Konban wa, minna san!!! Mi saludo de siempre y la alegría de siempre. He visto muchos comentarios esperando por mucho Tama x Haru, pero recuerden que la pareja aún es un secreto de su servidora!!! Nada es seguro, así que no quiero ni alegrar ni decepcionar a nadie. Puede que Tamaki sí quede…y puede que no…

Mah!!! Eso va también contigo Lizirien san!!!! Noté que fuiste una de las más decepcionadas, jejeje. Yo ya tengo claro como terminar mi fic, sólo hacen falta las palabras. A propósito, recientemente me he enterado de que la palabra "sempai" es, en realidad, "senpai", con N. Así que lo corrijo de ahora en adelante.

Un saludo muy especial para Hisao No Hikari. Tú debes saber porqué te lo mando. Y es con mucho cariño!!!!!

Ahora sí, ¡Capítulo 9!

-

Sí, había hablado con él. No sabía si los temblores en su cuerpo eran por el frío que estaba haciendo ese día o si era porque su corazón latía como un loco, haciendo que se estremeciera enteramente. Haruhi aún sentía como si miles de insectos le caminaran por las manos y el estómago como quien va a un hormiguero. Frotó sus manos, una contra otra, y se reprochó mentalmente a sí misma. ¡Cómo odiaba sentirse como las otras chicas de Instituto! Le hacía pensar que se estaba haciendo más frágil. Aunque no lo admitiera, se enorgullecía de haber sido, hasta ahora, la única chica que se había resistido a los encantos de los Host en todo Ouran. Incluso, podría presumir también de ser la única chica del Host Club. Pero le hacía sentirse impotente el hecho de estar cambiando. Era extraño. Se preguntó si estaría colorada. Esperaba que no.

Tamaki senpai…no baka.

El Host Club ahora está abierto

- ¡Haruhi kun! ¡Hoy estás más hermoso que de costumbre! Se te ve tan delicado y bello…-. Decía una de las clientas.-

¿Delicado? Eso quiere decir que de verdad se nota mucho. Pensó ella.

Afortunadamente, las chicas no sabían lo que en realidad le pasaba. Era un alivio saber que, incluso cuando estaba indispuesta, le seguían eligiendo como anfitrión. Tal vez no era tan malo ser del tipo "natural", después de todo.

- Realmente, Haruhi kun es tan kawaii… pareces un muñequito de porcelana. ¡Provoca estarte viendo siempre! Esas caras tuyas son tan lindas.- Dijo otra.-

- Pero he notado que estos días se te nota más abstraído, Haruhi kun, pero de todos modos, ¡tus expresiones confusas resultan de un moe espectacular!-.

- ¿Hontoni? De verdad lamento no poder darles toda mi atención, pero hago lo posible para que no se sientan mal conmigo. Después de todo, hacerles pasar un buen rato es la razón por la que me esfuerzo diariamente aquí, al igual que todos los demás.- Les respondió Haruhi.-

Quiso sonreír, como siempre lo hacía, pero en lugar de eso, le salió una expresión de jovialidad combinada con timidez y ensoñación. Tal vez había sido por lo distraída que estaba, o por lo avergonzada que aún seguía por la charla con Tamaki senpai, pero el caso era, que se había visto aún más inocente y hermosa de lo normal. Justamente lo que ella no quería, se estaba viendo frágil. Increíblemente, a las tres chicas sentadas en la misma mesa con ella, les fascinó. Al instante, Haruhi notó cómo las caras se ensanchaban, los ojos se abrían y los cuerpos se encogían, aguantando las ansias de explotar ahí mismo. Al mismo tiempo, las tres clientas del Club dieron saltos fascinados y extraños movimientos, acompañados de gritillos intensamente agudos y enamoradizos.

- ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡KYAAAAAAAA!!!!!!!!!!!-. Gritaron a la vez.-

Haruhi se asustó un poco ante aquellas reacciones. Ni se había dado cuenta de porqué se habían puesto así.

- ¡Haruhi kun! ¡Insisto, hoy te ves hermoso! ¡Pareces una chica!-.

- ¡Se te ve en un estado tan adorable! ¡Da la impresión de que hay que cuidarte mucho! ¡Es lo más dulce que he visto!-.

