Holaaaaa, que tal estais? Espero que bien. Este capitulo es especial por que hoy es mi cumple (ya son 15 añitos) y queria subirlo aunque este castigada sin ordenador. Me he escapado un poco de mi madre para poder traeros esta nueva entrega de Code Frontier.
Caro, he echado de menos tu review en el capitulo anterior, espero que no te haya pasado nada malo.
A todos los que leen estas locuras, gracias y dejen reviews.
Disclaimer: ni Code Lyoko ni Digimon Frontier nos pertenecen a Kaotik Angel o a mi. Lo unico nuestro es la trama, Kitsumon y las 8 hermanas de Renamon.
Capítulo 9: Humanos de alma digimon-Tú no… No eres nuestra hermana –dijo Firerenamon.
-No… es broma, ¿verdad? –dijo Renamon, con una risa algo nerviosa, mirando a su alrededor como esperando que Icerenamon dijera de pronto que eso era idea suya.
-No, Renamon, es la verdad. Nostras seis tenemos dos hermanas más, Darkrenamon y Lightrenamon. Ellas marcharon a recorrer el Digimundo, al igual que solían hacerlo Thuderrenamon y Forestrenamon. Un día, ambas regresaron con dos digihuevos que habían encontrado y nos los mostraron. Después de dárnoslos, ambas marcharon nuevamente y, un tiempo después, ambos digihuevos se abrieron. Y de ahí nacisteis Kitsumon y tú –explicó Firerenamon. Renamon sólo podía quedarse quieta, escuchando la historia mientras por la mente surgían preguntas −. Ese día, cuando los digihuevos se abrieron, nuestra jefa tuvo una visión: un zorro negro y rojo lo estaba destruyendo todo a su paso. A sabiendas de que los dos digihuevos que cuidábamos nosotras seis se habían abierto, vino a visitarnos, pero… Los colores de Kitmon sobresaltaron a la anciana, viendo en él al digimon de la visión. Nos obligó a echarle de casa, a abandonarlo. Ninguna de nosotras quiso hacerlo, pero no nos quedó otra alternativa. No teníamos otra opción –acabó Firerenamon, abrazando a Renamon −. Perdónanos, por favor.
-Entonces… todo este tiempo… Vosotras… –Renamon se apartó del abrazo y observó a las seis digimons que hasta aquel momento había creído su familia −. ¡Me habéis estado engañando todo este tiempo!
-Renamon, compréndenos –intentó hablar Aquarenamon.
-¡No! Creí que erais mis hermanas, ¡pero todo era mentira! –chilló antes de salir corriendo.
-¡Espera, Renamon! –Kitsumon salió rápidamente tras ella.
-¡Renamon! –Yumi también salió corriendo detrás de su compañera.
-No deberíamos dejar a ese trío solo –señaló Ulrich, también uniéndose a la persecución.
-Vamos a… –intervino Takuya.
-No hace falta que vayamos todos. Koichi y yo iremos también. Los demás, es mejor que esperéis –indicó Kouji. Su hermano ya había desaparecido del lugar.
(Con Renamon)
Renamon saltaba de árbol en árbol, alejándose lo más rápida posible de aquellas seis figuras tan parecidas a ella pero tan diferentes. Cuando empezó a notar que le faltaba el aire, se detuvo a los pies de un gran árbol y se sentó, abrazando sus rodillas.
-Mis hermanas… no, ni siquiera son eso… Me han estado engañando siempre –iba diciendo −. ¿Quiénes son entonces?
-No deberías culparlas así, Renamon –habló una voz tras ella. Se giró y vio a Kitsumon, apoyado en el tronco de aquel árbol −. Piensa un poco, ¿qué habrías hecho tú si llega la anciana y te dijese que tienes que deshacerte de mí? Seguramente la harias caso –le preguntó.
-¡Te equivocas! ¡Yo no te abandonaría cuando aún no puedes valerte por ti mismo! –le chilló mientras los cuatro humanos se acercaban −. ¡Deja de apoyarles!
-Renamon, por favor, sé realista –pidió Yumi, cogiendo aire −. De haberse negado a abandonar a Kitsumon, muy posiblemente la anciana lo habría matado delante de ellas o a escondidas. ¡La cuestión es que Kitsumon podría haber muerto si ellas no lo hubiesen abandonado! –aquellas palabras llegaron muy adentro de Renamon.
