Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer


Venganza (Parte 1)

—¡Emmett y Rosalie Cullen! ¿Qué significa esto? —se oyó la voz de Esme desde la planta alta, y los seis hermanos alzaron la vista para verla bajar por las escaleras como un rayo, con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

—¿Qué pasa, mamá? —preguntó Rosalie desde el sillón, hojeando el nuevo catálogo de Victoria's Secret.

—Sí, ¿ahora qué hicimos? —se quejó su marido, desviando la vista por un segundo de los videojuegos.

La mayor del clan alzó una ceja y golpeteó el suelo con la punta de su zapato.

—¿Y todavía preguntas, Emmett? ¿Ya han visto en qué estado han dejado ese dormitorio?

El robusto vampiro echó la cabeza atrás, con cara de haber entendido a qué se refería la castaña.

—Ahhh, eso.

—¿Y te parece poco? —Esme volvió a fruncir el ceño—. Esta vez no está Nessie como para que puedan zafarse de esta conversación, así que ya es hora de que sean adultos y asuman sus responsabilidades. Una lámpara, la cabecera de la cama, la puerta del armario, la grifería de la ducha… ¿Qué más piensan romper? Agradece que tu padre está trabajando y no puede ver todo ese desastre.

—Ya, mamá, no te preocupes, lo repararemos —dijo la rubia de la familia, restándole importancia.

—¿Y cuándo repararán el daño psicológico que le van a dejar a mi hija? —se quejó Edward, dejando a un lado un libro de medicina.

Emmett frunció el ceño, no sólo por el comentario sino porque acababa de ser knockeado por su rival en el videojuego.

—¿Qué tiene que ver Nessie en todo esto?

—Tiene que ver en que ayer estaba intentando dormirla y ustedes estaban rompiendo todo a su paso. Tuve que decirle que su Tía Rose y su Tío Emmett estaban cantando a gritos mientras remodelaban el dormitorio —contestó el cobrizo con una mueca.

—Pues sí lo remodelaron —acotó Esme con ironía—. O por lo menos eso van a tener que hacer durante el día de hoy para reparar lo que hicieron.

Rosalie bufó, revoleando el catálogo de ropa interior y mirando a todo el mundo con su acostumbrada expresión de mal humor.

—¿Cuál es el problema de que nos divirtamos un poco? No entiendo por qué tienen que hacer todo este escándalo por lo que Emmett y yo hagamos en nuestra habitación.

—No es sólo lo que hacen en su habitación. Es lo que hacen en su habitación, en la sala, en la cocina, en el jardín, en las escaleras de entrada, y en el árbol que da a nuestro balcón —se quejó Jasper.

—Ay, perdón, señor Kamasutra —retrucó su melliza rodando los ojos.

Jasper le clavó una mirada fulminante y Alice no pudo evitar reír despacito.

—Perdón tú, señora Kamasutra, Tantra, y jueguitos del sex-shop.

—Bien que pediste prestado el Tantra y te escabulliste con Alice para jugar con los jueguitos del sex-shop, hermano —le recordó Emmett, volviendo a la pelea.

—Todos hicieron lo mismo —interrumpió Alice con su voz de soprano, intentando equilibrar la discusión para que no fueran dos contra su marido—. Además, todos sabemos en esta casa quiénes son los que andan descontrolados haciéndolo todo el tiempo por todos lados.

—Pues si tu marido no nos tirara olas de lujuria todo el tiempo tal vez no seríamos así —retrucó Emmett.

Edward frunció el ceño y sacudió la cabeza.

—No seas mentiroso, Emmett, ustedes andaban como conejos desde antes que Jasper y Alice pusieran un pié en esta casa —le recordó.

—Chismoso —masculló Rosalie.

Emmett se dirigió a la única persona que sabía que, si no se ponía a su favor, tampoco se pondría en su contra.

—Bella, tú llevas menos tiempo en esta familia, todavía no estás contaminada con las pavadas de estos moralistas. Dime, ¿te parece tan terrible lo que hacemos?

