que él no estaba jugando con el hecho de ser empresario como este decía cada que podía frente a las cámaras.

Había visto todas las bolsas que Sakuno se había encargado de comprar siendo llevadas hacía las camionestas que iban y venían, que agradeciera que tuviera demasiado dinero aunque eso no era lo importante, debía mantener las apariencias, incluso después de que el contrato terminara se encargaría de dejarselas, era lo mínimo por su tiempo, al menos así le parecía - Gen - alzo la cabeza de su vaso de whisky en dirección a donde provenía la voz de Sakuno que estaba recargada en el marco de la puerta de entrada al establecimiento pero es que eso no era todo, o Dios no.

Sakuno tenía el cabello ondulado dandole un aspecto seductor, este caía por sus hombros como cascada, usaba un vestido strapless que apostaba había sido confeccionado por el mismísimo demonio puesto que este le llegaba arriba de los muslos por no decir que le cubría lo necesario dejando ver sus bien torneadas piernas, este terminaba siendo bordeado con algunos encajes que se apretaban perfectamente a su piel, sus pechos resaltaban puesto que el vestido se ceñía en esa parte, usaba unas zapatilla de color blanco que se enredaban entre sus tobillos puesto que el vestido era de color rojo, las zapatillas eran de poco tacón pero le daban un aire increíblemente seductor.

Sus labios, ¡Oh Dios!, sus labios eran dignos del pecado en ese momento por dos simples razones, tenían un aire que lo estaba llamando además de que resaltaban por el labial rojo que usaban, jamás, jamás se había imaginado que ella pudiera ser así, es decir, claro que sabía que era hermosa pero incluso pensó que Alexandra lo era más y ahora viendola en esos momentos, sin duda alguna Sakuno era mucho más hermosa, la vio caminar hasta él con paso seguro para detenerse justo delante e inclinarse, ella lo iba a matar de verdad si seguía así.

- No creas que me he olvidado de lo que sucedio en el hotel... no me creas tan tonta - y allí estaba aquella Sakuno pero sus ojos eran los mismos, inocentes, como todo ella, sonrió de lado viendo como ella encarnaba una ceja, Dios, la deseaba e iba a tenerla allí mismo sin importarle nada - No creo que un lo siento sea suficiente, solo dime que quieres que diga y prometo que lo cumplire - aseguro viendo como ella lo tomaba del mentón clavando un poco sus uñas en este, tenía más que garras la cobriza, era la primera mujer que lo hacía decir algo como aquello.

- Si la vuelvo a ver entonces tendremos un serio problema, hablo en serio, no quiero mujeres rodeandote, eres MI esposo - siseo mientras rozaba con suavidad sus labios, escucho el sonido de la puerta del establecimiento cerrada, una a una las luces de la tienda se apagaron y él encarno una ceja - ¿Estás... - ella no lo dejo terminar al llevar sus manos hacía su corbata viendo como la luz de donde se encontraban bajaba un poco pero no se apagaba del todo - Dilo - le sentencio mientras lo miraba directamente a los ojos y noto que en verdad la había lastimado con ello y por alguna extraña razón eso lo molesto... no quería ver esa mirada en ella.

- Lo prometo y para cumplirlo entonces estaras siempre conmigo, te dare tu lugar aunque solo sea un con... - no lo dejo terminar cuando lo tomo de la nuca para juntar sus labios con los de ella, Dios, era como besar a un ángel pero entre todo lo que le había dicho aún estaba aquella Sakuno inocente por esa razón noto que le costaba besarlo así que sonrió mientras la tomaba de la cintura pegandola a él, deslizo una de sus manos hasta su cintura para pasarla por sus piernas la noto tensarse y eso era justo lo que quería por lo que aprovecho el momento para separar sus piernas y lograr que se sentara a horcajadas sobre él, así estaba mucho mejor.

- Tranquila, mientras más vayamos despacio mejor - aseguro separandose un poco notando como ella cerraba un poco los ojos, al diablo con todo, al diablo con el contrato esa mujer iba a ser suya y punto, ya después vendrían los arrepentimientos de parte de alguno pero ahora simple y sencillamente quería perderse en ella y eso iba a hacer justamente.


Adentro con cuidado su lengua sintiendola temblar, si, sabía lo que había hecho el maldito de su tío por lo que en esos momentos se iba a encargar de borrar cada cosa que este le hubiera obligado a hacer, la sintio derretirse en sus brazos y eso le maravillo demasiado, se separo de sus labios comenzando a recorrer con calma su cuello, Sakuno se aferro a sus hombros con fuerza, enterro un poco sus dientes marcandola como suya porque así era, la escucho gemir y sonrió, por primera vez o segunda mejor dicho no estaba teniendo sexo, estaba haciendo el amor.

