Momento 8: Carrera

Desde muy pequeña, Gabrielle Delacour se había preocupado más que el promedio de los niños por saber que carrera estudiaría cuando fuera mayor. Quizás era porque Fleur no tenía la menor idea de que haría de su vida (aunque era una alumna brillante), quizás era porque en su familia se consideraba superfluo y hasta casi frívolo pensar en eso hasta que llegar el momento apropiado. A Gabrielle le hubiera gustado aventajar a Fleur en algo al menos por una vez, y siempre había encontrado cierto morboso placer en llevar la contraria a lo que se suponía establecido.

Pero lo que verdaderamente la desesperaba era imaginar que en realidad no sería lo suficientemente buena en nada. Tenía pesadillas en las que un caldero con la poción de turno explotaba en mil pedazos, los animales mágicos se le morían de inanición o el Mundo Mágico entraba en crisis financiera, o social, o hasta en guerra por una negligencia suya cometida en algún Departamento del Ministerio.

No sirviera de nada que Fleur la acariciara como si fuera una muñeca, le prestara sus accesorios y su ropa, y le repitiera una y otra vez que era muy pequeña para saber en qué tenía talento. No servía de nada que su padre la llenara de besos y dulces y le dijera que seguramente sería excepcional en cualquier campo en el que quisiera incursionar. Aquellas pesadillas terminaban indefectiblemente en arranques de llanto epopéyicos.

Hasta que tuvo ocho años y se vio sorpresivamente libre de la vigilancia de Madame Maxime en el inmenso Hogwarts. Se largó a caminar, sin preocuparse por las escaleras que se movían, los cuartos que cambiaban de lugar, los espíritus traviesos que habitaban aquel castillo de ensueño. Sin saber muy bien cómo, se encontró en la biblioteca. Recorrió los anaqueles con dedos ansiosos. Siempre le habían gustado los libros, y especialmente el silencio y la calma que reinaban en las bibliotecas. Eran como bálsamo para su alma.

Dobló en una esquina y casi se llevó un susto de muerte cuando un muchacho le saltó al paso. Él apenas le dirigió una mirada antes de seguir corriendo a un rebelde libro que se movía por voluntad propia, y que llevaba todas las de ganarle. Gabrielle apenas tuvo tiempo de pensar en que él tenía algo particularmente atrayente en la mirada antes que el libro en cuestión se cruzar por su camino y decidiera saltarle encima. Lo estrechó entre sus brazos con fuerza, mientras se retorcía como un poseso. Pero finalmente el libro dio un par de sacudidas estentóreas y dramáticas y quedó laxo en sus manos.

- Toma.- Se lo ofreció Gabrielle al niño, que caminaba a su lado con pasos atormentados. Él la miro boquiabierto y perplejo. Ella sintió que se ruborizaba.

- Gracias.- Dijo él en un susurro, pero no lo tomó. Le echó una mirada fugaz a su mano, y entonces Gabrielle vio que llevaba otro libro exactamente igual.- Te lo regalo, ¿sabes? No se supone que debería haber dos libros, y mucho menos se supone que yo estuviera haciendo magia en la biblioteca.

Le dirigió una sonrisa tímida y desapareció aún antes de que ella pudiera agradecerle el gesto. Gabrielle agachó la cabeza y abrió la tapa del libro forrado en tela roja. En la esquina superior derecha se leía Neville Longbottom, y en el centro de la página, Historia de Hogwarts.

Su destino acababa de ser sellado. 

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Ok, nenes, su silencio en la anterior viñeta fue más que muy elocuente. Tienen que comprender, el Gabrielle/Ginny es mi obsesión crack!- porque el Harry/Ginny es mi gran obsesión canon, y el Gabrielle/Neville también es (dentro de mi mundo mágico) canon. A ver que les parece esta otra versión- que no le quita nada a la anterior- del primer encuentro entre Gab y Nev.

Lean, escriban, sueñen, amen, sonrían.

Estrella