"No te sueltes Ahome… por piedad no lo hagas, no te dejes morir."

Pensaba con desesperación.

- Eso es, muy bien… Ahora sólo tienes que soltarte del todo. Muere ya Ahome, ¡¡déjate morir!!
- Es verdad… - dijo ella, cosa que me sacó de sí y me llenó de miedo - No les importo. A ellos les da lo mismo que yo muera… ¿para qué luchar por la vida si mis amigos ignoran mi dolor, si mis amigos están viendo pacientes cómo poco a poco se aleja mi vida? – vi horrorizado cómo Ahome se soltó de una mano. Ahora ya sólo se sostenía con una - Es mejor morir…
- ¿Qué esperas entonces?

Ahome comenzaba a soltarse de la otra mano, yo quería gritarle que no lo hiciera, que se detuviera. Todos creo yo estaban muertos de miedo al ver cómo ella ya no luchaba por aferrarse a la vida.

- No puedo morir aquí - dijo ella haciendo que mi miedo se apaciguara por un momento - No puedo morir… me queda mi familia, ellos no me abandonarán ¡No moriré! – dijo con una sonrisa en los labios.
- Mocosa insolente… - dijo Naraku entre dientes.

Ahome trataba ya de volver a tomarse con las dos manos de la raíz, pero Naraku, al ver que ella no había accedido a suicidarse, a arrancarse ella misma la vida… lanzó ese disco de energía hacia la raíz.

Grité su nombre en mis adentros, vi la raíz cortarse, vi a Ahome caer lentamente al vacío, y lo peor… la escuché decir, gritar…

- ¡¡Te odio Inuyasha!! ¡¡Maldito y mil veces maldito seas Inuyasha!!

En ese momento pude liberarme del conjuro de Naraku. Era ya tarde, Ahome casi tocaba el fondo, corrí rápidamente hacia la orilla, y sólo lo hice para presenciar el momento en que las estalagmitas del fondo del abismo atravesaron su cuerpo.

- ¡¡Ahome!!

Maldije la luz de la luna por haberme permitido ver ese momento.

La vi morir, vi cómo las garras de la muerte la arrancaron de la vida a la que tanto se había aferrado.

Ya todos podían moverse. Sango se dejó caer de rodillas al suelo, llorando en silencio. Miroku se sentía tan impotente que ni siquiera se movió, permaneció largo tiempo en la misma posición que estuviera cuando Ahome les pedía ayuda.

Incluso Kikyou lloraba. Lloraba de rabia por haber presenciado la muerte de ella, y por haber escuchado todo lo que Naraku le dijo antes de ella morir… No, antes de él matarla.