BUENAS! Cómo están? Espero que bien y que esten disfrutando de estas vagaciones, perdón, vacaciones XD Que se acuesten a las 5am (como lo hago normalmente ahora) viendo anime (yo escribo el Fic) o haciendo otras cosillas (? 7w7

Bueno, bueno.. Quería darles las gracias -ash ya se puso sentimental- por dejarme sus reviews y haber estado siguiendo la historia hasta ahora. Se que he subido pocos capítulos, pero, les prometo que trataré subir los que pueda en estas vacaciones antes de empezar las clases, porque de seguro ya la primera semana me mandarán 4 exámenes., 10 trabajos, 8 exposiciones, 3 hijos, 1 apocalipsis y 7 bombas por desactivar (como diría Neru)

Debo recordarles que algunos personajes no me corresponden, son propiedad de Yana Toboso (si fueran míos ya tuviese hijos de Sebby, Ciel, Ronald y Undertaker XD Okzya ._.)

Saludos a Rubén (ya tienes capítulo -suena la canción Aleluya-

Un abrazo a mi Fan #1

Y...

Al fic! \o/ Are, are, are! 88'


Capítulo IX: Ese mayordomo, primer juego

o.o.o

"Sálvame
Di mi nombre y sálvame de la oscuridad
Despiértame
Ordena a mi sangre que corra
No puede despertar
Antes de terminar incompleta
Sálvame
Sálvame de la nada en la que me he convertido"

Bring me to life- Evanescence

o.o.o.o

Natasha… —me susurraban.

¿Quién es?

— Natasha… —susurros.

¿Quién está allí? ¿Quién me habla?

— Alisson… Despierta… Abre tus ojos… —me susurraba aquella voz desconocida para mí.

¿Quién es? ¿Cómo sabe mi nombre?

— Ya… n-n-no me llaman… así —mi voz se entrecortaba y obedecí a lo dicho anteriormente.

Mí alrededor estaba cubierto por una oscuridad espesa, acostada en el suelo desnudo y frío.

— ¿Dónde estoy? —dije confundida.

Creí haber escuchado la voz de alguien que me susurraba.

Intenté levantarme del suelo. La oscuridad era tan espesa y fuerte que me mareaba.

— ¡Hay alguien aquí! —grité y solo mi voz hacía eco— ¡Alguien, por favor, responda!

No comprendía si lo que estaba viviendo era un sueño, un recuerdo o simplemente una pesadilla.

De algo sí estoy segura, sea lo que sea que me haya llamado, conoce mi nombre.

Los llantos de una infantil niña arroparon la oscuridad, lloraba desconsoladamente.

¿Una niña? ¿Qué hace aquí?

Me sentí atraída por su llanto, que lo seguí entre el medio de esa oscuridad tan espesa. Una oscuridad abrazadora e intensa, capaz de volver loco a cualquier ser humano.

Caminaba lentamente dejándome guiar solo por el llanto, que me atraía más y más. Mis pies desnudos tocaban el frío suelo, colándose entre mis dedos que ya estaban fríos y mis pasos dudosos me impedían pensar.

El llanto infantil se acercaba, no solo era eso, una neblina se esparcía lentamente, percibiéndolo por mis fríos y descalzos pies.

Hacia el final, lejos, yacía encendida una luz, una muy pequeña luz entre la niebla. El llanto se escuchaba cerca. No dudé en ningún segundo en acercarme.

Para mi sorpresa, era una vela, una vela color blanca que ya casi estaba por acabarse, a unos metros divisé unos pies, quise mirar de cerca.

Una niña que lloraba, una pequeña niña no más de cinco años de edad. Estaba de cuclillas, con su cabeza enterrada entre sus rodillas y abrazando sus piernas. Su aspecto era de un cabello largo color marrón que varios mechones reposaban sobre el suelo, una piel un tanto blanca, con rasguños y sucio por sus brazos, rodillas, piernas.

La niña continuaba llorando, yo me coloqué en frente de ella.

— Hey… Pequeña, no llores. ¿Estás perdida? —interrogué amable. Esta solo asintió con su cabeza aún metida entre sus rodillas— Todo está bien. Yo también estoy perdida aquí —su llanto se calmo.

Me agaché para poder darle mejor un vistazo, quedando a centímetros de ella.

— Saldremos juntas de aquí —le dije agachada.

Aquella niña coloco sus manos a los lados de su cuerpo cabizbaja, impidiéndome ver su rostro por la poca luz que nos rodeaba y lentamente se paro.

— ¿Ocurre algo? ¿Te sucede algo? —me acerqué a ella estirando mi mano y esta solo retrocedió.

— No… No me pasa nada —la voz de aquella niña me sonaba familiar— Todo está, como debería estar— dijo levantando su rostro.

No… Esto no puede ser verdad. ¿Qué es esto? ¿Es una broma?

Me paralice al ver el rostro de la pequeña niña.

El mismo rostro, la misma expresión, el mismo cabello, la misma estatura, el mismo color de piel…

Yo… Yo cuando estaba pequeña.

¿En dónde demonios estoy? ¿Qué hago yo aquí?

Todo es tan confuso. Me cuesta descifrar que es lo que está sucediendo aquí.

Cuando pensaba que las cosas se ponían más oscuras y confusas, empeora.

— ¿Qué haces aquí? —pregunté, a lo que era mi yo pequeña.

