Hola! ¿Como están? Paso mucho tiempo...cofcofdemasiadocofcof (?)

Bueno, ademas de que estuve ocupada por natación, academia etc etc...aproveche mi tiempo y entre en nuevos Fandoms

Haikyuu! y Knb (Los amo ;A;)

Espero que disfruten del capitulo~ Gracias por sus Reviews.


Aún se sentía un clima frío sobre Midorijima, había parado de nevar y eso era una ventaja para que Seragaki corriera más rápido sin algún tipo de inconveniente como tropezarse por la abundante nieve mientras se dirigía a la casa de Noiz. Temía por que ambos se hubieran matado a golpes, lo más seguro es que a penas entrara en el hogar del menor, se encontraría con un caos sin precedentes. Se detuvo a tomar aire por unos segundos y para su sorpresa, ya se encontraba frente a la puerta de la casa del rubio.

Revisó su Coil por unos instantes para verificar que la dirección que tenía era la correcta y que no se hubiera olvidado de donde vivía el chico de ojos verdes. Era la correcta, en parte estaba feliz por haber encontrado la casa sin problemas pero también sentía como un escalofrío recorría su espalda, no porque el clima estuviera helado, sino porque temía a lo que se encontraría allí dentro.

—Waa…H-Hace frío—Al parecer el chico de ojos color ámbar, después de haber corrido por las calles nevadas de Midorijima, no había tomado en cuenta la verdadera temperatura que azotaba la ciudad; como su cuerpo estaba en movimiento, conservaba algo de calor corporal pero al detenerse había retomado su temperatura normal. En eso se dio cuenta de que al salir tan apresurado, se había olvidado su chaqueta en casa de Koujaku.

Un estornudo lo sacó de sus pensamientos, lo sacó de todas aquellas conclusiones inventadas que sacaba su mente sobre cómo podrían estar ahí dentro. Si estaban bien o mal o si incluso alguno de esos dos "niños"-porque lo eran y lo demostraban en cada pelea infantil que llegaban a tener por cualquier tipo de tontería, como por ejemplo, si el negro era un color, esa era una de las batallas más absurdas que pudo recordar Aoba en ese momento-ya había enterrado sus tijeras en la nuca del otro.

Antes de que pudiera darle un ataque de hipotermia, fue hacia la puerta de la casa del chico de los piercings, le temblaban las manos así que llevó ambas a su boca para calentarlas con su aliento. Cuando sus extremidades recuperaron su normalidad, procedió a enviar un mensaje desde su Coil para el menor.

"Noiz…estoy en la puerta de tu casa. Por favor, ábrela, hace demasiado frío como para permanecer aquí"

—…—Silencio. Ni sonidos de pasos, golpes o lo que demostrara que hubiera un rastro de vida en aquel lugar. Lo único que faltaba para completar aquel día lleno de sorpresas era que había comenzado a nevar pero no rápidamente sino de una manera…Tranquila…Los copos de nieve caían lentamente, posándose en las ventanas del líder de Ruff Rabbit antes de que comenzara una tormenta de nieve, por lo cual Aoba tenía pavor de solo pensar en quedarse enterrado bajo la nieve muerto de frío. Volvió a mandar un mensaje, esta vez en espera de una respuesta.

"Dime que todavía no están muertos… ¡ABRE LA PUERTA!"

—De nuevo…—Todos tienen un límite de paciencia, y en el caso de Aoba, su paciencia al límite sumando el hecho de que hacía bastante frío como para mostrarse tolerante ante aquella situación, haciéndolo golpear la puerta del rubio con todas sus fuerzas, solo con una mano mientras con la otra trataba de no perder el poco calor que tenía, abrazándose a sí mismo, moviendo de arriba hacia abajo su mano para no congelarse— ¡Noiz! —A veces paraba de golpear la puerta para recuperar algo de energía y seguir golpeando la entrada, esperando a que alguien la abriera.

Mientras Seragaki se encontraba afuera, Koujaku y Noiz yacían en un profundo sueño; el mayor estaba rodeando con su brazo al rubio mientras su cabeza se encontraba recargada arriba de la del menor. El estilista mantenía una sonrisa en su rostro, tan nítida que se podía notar como levemente se trazaba en su rostro cada vez que se movía y sentía al niñato a su lado.

