Nota de inicio: En este chap intentamos algo que creemos nunca se hizo, espero que sea de su agrado.

El Romance de Malfoy y Lupin (Traducción)

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Disclaimer:Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner Bros. El fic tampoco me pertenece, es una historia escrita por Icarus Malfoy y lo voy a traducir con permiso de la autora. XD

Disclaimer importante:Con el permiso de la autora, Uko-chan y yo hemos adoptado esta historia, puesto que no está terminada. Con su permiso, la adoptamos para darle un fin y agregarle un par de cositas a los chaps que ella ya ha escrito ñ.ñ

A nuestra pregunta, esto es lo que ella contestó:

Hiya,

Yes, I remember you.

I honestly don't think I will ever update that story now. You have my
permission to do as you please with it, as long as you credit me for being the
original author.

Icarus

¡Así que van a tener fic hasta el final! ñ.ñ

Sumario: Lucius y Remus tienen una relación desde hace dos años...

¿Qué sucederá cuando a Lucius le pidan unirse a Voldemort?

¿Se enfrentaran…?
…o
¿Lucharan por su amor…?

Aclaraciones:Slash, ósea relación chico-chico, si no te gusta entonces da clic en el botón de regresar. MPreg, si los hombres van a conseguir embarazarse en esta historia. Universo Alterno, esta historia es un AU ya que Remus y Lucius están juntos y también por que 3 de los 4 merodeadores son gays. Fuerte OOC, de Lucius cuando esta cerca de Remus, y cuando no, es un maldito y tirano Slytherin.

Le agradezco particularmente a Uko-chan por betear y darle cierto orden a los capítulos.

Nota de la beta: No es nada, la agradecida debo ser yo, porque decidas traducir este fic, siendo que soy ULTRA-FANATICA de esta pareja. Este fic uno de mis favoritos… ¡¡Y se los recomiendo a todas!!

Aclaraciones de lectura:

-Letra normal: dialogo, relato.

-Palabras cursiva son pensamientos.

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Capítulo 9: Bienvenido, bebé.

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Remus gruñó y cambió la página airadamente del libro que estaba leyendo. Muy cerca de allí, Lucius sonrió de lado y se acercó a su nuevo esposo y comenzó a darle masajes en los hombros.

-No debes tensionarte tanto, mi amor. Recuerda que todo lo que sientes, pasa a nuestro bebé.

-¿Cómo quieres que no me sienta nervioso? –Murmuró, no apartando la mirada del libro-. ¡Son mis EXTASIS, Lucius! De esto depende de que reciba mi certificado como mago. Además, yo tengo más presión, soy un Prefecto y se espera que tenga buenas calificaciones, estuve a punto de ser Premio Anual y todo.

El rubio puso los ojos en blanco y siguió con los masajes, obteniendo gemidos satisfechos de su esposo.

-Bueno, pero igual debes tratar de tranquilizarte, o nuestro pequeño hijo va a nacer antes de tiempo.

-Oh, por favor, Lucius, no me digas eso. Pensar en el nacimiento del bebé me pone aún más nervioso.

Malfoy suspiró y miró al cielo, pidiendo a Merlín ayuda para soportar a Remus. Desde que habían comenzado los exámenes finales, más la tensión de estar casi a término del embarazo, habían vuelto a su hombre lobo una persona irritante, gruñona, como nunca durante todo el periodo de gestación.

Finalmente, los dichosos exámenes comenzaron durante la última semana de mayo, Lucius no podía negar que estaba muy ansioso, ya que Remus tuvo que ir dos veces a la enfermería a pedir que le dieran una poción para relajarse, porque toda la tensión que estaba sufriendo hizo que sintiera contracciones. El primer examen y el segundo lo pasó muy bien, pero hoy, 5 de junio, el rubio veía a su marido muy pálido y refregándose la columna con fervor.

-¿Seguro que estás bien? –preguntó mientras caminaban juntos hacia el Gran Comedor, donde se habían predispuesto las mesas para que los alumnos de séptimo rindieran los exámenes.

-Sí, Lucius, ya te dije que estoy perfectamente bien.

-A mí no puedes engañarme, no te veo bien –siseó, frunciendo el ceño-. Igualmente, como este es el examen de Defensa, voy a pedir permiso para poder estar dentro del Gran Comedor.