Risas en eco invadieron la oscuridad, una risa espeluznante que se distorsionaba, provocándome piel de gallina.

— Vaya, vaya. Pero si es la pequeña Natasha — soltó una gran risa maléfica, no se veía rastro de quien lo expresó.

Daba vueltas esforzándome en poder observar algo entre la oscuridad, la niebla y con la pequeña ayuda de la luz vela que se quedaba sin nada.

— ¿Para qué te esfuerzas? Si estoy aquí mismo —deje de dar vueltas, quedándome quieta y dándole la espalda a mi yo pequeña— No es linda. Es toda una linda y tierna niña —me di la vuelta lentamente.

Para mi sorpresa, una gran sombra permanecía detrás de la pequeña yo. Una larga y extraña sombra, con una sonrisa tan ancha, que dejaba ver unos dientes afilados como cuchillas, deformante.

Definitivamente era una pesadilla, una temible pesadilla.

— ¿Quién demonios eres tú? ¡Sal de una buena vez! —exclamé.

Quiero que termine ya. Termina de una buena vez por todas.

— ¡Ah! Pero que impaciente eres —la voz femenina sonó entre risas macabras.

Mi cuerpo se mantuvo paralizado, mis manos sudaban en frío, las piernas me temblaban.

En cualquier momento podía caer y desmantelarme como un cristal frágil.

Frágil… No…

Me convencí en no ser frágil, pero, me di cuenta que ya, desde antes, era frágil. ¿Por qué? Por el simple hecho de ser un humano.

Los humanos somos frágiles, esa es nuestra naturaleza. No importa cuán fuerte finjas ser, siempre serás frágil, frágil como un cristal. Tan frágil como un copo de nieve al simple tacto de la palma de la mano.

— Tienes razón, no debería dar más rodeos… ¡Heme aquí! —de atrás de la pequeña salió la espeluznante sonrisa.

— Pero… Q-que —tartamudee.

Mi cuerpo temblaba más que antes, todo mi cuerpo sudaba en frío, los escalofríos no dejaban de cesar.

Era yo otra vez… Solo un poco diferente.

Mi cabello era más largo hasta llegar a la cintura, color negro azabache, unos mechones en mi rostro, mi piel blanca de porcelana, los mismos labios y mis ojos…

No eran los mismos ojos, eran de otro color, un color repugnante e inolvidable para mí.

Rojos como la sangre misma.

En mi mente no cabía que esa podía ser yo, aunque tuviéramos la misma forma, el mismo rostro, el mismo cuerpo, los mismos labios, y solo cambiara en algunas cosas, no creía que era yo.

— ¿Qué te pasa? ¿Te comió la lengua el gato? —soltó una risilla.

No sabía que decir. Además, ¿que podía decirle? No vale, todo bien. ¿Qué hubo con la pequeña yo? ¿Quieren hacer una pijamada? Juguemos videojuegos, contemos chismes, comamos helado…

... No….

— Ya que parece que no hablas —parloteo dando vueltas— Te explicaré —se paro dando la espalda, y pude ver la misma marca que me habían hecho.

— ¿Qué me explicarás? Solo quiero salir de aquí —le dije.

— Vaya. Si hablas. Bien… —se dio la vuelta quedando frente de mí.

— Aléjate de mí —me eche hacia atrás.

Lo que más anhelaba en ese momento era salir de ahí y que ese mal sueño terminará. Acabaría volviéndome loca y tendría que pasar mi vida entera en un manicomio, sola, tomando pastillas, hasta que la piel se me marchitará y mi corazón dejara de latir.

— ¡Préstame atención! ¡Mucha atención querida! —me tomó del cuello y me levanto a unos escasos centímetros del suelo.

Intentaba luchar, golpeaba sus brazos con la fuerza que me quedaba, pataleaba y mis esfuerzos parecían inútiles contra mi otra yo.

— ¡Algún día volverás, y en ese día seremos una! —la misma risa maléfica retumbó en el lugar, haciendo eco— Y verás… Que los propios demonios los crea uno mismo. Sigue, continua con tu miedo al pasado, que así nos alimentamos más.

Yo tan solo sudaba, veía doble por el poco oxígeno que contenía. Su risa se hizo tan macabra como el principio.

En mi alrededor habían varias yo pequeña, como la anterior junto con llamas ardientes que las quemaban, estas se derretían como muñecos de cera, dejando ver sus huesos, la sangre salía de los cuerpos, y se esparcía por todo el lugar. Algunas sus ojos colgaban, otras no tenían brazos, su rostro se deformaba en una sonrisa sádica, con dientes afilados y en su integridad se aproximaban a mí formando un círculo.

Me dejo caer en el suelo, golpeándome fuertemente mi cabeza, boca abajo y se alejaba hacia atrás junto a las otras. Danzaba con ellas, las tomaba entre sus brazos, las lanzaba y se desplomaban en el suelo partiéndose al igual que una muñeca de porcelana, se bañaba en la sangre.

Un espantoso espectáculo para una espectadora como yo. Que era totalmente diferente a la que se localizaba allí.

— ¡Ah! —suspiró— ¿No son hermosas? —tomó entre sus dedos blancos manchados de sangre, una de las cabezas, esta tenía en sus ojos huecos negros, saliendo de ella chorros de sangre al igual que de su cuello.