La más nueva del clan miró a su alrededor y se pasó una mano por los cabellos, sin saber qué contestar. No era propio de ella meterse en esas discusiones, pero ahora que era parte de los Cullen era mejor que se fuera acostumbrando.

—Eh… Yo creo… Está bien que hagan lo que sientan… —comenzó, y luego vio el rostro disgustado de su marido y cambió el discurso—... Aunque no tanto, porque entonces… —prosiguió, y se encontró con la cara de mufa de su rubia cuñada, que la miraba con los dientes apretados—... Pero si así son felices, entonces no creo que sea un problema… —y sintió la incomodidad y el mal humor proyectado de Jasper—, …mientras no molesten al resto, por supuesto.

La joven madre terminó su respuesta, y Rosalie la miró con cara de pocos amigos.

—¿Y a ti te molesta? ¿Eh? Dilo, Bella, dilo de una vez. ¿Te molesta? —la atacó verbalmente.

—Claro que le molesta, Rose, a todos nos molesta —Alice contestó por su mejor amiga.

Emmett perdió el último round del videojuego y se paró de golpe, exasperado.

—Bueno, basta. Familia, yo los amo, pero cuando se ponen así les daría la paliza de sus vidas. ¡No hay quien los aguante! Rose, mejor vamos a cazar así se calman un poco, bebé.

Rosalie se paró y asintió, disparando rayos por los ojos que ya estaban un poco oscurecidos.

—A ver con quién se descargan mientras nosotros no estamos —bufó, y siguió a Emmett fuera de la casa.

Esme hizo una mueca y se acercó a la puerta, viendo a la pareja a la distancia, corriendo hacia el bosque.

—¡Pero cuando vuelvan quiero que ordenen ese desastre! —les recordó.

«Hijos», pensó, y exhaló un suspiro.

x•x•x•x•x•x•x•x•x

Una semana después, Emmett y Rosalie reunieron a los Cullen en la sala de estar, con la excusa de tener algo muy importante que discutir con la familia.

—Bien, chicos, somos todo oídos. ¿De qué querían hablar? —preguntó Carlisle, interesado como siempre en los asuntos de sus hijos. Esme se sentó junto a él en el sillón y les sonrió de esa manera maternal que solía emplear con ellos, muy a pesar de todos los disgustos que solían ocasionarle.

Emmett, parado junto a Rose cerca del televisor, le dedicó una sonrisa pícara a su mujer y se frotó las manos, como quien tiene el plan perfecto.

—Bueno, para empezar… ¿dónde está Nessie?

Quien respondió fue Bella, sentada cómodamente en el sillón más amplio junto a Edward, Alice y Jasper.

—Se acaba de ir con Jacob de paseo a La Push. Como dijeron que era importante pensamos que tal vez querían discutirlo entre adultos.

—Aunque yo digo que Renesmee es más adulta que ustedes dos juntos —bromeó Edward.

Rosalie se cruzó de brazos e hizo una mueca, pero Emmett rió con gusto.

—¡Jajaja! Pues a ver quién se ríe en un rato, Eddie.

—¿De qué estás hablando?

—De nada.

—¿Y por qué estás deletreando los nombres de todos los equipos de fútbol de la liga en tu cabeza?

—Justamente, para que cierto entrometido lector de mentes no nos arruine el momento.

Edward entrecerró los ojos y se pasó una mano por los cabellos cobrizos.

—Esto no me gusta nada.

—A mí tampoco —coincidió Alice—. Para colmo no he tenido una visión en días.

—Me imagino —rió el más robusto de los vampiros, que al parecer estaba pasando un rato encantador.

—¿Y tú cómo sabes?

—Porque le pedí a Nessie que ella y Jacob no se alejaran de ti en toda la semana, para que no vieras nada que no tuvieras que ver —se mofó Emmett.

Jasper frunció el ceño, claramente enojado.

—¿Fue por tu culpa que el perro no se le despegaba de encima?

—Sí.

