Los personajes pertenecen a la saga crepúsculo


Casa de hombres

Bella POV

-¡Mierda!- gritaron los cinco chicos al entrar en el salón. Negué con la cabeza al ver la ventana rota.

-No solo tenemos que reparar el water, si no que ahora tendremos que comprar un nuevo cristal-murmuró Jasper mientras contaba con los dedos el dinero que tendríamos que pagar de más este mes.

-Puede que sea una broma- dije para calmar a esas fieras que se paseaban a mi alrededor.

-Pues que salga el valiente gilipollas que ha confundido unos huevos con una piedra- contestó mordazmente Emmett, seguramente ya habría calculado cuantas cervezas le costaría esa reparación.

-Tampoco es que cueste mucho reparar la ventana, además qué importa, estamos en época de exámenes, dudo que podáis salir mucho de juerga- respondí positivamente, aunque ahora que lo pensaba por segunda vez ese plan no me hacía nada de gracia.

-Cómo se nota que eres una niña de mamá- comentó Jacob mientras se dejaba caer en uno de los sofás- hay gente mi querida Bella que no tenemos suficiente dinero- y de nuevo emergía el Jacob melodramático.

-Y lo dice el chico que tiene mil y una camisa diferente- comenté mientras que empezaba a recoger trozos de cristal. Los chicos rieron.

- Tengo un olfato privilegiado para encontrar gangas- comentó mientras se peinaba el pelo hacia atrás- y no solo me funciona con la ropa- me guiñó un ojo mientras el resto rompía de nuevo a reír.

Me levanté con el ceño fruncido observando a esos cinco vagos que se habían sentado tranquilamente en el sofá mientras yo limpiaba.

Tragué todas las palabras mal sonantes que querían salir de mi boca para esos gandules que tenía como compañeros. Una voz interior me recordó que todo lo que hiciese en ese momento podría ser utilizado en mi contra.

- Me voy a la cama- informé dejando los cristales que había recogido en la mesa. Los chicos se quedaron mirándome dándose cuenta de lo cansada que estaba de esa situación en la que me tenían constantemente.

Sonreí internamente por aquella salida tan digna que estaba realizando. Puede que así me empezasen a respetar en todos los sentidos, puede que hasta dejasen de coger mis sujetadores para hacer concursos de tirachinas.

O puede que esa salida tan digna se convirtiese en un tropiezo y acabase tirada en el suelo mientras escuchaba de fondo las carcajadas de los chicos. Una salida a lo Isabella Swan.
Masajé mi tobillo, mientras mis ojos buscaban aquello que me había echo caer, ¿Qué hacía en el salón una piedra? La cogí observando a los chicos que morían de la risa.

Durante unos segundos pensé en romperles con aquella piedra sus adoradas y fastidiosas cabezas, pero toda mi sed de sangre se esfumó cuando vi una nota pegada en aquel pedrusco.

-Vaya, puede que esto sea más que una broma- dije mientras despegaba el papel ante los ojos de sorpresa de mis compañeros y cuando me dispuse en abrir la hoja y leerla unas manos grandes me la arrebataron.

-Emmett, casi me arrancas la mano- me quejé ante su movimiento tan brusco. Pero al parecer el chico no me oía estaba demasiado distraído leyendo entre susurros la carta que reposaba entre sus manos.

La curiosidad se apoderó de mí e intenté por todos los medios leerla pero para mi desgracia Emmett era muy alto y Jasper muy ágil. Antes de que pudiera darme cuenta me encontraba fuera del salón intentando abrir la puerta que habían cerrado con pestillo.

Me maldecí por ser tan tonta, ¿Pero cómo sabía que esa carta les haría reaccionar tan misteriosos conmigo? Suspiré cansada y agitada dándome cuenta que el tobillo se estaba hinchando.
...

Me levanté de la cama y miré el reloj que marcaba las dos de la madrugada, pasé mi mano por mi cara agotada. No había podido pegar ojo todo en toda la noche dando vueltas por toda la cama.

Abrí la ventana y sentí el viento despejarme, la luna brillaba en lo alto de la noche y los sonidos de los escasos coches acompañaban a la brisa fresca del mes de diciembre.

Mi tobillo palpitaba fuertemente ante la tobillera que me había puesto. Suspiré cansada, agotada, nerviosa y malhumorada.

Ni aún con la tranquilidad de la noche me podía olvidar de aquellos chicos que escondían algo. No sabía el qué, pero estaba segura que no era un simple juego de niños.

Respiré profundamente mientras que masajeaba mis hombros doloridos, estaba segura que si seguía así me volvería loca por culpa de los exámenes y los oscuros secretos de mis compañeros.

Decidí que lo que necesitaba mi cuerpo y mi mente era un vaso de leche acompañado por una bendita pastilla que me quitara todos mis males.

Bajé a oscuras no queriendo molestar al resto, aunque dudaba que estuvieran durmiendo. Con cuidado y lentamente conseguí llegar a la cocina sana y salva, o al menos más de lo que ya estaba.

Encendí la luz sin esperar que Jasper estuviese sentado mientras tomaba alguna bebida en una de las tazas del desayuno.

-¿Tienes la costumbre de venir por las noches aquí a beber a oscuras o solo es una pura coincidencia?- pregunté después de recuperarme de la pequeña y indeseable sorpresa.

-¿Quieres?- me ofreció el vaso que bebía- está en su punto- le miré a los ojos que estaban tan irritados como los míos.

-Paso, no acostumbro a tomar alcohol a horas tan tempranas- susurré malhumorada mientras vertía en un vaso la leche.