-Venga –dijo Ulrich calmado −, volvamos al campamento. Te acompañaremos para que te reconcilies con tus hermanas.
-No son mis hermanas –dijo Renamon tajantemente, alzándose para dar mayor énfasis a sus palabras.
-Oh, venga, Renamon –habló Koichi −. Es posible que no seáis hermanas de sangre… Bueno, de datos, porque esto es un mundo digital… El caso es que puede que no seas hermana de sangre de esas seis, pero os une el cariño.
-Exacto. Mira, Koichi y yo somos gemelos, hermanos de sangre. O de datos, en el caso de ser dos digimons –señaló rápidamente Kouji −. Pero yo tengo otro hermano: Takuya. Y no es hermano de sangre mío, pero yo quiero a Takuya del mismo modo que a Koichi, como a un hermano.
-Pero ellas… –murmuró Renamon cabizbaja.
-Ellas sólo actuaban obedeciendo a su jefa –sonó una voz por encima de ellos.
-Las seis tuvieron que dejar de lado su cariño por obedecer –agregó una segunda voz.
-¿Quién hay? –preguntó Kitsumon, alzando la cabeza, al tiempo que dos figuras caían junto a ellos.
-Vosotras dos… –observó sorprendida Renamon.
-Somos Darkrenamon y Lightrenamon –respondió la Renamon blanca −. Quienes os llevamos con aquellas seis –dijo señalando a Kitsumon y a Renamon.
-Debemos disculparnos –dijo Darkrenamon.
-¿Por qué? –preguntó Kitsumon.
-En realidad, fue culpa nuestra que te expulsaran de la aldea, Kitsumon –respondió Darkrenamon, mirándolo directamente.
-¿Qué? –se sorprendieron todos.
-Nosotras fuimos quienes enviaron la visión a la anciana de la aldea, pensando que se trataba de un acontecimiento futuro –dijo Lightrenamon.
-Para cuando descubrimos que habíamos cometido un error, ya era tarde.
-Pero… ¿Qué error era? –preguntó Renamon.
-En aquella visión sí que aparecía Kitsumon, pero no era un Kitsumon del futuro, sino del pasado –le dijo Darkrenamon.
-Lo que queremos decir es que hace mucho tiempo, Kitsumon era un digimon zorro malvado, poseido por un virus, que atacaba a todos. Pero en un momento dado, por algún motivo, decidió unirse a los Guardianes del Digimundo –explicó Lightrenamon.
-¿Los Guardianes? –se sorprendieron todos.
-Sí. Quiso arreglar su error formando parte del grupo. Fue precisamente Ancient Garurumon, con quien más adelante entabló amistad, quien lo liberó de su virus –dijo la negra.
-Entonces es culpa vuestra que…
-Lo sentimos, Renamon. Posiblemente debimos habernos informado mejor antes de dar la voz de alarma, pero nos asustamos al ver tanta destrucción –se disculpó la Renamon blanca.
-No… Lo siento yo, por no haber pensado las cosas tranquilamente –dijo Renamon.
-Creo que eso mismo deberían escuchar otras seis digimons. ¿Qué me dices? –animó Darkrenamon tendiéndole la mano.
-A demás, hay algo que queremos que todos sepan –añadió Lightrenamon.
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Todos esperaban, sentados en el suelo o dando vueltas de un lado a otro, mirando algo angustiados el lugar por el que habían marchado el grupo hacía un rato.
-¿Estará bien Renamon? –preguntó Tommy.
-Espero que sea que sí –suspiró Thunderrenamon caminando de un lado al otro.
-¡Eh, mirad allí! –señaló Forestrenamon cuando empezó a divisarse el grupo −. Pero si…
-¡Son ellas! –saltó alegre Icerenamon, corriendo hacia sus dos hermanas.
-¡Hola, chicas! –saludó Darkrenamon.
-¿Qué hacéis por aquí? –preguntó Metalrenamon uniéndose al abrazo con las demás.
-Tenemos varias cosas que contar –le respondió Lightrenamon −. Pero antes…
-Oh… –Firerenamon se dio cuenta y enseguida se adelantó −. Chicos, estas son nuestras hermanas Darkrenamon y Lightrenamon, las que encontraron los digihuevos de ellos dos –señaló a Kitsumon y a Renamon −. Hermanas, ellos son los niños elegidos y sus compañeros digimons.