Por su parte, el rubio se mantenía sereno y calmado; recargándose en el pecho del japonés y sin darse cuenta, había llevado una de sus manos hacía el abdomen del estilista, como si quisiera abrazarlo dormido pero no podía, el agarre de Koujaku se lo impedía, limitándolo a fruncir el seño al no poder hacer lo que quería.

Lo único que los cubría era aquella manta verde musgo, bueno no del todo ya que aún se podían observar sus torsos desnudos. Juntos. Unidos por el agarre del estilista que era correspondido de parte del menor.

La ventana estaba un poco abierta pero no tanto como para que entrara demasiada nieve. Usagimodoki se encontraba en su modo de suspensión, faltaban pocos minutos para que iniciara su encendido automático. Estaba en la sala que daba justo en frente de la entrada de la casa. Al encenderse notó los fuertes golpes que provenían de la puerta, así que no tuvo más remedio que ir de salto en salto hasta la puerta.

— ¡P! ¿Quién es? —Interrogó el allmate del rubio tras los constantes llamados en la entrada.

— ¿Eh? ¡Usagimodoki! ¡Me alegra oírte! ¿P-Puedes abrir la puerta? —Exclamó de forma aliviada el de cabello azul, sintiendo como una de sus tantas plegarias había sido escuchada.

—No puedo hasta que Noiz me dé autorización—Con esas simples palabras pudo romper las esperanzas que tenía Aoba de entrar lo más rápido posible a una vivienda con calefacción.

— ¡E-Entonces hazlo! —Gritó el chico de ojos color ámbar mientras cubría con ambas manos su abdomen, repitiendo el proceso de llevar sus manos de arriba hacia abajo para poder tomar calor. La verdad es que ese procedimiento era algo efectivo aunque no se comparaba con tener una manta encima o una fogata al lado o mínimo un lugar cálido.

Se podía escuchar desde la puerta como aquel cubo verde se alejaba de la puerta con cada salto, subiendo las escaleras con movimientos pequeños pero ágiles hasta llegar a la habitación de su dueño, que para su sorpresa- y a la vez no tanto- se encontró con una de las tantas escenas que de seguro más adelante tendría que ver de forma seguida. Koujaku y Noiz abrazados semidesnudos en una cama. "Al fin sucedió" Pensó el allmate al recordar la conversación que tuvo con el también pequeño compañero de Koujaku, Beni, a quien ahora le debía un masaje en su forma online por ganar una apuesta que tenían entre ellos dos y de paso enterarse que sucedió entre él y Ren.

Antes de subir hacía la cama en donde se encontraba su dueño, al dar uno de sus saltos, tomó una foto de aquel momento, después de todo, nunca se sabe cuándo podría ver de nuevo a su dueño de forma tan calmada.

Al subir a la cama, se colocó en una esquina de la almohada

— ¡P! Noiz, Aoba está aquí. ¿Dejo que pase? —Al no recibir respuesta se puso a saltar en la almohada para ver si así lograba que reaccionara aunque sea por unos segundos para dejar pasar a Seragaki.

— ¿A…Oba? —Dijo el rubio con una voz medio dormida ya que se encontraba bastante relajado como para coordinar sus pensamientos con las palabras que salían de su boca—Que…Pase…—La noche anterior con el baño y lo que había hecho instantes antes con el estilista lo tenían de cierta forma cansado y a la vez relajado, aunado al hecho de que al menor le encantaba dormir varias horas, eso era el golpe de gracia.

Usagimodoki solo se limitó a obedecer, bajó las escaleras salto por salto hasta llegar hacia la puerta donde desactivó el mecanismo de seguridad para que Seragaki pudiera pasar sin ningún problema.

— ¡G-gracias al cielo! – Ahora se frotaba los hombros pero un poco más aliviado al sentir la calefacción de la vivienda del rubio. Nunca había visto su casa por dentro. Era grande como para que viviera solo una persona. "Al igual que Koujaku" Pensó y en ese momento el miedo le invadió de forma repentina. ¿Dónde estaban aquellos dos? Cuando Aoba recuperó la temperatura normal de su cuerpo comenzó a caminar por la casa— ¿Koujaku? ¿Noiz? —Decía mientras revisaba donde podrían encontrarse aquellos dos. No estaban ni en la cocina ni en la sala de estar, tampoco en el comedor. El único lugar que le quedaba por registrar era su habitación.

