(N/a: En este "episodio" (XP) Hermione se l declara a Draco…pero sin saberlo.
Lean)
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Aquella noche Draco decidió salir a dar una vuelta por los terrenos. A las once y media salió de las mazmorras, trepó por la escalera hasta el Gran Salón y, saliendo del castillo, se adentró en los terrenos.
Se detuvo en un pequeño claro, miró el cielo estrellado y se transformó en un gran dragón verde, de cuernos dorados y ojos grises (como ya se habrán dado cuenta, él era un vampiro cuervo, pero también un animago dragón).
El reptil estiró las alas y de un gran salto se elevó en el aire. Agitó las alas y voló hasta la torre más alta del castillo (la torre Gryffindor), aterrizando arriba de ésta.
Draco aspiró el aire de la noche con una honda tristeza, recordando a Hermione. Todo lo ocurrido durante esos últimos días lo había confundido mucho: el agradecimiento de Hermione por haberla salvado del grifo y la ayuda que la chica le había prestado con la poción de ese día: todo aquello le daba una ligera impresión de que quizá, sólo quizá, ella no lo odiaba tanto como parecía. Pero aún así estaba de seguro muy lejos de sentir algo por él…
El dragón soltó un chillido lastimero. Le había costado mucho ocultarlo todo durante tantos años, no sólo a la castaña sino también a sus amigos e incluso a sus padres.
El secreto no le duró mucho, sin embargo, cuando se unió a las huestes del Innombrable tres meses atrás. Voldemort lo descubrió todo pronto y lo torturó, ordenándole que "dejara de sentir eso por aquella sangre sucia". Al oír el término con que llamó a Hermione, Draco se sintió tentado a plantarle un bofetón al Señor de las Tinieblas. Y, obviamente, no logró olvidar a la chica, por lo que Voldemort continuaba torturándolo cada vez que se le cantaba la regaladísima gana.
El dragón no soportó más.
-¡¡TE AMO, HERMIONE!!-aulló a la noche. Habló en idioma dragónico, para asegurarse que sólo la luna, muda testigo de su dolor, pudiera oírlo…
Pero no era así. Había otro dragón por las inmediaciones del castillo, que había oído el grito y comprendido a la perfección las palabras…
Harry, a quien Metalik había vuelto a dejar solo convertido en dragón, se asomó por un costado del castillo y vio al otro reptil posado en la torre. Quería llegar hasta donde estaba, para preguntarle por qué había dicho eso sobre Hermione, pero pronto recordó algo: no sabía volar.
El dragón rojo agitó las alas. Le costaba: cada vez que intentaba mover una acababa levantando una mano o un pie; o incluso la cola. Se le había armado una ensalada de extremidades.
Harry se sentía ridículo: era un dragón que no sabía volar.
Finalmente y con mucha dificultad logró dominar sus alas. Levantó la vista para ver si el dragón verde seguía en la torre: no se había ido. Luego comenzó a agitar las alas, tratando de levantarse del suelo, pero lo único que logró fue armar un gran viento. Harry no entendía como el día anterior había logrado casi elevarse con tan sólo aletear, y ahora, por más que agitara con fuerza sus alas, sus patas se rehusaran siquiera a divorciarse del suelo.
De repente tuvo una idea: se inclinó un poco, dio un tremendo salto y, en el medio del aire, abrió las alas y las agitó frenéticamente.
Funcionó: a los pocos segundos ya estaba elevándose casi verticalmente.
Era maravilloso. Aquello era aún mejor que volar en su escoba, porque montarla no era lo mismo que volar por los propios medios, con las propias alas…
Pronto, gracias a los entrenamientos de Quidditch en su escoba, aprendió a volar medianamente bien. Luego se dirigió hacia la torre donde estaba Draco.
-¡Dragón!-le gritó desde lejos.
El reptil miró a Harry y vio su cicatriz en forma de rayo brillándole en medio de la frente.
-"¡Potter!"-pensó-"¡No sabía que era animago!"-.