Después de las presentaciones y de un pequeño silencio, Renamon dio un paso al frente, captando la atención de todos.
-Yo… siento haberme enfadado con vosotras y haberme largado sin escuchar. Lo siento mucho –dijo sin mirar a los ojos de las otras.
-Renamon, no tienes nada por lo que pedir perdón. Somos nosotras las que tenemos que hacerlo por ocultarte todo esto –le respondió Firerenamon mientras se acercaba a ella.
-Aun así, no he querido escuchar los motivos ni nada…
-Venga, que esta situación nos la hemos buscado nosotras, en cierto modo –rió Icerenamon.
-Bueno, pues aclarado esto –sonrió Aquarenamon girándose hacia las otras dos hermanas −. ¿Qué es lo que tenéis que contar?
-Veréis, después de equivocarnos con aquella visión…
-Y de liarla de mala manera –interrumpió Renamon a su hermana blanca.
-Sí, también –sonrió la otra −. Después de aquello, intentamos buscar una forma de excusar a Kitsumon para que todo volviese a la normalidad.
-Pero por sorpresa para nosotras, descubrimos varias cosas interesantes relacionadas con la historia pasada del Digimundo –siguió la frase Darkrenamon.
-¿El qué? –preguntó Bokomon, con papel y lápiz listos para escribir.
-Durante la primera batalla contra Lucemon, no sólo actuaron los diez guerreros legendarios. Junto a ellos también participaron otros ocho digimons –dijo Darkrenamon.
-Sakuyamon, Justimon, Dianamon, Miragegaogamon, Anubismon, Rosemon, Slayedramon y Rowpersiamon –fue nombrando Lightrenamon.
-De alguna forma, cuando Ancient Garurumon y Justimon murieron en aquella trampa contra las chicas, sus almas se dividieron y una parte viajó al mundo real. Al mundo humano –explicó la digimon negra.
-Con Ancient Irismon y Sakuyamon pasó lo mismo. El sentimiento de culpabilidad en su interior y el fuerte deseo de estar con ellos hicieron que sus almas se dividiesen y una de esas partes alcanzara el mundo humano –añadió la digimon blanca.
-Los otros 14 miembros del grupo de los Guardianes del Digimundo decidieron entonces hacer lo que ellos hicieron. Por lo que la división de sus almas y que una parte accediese al mundo humano fue voluntaria –señaló la Renamon oscura.
-Y entre ellos hubo un acuerdo de regresar al Digimundo cuando éste lo necesitase. En otras palabras, reencontrarse nuevamente en el mundo digital para combatir el mal –dijo la Renamon blanca.
-Así pues, los 18 guerreros separaron su alma en dos, una parte quedó en el mundo digital y la otra viajó al mundo humano. Y así, se reencarnaron en humanos. Humanos que tiempo después se convertirían en niños elegidos.
-Por otro lado, la parte de sus almas que se quedó en este mundo tomó dos aspectos pero un mismo fin: los 10 Ancients la transformaron en espíritus digitales, mientras que los otros ocho renacieron como digimons desde un digihuevo.
-¿Y quiénes son esas reencarnaciones? –preguntó Bokomon alzando la cabeza de su libro, en el que escribía todos los detalles de la historia.
-Pues está claro: ellos –dijo Lightrenamon señalando a los humanos −. Los diez Ancients: Kouji - Garurumon, su hermano Koichi - Sphinxmon, Zoe - Irismon, Takuya - Greymon, Tommy - Megatheriumon, JP - Beatmon, Katsuharu - Volcamon, Teppei - Troiamon, Chiaki - Mermaimon y Teruo – Wisemon. En otras palabras, los portadores de los espíritus, o lo que sería lo mismo: la otra mitad del alma
-Muy lógico –señaló Bokomon escribiéndolo todo.
-Por otra parte, los otros 8 antiguos digimons se forman por la unión del humano y el digimon: Yumi y Renamon son Sakuyamon, Ulrich y Kitsumon son Justimon, Aelita y Lunamon son Dianamon, Jeremy y Gaomon forman a MirageGaogamon, Odd y Labramon son Anubismon, Sissi y Floramon forman a Rosemon, William y Dracomon son Slayedramon y, por último, Emily y Mikemon son Rowpersiamon –señaló Lightrenamon.
-Un momento, ¡un momento! –detuvo la historia Odd −. Aquí hay algo que no me cuadra. ¡Labramon era mi perro Kiwi! No era un digimon, sino un perro del mundo real.
