IX. Leamos Juntos
-Muy buenos días señor, pensé que después del accidente de esa noche no se volvería a aparecer- se escucho la voz pronunciar sarcásticamente
El solo asintió con su cabeza, dejando que su pelo cubriera sus ojos, ahora estaba apenado… después de todo esa noche realmente proporciono una función en el edificio recordando la noche en que el abuso del alcohol para olvidar sus penas sin embargo los impulsos proporcionados por la bebida le habían hecho llegar demasiado lejos
-Tuve que mentirle- agrego la anciana dueña de la voz esta vez con un tono un tanto triste
-Si- asintió sumiso mientras la anciana le dirigía por los pasillos habitación
La mujer de larga y sedosa cabellera negra que cubría más allá de sus caderas se encontraba en la misma silla de madera junto a la ventana donde a través de ella reflejaba todas sus añoranzas, desde adentro observaba el movimiento de los árboles con la brisa ligera, después de haber leído un capitulo mas de aquel libro tan familiar y ajeno a la vez
-Pase- se escuchó que decían al tiempo en que la puerta de la habitación de ella se abría –ella esta…- pero su frase no pudo ser concluida, pues justo de la mujer de quien le iba a informar se encontraba a la vista –aquí- termino la anciana dándole el paso al hombre que numerosas ocasiones había pisado el suelo de aquella habitación –Me retiro, pronto vendré por usted- le comunicó al hombre cerrando la puerta de tras suyo
-¿Tu viniste la noche anterior, verdad?- preguntó la hermosa fémina con una tierna sonrisa
No había palabras que se formularan en su boca para responder esa pregunta… acaso…acaso ella… -tu…tu me recuerdas…- balbuceó él incrédulo
-Claro, porque no he de hacerlo- pregunto ella poniéndose de pie para caminar hacia la cama con el libro en su mano derecha y pegado a su pecho… allí, muy cerca de su corazón…
Él la vio atónito, llevaba consigo el libro que el tanto estuvo buscando…que ironía… llevaba el recuento de su amor en sus manos sin ella saberlo…-Donde…Donde obtuviste lo obtuviste- Preguntó por fin el hombre señalando aquel objeto que ella sostenía con recelo
Ella observo la dirección donde el apuesto caballero le señalaba, el libro entre su mano y su pecho – ¡aaa!- comprendió ella –me lo ha dado la señora kaoru- contesto ella –La verdad es que he leído algunas cosas…realmente tiene algunas cosa muy tristes…pero algunas otras muy graciosas… y otras mas lindas… me encantaría saber el autor de este libro- dijo ella un tanto afligida
Inuyasha la miraba y en el proceso no dejaba de contemplarla, su misma figura, mas madura, con cada año aquella febril y tierna apariencia juvenil se convertía en una madura elegancia, pero era la misma tierna y dulce mirada que ella siempre le dirigía, su cabello centímetros mas largo, un cuerpo mas bien exquisitamente formado, y su voz con un asento de cortesía y gracia de madurez a flor de piel –Kagome- dijo el, hipnotizado por la elegante y madura mujer
- ¿Kagome? Interrogo ella al escuchar ese nombre de nuevo retumbar en sus oídos…- ¿Quien es ella? –
-La autora del libro… su nombre es Kagome- informó el sin despegar su mirada ahora un poco mas disimulada
-Con que kagome… escribía muy bien- comento ella al posar su mirada una vez más en aquel objeto en su mano, sintiendo, sin saber porque una punzada en su pecho
-Ella podría seguir escribiendo si quisiera- musito inuyasha en un suave y melancolico tono…
- ¿Podría…?- Repitió la joven como interrogativa, como si se preguntara así misma si ella pudiera llevar a cabo la labor…
Hubo unos minutos de silencio martirizante para el hombre que nerviosamente movía la punta de su pie de arriba a bajo sin cesar…y ella por su parte se había perdido una vez mas en los laberintos de su perpleja y confundida mente
Pero inesperadamente ella rompió el silencio esbozando una petición que sin saberlo resultaría sumamente tormentosa para el apuesto joven –Te gustaría que lo leyéramos juntos…-
Otro silencio se produjo, por falta de una respuesta a una pregunta tortuosa…pero al fin y al cabo no podía negarse, y mucho menos con ella –P…po…por supuesto- tartamudeo intentando fingir jubilo, cuando en realidad su subconsciente le advertía que esos minutos no serian muy agradables… pero a pesar de ello el corazón le exigía el recuerdo…los recuerdo del pasado del cual el se alimentaba, y ahora que lo pensaba, toda su vida en si mismo hubo un fuerte pelea entre corazón y mente pero para su dicha o su desgracia siempre había terminado ganando el primero quitándole la voluntad por completo
-Muy bien- habló ella sacándolo de sus pensamientos y extendiendo el libro hacia el con una tierna sonrisa en sus labios
-e…este…si- contestó ya sin más comenzando de nuevo una lectura que jamás habría pensado continuar:
"Han sucedido tantas cosas –Comenzó ella –ahora el ya tiene un empleo, y yo continuo mis estudios, han pasado escasos meses, pero todo ha marchado de maravilla, hoy fuimos a dar un paseo por la ciudad, la verdad es que es muy hermosa, lo lleve a la torre Eifel. Fue una experiencia inolvidable, él puso una cara de asombro muy graciosa realmente y recuerdo bien lo que dijo "Este árbol de metal es el mas alto que he visto" se que no es propio pero me dio mucha risa, fue muy divertido, después fuimos a comer a un restaurante muy cerca de allí, y debo admitir que la comida Francesa es realmente Deliciosa es muy diferente a la japonesa…
Cuando al fin estuvimos en casa, el se sentó y enseguida se quedo dormido, pero algo muy extraño sucedió, sentí por un instante una gran debilidad, las fuerzas me faltaron y tuve que dirigirme a la habitación, para recostarme, me alegro de que Inuyasha no se haya dado cuenta, se habría preocupado tontamente por mi…"
-Esa joven debería de haberle dicho a Inuyasha que se sentía mal…-comento la mujer que instantes antes leía para el hombre con mirada perdida… - ¿No lo crees?- agregó ella para su compañero
-si, debió haberlo hecho- contestó el con la, aun, mirada perdida…
Tardé mucho, lo siento… pero ya No tarda en terminar, realmente fui desconsiderada al dejarlo abandonado tanto tiempo… Espero aun puedan seguir la historia.