— D-d-detente… —intenté decir.

Ya no quería más. Era una completa tortura estar ahí.

Tanta sangre, tanta confusión, tanto dolor.

¿Qué me está pasando? ¿Qué es todo esto? ¿Por qué?

— ¡Ah cierto! —se llevo un dedo ensangrentado hacia sus labios— Cuando estés desesperada, cuando ya no aguantes el remordimiento, el dolor que llevas dentro, el peso de tu pasado, estaré para ti. Estaré esperándote y acabaremos con esta pesadilla, junto con la maldición que cargábamos los de esta familia —torció su cabeza— Porque ese es el destino de todos los Phantomhive.

Ese nombre otra vez… Otra vez el nombre…

En mí me repetía ese nombre una y otra vez. El eco en mi mente con ese nombre se reproducía rápidamente.

— ¡Adelante mis pequeñas es toda suya! O quise decir, toda nuestra… —luego de que gritara, todas sacaron un cuchillo, volviéndose a mí.

Sebastian… Sebastian… ¿Dónde estás? ¿Dónde te encuentras?

De mis ojos salían lágrimas, se derramaban por mis mejillas que me quemaban, me di de cuenta que era el último día de mi incontable existencia.

— S-S-Sebastian… —dije en lo bajo.

¿Eh? —aquella yo sé volteo confundida.

S-S-S-Se-Sebastian… Sebastian —susurre.

A mi cabeza llego Sebastian. El demonio al que me veo atada por un contrato. Lo quería en ese momento, quería que estuviera allí.

Anhelaba sus brazos, los mismos brazos que me habían salvado de esa vez, la misma calidez con la que me había devuelto la vida, la misma sonrisa que me hacía enfadar, sus acciones con las que me convertía en una niña malcriada.

De alguna manera, quería que estuviera allí, viendo mis últimos momentos antes de ser devorada por mi pasado, por mi propio demonio, por mi propio odio, mi propio rencor y por mí misma…

Entre mis lágrimas, la sangre, las risas macabras, al otro lado observé la misma pintura que contemplé en la biblioteca, solo que esta se movía.

Estaba allí sentada la misma mujer, el mismo hombre, pero el niño, no se encontraba con ellos.

La mire tranquilamente y esta pareció mirarme, me dedicó tan solo su sonrisa tierna, cálida antes de que se fundieran en llamas.

Estiré mi mano lentamente, tratando de tomarlos, para salvarlos solté un grito que me desgarró la garganta, irreconocible hasta para mí misma.

— ¡No! —grité despertándome.

Jadeaba, sudaba, tenía calor. Las sábanas y parte de las almohadas se localizaban esparcidas por el suelo.

Mi pecho subía y bajaba incesante. No podía controlar bien mi respiración.

Mi cabeza me dolió, lleve mis manos a ella, reflejando en mi mente escenas de la pesadilla que había tenido.

Visualicé mi habitación, estaba igual, la luz de la luna entraba por la puerta deslizable que da a la terraza. Las cosas permanecían en su lugar. Fue solo una pesadilla.

— ¡Joven ama! —gritó entrando mi demonio— ¡Detrás de usted!

La piel se me puso de gallina. Voltee mi cabeza para ver que sucedía, que demonios estaba pasando. Para mi sorpresa una sombra se confundía con la mía.

Esta mostraba una sonrisa afilada parecida a la de la pesadilla, mostró una de sus manos a un lado y saco un cuchillo que se marcaba perfectamente a pesar de ser una sombra. Lo levanto encima de mi cabeza, y en ese instante Sebastian interrumpió lanzando unos cuchillos de mesa, provocando que se apartara y huyera.

— ¿Le paso algo, my lady? —preguntó.

— No… No creo —ladee la cabeza.

En esos momentos no quería decirle a Sebastian que me había ocurrido en verdad. Preferiría quedarme con mi temor y mi miedo. No quería preocuparlo, ya me localizaba lo suficientemente enferma como para darle una carga más. Sobre todo porque un ser del infierno, como él no sería capaz de entenderlo.

Él solo conocía el hambre. No conocía el miedo, el rencor, el odio, el cariño o el perdón. Según él, ese es el error de los seres humanos, de los cual se repugna tanto.

Aunque era un demonio, en varias ocasiones, decía que no comprendía el afecto entre los humanos, tampoco su inocencia.

Tampoco entendía el aferrarse y tenerle cariño a bestias como los perros. A lo único que le tenía cierto interés es a los gatos, porque a según él, no se quejan de las cosas, tienen patas acolchadas y son esponjocitos.

— Solo fue una pesadilla… Creo —susurré y me abracé las piernas— Sí… Solo fue eso… —quería permanecer lo más relajada posible.

Miré la luna que quedaba perfectamente en frente de la puerta deslizable, le eche un vistazo a Sebastian y recogía las almohadas que se habían caído al suelo, me arropé entre las sábanas, acurrucándome de la inquietud.

— Bien… Que descanse, my lady. Que tenga buenas noches —hizo su reverencia alejándose.

— Espera… —le hablé.

Sebastian se hallaba de espaldas a mí, me percaté de que lo tomaba por la manga de su ropa.

— Y-yo… S-s-solo quería… pedirte… que —se me entrecortaba la voz.

— ¿Me quedara, my lady? —se volteo.