El dragón rojo continuaba acercándosele.
-"Oh, no. Si él me reconoce se va a armar una…"-
Hizo ademán de irse, pero Harry lo detuvo.
-¡No te vayas, dragón¡Quiero hablar contigo!-
A regañadientes Draco se quedó en su lugar mientras el otro reptil llegaba hasta donde él estaba posado y aterrizaba de forma poco elegante (XD) sobre una torre cercana.
-¿Tú fuiste el que gritó, dragón?-le preguntó a Draco.-
-Eh…sí-dijo éste, abochornado, dándose cuenta de que de nada le valía mentir: de seguro Potter lo había oído…
-¿Y por qué dijiste "Hermione te amo"?-continuó Harry.
-Porque…-Draco no sabía adónde meterse-…mi novia se llama así-inventó.
-¿Una dragona?-
-Ssí-
Ah. Por un momento creí…-Harry se sentía algo tonto-Olvídalo. ¿Cómo te llamas?-
Draco suspiró, aliviado: no lo había reconocido.
-Bowen-inventó
(XD)
-Mucho gusto. Mi nombre es Harry-
-Mucho gusto también-
Ahora el que se sentía algo tonto era Draco: estaba saludando a Potter como si recién acabar de conocerlo.
-¿Tú eres un dragón genuino, verdad?-preguntó Harry con curiosidad.
-Ssí-mintió Draco-¿Por qué, acaso tú no lo eres?-
-No-negó el dragón rojo-Yo soy un vampiro dragón águila-
El reptil verde lo miró, sorprendido.
-¡¿Dragón Águila?!¡Qué raro!-
-Sí, me dijeron que era una combinación poco usual.-
-¿Hace cuánto te enteraste?-
-Tres días-
-¿Y ya has…mordido a alguien?-
-No aún-suspiró-Por suerte…-
Harry miró hacia los terrenos y vio a una loba castaña que se convertía en una chica de pelo del mismo color, largo y ondulado, e iba a sentarse cerca del Lago Negro.
-¿Ves esa chica de allá?-preguntó, indicándole a Draco el sitio donde estaba Hermione.-Se llama igual que tu novia, y por eso cuando gritaste me confundí…-
Draco aguzó la vista y vio que la chica estaba llorando.
-¿Por qué llora?-preguntó.
No sé muy bien por qué-contestó Harry-Últimamente está llorando mucho. Yo creo que le pasa algo con un chico-
-¿Qué chico?-preguntó el dragón con brusquedad, pensando seriamente en incinerar al primero que se atreviera a salir con Hermione.
-La verdad, no tengo idea-respondió Harry, poniendo cara de confundido.
Draco la observó por un momento.
-¿Ustedes estudian aquí?-preguntó, señalando el castillo.
-Sí. Oye¿Sabes hablar en "idioma humano"?-
-Sí-
-¿Quieres que te presente a Hermione?-
-De…de acuerdo…-contestó el dragón verde, algo temeroso.
Harry se lanzó a volar, y Draco lo siguió. Se sentía raro: estaba hablando con su peor enemigo como si fuera alguien a quien acababa de conocer; e iban a presentarle a una chica que ya conocía, y de sobra.
Harry aterrizó de forma brusca cerca del lago (otra vez XD). Hermione, al ver a los dos reptiles, se secó las lágrimas del rostro, le sonrió al dragón rojo y miró extrañada al dragón verde.
-¿Por qué llorabas, Hermione?-preguntó Harry.
-Por nada-sollozó la chica, con la mirada perdida en la calma superficie del lago. Luego alzó la vista hacia el dragón verde-¿Quién es él?-
-Ah-Harry lo miró-Él es Bowen, acabo de conocerlo. Es un dragón genuino-
-¿No eres de por aquí, verdad?-le preguntó la castaña al dragón verde. Por alguna extraña razón aquel ser le resultaba muy familiar…
-No-mintió Draco-soy un nómada-
-¿Y por qué viniste aquí?-continuó Hermione.