Temía lo peor, pensaba que ambos se habían molido a golpes por lo que según le había contado su amigo de la infancia, habían hecho ambos en estado de ebriedad. Subió lo más rápido que pudo, cuidado de no tropezarse con algún escalón y al estar arriba, antes de que pudiera levantar la mirada, vio las ropas que se encontraban tiradas por todo el suelo

—Esto… —Observó una camiseta blanca, unos pantalones negros con detalles verdes en cada esquina y para su sorpresa, la polera roja del estilista sumado al cinturón que llevaba puesto en la mañana, el cual también se encontraba tendido en el suelo—No puede ser…—Cuando terminó por levantar su mirada, no esperaba encontrarse con aquella imagen que reflejaba su vista.

Su amigo de la infancia, quien siempre supo o al menos estaba seguro de que lo único que le gustaba eran las mujeres, estaba abrazando a la persona con la cual, desde un principio, siempre habían mantenido una relación de desprecio y odio. Estaban juntos. "Se ven bastante tranquilos… ¡Waa! ¡¿Pero que estoy pensando?!" Gritaba para sus adentros Aoba frente aquella escena. Y para colmo, ambos estaban semi desnudos o desnudos…No quería saberlo. Lo único que los cubría de la cintura para abajo, era la colcha verde musgo del menor.

Lentamente fue retrocediendo, caminando de espaldas sin dejar de observar aquella escena, lo desconcertaba demasiado pero era algo ilógico pensar que luego de tantas peleas a muerte que tuvieron aquellos dos, ahora se encontraran en una misma cama…Juntos…Lo más seguro era que habían tenido sexo.

— ¡Koujaku idio…! —Antes de que pudiera terminar su insulto para su amigo de la infancia, se vio interrumpido al pisar mal el último escalón y caerse en el suelo sentado, aún seguía atónito por aquella escena— ¡¿Por qué no me lo contaste?! —Llevó ambas manos hacia su boca, no se había dado cuenta que no estaba hablando consigo mismo sino que eran sus pensamientos que sonaban en voz alta. Estaba nervioso por haber despertado a alguno de los dos con su grito aunque aquello le serviría para que ambos le dieran una explicación de lo sucedido porque no se lo habían dicho anteriormente.

Se sentó en el sofá tratando de calmarse, normalizando su respiración y viendo como el allmate del rubio subía hacia la habitación del menor. Aoba hizo un gesto de negación con sus brazos tratando de indicar al pequeño cubo verde que no subiera hacia la habitación del de ojos verdes pero ya era tarde, Usagimodoki se encontraba dando salto tras salto para avisarle a Noiz de la llegada del de cabellos azules a su hogar.

Ahora a Aoba solo le quedaba calmarse, recuperar la normalidad de su respiración y hablar con ellos lo más calmadamente posible, tratando de no parecer un idiota cuando las palabras salieran de su boca. Esperando que esos dos se dignaran en contarle que estaban juntos.

El rubio se encontraba con los ojos medio abiertos, como si le pesara levantarse. Había escuchado un sonido que provenía desde la sala pero no estaba seguro si se trataba de algo o alguien, así que dio un pequeño bostezo y se encontró con que el mayor lo estaba abrazando para tenerlo unido junto a su pecho. No le molestaba, más bien se podría decir que le gustaba estar de esa forma, el sentir el calor que emanaba el escultural cuerpo del japonés y las respiraciones de éste que podía sentirlas como una brisa en sus cabellos, todavía no quería levantarse, sentía la necesidad impetuosa de quedarse más tiempo acostado, ya fuera durmiendo o contemplando lo dormido que se encontraba el estilista pero Usagimodoki le estropeó los planes.

— ¡P! Noiz. —Nuevamente su allmate se hacía presente en la habitación, como siempre, dando saltos altos mientras giraba en el aire para poder llamar la atención de su dueño.

— ¿Qué pasa? —Atendió el llamado de su compañero de Rhyme aunque no sabía bien que era de lo que le quería informar; se encontraba mirándole de reojo mientras Usagimodoki estaba saltando en una esquina de la cama hasta que se decidió por subir a la cama y por fin, quedarse quieto.