- ¡No sé qué te ha pasado esta semana, Haruhi kun! ¡Pero ten por seguro que te está haciendo ver ultra MOE! ¡Esos sonrojos y esas sonrisas son un amor!-.

Siguieron revoloteando así los siguientes minutos. Haruhi sintió el sudor bajarle por la nuca. A veces le intimidaba un poco lo directas que eran las clientas más frecuentes que recibían en el club. Es decir, era como si estuvieran pendientes del más mínimo cambio que les ocurriera a sus anfitriones, como si fueran un objeto de adoración y fetichismo constante. Pero eso no le preocupaba tanto ahora. Era una costumbre, no era algo que resultara peligroso (aunque sí impactante); lo que le molestaba era que ya era demasiado obvia su condición de "débil". Se estaba portando cada vez más como una chica.

Instintivamente, volvió la mirada a las mesas cercanas. Estaban en la tercera sala de música, como siempre, y cada Host tenía su sección a parte. No pudo evitar que sus ojos se posaran sobre el King. Lo miraba por el rabillo del ojo, pero supo de inmediato que él también la veía. Se encontraron las miradas, sólo por una milésima de segundo, pero eso bastó para que ambos se estremecieran. Todavía conservaban en sus memorias la escena de la mañana, y ambos estaban ago cohibidos. Cualquiera diría que era una reacción normal de Tamaki, pero era preocupante ver a Haruhi en un estado similar.

- ¿Tamaki kun? ¿Te ocurre algo?-. Le preguntó su respectiva seguidora, con la duda presente de porqué su príncipe la había ignorado, aunque fuera por tan poco tiempo.-

- ¡Hime sama! Por mucho que digas que lo pasas bien a mi lado, como compañero y protector, ¡No puedo dejar de pensar que no soy digno de estar en tu presencia! Una doncella tan pura, hermosa y radiante como la que tengo enfrente no debería ser divisada por un humilde servidor como yo. ¡No tengo derecho de acaparar tus sonrisas y cuidados, cuando te mereces algo mil veces mejor! He sido tan ingenuo al pensar que me querrías por cuenta propia, cuando el que necesita estar constantemente admirándote soy yo mismo.- Se expresó de tal manera, que al finalizar, daba la impresión de que iba a apuñalarse ahí mismo.-

Las espectadoras se quedaron maravilladas y mudas ante el breve monólogo de su amor platónico. Normalmente, estaban acostumbradas (aunque nunca aburridas) a escuchar a Tamaki decirles halagos y hacerles mimos constantes, pero, no sabían porqué, estaban viendo en ese momento a un verdadero enamorado. A pesar de querer gritar, la voz no les salía debido a la enorme conmoción que se habían llevado. ¿Por qué se le veía tan magnífico hoy? ¿Qué había de diferente esta vez?

- Tamaki kun…-.La llamó una.-

- Dime, mi Hime sama.-

- Hoy te ves precioso…increíblemente precioso…como si hubieras despertado esta mañana con ganas de amar.- Dijo, con los ojos brillando, y con las manos tratando de calmar su agitado corazón, que se quería salir del pecho.-

Tamaki sonrió con dulzura y tomó el rostro de una de las chicas entre sus manos, y le susurró al oído.

- Es que hoy todos tienen derecho a enamorarse, mi Hime sama.-

Él notó que sus clientas terminaron de desmayarse de una vez, y la sonrisa se le agrandó un poco. Tamaki también se veía tan frágil hoy.

Esta vez, posó su vista directamente sobre Haruhi, siempre sobre su bella hija. No podía evitar sentir dolor porque su mejor amigo le había pedido que dejara de llamarla así. Es que… ¿cómo podía hacerlo? Si esa era la única manera de englobar todo el amor que le tenía sin caer en algo comprometedor que sonara, al parecer de otros, algo depravado. Las chicas tenían razón, ella estaba verdaderamente encantadora. Se dio cuenta de que ella lo miraba también de vez en cuando, y no sabía si saltar de felicidad o ponerse nervioso a temblar como un principiante. Era, realmente, frustrante no saber que hacer.

-

Debo calmarme…debo calmarme… sólo va a ser por hoy… sólo es un día, no va a ocurrir nada sólo porque tenga que quedarme con él un día, ¿verdad? No tendría que ponerme así. Se trata de Tamaki senpai. Es una buena persona. Una persona problemática, pero buena.