—En realidad fue idea mía —corrigió Rose, tirando su rubia cabellera hacia atrás con aires de superioridad intelectual.

Jasper gruñó, molesto.

—Si serán —se quejó—. Ahora voy a tener que pedirle disculpas por amenazarlo de muerte.

Esme alzó una ceja y miró a su hijo con la reprimenda marcada en el rostro.

—¿Lo amenazaste de muerte, Jasper?

El sureño paseó la mirada por el techo de la sala antes de contestar.

—Un poco —murmuró.

—¿Un poco? —rió Alice—. Le acabas de decir que estás planeando descuartizarlo y servirlo de cena para Navidad.

—Jasper, ¿qué dijimos de ser corteses con los invitados? —lo retó Esme.

—Bueno, ya basta con el pulgoso —interrumpió Emmett—. Tenemos asuntos importantes que discutir. Y sí, mi querida Bells, es una conversación de adultos, así que hicieron bien en no traer a Nessie.

—Bien, cuéntennos qué sucede —habló el Dr. Cullen, y con eso dejó inaugurado el espacio para que sus hijos compartieran sus inquietudes.

Emmett volvió a sonreír, al parecer orgulloso de algún plan maestro que llevaba oculto bajo la manga. Cruzó miradas con Edward, y tuvo que aguantar la risa al ver la mueca de su hermano menor cuando leyó su mente y no encontró más que el listado de las capitales del mundo dichas en portugués.

—De acuerdo, así están las cosas. Mi Rose y yo hemos notado que ustedes tienes un… mal concepto de nosotros.

—¿Mal concepto? —inquirió Esme.

—Pues sí, porque andan a los revolcones por toda la casa y no hay baldazo de agua que los detenga —se quejó Jasper.

—¿Ya ven? Ahí tienen —su rubia melliza acotó—. Se piensan que somos unos sexópatas pervertidos. ¿O no?

—Sí —se apresuraron a responder sus cuatro hermanos.

Esme solía intervenir poniendo paños fríos, pero esta vez se quedó en silencio, meditando no sólo sobre el cuarto en ruinas de una semana atrás, sino también sobre las margaritas recién plantadas que había perdido poco antes por culpa de las actividades conyugales de ese par. Tuvo que ser Carlisle, como siempre, quien intentara sonar conciliador.

—No, hijos, no son unos sexópatas pervertidos. Pero sí consideramos que llevan una vida sexual bastante… efusiva y escandalosa… por no decir perturbadora en ciertas ocasiones.

—Gracias, Carlisle —contestó Rosalie con ironía, no muy satisfecha con la respuesta del doctor.

Emmett aprovechó el consenso general para dar rienda suelta a su plan.

—Justamente por esto es que mi hermosa Rose y yo hemos encontrado la solución perfecta para que ya no piensen eso de nosotros.

Los otros seis integrantes de la familia se miraron entre sí, confundidos y asombrados a la vez.

—¿Están diciendo que ya no se van a comportar como un par de conejos en celo? —preguntó Alice, sin creer lo que oía.

—Mmm, no exactamente, enana. Lo que vamos a hacer es demostrarles que no tienen nada de qué quejarse, porque ustedes son igual de calenturientos que nosotros.

—¿Qué? En tus sueños, Emmett —retrucó Edward—. ¡Y ya deja de cantar Livin' La Vida Loca en tu cabeza!

—¿Para qué? ¿Para que me leas la mente? Ya quisieras, hermanito —rió el grandote—. Soy más listo de lo que piensas, Eddie.

—Ya, Emmett. Rose y tú son cien veces peor que nosotros y lo saben —alegó Alice, haciendo una mueca, y Jasper asintió con un movimiento de cabeza.

—Dímelo a mí que lo siento en carne propia —dijo el rubio, rodando los ojos.

—Pues ya verán que no, y hemos recolectado pruebas —se defendió Rosalie.

Carlisle quiso mantenerse serio ante el comentario de su hija adoptiva. Quiso, pero no pudo.