El dragón pensó en una buena historia.
-Vine aquí por mi novia-contó-Me peleé con ella, y desde que se fue he estado buscándola. Lo último que supe es que vino aquí-
-¿Cómo es?-preguntó Harry-Ya sabes, podría ayudarte a encontrarla-
Draco pensó.
-Es más o menos de mi tamaño-respondió-De color lavanda, con cuernos violetas y ojos celestes.-
Un ruido proveniente del cielo los distrajo. Los tres levantaron la vista y vieron a una dragona negra de ojos rojos que descendía hacia ellos. El reptil aterrizó cerca de Harry y lo miró.
-Al fin te encuentro-le dijo a Metalik-Tengo que enseñarte algo…-miró a Draco-¿Y él quién es?-
-Ah-Harry también miró al dragón verde-Es Bowen, un nómada. Está de paso por aquí.-
-Conque Bowen ¿eh?-preguntó la dragona, mirando con suspicacia a Draco (N/a: Era evidente que el cuentito del "dragón nómada" no la engañaba en lo más mínimo…)
-Metalik-dijo Harry, y la dragona lo miró-¿No podrías adelantarte? Luego yo te alcanzo.-
-De acuerdo- contestó la dragona, mirando con mucha desconfianza al dragón verde-Estaré entre las montañas que hay detrás del lago ¡No te tardes!-
Metalik extendió las alas, dio un salto y levantó vuelo, alejándose. Luego, imprevistamente, giró y regresó donde estaban los dragones.
-¿Ya sabes volar?-le preguntó desde arriba.
El dragón rojo extendió las alas, se elevó en el aire y revoloteó un poco por encima del bosque prohibido. Luego aterrizó junto a Draco.
-Bien-aprobó la dragona, y se marchó hacia las montañas, haciendo un par de piruetas aéreas en el camino.
Draco miró a Harry.
-¿Quién era ésa?-preguntó, extrañado.
-Esa es Metalik-contestó el reptil rojo-Es una vampira dragón. Ella fue la que me dijo lo que soy. Ey-inquirió-¿Te importaría quedarte solo con Hermione? Yo voy a ver qué quiere Metalik.-
-Por mí, no hay problema-respondió el dragón verde.
-Gracias-le dijo Harry, alzando el vuelo y alejándose hacia las montañas.
Draco miró a Hermione, que se había quedado sentada al borde del lago con el rostro oculto en las rodillas. El corazón del dragón comenzó a latir con ferocidad: era lo que ocurría cada vez que se quedaba solo con la Gryffindor…
El dragón se sentó junto a la chica, que continuaba sollozando. Abrió las alas y las agitó levemente, intentando descargar la tensión que sentía. El viento que levantó hizo que a la castaña se le volaran los pelos para todos lados.
Hermione levantó el rostro, sonriendo suavemente y acomodándose los cabellos. Luego miró a Draco.
-¿Hace cuanto tiempo estás por aquí?-le preguntó.
-¿Yo?-preguntó el dragón, que había estado distraído mirándola.-Eh…llegué hace unas cuantas horas.-
-Y… ¿de dónde vienes?-continuó la chica-continuó la chica.
-De…del Himalaya-inventó el dragón.
-Debes haber volado mucho-acotó la castaña-¿Qué comen ustedes?-
-Plantas-respondió Draco: aquello no era un invento-Somos una de las pocas especies de dragón volador vegetariano.-
-Ah-
El dragón notó que aún había gruesas lágrimas rodando por la mejilla de la chica.
-¿Se puede saber por qué estás llorando?-le preguntó-Y no me digas que no es por nada, porque nadie puede estar así de mal "porque sí nomás".-
Hermione miró a la cabeza del dragón, que se hallaba suspendida a 30 metros por encima del suelo, y pensó. Bowen no conocía a Draco, o por lo menos no era probable que, en caso de conocerlo, opinara sobre él lo mismo que Harry y Ron. El reptil no parecía uno de esos seres que iban por ahí contando todo lo que les decían; además, por alguna extraña razón, ese aspecto familiar que tenía le inspiraba confianza. Decidió decírselo.