No deseaba en esos instantes que me viera como una niña indefensa e infantil. Solo que, tenía miedo y estaba a punto de desmantelarme, dejándome arrastrar por el miedo.

— S-solo… hasta que me quede dormida —mis mejillas se tornaron calientes, ruborizándome.

— No hay problema, joven ama —sonrió y yo quité mis manos de su manga.

Asentí y este me arropo nuevamente con las sábanas. Cerré mis ojos, sintiendo de cerca la respiración de mi demonio en mi frente.

— Puede descansar tranquila. Yo la protegeré, my lady —me susurró acomodándome un mechón de cabello detrás de la oreja.

O.o.o.o

La puerta rechinaba en lo bajo.

— Buenos días, my lady… —me susurro Sebastian.

Yo solo me hallaba tapada de pies a cabeza con la sábana; poseía un enorme sueño.

No le respondí nada, lo único que hice fue envolverme más en las cálidas sábanas.

— My lady, es hora de tomarse la medicina —dijo.

— ¿Hmm? —me desenvolví— ¿Qué hora es? —me restregaba las manos por los ojos para abrirlos.

Las ocho en punto de la mañana, my lady —Sebastian llenaba una cuchara con el jarabe para la fiebre.

— Es temprano todavía —suspire.

Me acomode mejor a la orilla de la cama y me estiré. De verdad que pasé una noche agitada, no me recuperaba de la pesadilla que tuve, así que decidí hacer algunos ejercicios. No salía al aire libre porque no me recuperaba del todo del resfriado y si lo hacía de seguro mi demonio me lo impediría; pasaría un tiempo jugando Just Dance 4 desbloqueando los bailes, que me faltaban, con el Xbox 360 Kinect que me regaló mi madre en navidad.

Es un buen juego para mantenerse un poco en la línea como diría mi madre.

— ¿Qué piensa hacer en la mañana, joven ama? —se acercaba a mí con el jarabe y lo tomé.

— Lo que hago todas las mañanas… Ejercicio —moví mis hombros, mirando indiferente.

En las mañanas de los fines de semana o al no ir a clases, era ya una costumbre el levantarme a las ocho de la mañana para hacer ejercicios o practicar defensa personal sola.

Mientras me bañaba, padecí de un ardor y un dolor en el lado izquierdo del cuello, al igual que en el hombro. A mi opinión era un poco ajeno el dolor en la parte izquierda del cuello, ya que, si era el sello del contrato este se fijaba del lado derecho, por otro lado, el dolor del hombro, si que era raro. Me atreví a verme en el espejo para revisar.

En mi cuello se marcaban en un color rosado tornando a rojo una mano, perfectamente moldeada, y en mi hombro unos rasguños aún frescos. Me asombré al verlo y recordé la pesadilla.

Me resbalé, cayendo de espaldas a la pared golpeándome con el botiquín de Primeros Auxilios. Los rasguños iniciaron a arderme, pero este no era cualquier ardor, era diferente.

Me quemaba la piel, rasgándomela con el paso incesante de las llamas, podía contemplar en mi mente la imagen perfecta del fuego, rojizo, amarillento, devorando todo a su paso, convirtiéndolo en nada más que cenizas.

Con mi fuerza me levante en busca de alguna crema que pudiera calmarme el terrible ardor que sentía en mi piel. Las cremas y los objetos que habitaban en el botiquín se me resbalaban de las manos cayendo al suelo, caí junto con ellos y trataba de tomarlos. Se me resbalaban por mis manos que temblaban violentamente. Me rendí y acudí al lavamanos mojándome con el agua fría el hombro y el cuello.

El agua fría calmó el ardor; suspire y mire mi rostro en el espejo.

Las ojeras que conservaba mi rostro se notaban, pálido, los labios secos; una muerta en vida.

o.o.o.o

— ¡Un nivel más! —gritaba.

Mi cuerpo sudado aún se mantenía en pie, firme. Me faltaban unos pocos bailes para terminar,

— Bien… El siguiente es… —observé la pantalla del televisor— Disturbia- Rihanna... —moví mi mano y me prepare.

Mi demonio no se hallaba cerca, por lo que me sentí cómoda estando un poco sola, tan solo con la compañía de mi pequeña mascota.

A mitad de la canción tuve que poner pausa, la molestia del lado izquierdo seguía, mascullé un poco y mi perrita se levantó. Me observó, y le respondí con una caricia en la cabeza.

Continúe con el juego, ya casi terminaba cuando la presencia de mi salvaje demonio apareció.

— ¿Qué está haciendo, my lady? —sonó su voz tan masculina como siempre.

Yo proseguía, bailando como de costumbre. No le miré.

— Jugando… —con tono indiferente seguía mi mirada en el televisor.

— Así que… ¿Con esto se divierten los humanos hoy en día? —se sentó en uno de los sofás individuales lejos de Ruby, contemplando el televisor y a mí. Por desgracia.

— Sí… Los tiempos han cambiado más de lo que piensas… —al terminar de decirle, el juego terminó.

— Interesante… —dijo parándose del sofá.

Yo me acomodé el cabello, ya que los mechones que poseía amarrados en la cola se salieron y me encaminé a la terraza.

No era el escenario perfecto para estar tranquila, el ruido de los carros, las cornetas, la gente hablando y gritando, era lo que se podía escuchar desde ese lugar, pero, por lo menos la brisa que pasaba de vez en cuando, era suficiente.