—Hijos, no se ofendan, pero tengo mis dudas de que puedan demostrar su teoría. Es casi tan difícil como probar que hay vida en Neptuno —bromeó, pero a Rose no le hizo ninguna gracia.

—Ah, ¿sí? —dijo, con las manos en las caderas, y luego se volteó a mirar a su marido—. Monito, muéstrales lo que tenemos.

El gran vampiro sonrió nuevamente sacando a relucir sus blancos dientes.

—En un segundo, bebé. Primero tienen que comprometerse con la causa, ¿recuerdas?

Los otros Cullen volvieron a mirarse, y Edward casi se ríe al leer la mente de Alice diciéndole «Se nos fue, Edward, la cordura de Emmett se nos fue por completo, está chiflado».

—Es cierto, casi lo olvido —asintió Rose—. Deben prometer que no se levantarán de sus asientos ni se irán hasta que esto termine.

—¿Tan malo es? —preguntó Bella, poniéndose nerviosa al punto que su cuñado tuvo que arrojarle una ola de calma—. Gracias, Jasper.

—No hay de qué —contestó el de Texas, y volteó a mirar a Emmett y a Rose—. ¿Y por qué deberíamos prometer eso?

El robusto morocho retomó su sonrisa ganadora para responderle.

—Porque si no lo hacen, o sea, si se largan como rata por tirante, estarían dándonos la razón a Rose y a mí en esto de que ustedes se hacen los muy educados y muy correctos y muy morales, y después en privado andan como contorsionistas hot haciendo las mismas cosas que nosotros.

—Emmett, qué cosas dices —lo reprendió Esme, y Carlisle se rió.

—No creo que tanto, hijo.

—Muy bien. Entonces, ¿alguno de ustedes va a confesar que es un sexoso como nosotros? Este es el momento, díganlo ahora y sálvense de la humillación total, o callen para siempre.

Jasper rodó los ojos. Si el fortachón creía que con eso los iba a correr, estaba muy equivocado.

—Emmett, nadie en el universo es un… sexoso como ustedes.

—Te sigues burlando.

—No es burla, hermano, es la pura realidad. Destilan lujuria a chorros.

—Ajá… ¿El resto coincide con Jasper? —preguntó Emmett, mirando acusadoramente alrededor.

Medio segundo después todos estaban moviendo las cabezas afirmativamente, un poco intimidados por la parada amenazante del gran vampiro.

—O sea que todos ustedes se comprometen a quedarse sentados en estos sillones hasta que Rose y yo lo indiquemos. Si tan seguros están de lo diferentes que son de nosotros, entonces no les molestará ver las pruebas que tenemos.

—Ya Emmett, sí, nos comprometemos. Ni siquiera me voy a molestar en tratar de ver el futuro. ¿Qué tanto puedes tener? —respondió Alice, apoyando la cabeza sobre el brazo de Jasper—. Nunca se comparará con lo de ustedes dos.

—Sí tú dices, enana… ¿Todos de acuerdo, entonces?

—Sí, todos de acuerdo —dijo la familia al unísono.

—¿Palabra de honor?

—Palabra de honor —repitieron todos.

—Muy bien. Comencemos entonces.

Emmett acercó su mano a la pila de DVDs que estaba junto al televisor y tomó el de arriba de todo, sonriendo triunfal mientras colocaba el disco en el aparato y todos, menos su querida Rose, se miraban unos a otros preguntándose qué era lo que la pareja había recolectado como prueba de tan descabellada teoría. Con la TV ya preparada en la opción 'video', Emmett le dio a la tecla play y aguardó unos segundos.

La imagen que le devolvió la pantalla no era exactamente la que esperaba.

—Ay, Monito, ven aquí que tu Jane quiere colgarse de tu liana —decía sugestivamente a la cámara una Rosalie en lencería de leopardo.

—Ups, disco equivocado —se disculpó Emmett, riendo, mientras su esposa se llevaba una mano a la frente.

—No soy monito, Jane, soy tu Tarzán. ¿Quieres venir a pelear con la anaconda? —oyeron la respuesta antes de que el joven vampiro le diera al stop.