Decidió no posar más los ojos sobre el rubio francés. Quería tranquilizarse y eso no estaba ayudándola. Mientras sus clientas le contaban algunas cosas, se fijó en sus otros compañeros también. Se sorprendió en cuanto notó que, al mirar a los gemelos, estos ya la habían estado observando con anterioridad, como vigilándola. Pero, al advertir que ella los había descubierto, regresaron a la postura habitual. Haruhi arqueó una ceja, algo dudosa sobre qué pensar.

¿Será que están esperando a que se me caiga alguna cosa para quitármela y vender la por Internet?

De ellos, no le sorprendería para nada. Pero sabía que estaban enfadados con ella. Notó que la cara de Hikaru estaba tensa, y sonreía con dificultad, así como la casi imperceptible vena de la frente de Kaoru se movía con un tic nervioso, mientras trataba de ocultarlo bebiendo de su taza de té. Le habría encantado saber qué era lo que pasaba por las mentes de aquellos dos en aquel momento. Luego, vio con algo de temor a Kyoya. De inmediato se volvió a reprochar. ¿Por qué debía tenerle tanto temor a Kyoya senpai? Él no era un monstruo y no la iba a comer. Seguramente era que aquél temor se había vuelto un cliché en ella. Pero ahí estaba él, tomando notas, despreocupadamente. Quizá escribir lo calmaba. Admitiendo la verdad, había presenciado en más de una ocasión que el Ootori tendía a estresarse con facilidad cuando algo no salía como lo tenía planeado, así que era factible que tomar notas de todo le sirviera como desahogo. Aunque, las palabras: "Desahogo" y "Kyoya" no combinaban mucho que digamos. De hecho, no recordaba haberlas incluido nunca en una misma oración. El personaje con lentes levantó los ojos y la vio fugazmente. Ella sabía que estaba leyendo su mente. Fue algo tan rápido que ni siquiera se dio cuenta cuando él había vuelto a escribir en el cuaderno. Haruhi sintió un escalofrío inesperadamente agradable. Había sido como una mirada que le había dado algo de calma, como si nada nunca hubiese pasado la noche que cenaron juntos.

Finalmente, vio a los eternos compañeros. El guardián y el protegido. Ellos fueron, quizá, los que más le transmitieron gusto al observarlos. Las chicas que se hacían de su compañía eran las más sonrientes y las más tranquilas. Honey percibió a Haruhi más rápido que un rayo y le dio una enorme sonrisa, dándole a conocer que quería verla feliz ese día. Mori también le sonrió con ligereza, y levantó delicadamente una mano, en forma de saludo. Ellos fueron los únicos que, ese día, le habían transmitido una tonelada de confianza a Haruhi. Ella supo que, por lo que había pasado esa semana, nada iba a modificarse entre ellos. La seguían apreciando igual. Eso lo apreciaba mucho.

Me gustaría que fuera así con los demás.

Ya casi se iba a terminar el horario del club, lo sabía. Ya era como un reloj interno que sabía cuando finalizaban las actividades del día. Así que, antes de irse, luego de haber recogido ya sus cosas y de haberse despedido de las clientas (que estaban, por cierto, más felices que de costumbre), dio una nueva mirada general, para todos sus compañeros del Host Club. Y esta vez, les sonrió con sinceridad. Sabía que los seis la estaban viendo. Y el hecho de que todos se quedaran petrificados por la misma cantidad de segundos, hizo que estuviera segura de que había sido así. Pero, para su asombro, se dio cuenta de que cuatro de ellos habían sido atacados en sus rostros por la aparición de un adorable rojo carmesí. Los afectados giraron rápidamente sus rostros, escondiéndolos de los posibles testigos que pudieran descubrirlos.

Haruhi se estremeció por lo bajo. Honey senpai y Mori senpai, que habían sido los únicos que no habían caído ante el "hechizo", ahora eran los que le sonreían a ella. Honey rió por lo bajo, mientras Mori se llevaba una mano a la cabeza y se revolvía los cabellos con resignación, como si no le sorprendiera el hecho de que los otros cuatro de hubiesen visto afectados.

Justo cuando Haruhi quiso abrir la puerta para salir de la tercera sala de música, una voz la obligó a detenerse.