El hombre embarazado suspiró con irritación y su mal humor aumentó aún más cuando se encontró con James y Sirius que reían estúpidamente en frente de las puertas cerradas. No era justo que él estuviera sufriendo un montón por tener las mejores calificaciones y esos dos parecieran tan relajados, como si nada importara.

-Espero que hayan estudiado lo suficiente –gruñó, sus ojos dorados brillantes.

-Aw relájate, Moony. Este examen es pan comido –contestó Sirius, agitando una mano en despido.

Lucius puso los ojos en blanco ante la negligencia de estos dos Gryffindors. Esperaba que pasaran con una buena calificación, después de todo, él era profesor de estos chicos y no quería que lo dejaran mal.

Cinco minutos después de su llegada, las puertas de madera gigantes se abrieron, dejando pasar a todos los alumnos de séptimo que iban a rendir este examen. No eran más de treinta alumnos, así que les fue fácil acomodarlos a todos, bastante alejados el uno del otro, asegurándose que no hubiese posibilidades de copiarse. Lucius consiguió permiso fácilmente, para poder quedarse dentro del lugar, y buscó una posición donde pudiera controlar que Remus no colapsara.

30- Nombre y describa todos los hechizos desarmadores que conoce.

Remus frunció el ceño y comenzó a responder la pregunta. Hizo una respuesta larga y detallada, queriendo obtener más puntos por ello y, cuando estuvo satisfecho, pasó a la siguiente. Justo cuando sus ojos bajaron a la próxima pregunta, una punzada de dolor atravesó su bajo vientre. Se contuvo de hacer un gesto de dolor, porque sabía que a la mínima señal, Lucius saltaría y se lo llevaría a la enfermería; en cambio, cerró fuertemente sus dientes, así como sus ojos, y comenzó a hacer ejercicios de respiración.

Esta no era la primera vez que tenía contracciones en la semana, así que podría resistir una. Sin embargo, algo dentro de él, probablemente su lobo interior, le dijeron que había algo diferente con esta contracción.

Una hora pasó y él continuaba sintiendo esos dolores, que cada vez estaban más espaciados el uno del otro, por suerte, ya había terminado su examen y ahora estaba ya firmando para entregarlo.

-¡Ah, Merlín! –gritó atrayendo todos los ojos hacia él.

Él no prestó atención a nadie, una contracción brutal lo dejó sin respiración y posó su mano en su vientre. Su estómago comenzó a brillar quedamente, anunciando que la magia estaba preparada para traer al mundo a su niño, de esa manera especial que tenían los hombres. No supo cuando, pero Lucius estuvo junto a él en un segundo y ya lo estaba cargando en sus brazos.

-Mi examen –jadeó preocupado-. Ya lo terminé, por favor entrégalo.

-Yo lo haré por ti, Moony.- Alguien le respondió, porque su esposo no le hizo caso a su momento nerd.

-No puedo creer que te preocupes por eso ahora –gruñó el rubio.

Pero Remus no le hizo caso, no se estuvo aguantando una hora de fuertes dolores solo para que le reprobaran este examen. Sólo suspiró quedamente, y se relajo contra el hombro de su hombre, a pesar de las contracciones, porque ya sabía que su bebé venía en camino y era mejor no estar ansioso.

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En la casa donde John Lupin tuvo que ir por seguridad las cosas iban relativamente bien. Aunque de un tiempo hasta acá, el pequeño hombre había notado algunas cosas extrañas en la actitud del dueño de casa.

Como una persona normal, John se sentía un tanto intimidado por la figura imponente que era Abraxas Malfoy y evitaba a toda costa encontrarse con él y para eso pidió la complicidad de un pequeño elfo doméstico llamado Dotty. Sin embargo, sus esfuerzos por evitar al hombre parecían frustrarse en cada intento que daba.

Si iba a la biblioteca para leer un poco unos de los tantos libros interesantes que tenían en la mansión, por esas casualidades de la vida, Abraxas entraba aunque fuera un segundo para buscar algo, o de lleno, otras veces lo encontraba leyendo allí también, cuando antes el elfo le había dicho que el señor estaba en otra punta de la casa. Lo mismo pasaba cuando decidía visitar los jardines, para ver las hermosas flores mágicas o Muggles que crecían allí. En otras ocasiones pasaba cuando se aventuraba a la cocina, para distraerse usando sus dotes de buen cocinero.