—Aoba está en la sala—Informo sin más rodeos el cubo verde.

—…—Como si tratara de procesar las palabras de su compañero, Noiz se quedó en silencio por unos instantes, después de asimilar aquella frase, sentía como se despabilaba de su sueño en instantes gracias a la notificación por parte de su allmate que le cayó como un balde de agua fría— ¿Aoba? ¿¡Por qué lo dejaste pasar!? —Gritó el rubio al instante, callando para susurrar alarmado, encontrándose inmóvil por la noticia.

—Tú me dijiste que lo hiciera—Y aquella afirmación era verdad, como el chico de los piercings estaba medio dormido, no procesaba las palabras que salían de su boca, y mucho menos prestaba atención a lo que sucedía a su alrededor.

—Mierda…—Quería levantarse aún sin saber bien lo que iba a hacer con Seragaki. Sentía la necesidad de salir de la cama y vestirse pero algo interrumpía que se levantara y sí, era el agarre que mantenía con el japonés el impedimento—Hey…Viejo, despierta…—No obtuvo ninguna respuesta por parte del estilista, o tenía el sueño pesado o solo quería quedarse así con el menor por unos instantes más—Despierta…—Le picaba con un dedo la mejilla y con eso solo consiguió un gesto de molestia por parte del mayor. Noiz no era muy paciente y si no despertaba al tercer llamado, ya vería la forma "menos delicada" para despertarlo— ¡Oi! Anciano, despierta—Ahora movía un hombro del estilista para ver si lograba despertarse pero como era de esperarse, no obtuvo ningún resultado—Te lo ganaste…—Suspiró con molestia el rubio mientras llevaba uno de sus dedos hacia su boca, lamiéndolo y chupándolo, como si se tratara de una paleta; cuando su dedo ya se encontraba húmedo lo llevó lentamente hacia la oreja del estilista y lo introdujo sin la más mínima vergüenza.

Al parecer esa manera de despertarlo había funcionado, ya que el mayor se levantó de un salto al sentir el dedo del menor dentro de su oído.

— ¡¿Ahora qué te pa…—Antes de que pudiera decir un buen sermón que tenía para aquel niñato, fue interrumpido por la mano de éste tapándole su boca. No entendía la razón por la cual el rubio estaba comportándose de esa manera aunque sus métodos para despertarlo eran lo bastante infantiles como para dudar si el rubio actuaba un tanto raro.

—Aoba está en la sala…—Señaló hacia las escaleras mientras veía como su allmate se iba sin avisar, seguramente para avisarle a su invitado sorpresivo que el rubio no tardaría en bajar.

—…—No podía ocultar su cara de asombro ante tal situación, estaba nervioso. ¿Qué le diría a su amigo de la infancia? No era como si pudiera decirle "Hola Aoba, nosotros dos acabamos de confesarnos. Vamos a estar como pareja de ahora en adelante, de seguro pensarás que tenemos sexo y sí es cierto…También, creo que con esto demuestro que no solo me gustan las chicas" Llevó ambas manos al rostro, suspirando un poco por la situación, incluso el hecho de que haya pensado eso hizo que un leve tono carmesí se notara en su rostro. Respiró profundamente para retomar algo de compostura y habló— ¿Qué le diremos? —Preguntó, observando el torso desnudo del menor que todavía no se había levantado de la cama.

—Para empezar… ¿Por qué vino a mi casa? —El rubio miró al estilista como si lo estuviera desafiando con la mirada, como si en un momento se hubiera dado cuenta del por qué el de cabellos azules se encontraba en su hogar en ese instante— ¿Hay algo que quieras decirme? —Por intuición o algo así, Noiz llegó a pensar que el estilista, aunque no fuera su intención, le contó al chico de ojos color ámbar sobre lo sucedido.

—Tal vez…No era tan despistado como lo pensaba…—Carraspeó el mayor al recordar el burdo ejemplo que le había dado a su mejor amigo, el de la "señorita" y el "primo de su amigo" pensando acerca del momento en toda la conversación en el que Aoba se habría dado cuenta de que se refería al mocoso.

— ¡¿Ah?! ¿Le contaste lo de anoche? —Noiz estaba molesto, no quería que nadie se enterara de lo que había pasado entre ellos dos en víspera de Navidad, y menos Aoba, no le gustaba divulgar información que lo incluyera.