Me senté en la mesa, y llamé a Ruby. La acosté sobre mis piernas, haciéndole caricias en la cabeza, esta se fue quedando dormida. Mirando a mi mascota que permanecía dormida, el teléfono vibró. Lo tomé para ver que era.

Un pin de Rose.

"Hey, Nat. ¿Tienes chance? Si tienes un chance, avísame para llamarte"

No respondí nada, en pocas palabras la deje en el famoso R, tiré el teléfono en la mesa, me eché hacia atrás y me pase las manos por la cara.

— Aquí tiene, my lady —Sebastian llego con una ensalada de frutas y un jugo de moras. Contenía kiwi, fresas, bananas y manzanas, bañadas en miel. Se veía delicioso.

El demonio hizo reverencia, para luego alejarse.

Solamente pude probar una fresa, porque el ardor despertó, esta vez ya no poseía el dominio para aguantarlo.

— Sebastian —le llamé y se volteó.

— ¿Dígame? —el tono en su voz cambió.

Ruby huyó corriendo hacia el apartamento. Giré mi cabeza, quedando de perfil. Quité mi cabello que me tapaba el cuello, y retiré una parte de la camisa deportiva que tenía puesta de mi hombro.

Pensé que se podía ver bien las marcas.

Sebastian se vinculaba, hasta establecerse en frente de mí. Se inclinó hacia mí hombro observándolo.

— ¿My lady, cómo se lo hizo? —me interrogó sereno. Mi garganta me dolía intensamente, a pesar de que mi demonio se localizaba cerca, tomé fuerzas para decirle.

— No sé… —dije dudosa- Está mañana… en el momento que fui al baño y me miré en el espejo… tenía eso y ya –creo que el tono en mi voz me delataba, porque no era exactamente lo que paso.

— Bien… Espéreme un momento por favor, my lady —se alejó y se encaminó para el apartamento.

Si algo persistía en mis pensamientos, era aquel término con el que se refirió hacia mí familia, mejor dicho, nuestra familia. ¿Phantomhive? Nuestra familia no pertenece a eso, más aún, nadie de los descendientes posee ese apellido o nombre, no que yo sepa.

Mis ansias de investigar aumentaron luego de haber tenido esa pesadilla. Raramente me sentí atraída, pero, debo ser precavida y actuar de manera, precisa, sigilosa, porque puede que solo sea una trampa.

Esas personas o seres, no piensan detenerse, van directamente hacia mí, esperando la circunstancia en que baje la guardia para tomarme de nuevo.

El demonio regresó con cremas, algodón y alcohol.

Presiento que veré a Mephisto Pheles en carne propia.

Ubicó las cosas encima de la mesa, en orden de tamaño, para ser precisos. A decir verdad, Sebastian no era solo arrogante, fastidioso y demás, sino que también era perfeccionista al cien por ciento.

— Debería comenzar mis investigaciones —le dije fríamente. Solo asintió al instante.

— ¿Cuándo piensa hacerlo, my lady? —interrogó con su voz masculina.

— Esta misma noche… —respondí mirándolo a los ojos.

o.o.o.

Capítulo IX

Parte II

Game… over?

o.o.o.

"El que busca la verdad, corre el riesgo de encontrarla"

Manuel Vicent

o.o.o.o

La habitación se tornó fría, helada, los cabellos de la nuca se me erizaron, la sangre en mis venas se congelaron por un instante al asentarme en frente de la gran mesa del estudio, junto con la laptop que usaría para hacer mis investigaciones.

Un suspiro se fugó; apreté con fuerzas las fotos que las sostenía entre mis manos y decidida a acabar con el clima de la habitación, me acomodé en el taburete.

Aparté las fotos de un lado de la laptop, moví el ratón y la pantalla se iluminó.

Abrí el ordenador, buscando la página que me da acceso a los expedientes policiacos e inicié mi investigación, analizando una de las fotos.

Tomé una de las fotos revisándola por detrás, con unos números escritos. Números del caso.

Caso FC0369

Introduce el número del caso, y se abrió una ventana con los datos.

Caso FC0369

Nombres y apellidos: Philip Becher.

Edad: 22 años.

Fecha de Nacimiento: 14- 06-1990.

Descripción: Cabello negro rizado, ojos marrones, piel morena, musculatura normal, estatura 1, 81 mts.

Otros: Estudiante de medicina, en Academy of Medical Science. Promedio normal. Independiente. Soltero.

Oficio: Estudiante. Repartidor de pizza.

Antecedentes criminales: NINGUNO.

Escenario Forense

Forma de muerte: Criminal.

Lugar de fallecimiento: Se encuentra el cadáver abandonado en canal —no especificado—

Hora de fallecimiento: 2 de la madrugada.

Examen externo del cadáver: Ropas retiradas de forma violenta. Impacto en la nuca con ladrillo. Extremidades separadas y mutiladas violentamente. Ojo derecho retirado de su cavidad.

Examen interno del cadáver: En exámenes de sangre se localizó 5mg del sedante Midazolam. En exámenes pulmonares se dio la aparición de Cloroformo.

Arma homicida: Cuchillo carnicero.

Estado del caso: Sin resolver.