Eso era lo que le había dado el detalle de que algo no iba bien aquí. ¿Qué podría hacer Malfoy en la cocina, una lugar que se sabía era solamente habitado por los elfos domésticos?

A este paso, John se encontró con que el único lugar donde podría estar alejado de aquel hombre que era su propia habitación.

Aunque, misteriosamente, él comenzó a pensar, hace muy poco tiempo, que quería que la presencia del rubio también lo siguiera a ese lugar. Algo que lo horrorizaba más allá de lo pensado. Él acababa de enviudar y su esposa merecía el respectivo duelo.

John entró a la biblioteca y suspiró frustrado, no sabiendo qué hacer con estas nuevas sensaciones que estaba despertando el rubio en su persona. Hace años que él no pensaba en sí mismo y mucho menos en una posible relación amorosa. Algo que sería obviamente una locura, porque aquí estábamos hablando de Abraxas Malfoy, no de cualquier mago común.

-John –El mencionado saltó al escuchar la voz siseante a sus espaldas y se giró lentamente, llevando una mano a su corazón, que no paraba de batir.

-¿S-Sí?

-Se han comunicado desde Hogwarts, Remus ha entrado en trabajo de parto –dijo con impasibilidad, como quien hablaba del tiempo.

-¡¿Trabajo?! –exclamó alarmado-. ¡¿Es de verdad esta vez?!

-No hay dudas esta vez, ¿vamos?

Estando tan nervioso, John no notó cuando Abraxas rodeó su cintura con uno de sus brazos y lo guió a la chimenea, como si hubiera hecho eso un montón de veces.

Enfermería de Hogwarts

Cuando los adultos al fin estuvieron en el pasillo que los llevaría a la enfermería, lo primero que vieron fue a unos angustiados Potter y Black, tomados de la mano y más pálidos de lo normal, el muchacho embarazado hasta tenía dificultad para respirar. Era evidente que los quejidos de dolor que venían desde dentro de la enfermería le hacían recordar muy vívidamente que ellos estarían pasando lo mismo dentro de un mes. Sorprendentemente, Severus Snape y Lily Evans también estaban allí, ambos tomados de la mano y mirando la puerta con diferentes grados de ansiedad.

John se acercó a los futuros padres, los saludó y les dio un abrazo caluroso, dándoles la tranquilidad que necesitaban en ese momento, mientras Abraxas pasaba de ellos y se dirigía directamente al lugar donde estaba por nacer su nieto.

Allí encontró a su hijo tan pálido como los muchachos de afuera, tomando la mano de su esposo, que en esos momentos suspiraba irregularmente.

-Lucius –dijo, anunciando su llegada, el rubio solo lo reconoció con un cabeceo-. ¿Cómo van las cosas?

-El bebé ya está listo para nacer –respondió Madame Pomfrey, en vez del muchacho-. Pero mi pequeño paciente, aquí presente, quería que su papá estuviera aquí, antes de que nazca el niño.

-¿D-dónde está? –gimió Remus, su frente bañada en sudor.

-Aquí mismo estoy, hijo –dijo John, cerrando la puerta-. No debiste esperarme, puedes dañar al bebé.

-Ahora estoy listo para tenerlo –murmuró, luego gritó cuando otra contracción lo hizo retorcerse.

Esa fue la señal que necesitó la enfermera para alejar a todos los estorbos y ponerse manos a la obra. Convocó a un elfo doméstico que le traería todo lo que iba a necesitar una vez que el bebé naciera y corrió una cortina que los mantendría aislados y esterilizados del resto del lugar. Solo ella, Remus, Lucius y el elfo quedaron dentro, dejando a los padres del otro lado, esperando noticias.

Solo tuvieron que esperar alrededor de media hora, hasta que escucharon el inconfundible llanto a todo pulmón de un bebé; otros cinco minutos pasaron hasta que la enfermera abrió la cortina y los dejó acercarse a la nueva madre y padre.

Era Lucius quien detenía un paquete envuelto en una manta, muy costosa, de color azul. Mientras que Pomfrey le daba algunas pociones a Remus, para que pudiera recuperarse cuanto antes.

-Deseo cargarlo –murmuró el hombre lobo, extendiendo sus brazos temblorosos.