-Te lo diré-le respondió-Si antes prometes que no se lo dirás ni a tu sombra.-
-Prometido.-acotó Draco.
-De acuerdo.-la chica suspiró-Estoy enamorada de…un chico que me odia.-
El dragón dejó caer la mandíbula tan abruptamente que todos sus colmillos quedaron en evidencia. El corazón se le caía a pedazos ¿De quién podía estar enamorada la castaña¿De Blaise, quizás…?
-¿Qui-…cómo se llama el chico? –preguntó el reptil, con la boca seca.
-Draco Malfoy-respondió la castaña.
El dragón quedó muy aturdido. Sentía como si le hubieran dado un martillazo en la cabeza con un mazo enorme, o como si le hubieran echado un potente maleficio aturdidor. No podía creerlo…ella…enamorada de él… ¿cómo?
Mientras tanto Hermione continuaba hablando.
-Somos completamente opuestos-decía-Es decir, él es un Slytherin, yo una Gryffindor; él es un sangre limpia y yo una sangre sucia; él es muy popular y yo soy sólo una tonta sabelotodo.-
-¿Desde cuándo…-Draco sentía que los ojos se le nublaban de la emoción-¿Desde cuándo sientes eso por él?-
-Desde tercer año.-
-¿Tercer…tercer año?-
El dragón apenas podía creer en lo que oía: esa chica lo amaba casi desde que él se había enamorado de ella. Y durante todos esos años él había pensado que lo odiaba…
-Conozco a ese chico-dijo cuando logró recuperarse medianamente de la impresión.
-¿De veras?-preguntó la chica, interesada.
-Sí. Su padre es amigo de mi padre.-
¿Y no sabes-continuó Hermione-si él siente algo por alguna chica…?-
Draco no sabía ya qué decir: estaba completamente abrumado. Aquella situación lo superaba.
-No lo sé…-dijo en un susurro.
De pronto se puso de pie; las patas le temblaban.
-¿Qué haces?-le preguntó la castaña.
-Tengo que irme…-susurró el dragón. Entonces comenzó a caminar por el borde del lago, y de pronto se lanzó a la carrera. Corrió y corrió hasta cerca de los invernaderos. Allí se arrojó al suelo, respirando muy agitadamente y jadeando. Poco a poco el jadeo fue convirtiéndose en una risita, luego en una carcajada, y finalmente en una risotada salvaje y eufórica. Hace mucho tiempo que no se sentía tan bien y tan feliz ¡Hermione realmente lo amaba, quizá tanto como él la amaba a ella…!
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Harry voló hacia las montañas, buscando a Metalik. Finalmente la encontró: se hallaba parada en medio de un pequeño descampado entre dos montañas. Cuando ella lo vio, se sentó sobre sus patas traseras, abrió grandes las alas orientándolas hacia el dragón y comenzó a mirarlo de forma amenazadora.
Harry detuvo su descenso y se quedó revoloteando por encima de la dragona, extrañado. Cuando intentó descender nuevamente, ella comenzó a hacer un sonido entre bufido y siseo, prolongado, intimidante. Sacaba la lengua bífeda, agitándola en el aire, y movía la cola, enojada.
El dragón comenzó a volar en círculos por encima del descampado, para ver qué hacía Metalik. Ella no se movió de donde estaba, pero no lo perdió de vista ni por un solo segundo, moviendo la cabeza de un lado para el otro como una serpiente ante el encantador.
Harry volvió a situarse bien por encima de la cabeza de la dragona y comenzó a ascender hacia el cielo, alejándose de ella. Al ver esto, Metalik replegó levemente las alas y dejó de bufar; pero ni bien el dragón tentó con descender volvió a abrirlas en toda su inmensidad, sacando pecho y siseando fuerte.