- Haruhi.- La llamó.- Por favor, espérame. Ahora mismo salgo y podemos ir juntos a casa.-

Ella apretó suavemente la perilla de la puerta y se mordió el labio inferior. Volteó a ver a su senpai y vio que recogía todas sus cosas con apuro, empeorando aún más el desorden de sus objetos personales. Si quería moverse para encontrar su maletín, se le quedaba un libro o cuaderno en otro lugar, y así volvía a pasar cuando quería obtener otra cosa. Una escena muy pintoresca; tal vez, en otra ocasión, en otro momento, a Haruhi le habría parecido absurda.

Kyoya miraba a Tamaki sin afectarse. Simplemente lo observaba en aquella odisea que hacía simplemente para irse de una vez. Se acomodó sus lentes y suspiró cansadamente. El día había sido agotador, por muchas razones. Los gemelos también se veían agotados. Tal vez era más por el hecho de andar todo el día como halcones, vigilando cada movimiento que realizaba "Tono", junto con su "juguete". Pero les cansaba más el haber estado la mayor parte del tiempo con mal humor. Y ahora veían, con los brazos cruzados, al presidente del Club.

- ¡Acabe ya de una vez, Tono! ¡Es desesperante!-. Inquirió Hikaru.-

- ¡Es molesto para otros ver cómo no logra algo tan simple!-. Dijo Kaoru, con un poco más de suavidad que su hermano.-

Tamaki rió nerviosamente.

- Gomen ne. Es que saber que hoy me voy con mi hija…-. Vio a Kyoya y se apenó un poco.-…es decir, con Haruhi, me pone un poco emocionado. ¡Casi nunca tenemos tiempo de calidad como éste!-.

Haruhi lo contempló de forma abstraída. Él sonrió para ella, y por fin, logró acomodar todas sus cosas, ya listo para irse. Acto seguido, Tamaki la tomó de la mano y, sin esperar ninguna reacción de ella, se la llevó con él, sin dejar de verse feliz. Ella no supo si sonreír o pedirle que la soltara. No sabía qué hacer, y no quiso arruinarle el momento a su senpai. Los dos salieron juntos de la tercera sala de música, uno al lado del otro, con una extraña aura a su alrededor, haciendo que fuera difícil interferir entre ambos. Estando juntos eran, absolutamente, intocables.

Los otros, que quedaron parados atrás, viéndolos alejarse, sintieron un peso quitárseles de encima, a la vez que otro nuevo los atacaba.

- ¿Cómo creen que vaya la situación?-. Preguntó Kaoru, queriendo romper la incómoda tensión entre los restantes.-

- ¿Acaso importa?-. Respondió Hikaru.- No es asunto nuestro lo que pueda pasar.- Dijo, encogiéndose de hombros.-

Kyoya tomó su maletín y se alejó sin decir palabra alguna.

- ¿Ara? ¿Ya te vas, Kyou chan?-. Le preguntó Honey.-

- Por muy tentador que suene quedarme aquí parado durante un par de horas más, pensando en qué podría pasar hoy, creo que preferiría irme a casa. El día ha dejado muchos números que revisar. Los veré mañana.- Dijo, de espaldas a ellos.-

Y salió.

- Kyou chan parece estar algo exhausto. Le irá bien un descanso.-

- Sí.-

- ¡Vamos también nosotros, Takashi! ¡Hay unos pasteles en casa que me muero por probar!-. Gritó, dando pequeños saltos.-

- De acuerdo.-

Honey pegó un brinco, aterrizando sobre los hombros de su primo, permitiendo que éste lo llevase como solía hacerlo siempre. Miró a los gemelos y les sonrió abiertamente.

- ¡Cuídense mucho, Hika chan, Kao chan! ¡Matta ne!-.

Y los dos salieron, uno charlando en voz alta, sin parar de sonreír, y el otro escuchando, dirigiéndose a la salida del Instituto.

Kaoru se sintió, de repente, algo incómodo. Ya sólo quedaban ellos. Pero había algo que les impedía dar siquiera un paso.

- Hikaru…-. Lo llamó.- ¿No deberíamos irnos también? Ya no queda nadie.-

Hasta él mismo se sorprendió de lo tímida que sonaba su voz. Quizá porque temía más por las reacciones de su gemelo que por las de sí mismo.