—Algo así…—Contestó al rubio mientras le daba la espalda, no porque no se atreviera a mirarlo al rostro o a esos ojos color esmeralda que lo hacían perderse en sus pensamientos, sino porque se encontraba buscando sus ropas para vestirse, aún conservaba sus pantalones pero le faltaba su cinturón y su polera. Cuando terminó de colocársela sintió un golpe, no tan fuerte como para que se frotara por el dolor, por parte del menor— ¿Ahora qué te pasa? —Observó de frente al chico de los piercings mientras lo veía dirigirse hacia él solo cubierto con una sabana. Gracias a esto, las mejillas del estilista tomaron un leve color carmesí.

—Serás idiota. Ahora hay que pensar una forma de que no nos encuentre…Juntos—Si bien, aquella noche habían tenido relaciones sin un motivo alguno, ahora lo tenían. Hoy ya habían aclarado sus sentimientos y sabían que las cosas serían diferentes, estarían juntos pero no pensaron que deberían contarle tan pronto la "novedad" al de cabellos azules.

—Creo que lo mejor es decirle la verdad, y dejar de dar tantas vueltas a la situación ¿No crees que eso es lo que nos llevó a como estamos ahora? —Koujaku rió un poco al recordar como ambos le dieron vueltas a la situación de sus sentimientos, tratando de saber si se sentían atraídos o solo era un simple "capricho de una noche" por parte de ambos—Si le decimos la verdad…Ambos podremos estar tranquilos y no tendríamos que escondernos, por lo menos en frente de Aoba—Deslizó su mano entre las sabanas para encontrarse con la del rubio y así poder entrelazar ambas, Noiz correspondió imitando el movimiento del estilista—Podría besarte sin culpa—Koujaku se aproximó hacia los labios del menor y le robó un beso, sorprendiendo a su amante por la repentina acción del estilista, rompiendo después de unos instantes aquel beso que los unía.

—Viejo idiota…—Expresó llevando una de sus manos hacia su boca, buscando con su mirada sus ropas que se encontraban tiradas por todo el piso— Sí…Supongo que lo mejor es decirle la verdad—Noiz se subió su bóxer negro para después ponerse su pantalón. El japonés le tendió la polera blanca que llevaba puesta hace unas horas—Y yo que te creía gay de clos…—Antes de que pudiera terminar su frase, el estilista lanzó una almohada a su rostro.

— ¿Esto se hará costumbre? —Preguntó un tanto molesto el azabache al levantarse para poder dirigirse hacia la sala. Estaba un tanto nervioso pero sabía que se tenía que aclarar todo, prefería que fuera ahora antes de que fuera demasiado tarde.

Noiz solo ignoró el regaño del estilista y le siguió hasta la sala, aún no se acostumbraba a "recibir" a Koujaku, así que sus piernas le temblaban un poco pero al menos ya no como la primera vez. Recuperó algo de su equilibrio recargándose en la entrada de su habitación, esperando a que el japonés fuera el primero en bajar.

— ¿Aoba? —Preguntó el hombre de tatuajes dirigiéndose con pasos seguros hacia el mencionado, tratando de lucir lo más calmado posible.

—K-Koujaku…—Aquella voz lo había desviado de sus pasamientos— ¿Qué haces aquí?

—Larga historia…—Koujaku llevó su mano a su cabeza para rascarla un poco, estaban sucediendo tantas cosas en tan poco tiempo…Antes de que pudiera decir otra palabra, detrás de él venía el chico de los piercings, el cual solo le dio un saludo normal al de cabellos azules para sentarse en frente del sofá donde estaba sentado el de ojos color ámbar.

Nadie hablaba, se podía sentir una atmosfera pesada en aquel lugar. Era como si uno, al sentir la tensión, pudiera cortar el oxígeno que se respiraba con solo usar un cuchillo.

Cuando elevaban sus miradas, resultaba incomodo el mirare a los ojos. Alguien tenía que romper el silencio, y ese alguien fue Noiz, quien dio un bostezo antes de hablar.

— ¿Qué haces aquí? —Expresó sin ningún tipo de emoción, se podía decir que era el más calmado de los tres que estaban en la sala.

— ¿Eh? B-Bueno…Es que pensé que se habían matado a golpes o algo así…—Contestó con timidez Aoba.