Lucius dejó de admirar a su hijo para entregárselo a su madre y los adultos se acercaron a él, para poder conocer a la nueva criatura. El niño estaba rosadito y su labio inferior todavía temblaba por el llanto del traumante proceso que acababa de experimentar, tenía los ojos cerrados y un indiscutible ceñito fruncido. Si bien, al ser un recién nacido, sus características todavía no estaban definidas, era evidente que este pequeño era un Malfoy. Tal vez por la nariz respingada, la piel excesivamente pálida y los pequeños mechones rubios platinados que sobresalían de su cabecita.

-Es hermoso –murmuró lloroso John, sonriéndole a su hijo, antes de darle un beso en la mejilla a Remus y otro en la cabeza al bebé.

-Por supuesto que lo es –admitió Abraxas, con un cabeceo-. ¿Se han decidido por un nombre?

-Ahora que lo veo… -anunció Lucius, mirando a su hijo con cuidado-, creo que Draco Lucius Malfoy es el nombre que mejor le quedaría.

-Draco –probó el nombre Remus, mirando a su bebé-. Creo que le queda perfectamente. ¿No es así, mi pequeño Dray?

-Draco, no Dray –siseó Lucius, frunciendo el ceño.

-Es mi bebé, así que le voy a decir como quiera –devolvió Remus, sacándole la lengua infantilmente.

Minutos más tarde, los chicos que estaban esperando afuera vinieron a conocer al nuevo Malfoy, creando un bullicio enorme, que hizo que la enfermera tuviera que amenazarlos con sacarlos si no se callaban; pero luego llegaron los profesores y ya le fue imposible controlar la situación. Así que ella los dejó, solo por hoy, puesto que este nacimiento era el primero en muchos años que se daba dentro de las paredes del colegio.

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-Nuestro nieto es hermoso –dijo John, parado cerca de unas de las ventanas que estaban en el pasillo fuera de la enfermería. Ellos habían salido, para darles espacio a los alumnos que querían ver a Remus.

Abraxas no respondió enseguida, puesto que estaba muy ocupado mirando el perfil del otro hombre, que era iluminado por los últimos rayos del atardecer. John notó esto y miró de reojo a su consuegro, con un ligero rubor en sus mejillas.

-Lo es –asintió al fin-. Tiene muy buenos genes, hasta hace muy poco tiempo, nunca hubiese notado que los Lupin son muy hermosos.

El rubor del más joven alcanzó toda su cara, hasta su cuello, mientras sus ojos se abrían como platos.

-Creo que ese comentario está de más, señor Malfoy –dijo duramente.

-¿Por qué? –Enarcó una ceja-. ¿Se me prohíbe acaso informar un hecho evidente?

-No soy tonto y sé con qué intenciones lo dijo.

-Yo tampoco soy tonto –sonrió malicioso, acercándose a John, que retrocedió instintivamente-. Veo en tu mirada que te sientes halagado por lo que te dije.

Lupin miró para otro lado.

-No sé de lo que me está hablando –susurró-. Enviudé hace pocos meses.

-¿Y qué? No puedo sentir celos de una persona muerta.

-¡Pero qué insensible! –Exclamó, cerrando sus puños con enfado-. Le pido que cese por favor con esto, yo… no puedo.

-Me temo, John Lupin, que esto no depende de sus palabras, yo tomo mis propias decisiones. Y si deseo algo, lo obtengo.

Después de aquella "promesa" el tiempo pasó muy lento para gusto de John, quien hizo lo que pudo para esquivar a su, ¿se atrevería a decir pretendiente?, aunque cada vez se le hacía más difícil, puesto que no podía negar que estaba interesado. Por suerte, puesto que su hijo era primerizo y todavía estaba en épocas de exámenes, él se ofreció voluntariamente para cuidar la mayor parte del tiempo de su nieto. Las cosas parecieron aliviarse un poco para él cuando llegó el final de curso, y los jóvenes casados fueron a vivir a la mansión, haciendo que las comidas y la hora del té no tuvieran que hacerlo los adultos solos, evitando así los silencios incómodos para Lupin y las miradas penetrantes de Abraxas.

-¡Papá! ¡Papá!

Remus entró como tromba a la biblioteca donde su padre estaba leyendo, cargando al pequeño Draco en sus brazos.

-¿Qué sucede, hijo? ¿Hay algo malo con el niño?