Para su sorpresa, Hikaru no hizo nada que pudiera considerarse estrepitoso ni alborotador. Se quedó con los ojos puestos en el piso un rato, no mucho, pero el suficiente para que Kaoru volviera a hablarle.

- ¿Hikaru?-.

Por la ventana, entraba una luz muy tenue, pero aún así, brillante. Los había envuelto a los dos, como si ese regalo fuese especialmente para consolarlos. Hikaru apretó el brazo de Kaoru con delicadeza, en parte para calmarlo, y en otra para consolarse.

- Vamos a casa, Kaoru.- Dijo.-

Kaoru tardó unos segundos en reaccionar. Pero no pudo evitar sonreír con ternura para su gemelo. Era curioso, estaban solos de nuevo. No se habían enterado, hasta ese momento, de que ya no soportaban estar solos. Por mucho que eso hubiese formado parte de su pasado, las cosas eran diferentes ahora. Kaoru puso una mano sobre el hombro de Hikaru, asegurándose de transmitirle esa calma que ahora sentía.

- Bien. Vamos.- Le respondió Kaoru.-

Aún así, antes de salir, se quedaron unos segundos más así, sin moverse. No podían evitarlo. Siempre se les había hecho difícil dar un paso adelante cuando hacía falta. El primero ya lo habían dado sin darse cuenta, pero ahora sabían, que continuar avanzando iba a ser más difícil de lo que había sido dar sus primeros pasos.

Es increíble, Hikaru…que no soportemos verla con otra persona que no seamos nosotros, y que aún así, nos traguemos las palabras. Estamos siendo un poco más maduros, pero seguimos siendo muy egoístas. Pero por suerte…aún falta nuestro turno. Eso es un consuelo ¿no crees?

Y ambos salieron, por fin, de aquella sala. Con pasos lentos, algo inseguros, pero salieron, y era lo que importaba. Las cosas, a partir de ahí, sólo podían mejorar.

-

- Espero ser un buen acompañante para ti, Haruhi. ¡Me he prometido no decepcionarte ni a ti ni a tu padre! Como buen presidente que soy, debo estar pendiente de cada uno de los miembros de esta familia.- Dijo Tamaki, mientras iban camino a casa.-

- Ano…senpai, ¿es tan importante para ti? Sólo es un día.-

- ¡Igualmente! ¡Ranka san, en situaciones normales, no me habría dejado acercarme ni un paso a ti! ¡Pero ahora, al menos, me ha dado un pequeño voto de confianza, dejando que yo también te cuide!-. Levantó los brazos como si estuviera presenciando un sueño convertirse en realidad.-

Haruhi vio aquello como una incoherencia. Sus ojos se entornaron involuntariamente y sus cejar se arquearon.

Okaa san…esta persona nunca dejará de ser tan despreocupada a pesar de vivir en un mundo tan difícil.

Pero, aún así, era reconfortante para ella ver que el trato era el mismo. Desde luego, aún seguía un poco nerviosa, pero era buena señal el hecho de que Tamaki siguiera diciendo sus típicos comentarios exagerados que no tenían tanta importancia.

De vez en cuando, él se quedaba en silencio, y la observaba detalladamente, a la vez que sonreía para sí mismo, orgulloso de estar al lado de ella.

- ¿Ocurre algo, senpai?-. Preguntó ella, intentando hacer que la mirada del chico no le afectara tanto.-

- ¿Uhm? Ah!...Ie…para nada, Haruhi. Es sólo que estoy feliz.-

- ¿Feliz?-.

- Hai. Me siento contento de ver que todavía podemos estar en el mismo sitio juntos y podemos llevarnos como siempre. Estaba empezando a pensar que ya no me soportabas, o que no querías verme. Me sentía preocupado, pero ¡sí que me alivia ver que todavía me soportas!-.

- Tengo experiencia, es todo. Como ya te he dicho, me recuerdas mucho a mi Otou san.-

Él volvió a sonreír.

- Además, me sentí tan contento cuando fuiste a verme esta mañana a mi aula. Casi nunca eres tú quien se me acerca, y resultó raro, ¡pero muy reconfortante!-.

Ella sintió que los latidos incrementaban. Notó que un pequeño sonrojo se formaba en la cara de Tamaki, y estaba segura de que ella estaba igual que él. Escondió un poco la mirada, pero sin ponerse muy nerviosa. Quería controlarse.