Harry hizo un nuevo intento de descenso. La dragona realizó un movimiento brusco con el pecho y las alas, a la vez que lanzaba un chillido amenazador. El dragón, entonces, se quedó donde estaba, suspendido en el aire. Pasaron así varios minutos, sin que ninguno se moviera ni un centímetro de su sitio.
Finalmente Harry, ya harto de estar revoloteando como picaflor por encima de Metalik, se lanzó en picada hacia el suelo, deseoso de hallar respuesta al extraño comportamiento de su amiga.
La dragona bajó rápidamente el pecho hasta el suelo, impulsándose en un salto de proporciones épicas, y dirigiéndose en raudo vuelo hacia el dragón como alma que lleva el Diablo. Harry se quitó del camino de aquella topadora viviente, asustado, pero Metalik abrió las fauces y le arrojó una enorme y ardiente columna de fuego. El reptil la esquivó y concluyó que lo más sensato, ante la inminente locura de su amiga, era alejarse volando lo más rápido posible.
Comenzó entonces una veloz persecución entre las montañas. Metalik le lanzó otra llamarada, la cual dio de lleno en las patas y la cola del dragón. Le ardía. Siguiendo su instinto Harry se elevó hacia las nubes: el frío y la humedad calmarían el dolor. La dragona lo siguió, bramando furiosa.
De pronto el dragón tuvo una idea: quizá podría hacer que ella se estrellara. Se orientó hacia el suelo y plegó las alas contra el cuerpo, dejándose caer a una velocidad frenética, con Metalik tras él. A pocos metros del suelo extendió las alas y de un potente aletazo volvió a elevarse. La dragona no consiguió reaccionar con sus alas a tiempo, por lo que aterrizó sobre sus cuatro patas y con el mismo impulso soltó, volviendo a salir en persecución de Harry.
-"No pudo reaccionar a tiempo"-pensó el dragón, huyendo de Metalik-"Eso me da una idea…"-
Se dirigió hacia el lago, esquivando las llamaradas que ella le arrojaba por detrás. Al llegar lo sobrevoló y volvió a lanzarse en picada, con la dragona, como siempre, detrás suyo. Y cuando casi tocaba el agua Harry extendió las alas, rozó con la punta de las garras la superficie del lago y se elevó. Metalik no alcanzó a frenar, y se zambulló por completo en el agua.
Asustado y respirando agitadamente, el dragón aterrizó en la orilla del lago. Luego miró hacia el sitio donde había caído la dragona: durante unos segundos la superficie del lago burbujeó, y luego se quedó quieta. Harry comenzaba a asustarse mucho. Ahora se sentía culpable por lo que había hecho, y anonadado con la reacción de la vampira.
El dragón volvió a elevarse y revoloteó sobre el sitio del lago en que había caído Metalik, mirando hacia el agua, rogando que no se hubiera ahogado…
De repente, algo similar a un misil balístico gigantesco salió del agua y se dirigió raudo hacia Harry.
La dragona embistió con todas sus fuerzas al reptil rojo, incrustándole los dos cuernos picudos que tenía en la cabeza en el pecho; clavándolos casi hasta la mitad (y eso que eran medio largos…).
Harry se apartó lo más rápido que pudo de Metalik y se lanzó a volar velozmente, sintiendo un hondo dolor en el pecho y respirando con dificultad: aparentemente uno de los cuernos de la dragona había logrado perforarle un pulmón.
Trató de volar aún a mayor velocidad, pero el pulmón sano no daba abasto y lo endentecía. Sintió entonces un dolor punzante en la cola: la dragona había cerrado sus fauces sobre ésta. Harry volteó y le arañó la cara con su pata trasera, pero ella lo revoleó por el aire y lo arrojó al suelo. El dragón se estrelló de espaldas, rompiéndose de paso tres costillas y una pata.