ESCENA SIN SUFICIENTES PRUEBAS

Jamás ocurrió en mi mente el utilizar el ordenador para inspeccionar los casos que tanto convocaban mi atención. De no ser por mi secuestro o casi asesinato, no hubiese dado con ellos. Por lo cual me sorprendí al saber que se hallaba sin resolver.

Eso quería dar a entender que ya quedaron en el olvido.

Tomé una pluma, una hoja y anoté lo que requería con más precisión a mi opinión.

No más, proseguí a tomar otra de las fotografías, abrí otra pestaña e introduce el número del caso.

Caso HB0467

Nombres y apellidos: Haven de Niro

Edad: 18 años.

Fecha de nacimiento: 16-01-1992

Descripción: pelirojo, ojos azules, piel blanca, pecas, musculatura media, estatura 1,69mts.

Otros: Estudiante de preparatoria, en Saint Henry College. Promedio bajo.

Me paralicé al leer aquello "Estudiante de preparatoria, en Saint Henry College".

Imposible de creer. Es el lugar donde estudio.

Mi mano que se apoyaba en el ratón temblaba, mientras que mis ojos se concentraban en esa oración.

Nadie, en mi Institución, que yo rememoré, comentaba lo pasado con ese joven. Nada, absolutamente nada.

No sólo los jóvenes buenos mueren. Nadie sabe la próxima aparición que haría la muerte, a quién tomará, a quién buscará o a quién le ha llegado la hora de pasar al Otro Lado.

La muerte no juzga a ninguna persona; no importa que tan bueno hayas sido o que tan malo hayas sido, cuanta edad tengas, si eres joven, niño o viejo; la muerte solo cumple con el trabajo de tomar la vida de las personas.

Lo que nunca se sabe es: ¿cuándo?, ¿dónde? y ¿a qué momento? Llega ella. Por lo que se tiene que estar plenamente preparado día a día para recibirla.

Así el joven haya sido un mal arbitrario en la Institución, si se colaba en peleas o era un buscapleitos, esos términos desaparecen, profesores, amigos y familiares le recuerdan a un modelo de valentía por haber llegado —fuese lo que fuese— lejos. Los seres humanos, necesitamos que hasta las vidas pérdidas posean algo, un significado.

Cosa que éste joven no lo contenía.

Apreté mis labios y continué.

Soltero. Jefe del Club de Natación —no especificado—.

Oficio: Estudiante. Nadador.

Antecedentes Criminales: Ninguno.

Escenario Forense

Forma de muerte: accidental.

Lugar de la escena del crimen: Apartamento abandonado —no especificado—

Hora de fallecimiento: 12 de la medianoche.

Examen externo del cadáver: Ropas retiradas de forma violenta. Moretones en la mayoría de las extremidades. Ojo retirado de su cavidad.

Examen interno del cadáver: En exámenes de sangre se localizaron 30mg del sedante Midazolam. En exámenes pulmonares se dio la aparición de Cloroformo.

Arma homicida: Sobredosis de Midazolam intravenosa.

Estado del caso: Sin resolver.

ESCENA SIN SUFICIENTES PRUEBAS

Otro caso sin resolver.

Joder, al parecer a nadie les interesa este tipo de casos. Ni siquiera un poco.

No sé que es peor, darle la noticia de que un familiar, conocido o amigo, lo han asesinado o decirles que nunca encontraron al culpable o los culpables de quien le quitó la vida.

Una vez más anoté lo necesario a mi juicio.

Caso IF0012

Nombres y apellidos: Thomas Anderson.

Edad: 27 años.

Fecha de nacimiento: 14-02-1973

Descripción: Cabello castaño oscuro, corto, ojos negros, piel oscura, musculatura normal, estatura 1,73 mts.

Otros: Camionero. Comprometido. Independiente.

Oficio: Conductor de camiones y repartidor de mercancías —no especificado—

Antecedentes Criminales: Encarcelado por 24 horas al manejar ebrio.

Escenario Forense

Forma de muerte: Accidental.

Lugar de fallecimiento: Autopista número 46.

Hora de fallecimiento: 3 de la madrugada.

Examen externo del cadáver: Impacto del volante en el rostro, nariz rota, facciones cortadas y vidrios incrustados, herida abierta en la cabeza. Ojo derecho retirado de su cavidad.

Examen interno del cadáver: En exámenes de sangre se localizó heroína y alcohol. Hematoma cerebral.

Arma homicida: Parabrisas.

Estado del caso: Resuelto.

CASO CERRADO

Al fin… Un caso que ha sido resuelto.

No saben el alivio que me da, el que no todas las muertes de estas personas hayan sido provocadas, sino que han sido también, culpa de su responsabilidad.

Hay algo que no comprendo aquí… ¿Ojo derecho retirado de su cavidad?

En la mayoría de los casos que he estado revisando hasta ahora, tienen la misma relación.

¿Cómo es esto posible? ¿Qué tiene que ver esto?

Caso KM1305

Nombres y apellidos: Olive Lowell.

Edad: 24 años.

Fecha de nacimiento: 13-08-1981

Descripción: Cabello castaño con mezclas rubias, corte en hongo, ojos marrones, piel bronceada, musculatura normal, estatura 1,60 mts.

Otros: Estudiante de Administración fuera del país.

Oficio: Estudiante. Mesonera\Cajera.

Antecedentes Criminales: Ninguno.

Escenario Forense

Forma de muerte: Suicidio.

Lugar de fallecimiento: Apartamento.