- …Quería que supieras que ya era tu turno.- Dijo en un susurro, que él pudo escuchar.-

- No te preocupes, Haruhi.- Le dijo.-

- ¿Eh?-.

- Que no te preocupes…respecto a lo que pasó hoy. No quise que lo que dije te hiciera sentirte mal. Fue algo que salió por sí sólo. Es algo que siento, realmente.-

¿Por qué su voz sonaba tan dulce? ¿Y por qué se veía tan diferente al prototipo ideal de Host principesco que siempre era?

- No es que me haya afectado tanto. No creo que fuera algo tan importante.- Dijo ella, encontrando el valor para mirarlo a los ojos.-

- ¿En serio? Yokkata…tenía miedo de que pensaras mal de mí.-

- No lo hago, senpai. Sé que eres buena persona. Sólo que muy problemático.-

Él se fue de lado, por la rudeza del comentario. Pero se recuperó al instante, mientras colocaba una de sus manos por detrás de su cabeza, sonriendo.

- Sokka, Sokka…realmente no fue tan importante, ¿verdad?-.

Pero ambos sabían que sí lo había sido para ellos.

FLASH BACK

- ¿De qué querías hablar, Haruhi?-. Preguntó Tamaki, saliendo a toda velocidad del salón, para poder quedar frente a ella. Se le veía excitado y emocionado por su presencia.-

- Era acerca de los papelitos. Tu nombre ha salido, senpai.- Dijo ella sin mucha ceremonia.-

Aunque ella quería ser lo más directa posible, para no dar pie a un monólogo del rubio, era inevitable que algo pasara, tratándose de él.

- ¡Yatta! ¡Yatta! ¡Me ha tocado por fin! ¡Yo sabía que mi hermosa hija tenía que estar con su padre tarde o temprano! ¡Good! ¡Good! ¡Very Good!-.

La envolvió en un abrazo y empezó a moverla de un lado a otro con mucha energía. La noticia le había alegrado tanto que no se había dado cuenta de que la tenía sofocada. Ella le jalaba de la chaqueta para llamar su atención.

- ¡Senpai! ¡Yamete kudasai! ¡Senpai!-. Gritó ella.- ¡No es para tanto!-.

- Demo, Haruhi, estoy tan feliz. ¡Por fin podré estar contigo! ¡Te he extrañado tanto estos días! ¡Quería quedarme yo solo a tu lado, por fin!-.

El enérgico baile se detuvo de golpe, y el rubio respiró agitadamente por la velocidad que había empleado para celebrar. Pero se dio cuenta de que al detenerse, había olvidado soltar a la chica que tenía apegada contra él. Haruhi abrió los ojos con sorpresa. Ya cuando estaban quietos, podía darse cuenta de que estaban demasiado cercanos. La respiración de él chocaba contra los cabellos de ella, estremeciéndola con cada aliento, y ella podía aspirar, involuntariamente, el aroma que desprendía de la chaqueta de su senpai, la esencia propia de él. Cuando ya había pasado un minuto entero, recuperó el habla.

- Senpai… ¿podrías soltarme?-. Pidió ella.-

- ¿Tengo que hacerlo, Haruhi?-. Preguntó él, en voz baja.- Me gustaría permanecer un poco más así, si me lo permites.-

- De verdad quisiera que me soltaras.-

- Mis manos no me obedecen. No quieren soltarte. Si les dieras un minuto más me darías tiempo de recuperar el control sobre ellas.- Dijo como un niño pequeño, como si fuera inevitable que estuvieran en esa posición.-

Haruhi se quedó en silencio. No tenía sentido discutir con él.

Se quedaron así, tal y como él había solicitado. Tamaki cerró sus ojos y se dedicó enteramente a sentir la presencia de Haruhi en sus brazos. Hacía tanto tiempo que quería hacer eso con ella. Haruhi nunca se dejaba querer, ni se dejaba tocar casi nunca, por eso, era afortunado, por tener ese tiempo con ella, cuando era imposible que ella se opusiera.

De pronto, se vio en la necesidad de decirle algo. Le dio algo de temor pensar que ella pudiera enojarse, pero su deseo pudo más que él.

- Haruhi…-. La llamó con suavidad.-

Ella no le respondió, así que Tamaki vio su camino libre para continuar.