Intentó levantarse, pero Metalik descendió del cielo y aterrizó sobre su pecho con fuerza, clavándole las garras en los agujeros que habían dejado los cuernos y que ya de por sí dolían y sangraban mucho. Harry lanzó un chillido de dolor y miedo al ver que la dragona acerca su hocico al de él, mirándolo con una mezcla de ira y malvado triunfo en el rostro…
Súbitamente las facciones de la chica se suavizaron, descendiendo de encima del dragón y alejándose un poco, mientras se ponía a lamerse una herida que tenía en la pata como si nada hubiera pasado. Harry, todo magullado, lastimado, quemado y rengueando, se puso de pie temblorosamente y se le acercó con cautela.
-¡¿¿Tú…estás loca…??!-le dijo, tosiendo y escupiendo sangre-¡¿¿POR QUÉ RAYOS ME ATACASTE ASÍ??!-
Metalik lo miró con malhumor, como si ella fuera una adulta y Harry un niñito fastidioso al que finalmente había que prestarle atención.
-Para mostrarte-respondió con tranquilidad-lo que podía hacerte una dragona salvaje si no sabes cómo acercártele.
El dragón la miró, incrédulo.
-¡¿Pero era necesario que me hicieras tanto daño?!-
La dragona lo miró de arriba abajo.
-¿Te parece mucho daño eso? Una dragona de verdad, y eso considerando que sólo quiera correrte de su territorio, te haría muchísimo más daño que el que te hice yo. Comparado con eso, lo que yo te hice fue apenas un pellizcón.-
-Metalik…me agujereaste un pulmón…-le dijo, tocándose la herida del pecho.
-No seas tan llorón. Recuerda que eres un vampiro; tus heridas sanarán rápido. En menos de cinco minutos estarás como nuevo-contestó Metalik, lamiendo la sangre de Harry que le bañaba las garras con total desparpajo.
Recién en aquel momento el dragón se percató de que ya podía respirar bien, y que su pata ya no estaba rota.
-Además, créeme-le dijo Metalik, sonriendo malévolamente-Si te hubiese querido matar, ya estarías muerto-
Harry la miró con un pequeño atisbo de miedo.
-Ahora ven. Te voy a enseñar cómo comportarte frente a una dragona salvaje- dijo la vampira, abriendo las alas-Pero antes…tengo un pequeño asunto que aclarar…-
Se elevó en el aire y volvió a zambullirse en el lago. Harry fue hasta la orilla del mismo y se quedó mirando la superficie, preguntándose para qué había ido allí…
En ese instante Metalik se elevó del agua, sosteniendo con las fauces una enorme masa gelatinosa de color rojo sangre, con un par de grandes ojos amarillos y diez largos tentáculos que agitaba en el aire con desesperación. La dragona lo dejó en la orilla y comenzó a arrojarle chorros de fuego al kraken (calamar gigante ¬¬). El susodicho levantó los tentáculos, intentando protegerse de las ráfagas de fuego y sólo consiguiendo carbonizar sus extremidades. Finalmente el calamar logró huir de las llamaradas y volvió a zambullirse en el lago.
-¡Vete ya, cobarde!-le gritó Metalik-¡Y más te vale que no se te vuelva a ocurrir atacarme cuando estoy sumergida!-
En ese momento Harry se percató de que las patas d la dragona estaban llenas de rojizas marcas de ventosas.
Metalik volvió a volar en dirección a las montañas, con Harry siguiéndola, y comenzó a enseñarle. Luego de un par de horas y de múltiples mordidas, gruñidos y rasguños por parte de la dragona, el dragón aprendió: tenía que volar, descender muy lentamente frente a ella y agachar la cabeza y las alas para tranquilizarla, mientras emitía una especie de ronroneo. Una vez que le permitía acercarse (caminando sobre los nudillos para ocultar las garras) tenía que dejar que la dragona le olfateara el cuello, para demostrarle que no tenía intenciones de hacerle daño. Luego de este ritual, en teoría, ella le permitiría marcharse sin dañarlo.
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(N/a: Y ustedes ahora se preguntarán¿Para qué corchos tenía Metalik que enseñarle eso a Harry? Más adelante, en la historia, lo sabrán…)