—¿Y tú crees que alguien puede superar esto? —Edward rodó los ojos, mientras Bella se aguantaba la risa.

Emmett se limitó a sonreír y cambiar el disco.

—Espera y lo verás —dijo en tono jocoso.

Esta vez, la imagen en la pantalla era del mismo par de vampiros, pero en una situación mucho menos comprometedora. Estaban parados uno al lado del otro, mirando a la cámara con una ligera sonrisa.

—Buenos días, querida familia —saludó un simpático Emmett desde el televisor.

—Querrás decir buenas tardes.

—Lo grabamos de mañana, Alice —explicó Rosalie rápidamente.

—Soy Emmett McCarty Cullen —continuó la grabación.

—Y yo soy Rosalie Hale McCarty Cullen

—Qué bueno que lo aclararon, no me había dado cuenta —Edward volvió a rodar los ojos.

—Tal vez nos recuerden de películas caseras eróticas como 'Ese portaligas está que explota' o 'Señor verdulero, ¿cuánto pide por ese pepino?'.

Los hermanos explotaron en una carcajada mientras la Rosalie presente imitaba a la del video y le daba un codazo correctivo a su marido.

—¡Ouch! Perdón, bebé, siempre quise decir eso. En fin, si están viendo este video, seguramente es porque ya han cometido el grave error de fingir que no son la manada de animales en celo que en verdad son.

—Exacto, Monito. Por lo tanto, nuestros hipócritas televidentes van a tener que cumplir la fiel promesa de no levantarse de sus lugares hasta que este video ilustrativo haya finalizado.

—¿Ilustrativo? —preguntó Esme con curiosidad.

—Ya verás, mamá —Emmett le respondió guiñándole un ojo, cosa que no dejó demasiado tranquila a la mayor de las vampiras.

—Y más les vale que cumplan, o se las verán conmigo. Bueno, no conmigo, con el Emmett que está ahí afuera de la pantalla —aclaró el grandote—. Dicho esto, vamos a pasar a lo bueno. Hace una semana, mientras ustedes, pobres tontos inocentes, salían de caza sin sospechar nuestro magnífico plan, mi Rose y yo instalamos unas simpáticas y diminutas cámaras en sus lindos dormitorios.

—¡¿Ustedes qué? —preguntaron todos al unísono, alarmados.

Rosalie se llevó el dedo índice a la boca para indicarles que guardaran silencio, y señaló la pantalla.

—Sí, exactamente, lo que escucharon —contestó la rubia a través de la pantalla—. Los hemos grabado durante toda la semana para investigar la clase de cosillas que hacen ustedes en la cama, ¿y adivinen qué?

—¡Son una manga de pervertidos sexosos! —contestó el Emmett televisivo por ella.

—¿Qué demonios tienes con esa palabra? —preguntó Jasper, que habiendo absorbido la preocupación de toda la sala estaba que no se aguantaba nada.

—Me gusta como suena —respondió su hermano sencillamente, encogiéndose de hombros.

—Y como ésta es la única manera de que lo admitan, nos vemos obligados a mostrarles todo este precioso material, para que lo vean con sus propios ojos y confiesen que…

—¡Son una manga de pervertidos sexosos! —repitió Emmett.

—Ya, Em, ya se entendió.

—Perdón, Rose.

—¿No les parece demasiado, intervenir en nuestra vida privada? —el Dr. Cullen cuestionó las intenciones del video, y Rosalie y Emmett sacudieron la cabeza.

—Ustedes intervienen en la nuestra y se quejan todo el tiempo de lo que hacemos. Ahora les toca a ustedes —se defendió la rubia.

—¡Y ya tenemos el primer clip! —su voz se volvió a escuchar, esta vez desde la pantalla.

—Pero tranquilos, que les daremos una oportunidad de salvarse. Les haremos una pregunta, y si alguna de las tres parejas puede levantar la mano y responder con un 'NO', tiene permiso para levantarse del sillón y detener este video. De lo contrario, el control remoto seguirá en las manos de Emmett… o sea de mí… pero no el yo de aquí sino el yo de allá… el que está afuera de la pantalla.