Hora de fallecimiento: 1 de la madrugada.

Examen externo del cadáver: Ojo derecho retirado de su cavidad. Impacto de bala en el centro de la cabeza.

Examen interno del cadáver: En exámenes de sangre se localizó cocaína.

Arma suicida: Pistola.

Estado del caso: Resuelto.

CASO CERRADO

¿Suicidio? ¿Ojo derecho retirado de su cavidad otra vez? ¿Qué demonios es esto?

Sí, se continúan repitiendo lo mismo, algo que no encajaba con cada persona. A decir verdad, las personas eran totalmente distintas: Edades, año de nacimientos, oficios…

No comprendo….

Caso JL3001

Nombres y apellidos: Martin Glassglow.

Edad: 16 años.

Fecha de nacimiento: 15-10-1979

Descripción: Cabello castaño con mezclas anaranjadas, largo, ojos negros, piel rosada, musculatura media, estatura 1,76 mts.

Otros: Estudiante de preparatoria en Londres Academy. Promedio sobresaliente. Músico.

Oficio: Estudiante. Músico.

Antecedentes Criminales: Ninguno.

Escenario Forense

Forma de muerte: Natural.

Lugar de fallecimiento: Hospital Central de Londres.

Hora de fallecimiento: 3:45 de la madrugada.

Examen externo del cadáver: Ojo derecho retirado de su cavidad.

Examen interno del cadáver: Falla respiratoria. En exámenes pulmonares se da la aparición de Cloroformo.

Arma homicida: Biológica.

Estado del caso: Resuelto.

CASO CERRADO

¿Otra vez lo mismo? ¿Acaso todos tienen la misma relación?

Era lo mismo en este caso. Por lo que fui colocando el número de los casos una y otra vez. Estos abrían ventanas y ventanas con la misma descripción. Mismo ojo… el derecho.

Las percibí violentamente como se reflejaban en mis ojos. Por lo que golpee la laptop, cerrándola. Me recosté encima de la laptop, me dolía mucho la cabeza.

Me restregué los ojos, y me levanté para acercarme a la ventana, que daba la perfecta vista de la luna. Su débil luz, a penas entraba para iluminar la habitación; se percibía tan cerca, que la tenía en las narices, literalmente.

Acompañada del silencio, y la tranquilidad, pegue mi cabeza contra el vidrio. En el reflejo del vidrio se veía claramente la hora desde el reloj antiguo que me obsequió mi abuela de mi regreso de Paris.

Doce y media exactamente.

Ya era tarde, por más que se diga, los exámenes empezarían pronto, el descansar bien me ayudaría un poco para resistir las horas para estudiar.

Me despegué y decidí echarles un último vistazo a las fotos.

¿Qué es esto?

Me quede inmóvil…

En cada escena, cerca, en algún lugar, oculto, no visible, se hallaba un ojo y no era cualquiera, era el ojo derecho. Imposible.

Agudicé mi vista, y encontré algo… Letras…

Algunas letras, talladas en el suelo, en las paredes con sangre, en alguna parte del cadáver, obviamente muy pequeñas, a penas se podían notar. Pero, no para mí.

Divisé cada una y fui anotando las letras, en orden de investigación.

— Estas letras no van en un orden correcto… Y… —hice una pausa tragando saliva— Faltan letras…

Miré la hoja donde escribí las letras, escrito poseía: "Ph tomhive"

¿Qué significará eso? No entiendo…

En ese instante vinieron a mi mente Antonella y mi secuestro. Rellené los espacios que faltaban y...

"Phantomhive"

No, no otra vez. Lo mismo.

¿Qué tengo que ver con ellos? Con esa familia.

La mente me daba vueltas, vueltas y vueltas. Las imágenes de la pesadilla aparecían una y otra vez.

Sangre… Llamas… Fuego… Sangre… Risas… Huesos rotos… Sangre… Sangre… Impura…

— Phantomhive… —pude mirar los labios de mi otra yo diciéndolo.

Se repetía en eco, la cabeza me palpitaba, mí alrededor me daba vueltas, me mareaba.

Solté un gran grito, echándome hacia atrás, cayendo de espalda, arrastrándome como una víbora, daba patadas, tumbando la silla, las fotografías y la laptop, haciendo un ruido espantoso.

Las fotografías iniciaron a incendiarse una por una, agarrando las paredes y toda la habitación. Mi respiración se agitó, mi corazón latía cada vez más rápido y los ojos se me llenaban de lágrimas.

Una sensación, ya experimentada despertó en mi interior, miedo.

Miedo, una de las sensaciones que oscurece tú mundo, tú ser. Busca tus peores temores y los vuelve en contra de ti. Hace ver el mundo oscuro, sombrío y frío, haciéndote sufrir solo por diversión.

Me invadía el miedo. Recorría mi cuerpo, abrazándolo y destruyendo la cordura que me quedaba. Destruyendo mi pequeño escudo.

Mi escudo se rompió, dejando expuesto a la humana que era.

La habitación se quemaba, ardía en llamas, en conjunto ardía, transformándolo en cenizas. En simples recuerdos, en simples baratijas, que solo sirven de leña para el fuego.

El fuego se aproximaba a mí lentamente, en línea ascendente, quemando y destruyendo lo que se le cruzaba por el camino.