Sus manos descendieron por su cuerpo escuchandola suspirar, la levanto caminando hasta uno de los enormes sófas donde la recosto con suavidad, se encargo de borrar cada recuerdo de su tío con sus suaves manos, ella solo se aferraba a los bordes del sófa, bien sabía que no era un lugar para nada romántico o especial para ser su primera vez pero ella lo deseaba igualmente así que paso por alto todo aquello, se concentro en explorar cada rincón de su cuerpo con sus manos teniendo el placer de escuchar sus jadeos, gemidos y suspiros que lo estaban volviendo loco.

Con manos temblorosas ella se encargo de despojarlo de la camisa al final de todo, poco a poco la ropa fue desapareciendo, por mucho que deseara aquello tenía que calmarse para lograr que sus miedos desaparecieran, susurro cosas indebidas a sus oídos, las palabras salían por si solas porque nunca durante el acto sexual había dicho algo siquiera, sus pasiones se desataron por completo y antes de darse cuenta él estaba dentro de ella quien grito y derramo lágrimas al peder su virginidad por lo que se apresuro a dejar besos por su rostro buscando calmarla.

Sus uñas se enterraron en su espalda haciendolo sentir un placer indescriptible, se olvido de todo concentrandose solo en hacerla suya, disfruto de las sensaciones que estar con ella le causaba, las embestidas empezaron siendo calmadas para subir de tono poco a poco ante las exigencias de ella, se perdio por completo en su calor, en lo que le estaba ofreciendo y ambos estallaron en el placer, Sakuno cerro brevemente los ojos cansada por los acontecimientos mientras él solo trataba de mantenerse despierto puesto que aún tenían que regresar al hotel.

La miro con los ojos vidriosos de placer, el cabello pegado a la frente dandole un aire seductor, sus labios entre abiertos tomando aire porque este parecía no llegar a sus pulmones y él pudo jurar que es imágen era digna del pecado además de ser una obra de arte que él solo podría ver porque no pensaba que esa fuera la única vez que la tendría así, o no porque sin darse cuenta era la primer mujer que lo hacía sentise... completo.


La deposito sobre la cama con cuidado puesto que ella ya dormía desde que hubieran salido del centro comercial, su respiración se hizo por completo acompasada y él cayo a su lado cerrando brevemente los ojos, mañana podía venir la culpa o podía venir la calma, él especialmente deseaba que fuera la segunda, acaricio su mejilla con suavidad - Es increíble - murmuro mientras besaba su frente para pegarla a su pecho, era un contrato pero en esos momentos él de verdad deseaba que fuera algo más... algo real.

Sakuno se removio un poco y en un movimiento involuntario ella quedo pegada a su cuello mientras el mentón de él quedo apresado en su pecho, escuchando los latidos de su corazón, pausados y cálidos, una de sus manos se deslizo por su cadera pero no midio el espacio y esta termino en su espalda baja, ella abrio de inmediato los ojos, ambas miradas se encontraron, los ojos de ella inocentes y los de él plasmado el placer, gruño en automático cuando ella sonrió un poco, era una sonrisa inocente al menos para cualquier persona pero él no era cualquier persona.

No dudo en tomarla del hombro para acercarla a su cuerpo y besarla con fuerza mientras se subía encima de su cuerpo apoyando las manos a los lados de su cabeza, recorrio de nueva cuenta su cuerpo perdiendose en su calor, en su suavidad, se olvido de todo de nuevo, no, no iba a haber ningún arrepentimiento por parte de alguno, él lo sabía mejor que nadie por eso simplemente se dejo llevar por todo lo que lo estaba envolviendo y disfruto del cuerpo de Sakuno, ella solo enterro sus uñas en su espalda mientras gemía en su oído, lo que lo descoloco demasiado como para no querer dejarla ir nunca más.

Había algo, algo había nacido entre ambos, quiza había sido saber que ella era diferente a como pensaba, que tenía una personalidad agresiva pero que sin duda le gustaba demasiado o quiza era que sentía algo por ella, algo que aunque fuera mínimo crecía con el paso de los minutos porque sabía que estar pasando del contrato era incorrecto pero se sentía... correcto.


N/a

Espero les haya gustado.

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