—Callado te defiendes mejor —murmuró Edward.

Jasper se rió, sacando a relucir su arrogante media sonrisa.

—Esto es pan comido, seguro que alguno de nosotros va a poder hacer eso.

—Recuerdo que muchas veces nos han recriminado esto, Em, así que espero que nuestra casta familia tenga una buena respuesta para esto. La pregunta es… ¿Alguna vez han tenido sexo en un auto?

Con el control remoto en la mano, Emmett apretó 'pausa' y miró a su familia, tan expectante y pícaramente como su esposa.

—¿Y bien?

Una ligera ola de vergüenza recorrió la sala, y la mayoría de los ojos se posaron en Jasper, que tosió incómodamente.

—N- nosotros…no…, técnicamente —Alice habló bajito con su voz de soprano, levantando débilmente una mano y tomando la de su esposo con la otra, para ver si lograba que el rubio se calmara.

—¿Y qué me dices de aquella vez que encontré tus bragas enganchadas en la palanca de cambio de mi jeep, enana?

—¿Tu jeep cuenta como auto?

—Por supuesto.

—Demonios —se quejó la duendecillo por lo bajo, mientras Jasper cerraba los ojos y se tapaba la cara con la mano libre.

Bella, que acababa de levantar la mano, escuchó la respuesta a la pregunta de Alice y la volvió a bajar, avergonzada.

—Oh, sí, mi jeep ha funcionado de motel para muchos enamorados, ¿no es así, Bells? —bromeó el vampiro, y los más recientemente casados se hundieron en el sillón, derrotados—. Papá, mamá, ¿algo que decir? —se dirigió por último al y su mujer.

Carlisle se rascó la barbilla, buscando alguna solución.

—Cuando dices en un auto… —le preguntó a su hijo—, ¿eso incluye los autos anteriores que hemos tenido, o sólo los nuevos?

—Todos —contestó Rosalie, y el rubio doctor se mordió el labio inferior.

—Ustedes ganan —admitió, y su esposa agradeció no ser humana para no ruborizarse.

—¡Oh, qué lástima, familia! —festejó Emmett—. Tendremos que continuar con el video, entonces.

Pulsando velozmente el botón indicado del control remoto, la filmación continuó.

—¿Qué ocurrió? ¿Perdieron? —rió Emmett desde la pantalla.

—Eso no me lo esperaba —agregó Rosalie con sarcasmo.

—Bueno, esto no nos deja alternativa, bebé. Tendremos que presentarles el primer clip. Esta bonita escena que verán a continuación pertenece a una obra que hemos dado en llamar 'Para hacer bien el amor hay que venir al Sur', protagonizada por cierta enana saltarina y su compañero de aventuras, ese que debe estar ahí afuera de la pantalla mirando con cara de psicópata.

El Emmett de la pantalla apuntó con el índice a la cámara, y el Emmett presente señaló a Jasper con el mismo dedo acusador. Un Jasper que, dicho sea de paso, sí tenía cara de psicópata a esas alturas.

—¡Disfrútenlo!

—Los que puedan —rió Rosalie.


Hacía tanto que tenía rondando esta nueva idea por la cabeza, pero recién ahora la pude escribir. A ver qué les pareció esta primera parte, porque si les gustó, entonces en la parte 2 se van a caer de la silla de la risa XD

Una vez más, y perdón porque estoy insoportable y lo reconozco, les pido que se den una vuelta por el Contest Sintiendo La Navidad y voten sus historias favoritas. Yo estoy participando con El Salto De Navidad, así que si quieren leerlo y apoyarlo, tienen toda la información arriba de todo en mi perfil.

¡Muy pronto la segunda parte chicas! Paciencia, prometo que valdrá la pena ;) Gracias por todos los comentarios, los leo todos y siempre me río con ellos.

¡Nos leemos!

Lulu :)