Yo por mi parte, desesperada, me arrastraba, como un gusano, huyendo de su presa. Un simple gusano, lento, sabiendo que no hay escapatoria y consciente de lo que le espera…

Mis ojos rebosaban en lágrimas, mi garganta me dolía, mis gritos hasta yo misma ni los escuchaba.

Y en un instante, los latidos de mi corazón se percibían distantes, alejados.

¿Nunca han sentido alguna vez esa sensación de que el alma abandona sus cuerpos?

La misma sensación la experimenté en esa circunstancia. Como tu alma va dejando tu cuerpo, no escuchas tus latidos, no percibes nada a tu alrededor, tu cuerpo permanece inmóvil y te pesa, respiras con dificultad, tus ojos se cierran; la sangre corre velozmente por tus venas llevando consigo la adrenalina… hasta que escuchas el silbido, el silbido de la muerte.

Mis oídos se taparon, solo oyendo un silbido a lo lejos, supe que era ella y yo, me perdí entre las llamas.

— ¡Joven ama! ¡Joven ama despierte! —preste atención a lo lejos.

La voz, esa voz inusual para mí en esos momentos.

En mis adentros, me decían que la conocía de alguna parte. No obstante, el miedo y la desesperación, habían tomado control de mí. Peor aún, el silbido ya me estaba llamando.

Correr, salir de ahí era lo que más deseaba en ese momento, alejarme de las llamas incesantes, antes de que ellas me tomaran. Cosa que era imposible, porque mi cuerpo, no respondía, solo las llamas se reflejaban en mis ojos; sentía como perdía la vida lentamente, sin poder hacer nada.

Solté un grito y gemí del dolor, al sentir que algo jalaba de mi piel, la sensación en la que separan tu cuerpo del alma.

— ¡My lady! ¡My lady reaccione! —esa voz… la conozco de alguna parte. — ¡My lady despierte! —reconocí su voz.

Sebastian…

Mi demonio…

Su voz me despertó de aquel mundo oscuro, sombrío, frío de mis adentros. Sus manos me hicieron ver el mundo de nuevo, ver el sol, sentir el calor en fría piel y volver a sentir los latidos de mi corazón.

Observé a los ojos a Sebastian, su mirada me transmitía claramente que se preocupo por mi estado, aterrado.

Nos miramos por unos segundos, sus ojos carmesí, lucían llamativos a la luz de la luna. Su rostro perfectamente moldeado, su piel de porcelana la iluminaba la fría y débil luz de la luna, era real. Era él, era mi demonio, y di cuenta, que no pasó nada.

Era producto de mi imaginación.

Por mi parte, yo recostada en el piso frío, con un fuerte dolor de cabeza, mi cuerpo tensado, despertó, y él, arrodillado sosteniéndome con delicadeza.

Con las lágrimas rebozando, casi cayéndome por las mejillas, me aferré a su cuello, escondiendo mi rostro. Su cuerpo tibio, me dio la tranquilidad que tanto requería en ese instante; el olor de su perfume me calmó por completo, las lágrimas no paraban de caerme por las mejillas.

Estoy viva de nuevo.


Capítulo X: Ese mayordomo, ojos de serpiente

O.o.o.

... La interacción que establecía con mi piano de cola fue interrumpida por mi teléfono…

….

Rose, ¿qué ha pasado? —el tono de su voz sonaba distinto a otras veces…

... La señora April no estará para presentación del domingo familiar y tampoco para la de Navidad…

¿Y ahora qué hacemos? —mostré con cierto desgano— No creo que la Institución paré sus actividades por ella, ¿o me equivoco?

Estas en lo cierto…

…El teléfono retornó a sonar una vez más…

Natasha, hemos ubicado a alguien nuevo para sustituir a April. Tendremos una reunión y es necesaria tu presencia. Te esperamos a las tres de la tarde.

Sebastian insistió en venir conmigo. No le reclamé, ya me daba igual. Eso sí, él fue manejando.

….Al entrar al salón de los espejos, lugar en donde se realizaba la reunión, percibí un aura extraña…

…Algo no anda bien aquí…

…Saludé a todos como era de costumbre y me situé a un lado de la mesa…

Un hombre de complexión delgada parecido al de Sebastian atravesó la puerta…

…Aquel contenía el cabello corto con corte irregular, flequillo enmarcado en la parte derecha de su rostro, de ojos color dorado y portando gafas…

Buenas tardes, mi nombre es Claude Faustus. Ocuparé el puesto de April por un tiempo.

… El ambiente se tensó, corría el tiempo lento para los que estábamos allí…

… Sebastian también se tensó, lo sentí en el sello del contrato en mi cuello…


Chan cha chan! Que tal el Capi? Lo sé, lo sé u.u

Quedo un poco extraño.. Y largo.. Es necesario, porque aquí ya Nat empieza a experimentar los miedos de su pasado y se revelarán partes, que no recuerda con exactitud.

También en los escenarios forenses algunas cosas faltan y otras no, esto se debe a que los casos son tan viejos y le parecen tan innecesarios que dejan de buscar información, dejando los casos con poca información. Otros dicen tenerla completa pero no es así, etc, etc.. Mientras la historia se desenvuelve, información y datos importante saldrán a la luz.

Una vez más, dejen sus reviews. Ustedes me inspiran a continuar la historia espero que la sigan hasta el final.

Un beso y un abrazo..

Sebby me espera -w-