-Ese fue un "error" de Anubismon. No quería separar su alma en dos partes, aunque al final vio que no tenía otra opción y lo hizo. Pero en vez de hacer las cosas como los demás, mandó su parte a una criatura cercana a su reencarnación –explicó Darkrenamon.
-¿Por qué no recordamos nada de eso? –preguntó Lunamon.- Se supone que los digimons recordamos nuestras vidas anteriores.
-Porque vuestras almas están incompletas. Si lográis completarlas, podréis recordar el pasado por vosotros mismos –respondió Lightrenamon.
-Y lo mismo va para vosotros, humanos del alma digimon –añadió la oscura volviéndose hacia el grupo humano.
-Pero ¿cómo completaremos las almas? –preguntó Floramon.
-Eso es algo que nosotras no hemos podido averiguar –confesó Lightrenamon.
-No hemos encontrado nada ni nadie que hubiese practicado esa división del alma. Sin contaros a vosotros, claro –añadió Darkrenamon.
-Ya veo… Esto será difícil –dijo Jeremy.
Todos estuvieron en silencio, varios minutos, pensando en cómo se podría unir el alma nuevamente.
-Quizás para nosotros diez sea más sencillo –habló Zoe mirando al resto de guerreros legendarios −. Quiero decir: tal y como nos han explicado, nosotros somos reencarnaciones, pero nosotros diez disponemos de los espíritus digitales. En cambio, los otros ocho ahora han resultado ser dos personas: un humano y un digimon –señaló la rubia.
-Tienes razón. Pero eso no explica mucho de cómo podréis vosotros recuperar vuestra memoria –argumentó Metalrenamon.
-De todas formas, las cosas es mejor tomárselas con calma… –dijo Forestrenamon.
-Exacto, mejor despacio y bien hecho que con prisas y mal –completó Aquarenamon.
-Bueno, nosotras dos ya hemos hecho lo que teníamos que hacer –dijo Darkrenamon llamando la atención de todo, en especial de los ocho digimons zorro.
-¿Por qué? –preguntó Thunderrenamon.
-Nosotras viajamos por todo el mundo, buscando precisamente cosas interesantes o importantes –respondió Lightrenamon −. Descubrimos lo que os hemos dicho y buscamos a los elegidos para informarles. Pero ahora esa misión ha terminado.
-¿Pero os volveréis a ir así, sin más, como cuando nos disteis los digihuevos? –preguntó Firerenamon.
-Lo sentimos, pero sí. Y vosotras deberíais regresar a la aldea. Seguro que lleváis bastante tiempo lejos de ella y sin dar noticias –les sermoneó Darkrenamon.
-Está bien, regresaremos…
-¿Tan pronto? –preguntó Renamon, sorprendiendo a todas.
-Lo sentimos, pequeña, pero hemos estado lejos de la aldea mucho tiempo. Allí también debemos pedir perdón –le sonrió Metalrenamon.
-Pero…
-Tranquila. Si alguna vez nos necesitas, puedes llamarnos –le guiñó Aquarenamon entregándole un cristal.
-¿Qué es eso? –se acercó Kitsumon.
-Con él podrás comunicarte con nosotras cuando nos necesites –le explicó Thunderrenamon.
-Gracias, hermanas –sonrió Renamon.
-¡Ay, pero qué tierna mi hermanita! –chilló Icerenamon abrazando a la más pequeña del grupo.
-Venga, no perdamos demasiado tiempo –apremió Firerenamon −. Por cierto…
-¿Sí? –preguntó Renamon.
-Hablaremos con la anciana. Le pediremos que readmitan a Kitsumon –dijo la roja −. Por lo que, si algún día pasáis cerca de la aldea, hacednos una visita.
-¿En serio podré… regresar a la aldea? –preguntó sorprendido Kitsumon.
-¡Pues claro que sí, pequeñín! –chilló Icerenamon, soltando a su hermana para abrazar al zorro −. Ya verás como todo volverá a estar bien.
-¿Me lo prometéis? –pidió Renamon, seriamente.
-Es una promesa –sonrió Firerenamon.
Los elegidos y sus digimons se despidieron de los ocho zorros, tomando cada grupo un camino distinto. Tenian mucho en lo que pensar ahora que sabian sus origenes, y con fuerzas renovadas, se dirigieron a la Rosa de las Estrellas.