—No lo hicimos, o por lo menos ahora no estamos con moretones o algo por el estilo ¿Por qué pensaste eso?

— ¿En serio lo preguntas? —Respondió Aoba con cierto sarcasmo, subiendo una ceja ante la pregunta—Es lo primero en que pensé cuando fui a casa de Koujaku y no estaba…Obtuve la dirección de donde se encontraba y, como todo daba a que estaba aquí, lo primero en que pensé era que comenzarían a pelear. En cambio los encontré arrib…

— ¿Quién te dijo donde estaba? —Interrumpió el estilista con cierto pánico.

—Beni…Pero después de rogárselo mil veces y hacer que Ren le pidiera también el favor—Aoba estaba a punto de decirles lo que había visto arriba pero simplemente no encontraba la manera de hacerlo—Y los encontré arriba…Juntos—El de cabello azul desvió su mirada hacia la cocina al decir aquella frase donde bajaba el tono de su voz, le resultaba vergonzoso comentar la escena en que los había encontrado al rubio y al azabache. Esa imagen no se iría fácilmente, era como si no pudiera sacarla de su mente, como si se tratara de lo único que podía ver en sus pensamientos.

—…—Tanto el estilista como el rubio se quedaron en silencio hasta que cruzaron miradas, como diciéndose en sus pensamientos que sabían que debían contarle a Seragaki lo sucedido…Pero no contaban con que los había encontrado en un momento un tanto…Comprometedor como ese.

Noiz dio un suspiro pesado en aquella atmosfera que, sumada al silencio incomodo, reinaba en su casa, comenzando a molestarle. Para romperlo no se le ocurrió mejor idea que tomar al mayor de su polera y plantarle un beso en frente de Aoba.

Aoba y Koujaku estaban sorprendidos ¿Qué pretendía hacer con esa acción tan inesperada? No lo sabían. Tal vez el rubio se había cansado de darle vueltas al asunto. Si se tenían que aclarar las cosas, debía ser ahora y no más tarde. Estaba cansado de darle vueltas a las cosas una y otra vez. El estilista separó el beso y lo único que hizo fue darle un tirón a las mejillas del rubio.

—No hagas las cosas sin pensar, mocoso…—Gruñó Koujaku por lo bajo.

—E-Esto…—Expresó el chico de ojos ámbar sorprendido, mirando a su amigo de la infancia, a quien creía heterosexual sobre todas las cosas, a los ojos. Buscando una explicación a todo eso.

—Bueno….- Koujaku rascó su cabeza antes de seguir hablando, acomodándose algunos de sus cabellos detrás de su oreja—Verás Aoba, Noiz y—Noiz…Había dicho el nombre del niñato, mocoso y un sinfín de seudónimos más que tenía para el menor en vez de mencionarle por un apodo, Koujaku nunca decía su nombre hasta ahora. Seragaki solo se limitaba a escuchar y pensar aunque aquel hecho del nombre lo torturaba mentalmente—Yo… ¿Cómo podría decirlo? Estamos…

—En pareja. Saliendo o algo así—Interrumpió el chico de los piercings al ver como al estilista se le hacía difícil decir alguna palabra en forma coherente.

—…—Aoba estaba tratando de procesar todas esas palabras. Tenía una mezcla de emociones en su cuerpo. Se sentía sorprendió porque nunca se habría imaginado que esos dos ex enemigos a muerte, hubieran decidido formar una relación, pero también se sentía feliz al sentir que ambos no se lo ocultarían porque se lo habían contado hace unos instantes, demostrándole que confiaban en él y pensar en eso había hecho que una leve sonrisa se dejara notar en su rostro. La verdad es que pese a todo lo que había pasado, muy pero muy dentro de él, tenía la ligera sospecha de que estos dos terminarían juntos.

—Aoba… ¿Que sucede? —Preguntó el estilista al notar como Seragaki esbozaba una sonrisa. Lucía tranquilo, al parecer lo había tomado bien pero quería estar seguro.

El de cabellos azules solo se limitó a levantarse de donde se encontraba sentado. Miró hacia la ventana y notó que estaba nevando, por los apuros no había tomado su chaqueta, así que tomó la del estilista y se la puso.

