YO, QUILEUTE


CAPITULO 8 ~ DECISIONES QUE TOMAR

Podía sentir los rayos en mi piel, sobre mis ojos, a través de las sábanas. Me estiré todo lo que pude y me erguí para comenzar el día. Hice la rutina de siempre, que estaba conformada en vestirme, asearme, arreglar mi cabello, verme en el espejo y bajar las escaleras para ir a desayunar.

En la cocina me encontré con Alice que besaba casi fervientemente a Jasper. Carraspeé, haciendo que mi tío se sonrojara… si pudiera. Él siempre era el más serio. Aunque a comparación de Emmett todos éramos serios en esa casa.

- ¿Cómo has dormido? – me preguntó mi tía. Aún sostenía la mano de Jasper con dulzura.

- Muy bien. ¿Nadie me ha preparado el desayuno hoy? Eso es raro.

- Todos están preparando la boda de Charlie y Sue. Mi madre está ayudando a decorar la playa mediante un dibujo que hizo Seth para mostrarnos cómo será el lugar de la ceremonia. Bella está muy nerviosa, quiere asistir.

- Yo también quiero asistir. – interrumpió Alice a mi tío.

- Tiene que haber alguna manera de que se resuelva este asunto, ¿verdad? – pregunté con ilusión pero no obtuve respuesta. - ¿Y tú por qué no estás con ellos? – me dirigí hacia mi tía.

- Lo estuve, ahora estoy con Jasper. – dijo mirándolo para luego dejarle un beso en la punta de la nariz. Éste sonrió con ternura.

Decidí ignorarlos mientras seguían hundiéndose en sus miradas, me pregunté si así nos veíamos Jake y yo cuando nos mirábamos.

Jake…

¿Cuánto tardaría en llegar? Aun continuaba abrumada por lo que había sucedido el día anterior. Nuestro acercamiento y dejo de resistencia, nos había unido aun más a pesar de que no llegamos a nada en concreto, más que miradas y caricias inocentes.

El día en el instituto había resultado de lo más torturador. Había olvidado los exámenes que tenía, gracias a Edward y a su extensiva insistencia en hacerme estudiar en casa, me había desenvuelto bastante bien en cada examen. Pero mi estrés estaba por las nubes y sólo quería llegar a casa cuanto antes.

Rogué porque Emmett hubiese sido quien me fuera a buscar, ya que era el único que desafiaba a mi padre yendo acelerado por la carretera conmigo dentro del auto. Pero no, estaba Rosalie allí mirándose a un espejo y retocando su labial. Parecía una barbie. Siempre estaba bien arreglada y coqueta.

- Hola cariño. ¿Qué tal el día? – me preguntó arrancando el auto una vez que estuve dentro.

- No muy bien. He tenido un par de exámenes. Lo había olvidado. – bufé.

- ¿Tendrás que recompensar?

- ¡Claro que no! Soy Renesmee Cullen, ¿recuerdas? – bromeé.

- Oh, cierto. Eres hija de Edward. – reímos mientras el asfalto se movía bajo las ruedas.

Fuimos charlando de varias cosas, más precisamente de Emmett. Se había puesto en un gran problema eligiendo la nintendo en lugar de acompañar a mi tía. Ella estaba echando fuego por los ojos, recriminándole a Carlisle por haberle regalado "esa perdición" a su marido.

- Ah, y por cierto, ya sentirás lo mismo que yo pues tu perro está jugando con él. Ni ha intentado venir a buscarte.

La miré sorprendida. En el pasado, Jake hubiese dejado todo por estar conmigo. Quizás había confundido sus miradas y él no sentía algo tan profundo como yo lo sentía. Quizás siempre era más divertido jugar con Emmett que venir a buscarme a mí y hablar de mi jornada escolar.

Sentí un poco de miedo. El corazón se me contrajo ante esa idea y eché esos pensamientos a un lado para que mi tía no se diera cuenta de mi malestar. Preferí dirigir mi cabeza hacia el bosque, a ese camino tan familiar que indicaba que mi casa no estaba tan lejos.

Y así llegamos en silencio en menos tiempo del que pretendía. Tomé mi mochila y salí del auto para encaminarme a la mansión. Mientras subía las escaleras todos los pensamientos volvieron junto con el miedo y la sensación de ser rechazada. No sé cómo reaccionaría si eso pasaba. Es decir, jamás había sentido esto, no sabía cómo utilizar las palabras. Tal vez sólo debía quedarme quieta y dejar que las cosas fuesen igual que siempre. Así como había hecho a un lado todos estos pensamientos en el auto, debía hacer lo mismo con mis sentimientos, por lo menos hasta estar segura de largarlo todo.

Cuando entré dentro, mi corazón encogido salió disparado en innumerables latidos, sentí su efluvio alrededor, su presencia y me maldije por ser tan obvia. ¡Maldición! Me estaba mirando ahora, sus ojos me observaban acompañados de una de mis sonrisas preferidas. Estaba sentando en el sofá con el mando del nintendo en la mano, casi al punto de dejárselo caer.