- Ahora mismo…con mis ojos cerrados, contigo aquí…no importa en lo más mínimo que uses el uniforme o el peinado masculinos. Para mí, nunca se había hecho más notable que eres una chica. Te siento con toda seguridad. Está claro para mí.- Le dijo.-

Haruhi tembló y sabía que se había puesto colorada. Empujó rápidamente al rubio y se escapó de su abrazo, quedando con una mano en el pecho, intentando calmar los latidos acelerados. Él se le quedó mirando, no se había molestado por el empujón. De todos modos, no había sido con tanta fuerza.

- Gomen.- Dijo él, agachando la cabeza.- No era para que te molestaras. Gomen.-

Ella dio una respiración profunda, buscando las palabras para responderle.

- Recuerda que alguien puede oírte, senpai. No seas imprudente.- Dijo.-

Por alguna razón, él no dejó de sonreír.

- Eres muy linda, Haruhi. No importa cómo lo intentes, no puedes ocultar que eres una linda persona. Era inevitable que algún día alguien te lo dijera.-

Ella apretó el puño que se encontraba sobre su pecho. Pero no estaba enfadada con él. Sólo estaba nerviosa. Solamente le pasaba lo inevitable. Solamente se había dado cuenta de que eso iba a pasar de todas formas.

- No importa, senpai.- Dijo con algo de sequedad, tal vez porque quería sonar igual que siempre.- Te veré a la salida. Voy tarde para mi clase.-

- Matta ne.- Dijo él, despidiéndose, agitando una mano.-

Y, sin más que decir, ella se fue. No miró hacia atrás, por temor a que él se diera cuenta. Pero le habría gustado hacerlo, quizá porque Tamaki era tan sensible que le daría dolor pensar que su "hija" no quería despedirse bien de su "padre".

Aún así, no flaqueó, y caminó con los ojos puestos hacia delante.

FIN DEL FLASH BACK

La limosina se detuvo, y Haruhi salió de sus pensamientos para mirar por la ventana. No pudo evitar exclamar por el asombro.

- ¡Demo… esto es…!-. Empezó a decir.-

- Creí que te sentirías más cómoda en tu ambiente, Haruhi. Si te molesta, podemos volver al plan original de ir a mi casa.-

- ¡No es eso, senpai! ¡Está bien!-. Dijo apresuradamente.- Arigatou.-

Mirando por la ventana, podían ver claramente una serie de apartamentos de plebeyos que era muy bien conocida por Haruhi. No se imaginaba que Tamaki senpai sería tan original como para cuidarla en su misma casa.

- Como Ranka san sigue en el hospital, creí que estarías preocupada por no poder ver de cuando en cuando tu casa. ¡Ojalá esté bien lo que hice!-. Dijo él, con ansias de ver su reacción.-

Al contrario de lo que creía que iba a pasar, Tamaki vio que Haruhi le sonreía de la forma con la que rara vez lo hacía.

- Es perfecto, senpai. Ya tenía ganas de ver mi casa. Te agradezco que hayas ideado traerme aquí.- Dijo.- ¿Pero no te sentirás incómodo estando tú en mi casa por un día entero?-.

- ¡Ese es el sueño de mi vida, Haruhi! Siempre he querido estar contigo, recreando la vida típica plebeya. ¡Suena muy divertido!-.

Era de esperar que saliera con uno de esos comentarios. Pero a Haruhi no le importó tanto esta vez. Después de todo, eso había sido muy dulce de su parte, y debía agradecérselo.

En ese momento, le pareció una buena oportunidad para preguntarle.

- Senpai…-.

- ¿Uhm?-.

- ¿Hay algún deseo que quieras pedirme…por el día de hoy?-.

Tamaki la miró desconcertado. La pregunta le tomó por sorpresa. Pero no tardó en responder.

- No mucho, en realidad. Mi deseo tú ya me lo has cumplido con dejarme abrazarte hoy. Así que me conformo con pasar el resto del día contigo. Eso me haría más feliz de lo que soy ahora.-

Haruhi no sabía cómo responder a algo así. En toda su vida, jamás había enfrentado situaciones semejantes a las que había tenido que vivir esa semana.

Realmente…el Host Club está lleno de personas extrañas, Okaa san.

Aún así, sonrió.

CONTINUARÁ…