—Nada es solo que… ¿Es mucho para un día no lo crees? —El abrigo del mayor le quedaba un poco grande aunque en ese instante no le importaba. Al menos al llevarlo puesto no se moriría congelado—Necesito ir a casa a descansar—Se despidió de Koujaku y Noiz como si nada, aún con una sonrisa en su rostro—Me alegro por ustedes—Dijo antes de abrir la puerta para salir y así poder marcharse hacia su hogar. No estaba molesto ni mucho menos, solo que eran demasiadas emociones para afrontar en un solo día y prefería meditar todo lo ocurrido en su casa.

—Al parecer lo tomó bien—Expresó el chico de los piercings.

—Sí…Mejor de lo que imaginé—El azabache sentó a un lado del rubio, recargando su espalda en el respaldo del sofá. Estaba aliviado de que su mejor amigo hubiera llevado la noticia con calma. Algo raro por su parte pero bueno, ese día habían ocurrido demasiadas cosas y bastante raras por así decirlo—Ya no es como cuando éramos niños—Su rostro expresó melancolía al recordar cuando, en su niñez, Aoba lloraba por cualquier tipo de cosa que alguien le dijera y si le ocultabas algo, cuando se enteraba lo único que hacía era sollozar y golpearte por no habérselo dicho antes.

Ambos se quedaron tranquilos. El menor se recargaba en el hombro del estilista, mirando hacia el frente, observando como Usagimodoki permanecía en su estado de suspensión. Lo único en lo que podían pensar era sobre todo lo que habían pasado hasta ese momento; a pesar de haberle dado muchas vueltas a sus emociones, de no saber si ambos serían o no correspondidos, ya se encontraban juntos y lo que había cerrado definitivamente su vínculo era que especialmente ya nada volvería a ser como antes.

Quién diría que una festividad tan importante como Navidad tendría otro significado para ambos. El día en que se volvieron una sola persona, donde juntaron sus verdaderos sentimientos para convertirlos en un buen recuerdo de lo que habían pasado para llegar hasta ahí.

Para su sorpresa, Aoba se lo había tomado bien pero necesitaba descansar sobre aquellas emociones que lo abrumaban.

"Una de las tantas cosas que les esperaba de ahora en adelante, fue superada" Eso era lo que pensaba Noiz. Como antes no tenía algún motivo para quedarse en Midorijima, había decidió volver hacia su país natal y al único que le informo sobre su regreso a Alemania fue a su hermano menor, quien por suerte guardaría el secreto hasta que llegara, incluso ya tenía la fecha y hora programada para su partida pero ahora tenía un motivo, y ese era Koujaku. Noiz le miró por unos instantes sonreír. Le gustaba verlo así. Tendría que buscar la forma de decirle que tenía que volver a Alemania por un tiempo.

Antes de que pudiera seguir pensando sobre cómo hablar de su viaje, o de cómo haría para explicarle al estilista las razones, observó un obsequio perfectamente adornado; en la etiqueta llevaba un "Para Noiz" escrito, así que retiró su cuerpo que se encontraba recargándose en el mayor para tomar el regalo y observarlo mejor.

— ¿Qué es esto? —Preguntó al estilista mientras con sus manos daba vuelta de un lado hacia el otro la caja.

—Tu obsequio de Navidad. Anda, ábrelo—Contestó el azabache con una emoción que se podía notar en su tono de voz y en su rostro. Era el único presente que le faltaba entregar, ya le había dado sus respectivos obsequios a la familia Seragaki y el único que le faltaba era su pareja.

Como si se tratara de un niño abriendo una envoltura de chocolate, Noiz tomó la caja desde el lazo y se lo quitó lentamente, cuando el lazo estaba deshecho por completo, rompió el papel que envolvía el presente para abrir la caja y ver lo que había dentro. Era algo nuevo para él, aunque le resultaba un tanto familiar.

—Esto es…


¿Reviews?

Agradezco a mi hermosa amiga, Beta Reader, Absoluta, que me metió al fandom de Knb (?) Adry-chan por TODO es un amor de persona.

Bebé, se que comenzaste las clases D': ánimo que se puede! (?)

Bueno...con respecto al fic, solo les quiero dar gracias de antemano por sus favs, reviews~ Que me ayudaron a seguir adelante día a día.

Nos vemos en el siguiente capitulo~