Quité mi mirada y recordé que para él era más divertida cualquier cosa que estar conmigo. Bufé.

- ¡Buenas, gente! – saludé intentando ser la misma de siempre. Al cabo de unos segundos, Bella ya estaba a mi lado sonriéndome y tomando mi mochila en su mano.

- Hola hija. ¿Cómo ha ido el día? – me preguntó acariciando mis cabellos.

- Casi una mierda. – dije haciendo sonreír a Emmett.

- Renesmee, no hables de esa forma. – me siseó Rosalie pasando por mi lado para dirigirse hacia mi tío. Al seguir su camino, no pude evitar cruzarme nuevamente con la mirada de Jacob.

¿Por qué nadie me había dado la charla? ¿Por qué de repente Bella no me regañaba por casi haberme besado con Jake? Al recordar eso, mis latidos volvieron a irse por las nubes.

Lo vi levantarse de su lugar y caminar hacia mí como en cámara lenta. No pude evitar darme cuenta de que el piso dónde mis pies se apoyaban parecía temblar por su presencia. Ya comenzaba a alucinar.

- Ey. – me dijo con una sonrisa. Y todas esas preguntas que me había hecho sobre la rara no reacción de mi madre, se esfumaron cuando vi sus ojos ennegrecerse al ver a mi amigo a mi lado.

- Ey. – repetí ignorando a Bella que permanecía estática a mi lado también.

- ¿Qué tal…?

- No me hagas la misma pregunta que me hizo mi madre recién, Jacob. Todo el mundo me pregunta siempre lo mismo. – de un momento a otro me vi enojada y frunciendo notablemente el ceño. Él me miró con ojos heridos pero no dijo más nada, sólo le lanzó una mirada a mi madre, que hacía una mueca de suficiencia.

- Vale. – susurró.

- ¿Te estabas divirtiendo con Emmett?

- Un poco. – me respondió indagando mis ojos, hacía eso cuando quería descubrir la fuente de mi mal humor.

- Bien. Eso es un bueno. – sólo dije eso alejándome de su lado y del de mi madre. - ¿Dónde está Nahuel? No lo he visto desde anoche. – dije haciendo que un dolor en mi pecho apareciera tras el recuerdo de mi casi beso con Jake.

- ¿Por qué quieres saber dónde está la garrapata? – dijo mi lobo celoso, por dentro sonreí. – Seguramente haciendo lo único que sabe hacer, matar animales.

Me quedé un momento fría de camino a la cocina. Jake se frenó tras de mí ya que me venía siguiendo.

- ¿Y tú qué es lo único que sabes hacer, Jacob? ¿Convertirte en lobo, y qué? – de repente volvía a estar enojada. Es que Nahuel era un híbrido como yo, y sus palabras, mal o bien, hablaban de mí también y de lo que yo era. ¿Aún no había superado el tema de que debía beber sangre para vivir? Clavé aún más mis cejas sobre mis ojos.

Me volví hacia él y comprendió que no estaba bromeando con mi pregunta. Se acercó a mí extendiendo su mano para rosar mi mejilla, pero no lo dejé y di un paso hacia atrás para evitarlo.

- ¿Qué te sucede? – me preguntó. - ¿He hecho o dicho algo que te ha herido?

- No. Sólo que lo único que sé hacer es matar animales. – medio le grité llamando la atención de todos los presentes. Me volví a dar la vuelta y continué el camino hacia la cocina. Jake parecía no seguirme, pero cuando cerré la puerta de la heladera con una jarra de jugo en la mano, él estaba de pie allí, mirándome con esos ojos oscuros suyos llenos de culpa.

- Lo siento. No ha sido mi intensión…

- Nunca es tu intensión. – lo interrumpí mientras llenaba un vaso con la bebida. Ok, estaba no siendo muy justa y haciendo de un grano de arena uno de los montes de Forks. Pero a pesar de darme cuenta de esto, no podía dejar de hacerlo ni de sentirme enojada.

- Nessie…

- Me llamo Renesmee. – lo corté dándome la vuelta y quedando frente a él. Su ceño estaba fruncido por la frustración de mis palabras.

- De acuerdo. Renesmee. Lo siento. No ha sido tan grave.

No dije nada, llevé el vaso a mi boca y bebí mientras lo miraba testaruda. Lo vi inquietarse y vi su pecho desnudo agitarse con más fuerza y sus puños ya estaban apretados muy fuertes pues sus nudillos casi palidecían.

- Iré a mi cuarto. Estoy muy cansada.- dejé el vaso y caminé hacia el salón. Pero su mano sobre mi brazo me detuvo.

- Espera. Nessie, lo siento. – su voz era sumamente culposa. Me giré a mirarlo y su mirada estaba igual que su voz, llena de culpa. – No ha sido mi intención herirte con mis palabras. No eran para ti, eran para Nahuel. Lo siento.

- Pero siempre olvidas que yo soy como él, Jake. Yo soy un vampiro también. Que yo sea tu imprimada no significa que pueda convertirme en humana.

- Eres humana.