-Tú eres más de pastillas ¿cierto?- preguntó divertidamente mientras me observaba tomarme de un cuajo dos pastillas.

-Que gracioso eres- repliqué- ¿Dime es qué te sacas la carrera de humorista por la noche?

-Era chocolate- me informó mientras se terminaba todo el contenido de su taza, suspiré y me masajé las sienes.

-Lo siento no he dormido en toda la noche- me disculpé mientras me sentaba en una de las sillas con mi vaso de leche medio a beber.

-¿Problemas con las amigas?- me preguntó sentándose con un paquete de galletas. Lo miré- soy psicólogo- una sonrisa apareció en mis labios.

- Pero no adivino- respondí mientras cogía una de las galletas- ¿y a ti qué te pasa?- pregunté distraídamente- no soy una psicóloga pero si una chica que ha pasado traumas de madres, amigas. tías, primas… así que cuenta ¿qué es lo que no te deja dormir? - repliqué ante su silencio.

El rubio sonrió para luego pasar nerviosamente una mano por sus cabellos rubios- ¿Sabes? En ocasiones me gustaría que la universidad pasase ya- suspiró- ahora realmente me he dado cuenta de lo que significaba ese "cuídate chiquillo" de mi padre cuando partí rumbo a la universidad- sonrió agriamente y sus ojos azules se encontraron con mis ojos- he descubierto el mensaje oculto entre esas palabras, no confíes en nadie ni en tu mejor amigo porque hasta él puede convertirse en un obstáculo ante tus sueños-

-Jasper- pero el esquivó mi mirada mientras se levantaba de un salto de la silla.

-Creo que deberíamos de volver a la cama- su cara se puso a centímetros de la mía, levanté mi cara ligeramente para mirar sus ojos, sus labios se acercaron a mi frente para dejar un ligero beso.

Él sonrió y yo le respondí, parecíamos un par de muertos vivientes con esas inmensas ojeras que descansaban debajo de nuestros ojos.

-Vaya, vaya si lo sé me vengo con palomitas y todo- dijo la última voz que quería oír en esos momentos- es una escena de película, aunque creo que se debería de advertir de que hay riesgo de convertirse en diabético.

-Y tú qué, ¿vienes a coger tu ración de estupidez?- pregunté mientras me levantaba y salía hacía el pasillo y comenzaba a subir las escaleras furiosamente.

-Vaya que genio puede tener la tocapelotas- me di la vuelta para enfrentarme a la irritante voz que me seguía.

-¿Tocapelotas?-

-Literalmente hablando, claro está- observé como una sonrisa pícara adornaba su cara, lo más probable es que se refería al viaje que le di a su pequeño, muy pequeño amigo.

-Pues ya sabes- crucé mis brazos bajo mi pecho intentado controlar mi rabia- la próxima vez no fastidies si no quieres que esta tocapelotas haga algo más que tocártelas-sus ojos me miraban fijamente con aquel humor tan negro que tanto lo divertía.

-¿Eso es una amenaza?- preguntó divertido, entrecerré los ojos y preparé mi pierna para darle un buen viajecito escaleras abajo-Porque a ese juego pueden jugar dos, tengo que decir que tampoco eres tú ninguna santa respecto a mi-

-En comparación a ti querido Edward hasta el mismo demonio es un angelito- gruñí entredientes, antes de intentar golpearle con todas mis fuerzas pero esta vez él fue más rápido y sujetó mi pierna entre sus muslos.
-Encima de que te regalo otro consolador igualito al tuyo, decides que prefieres una compañía varonil- apoyé mis brazos en su torso intentando mantener el equilibrio a la pata coja- y para rematarlo esa persona no soy yo.

-Eso es ridículo y ahora quier…- pero mis palabras fueron atrapadas por sus labios, le golpee fuertemente en el torso , pero el seguía con aquel beso que no tardó en profundizar. Su lengua se apoderó rápidamente de mi boca y mi lengua jugando tranquilamente poco a poco apoderándose de todo mi ser.

Cuando por fin me liberó la pierna de entre sus muslos mi cuerpo buscó la seguridad que le proporcionaba la pared.

-Entre un cero y un diez… tienes un seis y medio- lo miré sorprendida, después de haberme besado en contra de mi voluntad, el chaval me puntuaba ¿pero qué se creía? No tenía cara el cabrón- no te puedes quejar Bella he sido muy piadoso pero tranquila puedes llegar a un notable con mucha, mucha pero que mucha práctica- me guiñó el ojo y se marchó subiendo tranquilamente los dos peldaños que le quedaban.

A Edward Cullen se le podía definir como muchas cosas: cabrón, gilipollas, hijo de su madre… pero lo que nunca se le podría llamar es predecible.


N/A: Una semana de retraso pero estube de arriba y abajo viendo pasos de semana santa, tomando pipas y sobretodo bebiendo coca-cola para aguantar hasta la madrugada.

Voviendo al tema del capítulo, estoy feliz conmigo misma de escribir el acercamiento que tanto me costaba... por otro lado y sin olvidarme quiero agradecer a todas las personas que se

molestan en enviarme RR y me agregan como favoritos, son un orgullo. El acosador, bueno, no falta mucho en que se descubra quien es ( se aceptan porras), sobre el oscuro secreto

tampoco, conclusión no falta mucho para terminar.

Por cierto, aquí hay gente bastante pervertida entre las lectoras, como le ha gustado alguna lo del consolador (aunque más pervertida seré yo que fuí la que lo escribí).

Buenos sin más me despido no antes sin recordarles que todas las quejas de expresión y ortografía deberán ser dirigida a mi maravillosa chica del pozo.

Lucy