-¡No! –exclamó muy nervioso-. ¡Es James! ¡Su bebé ya está por nacer! ¿Puedes cuidar de Draco? Tengo que ir a San Mungo y no deseo llevarlo a ese lugar.

-Claro que sí, yo lo cuido. ¿Lucius sabe?

-Sí, él ya me está esperando frente a la chimenea.- Besó la cabeza del niño-. Regreso en máximo una hora, cuídalo, por favor.

-Seguro, ve y dale mis saludos a tus amigos.

-Ok, gracias, papá.

No bien su hijo desapareció tras la puerta, Abraxas apareció en la biblioteca y John sostuvo más apretadamente a su nieto contra su cuerpo, como queriendo defenderse.

-Algún día vas a tener que terminar con esto –siseó delicadamente, mientras tomaba unos de los tantos libros de un estante-. Soy un hombre de paciencia, pero hasta la mía tiene un límite.

-Ya le dije que no puedo –murmuró, insistiendo en tratarlo de usted, a pesar que Malfoy hace mucho que no hacía lo mismo.

Abraxas lo miró de reojo y sonrió de lado.

-¿Qué es lo que me ocultas? Sé que no es la memoria de tu esposa la que te detiene.

John frunció el ceño y después suspiró.

-Yo… no deseaba que nadie se entere.

-¿Qué cosa?

El hombre miró para otro lado, mientras mecía a Draco, que dormía pacífico.

-Mi esposa y yo ya no nos llevábamos bien desde hace algunos años –reveló al fin. Las cejas de Malfoy se levantaron-. Desde que Remus estaba en tercer año que comenzamos a tener problemas matrimoniales, a tal extremo, que ya no dormíamos en la misma habitación cuando él estaba en el colegio. No queríamos que él se enterara.

-¿Por qué no se separaron?

-Estuvimos a punto, hasta que ella enfermó y quedó en cama. Teniendo yo que encargarme de ella, siendo que todavía era su esposo, a pesar de todo lo ocurrido.

-¿Remus nunca lo supo?

Negó con la cabeza.

-No vi el punto de decírselo, ella estaba enferma, con pronóstico de muerte, no era necesario agregarle el dolor de saber que nuestro matrimonio había fracasado y estábamos por separarnos –inspiró hondo-. Hasta creo que ella tenía un amante.

Abraxas bufó y sonrió de lado.

-¿Así que vas a guardar luto por años por una mujer que no era tu esposa desde un largo tiempo, solo porque no deseas que tu pequeño bebé sepa que el matrimonio de sus padres fracasó? –Preguntó con una mueca de desprecio-. Eso es estúpido.

-Remus no necesita saber eso –gruñó enojado-. Y no se lo voy a decir solo porque usted desea tenerme en su cama.

-Bien, demasiado tarde, ya me lo has dicho y si no se lo dices tú, se lo diré yo.

Los ojos de John se abrieron como platos.

-¡No se atrevería!

El rubio sonrió repugnantemente.

-Ya te dije que haré lo que sea por obtener lo que deseo.- Se acercó al hombre y le arrebató al bebé dormido de sus brazos-. ¡Dotty!

-¿Sí, señor Malfoy?- preguntó el elfo, después de aparecer.

-Llévese a Draco a su cuna y vigílelo por unos minutos, cualquier cosa, nos avisa.

-Claro, señor Malfoy.

-¡Espera! –chilló John saliendo de su sorpresa, pero el elfo ya había desaparecido-. ¿Qué es lo que pretende?

Abraxas no contestó con palabras, solo atrajo al hombre más pequeño por la cintura, lo pegó a su cuerpo y lo besó con fervor. John olvidó su enojo enseguida, gimió reservado y dejó que el otro hiciera lo que quisiera con él.

Años habían pasado que no tenía este tipo de contacto íntimo con nadie.

Mientras esto pasaba en la mansión Malfoy, en San Mungo, nacía el pequeño Harry James Potter-Black.

Continuará…

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Notas finales de Uko-chan: Escribiendo este fics, creo que terminaré enamorándome de la pareja Abraxas/Lupin padre. Me pasará prácticamente lo mismo que me pasó cuando escribí mi fic de Voldemort/James XD

Notas finales de JAZLUPIN: Mmm… espero les haya gustado y bueno el final esta cerca ToT en fin aquí les dejamos este capitulo, y nos vemos en el próximo, espero que para ese entonces ya no tenga tanto que estudiar . Besos.

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