- Sólo la mitad de mí lo es, y ¿sabes? La otra mitad que habita en mí es vampira. Aunque no lo quieras ver en mí jamás. Y déjame decirte que disfruto más drenándoles la sangre a los animales que comiendo la comida inmunda con la que llenas tus ansias cada día. – le grité sacudiéndome de su amarre. Él no opuso resistencia, no intentó volver a sostenerme. Me quedé esperando a que viniese por mí, pero no lo hizo.

Caminé lejos de él y a mitad de camino utilicé mi velocidad media vampira para correr hasta mi habitación. Cerré la puerta tras de mí, indignada conmigo misma por la manera en que había tratado a Jake. Apoyé mi frente en la puerta respirando profundo para meter mi llanto dentro y no hacer el papel de niña tonta frente a nadie.

- Sólo está celoso. – dijo una voz detrás de mí. Me giré asustada a pesar de que ya sabía a quién le pertenecía.

- ¿Qué haces aquí?

- Te estaba esperando para disculparme por mi actitud de ayer. No debí entrometerme, lo siento mucho.

- Estoy escuchando muchos "lo siento" últimamente. – dijo encaminándome hacia mi balcón. Me senté en una de las sillas mientras que Nahuel se sentaba en la otra.

- ¿Qué te está sucediendo hoy, niña? – bromeó.

- No lo sé. No tuve un buen día en el instituto hoy.

- Creí que te la agarrarías con Bella ni bien llegaras. Estaba preparado para salir corriendo hacia abajo y separarlas. – rió.

- Siento decepcionarte.

- Está bien. La próxima será. – hizo una pausa. – No debes tratar así a tu mascota. Sabes que si se decepcionan de sus dueños, luego se van y ya no regresan. – pasé por alto lo de "mascota" focalizándome más en sus otras palabras. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. – Tranquila, sé que no te dejará aún.

- ¿No te han dicho que escuchar conversaciones ajenas es de mala educación?

- Es que tú gritabas allí abajo. – volvió a reír.

- Siento mucho no haber estado contigo mientras contabas sobre tu viaje. – ahora me sentía arrepentida.

- Descuida, estabas ocupada con… Jacob.

- Sí. – dije no queriendo indagar en el tema, pero él no pareció notarlo.

- ¿Qué sucede entre ustedes? ¿Al fin tus sentimientos están cambiando?

- ¿Qué quieres decir con "al fin"? – pregunté frunciendo el ceño.

- Es que… todos sabíamos que esto sucedería en algún momento. – su mirada estaba perdida en el cielo.

- Ilumíname porque me estoy perdiendo. – me acomodé aún más en mi asiento.

- Oh vamos. Ya has visto a Sam con Emily, a Kim con Jared…

- ¿Eso que tiene que ver conmigo?

- Despierta, chica. Ellas son sus imprimadas como tú lo eres de Jacob. – suspiró mientras mis ojos se abrían como platos recordando que era cierto. – Ustedes son almas gemelas según toda esa historia de la tribu quileute. Las almas gemelas están destinadas a estar juntas. Aunque no hace falta que sean pareja, claro. Pero todos nosotros, lo temíamos muy por dentro. Y ahora vemos cómo lo miras.

- ¿Eso les molesta? – pregunté sin negar lo que hablaba de mis sentimientos.

- A tu familia le inquieta un poco. El que ustedes estén unidos de esta manera complica algunas cosas.

- ¿Qué cosas? – quise saber.

- Ya sabes que no pueden permanecer por siempre aquí en Forks. En algún momento debemos irnos. Y digo debemos, porque soy parte de ustedes también. Son mi familia ahora. – me miró clavándome su mirada amarronada. – Será difícil el día en que esto llegue, ¿sabes? Tú deberás elegir tu destino. Te verás dividida entre tu familia y Jacob. Claro, si es que deciden dar un paso más que la amistad.

¿Elegir? Era imposible elegir entre mi familia y Jacob. No podría ser feliz si alguna de las partes me faltara. Mis pensamientos se profundizaron y supe que era cierto. Que ya las personas comenzaban a sospechar de nosotros. Muy pronto deberíamos abandonar el lugar y yo… ¿debería abandonar a Jacob? No podía dejar de lado a Bella. Ella había dado su vida por mí. Ni tampoco a Edward, quien me adoraba incluso un poco más que a mi madre. Y qué decir de mis tíos. Había crecido con ellos y estar lejos sería tan extraño. Mis abuelos eran mis segundos padres. Si abandonaba Forks, me alejaría de Jake sin embargo. El corazón se me estremeció haciendo que la punzada que había sentido formara aguas tras mis ojos.

- No te pongas triste. – dijo Nahuel limpiando la lágrima que se había derramado de uno de mis ojos. Lo miré preguntándole en silencio, cómo sería eso posible.

Esa noche no dormí muy bien. Cuando terminamos de hablar con Nahuel, había bajado de nuevo a la cocina con la excusa de que tenía hambre para ver a Jacob, pero él ya se había ido. No pregunté más nada, y luego de una mirada ilegible de mi padre subí nuevamente a mi habitación.


¿QUÉ LES PARECIÓ?